THE UNIVERSITY OF ILLINOIS LIBRARY Return this book on or before the Latest Date stamped below. University of Illinois Library ANTOLOGÍA DE POETAS ARGENTINOS f ' \ antología >i DE POETAS ARGENTINOS POR JUAN DE LA C. PUIG. < LA PATRIA ES UNA Nf EVA MUSA QUE INFLUYE DIVINAMENTE.» Fr. C. J. Rodríguez. «NUESTROS POETAS HAN SIDO LOS SA- CERDOTES DE LA CREENCIA DE MAYO.» J. M. Gutiérrez. To/vvo I -LA COLONIA BUENOS AIRES Editores : MARTIN BIEDMA é HIJO Bolívar N» 535 aSo del Centenario — 1910 ^ P1¿ <&w vT:' ^ A MI ESPOSA ROSA LEJARZA DE PUIG Juan de la C. Puig. í is.' . ? i . ? TT ti ,1 antología DE POETAS ARGENTINOS LA COLONIA JUAN M. FERNÁNDEZ de AGÜERO JOSÉ GABRIEIv OCAMPO JUAN BALTASAR MAZIEL JOSÉ PREGO DE OLIVER PANTALEÓN RIVAROLA MANUEL MEDRANO DOMINGO DE AZCUÉNAGA MIGUEL DE BELGRANO MANUEL PARDO DE ANDRADE H '^!"n""r que hemos ido dejando perder en nuestro ca- mino á través de la epopeya de la emancipación, la tragedia de la anarquía y la lírica de nuestro federa- lismo constitucional. Y siendo tan amplio el programa ' ^1-.-'^ «'*>»... ■■■■% . .!i^ i ''I H VI de los estudios literarios que están aún por realizarse entre nosotros, he creido que no seria mal visto, que otros que los especialistas, interviniéramos en la ta- rea mas humilde de la investigación y la recopilación; y he dirigido por ese lado mis entretenimientos ai /lome, satisfaciendo una inclinación natural y respon- diendo á una necesidad muy sentida. La situación es injustificable. Son las mas altas y mas nobles manifestaciones del espíritu, las que esta- mos dejando caer en el olvido de las indiferencias burguesas de pueblo grande, rico y poderoso. Son los símbolos mas característicos de nuestra cultura social: el temple de nuestras almas, la bondad de nuestros sentimientos, el valor de nuestros entusias- mos, nuestra grandeza de ideales, gusto por lo bello y decisión por lo justo, lo que vamos tirando al mon- tón de los escombros de nuestra civilización y pro- greso. Son los eslabones de la cadena que nos liga á nuestra raza, los que vamos perdiendo en el re- guero de oro de las cosechas de lana y trigo. Y mañana, cuando nuestra conciencia de pueblo inteli- gente y culto busque en el ambiente de las conquis- tas que ha realizado en su vida, algo mas distintivo que el caduceo de Mercurio para alistarse en las pri- meras filas de la civilización de su época: creencias, tradiciones y costumbres, descubrimientos en el cam- po de la ciencia, y creaciones en el mundo del arte, si no acopiamos desde ahora las espigas en que po- drán cosecharse algunos granos con este objeto, po- dría suceder que no nos encontráramos diferencia \ -^ÍHHWW"^. .ft.1 *, « ■ VII con cualquier factoría mas ó menos independizada de las que adornan á las grandes naciones que nos honran con su amistad. Asi lo entendieron nuestros antepasados, los fun- dadores de la nacionalidad argentina; y lo prueba el hecho de que, á penas se terminó la guerra de la in- dependencia el Gobierno ordenó, por decreto que lleva la firma de Rivadavia (i), que se hiciese una colección de todas las poesías que se habían publicado desde 1810 hasta entonces (1822); y que se pagara el gasto de su impresión, con el fondo reservado que se tenía, que era: ¡el saldo del fondo de guerra de la. independencia! El mejor discurso con que, en esta ocasión, pudiera prologarse esta obra está en los considerandos de aquel decreto : «Todo hecho como todo suceso grande por su in- « fluencia en la independencia de este país, ha pro- «ducido siempre en esta capital un efecto que ha «debido ser notado, mas que no ha podido ser apre- « ciado justamente. Tal es el número y el mérito de (i) Decreto mandando formar é imprimir una colección de piesas poéti- cas. Buenos Aires, Julio 9 de 1822. Art. i. Queda facultado el Ministro Secretario de Gobierno para encargar la colección de todas las produccio- nes poéticas dignas de la luz pública que han sido compuestas en esta Ca- pital y en todas las Provincias de la Unión desde el 25 de Mayo de 1810 hasta el presente. Art. 20. — i^a colección será oportunamente elevada á la aprobación del gobierno. Art. 30. — Aprobada que sea la referida colección se hará de ella una im- presión distinguida. Art. 40. — Los gastos de la impresión serán abonados al fondo reservado del Gobierno. Art. 50. — El Ministro Secretario de Gobierno queda encargado de la eje- cución de este Decreto. Rodríguez. Bernardina Rivadavia. (Registro oficial de la Prov. de Buenos Airee. l,ib. 2). ■i VIII 'II 1 1 1 ' I t é\\ I ! «producciones poéticas que han salido á la luz en «tales ocasiones. «El presentarlas todas bajo un punto de vista, no «solo contribuirá á elevar el espíritu público sino á «hacer constar el grado de buen gusto en literatura «á que este país ha llegado en época tan temprana; «la armoniosa energía con que ha sentido la digni- «dad á que subia y lo que debe esperarse de la dis- «posición de los habitantes, empleando los medios «que han empezado á conocerse y adoptarse. Una «colección, pues, de todos los rasgos poéticos que «desde 1810 hasta el presente, el honor y amor de la «patria han inspirado, es sin duda un monumento «de los mas propios á celebrar el aniversario de la «declaración de nuestra triunfante independencia tan «enérgicamente pronunciada como hábilmente con- «cebida por el Congreso de las Provincias en 9 de «Julio de 1816. A este efecto el Gobierno ha acor- «dado y decreta:» Así nsició la. *: Colección de Poesías Patrióticas^ c^^ fué hecha por De lyuca, J. de la C. Várela y Eche- verría. Esta obra es un volumen de 353 páginas, de cuya edición solo sabemos que exista un ejemplar en la Biblioteca Nacional, (i). La «Colección de Poesías Patrióticas» se publicó recién el año 1827, pero, según dice don Juan María (i) Este ejemplar está mal caratulado y peor catalogado. Lo han cara- tulado 'Lira Argentinat confundiéndolo con la colección de este nombre, y lo han catalogado entre las coltccionts y no entre las tPotsias^. Acttial- mente tiene el N» 21401. f! IX Gutiérrez (i) la obra no se entregó á la circula- ción (2). Entre tanto, y tal vez presintiendo la demora, apa- (i) cRevista del Río de la Plata» tom. II. pag-. 563. (2) A título de curiosidad bibliográfica trascribimos el índice «Colección de Poesías Patrióticas» : Canciones Marcha Nacional (fda. Vicente López y fechada Mayo 14 de 1813. Canción (fda. Estevan de I 16- » 20- » 22 » 26. » 29. » ¡2^ 45 S3 58 6j 6T 75 82 8S 100 III 117 123. 129, i3r 144 164 174 180 183 185 197 207 211 217 i\ I i Hi; m hi ti Ul recio La Lira Argentina ó «Colección de las piezas poéticas dadas á luz en Buenos Aires durante la guerra de la Independencia», que fué hecha por don Ramón Díaz. (i). La «Lira Argentina» es un volumen en 8°, de 515 por el Gobierno (fdo. J. C. Várela, sin fecha) » 227 Al 25 de Mayo de 1823 jfdo. J. C. Várela) » 235 A la Sociedad de Beneficencia en la distribución de premios que hizo el 26 de Mayo de 1823 (fda. J. C. Várela, fecha 1823 > 240 A los alumnos del Colegio de Ciencias Morales con motivo de la repartición de premios practicada por el Exmo. Gobierno de Buenos Aires en 22 de Enero de 1S24 (fda. Florencio Várela).. » 244 I 268 Octavas (fdas. J. C. Várela, sin fecha) > 269 Soneto al aniversario del 25 de Mayo de 1822 (fdo. J. C. Várela).. » 271 Al Triunfo del ejército libertador en Ayacucho el 9 de Setiembre de 1824 (fda. J. C. Várela, fechada 1825) » 272 En un convite de amigos, con motivo del triunfo de Ayacucho (fdo. J. C. Várela, fecha 1825) > 285 Al 25 de Mayo de 1825 (fdo. Florencio Várela, fecha 1825) » 289 A la victoria completa, conseguida por el General Don Juan Anto- nio I,avalleja sobre los usurpadores brasileros, el día 12 de Octubre de 1825 en lugar llamado la orqueta del Sarandf (fdo. J. C. Várela, fecha 1825) » 293 Canto elegiaco á la muerte del Gral. Belgrano (fdo. J. C. Lafinur, fecha 1820) » 297 Canción fúnebre, á la muerte del Gral. Belgrano (fdo. E- de I,uca). » 301 Canto fúnebre. A la muerte de Gral. Belgrano (fdo. Juan C. I,a- finur, fecha 1820) » 302 A la oración fúnebre que en la iglesia catedral de esta ciudad fué pronunciada por su Prebendado doctor don Valentín Gómez, en las exequias del General don Manuel Belgrano (J. C. I,afinur). » 310 A la muerte del señor Brigadier de los ejércitos de la patria y General de los ejércitos auxiliares del Norte y Perú, don Ma- nuel Belgrano (fda. Bstevan de Luca, sin fecha) » 314 Octavas (fda. Estevan de Luca) » 323 A la muerte del Excmo. Sr. Gral. D. Manuel Belgrano, acaecida en Buenos Aires en el mes de Julio de 1820 (fdo. J. C. Várela, fe- cha 1820) » 325 A la muerte del Sargento Mayor del Perú don José Olivera (sin firma, fecha 1817) » 331 A la muerte de don Santiago Rivadavia (fdo. J. C. Várela, fecha año 1822) » 332 Al Sr. D. Bernardino Rivadavia Ministro de Gobierno y de Re- laciones Exteriores en la muerte de su hermano D. Santiago. (fdo. Estevan de Luca, fecha 1823) » 333 A Don Ramón Díaz en ocasión de la muerte del Doctor Don Ma- tías Patrón, su hermano, acaecida en Córdoba el 6 de Enero de 1822 (fda. J. C. Várela) » 341 (i) «Apuntes sobre la vida y escritos de J. C. Lafinur» por M. A. Pelliza en la «Revista Iliteraria» N* del i" de Agosto de 1875. XI páginas, editado el año 1824. ^^ ^^^^ rarísima de la cual tengo la fortuna de poseer un ejemplar en perfecto estado, y otro al cual le faltan muchas ho- jas. Casi todas las poesías que están en «La Lira», están en la «Colección de Poesías Patrióticas», con la ventaja de que en esta última aparecen firmadas y corregidas. Pero en cambio «La Lira» es el te- soro originario, porque su editor no quiso «sujetar las piezas á la revisión de sus autores, ni menos á la elección de algún inteligente, postergando el aliño, ó la adopción de lo mas bello ó hermoso, al deber de entregar á la posteridad lo que ella tiene derecho de saber, es decir lo que realmente ha habido.» Este sabor natural y desaliño confidencial en que apare- cen las composiciones en «La Lira» tiene grandísi- mo mérito para el estudio del estilo de los autores, pues la naturalidad de su lenguaje sorprendido por la imprenta sin preocupaciones del juicio de la pos- teridad, permite establecer para cada uno de ellos su modalidad propia, su idiosincracia poética y sus ten- dencias, para ver luego en las correcciones que han introducido, las influencias, de sus modelos favoritos. Después de la época en que aparecieron estos dos libros, que son los que guardan el tesoro de la poe- sía argentina de los días de la independencia, en los años 1837 y 1838 se publicó una obrita titulada: £¿ Cancionero Argentino, (i) que era una «Colección de poesías adaptadas para el canto.» (i) Se publicó en Bnenos Aires por la clmprenta de la libertad». Es obra rarísima, de la cual solo hemos visto un ejemplar en la Biblioteca de Don J. M. Gutiérrez, que es hoy del Senado Nacional. Son 4 cuadernos en 80. El lO apareció en 1837 (el pié de imprenta dice r-T XII El año 1839 apareció con el nombre de El Tro- vador un cuaderno en todo semejante á los an- teriores. Apesar de la humilde apariencia de estos libritos, son de un valor inestimable. Porque contienen la poesía de carácter familiar de la época, revelan los usos y costumbres de la vida social de entonces, irradian el calor de los sentimientos que fundaron el patriciado de la familia argentina, y dejan percibir á la distancia el apacible sosiego, la dulce tranqui- lidad, el seguro respeto y la nobleza de los hogares de nuestros antepasados. Todo es poesía y poético en estas pequeñas com- posiciones suscritas en su mayor parte con sugestivas iniciales: el pensamiento que ostentan, el sentimien- to que acallan, el lenguaje que figuran, el estilo que lucen, el poema que revelan, los recuerdos que evo- can, la armonía en que se funden y el espíritu que los eleva. Los versos de los Várela, de López, Echeverría, Ri- vera Indarte, Cantilo, etc., tenían música de Roque Rivero, I. P. Esnaola, E. Masini, Remigio Navarro ó don Juan Bautista Alberdi. ¡Qué cuadro! ¡El búcaro modelado por la musa galante y sentimental de nues- tros poetas, envuelto entre las ondas armoniosas de la inspiración musical y del arte del famoso autor 1832, pero este es un error, que ha sido anotado por Don Juan María), tiene So páginas. El 30 editado ese mismo año 1837, tiene 74 páginas. El 30 editado en 1838, tiene 75 páginas, y el 40 editado el mismo afio 1838, tiene 79 páginas. XIII de las Bases para la organización política de la Con- federación Argentina! Después viene el silencio: las liras de nuestros poe- tas resonaban á lo lejos en el extranjero. Sus com- posiciones eran ornato de los periódicos de otros países, pero corrían en su mayor parte la suerte de las tablas que el vendaval arranca á una nave en el océano. Nuestros poetas y literatos llegaron á repre- sentar la literatura y la poesía de los países en que se encontraban asilados; y sin embargo: ¡cuánto se ha perdido de toda aquella rugiente y apasionada pro- ducción del año 40! Pero aún aquella época aciaga tuvo la suerte de tener un hombre, que salvara muchas cosas del ol- vido; y la obra de don Juan María Gutiérrez: «Amé- rica Poética» que se publicó en Valparaíso en 1846 (i) es, por esta sola razón, meritísima, además de serlo también por la extensa ramificación continental con que vincula á la poesía argentina. La situación en que se escribió (en la expatriación), y la amplitud del plan con que fué concebida (Anto- logía de poetas sud-americanos), hicieron que la obra resultara insuficiente para realizar sobre ella el estu- dio de la poesía de cualquiera de las naciones allí representadas; y si el libro del señor Gutiérrez re- (i) . Valparaíso; 1846. JQditado por la Imprenta del Mercurio. Es un volumen en 40. con 8i6 págs. Com- prende 53 autores; 455 composiciones en total, tos poetas argentinos que alU figuran son: Florencio Balcarce, José María Cantilo, Luis L. Domín- guez, Estevan Echeverría, Juan Godoy, Juan Crisóstomo Lafinur, Vicente López y Planes, Estevan de Luca, José Mármol, Gabriel Real de Azua José Rivera Indarte, J. C. Várela y F. Várela. fT I l:i \U ilií m XIV sultaba interesantísimo de este punto de vista, como obra de ilustración general, como elemento de apli- cación particular no resolvía ningún problema. El señor don Marcelino Menendez y Pelayo que ha podido desarrollar con mas tiempo y comodidad que el señor Gutiérrez el plan de la obra en que traba- jaba nuestro ilustre compatriota, ha publicado una Antología de poetas Hispano- Americanos (i) en la cual incluye algunos nombres de argentinos mas modernos: Andrade, Encina, de la Vega, y J. M. Gu- tiérrez, y ha excluido á otros sin razón ninguna, como á Gabriel Real de Azúa. En esta obra que, como todas las suyas, es mara- villa de erudición y de buen gusto, el señor Menen- dez y Pelayo se remonta en su exposición hasta los orígenes de la poética en la Argentina, haciendo una reseña muy interesante é ilustrativa, bastante com- pleta, de las composiciones métricas aparecidas en los últimos tiempos de la Colonia y primeros años de la revolución de Mayo. Pero, en cambio, en la exposición de piezas solo hay poesías de los Várela, de la Vega, Echeverría, J. M. Gutiérrez, Mármol, Andrade y Encina, La obra del señor Menendez y Pelayo es comple- ta en su género. En ella se da noticia de todo lo que ha habido como movimiento literario; se critica á los autores del punto de vista ético y estético, re- firiéndose á sus poesías, y se limita la exhibición de piezas á aquellas que él ha juzgado ser las mejores. (i) 4 Volúmenes en 80 Madrid 1895. \ XV Todo lo demás que se ha publicado ha sido he- cho sobre la base de estas dos obras. Pero, hay que salvar la hojarasca de los sempiter- nos repetidores de oficio y el arenal de las desdeñosas informaciones extrañas, para llegar á fundar el mo- numento de nuestra arquitectura poética sobre la roca inconmovible de la verdadera y total producción lírica de sus vates. Hay que buscar en el mundo de los sueños, de las inspiraciones mas noblemente sen- tidas y expresadas, el nombre de la nueva diosa que in- flamó sus pechos en la hoguera de la libertad. Hay que revivirla, destacarla y revelarla, para tener la satisfac- ción de su presencia y gustar el encanto de su be- lleza; y eso podrá hacerse ahora, gracias á este peque- ño esfuerzo con el cual me es muy grato resultar vinculado á tan loable propósito. He seguido el método de ordenación cronológica porque era el mas apropiado para nuestro objeto «Za patria es una nueva musa que influye divinamente^^ , es- cribía Fray Cayetano Rodríguez á su amigo el Dr. Mo- lina, deTucumán; y reuniendo las composiciones en ésta forma se siente resonar en las cuerdas de la lira el dulce son de las vihuelas coloniales, el fragor de los combates de la revolución de Mayo, las dianas de las victorias de los ejércitos patriotas, el himno de la li- bertad, el canto de la paz, el estrépito del progreso, y el rumor de las crecientes multitudes de sus ciudades. De lo demás, no tengo para que hablar. Todas las deficiencias son debidas exclusivamente á mi fal- ta de preparación. J. DE I.A C. P. Buenos Aires, Noviembre de igog. fY m NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y BIBLIOGRÁFICAS <'^^~.,C^^ry^;"- ff^ *é .^■■.. 1 D. JUAN MANUEL FERNANDEZ DE AGÜERO Y ECHA VE. Don Juan Manuel Fernández de Agüero y Echave era español, licenciado en Teología, bachiller en letras y Capellán de la Real Armada. Fué profesor de filosofía en el Colegio San Carlos desde el año 1805 hasta el 1808, habiéndose después retirado á un cu- rato de la parroquia donde vivía completamente ais- lado de los hombres y de las cosas de la época, cuando por decreto de fecha 8 de Febrero de 1822 fué nombrado profesor de filosofía de la Universidad de Buenos Aires. El año 1797 publicó un folleto de 15 páginas que contenía varias composiciones en verso: un romance trágico, un romance endecasílabo, unas décimas, dos sonetos, un epigrama, un epitafio sepulcral y otro soneto más. Don. J. T. Mendoza (i) de quien sacamos esta noticia pondera sobre 'todo el soneto que empieza: Deten el paso oh peregrino y mira que es bastante bueno, pues encierra una idea com- ( I ) « I,a Imprenta en Buenos Aires » pág. no. fy^ XX m \ pleta, noble y elevada que se desarrolla progresiva- mente con naturalidad y se expresa con sentimiento, siendo ademas su versificación correcta, agradable y armoniosa. Poco tiempo después de esta primera exhibición del doctor Agüero como amante de las musas, pu- blicó varias otras poesías reunidas bajo el título de «Complemento de las primeras y última demostra- ción de gratitud». Pero el grupo laico de los lite- ratos de la época, formado principalmente por La- varden. Prego de Oliver y Casamayor, desató las furias de su crítica contra el intruso parnasiano, y ridiculizó sus poesías escribiendo otros versos que no son muchos mejores que los del P. Agüero, (i) Don J. M. Gutiérrez cita las dos estrofas siguien- tes de la crítica de Prego de Oliver *(||(i. (i) Don J. M. Gutiérrez cita las dos estrofas siguientes de la crítica de de Prego de Oliver : Bl coro de las musas Antes llenas de gala y gestileza, ^ Ahora todas confusas Destruido ^1 fulgor de su belleza, Lanzan suspiros, y en su pena grave Piden de Dios venganza contra Echave. En la Plaza infelice De Priamo no fué tan espantosa I,a entrada, que se dice Del Griego y de su hueste valerosa, Como ha sido espantosa al Pindó entero La entrada que hizo en él don Juan de Agüero. ■a.-j^'iT'i-^:- ,»í~.. í-^^iif-.-, .<' , ': "t, .^ Y.-.V.I"" fA-fy .uWfíl. XXI Estas bromas levantaron ampollas en la suscepti- bilidad literaria del licenciado, y desafiando las iras de los arbitros de la opinión pública en aquellos momentos, les replicó con una especie de jácara bur- lona que transcribimos, por que ella sirve para for- marse idea de la importancia del movimiento inte- lectual de aquella época, de la ilustración de sus hombres y de su cultura. El título resumía el objeto de la publicación y devolvía algj^nos de los picotazos recibidos. Era el siguiente: «Disección anatómica ó especie de análisis apologético de las poesías fúnebres, y en contra de las críticas que como plaga de ranas han llovido, pero impunemente, sobre el autor del impreso que novísimamente corre, sin especial nota por los sa- bios y discretos, mas despreciado por los ignorantes y los tontos». «Ya habréis visto, ó por lo menos habréis oido, mis benévolos lectores, que contra las poesías fúnebres han llovido picantes dicterios y sátiras negras, igual- mente que contra su paciente autor. La moderación y tolerancia que es propia de su índole y la exige su alto y respetable carácter, ha disimulado estos insultos é improperios dirijidos á denigrar su fama y abatir su persona, sin mas motivo que, (habiendo extrañado las Musas de estas Argentinas Provincias no cantasen loores y entonasen los debidos encomios á su amable fenecido Gefe) haber querido suplir este defecto con sus elogios, introduciéndose como la cor- -tieja entre los hermosos y brillantes faros de este fT XXII lucido plantel y precioso odorífero jardín. Mas, apenas se presenta á tan noble y distinguido público con los ejemplares de sus poemas, creyendo que le han hecho algún servicio, y disimulando su falta, aunque no con el correspondiente decoro al héroe á quien le dedica su luctuoso impreso, cuando se toca alarma^ aunque no con tanta ventura como los gansos del Capitolio, pero mostrando más habilidad que ellos para graznar todo el congreso de coplistas y poetas- tros que yacían en un profundo letargo, y al fin des- pertaron al estallido que dieron las poesías fúnebres luego que se publicaron. ¿Que hace pues, el autor, al advertir tan necios de- sacatos é inauditos despropósitos? Ocúrrele (usando de moderación) el prudente discreto arbitrio de ex- poner su queja y presentar su querella en tono de demanda ante el serio y respetable tribunal del grande Apolo. Allí, con el debido acatamiento á tan venerable deidad, exhibe un manojo ó cúmulo indi- gesto de papeles, cuyos caracteres, unos estaban re- verberando el color sanguíneo y amoratado, y otros se dejaban entrever borrosos y medio tintimados. Inmutóse el Presidente del Parnaso, y con un te- rrible entrecejo y majestuoso severo aspecto, preguntó á qué propósito se presentaban aquellos mamotretos y abultados cartapacios, y cual era, en suma, su con- tenido. Sacra Deidad, — dijo entonces el autor de las poe- sías fúnebres — esos papelejos no contienen otra cosa que unos como poemas, versos ó coplillas, que adul- XXIII tetando las reglas establecidas por el arte poético, y contraviniendo á los preceptos sabiamente pres- criptos por este decoroso tribunal, á presencia de las discretas sabias Musas, hermosas Ninfas, y lau- dables Gracias, han compuesto unos hijos adulterinos y abortivos de este castalio coro. — ¡Alto! — se le oyó al punto decir al Numen sobe- rano del Parnaso. — ¡Alto! ¡alto! repitió alterado hasta tercera vez. Léanse por las Musas, sin que falte síla- ba, de verbo ad verbu?n, y desde la crin hasta la cola, esos papeles ó brevetes que nos presenta y ma- nifiesta ese alumno á quien desde tiempo inme- morial se le ha formado asiento y reconocido por socio de este majestuoso y refulgente Pindó. Sin demorarlo, y en cumplimiento de este soberano decre- to, se determinaron puntuales las obedientes agracia- das musas á recitarlos cada una por su turno. Su Presidente las escuchaba atento ; mas, notaba el autor que por algunos intervalos torcía el rostro y muda- ba el gesto. Al fin, concluida su lectura y terminada por los versículos ó cuartetos que se reputaron como trillados por alguna cuadrupedante yegua morcilla, se alteró el grande Apolo, y en voz altisonante y for- midable, pronunció la siguiente memorable sentencia: — Fallamos, atento á los méritos y deméritos de esta causa, y por este nuestro definitivo pronuncia- miento proscribimos, y de ciencia cierta condenamos á todos los autores y fautores de las semi-poesías que se nos han presentado, adulterinas, abortivas y bas- tardas, por contraventores á las reglas, estatutos, do- ■ -v.^:'*^-'^-^*9'*í XXIV í!i cumentos y preceptos que por esta ilustre sabia Escuela y antiguo respetable MÁxseo se han prescripto y señalado con acuerdo, premeditación y reflexivo discernimiento que por Nos y las nuevas Musas re- sidentes en este Pindó se ha tenido y juzgado opor- tuno y necesario que: de dichas abominables, inde- centes coplas, no quede alguna memoria á la vene- rable posteridad, porque no se inficionen, vicien y corrompan los que en lo sucesivo quisieren tomarlas por modelo para entrar al estudio del nobilísimo arte de la poesía, y al trato y comunicación de las gracio- sas sabias musas. Mandamos, y por este nuestro decreto definitivamente ordenamos, que de nuestra orden se pasen á la oficina de Vulcano para que al impetuoso soplo del fuelle, se abrasen, quemen y con- suman, de forma que aún no quede el menor vestigio de ellas, y sus inmundas asquerosas cenizas sean arrojadas al más rápido torrente; etc., etc.... Dado en el Pindó á 25 de Junio de 1797.» Siguiendo el autor en su ficción, supone que las Musas reservaron una copia de las poesías que habían sido tan duramente juzgadas por la crítica, y que deseosas de cantar algunas coplillas alusivas á la materia, compusieron varias letrillas y ovillejos, un ma- drigal, una canción y un romance heroico, de las cua- les solo incluyo las mejores que son: el madrigal y la letrilla satírica. Refiriéndose á esta última época de la vida del Dr, Agüero dice D. Juan M. Gutiérrez: «El pro- fesor de 1822 no era ya el mismo por su doctrina XXV que el de 1805. En aquella primera época, usando de sus propias expresiones, su razón era esclava de sus ideas teológicas, así como del ominoso tribunal de la Inquisición. El sacerdote católico habíase trans- formado durante una gran parte de su vida, pasada en el silencio y en el estudio de los libros contempo- ráneos, en un espíritu fuerte. Expuso y sostuvo sus nuevas doctrinas con el ardor y el tono exclusivo á que habitúa la frecuencia del pulpito, desde el cual no se teme la contradicción. Reaccionaba con todo el vigor de la edad provecta contra un pasado de que se arrepentía, y abría ante sus discípulos que le amaban, una alma conmovida por una larga lucha, y que aspiraba á afianzar la victoria reciente, atra- yéndose hacía su bandera combatientes nuevos y ge- nerosos.» El resultado de este cambio fué que se desencade- nara contra el Dr. Agüero una furiosa tormenta de persecusiones, llegando hasta el extremo de reunirse el cónclave universitario para juzgarle y condenarle por hereje. Dice D. J. T. Medina ( i ) : «El día '30 de Julio de 1824 ^1 anciano catedrático, al llegar al Colegio, en- contró su aula cerrada por orden del Rector. Trabóse con este motivo entre ambos una polémica. Sostenía el Rector que la medida que acababa de tomar estaba justificada por las doctrinas atentatorias del dogma sostenidas por el catedrático universitario; y éste, á (i) Obr. cit. pág. 126. ■' ih: XXVI su vez, se escudaba con su nombramiento emanado del Gobierno. A pesar del apoyo momentáneo de este, el partido político que reemplazó á Rivadavia combatió las doc- trinas de Fernández como perjudiciales á la causa pública, en un escrito firmado por un observador^ que se publicó primero en el Correo Político y Mercantil^ y en seguida en un folleto de 199 páginas por la Imprenta del Estado, en 1827. El hecho fué, al fin, que en ese mismo año, Fernández hubo de renunciar su cátedra universitaria. M, Dr. D. jóse GABRIEL ÜCAMPO i(i|i 'I' Pocas son las noticias que tenemos respecto á este autor cuya producción conocida se reduce al Poema panegírico^ que incluimos más como curiosidad biblio- gráfica que como obra de arte. La composición está dedicada á D. Santiago Liniers y Bremond y demás personas y gremios que contri- buyeron á la repulsa de los ingleses; y está suscrita en la Rioja, el i.° de Setiembre de 1807, por el Dr. D. Joseph Gabriel Ocampo, cura y vicario de las Doctrinas de San Juan Bautista de Tinogasta, partido de Catamarca, Provincia de Córdoba del Tucumán. El poema del Dr. Ocampo se publicó por primera j XXVII vez el año 1807 por la imprenta de los niños expó- sitos, en una hoja suelta de las cuales hay un ejem- plar en la Biblioteca Mitre y otro en la Biblioteca Nacional ( i ). Ha sido reimpreso en la obra de D. José Toribio Medina ( 2 ) y figura en la Colección Alsina p. p. 480/86. Dr. D. JUAN BALTASAR MAZIEL El Dr. D. Juan Baltasar Maziel nació en Santa Fé el 8 de Setiembre de 1727, y falleció en Montevideo el 2 de Enero de 1788. Fué examinador de Cánones y Leyes, de la Real Universidad de San Felipe, en el reino de Chile; Abogado de esta Real Audiencia y de la de Charcas; Comisario del Santo Oficio de la Inquisición; Canónigo magistral de la Santa Iglesia Catedral ; Provisor, Vicario, y Gobernador General del Obispado del Río de la Plata. D. Juan M. Gutiérrez ha publicado la fé de bau- tismo del Dr. Maziel, en un estudio biográfico muy interesante ( 3 ). Según él, el Dr. Maziel estudió en Córdoba donde alcanzó todos los grados académicos que daba aquella ( I ) Impreso No. 3895. ( 2 ) « Historia y bibliografía de la Imprenta en el antiguo virreinato del Rio de la Plata », pp. 247 - 251. ( 3 ) «Revista de Buenos Aires». Tom. 6, pág. 403. firr .1 :• XXVIII Universidad, es decir, Maestro en Artes y Doctor, ha- biendo sido discípulo del P. Gaspar Pfitzer, á quien siempre recordó con respeto. Por el año 1754, ya consagfrado sacerdote, se estable- ció en Buenos Aires, distinguiéndose pronto por su talento y excelente preparación. Tuvo fama de ora- dor y de literato, pero no de poeta; y así lo reconoce él mismo diciendo: «No era poeta, ni tenía la inteli- gencia necesaria para aspirar á semejante profesión», lo cual nos releva de la tarea de probarlo. Escribió dos sonetos encomiando un acto piadoso del Virrey Loreto, sobre los cuales dice Gutiérrez lo si- guiente: «Estos sonetos han llegado hasta nosotros, y en vista de ambos, podemos asegurar, que si no son modelos de ese género de composiciones, no merecen, ni por la forma, ni por el pensamiento, las críticas que de ellos hicieron los cortesanos del Virrey y los enemigos del autor, quienes derramaron la idea de que aquellas composiciones eran realmente ofensivas á la dignidad de éste, y sagazmente calculadas para disfrazar mejor las intrigas urdidas por Maziel contra el Vice-Patronato de la Iglesia Argentina.» Este episodio da valor é interés especial á la pro- ducción literaria del Dr. Maziel, y es por ello que la incluimos entre las de la época. En efecto, con este motivo, se escribieron muchas poesías en pro y en contra de la laudatoria, tantas, que ellas llegarían á formar un turbión de papelones, según la propia es- presión del Dr. Maziel, al hacer la defensa de sus poe- sías. Entre otros, D. Manuel J. Lavarden, satirizó la XXIX producción, escribiendo al respecto una sátira valiente y cáustica. El II de Enero de 1787, fué el Dr. Maziel violenta- mente desterrado por orden del Virrey Ivoreto, em- barcándolo para Montevideo, donde murió sin alcan- zar á recibir la completa satisfacción que la justicia del Rey había hecho á su queja. Don J. M. Gutiérrez hace referencia á una colección de poesías dejada por el Dr. Maziel, escritas en su ma- yor parte en loor de Obispos y virreyes, especialmente sobre la gloria de Cevallos, de donde tomamos el primer soneto que se incluye. JOSÉ PREGO DE OLIVER José Prego de Oliver era español, y hasta 1810 desempeñó las funciones de Administrador de la Aduana de Montevideo. Comparte con Lavarden los honores del primer puesto entre los poetas de la colonia, y si bien tenemos el testimonio del homena- je que él rindiera al vate argentino, en cambio, él también fué proclamado el primero de los poetas del Río de la Plata por otros poetas de este lado. Don J. M. Gutiérrez llama á Prego de Oliver el Herrera de estos pagos (i). El señor don Marcelino (i) Estudios biográficos y críticos sobre algunos poetas sudamericanos anteriores al siglo XIX 1865, pág. 105. fT^ íi XXX Menendez y Pelayo, concede sin trepidar, el primer puesto á Lavarden, (i) dando el segundo á Oliver. La verdad es que Lavarden y Prego eran los arbitros del movimiento literario de la colonia en ambas orillas del Río de la Plata; ambos eran muy amigos, y esto favorecía su despotismo crítico, ensalzándose recípro- camente, y satirizando juntos la producción de los demás. Vinculado desde el primer momento de su llegada al país, al grupo intelectual de literatos más descollan- tes, figura como socio corresponsal de la Sociedad Pa- triótico-Literaria^ y era asiduo colaborador del Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico é Historiógrafo del Rio de la Plata, que era su órgano oficial. Prego de Oliver, reemplazó al padre De Luca en el cargo de Administrador de la Aduana de Montevideo (i). Prego de Oliver cantó á la reconquista de Buenos Aires, asociándose al regocijo nacional de la gloriosa expulsión de los ingleses, con una Oda á la acción de guerra, un canto elegiaco á la memoria del teniente de fragata don Agustín Abreu, que murió en uno de los combates, y otra Oda al héroe de la defensa, al desgraciado general Liniers. Estas célebres victorias, que tanto influyeron en el ánimo del pueblo argen- tino para precipitar el pronunciamiento separatista de Mayo de 1810, han resonado en las liras de muchos poetas sudamericanos y de la península, contándose entre estos últimos á don Juan Nicasio Gallegos. Pero (i) Antología de poetas Hispano Americanos Tom. 4, pág. CXVI. jmmm - I 'TaÉ'lf- ...± XXXI no es esta una razón que pueda, á nuestro juicio, relegar á pura curiosidad bibliográfica las producciones de los demás poetas, como dice el señor Menendez y Pelayo, (i) pues, ni ello es razonable en sí, ni estas poesías, dejan de tener su mérito aunque se las compare con la del poeta Zamorano. La Oda á Buenos Aires de don Juan Nicasio, es una Silva, metro con que le ha sido fácil, al ilus- tre cantor del dos de Mayo, despliegar las alas de su imaginación, conservando sin esfuerzo la dulzura, la majestad, sonoridad, elevación y grandeza que ca- racteriza su estilo; mientras que, la poesía de Oliver, está hecha en estrofas regulares, lisas, lo que traba mucho más su libertad de acción y de expresión. El sistema de prescindir de una plumada, con un golpe efectista, del trabajo de realizar aquello que se está queriendo hacer, es muy cómodo y muy anti- guo; pero no es recurso que cuadre á críticos de la ilustración del señor Menendez y Pelayo, por más de- sapego, indiferencia y desdeño que sientan hacia las letras argentinas. La poesía de Gallegos, podría servimos para apre- ciar la relación de espiritualidad, de inventiva, y de arte, que había entonces entre la metrópoli y la colo- nia; para deducir la influencia civilizadora de la pe- nínsula, y el coeficiente de adaptación de los indíge- nas y mestizos; para diferenciar la influencia del escenario, y restablecer la de la escuela y el ambiente; (I) Obr. cit. Tom. 40 pg. CXVII nrr^ ■ 1- á IV I»'- tv >,; XXXII para darse el crítico el placer de hacer levantar los ojos de la hija hacia la madre; pero nunca, para aver- gonzar á esta última, haciéndola bajar los suyos has- ta los andrajos de aquella. Grecia, pudo alabarse de que era suya la literatura de Roma en el siglo de Augusto; Roma, pudo con- siderar como propias la ciencia de Séneca y de La- trón, y confundir con las dulzuras de la lira virgiliana la voz de los poetas cordobeses y los cantos de Lucano y de Marcial. Pero la civilización española en el Río de la Plata, no ha podido jactarse de nada, porque nada ha hecho, más que sojuzgar y avasallar. Los poetas como Quintana y Gallegos, no son aerolitos que caigan como llovidos del cielo, en cualquier lu- gar y en cualquier tiempo. Bl espíritu del siglo XVI, no cruzó sino mucho más tarde por encima de los otros pueblos de la misma Europa en cuyos anales había ya inscripto España su siglo de oro. El ambiente que da vida á los Cervan- tes, Luis de León y los Herrera; á los Shakespeare, los Milton ó los Dryden; los Gunther, los Klopstock, ó los Schiller; los Moliere, los Corneille y los Racine, es ambiente de sociedad, de supremacía y de prestigio; muy distinto al que formaban en las Indias Occiden- tales los aventureros, vagabundos, soldados y deses- perados, que la honraban con su presencia. La enorme distancia á que venían á quedar situados estos países, alejados, más que por la naturaleza, por la forma como España mantenía sus relaciones polí- ticas y comerciales con ellos, siguiendo, á través de XXXIII todas las épocas, la línea descendente que habían traído los descubrimientos en los siglos XV y XVI; la situación de aislamiento en que de esta suerte ve- nían á quedar colocados los pueblos del Río de la Plata; la mezquindad de su movimiento comercial por las dificultades del transporte; la escasez de mercado y el peligro permanente de los salvajes; el abandono intencional en que se los tenía, en materia educacio- nal; la simplicidad de sus hábitos y costumbres; el tedio de la inacción, y la monotonía desalentadora del territorio accesible, siempre llano, siempre solo y siempre igual; los ardores de su clima, y sobre todo este conjunto agobiador de cosas: el peso despro- porcionado de la autoridad de los virreyes, con la sobrecarga del poder espiritual de la Inquisición, no eran, seguramente, las mejores circunstancias para que la imaginación tendiera las alas, y el niens divinior de aquellos pobres hombres resplandeciera vestido con las galas del lenguaje. Al estudiar el movimiento literario de los pueblos fundados por España en el mundo nuevo que le dio Colón, donde sus críticos dicen: ¡eso menos!, nosotros, al admirar lo poco que hay, decimos: ¡eso más! Y no es pretensión, ni afán de jactancia, lo que nos hace mirar así estos pobres esfuerzos del espíritu poético platense, sino el convencimiento de que, en el fondo de esa literatura estancada, están las madréporas del alma nacional. Entre el elemento más culto de la Colonia, figura, en primera línea, este español don José Prego de fimr XXXIV Oliver. El estilo de sus composiciones poéticas, re- vela su educación literaria y su cultura nada común. La elegía á la muerte del Teniente de Fragata Abreu es una composición nutrida de pensamientos elevados y llena de sentimiento. Sin el menor esfuerzo, se pueden distinguir en ella las formas seudoclásicas de su escuela, el nervio ce- remonioso de su lenguaje y el sacrificio de la armonía á las exigencias de la rima. Cuando siguiendo el estro de su inspiración, ha dejado libertad de expresión al sentimiento, el verso corre con mucha mayor naturalidad y soltura, y llega á tener estrofas que no desmerecen al lado de las mejores en su género. Así nos parece que es la siguiente: *i'.' *H' ■MI ■ íiil A' No sonará tu voz en mis oídos, Aquella voz que de consejo llena El penoso vivir me solazaba. Apenas apercibes los gemidos Del colono, que atado á la cadena Por su perdida libertad lloraba. Cuando tu fuerte pecho se extremece, Y no queriendo ver la patria hollada, Tu pundonor acrece El ansia de acorrerla con la espada, Al león semejante, que la arena Escarba, ruge, y de furor se llena. Si en vez de compararlos con los versos de Nicasio Gallego, que todavía no se había hecho conocer, ó XXXV por lo menos no había aún alcanzado la justa noto- riedad á que llegó más tarde, se comparan los poetas rioplatenses con aquellos con que España clausuró el siglo XVIII, la diferencia no es tan manifiesta como la que ha excusado al señor Menendez y Pelayo el tratar estos trabajos con mas detención y aún se en- cuentra, en beneficio de los nuestros mayor brío, entusiasmo, y variedad que en aquellos. Apartándose de la regla generalmente seguida, de no usar las estancias en las elegías, Prego de Oli- ver da á su Oda la majestad de la estrofa y la so- briedad del período regularizado, ennobleciendo su carácter de canción elegiaca con las formas elegantes de la poesía heroica. Gracias á este recurso, encontramos apostrofes tan valientes como este: ¡ Salve Tarifa ilustre ! ¡ Salve tierra Madre de los famosos capitanes, Que de ornamento sirven á la historia. Tu bastas sola á dominar la guerra, Pues si supiste producir Guzmanes Que amargasen del árabe la gloria, También en en este día, En Abreu, nos presentas una hazaña Que ha de alcanzar eterna nombradla. Con pasmo del bretón y honor de España! La Oda á don Santiago Liniers es de corte ver- daderamente Herreriano. Su movimiento es rápido y su versificación es suelta, rítmica y sonora. Desde la primera estrofa: 1 :i!: lil;-« 41 H l^'i ñ XXXVI ¡ Gloria inmortal al héroe que al Britano Lanzó del patrio suelo ! ¡ Bajo la augusta bóveda del cielo No resonó, Señor, tu nombre en vano : Tu militar denuedo Dio al hispano salud, al anglo miedo ! se advierte la seguridad y valentía de sus pensa- mientos y el tono firme y levantado de su lenguaje. Dirigiéndose á las vírgenes porteñas, les dice: i Cubrid el suelo de arrayán y rosa, Que ya, lleno de gloria Se acerca el capitán, y la victoria Imprime el pie donde su planta posa, Marte le dio la lanza; Virtud el cielo; la virtud templanza. Con sobriedad de rasgos, pero con precisión de ideas, describe luego : el desembarco de los ingleses, y su irrupción armada por la ciudad. Esboza en forma horaciana, el cuadro de la refriega, y apura tanto la expresión para condensar más la frase, que llega al extremo de que cada palabra sea una imagen, y cada verso represente un poema en mi- niatura. Así dice: La legión Anglicana que orguUosa El laurel se promete. Pugna feroz, intrépida acomete, Y al pueblo todo sanguinaria acosa: Donde la planta imprime. Los troncos lloran, y la tierra gime. Y más adelante, al describir la batalla: XXXVII Aquí donde la guerra se avalanza Y el enemigo hostiga, Aquí el furor, la sed, y la fatiga; Aquí la atroz y bárbara matanza; Aquí do la refriega Recuerda Almanza, San Quintín, Brihuega, La lira de Prego de Oliver era lira de bronce, de cuerdas de oro, que vibraban armoniosas y resonantes, lira verdaderamente fuerte, en donde podía entonar sin esfuerzo canciones tan varoniles como sentimen- tales; no lira blanda, de aquellas que pulsaban los romanceros que, en la misma época, no hacían más en la madre patria, que odas anacreónticas á Filis ó Dorila, y letrillas ó madrigales á lyice, Clori, ó cualquier otra beldad sahumada á tomillo. Nosotros nos congratulamos de poder contar en- tre los precursores de nuestra poesía nacional, poe- tas de estro tan varonil como Prego de Oliver, en lugar de los afeminados coplistas que pondera el señor Menendez y Pelayo. Dr. Dn. PANTALEON RIVAROLA Mucho antes de que los trabajos históricos de nuestros hombres de estudio hubieran concretado noticias circunstanciadas sobre el doctor Rivarola, ya su personalidad ocupaba lugar preferente entre el grupo de los literatos de su tiempo. ■5l«i^í3!S£!?? nr^ XXXVIII ■I i,') L. f ■' ' ' 4.!nW ñ , I Los escasos datos biográficos del doctor Ri varóla, anotados por don Juan María Gutiérrez (i), han sido últimamente completados por el doctor A. Reynal O'Connor (2), y es fundándonos en los trabajos de estos dos distinguidos biógrafos que nosotros escri- bimos esta noticia sobre la misma personalidad. Rivarola nació en Buenos Aires el 27 de Julio de 1754. Cursó humanidades en esta misma ciudad; y para estudiar Derecho y Cánones pasó á Chile, el año 1774, graduándose de doctor en ambos derechos en la Universidad de San Felipe. Apenas concluyó su carrera, en mérito á sus re- levantes condiciones de inteligencia y aplicación, fué nombrado catedrático de prima de Leyes en la mis- ma Universidad, siendo también Notario Mayor del Santo Oficio. No se ha establecido la fecha en que recibió las órdenes de sacerdote, ni la de su regreso al país, sa- biéndose solamente que, el 17 de Febrero de 1779 fué nombrado Catedrático de Filosofía del Coleírio de San Carlos, y que se hizo cargo de la cátedra ese mismo año. Poco tiempo después fué nombrado Prefecto de Estudios del mismo establecimiento, puesto que re- nunció para entrar á desempeñar las funciones de capellán del Fifo (3). (i) «Apuntes Biográficos de escritores, oradores y hombres de estado de la República Argentina^, pág. 123. (2) • I,os Poetas Argentinos , pág. 227. (3) Así se llamaba al 3er. batallón del regimiento de infantería de la guarnición de la plaza. "«ipnpvvpF' XXXIX El doctor Rivarola había dejado ya este último cargo cuando tuvo lugar la primera invasión inglesa, y es entonces que empieza á surgir su personalidad lite- raria de entre el vetusto armazón colonial, como cantor de la gloriosa victoria que obtuvo el pueblo de Buenos Aires con la completa rendición del gene- ral Beresford al gobernador don Santiago de Liniers y Bremont. Rivarola es el Centenera de los sucesos de la defensa (i). Sus poemas sobre la reconquista son verdaderos relatos históricos de las jornadas de aque- llos días, y están escritos en romance octosilábico, con el decidido propósito de hacerlos más agradables, más interesantes al pueblo y más fáciles de ser recor- dados. La siguiente Advertencia con que el doctor Riva- rola precedió su jirimer poema titulado La gloriosa defensa (2), deja bien en claro la razón y el objeto de esta fonna singular de exposición: «Lector amigo: di á luz la relación de la gloriosa (i) V. F. López- pág. 341. «Refutación á las comprobaciones históricas» — Tomo i* (2) Se publicó por primera vez en Buenos Aires, por la imprenta de los Nifíoi Expósitos, el año 1807. Ha sido reimpresa en Montevideo el año 1851, con la siguiente advertencia de los editores: «De esta composición muy es- casos serán los ejemplares impresos que quedan, á causa de que fué man- dada recoger apenas emitida, á pesar de ser publicada, como todas enton- ces, con superior permiso. No sabemos los motivos de esta medida sin}]:ular, ni cual de las autoridades la dictó. El autor, en su larga dedicatoria, habl.i de otros, no como los elejidos por Dios para aquella empresa, y de los males que hubiera traído el que hubiera recaldo el mando en otro que en I^iniers, y -menciona engaños y traiciones que el vulgo temía por todas partes. Talvez estas alusiones, cuya aplicación no es fácil percibir hoy por la lejanía de aquellos incidentes llegó á ofender, con razón ó sin ella, algunos celos, algunas .susceptibilidades, algunos orgullos poderosos. Si no ha sido algo de ésto, nos parece que nada absolutamente se halla en esta obra que la hicieran merecedora de una prohibición». Vi ^t: t 7. H, }'■: i m % m I i' • i' XL reconquista de la capital de Buenos Aires verificada el 12 de Agosto de 1806, con el fin, como allí ex- puse, de tributar al Dios de las victorias las debidas gracias por tan singular beneficio de inmortalizar los nombres de nuestros célebres compatriotas que se distinguieron en esta acción y, finalmente, con el de promover en todos, el deseo y la gloria de sacrificar su reposo, sus intereses y su propia vida en defensa de la religión y de la patria. Estos mismos han sido justamente los motivos que he tenido para presen- tarte la historia del singular triunfo que concedió el cielo á las armas españolas en esta Capital, el día 5 de Julio del presente año de 1807, contra las armas británicas. Me determiné á escribir aquella, no en prosa, sino en verso, y no en verso de arte mayor, sino corrido y suelto, por las razones que allí mismo alegué. Estas mismas, me han movido á presentarte la relación de la presente victoria, en el propio estilo, con cuya previa advertencia excuso tiempo y papel en disculpas y prevenciones. Los brillantes hechos y gloriosas hazañas que van detalladas en esta memoria, merecen todo el crédito de que es capaz la fé humana, porque son los mis- mos que constan del parte que se ha dado á S. M. y de las relaciones que me han hecho el honor de darme, por escrito, los señores oficiales y jefes que han mandado y presenciado las mismas acciones que se refieren; y en otras, que no se hicieron por dispo- sición, ni á presencia de oficial alguno, las refiero por deposición de uno, dos ó mas testigos de vista, ^ X1,I que es cuanto se puede pedir á un historiador para que no se le arguya su facilidad de creer y referir prodigios. No dudo que se echarán menos, en esta memoria, otros muchos distinguidos hechos de valor, religión y piedad que obraron nuestros valientes com- patriotas; pero sírvame de disculpa, en unos, que del todo los ignoro, y en otros, el no haber podido ave- riguar la verdad, sin embargo de las exquisitas di- ligencias que he procurado hacer para examinarlas. No doy mi nombre porque no busco mi gloria sino la de Dios. Vale». L,a razón que daba el Dr. Rivarola para escribir en verso la crónica de la guerra de la reconquista, es la siguiente: «Presento, en verso suelto, la historia de la glorio- sa reconquista de la capital de Buenos Aires, que fué sorprendida y tomada por los ingleses el 27 de Junio de 1806» .... «porque la poesía, desde el prin- cipio del mundo, ha sido la que ha inmortalizado los gloriosos hechos de los héroes de la religión y de la gentilidad» c Escribo en verso corrido, porque se acomoda mejor al canto usado en nuestros comu- nes instrumentos, y, por consiguiente, es el más á propósito para que toda clase de gentes lo decore y cante: los labradores en su trabajo, los artesanos en sus talleres, las señoras en sus estrados, y la gente común por las calles y plazas.» La sencillez de las costumbres de la vida patriar- cal de la Colonia, hacía que, este pensamiento del Dr. Rivarola, tuviera entonces gran trascendencia y ^ . '^.ij.- *>_tí= I I 'I XLII 1: lífíi' significación, porque infiltraba en el pueblo la idea estimulante de su poder y su propio valimiento; pro- palaba la noticia de las victorias conseguidas contra soldados de la primera potencia militar del mundo; daba á conocer las hazañas de los jefes de la guar- nición y de los jefes y soldados improvisados que habían acudido á los puestos de combate, sin más recursos que su valor y su entusiasmo; }', poniendo de este modo en contacto al pueblo con los hombres de pensamiento }- de acción que podrían conducirle á la libertad, establecía entre ellos la solidaridad de causa que funda el triunfo y la simpatía que pres- tigia el valor, levantando, ante los ojos adormecidos de la población, los nombres de los valientes que, ha- biendo sabido dirigir al pueblo en la pelea, podrían conducirlo á luchar por su libertad, y ya libre, go- bejnarlo. Las crónicas en verso de Rivarola deben, pues, apreciarse más por su valor histórico, que por su mé- rito literario )• su poesía; pero, sobre todo, son para nosotros estimables, por el anhelo patriótico que en- trañaba ese esfuerzo en la composición, enderezado á halagar los oídos de la fiera que dormía en el ánimo popular, para incitarla á gustar del convite de la libertad que iban á ponerle por delante. Rivarola fué siempre uno de los mas ardientes par- tidarios de la revolución de Mayo, y, después de constituido el gobierno provisorio, fué nombrado vo- cal de la Junta Conservadora de la libertad de Im- prenta, que se creó en 1812. Murió el 24 de Setiembre de 182 1. i XUII MANUEL MEDRANO Pocos son los datos que hemos podido recoger acerca de la persona de don Manuel Medrano. Sabemos solamente, que era oficial del Real Tribu- nal Mayor y Audiencia de cuentas y que figuraba entre los hombres mas ilustrados del círculo de La- varden. La oda que incluimos, está publicada en el « Telé- grafo Mercantih núm. 6 pág. 41, del Sábado 18 de Abril de 1801 y en la crónica general de ese mis- mo periódico, en el mismo número pag. 45, se dice lo siguiente, en su elogio: « ¿ Quien hasta hoy sabía de excelencias del ma- jestuoso rio Paraná, sino hubiese Lavar denes, Pre- gas de Oliver y Medranas que, (á la manera de tres pintores diferentes que, siendo de una misma escuela, tienen sus gracias particulares, y de los cuales se puede decir con razón: Facies nan ómnibus una, neo diversa tamen, cantasen sus riquezas é hiciesen inmortal? Esos tres poetas y amados socios mios, no son, no, de aquella multitud que de tropel perturban la paz de las sagradas florestas y con un alma fría é insensible corren por todas partes recitando ver- sos, entonando cantinelas y distribuyendo sonetos, décimas y madrigales. Mis socios, en fin, nada infe- Hf. rí m xuv riores á los Quintilios^ Tucas y Pisones, instruyen in- geniosamente al público con sus lecciones y elo- gios.» También don J. M. Gutiérrez nos dá muy pocas noticias respecto á Medrano. Hablando de la oda «Al Paraná» de Lavarden, recuerda esta otra, compuesta en elogio de aquella, y dice (i): «Don Manuel Medrano, oficial del Tribunal de Cuentas, compuso también una larga oda con el mismo objeto, y en términos que muestran inteligen- cia y buen gusto literario. Medrano, que debia ser mayor en edad que Lavarden, es sin embargo de la misma escuela y se manifiesta imbuido en las mis- mas ideas y tendencias sociales que hemos notado antes. El poeta contador^ no pierde de vista la ri- queza especial de nuestro suelo, y, mas atrevido é innovador que el joven, no tiene reparo en mezclar, á la noble urdimbre de sus endecasílabos, la hebra producida por las arañas del litoral. Medrano, so- ~ñando con las aplicaciones de un nuevo producto desconocido, se complace en contemplar: el incesante anhelo Con que la araña entre las verdes tunas Sus capullos de seda está tejiendo. La poesía de Medrano es, á nuestio juicio, una prue- ba irrefutable del simbolismo de la célebre oda de Lavarden. (i) - ■ IH I ir ... vt.. -'. • •v.i.i^itóíiL antología ; .. .;-...*■ '?■_■•' ;"-.'_.!>:\"^ ,(>> ' -^.l-^TúV''-"''*- '-'-'>*■' u ,1! 1 ll: il 1 JU> iKi -.- <•.!-•: -_, ^ • ♦ ;• . , ^^;-; :f ,.,,,. -a. t-;i,í JUAN MANUEL FERNANDEZ DE AGÜERO Y ECHAVE I . íVa .,.' < . ; .--rf._ jj/_:,to- -JJ -í - ' - .1. '■l I .'t •••* •• •*,»■ . • .' í>, • •"•?-> SONETO Deten el paso oh peregrino y mira Lleno de pasmo, horror y sentimiento, El suntuoso sepulcro y monumento Cuya inscripción un tierno llanto inspira. Aquí Meló reposa, y no respira. Su grandeza y poder que fué un portento. Rendida, aniquilada, en un momento, A impulso de la Parca ya se admira. Cuando gozaba de un imperio quieto Su vida terminó. ¡Que desconsuelo. Dejando á la memoria un triste objeto! ¡Mas, no murió, que con heroico vuelo, Sin eludir el general decreto, Pasó á fijar su imperio allá en el cielo! ;-,-íi™.'wititóc, -; , I '■^v ANTOLOGÍA MADRIGAL i- ¿V :Vf i'4, f i3t'f--. (I i En antartico, bello, ilustre polo, Donde glorioso reina el grande Apolo, Mi alumno estaba con las Musas bellas Que agraciadas miraba como á estrellas. Gozaba satisfecho sus delicias; Dispensábanle, cuerdas, sus caricias; Mas, residiendo en argentino suelo No mira la luz clara de este cielo. Cuando quieto reposa. Como nube impregnada y tempestuosa, Se descarga sobre él el rayo, el trueno, Oyendo el metro pleno Horrible y desgreñado, Que de esta esfera el coro destemplado, Al cantarse las glorias del gran Meló, Le inspira horror al cielo. Pues vomita del Etna y del Averno Incendios que publican odio eterno. Cansado Erato ya de dar quejidos Y de entonar sus justos sentimientos, Reprime de su pecho los gemidos Para dar lugar á otros concentos. Ellos publicarán como impelidos Los insultos altivos y violentos. Haciendo ver que puede la malicia Asaltar impetuosa á la pericia. Prosigue ya terpsícore cantando El asunto que vamos lamentando. '}\ I- í AGÜERO Y ECHAVE LETRII.I.AS SATÍRICAS Yo, Terpsícore, que entono En los bailes y en los cantos, Para excusar tristes llantos Bn música acorde tono. Sin enojo y sin encono Reparo, noto y advierto. Que un Poeta ciego ó tuerto, Entre otros de su calibre. Poetiza orgulloso y libre: Unas décimas compone Sin claridad, sin dialecto; Ni advierte que este defecto No hay versista que lo abone; Y para hacer que consone Entre sí el verso incadente, Al mismo metro desmiente, Armando un galimatías Sólo visto en nuestros días. De su estilo la bajeza Me pasma, y el guirigay; Advirtiendo que allí no hay Concepto, gala, pureza: Acaso formó de priesa Su verso ó su geringonza; Por eso su Musa intonsa. Mudando acento en graznido Ingrata se muestra al oido. 8 ANTOLOGÍA I i i VI \y m 'A La soltura que se encuentra En tal grado es demasiada, Que, por ser prosaica, enfada. Descalabra y atormenta; Se cree que no llevó cuenta Al formar esa poesía, O imaginó que no había Otra regla que el antojo, La audacia, furor, y arrojo. ¿ Cuando se ha visto elogiar (Dice en sus ruines coplillas) A un hombre de campanillas Como se te ve á tí usar? Esto es querer abusar. Repite, de aquel honor Que á un caballero y señor Se debe: querrá decir. Mas no lo supo ingerir. Yo me asombro, me estremezco, Al ver que sin justa ley. El denomine á un Virrey Con un título frailesco. Por Júpiter, que le ofrezco A ese poeta renacuajo. Que Apolo como á un andrajo Le trate, y luego al momento, De azotes le aplique un ciento. Y si éste repara atento Otras faltas y defectos, ri' AGÜERO Y ECHA VE De esos errados conceptos, Le ha de añadir mil á ciento. Pero su arrepentimiento Puede, si fuere oportuno. Hacer que castigo alguno Sufra, y proteste en tal caso. No subir mas al Parnaso. I JOSÉ GABRIEL OCAMPO i i 1 POEMA PANEGÍRICO DÉCIMAS * Meritísimo campeón Cuyas gloriosas proesas En bronce quedan impresas Para honra de la nación; Ese emulable blasón Con que Marte te ha premiado Con aplauso universal, Nos presenta un General De valor agigantado. ¿Con quién te compararé Gran aborto de heroismo ? Pues me confundo yo mismo En los prodigios que sé: * Impreso No. 3895 de la Bíbt. Nacional y, res» p. j. T. Medina, pgs. 247 á 251. «I^>j''../'>Ah BAlvTASAR MAZIEl, 3S THALIA TERCERA MUSA Yo en dramas y comedias, En los teatros y cortes, Aplaudiré á Cevallos Cual español Mavorte. MELPÓMENE CUARTA MUSA Yo en trágicas excenas Que aún al Olimpo asombren. Haré ver que Cevallos Emula hasta los Dioses. TERPSÍCORE fiüINTA MUSA Yo al compás de mi flauta, En danzas siempre acordes, Haré alarde á Cevallos De sus trofeos y loores. ERATO SEXTA MUSA Yo con metro galante, Al aire de mis voces, Cantaré de Cevallos Las ilustres acciones. '" ir 34 antología POLÍMNIA SÉPTIMA MUSA Yo con mi dulce lira En odas y canciones, Haré salva á Cevallos Con pena de Calíoi^e. URANIA OCTAVA MUSA Yo, que mi voz atrae Aún los celestes orbes, Remontaré á Cevallos En las constelaciones. CALIOPE NOVENA MUSA Yo con versos heroicos, En sublimes transportes, Pienso hacer de Cevallos El héroe de los héroes españoles. BALTASAR MAZIEL 35 SONETO * BL MUY ILUSTRE Y VENERABLE DEAN Y CABILDO DE ESTA STA. IGLESIA CATEDRAL, HABLA AL EXCMO. SEÑOR D. PEDRO DE CEVALLOS, SU VIRREY Y VICE-PATRONO. No del soberbio Capitolio erguido Hoy envidia su pompa mi fé atenta, Cuando es la magestad que aquel ostenta De un Júpiter falaz y fementido. Aquí el Dios que preside siempre ha sido Verdadera deidad, que nos presenta Humanado el espíritu, que alienta El valor de tu pecho esclarecido. Entrad héroe, por tanto victorioso, En este templo de tu Dios augusto, A hacerle de tus triunfos sacrificio. Entrad, que nuestro espíritu obsequioso Sus votos todos unirá con gusto Para haceros su nombre más propicio. * De un'm. s. de Seguróla, existente en la Bibl. Nal. No 3354-3361 pági- na 285. 36 ANTOI.OGIA ! lil ^,i: JÁCARA TROTONA * {Inédita) No extrañen señores Que yo apoltronado Haya estado á vista De un recio fandango. Ausente me hallaba Por mi infeliz hado, Cuando aquí bailaban Con todos los diablos. A la voz del ruido Vine apresurado, Deseoso de ver Sarao tan extraño. Entré por la calle De los padres magnos, Que cuanto más gordos Se muestran más flacos. Y luego, al momento Me salió al atajo Uno, que la gorra Tenía de Pilatos. Deténgase, dice, Todo mesurado. Que por aquí ya No hay más paso franco. • De un manuscrito de dou^J. M. Gutiérrez, existente en la Biblioteca del Senado Nacional. BALTASAR MAZIEL 37 Hombre, le replico, ¿Estáis endiablado? ¿ Quién pudo cerrar Camino tan ancho? ¿No es esta la calle Por donde han entrado Cuantos han querido Ser afortunados? ¿No está aquí la Aduana Donde se han cobrado De las sumisiones Los hechos forzados? Déjeme, por Dios, Que vaya postrado Siquiera á rendirme A Alendaña y Blanco; Pues sin duda temo Que de lo contrario. Seré de estos padres El hijo bastardo. Y ya en adelante Me veré hecho el blanco Donde asesten todos Sus tiros mas pardos. — ¡Que pardos, — me dice, — Ni padres, ó Diablos, Si hasta de sus casas, Están ya expulsados! — Esta voz terrible Cual si fuera rayo. rr 38 antología W' Me desconcertó Y dejó aterrado. Procuré volver De mi sobresalto, Y como mas pude, Le dije temblando: — Con qué, hombre: ¿es posible Que se haya acabado De ¿a Compañía El reino tirano? Mas, ¿ Cómo es capaz Que á un poder tan vasto, Que el bueno de Alo tizo Hacía mas osado. Porque lo afianzaba En aquel ternario De ciencia y riquezas Con muchos soldados, Haj'a habido quien Sea tan temerario Que se haya atrevido Y lo haya arruinado? ¿ No es éste aquel mismo, Que ahora pocos años, Aun de dos coronas Frustró sus tratados? ¿No es el que triunfó Y siempre ha triunfado De cuantos, por Dios, Fueron sus contrarios ? BALTASAR MAZIEI. 39 ¿No es el que tenía En su gran Cevallos Su imperio absoluto Bien asegurado? Pues, ¿y el ministerio A que iba llamado, Y con el que á todos Tenía asustados? ¿Qué efecto ha tenido, Y cómo ha dejado Que así se aniquile Su más rico banco ? ¿Qué ha hecho el Padre Diego Inquisidorazo, Que del Santo Oficio No ha vibrado rayos? Qué el Padre Juan Carrio Gata mari-ramos, Que con su Deo-gracias Invocaba al diablo? ¿ Cómo no han podido Frustrar con engaños Y sus muchos pesos Golpe tan pesado? — ¡Qué Diego, ni Carrio, Cuervos, ni Cevallos,— Me dijo, — si todos, Están ya en tres palos! — Cevallos á penas Vio volcado el plato. F^ 1 V < m 40 antología Vomitó á los dos Que se había tragado. Como la substancia Les había chupado, Y lo que quedaba Le había de hacer daño, Al momento mismo Las bascas le entraron, Y las arrojó Su estómago blando. Quedaron aquellos Dos pobres cuitados Sin piel ni pellejo, Esperando el santo Que ya se les dio; Y luego pasaron A despellejar A los italianos. Cevallos con esto Desembarazado De los que ya le eran Fardos muy pesados, Fué y entró á la Corte Como mojigato, Acechando empleos Que aquí había soñado. Todos se le esconden, Y le paga el diablo Sus grandes servicios Por pasos contados. I á BALTASAR WAZIEL 41 Pues como él á todos Dejó aquí engañados Con vanas promesas, Se ve allí burlado. Cuando fué á besar De Carlos la mano, Ivlevó al de San Juan Para su reparo. Poco le sirvió Padrino tan caro, Pues el justo Rey Con su seño airado. Le arrojó una ojeada Que cual otro rayo Postró por los suelos Aquel Goliat falso. — Quiten de aquí - dijo, — A ese loco insano. Estatua de viento Con los pies de barro. — Después que volvió Del fatal desmayo Recibió una herida De cien mil morlacos Que había en el Colegio De Cádiz dejado Como de reserva Para algún fracaso. Ni se quedó en esto, Que aquí le han pillado .JO rr r* i 42 ANTOLOGÍA Cincuenta y seis mil En los mismos fardos Que su corredor El Padre Juan Carrio Mercó en la Colonia, Con notable daño De los comerciantes, Y del soberano A quien sus derechos Defraudó el bigardo. Con aquestos golpes Y otros que ahora callo, Y que no compensan Lo que ha defraudado, Se vé el miserable Tan caído y postrado Que ya la tiricia Lo tiene á su salvo. Y volviendo atrás Sus ojos quebrados Blasfema de Carrio, Diego, y sus sectarios. Luego que escuché Sucesos tan raros, Quedé mas confuso Que un encapillado. — Adiós, camarada Le dije al soldado; Y tomé la vuelta BALTASAR M AZI EL 43 Con tal sobresalto, Que llegué á dudar Si estaría soñando, O si yo gozaba El rapto de Pablo. No bien dado había Tres ó cuatro pasos, Cuando un buen amigo Que me encontró acaso. Me quitó las dudas, Y paso por paso Entró á referirme El suceso extraño. Me añadió, que, á Roque, Aquel bello enano Que hizo su figura En tiempos pasados; Aquel fiel conducto Por donde Cevallos Nunca saber pudo Sino lo mas falso ; Aquel que con chismes Que son de quebrados. La factura propia De los contrabandos ; Aquel finalmente. Que por puro y casto. Dejó muy atrás A Sadarnápalo; Que á Roquillo, dijo. 44 ANTOLOGÍA i íi i^! W II ■ P| Me le había tocado Una buena parte En aquel fracaso, Y que por sus culpas Iba destinado A purificarse Allá en Maldonado, Donde al mismo tiempo Serviría á Cevallos Aumentando el pueblo Que dejó fundado. También rae contó, Que Lerdo, aquel Sancho A quien lo pollino Envidiaba su asno. Aquel cuyo peso Lo lleva agoviado, Y siempre parece Que le tira al pasto : Aquel que después De ser tan pesado Andaba ligero En pos de Cevallos, Que era su Quijote, Y el mas desgarrado Entre la gavilla De sus muchos criados; Que era el mayor fuelle Por donde aquel diablo Arrojaba el aire BALTASAR MAZIEL 45 De su álito osado; Que no perdonó Ni aún lo más sagrado, Porque hacía gala Del mayor escándalo; Cara de vejiga De viento soplado, Según lo define Todo el Peripato: Que éste, pues, también Iba caminando Con el buen Roquillo Para Maldonado, Pueblo en qiie podría Como tan maestroso. Hacer el ritual A sus Magistrados, Para ceremonia De paz, en que tanto Apuró su ingenio Mas Lerdo que Sancho. Díjome igualmente: Que iba con entraiubos Un tal Arizaga De talentos raros ; Hombre en quien había Confiado Cevallos Cuanto en su conquista Robó al Soberano; Y á quien, á si mismo, ¡1 t I 'i 46 ANTOLOGÍA Lo tenía nombrado Por encomendero De todos sus trapos: Porque era razón Que aquellos rezagos De medias, calzones, Chupas y zapatos. Lo fuese á expender En su pueblo amado Ya que lo dejó Desnudo y descalzo. Que con estos tres. Iba acompañado El francés Lasala, Para hacer el diario De sus aventuras Y extraños acasos, Pues con las gacetas Que había forjado, Y de que dio norma A su suegro Caro, Cuando de mentiras Llenaba este teatro, Tenía á su favor Los votos ganados Para ser diarista De fracasos tantos. Por fin, me expresó Que á mas, otros cuatro. Con esta tormenta BALTASAR MAZIEL 47 Habían naufragado ; Y que por su dicha Habían ya ganado Una isla, en que pasan Sus culpas llorando. Yo confieso amigos Que al oir tan extraños Sucesos, que nadie Se había imaginado. Quedé tan confuso Y tan abismado, Que no he vuelto en mí Ni volveré acaso. Por esto, á pesar De mi humor salado, Me he estado en silencio Como un ermitaño. Todo se me ha ido En mirar á lo alto, Y adorar de esta obra La divina mano. Que Dios la conserve Por eternos años, Y guarde aquel héroe Que la ha ejecutado. 48 antología ROMANCE * ESDRÚJULOS QUE EXPRESAN LA AFABILIDAD Y DULZURA DEL EXCMO. SEÑOR DON PEDRO DE CEVALLOS Señor, que otras musas Deificas Canten vuestros timbres ínclitos Y que te exalte terpsícore Sobre el Júpiter Olímpico. La mía que en pobres cláusulas Explica sus aires métricos, Hoy por humano y benévolo Quiere aplaudirte mirífico. Sois de Jano glorioso émulo, De dos rastros geroglífico : El uno á la Iberia célebre. Otro al Portugal terrífico. Tu afabilidad sin límites Este teatro antes horrífico Lo transforma hoy, sin hipérbole, En otros campos Elíseos. El santo sois de esta América, Que afable, dulce y benéfico. Hacéis sus delicias sólidas Con vuestro cariño eléctrico. Con razón, hasta los Portugués, A garitos dicen verídicos: Viva Ceballos, el héroe Intrépido y humanísimo. Papeles m. s. de Seguróla. Tom. lo pág. 219 Bibl. Nacional. ■I!; BALTASAR MAZIEL 49 CANTA UN GUASO EN ESTILO CAMPESTRE LOS TRIUNFOS DEL EXMO.' SEÑOR DON PEDRO CEVALLOS. * Aquí me pongo á cantar Abajo de aquestas talas, Del maior guaina del mundo Los triunfos y las gazañas. Del señor de Cabezón, Que por fuerza es camarada De los guapos Cabezones Que nada tienen de mandrias. He de puja el caballero, Y vien vaia toda su alma, Que á los Portugueses jaques A surrado la badana. Como á obejas los ha arriado Y repartido en las pampas. Donde con guampas y lazo Sean de nuestra lechigada. De balde eran, mis germanos Sus cacareos y vravatas. Si al columbear á Ceballos No lo ha hecho así el come gente O más aina: come Bacas, Vuestro Don Pina Bandeira Salteador de la otra Banda, * Papeles de Seguróla, Tom. lo; pág. 255, Bibl. Nal. La ortografía es tal cual está en el original. 'r».¿v'<, 50 ANTOI,OGfA , !f'i Que allá por sus andurriales Y siempre de disparada, Huyendo como abestruz Aun se deja atrás la gama... Ya de Santa Catalina Las batatas y baranjas No les darán en el Pico Aunque más griten chicharras. Su colonia, raz con raz, Disque queda con la playa, Y en ella ¿quando la otra Harán de azulejos casa? Perdone Señor Ceballos Mi rana silvestre y guaza, Que las germanas de Apolo No habitan en las campañas. ^ BALTASAR MAZIEL 51 PÁRRAFO EN OCTAVAS * Si alguna vez, ilustre y generoso Príncipe de la Iglesia militante, Del coro de las Musas fabuloso Fué el auxilio superfino y reduntante, Es hoy, que por su numen decoroso Te aplaude grata nuestra Escuela infante, Y logra con envidia de Latona Un verdadero Apolo en tu persona. a De Vos, pues, ya cual refulgente Apolo, Invoco el sacro numen que propicio Como sol de esta Escuela, podrá solo Dar á su influjo el mas feliz auspicio. Mas ay! que apenas te invoqué cuando Eolo En sus céfiros suaves, sin bullicio, A mas alto entusiasmo me arrebata, Y de mi labio el reato se desata. • papeles m. s. de Seguróla. No 3354 á 3361, pg. 258, Bibl. Nal. Esta composición fué leida por el P. Maziel en las fiestas que se celebra- ron en honor del limo. Sr. Obispo de Buenos Aires el año 1781. IR ;< 52 ANTOLOGÍA . Ba\ III Si; honor y gloría del Hesperío suelo: Vos, con la lira de tu dulce acento El Apolo seréis de nuestro cielo, Y el bello Atlante de este fintiamento. Por Vos las ciencias fijarán su vuelo En este de tus luces monumento, Y seréis en los fastos de su historia: El fundador y padre de su gloria. TV No en vano hace brillar la Providencia Vuestros primeros lustros en la esfera Donde toda la ciencia reverbera El flamante arrebol de su eminencia: En Salamanca, digo, primavera, Donde las flores, no sin competencia, A Minerva le tejen la corona. Con envidia de Marte y de Belona. 'i» \í Allí el ensayo fué de tu expíen do r: Pues cual astro de primera magnitud. En los destellos del primer albor Brilló gigante Vuestra juventud. Mas ya aumentado Vuestro resplandor De sus luces tendrá la plenitud, Y á proporción de tan brillante oriente Verá aquí su cénit mas refulgente. BALTASAR MAZIEL 53 VI No, pues, su intelectual fecundidad. Quiera cohibir su generoso aliento; Ni permitáis que esconda su humildad El mas precioso don de su talento. Haced que brille en la Universidad, Que va á ser de las ciencias firmamento Donde en jaspe se esculpa, que á tu influencia, Debe su lustre y debe su existencia. VII ¡Oh, y á que grado de honor tan soberano La elevará tu sabia dirección; Y cual será su gloria si tu mano Le reconcentra tu alta protección! Sin duda, que en el suelo Americano Será el objeto de su emulación, No ya cual Salamanca, bosquejada, Sino perfeccionada é ilustrada. I JOSÉ PREGO DE OLÍ VER El. SUENO Arnesto, yo soñaba el otro día, (Una vez que te digo que soñaba Tu debes suponer que dormiría) Soñaba, y va de cuento, que llegaba A la cumbre del Pindó un mozalbete Con gracioso chapín de tafilete. Un manto azul de flores matizado Aseguraba al hombro una presilla, Y un tonelete de oro recamado Dejaba descubierta la rodilla; El pelo dividido en dos guedejas Bajaba por la frente hasta las cejas. Un aire fino y magestuoso muestra El joven en su cuerpo y en su arreo; Quedé dudoso al verle, y por su diestra Que empuñaba el sagrado caduceo. Que era Mercurio conocí al instante, Mensajero de Júpiter tonante. w i 58 ANTOLOGÍA A recibirle sale el buen Ercilla, Y arengándole á guisa de guerrero, Jura por el bigote y la perilla, Que será, para todo el Pindó entero La lisonja mayor dar hospedaje A tan recomendable personaje. Lo conduce al palacio, y el monarca En busca suya corre presuroso; Con uno y otro brazo el cuerpo abarca De su ínclito huésped generoso, E imprimiéndole un ósculo en la frente, Lo dejó con las babas reluciente. ¿Por qué, hijo de Mayo, dos renglones A tu venida no has anticipado? Mi despensa está hoy sin provisiones, El Parnaso, distante del mercado, Y tu venida al monte de improviso Me ha puesto en un terrible compromiso. No os aflijáis por eso, le responde El dios Mercurio lleno de mesura; Yo no soy ningún Príncipe, ni Conde, Y además, que estuve ayer con calentura, Y el célebre Esculapio me ha mandado Que en la comida me ande con cuidado. En el salón entraron, donde estaban Talia, Euterpe, y las demás hermanas, Todas á la labor dadas, hilaban, JOSÉ PREGO DE OLIVER 59 Que no son de las locas casquivanas, Que el día gastan en chacota y danza: ¡Que bonito es tener buena crianza! Ya á la vista te encuentras, dice Apolo, De las Musas hermosas y doncellas, Que si corres del uno al otro polo No encontrarás, tal vez, cuatro como ellas. Estaban á todo esto las muchachas Mirando al joven, hechas unas gachas. ¡Oh Númenes Sagrados! gjita entonces El dios Mercurio, en lágrimas bañado: Oh Númenes mas duros que los bronces, Que habéis inexorables decretado Que yo sea quien traiga á estos umbrales, Poesías teológico morales. Al nombre se estremece la techumbre, Y las ninfas llenáronse de espanto; El sol encapotó su hermosa lumbre. Resonando por todo el monte santo Las lágrimas mezcladas con las preces, Y hasta el Pegaso relinchó dos veces. La confusión por todo se derrama; Y yo, queriendo huir del desconcierto. Me di un golpe mortal contra la cama; Y á la violencia del dolor despierto, Y ya con los sentidos despejados. Reflexioné que hay sueños endiablados. íi 'i í 6o ANTOLOGÍA A CASAMAYOR * Oh tú, que en el retiro De tu casa te metes, Y no exhalas siquiera ni un suspiro Por mundanales dimes y diretes: ¿Porque no me respondes? ¿A que tu letra de mi vista escondes? ¿ No te acuerdas, cuitado. Que cuando estuve en esa, Me tuviste en tu casa aposentado Y me franqueaste liberal tu mesa, Y de noche en la cena Había siempre su marimorena? Vuelve en tí, hombre adusto, No niegues la palabra. No más con tu silencio me des susto. No hagas, pues, que mi genio se desabra, Porque si me erizas, Rogaré á Dios te nazcan tres melHzas. (i) • De un m. s. de la Colee, de D. J. M. Gutiérrez, existente en la Bibl. del Sen. Nal. (I) La contestación de Casamayor fué la siguiente: ¡Ah, Pepe! en mi retiro, Ya que á broma lo metes. Tras la tranquilidad gimo y suspiro, Y huyo de tantos dimes y diretes. ¿ Y á esto que me respondes ? ¿Por que tus luces de ti mismo escondes? JOSÉ PREGO DE OLIVER 6i CANCIÓN AL RIO PARANÁ * Salve, Paraná Sacro: salve otra vez y mil, Dios majestuoso, á cuyo simulacro hace desde hoy sin duda mas famoso el poema que elogia tu riqueza, que las aguas que anuncian tu grandeza. Si tú de clima en clima, haces que se deslicen tus caudales, también la santa rima, que supo dar loor á tus raudales, pasará ciertamente, de región en región, de gente en gente. Las Nereidas hermosas al salir de sus húmedas moradas. Verdad, soy un cuitado, Mas no hay pocos en esa En quienes está el dolo aposentado y se sienta con ellos á la mesa, Al comer, en la cena, Y anda por ellos la marimorena. Sabes no soy adusto. Puedes creer mi palabra, Y no entiendas que me da susto. Ni que nunca mi afecto se desabra, Ni que el pelo me eriísas Con desearme otras tres mellizas. * (El Telégrrafo Mercantil núm. 4. Sábado 11 de Abril de 1801). I,a poesfa tiene la siguiente nota, que sigue al título: <2üE EN LOOR DE LA ODA DEL DOCTOR LAVARDEN PUBLICADA EN EL NÚ- MERO I COMPUSO NUESTRO DIGNÍSIMO SOCIO CORRESPONSAL DON JOS£ PREGO DE OLIVER, ADMINISTRADOR PRINCIPAL DE LA REAL ADUANA DB MONTEVIDEO. {. 62 antología M f para hacerte obsequiosas las ofrendas del culto acostumbradas, elevan hasta el cielo al vate insigne, al íncola de Délo. Siempre que los Tritones precedan á tu carro transparente, sacando ronco sones, del Caracol torcido refulgente, ' celebrarán al hombre que cantando tus glorias te dio nombre. Tu soberana esposa, encanto de los seres inmortales, en su mansión algosa, bajo un dosel de conchas y corales colgó (por mas decoro) la invocación escrita en letras de oro. Si, Paraná, tú mismo, lisonjeado de verte en el retrato por el propio egoismo^ que aun á los mismos dioses es tan g^ato, estimas igualmente, la encomiástica rima, que el tridente. Si acaso. Canción mía, al acercarte á tu sagrado dueño, lo enoja tu osadía, di, para desarmarle de su ceño, en tono humilde y frío, < plata zarpan del Cuzco y entran en Orense; y que en Farsalia, Marte por su mano orló á Pompeyo de laurel las sienes. Que son juegos olímpicos no sabe; mas sabe en cambio los del zacamete, de la banca^ el parar, y otros de envite que no los ha aprendido impunemente, pues le cuestan mas riesgos y vigilias, que de Pérgamo el sitio á Diomedes. ¡ Pero, que 110 ! Aruesto, ¿ te irritaste ? quitame de mi vista al Ctirrutaco, ó de mi mano arranca los Pinceles. A LA RECONQUISTA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES POR LAS TROPAS DE MAR Y TIERRA A LAS ÓRDENES DEL CAPITÁN DE NAVÍO DON SANTIAGO LINIERS, EL 12 DE AGOSTO DE 1806. ODA * Al ínclito varón, al fiel caudillo De las tropas hispanas, Salud, prez y loor: las tristes canas, * cl.a Imprenta en Buenos Aires» pág. 205. Impresos 3S50/3927 pág. 521 de la B. N. JOSÉ PREGO DE OI.IVER «5 La tímida doncella, el parvulillo, A tí las palmas tienden, Porque las tuyas su orfandad defienden. ¡ L/SL espada manejada por tu mano, Qué de contentamiento Hizo nacer bajo este firmamento! ¡Y cuanta angustia al escuadrón britano Que con su pie amancilla Un mundo que Pizarro unió á Castilla! Las náyades triscando bulliciosas Del Paraná en la orilla, Súbito dan con la aferrada quilla, Que transportó tus huestes valerosas: Atónitas la miran, Y gozo y miedo y turbación respiran. Una en pos de otra de la mano asidas. Con el dedo en la boca, Y el leve pie, que al suelo apenas toca. Van cuidadosas de no ser sentidas; Mas como en la llanura Nada descubren, trepan á la altura. Tienden la vista, y miran acampados Los bravos batallones. Que las lises, castillos y leones Tremolan en sus lienzos estampados: Allí escuchan cantares De arrojos de Bazanes y Vivares. Allí un soldado en adiestrar se empeña Al alazán fogoso, Mientras que de su tercio numeroso 66 ANTOLOGÍA Hace un ilustre cabo la reseña: Todos en movimiento, Su descanso es velar, su arma el sustento. Ya suena el atambor; y ya en hileras El fusil ordenado. Relumbra al sol; y el jefe denodado A la lid va guiando las banderas De nuestros combatientes, Por llegar á las manos impacientes. Hiende el aire el belígero alarido De las fuertes legiones; Recorriendo las filas los campeones. Celan el orden al valor unido, ' Y doblan sus fatigas Al avistar las fasces enemigas. Forman ambos ejércitos dos zonas; Rompe el fuego y no cesa . Acá y allá se vé una selva espesa De agudas bayonetas y tizonas; Y con la artillería Retiembla el suelo y se encapota el dia. I^a atroz muerte con mano descarnada Sus cabellos agita, Y el carro estrepitoso precipita Sobre una y otra hueste encarnizada: Súmese el eje todo En cráneos, en escombro, en sangre, en lodo. Por momentos se enciende la pelea, Y el ibero revuelve, Y todo en sangre y fuego al paso envuelve: JOSé PRBGO DE OWVBR «7 La falange de Albión ya titubea, Y á la diestra cuchilla Cede por fin, y la cerviz humilla. I. AL Sr. Dn. santiago LINIERS * i ! BRIGADIER DE I.A REAL ARMADA Y CAPITÁN GENERAL DB LAS Provincias del Río de la Plata, por la GLORIOSA defensa DE LA CAPITAL DE BUENOS AIRES ATACADA DE DIEZ MIL INGLESES EL 5 DE JULIO DE 1807. ODA ¡ Gloria inmortal al héroe que al Britano Lanzó del patrio suelo! • Impresos No. 3850/3927, pág. 537 de la B. N. « Hist. y Bibliografía de la imprenta en el antiguo virreinato del Rio de la Plata ». pág. 234. En la Colee. Alsina pp. 98/102. Don J. T. Medina ob. c. pág. 234, en el N. 394 en que da noticia suscinta de esta publicación, dice lo siguiente: €L,a dedicatoria del Romance Histórico motivó vivos ataques de los con- temporáneos de su autor. Entre ellos merece notarse el que, suscrito por €un patricio> se dirigió al Cabildo, calificando aquel impreso de hallarse lleno de «errores, y falta de noticia en la historia que hace muy poco ho- nor al pueblo de Buenos Aires»; solicitando, á la vez, se imp'rimiese «para mejor ilustración del Romance». Y los S. S., refiere el acta de 23 de Se- tiembre de 1807, conociendo estar en él vaciada la verdadera historia de los sucesos de Buenos Aires y recopilados los que omitió el autor del Ro- mance, acordaron se imprima, precediendo la licencia del señor Goberna- dor y Capitán General». Tal es el origen de las presentes «Adiciones y Correcciones». Este escrito, dedicado al Cabildo de Buenos Aires, se atribuye con fun- damento á don José Joaquín de Araujo, natural de esta ciudad, según Al- sina, (Col. de Doc. pág. 98, nota). Y en efecto, las noticias y adiciones que Araujo da en este escrito son las mismas que con menos extensión puso en la Guía de Forasteros del Virreinato de Buenos Aires para el año 1808 de que fué autor. En la Biblioteca del General Mitre hay un ejemplar de esta publica- ción. JOSÉ PRBGO DB OWVBR 77 Bajo la augusta bóveda del cielo No resonó, Señor, tu nombre en vano: Tu militar denuedo Dio al hispano salud, al anglo miedo. Coged vírgenes flores, cortad palmas, Y tejed la corona, Que orle la sien al que con su tizona Logró dar expansión á vuestras almas: Cantad himnos en coro Al tutelar del virginal decoro. Cubrid el suelo de arrayán y rosa. Que ya lleno de gloria Se acerca el capitán, y la victoria Imprime el pie donde su planta posa: Marte le dio la lanza. Virtud el cielo, la virtud templanza. ¡ Cual anda el pueblo lleno de heroísmo ! El pueblo cuyos brazos Al enemigo hicieron mil pedazos; El pueblo y tropas, al Averno mismo Llevarán el estrago, Si el caudillo al Averno hace el amago. ¡Son las naos de Albión, ay, cuan veleras Abordaron las playas Y como al bosque umbrío densas hayas Cubrieron sus falanges las riberas, Amenazando al cielo, Y provocando con furor al duelo! Entran en la ciudad y el alarido, Y el clarín ominoso. í íf i. 1 lí 78 ANTOI,OGÍA Y el rechinar del carro ponderoso Do el horrendo cañón es conducido, ■ La confusión acrecen, Y el un polo y el otro se extremecen. La lid, la lid, Belona sanguinosa Los ánimos enciende, El plomo silvador el aire hiende Cual lluvia de granizo tempestuosa, La muerte sin sosiego Discurre envuelta en polvo, en humo, en fuego La legión anglicana que orguUosa El laurel se promete, Pugna feroz, intrépida acomete Y al pueblo todo sanguinaria acosa: Donde la planta imprime, Los troncos lloran y la tierra gime. Los hijos de la patria belicosos Y el ibero aguerrido Morir escogen por mejor partido, Oponiendo sus pechos generosos Al enemigo duro. Que vale cada pecho por un muro. Aquí donde la guerra se avalanza Y al enemigo hostiga; Aquí el furor, la sed y la fatiga; Aquí la atroz y bárbara matanza; Aquí do la refriega Recuerda Almanza, San Quintín, Brihuega. Deshechas, destrozadas las hileras, Las que eran fasces antes JOSÉ PREGO DE OLIVER 79 Son ya troncos y miembros palpitantes, Que cubren calles, ocupando aceras: ¡Eterno monumento De gloria á nos, al anglo de escarmiento! ¡Oh dicha y gran prez nuestra! El isleño severo Tan feroz y orgulloso de primero, Humillado y vencido ya se muestra: El que con sus legiones lycyes dictó, recibe condiciones. ¡Sagradas sombras que en la huesa estando De Sagunto y Numancia Servísteis de modelo á la constancia De vuestros compatriotas; si mirando La batalla estuvisteis. Visteis que son lo que vosotros fuisteis! La América en sí vuelve: joyas toma A su nevado cuello; En trenzas repartió el suelto cabello, Y el ropage con oro y flores orna; Dase á los regocijos, Y abre los brazos á sus dignos hijos. La vocinglera fama con presteza Al délo se levanta, Las auras corta con ligera planta, Llega á Madrid, y cuéntale á Su Alteza En tono humilde y blando El hecho de las armas de su mando. '4' PANTALEON RI VARO LA I ^ i I M í ROMANCE HEROICO BN QUE SE HACE RELACIÓN CIRCUNSTANCIADA DE LA GLORIOSA RECONQUISTA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES CAPITAL DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA VERIFICADA EL DÍA 12 DE AGOSTO DE 1806. POR UN FIEL VASALLO DE S. M. Y AMANTE DE LA PATRIA, QUIEN LO DEDICA Y OFRECE Á LA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD, CABILDO Y REGIMIEN- TO DE ESTA CAPITAL * X- PRIMERA PARTE Santísima trinidad una, indivisible esencia, desatad mi torpe labio y purificad mi lengua, para que al son de mi lira y sus mal templadas cuerdas el hecho mas prodigioso referir y cantar pueda. * Dice Alsina (Colee, de documentos. ... en la Nota á la pág. 72 en que reproduce este romance): «El autor de este romance quiso ocultar su nombre; pero no ha podido hacer que pase ignorado á la posteridad. Su autor fui el presbítero doctor don Pantaleón Rivarola, maestro de Filoso- fla en el Colegio de San Carlos, donde probablemente se educó; Capellán del Fijo, y Juez de la Junta conservadora de la libertad de imprenta crea- da en i8i2. . . . > Impreso NO. 3872 de la B. N. I,a Imprenta en Buenos Aires, pág. 224. 84 antología J:^ ' 1 1 Ya de su sagrado fuego mi débil pecho se llena, é inflamado de tu llama siento que mi voz se esfuerza. Ea! escuchadme, señores, que la relación comienza: La muy noble y leal ciudad de Buenos Aires, ¡ que pena ! por un imprevisto acaso ó por una suerte adversa del arrogante britano se lloraba prisionera, sin que pudiera romper las fuertes duras cadenas que hacían toda la gloria de las lúgubres banderas Sus ilustres habitantes en situación tan funesta siempre fieles á su Rey, su triste suerte lamentan. Las ninfas del Argentino y las graciosas nereidas penetradas de dolor, en sus plateadas arenas con las lágrimas que vierten la clara corriente aumentan, y el eco de sus gemidos repite en tristes cadencias: ay ! 5'a no somos de España : somos ya de la Inglaterra. I i '■? i; PANTAL,EON RIVAROLA 85 ¿Que será de nuestra patria? ¿Que de la Religión nuestra? despojo será sin duda de la britana soberbia. ¿No habrá un David esforzado que valeroso se atreva á humillar á este Goliat la erguida cerviz proterva? ¿ Donde, amable España, están los héroes de nuestra esfera? ¿Donde están los Cides y Albas? ¿Donde los Atriscos, Leivas, los Mon temares, los Gages, los Ceballos y Villenas, que os dieron tantas coronas como batallas y guerras? ¿No hay alguno que valiente á nuestros ecos se mueva y de nuestro cautiverio rompa las duras cadenas? Así lloraban las ninfas, así expresaban su pena, corriendo por sus mejillas en vez de lágrimas, perlas. Entonces nuestro gran Dios, cuya omnipotente diestra á los soberbios humilla y á los humildes eleva, entonces compadecido á nuestras súplicas tiernas, 86 antología i ' i I suscita un nuevo Vandoma, un de Villars, un Turena, que émulo del mismo Marte sea más que Marte en la guerra. Es Don Santiago Liniers y Bremont; ocioso fuera de este ilustre caballero decir las brillantes prendas : su religión, su piedad, su devoción la más tierna al Santo Dios escondido en misteriosa apariencia, en los templos humillado lo declara y manifiesta. Este señor, pues, un día, que el seis de Julio se cuenta del triste pasado año, admirado vé y observM que Jesús Sacramentado á un enfermo se le lleva encubierto y escondido. Temiendo la gente nueva le acompaña reverente, le adora, y en su presencia se enciende su devoción y se avivan sus potencias. Siente un fuego que le abrasa, siente un ardor que le quema, un celo que le devora una llama que le incendia, íMh PANTAI^EON RIVAROLA 87 un furor que le transporta por el Dios de cielo y tierra. Los espíritus vitales nuevo ardor dan á sus venas y allí mismo se resuelve á conquistar la tierra, para que el Dios de la gloria, Señor de toda grandeza, sea adorado como antes descubierto y sin la pena de verle expuesto al desprecio de gente insana y soberbia. Dijo: y luego se prepara con la devoción mas tierna para emprender con acierto acción tan gloriosa y bella. ¡ Que cuidado ! ¡ Que temores ! ¡Que sobresaltos le cercan! ¡Que grandes dificultades se le oponen á la empresa! Pero, ya determinado^ los peligros atropella, y por caminos secretos, arroyos y ocultas sendas en alas de sus deseos á Montevideo vuela. ! Ea, genios tutelares del reino y nación Hesperia, dirigid á nuestro héroe en ocasión tan estrecha! 88 AKTOLOGÍA Después de muchas fatigas, gastos, trabajos y penas, firme siempre en sus desig^iios, á Montevideo llega. Allí con sabia energfía vivacidad y elocuencia propone á su ilustre Jefe la acción que medita y piensa, de reconquistar la plaza antes que el socorro venga de la Europa ó del Cabo, que los ingleses esperan. El valiente y sabio Jefe Que la generosa idea había ya concebido de tan distinguida empresa, una expedición formada tenía por mar y tierra, pronta ya- para salir y para marchar dispuesta. Sin embargo á lyiniers oye, medita, examina, ruega al Señor de las victorias para que en tantas tinieblas le alumbre, encamine y guíe, y que lo mejor resuelva. Después de muchas consultas y meditaciones serias, determina valeroso que reconquistada sea la famosa Capital PANTALEON RIVAROLA 89 que es de todo el reino puerta. Expide convocatorias de marcial ardor compuestas, combidando generoso á la más gloriosa empresa. No así los valientes griegos viendo robada su Elena de Menelao al convite corren presurosos, vuelan, como nuestros comijatriotas oyendo la voz que suena de este Mavorte español se animan, arden y vuelan. Los valientes voluntarios dejando sus conveniencias con valor inimitable se alistan para la empresa, sin escuchar los gemidos y lágrimas las más tiernas de sus amadas esposas, hijos, y otras caras prendas, llevando solo en sus pechos el honor que los alienta por su Dios y por su Rey. ¡ Oh ! acción gloriosa, oh grandeza ! La ilustre Gobernadora más ilustre por sus prendas, con gracias y donativos á los soldados alienta; los exhorta con dulzura. 90 antología I i i les reparte escarapelas, y ellos, llenos de entusiasmo, le ofrecen con entereza de pelear hasta vencer, ó de morir en la empresa. SEGUNDA PARTE i .1^ Preparadas ya las trojjas, el bélico parche suena, y á su horrísono clamor acompaña la trompeta que en roncos sonidos dice:' ¡arma, arma, guerra, guerra! Todos parten presurosos de Belona á la palestra, rayos despiden sus ojos y sus corazones saetas. El generoso caudillo que á la expedición se apresta á pesar de su valor y del laurel á que anhela, por un casual incidente que ni aguarda ni le espera, se haya, cuando menos cree, impedido con urgencia de desamparar su puesto, en cuya situación seria no quedándole otro medio, la expedición encomienda ;!i PANTALEON RIVAROLA 91 dando el mando y el bastón á quien el Dios de la guerra tenía ya destinado para tan gloriosa empresa. Parten de aquella ciudad alegres por mar y tierra los héroes, cuyo valor, cuyo aliento y cu>a fuerza las edades posteriores en armoniosas cadencias cantarán para su gloría y para emulación nuestra. Con indecibles trabajos fatigas, gastos y penas, bosques, arroyos, pantanos y caminos atraviesan, hasta llegar reunidos á la orilla mas frontera de la ilustre capital : y de allí como mas cerca el claro Argentino cortan hasta la opuesta rivera. Los ilustres argonautas plácidamente navegan los bajeles presurosos corren la plateada esfera, sus quillas cortan el agua hincha el céfiro las velas, los tritones bulliciosos y las hermosas nereidas 92 ANTOLOGÍA con SUS retorcidas conchas y voces suaves celebran de los nuevos campeones el valor, la fé y paciencia. Al cabo de doce días de trabajos y molestias felizmente nuestros héroes al puerto de Conchas llegan, y desde allí sin fatiga, trabajo, angustia ni pena, al lugar de San Isidro todos unidos se acercan. Allí las gentes del país de contento y gozo llenas se apresuran á porfía en obsequiar con franqueza á sus reconquistadores que como á padres contemplan. El sexo suave, con modos muy obligantes, se empeña en servir á nuestros héroes, de cuyo valor espera sacudir el duro yugo de la esclavitud inglesa. Deten aquí, pluma mía, deten tu vuelo y carrera, mientras en breve episodio mi pobre numen celebra una acción la mas brillante que en las edades postreras lli: PANTALEOX RIVAROLA 93 será el honor de este suelo y gloria de nuestra Iberia. En el campo que se nombra de Perdriel, por una hacienda, cuyo dueño así apellida, y desde hoy por excelencia ; en este sitio y lugar que con corta diferencia dista de la capital poco mas de cuatro leguas, algunas gentes armadas de fusil y bayoneta con dos tristes cañoncitos, sin avantrén ni cureñas se iban juntando sin orden, sin guardias ni centinelas, para unirse con el cuerpo de tropas que ya se espera. El General Beresford que esto sabe con certeza, el día menos pensado de noche el viage acelera con tren de volantes fraguas, y sobre toda esta fuerza quinientos de sus soldados con sus sables y escopetas. Los nuestros que descuidados dormían á rienda suelta, reciben secreto aviso que el inglés armado llega. m 94 ANTOLOGÍA Al punto el caso consultan, entre ellos lo conferencian: Los Blandengues se retiran en orden y con prudencia, porque aún no están en estado de empeñarse con violencia en acción tan peligrosa, inútil y tan expuesta á la derrota total de nuestras pequeñas fuerzas, y este era el prudente medio que allí tomar se debiera. Pero, ¡ oh valor español ! superior á cuanto pueda referirse en las historias, fábulas, romances y poemas! Cuarenta y nueve resuelven mantenerse en la palestra, y sostener el ataque de toda la gente inglesa. Dijeron, y luego al punto se preparan á la guerra. ¡ Viva España ! dicen rodos, y muera la Inglaterra. Rómpese el fuego, y el campo un Vesuvio representa, los tiros de artillería por todas partes resuenan. Aquí el bravo Pueyrredón lleno de valor se arrostra, PANTALEÓN RIVAKOLA 95 y sin temor de la muerte embiste, corre, atropella, y un carro de municiones hace generosa presa; mátanle el brioso caballo, pero con gran ligereza en ancas de otro montado, sin daño escapa ni ofensa. Aquí otros dos Pueyrredones y Orma con brío y destreza por el Rey y por la patria dan las mas gloriosas muestras. Aquí Don Martín Rodríguez con heroica gentileza y su primo Don Juan Pablo constantemente pelean. Aquí Don Antonio Tejo su intrepidez manifiesta con el brío con que embiste, y ataca la gente inglesa. Aquí el intrépido Ansoategui con otros de igual braveza, su fé, valor y constancia claramente manifiestan. Aquí, finalmente todos como unos héroes pelean; nadie muere, y se retiran con orden y gentileza, dejando en el campo algunos muertos de la gente inglesa» 1 ■■■■' il i;* ■ 4 ■ i- . • • í ¡ f íi' , 96 ANTOLOGÍA TERCERA PARTE En San Isidro las tropas sufren tempestad deshecha, la que á beneficio nuestro dirige la Providencia. Allí á nuestro General noticia le dan secreta, que Guillermo Beresford con trenes y soldadesca de la ciudad ha salido, y que viene en busca nuestra. Tócase al arma al instante, fórmanse todos en guerra, y Uoviéndoles encima sin reparos, ni defensa, valientes, como sufridos, la noche pasan entera. Algún tanto reparados de borrasca tan severa marchan los héroes invictos y á la Chacarita llegan, en donde son obsequiados con gusto, amor y franqueza; todas las gentes á gritos los aclaman y vocean; todos ofrecen sus bienes, su pan, su vino y pobreza: tan disgustados estaban Lkii^ PANTALEÓN RIVAROLA 97 con la autoridad inglesa. Los Blandengues de á caballo, soldados de la frontera, en número bien crecido al ejército se agregan con innumerable gente que de todas partes llegan de valor y patriotismo honor y religión llenas. En esa misma mañana, horas de las diez y media, á un puesto importante arriban, de la ciudad media legua; y es una grande llanura, que de una posesión vieja corrales de Miserere se denomina en la tierra. Desde aquí el General á su ayudante le ordena lleve un oficio al Inglés, en que le intima con fuerza desampare la ciudad con brevedad y presteza, si experimentar no quiere los rigores de la guerra ; que solos quince minutos permite para respuesta. Detenido el ayudante la comitiva y trompeta al acampamento nuestro , .,' 98 ANTOLOGÍA en breve tiempo regresa. Segunda vez nuestro jefe manda á su ayudante vuelva con la última intimación; que si detenerlo intenta, no volverá otra vez á usar esta diligencia, estándose á las resultas de los derechos de guerra. Entonces vino el britano sagaz disculparse intenta, y que á defenderse siempre está pronto, le contesta. Recibido ya este oficio nuestro General ordena que al parque de artillería ( que el título y nombre lleva, del Retiro ) se dirija el avance y gente nuestra. Los intrépidos Miñones con la gente granadera á este interesante punto se encaminan, corren, vuelan, con dos preñados obuses que á su frente armados llevan. Todo el ejército sigue y aquel camino atraviesa, que es sumamente molesto y andar aún se puede apenas. Es innumerable el pueblo PANTALEÓN RIVAROLA 99 que aquí se junta y congrega; los cañones van volando en brazos de gente nuestra, quien su valor manifiesta y su militar pericia en lo que manda y ordena. A su lado le acompaña un joven de ilustres prendas, don Victorio de Garcia y Zuñiga, que se empeña en servir con prontitud las municiones de guerra. A estos, por la misma calle, siguen con igual braveza el teniente de navio don Juan Ángel Michelena y don Cándido Lasala con la marina de guerra. Por la calle de las torres con heroica fortaleza el intrépido Murguiondo el pecho al fuego presenta con un cañón de á dieciocho, hijo de la Parca fiera, y un obús de á treinta y seis que diestramente maneja. Por otras calles entraron con invicta fortaleza el generoso Mordell con su marina francesa, ! I i 1¿ r ' f; i r • ; ,¡ ■ ■■ loo antología los fuertes Malvin y Elluri y el valiente Chopitea, los insignes partidarios Nuñez, Vivas y Valencia, los Alvarez de Bragaña, los Pueyrredones y Arenas, Méndez, Ferrer, Somellera, Fontín, Irigoyen, Pasos, Viamont, Zamudio y Correa, Córdoba, Toledo, Ruiz, Miranda, Cos é Iglesia; ya no alcanzan los fusiles, sables, pistolas, ballestas; todos claman en voz alta: ¡Viva España; el inglés muera! Avanzan por fin los nuestros al parque que dicho queda, como furiosos leones que temen perder la presa. Avanzan con gallardía, sin que nada estorbar pueda de su intrépido valor la invencible ardiente fuerza. Hieren, matan, acuchillan, y en breves momentos queda por nuestro el parque y su plaza con las calles que le cercan. A golpe tan impensado se asusta el Inglés, se altera, y con cuatrocientos hombres. PANTALEÓN RIVAROLA lOt y tren volante que lleva hacia el Retiro se avanza con ardor y ligereza. Pero el valiente Agustini con frescura los espera y con su obús á metralla con tal primor tirotea, que los ingleses huyendo corren á carrera abierta, quedando muertos algunos aun en la misma carrera. Si á este tiempo el General el último avance ordena, el fuerte, plaza y ciudad toman ya sin resistencia, porque el inglés fugitivo sólo en escaparse piensa; pero la noche iba entrando, y exigía la prudencia no exponerse á una emboscada de las que admite la guerra, ó por no dañar al pueblo que ignoraba esta sorpresa. Luego que el fuego suspende y la gente se sosiega el pabellón español se enarbola y la bandera, con gritos y aclamaciones de toda la gente nuestra. ¡ Viva el Rey ! dicen los unos ; I02 ANTOLOGÍA otros: ¡muera Inglaterra! El dia once siguiente guerrillas bravas comienzan: los valientes catalanes y las gentes que se agregan, persiguen á los ingleses con tal valor y destreza que en aquel entero dia y mañana del que empieza, acabaron con las guardias, soldados y centinelas que ocupaban las entradas de la grande plaza nuestra. Empeñada así la acción, socorro que los sostenga suplican á nuestro Jefe, y éste en situación tan bella entra con toda la gente más que en marcha, de carrera, y todos á grandes voces, su entusiasmo manifiestan. Avanzan por ocho calles que son otras tantas guerras, pues estaban defendidas con cañón y soldadesca. Los ingleses á montones ocupan las azoteas, torres, ventanas, balcones, y desde allí tirotean con la singular ventaja ■•t,,. PANTALEÓN RIVAROLA IQ3 de que nadie los ofenda, Pero nuestros españoles cada uno parece un César; rompen por entre las balas, por entre el fuego atrepellan. ¿No habéis leido que el Vesubio, no habéis oído que el Etna embravecido á las veces contra las nubes se altera, y que erupciones terribles arroja de azufre y piedras, que el espanto y el horror á larga distancia llevan? Así, pues, en este día la implacable parca horrenda de las fraguas de Vulcano rayos despide y centellas, que la muerte á todas partes con horrible aspecto llevan. El valiente General que en su compañía lleva al Coronel de Pinedo, con denuedo marcial entra por la calle de Mercedes, en donde una bala austera por el faldón del vestido y demás ropa atraviesa dejando libre aquel cuerpo que el señor de cielo y tierra defiende por su piedad. I04 ANTOLOGÍA religión y fé sincera. No se oye otra voz á todos que la brava cantinela: avancen; fuego y á ellos: ¡viva España; el inglés muera! Por la calle de Cabildo el jefe segundo entra don Juan Gutiérrez de Concha, con otros varios sujetos de tanto valor y fuerza que á su vista desparece lo que las historias cuentan de los Héctores de Troya y los Aquiles de Grecia; El valiente Agustín Sousa, capitán de raras prendas, hizo brillar su valor, su lealtad y gentileza de que dio las más cabales y las más brillantes pruebas; una bala de fusil que silvando viene fiera corre, y por la misma boca de su carabina cuela, inutilizando el arma que dignamente maneja. Pero el brioso Sousa entonces arroja el arma por tierra y otra más segura toma que le dá la Providencia. PANTALEÓN RIVAROLA IOS A estos héroes generosos una amazona se agrega que oculta en varonil traje triunfa de la gente inglesa: Manuela tiene por nombre por patria: tucumanesa. Aquí un prodigio admirable una maravilla resta que referir sin segunda en las historias de guerra. Innumerables muchachos en medio del fuego entran, ellos arrastran cañones, y cartuchos acarrean; ellos rompen su ropita para tacos, y vocean: ¡viva España y Carlos cuarto, y muera la Inglaterra! Muerto un artillero nuestro, un niño toma la mecha y prende fuego al cañón con valor y fortaleza. Al fogonazo que ven de la artillería inglesa, con vivacidad pueril se arrojan todos por tierra, repitiendo muchas veces esta misma diligencia con tanta felicidad, con tal primor y destreza io6 antología ! I que ninguno pereció nadie hubo que herido fuera, en lo que alabar debemos la Divina Providencia. Mas de dos horas duró el combate y dura guerra, sin que ventaja se note para España ó Inglaterra. Todos embisten con furia; todos matan y pelean; nadie cede, nadie huye, cada uno vencer intenta. En la fuerza del combate y vigor de la pelea un duro plomo incendiado que despide una arma inglesa, se dirige á Pueyrredón, su noble pecho atraviesa, y de su caballo al pie cae tendido por tierra, víctima de nuestra patria, y lealtad la más sincera. Otra bala de metralla atrevida rompe y quiebra del generoso Fantín en el combate una pierna, de cuyo adverso fracaso la horrorosa Parca fiera los laureles le arrebata que su valor mereciera. PANTALEÓN RIVAROLA 107 El fuerte Alvarez Bragaña, de inmortal gloria y braveza, cuando más fogoso avanza, cuando mas vivo pelea, es herido de cruel plomo desde un alto ó azotea que le abre sangrienta herida y le hace astillas la pierna, de cuyo lance fatal el alma á su Dios entrega dejando en su patriotismo religión y fé sincera ejemplo de imitación y á su familia nobleza. El valiente castellano por nombre Tomás Valencia entra con brio al combate con valor y gentileza, sin que le amedrente el fuego ni le asusten bayonetas : embiste, avanza sin miedo, los peligros atropella; pero cuando mas fogoso persigue la gente inglesa, un rayo volante viene, le hiere y rompe una pierna, y de su resulta pasa para la celeste esfera, dejando de su lealtad y valor la mejor prueba. m io8 ANTOLOGÍA Otros varios esforzados dignos de memoria eterna por la religión y el Rey en esta sangrienta guerra gloriosamente murieron, para reinar en la esfera con coronas de laureles en azul campo de estrellas. Pero entretanto indecisa y dudosa la acción queda, hasta que el famoso Chain, lleno de ardor y braveza, resuelve avanzar con brío hasta la real fortaleza, si la tropa de marina guarda su espalda en reserva : se le asegura este auxilio, y entonces con ligereza hasta la gran plaza avanza, donde Balbín se le agrega. Embisten con valentía con su gente brava y fiera. Ya se acobarda el inglés, ya desmaya, ya flaquea, ya vuelve la espalda y huye á ganar la fortaleza. Nuestra gente los persigue llena de ardor y braveza, y entonces pone su jefe parlamentaria bandera^; PANTAI^EÓN RIVAROLA 109 pero nuestro General por su ayudante le ordena, que se rinda á discreción de la Españolfi franqueza, si experimentar no quiere todo el rigor de la guerra. En lance tan apurado y situación tan estrecha el pabellón español enarbola á vista nuestra. ¡ Oh soberano Señor, Magestad de cielo y tierra, que labio podrá explicar, ni qué brillante elocuencia, los gritos y aclamaciones al ver tan gloriosa seña ! Unos se explican con voces, otros con lágrimas tiernas. Ya se dan los parabienes del éxito de la empresa; se abrazan sin conocerse las gentes de gozo llenas. Las campanas todas juntas de conventos y de iglesias en repiques muy alegres la ilustre victoria expresan. Todos alaban á Dios y á la Virgen madre nuestra, al verse ya libres de la dominación inglesa, í lio ANTOLOGÍA K ■■ ; I mucho más considerando, por circunstancias muy ciertas, que ha sido favor del cielo una gloria tan completa; por la cual debemos todos con devoción la más tierna tributar á Dios las gracias con alabanzas eternas. El brillante ilustre cuerpo que de la Unión nombre lleva, (cuyos comandantes son los fuertes á toda prueba don Felipe Sentenach y don José Forneguera, y su sargento mayor el don Tomás de Valencia) es el primero que logra enarbolar su bandera en la gran plaza que estaba de ingleses toda cubierta, abriéndose con la espada cañones y ballonetas por entre el fuego y las balas camino y segura senda al templo de inmortal gloria que su valor les presenta. Y vos, oh! gran Carlos Cuarto, dueño y señor de esta tierra, recibid los corazones que con amor os presentan V- PANTALEÓN RIVAROLA III estos humildes vasallos que tan distante os veneran. No queremos otro Rey, más corona que la vuestra. Viva España en nuestros pechos; nuestra lealtad nunca muera. Y vos, ilustre Ciudad, ciudad fiel á toda prueba, recibid los parabienes, de todos la enhorabuena. Pide al Señor que gloriosa felicidad os conceda, y que la paz y concordia sea en vuestro suelo eterna. Finalmente, ¡oh compatriotas, sombra de gloria perpetua, cuya lealtad y valor no sabe explicar mi lengua, dignos de mejor elogio y de más alta elocuencia, recibid de nuestro afecto y gratitud más sincera lo voluntad que os consagra quien, os ama y os desea por los siglos de los siglos LtSi felicidad eterna Wi 112 antología LA GLORIOSA DEFENSA ! ■■< t 'i* i'- DE LA CIUDAD DE BuENOS AlRES, CAPITAL DEL VlRREY- NATO DEL RÍO DE LA PlATA: VERIFICADA DEL 2 AL 5 DE Julio de 1807. Brevemente delineada EN VERSO SUELTO, CON NOTAS : POR UN PIEL VA- SALLO DE S. M. Y AMANTE DE LA PATRIA. (l) PRIMERA PARTE . i' w Beatísima Trinidad Dios soberano y eterno, abismo de perfecciones, infinito, sabio, inmenso, fuente de todas las gracias y de todo don perfecto : purificad mis potencias, inflamad mi ronco pecho, para que al son de mi lira y mal templado instrumento cantar pueda con verdad, con entusiasmo y acierto, la más ilustre victoria, gloria y triunfo el más completo que las armas españolas • En la dedicatoria á Liniers dice el Dr. Rivarola lo siguiente : — «Cuando tengo el honor de dedicar á U. S. la relación de la singular victoria que las armas españolas consiguieron de las británicas bajo su mando y direc- ción, no aspiro á buscar Mecenas que la protejan, ni menos á ofrecer vul- gares y lisonjeros inciensos, que abomino, sino solamente á dar un público testimonio del amor y reconocimiento á U. S. por haberle Dios escogido para la salud y conservación de esta capital». (i) Impreso No 3873 de la B. N. PANTALEÓN RIVAROLA "3 por su valor consiguieron del orgulloso bretón en americano suelo. Es el caso que el inglés, de furor y rabia lleno, por haberle despojado con vergonzoso desprecio de la posesión que obtuvo de la ciudad mes y medio, intenta con nuevas fuerzas, mañas y ardides secretos, atacar la capital, seguramente creyendo que el ejército español del vecindario compuesto, al ver sus lucidas tropas, trenes, caballos y fuego, se rendiría al instante, de pavor y susto lleno. En sus públicos papeles que correr hacen impresos, estampan abiertamente, de su valor satisfechos, que cada soldado suyo necesita cuatro nuestros. Ellos cantan la victoria, y reparten los empleos aun antes de presentarse al combate y tiroteos. Con esta satisfacción, 114 ANTOLOGÍA rt hija de su orgullo fiero parten para Buenos Aires desde su Montevideo. El día 26 de Junio, (que Viernes era, por cierto, de mil ochocientos siete) desde los Quilmes se vieron sobre más de ochenta velas, y que se acercan al puerto. El día veintiocho comienzan su desembarco muy presto, y lo verifican todos sin oposición ni miedo: pues fuera inútil trabajo querer estorbar su intento. Nuestro invicto General que sabía por momentos del enemigo invasor los pasos y movimientos, tocar alarma dispone, y el bélico parche horrendo anuncia la generala con su clamoroso estruendo por las calles y las plazas del fiel generoso pueblo. Corren todos á las armas, jóvenes, niños y viejos, llenos de marcial ardor, de espíritu militar llenos. ¡Que gritos y aclamaciones PANTALEÓN RIVAROI >j w m i 164 ANTOLOGÍA Pues, aún los mismos ardides del enemigo protervo, á tan ilustre victoria visiblemente sirvieron. Seáis alabado Señor, seáis bendito. Señor nuestro, por inmortales edades y por los siglos eternos. Bendecid esta ciudad, favoreced este pueblo, que en tí solo cree y espera con el más devoto afecto. Y Vos, oh dulce María, nuestra esperanza y consuelo, seáis bendita y alabada, pues fuisteis nuestro remedio. Tu patrocinio imploramos, dulce madre, auxilio nuestro, pues, si estáis de nuestra parte, es nada todo el infierno. Al fin, á vos, ¡ oh gran Carlos ! , mi pobre musa convierto con la voluntad más fina y el más reverente afecto. Tuyas son todas las glorias y los triunfos de este pueblo, y tuyos los corazones de estos tus vasallos tiernos. A tus pies rendido arrojo mi pluma, mi lira y plectro, 1^ J PANTALEÓN RlVAROI,A 165 y, á nombre de esta ciudad te pido, suplico y ruego recibáis la dulce ofrenda y lealtad de nuestros pechos, mientras todos, penetrados del amor más dtdce y tierno, pedimos á Dios os guarde años y siglos enteros. ( i ) OCTAVAS * Venid pueblos, oid atentamente I/O que nos ha asombrado y aturdido, I/O que de todo racional viviente Apenas hoy pudiera ser creído. ( I ) ( « La Imp. en Buenos Aires > de J. T. Medina, pég. 235 No. 39). Está reproducida en la colee. Alsina págs. 406/440, y en el tomo II de la * Historia Argentinas, Imprenta de la Revista 1856; págs. 311/356. • Impresos N». 3881 de la B. N. Dn. J. M. Gutiérrez dice que esta poesía es del Dr. Rivarola. (Esta poesía y las tres siguientes se publicaron por primera vez en un folleto de 8 páginas con el siguiente titulo: «Breve recuerdo del formi- dable ataque del exercito inglés á la ciudad de Buenos Aires, y su glorio- sa defensa por las legiones Patrióticas el día 5 de Julio de i8o7>). La Imprenta en Buenos Aires, página 251. Bn la Colección Alsina páginas 477-480. En la biblioteca del general Mitre hay un ejemplar. l.i I 66 ANTOLOGÍA Pero, como el gran Dios omnipotente, De aquesta maravilla autor ha sido, Desaparece todo lo imposible Y cuanto acá en lo humano era increíble. II Y tú, pueblo argentino, que afligido Con disgustos, zozobras y tormento. Ese terco britano te ha tenido, Sin dejarte reposo ni contento, Olvida ya el quebranto que has sufrido En tan duro y cruel padecimiento, Al ver el resultado de aquel día. Que al Perú ha llenado de alegría. III Los duros anglos otra vez vinieron, Y sus grandes columnas acercando. Hacia la capital se dirigieron. Fuego, estragos y muerte fulminando. En el cinco de Julio acometieron, I/a ciudad, por mil partes atacando; Pero el pueblo real, fuerte y constante, Al britano derrota en un instante. IV Cual tigres de la Hircania enfurecidos Nuestros bravos guerreros peleaban, Por calles y azoteas repartidos Con los fieros britanos que avanzaban. m-n- 'Sj pantaleón k iva rola Así, por todas partes perseguidos, En las casas y patios se emboscaban; Y acosados del fuego y los aceros, l/os anglos se entregaban prisioneros. 167 El hórrido semblante de la muerte A los tristes britanos perseguía; Su guadaña los hiere de tal suerte, Que las calles volvió carnicería. Tal fué el ardor de aqueste pueblo fuerte, Resistiendo á los anglos aquel día; Whitelock capitula, y diligente Se embarca con los restos de su gente. VI Valerosas legiones, ya vencisteis De esas tropas britanas la osadía. Cuando el cinco de Julio resististeis Con firmeza, denuedo y valentía. La patria y religión que defendisteis, Harán siempre recuerdo de aquel día, Y el anglo destrozado y aturdido, Llorará eternamente haber venido. VII ¿ Y quien sino el Dios omnipotente. Libramos pudo en lance tan temible. En peligro tan grande é inminente. Cercados de una hueste tan terrible? I 168 ANTOLOGÍA Sí; el Señor nos libró, pío y clemente, Dándoos una victoria tan plausible; Y ha salvado á su pueblo en este día, A este su pueblo fiel que en él confía. VIII Así la patria se transporta en gozo, El continente Hora de alegría, Y el Soberano oirá con alborozo Todo lo que su pueblo obró este día; La santa religión que un gran destrozo En los fieles y altares se temía, Rebosa ya en placer, en gozo tanto, Y practica tranquila el culto santo. IX Así, gran Dios, á tí se de la gloría, Pues, á tu amado pueblo, que afligido Te imploraba, le diste la victoria, Quedando el anglo absorto y abatido. De tanto beneficio, la memoria Será eterna, en tu pueblo agradecido, Y á tí acudiendo en sus necesidades, Hallará siempre prontas tus piedades. X Y vosotras, ¡oh! víctimas leales!, Muriendo por tal causa, conseguisteis Una gloria inmortal en los anuales Sacrificios al Dios por quien moristeis; ,«tJ, PANTALEÓN RIVAROI^A Y al rendirle sus glorias y loores, Jamás olvidará sus defensores. XI Y vosotros también, ¡oh valerosos Guerreros de la patria, que aún con vida Os halléis al presente, muy gozosos, Al ver ya la victoria conseguida! Esforzad esos pechos animosos A favor de la patria defendida, La que el Señor por tanto beneficio. Alaba y pide os mire muy propicio. 169 IP IkiIí SUSCINTA MEMORIA * SOBRE LA SEGUNDA INVASIÓN DE BUENOS AIRES BL MES DE JÜIvIO DE 1807, EN LA CUAL SE DA UNA BRE- VE IDEA DE LO MÁS PRINCIPAL QUE ACONTECIÓ DES- DE EL 27 DE JUNIO QUE SE DEJÓ VER AL HORIZONTE ORIENTAL LA ARMADA Y CONVOY ENEMIGO, HASTA EL AMANECER DEL CINCO DE JULIO. A QUE SE AÑADE UNA VIVA PINTURA DE LA HEROICA Y GLORIOSA DE- FENSA DE LA CAPITAL Y DE TODO EL CONTINENTE, CON DERROTA DEL FORMIDABLE EJÉRCITO DE WHITE- LOCKE EN AQUEL DÍA MEMORABLE: Y DEMOSTRACIO- NES QUE SE SIGUIERON Á TAN SEÑALADA VICTORIA. Ciudad de Buenos Aires, valerosa, Fiel, leal, y constante en sumo grado, Que has sufrido con alma generosa Los contrastes de un tiempo desgraciado: Recuerda ahora el momento en que orguUosa, Esa terca nación que te ha injuriado. Te acometió otra vez con arrogancia Y se estrelló de nuevo en tu constancia. * (IvB Imp. en Bs. As. pág. 293). Dice Dn. J. M. Gutiérrez: «De la nota 34, pág. 45 se infiere que el au- tor de esta suscinta memoria es el mismo que dio áluz, á fines de Setiem- bre de 1807, el * Breve recuerdo>. u. íl PANTALEÓN RIVAROLA 171 II Los obstinados anglos intentando, Ganar de nuevo esta ciudad constante, Su gran convoy acercan, anhelando Desembarcar sus tropas al instante. Nuestras bravas legiones observando El desembarque ya hecho, aunque distante, Se previenen y animan al momento A frustrar del britano el fiero intento. III El bravo Whitelocke, reforzado Con tropas de la Europa, se avanzaba Hacia esta Capital, muy confiado En las grandes columnas que mandaba, Pero este pueblo fiel que preparado En el Dios de sus padres esperaba. Sale como un león al descubierto, A derrotar al anglo en campo abierto. IV El britano sagaz, que había intentado Entrarse en la ciudad sin resistencia. Atraviesa el Riachuelo, apresurado, Por lograr del ejército la ausencia. Marcha por entre quintas, denodado, Con veloz paso y grande diligencia. Para entrar por las calles hasta el Fuerte, Más, presto se encontró con fuego y muerte. e i') 17a ANTOtOGÍA El general Liniers, cual bravo Marte, Atravesó las quintas por el centro; De sus bravas legiones, solo parte Pudo al Anglo salir al duro encuentro, Y en lo de Miserere, sin baluarte Batiéndolo, le impiden entrar dentro, Cuya acción, arriesgada y atrevida. Libró la Capital de ser perdida. VI Con estos valerosos campeones. También llegaron, (¡qué oportunamente!), Un trozo de artilleros con cañones. Que á los anglos batieron de repente: Poco duró la acción, pero, á montones Tuvo muertos y heridos, de su gente, Ese fiero britano, que venía A cubrimos de males aquel día. VII Esta acción, repentina y arriesgada, Costó la vida á algunos valerosos; Pero, tan digna sangre derramada, Produjo efectos grandes, prodigiosos; Pues, aterrado el Anglo en su jornada, Al encontrar los nuestros animosos Que tal estrago hicieron en su gente. Desistió de su entrada prontamente. t PANTA1,BÓN RI VA ROLA 173 VIII Los bravos batallones que pudieron Alcanzar á los Anglos en su encuentro, Y los demás guerreros que corrieron A impedirles el paso por adentro, Todos en retirada se pusieron, Replegándose pronto para el centro A socorrer la plaza en tal conflicto, Mostrándose así el pueblo siempre invicto. IX Aquesta retirada presurosa Fué, en aquella ocasión, inevitable, Siendo, por otra parte, ventajosa Y de una utilidad imponderable; Pues, en aquella noche congojosa, Noche de turbación inexplicable. Se reunieron adentro las legiones A defender la patria cual leones. X Los días tres y cuatro, se pasaron En reforzar la plaza y abrir fosos, Y en las muchas guerrillas que trabaron Con los anglos los nuestros animosos. Estos, con tal denuedo pelearon. Que al Britano le hicieron mil destrozos, Ensayándose así, con tanta gloria. Para obtener el cinco la victoria. .r-.r- S4u-'íí i 1¡ ii i! .' i! ti ' ii hi •' i v ^ MANUEL MEDRANO ^V. -..-¿^líü»*;:- ^^■^^.i. ]' f ■(» f iiíi (A ■ 1 ^hÍ ^ W iM'i ODA * EN HONOR DE LA DEL NÚM. I Multitud lastimosa que, eclipsando, de la santa verdad el claro aspecto, con la ponsoña del error, dañasteis supersticiosa, el admirable ingenio: si del fúnebre espacio que comprende de la aflicción el tenebroso Reyno, que rodea furioso Flegetonte desaciendo peñascos con su fuego, podéis forzar la puerta diamantina, de quien las llaves guarda el duro Febo: venid, venid volando, á las llanuras del Argentino majestuoso suelo y la ficción sublime realizada veréis, del docto hermano de Aristeo. Apareció sobre celages rojos, que iluminaba con sus rayos Febo, la inexorable Diosa, en una mano un mechón encendido sosteniendo y con resuelta acción, llevando en la otra las provocantes armas de Miseno. * «Telégrrafo MercantiU Sab. i8 de Abril de 1801; No 6, pág. 41. La Oda del No. i del mismo periódico á que se refiere, era la poes(a cAl Paraná>. de Lavarden. —V' ■■--->■ :;• r 178 antología lí-M FM », Así, un estrepitoso carro guiaba, tirado de caballos, que en su aliento, abrasadoras llamas arrojando iluminaban el brillante centro en que al sangriento Marte conducian, quien ya armando el escudo, ya blandiendo la lanza destructora, difundía • el pálido teíTor, el triste miedo; y horrísona una voz, muy semejante á la que causa formidable el trueno, resonando en los aires, el espanto infundió en los mortales con su estruendo. Medroso el bello Pluto, en el regazo de su apacible madre, en llanto tierno explicó su temor, y, ella amorosa acallando al infante con el pecho, dejó la orilla del plateo Rio buscando en otros climas el sosiego. Y enturbiada la clara faz hermosa del hijo caro del océano excelso, se recogió turbado al rico albergue que decora su ilustre nacimiento, dejando con su ausencia descubiertas las anchas playas, que por tanto tiempo regó con francas manos, y dejando los campos que mantuvo siempre amenos, faltos de la humedad fecundadora, de estéril polvo en su extensión cubiertos. Pero bajando á la escarpada orilla alado querubín del Dios de Belfos, ,r- MANUEL MEDRANO 179 la cítara pulsó, y al extremado tono que formó, herido el instrumento, cantó con suave voz inimitable los que empiezan así divinos versos : Augttsto Paraná. . . . Sagrado Rio .... Sus voces oyó el Dios allá en su seno, en que la paz gozaba, y, obligado de la dulce expresión de sus acentos, á viajar se prepara bullicioso las ondas encrespando del Cabello; y, sobre un carro de oro, acompañado de dorados brillantes y ligeros, y del vistoso reluciente enjambre que bebe en sus cristales el aliento, sin temer de Belona los estragos, descendió mansamente, repartiendo los abundantes dones de Amalthea; y de cumplir así no satisfecho en suplicar, augusto, caudaloso, sus líquidos raudales estendiendo, llegó á besar los pies del savio Cisne que, rodeado de músicos jilgueros en apacibles tonos procuraban las voces imitar con sus gorgeos. Entonces de nereydas, dulce coro, abandonando los plateados lechos, apareció sobre las puras aguas fluctuando á sus espaldas verde el pelo, y, tocando con peines delicados las cuerdas finas de sonoros plectros. il pv 7^ iii I i' ' 1 8o antología al compás apacible de sus voces, entonaron en suave heroico metro: hijo divino del excelso Apolo sabio argentino, consumado Orfeo, que usando de la citara armoniosa, ilustras con tu voz el patrio suelo. Mira como á tus cánticos suaves el Paraná sagrado obedeciendo, descendió, prodigando sus inñuxos, y trocando los campos, antes secos, en fértiles campiñas, que de Flora aventajan los plácidos recreos : Mira allí los ganados que rumeaban del espinoso cardo el duro leño, como pacen en verdes, altas lomas, entre si, retozando placenteros. Mira como sus ramas dilatando los altos pinos y robustos cedros, con sus frondosas copas, fresca sombra al lítil labrador están haciendo. Mira, mira amorosa la gran madre de este continente, produciendo el apreciable añil, la hermosa grana, la fragante canela y el pequeño árbol que fructifica la pimienta ; y mira, en fin, el incesante anhelo con que la araña, entre las verdes Tunas, los capullos de seda está tejiendo. Estos frutos divinos y otros muchos serán dentro de poco el loable objeto MANUEL MEDRANO l8l de la fiel reflexión de algunos sabios; y pues tu gozas, entre todos ellos, lugar tan distinguido, vé, y promueve su purificación y su fomento. De la invención sagrada de Saturno, enseña lo útil, muestra los defectos, aumentando en geórgicas sublimes, del mantuano poeta, los preceptos; y el negociante activo y laborioso, el artesano, el pobre jornalero y el labrador que con el corbo arado para sembrar dispone los terrenos, mirándose felices por tu influencia, estarán de continuo repitiendo: Hijo divino del excelso Apolo, Sabio argentino, consumado Orfeo, que usando de la cítara armoniosa ilustras con tu voz el patrio suelo. :». DOMINGO DE AZCUÉNAGA ■i' FÁBULA PRIMERA * El, TORO, EL OSO Y EL LORO En un monte fragoso, Mil bramidos un Toro dando estaba, Y oyéndolos un Oso^ Desde un bosque, á saber porque bramaba Se acercó deligente, y, con agrado, Le dijo: ¿porque bramas? ¿que te ha dado? No tengas á desdoro. El decirme, si te hallas desvalido. Amigo: (dijo el Toro) Ya que estás de mi pena condolido. Ampárame en mis males que, aunque graves, Se harán con tu socorro mas suaves. Yo me siento agitado De un formidable torozón, de suerte Que, á no haber tú llegado. Hubiera reducídome á la muerte. Pero ya que viniste, solicito Que me busques de sen un manojito. No tengo inteligencia En la planta que pides ; mas confío Hacer la diligencia, Tel. Mercantil: 1801. T. 2*. No. 2. 5 de Agosto; pág. 14. !iií yilpí íi^i I i.! 1 86 ANTOLOGÍA Cerca de aquí, con otro amigo mió. Esto responde el Oso, y se encamina Hacia el bosque á traer la medicina. Llegó, y halló cogiendo, A un herbolario, plantas en el soto; Díjole: pues comprendo Que, en materia de yerbas, tenéis voto, Dadme la sen para uno que, afligido. Allí de un torozón queda tendido. Ofrecióse á buscarla. El herbolario, y como no la hubiese. Ni fuese dable hallarla, Le dio otra equivalente, con que fuese A remediar el mal que molestaba Al enfermo, por quien se interesaba. Llevó el Oso la yerba, Y presumiendo el Toro hallar remedio, Corniola, aunque era acerba, Sin causarle lo amargo el menos tedio; Y al momento le dio tan grave insulto. Que no quedó de él más que el triste bulto. Descendió al bosque el Oso^ Y viendo al malhechor enfurecido. Le dijo: hoy, engañoso. Con darte muerte, el premio merecido tendrás, pues, fuiste causa, que el doliente, Muriese con tu yerba equivalente. Pero un anciano Loro^ Que estaba sobre un álamo parado, Y vio expirar al Toro^ DOMINGO DE AZCUENAGA 187 Le dijo al OsOy viéndolo irritado: ¡Del rústico herbolario el hecho extrañas, Porque estás entre selvas y montañas! Pues sabe que, en las cultas Ciudades, estos mismos disparates, Con iguales resultas Se ven. Con que así, amigo, no lo mates, Porque no hizo otra cosa, el Herbolario, Que dar un quid pro quo de boticario, (i) FÁBULA SEGUNDA * EL MONO ENFERMO Cuentan que en Tetuan le sobrevino, una noche á las 12, á un mono herrero, por boca y narices, un vómito de sangre repentino, tan fuerte, que dos monos aprendices, salieron en camisa, y sin sombrero, por médico volando, quedándose con él, en la herreria. Una mona, agfuardando el término fatal de su agonía. Los dos monos hicieron muy bien la diligencia; pero fueron sus pasos esc usados, * Tel. Mere. T. 2. Nj. 14. Mierc. 16 de Septiembre en i3ai. w h ¿i"i I I K'^ . m^ Sf' iP W} Kh vBki < iM jH' ' 1. l88 ANTOLOGÍA por que estaban los físicos resfriados. El Doctor pierna tuerta, (alias tenaza), dijo: vayan a ¿ Médico de casa \ y diciéndole que era \\n accidente replicó : vayan, vayan brevemente. El sabio Licenciado Boca-abierta tenía dada orden, que la puerta no abriesen de su casa, aunque pedazos la hicieran, por llamarle, d aldabonazos; y el bachiller nombrado Pelos-rubios dijo: que había tomado pedi-lubios; de tal manera que, al venir la aurora, llegando á la herrería los monitos á darle la respuesta á su señora la encontraron furiosa, dando gritos, porque el enfermo ya en sueño profundo se había ido á curar al otro mundo. ¡Quien, señores, creyera que entre los monos médicos, se viera tan poca caridad y amor tan poco! cualquiera lo creerá, sin estar loco, porque no es menester, (yo lo confieso), el ir hasta Tetuán para ver eso. ! i. É^ DOMINGO DE AZCUENAGA 189 FÁBULA TERCERA * EL ÁGUILA, EL LEÓN Y EL CORDERO Un águila real, con rápido vuelo se subió á la cima de un áspero cerro, al pie de la cumbre, en un prado ameno, un feroz león estaba durmiendo. La águila de lo alto quiso conocerlo, y hacia el prado airosa se dirigió luego. El León al ruido despertó soberbio, y alzando al instante su dorado cuello, erguió su melena con gala y denuedo, y de rey vestido se mostró al momento. Revolvió la cara con aire y despejo, y, con la cabeza, le hizo acatamiento. Telégrafo Mercantil T. 2, No 18. Dom. 4 de Octubre de iSoi. I90 antología li 44! ,::) íi W' '1 lli: r Acercóse aquella con pasos severos, y entablaron ambos su razonamiento. Este se redujo á hacer menosprecio de los brutos y aves con denuestos feos, diciendo, que estaban en el universo, las especies de ambos, bajo sus imperios, vanidad fundando en sus nacimientos. Pero un corderito, que había estado oyendo toda la parola, sin ser visto de ellos, ( allá para sí ), prorrumpió diciendo: No hay duda en que sois por vuestros abuelos de aves, y de brutos monarcas excelsos, pero, si tenéis tan perversos hechos, que el hurto y rapiña es vuestro elemento, la grandeza vuestra, ni en chanzas la quiero. lilil DOMINGO DE AZCUENAGA 191 pues soy de dictamen por lo que penetro, que el lustre, y realce de mas alto precio es, el que uno adquiere por sí, siendo bueno. En la fabulita nos dice el cordero: que jamás hagamos gala con exceso del blasón y gloria que heredado habemos de nuestros mayores, y que procuremos, con nuestra conducta y procedimientos, adquirirla nueva por nosotros mismos. FÁBULA CUARTA * EL COMERCIANTE Y LA COTORRA « Doñee cris felix multo numerabis amicos Témpora si fuerint ntibila, solus eris > Un gran Comerciante, que por su desgracia, perdió sus haberes, sin culpa ni causa; Telégrafo Mercantil N. 19. Tom. 11, fol. 133. Dom. 11 de Oct. de 1801. -•^•"'s ^ ¡;r ■^i\. 192 ANTOLOGÍA recostado al margen del Río de la Plata solitario y triste, así se quejaba: ¿No soy yo aquel hombre á quien veneraban las gentes, viniendo á verme á mi casa? ¿ Pues como no tengo hoy en mis amargas penas, quien las temple, ni ayude á llorarlas? Entre mis angustias la que más me acaba, es ver que un amigo, á quien yo estimaba tanto, que las gentes, al vernos clamaban, que eramos dos cuerpos en tan sola un alma, también me ha olvidado, mirándome en tanta multitud de azares, como me acompañan ; ¡Ah cruel, ingrato! más dolor me causa tu ausencia, que toda la pérdida infausta de mis intereses: En esta batalla DOMINGO DB AZCUBNAGA 193 estaba el buen hombre, quando hete, que le habla una Cotorrita desde la alta rama de un Ombú frondoso con estas palabras: ¡Que es lo que pronuncias! ese que tu tratas de ingrato y cruel amigo le llamas, fué solo tu sombra: si acaso mañana volviese á salir allí en tu morada el sol, lo tendrás al lado sin falta; pero mientras dure el nublado en casa, no pienses, que vuelva á verte la cara. De esta suerte habló, y abriendo las alas remontó su vuelo, dejando parada la atención del triste por mansión muy larga al oir de su pico sentencia tan alta. Yo, señores míos, no les diré nada w 194 ANTOLOGÍA á tales personas, pues si son ingratas, para reprehenderlas las Codorras bastan. I- |1/" ) " líl «li V.- li FÁBUIyA QUINTA * LOS PAPAGAYOS Y LA LECHUZA Una apacible mañana Se dejó ver en el campo Una horrorosa lechuza Sobre la cima de un árbol Revestida con las plumas De un hermoso papagayo: Absortas las demás aves De ver aquel espantajo A acercársele ninguna Se atrevió hasta que llegaron Dos papagayos ladinos, Quienes luego que «miraron Aquella horrible figura Con ropage tan bizarro, Uno á otro se decian Esta es mucha burla hermano ; Y pues no es justo, que esta ave, Tan conocida de varios * Telégrafo Mercantil, Tom. 11; No 31; pág. 341. 29 de Nov. de 1801. ÜÜiÉífl DOMINGO DB AZCUÉNAGA 195 En nuestra región; por una De las del estado bajo, Haga á cara descubierta De nuestra prosapia escarnio, Ocurramos á poner Remedio á tan grave daño: Con estas miras su vuelo Hasta el Olimpo elevaron, Y llegando á duras penas. Ante Júpiter sagrado, Interpusieron su gresca. Pintando á lo vivo el caso, Y pidiendo castigase Arrojo tan temerario. Instruido éste de la acción Y la justicia de entrambos. Ordenó que condujesen La lechuza dos caranchos. Quienes volando partieron A cumplir con lo mandado, Y trayendola vestida Ante el trono soberano, Kn la propia forma y traje. Con que aquellos la acusaron. No pudo la pobre dar Satisfacción á los cargos Que en presencia del Tonante Le hicieron los agraviados, Reduciendo sus respuestas A un: cómo :: yo :: st:: pues :: cuando. n m m mi i 1 1 |« 1 ."»? W 'i í ''h!' lili 196 ANTOLOGÍA De suerte que comprobada La injuria, con seño agrado Le habló el Dios de esta manera ; Dime, ave de agüero infausto, ¿Con que objeto te pusiste Ese precioso vestuario? ¿Presumiste ser con él. Más de lo que eres acaso? ¿No respondes? ¿por qué callas? ¿ Confiesas ya tu pecado ? Pues prevente para oir De tu atrevimiento el fallo. Hoy con bulla, y algazara Serás conducida á un prado, Y en presencia de las aves Que convocará el milano Para que el castigo vean. Te irá el mochuelo quitando Las verdes plumas, con que Te adornaste, y á mis manos Las traerá, para hacer de ellas El uso mas adecuado. Y porque se cumpla, así Lo firmo, pronuncio, y mando. Púsose todo por obra En el modo mas exacto. Quedando el supremo Rey De su cólera templado. La lechuza escarmentada, Y alegres los papagayos. DOMINGO DE AZCUÉNAGA 197 La acción, que Júpiter hizo, Nos está manifestando La justicia con que deben Según sus clases y estados, Distinguirse las personas Porque no nos confundamos. FÁBULA SEXTA * LOS SÁTIROS Navegando un viajero por la China Condujo de Malaca á Berbería Cien sátiros, por ver si allí podia Hacer un cambalache de cocina Vendiéndolos por trigo, que este grano En los paises del norte es plata en mano. Uno de ellos estaba apoderado De una sarna fatal tan malignante, Que al echarlos de abordo, contagiado Se hallaba de ella el número restante. Dieronle del contagio luego al dueño Razón los marineros, y risueño Dijo el: los habitantes de esta tierra A la sama jamás abrieron guerra; No son escrupulosos. Ni tienen por que serlo; con que amigos • Telégrafo Mercantil. No. 5256 del cat. de la B. N. Tom. n — No 36— pág. 295 — Dom. 20 de Dic. de 1801. i' 198 ANTOLOGÍA . í i ¡ Salga yo de estos entes asquerosos, Que lo demás es cuento, Y asi vayan á tierra todos ciento. Divulgóse por todo el continente La voz de tan brillante Factura ; y acudieron muy en breve. Compradores sin fin; quien lleva nueve, Quien diez y seis, quien treinta, El uno veinte y cinco, el otro veinte; De tal manera que el señor viajante Hizo de todos prodigiosa venta, Quedando sin un sátiro al instante. Distribuida ya la satirada Y tomando su importe en trigo y granos. Alzó al cielo las manos El vendedor feliz, y dando al aire De risa una solemne carcajada Dijo con gran donaire, Al restituirse á bordo : á Dios salvajes. Dejad crecer las uñas largamente Para rascar la sama, que estos gajes Son de la estolidez don consiguiente. Apenas dos semanas se pasaron Cuando la sarna se cundió del todo, Y pocos ó ningunos se escaparon De tener que rascar en algún modo; Mas dimos fin al cuento Y vamos de la Fábula al intento. Que acontesca entre Alarbes este daño. Pintándolos escasos de nociones. :: i i DOMINGO de; azcuenaga Nada tiene de estraño; 1,0 que si raro fuera Que pudiendo decir de otxas naciones Otro tanto ellos mismos, tradujera Algún moro en Argel la fabulilla, Sin pensar en dar vuelta á la tortilla. 199 FÁBULA SÉPTIMA * EL MONO Y EL TORDO Fingendis jam dura seges concrevit avenís Metióse un mono en un trigal ya seco Del cañón de la mies á hacer flautillas Presumiendo tocar, por verlo hueco, Mil maravillas. Con sus uñitas lo rasgaba astuto, Y soplándolo ansioso, procuraba El hacerlo sonar, pero el cañuto Nunca sonaba. Sin sacar de las cañas una avena, Haciendo de su afán cumplido alarde, Porfiado se mantuvo en su faena Toda una tarde. Pero un tordo parlero, que su encono Había estado viendo, con gran flema Desde un sauce, le dijo ; señor mono, Deje ese tema. * Telégrafo Mercantil. No 5256 del Cat. de la B. N. Tom. III. No 5, pág. 57- Dom. 31 de Enero de 1802. w 'I 'T 200 ANTOLOGÍA No desperdicie el tiempo en tal apuro, Las mieses trate Vd. con carantoñas, ¿No advierte, que ya está el alcacer duro Para zamponas? Nadie piense sacar provecho algfuno De aquellos, que pasaron con holganza. El tiempo conveniente y oportuno De su crianza. CRÍTICA Á LA PRENSA ARGENTINA. * I — Que viéndonos ya perdidos Faltando á Dios y á las leyes Digamos que son los reyes Unos tiranos bandidos, Guandos de estos apellidos Merecemos un caudal: Esto, me parece mal. 2 — Que viendo yo en nuestros dias A la patria en horfandad. Implore á la Majestad Clemencia en las agonías. Llorando cual Jeremías Por nuestra Jerusalen : Esto, me parece bien. • M. S. de la Colee, de don J. M. Gutiérrez existente en la Bibl. del Sanado Nacional. DOMINGO DB AZCUENAGA aoi 3 — Que en la precitada prensa, En vez de hacemos amables, Nos hagamos detestables Por decir con desvergüenza Cosas cuyas recompensa Podrá sernos muy fatal: Esto, me parece mal. 4 — Que el mismo prensista diga Siguiendo su reflexión: Que la casa de Borbon Es de sectas enemiga, Y que en los reinos abriga A la inquisición, también Esto, me parece bien. 5 — Que se afirme que, es lo mismo El ser libre que insurgente, Sabiendo que es diferente Lealtad y liberalismo; Y que se de este bautismo A todos en general : Esto, me parece mal. 6 — Que cuando huyan los temores No volvamos á pecar, Porque podemos pagar Los justos por pecadores; Que abjuremos los errores Aunque otros tristes estén, Esto, me parece bien. ao2 ANTOLOGÍA 7 — Que nuestro prensista asienta Con plena satisfacción Que en la Britana nación Es libre toda la gente, Cuando el libre es en su mente El que llama liberal : Esto, me parece mal. 1 1 m \, i' 8 — Que se encaresca el afecto Del inglés, manifestando Ser nuestro augusto Fernando De su alianza el predilecto, Aunque por el mismo efecto Mil desatinos se den. Esto, me parece bien. 9 — Que sin justicia y razón Deseásemos por encono Que ocupase el regio trono De España Napoleón, Sin indagar la opinión De aquel Indio original, Esto, me parece mal. lo — Que si acaso el lance llega De vernos aquí atacados, Humildes y resignados Evitemos la refriega, Y al intimarnos la entrega Digamos todos amen, Esto, me parece bien. DOMINGO DE AZCUENAGA 203 SONETO. * á la gran pérdida que experimentó rodríguez mandando i.a vanguardia del, ejérclto del Perú á las órdenes de Rondeau. Dalmiro ; ¿cuántos fueron los pasados De las huestes heroicas de Pezuela? Deja hablar al autor de esta novela, El tiempo nos dirá los resultados. Estamos de mentiras tan cansados Que por más que la prensa nos consuela, Te digo en mi conciencia que no cuela. Porque están los gaznates inflamados : ¿Pero que digo cuando tu no ignoras. Lo que hay de cierto sobre la materia? Te callas? Enmudeces? Gimes? Lloras? Apostemos que ocultas la miseria En que se halla Rodríguez. ¿ Qué, te azoras? Pues sabe que le ha entrado disenteria. M. S. de la Colee, de don J. M. G. existente de la Bibl. del Sen Nal. :í? á I i^i i ! 204 ANTOLOGÍA SONETO. * % Que nuestra causa es santa y muy sagrada Ivos prensistas lo escriben á porfía, Y si no hace milagros todavía Depende de no estar canonizada: Si paramos la vista en la jomada De Sipe-Sipe, que se lee en el día, (i) Veremos la congoja que tenía El Gobierno en su mente recatada: L,os refuerzos que envía son muy buenos. Mas ya van tarde, porque está el sistema Sino en las agonías, cuando menos Aparejado con su unión extrema; Con que digamos con angustia tanta. Que, el diablo se llevó la Causa Santa. ^1 : ¡ , 1 :í ) 1 tí ^^ !'■ t \- ■ ' \ 51 * M. S. de la Colee, de don J. M. G. existente en la Bibl. del Sen. Nal. (i) Papel público del 31 de Octubre de 1815. MÉM DOMINGO DB AZCUBNAGA 205 AL CENSOR EN BUENOS AIRES. * Señor censor; mi amigo, usted no sabe En el berenjenal que se ha metido, Si nos lava la cara, es mal querido De todo pensador discreto y grave; Si escribe la verdad, en cuanto cabe, Es de todo pedante aborrecido; Con que así, opino, que el mejor partido Es meterse en su casa bajo llave. Y aunque digan algunos rodavallos Que es usted algo escaso de meollos. No desperdicie el tiempo es impugtiallos Porque todos sabemos que hay criollos Que se ponen á hacer papel de gallos Sin que puedan hacer papel de pollos. * M. S. de la Colee, de ¡don J. M. G. existente en la Bibl. del Sen. Nal. Éana .(5 . í .1 t !:( 1 2o6 ANTOLOGÍA I.ETRII.LA * Que llanto me oprime, Que risa me cuelga. Nadie se incomode, Escuchen con flema, Porque cada uno Lleve su receta : Los que son cofrades Reciban su vela, Y si no les gusta Que tengan paciencia. Que llanto me oprime. Que risa me cuelga. Sin faja Escalada, Balbastro sin beca. Sin sello Obligado, Y expulso Larrea, Pedro Andrés García Citando terneras, Y sin sus honores Manuel Sarratea. Que llanto etc. M. 8. de la colee, de Dn. J. M. G. existente en la Bibl. del Sen. Nal. M '' DOMINGO DE AZCÜENAGA Campana sin toque, Moreno en tinieblas Y el Congreso ugusto Rezando completas. Sin Cámara Blanco, Díaz ni Gigena, Y Jorge Robledo Pintando proezas. Que llanto etc. Azcuénaga y Funes Como almas en pena, Pasos y Chiclana Pescando ballenas. Oliden expuesto A caer en la percha, Y haciendo almanaques Comelio Saavedra. Que llanto etc. San Martín mirando Con Soler y Heras Si podrán volverse Por la Cordillera ; Zapiola, lyavalle, Millán, Necochea, Buscando las onzas Que marcó Escabecha. Que llanto etc. 207 ■tti I 3' m t 208 ¡i 1 ANTOLOGÍA Islas separado Del ramo en Hacienda, Metido á fondero Sellando limetas. Haciendo cielitos El doctor Ribera, Y French y Moreno Rodando cubierta: Que llanto etc. Castelli y Alberti Cubiertos, en tierra. De cólico el uno lil *.' 1 y ; • i i ?í 1.1 . '1 i¡ Y el otro de lepra. Don Domingo Trillo Sentado en la yerba Del rio, chanceando Con las lavanderas. Que llanto etc. Rodríguez, de vida Estudiando arengas. Allá en su escritorio Con Esguerrenea. Deudas del erario Recibiendo Riera, Y Antonio Escalada Cuidando á su nieta. Que llanto etc. DOMINGO DE AZCUENAGA 2og Geromo Lasala Loando las letras Del canto Italiano Sin saber leerlas. Albin disponiendo Que, por la carrera De las postas, vuelen Las noticias buenas. Que llanto etc. Rabago elogiando Con voces diversas Del Rey Artajerjes La overtura nueva. Don Manuel Lezica, Pereyra Lucena Y don Melchor López Llenando frasqueras. Que llanto etc. Ponderando Velez Su insulsa comedia Al femenil sexo Que va á la cazuela. El naturalista Tagle, entre vidrieras. Divirtiéndose Con su pajarera. Que llanto etc. ilÉ^ 'i 3IO antología Torrada, su cota De malla reserva Para cuando el luso Declare la guerra. Alvear, pescando Con las portuguesas, Y sus favoritos Gimiendo miseria. Que llanto etc. •.^ • - 'í^ • ! ' mi * 1ti ( ■íílf: 1;l.'!: . ■■t . t- Alvarez, deseando Ir á Norte América, A buscar la plata Que allí se le adeuda. Don Pedro Pelliza Frecuenta las celdas Donde se dan mates Con buena canela. Que llanto etc. Despuig, azotado Por manos francesas, Y sin escucharle Su justa querella. Victorino Fuentes, Come en las Iglesias Santos, y en su casa Vomita culebras. Que llanto etc. DOMINGO DE AZCUÉNAGA 211 González y Araujo Ministros de Hacienda, Con sus escobillas Barren la moneda. Guido, cortesías Hace reverendas; Y Alvarez, propone Gigantes empresas. Que llanto etc. En el consulado Anda Darragueira Preparando sala A sus concolegas. Del buque Amarante Pensando Anchorena Tomarse la carga Sin reconocerla. Que llanto etc. Ontia blasonando Protección, en fuerza De que tiene influjo En la Fortaleza. Martinez y Herrera Haciendo banderas Para colocarlas En las Mayas fiestas. Que llanto etc. ti w 1 212 ANTOLOGÍA En vestir las damas Grimán se ingenia, Y Ensebio Barcal a En cobrar gavelas. Enrique el Platero Y todos los que entran En su platería, La Patria gobiernan. Que llanto etc. in m '''i 1 Ijl {|j i'tí n i-^ 1 Don Pepe la Rosa Visitando mesas Por ver si le toca Una servilleta. Don Miguel Belgrano Tocando tabletas, Y José Gregorio Corriendo tabernas. Que llanto etc. Ambrosio Lezica Reparte á doncellas En el Coliseo Batatas y yemas. Argerich tocando La flauta traviesa, Y su clarinete Rivero, con muecas. Que llanto etc. ' í ! \i\ DOMINGO DE AZCUENAÜA 213 Don Blas, regañando A toda la orquesta, Al paso que toca Del clave las teclas. Arzac, las arañas Custodia y las velas, Y luego espabila Los cabos de esperma. Que llanto etc. Salcedo sin mitra, Gómez sin prebenda, Y el clérigo Yllañes, Con la boca abierta. Haciendo sermones Castro, en la cuaresma. Ya en pro de la causa, Ya contra el sistema. Que llanto etc. Desde su bufete El doctor Achega Pronunciando fallos Y dando dispensas. El doctor Belgrano Llorando anatemas, Y don Lucas Ruiz Sin sus limosiicras. Oue llanto etc. ii: 214 ■" ,|i i: antología El padre Muñoz Metido á poeta, Toma por sus loas Plata en recompensa. El padre Camilo Recibiendo renta E injuriando al pueblo. Con gran desvergüenza. Que llanto etc. El padre Aparicio Viendo la comedia, Y luego gritando Que es pecado verla. El fraile Posadas En una secreta, Dice con cachaza Que se va á Ginebra. Que llanto etc. Don Cosme Argerich Curándose á tientas Su oculta aneurisma Cuando hay malas nueN-as. En su gran sombrero El padre Mosqueira Lleva por divisa Una calavera. Que llanto etc. i DOMINGO DE AZCUENAGA 215 El que en la marina Dicta providencias Da sus decisiones Según su mollera. Molina y Montufar Oriundos de Hesperia Defienden la causa Por tenerles cuenta. Que llanto etc. El doctor Acosta Con manos abiertas Ruega á Dios que Oliden No largue la breva. Don Justo García Vestido de felpa Por haber querido L/Ucir en la prensa. Que llanto etc. El doctor Azcuénaga Con la nota puesta De que es adversario De la opinión nuestra. El pueblo esperando Una polvareda, Y yo con deseos De librarme de ella. Que llanto etc. 1 <( 2l6 ANTOLOGÍA Basta compatriotas Mi numen ya cesa No porque no encuentre Sobrada materia, Sino porque puede Cansaros la idea. Conque á Dios amigos Salud y pesetas. Que llanto me oprime Que risa me cuelga. m (i! ]:-■ .t «I «■ DOMINGO DE AZCUENAGA 217 SÚPLICA DE LOS PATRICIOS Á LA ASAMBLEA SONETO * Soberano Señor, sí por la bula De Meco que alegaron los gallegos, ( Sin embargo que no hay tales borregos ) Se les concede hoy montar en muía: La razón, que los méritos regula De los libres patriotas andariegos. Exige, permitirles á sus ruegos. Montar en mulatilla, siendo chula: Esta súplica hacemos los patricios. Estando ciertos que será otorgada En justa recompensa de los vicios En que vemos la patria encenegada. Si lo conseguimos será prueba De que aun no ha madurado bien la breva. * M. s. de la Colc. de Don J. M. G. existente en la Biblioteca del Se- nado Nacional. 218 ANTOLOGÍA ••7, r Á LA FUGA DEL REY JOSÉ SONETO * Lleno de susto, sobresalto y ansia, Y sin privarle el curso la esperanza. Del crudo Pirineo á toda prisa Huyendo va el rej^ Pepe para Francia. No hay escollo ni riesgo en la distancia Que le quite el fugar de su cabeza; Quien conozca el empeño de la empresa. Conocerá del miedo la abundancia. Allí cae, allí rueda, allí levanta. Para emprender de nuevo su camino. Mas allá un gajo de espinosa planta Le da en un ojo, pero su destino Quiso que el golpe fuese en miembro muerto. Porque lo recibió en el ojo tuerto. • M. S. de la Colc. de Don J. M. G. existente en la Biblioteca del Se- nado Nacional. DOMINGO DE AZCUENAGA 219 SONETO * He de cantar, por mas que se atribu3-a Mi soneto á locura ó fanatismo, En las aras del santo patriotismo El Te Deum, el Gloria y la Aleluya. Nadie habrá que me increpe ni me arguya De ingrato en elogiar tanto egoismo. Pues aunque está en sus trece el ostracismo, Me temo que el sistema se destruya. Las canciones patrióticas han muerto; Gritar ¡viva la Patria! es contrabando; El nombre sarraceno está en desierto, Y el militar ardor algo mas blando De forma, que según miro y concierto. Se va la santa causa evaporando. * M. S. de la Colee, de Don J. M. G. existente en la Biblioteca del Se- nado Nacional. M <[-: 220 antología ," ff] SONETO * Decíale el famoso Pepe Illo A un joven que enseñaba á ser torero, Si observas las lecciones que Romero Ministra en su arte de torear Juanillo, No temas de que toro ni novillo Por más bravo que sea y marrullero Te ofenda, con que así sigue el sendero^ Que en su libro propone aquel caudillo. Instruido el mozo, al parecer, en forma Al público su maestro lo presenta, Y encomendándole éste que la norma De la cartilla guarde, se le sienta P*reguntando : ¿Y si el toro, por mi suerte. No entra por donde la cartilla advierte? • M. S. de la Colee, de Don J. M. G. existente en la Biblioteca del Se- nado Nacional. DOMINGO DE AzCUENAGA 221 SONETO * Si mi rancia moral filosofía Engaño no padece en sus problemas, De mi patria los rígidos emblemas Veré postrados con vergüenza mía: Veré la popular soberanía, Defensora de bélicos sistemas Encaminándose con sus teoremas Para el Lethés donde estar debía; Veré, de esta ciudad la más unida Parte, llorando su fatal ruina, A las reales banderas acogida: Y veré, si mi aliento no temiina, Esa altiva pirámide abatida, Rubor de la República Argentina. i I M. S. de la Colee, de Don J. M. G. en la Biblioteca del Congreso Nacional. i ;-M v: i' 222 ANTOLOGÍA íííí' Í-. / ^•^^M DECIMA * CON MOTIVO DE HABERSE QUITADO EL PABELLÓN ES- PAÑOL EN LA FORTALEZA DE BUENOS AIRES EL DÍA 22 DE ENERO DE 1815 A LA UNA DE LA TARDE, Y NO HABERSE PUESTO OTRO EN MUCHO TIEMPO, NI ESPA- ÑOL, NI PATRIOTA. Cual bajel que junto á un istmo Sufre una gran tempestad, Se encuentra en la actualidad Zozobrando el patriotismo: Cansado ya de si mismo, Y de predicar en hueco Si es Español ó Marrueco, Ignora en tal situación; Pues corre sin pabellón La borrasca á palo seco. i.j » • M. S. de la Colee, de Don J. M. Gutiérrez existente en la Biblioteca del Congreso Xacional. i '^' DOMINGO DE AZCUENAGA 223 SONETO * At, PADRE CAMILO CUANDO SIENDO CENSOR OFRECIÓ EN SUS PERIÓDICOS OTRO DRAMA TITULADO: LA INOCEN- CIA EN EL ASILO DE LA VIRTUD. Si se hubiese en justicia criticado La Camila como era y es debido, No ofreciera usted hoy con tono erguido Otro nuevo papel mal hojaldrado; Su amor propio lo escusa de pecado, No dramatice más, tenga entendido, Que lo que juzga que embeleso ha sido. Es un puro einbeleso desgreñado: Mude de oficio, llámese á sosiego. No pretenda apurar nuestra paciencia, Mire que el teatro no es cosa de juego. Minore el precio, cobre con conciencia. Porque si pide más que á real por pliego No ha de encontrar asilo la inocencia. * M. S. de la Colc. de Don J. M. G. existente en la Bibliotoca del Con- greso Nacional. 334 ANTOLOGÍA GLOSA Respóndeme, aunque te pese El tener que responder: Siendo el pueblo el soberano, ¿A quien toca obedecer? Confieso Armindo que no hallo Ley, por donde el patriotismo Hacer pueda á un tiempo mismo, Al pueblo Rey y vasallo: Contempla si es justo el fallo Que la respuesta te ofrece, Y si acaso no merece Que la apruebe tu sentir, A quien deberás servir Dime, Armindo, aunque te pese. Siempre que la autoridad A manos del pueblo viene Manda el que más fuerza tiene A su arbitrio y voluntad : La prueba de esta verdad La dio el General Soler * M. S. de la Colee, de Dn. J. M. G. existente en la Bibl. del Cong^'eso Nacional. '! I A DOMINGO DK AZCUENAGA 225 Y ya que no es menester Dar otro convencimiento, No diré más porque siento El tener que responder. 3* Nunca habrá gobierno estable. La desunión será eterna, Porque si el pueblo gobierna Es la lucha interminable : Todos tenemos palpable lya consecuencia en la mano. Pues, vemos que un ciudadano Puede, sin ley ni razón. Aspirar á ser mandón Siendo el pueblo soberano. 4* Es cosa muy singular Que, siendo argentinos todos. Litiguemos de mil modos A quien toca gobernar: Si no dudas confesar Que en tu juicio y entender Está el supremo poder En el pueblo constituido. Pregúntale á tu partido A quien toca obedecer. 226 ANTOLOGÍA DÉCIMA * Hoy se mira en tal estado El militar patriotismo, Que se ha vuelto bandolismo Para purgar su pecado. No hay campestre, ni soldado. Si en ellos tus ojos fijas, Que no ciñan sus verijas Con afilados aceros. Llevándolos los lecheros, Para guardar sus botijas. *-íí ::r^ in * M. S. de la Colee, de Dn. J. M. G. exte. en la Bibl. del Congreso Nacional. DOMINGO DB AZCUENAGA 227 DECIMA * DEFÍNBSB AL DESPERTADOR TEOFILANTRÓPICO Nuestro místico escritor, Aparentando concordia, Es de toda la discordia, El más cruel atizador. El es la nata y la flor De nuestra bellaquería, Y es tal su filantropía. Que ha de hacer que soliciten Que hasta los virgos se quiten Que están en la letanía. M. S. de la Colee. Gutiérrez existe, en la Bibl. del Congreso Nal._ í, r ^ aaS ANTOLOGÍA GLOSA * Que el mundo se satisfaga Nada se me da, mi amigo, Yo lo dejaré que diga, Con tal que me deje que haga. n" í: '.f Dicen que no soy patriota, Ni adoro la libertad. Porque odio la iniquidad Que en nuestro suelo se nota. Nada de esto me alborota, Nada mi opinión estraga; Y si digo que me halaga Quien me nombra Sarraceno, No mentiré, porque es bueno Que el mundo se satisfaga. •ti Háganme mil vituperios; Digan que soy un salvaje; Que á mi me sobra coraje Para tolerar dicterios. Si juré entre los hesperios M. S. de la Colee, de Dn. J. M. S. existe, en la Bibl. del Congreso Nal. MÉ ¡^■«■i DOMINGO DE AZCUÍNAGA Ser leal, justo es que diga Las leyes á que me obliga El juramento que di. Con que, que hablen de mi, Nada se me da, mi amiga. Que bueno ó malo el sistema Sea, en eso no me meto. Porque yo guardo respeto Al zapallo cuando quema. Para todo tengo flema De aquí es que, aunque me persiga Todo el pueblo, con intriga, Por mi modo de pensar. Como no pase de hablar Yo lo dejaré que digíu 229 4' Si es lícito, á cualesquiera, Libremente el opinar, Nadie me podrá quitar Que yo piense como quiera. La libertad, que pondera De la patria la voz vaga. Todo mi recelo apaga Cuando me pongo á escribir. Con que apruebo su sentir. Con tal que me deje que haga. 230 ANTOLOGÍA >''■ U i' 1 i nKfv '1 ^^^■'-«i ;'.i ' ■1 i,|,;, jHv [| 1 [ HÍ^' f M.!! SONETO. * Descríbksk hí, carácter dk los patriotas del día Apenas se les pinta seriamente, A los bravos patriotas, algún cuento Que aluda á triunfo, gloria ó vencimiento, Cuando toma el valor todo ascendiente; Pero si se descubre que aparente Es el lauro, todo es abatimiento. Si así es de los patriotas el aliento, ¿Que espera tu sistema de tal gente? Lo que puede esperar es que, si llega El caso de que sea necesario Entrar á sostener una refriega. Cada cual tomará su dromedario, Y, por no ser testigo de la entrega, Jugará con el santo escapulario. • M. S. de la colección Gutiérrez existente en la Biblioteca del Congreso Nacional. DOMINGO DE AZCUENAGA 231 SONETO. * A I,A PAZ GENKRAIy DE I,A EUROPA Ya el templo augusto del bifronte Jano, Que tantos años se mantuvo abierto, Se ve cerrado y en feliz concierto La paz luciendo con donaire ufano. Ya está la Europa libre del tirano, L/SL- Francia toda con su honor cubierto. Su usurpador, metido en un desierto, Y, en España, reinando el soberano; Ya el fuerte militar, se desahoga De la fatiga de Mavorte acerba ; Ya, cediendo las armas á la toga. Se abrirán las escuelas de Minerva; Y Astrea reinará, dando, el tribuno. El derecho que tenga cada uno. • M. S. de la colección Gutiérrez, existente en la Biblioteca del Congreso Nacional. 23* ANTOLOGÍA SONETO * CRÍTICA Á LA CAMILA DEL CENSOR Sin duda las porteñas, mis paisanas, Al Censor alg^n chasco le han jugado, Pues se muestra tan serio y enojado Con las hijas del Sud americanas. Sus miras todas le han salido vanas. Porque, el pueblo argentino, ha despreciado Su Camila, poniéndolo en estado Que de dramatizar pierda las ganas. Al momento que vi la destemplanza Con que trata el Cacique á Camilita Dije yo, que, el autor, tomar venganza, Quería contra alguna porteñita; Seguro que, en nuestros arredores. No tienen potestad los quemadores * M. S. de la colección Gutiérrez existente en la Biblioteca del Congreso Nacional. DOMINGO DB AZCUENAGA 233 SONETO * Solía mandar Nise con jactancia, A Amesto, por violetas al mercado, Y él iba con placer á su mandado, Sin mostrar la mas leve repugnancia. Si quieres probar más mi fé y constancia, Le dice Amesto con risueño agrado, Te llevaré, á Morón, aquel recado Que tienes que mandar de allí á tu estancia. Mas, si á acaso volviese algo rendido. Te ruego que, al volver de mi jomada, Me admitas en tu lecho bien mullido. Que yo te ofresco no ofenderte en nada. Con tal que, estando ya en cama metido, No me hagas levantar de madrugada. * M. S. de la colección Gutiérrez existente en la Biblioteca del Congreso Nacional. 234 ANTOI^OGIA ■ ' LETRILLA * Quien paga y miente, Su bolsa lo siente. I — Si es brocárdico sabido Que, el que habla con falsedad, Cuando dice una verdad Es de ninguno creído. En esta parte ha tenido. La patria, influjo exelente. Quien paga y miente, Su bolsa lo siente. V I 2 — No me dirás qué sacamos, Fabio amigo, con mentir, Si, al último, han de lucir Las verdades que ocultamos, Nosotros nos engañamos, No es engañada la gente. Quien paga etc. m t^ \ 3— En esto de ser pintores, Nada nos puede ganar. Porque sabemos pintar Las cosas de mil colores. ¡Siempre somos vencedores! * M. S. de la colección Gutiérrez, Biblioteca del Congreso Nacional. DOMINGO DE AZCUENAGA Ninguno nos mete el diente. Quien paga etc. 4 — Lo mejor es que tenemos Fama ya de baladrones, Y que saben las naciones Los males que padecemos. Si de esta suerte nos vemos, El provecho es evidente. Quien paga etc. 5 — Las ponderadas banderas. Que entran á cada momento, Y que son el fundamento De fiestas tan lisonjeras. Nos tienen con todas veras Embaducada la mente. Quien paga y miente etc. 6 — Yo ya estoy escarmentado, De escuchar tantos embustes; Dime, Fabio cuanto gustes, Que á todo estoy preparado. Lloremos nuestro pecado. Cuente el papel lo que cuente. Quien paga etc. 235 7 — En los choques que sufrimos, Son nuestros lauros enteros, Nunca caemos prisioneros, M 236 ANTOLOGÍA Matamos y no morimos. Las balas que recibimos, Son de materia impotente. Quien paga etc. 8— De Chile el triunfo cabal Se tiene por increible, Mas yo digo que es posible, Siendo un santo el General. ¿Si el milagro es celestial. Podrá haber inconveniente? Quien paga etc. 9 — Dicen que ya está la tropa En Chillan, Penco y Coquimbo, Y yo digo que hasta el lyimbo Irán según van en popa. Guarden las huestes la ropa. Porque el homo está caliente. Quien paga etc. 10 — Cuentan, que ya está Marcó, Preso por los naturales, Y que tienen los caudales Con que dicen se escapó. Yo no afirmaré que nó. Pero diré como oyente Quien paga etc. II — Son tan varios los asuntos Y las noticias tan varias. DOMINGO DE AZCUENAGA 237 Que pueden las luminarias Ser también por los difuntos. Con tan bellos contrapuntos, Se canta divinamente. Quien paga etc. 12 — Como fué de San Martín El triunfo que se blasona, Hoy su retrato corona Un alado serafín. Yo quiero esperar el fin Pues si peco de indulgente, Quien paga y miente Su bolsa lo siente. s¡asg^fgMi^sk Ü ■H 238 ANTOLOGÍA Aly BRIGADIER D. MARTÍN RODRÍGUEZ GI.OSA * Los pechos de las hermosas, Son aras en que arderán Los inciensos que reciba El Marte de nuestra edad. l^..\': Si á nuestro Marte argentino, Hoy un patriota inflamado. Ha ofrecido ó inmolado Todo el sexo femenino, Con moral tan peregrina Y mercedes tan copiosas. Tocar podrá, entre otras cosas. Por premio de sus tareas. Los ombligos de las feas. Los pechos de las hermosas. ■x ' Si por incienso le aplica Lo mas grato de unas bodas, Y no tiene para todas. El sexo se mortifica. • Está en la Lira, pág. 82, sin firma. En la Colee. Gntíérreí el M. S dice: Al Brigadier Don José de San Martín y la dá como de Azcuénaga. DOMINGO DE AZCUENAGA En vano el poeta, publica Tal ardor, con tanto afán. Porque ellas apagarán El fuego que él encendió, Y, entonces, verá que no Son aras en que arderán. 239 Si las conduce á la hoguera Y escucha algún estallido. Podrá ser que sea el ruido Expulso por la trasera. Si cosa tal sucediera, Nada tiene de nociva, Porque, aun cuando lo perciba Nuestro General feliz, Le entrarán por la nariz Los inciensos que reciba. Si tras del ruido, por suerte, Acontece otra tormenta. De las que el médico cuenta Que hay en la hora de la muerte El chasco será mas fuerte. Porque, hablando en equidad, Al mirar la novedad De un suceso tan infausto. Reprobará el holocausto El Marte de nuestra edad. 240 ANTOLOGÍA H m ,f"f| iH I < f SONETO A DON DAVID SILVA, ELOGIANDO SU, MáRiTO Siempre fueron los sabios mal queridos, I/OS hombres grandes, siempre desdeñados, Y en especial los poetas consumados, Como tú. Silva, siempre persegtiidos. Tus émulos malignos y atrevidos. Atónitos están y avergonzados Al mirar tus escritos decorados, Con laureles y encomios repetidos. Por esta causa temen en el día, Que, por el gran soneto que tu has hecho A la augusta é inmortal Reina María, Te resulte algún premio de provecho. Dándote, por castigo á tu malicia. Un hábito con renta vitalicia. DOMINGO DE AZCUENAGA 241 SONETO AX MISMO INDIVIDUO Dime, Silva divino, ¿do adquiriste Ese sublime estilo, esa annonía. Que se advierte en tus obras de poesía Con que tanto que hablar al Brasil diste? ¿No me respondes? ¿Callas? ¡Suerte triste! Yo quisiera aprender esa ambrosía, Para ver sí la escasa dicha mía Merece la mitad que mereciste. Todos te alaban ¿Si será el motivo De tus glorias, aquel dulce soneto Con que el retrato preconiaste v'ivo De la augusta Carlota? Te prometo Que tus ©bras tendrán, hasta en la Albania, El destino que aquí y en Lusitania. ■?ll n '• íL. i'' ■ ; I" \ . í 'i i,. ; ^«1 MIGUEL DE BELGRANO ! I 1 íÚ > ; , .>7 "i n^ |M F , • » *£ * i:' i t ÍIASGO HISTÓRICO POÉTICO * DE LA VALIOSA REPULSA QUE HICIERON LOS ESPAÑOLES Á LOS INGLESES DESEMBARCADOS EN EL PUERTO DE DÓ- MINOS DE LA COSTA DE CANTABRIA EL 2 DE AGOSTO DE 1800. PASATIEMPO EJECUTADO EN EL TIEMPO DE LA ACCIÓN POR DN. MIGUEL DE BELGRANO, GUARDIA DE CORPS, EN LA SEGCNDA COMPAJJfA ESPAÜOLA DE CABALLEROS AMERICANOS, NATURAL DE BUENOS AYRES, Y AL PRESENTE RESIDENTE EN ESTA CIUDAD, EN VIRTUD DE REAL LICENCIA. « Talibus virus non labor insolitus^ non locus ullus asper aut arduus erat, non armatus hostis formidolosus virtus omnia domuit. Sallust in Bell Catil. Invocación y asunto Sacro-Santo Regente de las nueve Eruditas hermanas, que, á porfía, Para instrucción del hombre, tu voz mueve, Dotándolas de sabia melodía: Ordena á Clío, que mi mente eleve ' Con majestuosa métrica armonía. Para que yo bosqueje aquella estraña Repulsa, que, al inglés, hizo la España. • Telégrafo Mercantil, Tom. II pág. 149. ^ *' ■i f 246 ANTOLOGÍA H i i Dedicatoria Y tú, mi amada, respetada amiga, A quien gracia, talento y discreción. El Supremo Hacedor tanto prodiga Del fuerte sexo para admiración; Quanto mi lengua balbuciente diga, De aquel suceso, en esta narración, Admítelo en tus aras, y entre tanto. Mi voz escucha, que comienzo el canto: Salida de la escuadra inglesa de sus departamentos Ya de la luz el padre, visitaba En zodiaco, de Virgo, la mansión, Y ardores y bondades derramaba, Al suelo nuestro, desde su región. Cuando, Mavorcia, áncoras levaba, Grande, movible, inglesa población, Dejando, en breve, la tenaz arena De Spytead Plymouth y Sta. Helena. Avístase la escuadra sobre el cabo de Ortegal Sufre Anfitrite escuadra respetable De navios, fragatas y corbetas. Que al número de ciento formidable Se llega con transportes y goletas. Eolo tanto se presta favorable, Que por las aguas la conduce quietas, Y en pocos días, con poder notorio. Asoma de Ortegal al promontorio. MIGUEL DE BELGRANO 247 Fondea en el puerto de Dóminos No tan veloz el rayo furibundo, Se desprende de nube borrascosa, Como ella, de Cantabria, en tremebundo (a) Puerto se mete, y sus bajeles osa En batalla ancorar, para que el mundo Testigo sea de su acción gloriosa. Reina en tanto la calma; pues, el hado. Casi siempre proteje al que es osado. El General inglés ordena el desembarco Pronto el caudillo. General marino, Warren llamado, á cuya gran pericia, El revoltoso Pitt da por destino (b) Hostilizar las costas de Galicia, A sus buques ordena el vespertino (c) Desembarque de británica milicia. Que, de la nueva aurora al arrebol. Debe asaltar la plaza del Ferrol: Se ejecuta el desembarco y la pequeña batería de Dóminos es destruida Cada vaso á su lancha la refuerza Con número crecido de soldados, Que, conducidos por remera fuerza. (a) El Puerto de Dóminos hasta esta ocasión se tuvo por impracticable por ser muy proceloso. (b) Es notorio cuanto este Ministro inglés ha trabajado para volver las otras Potencias contra la Francia. (c) Por la tarde, á las dos, se efectuó el desembarco. . — Dijo: y tomando con su propia mano El tricolor (i), al pueblo lo presenta: Al pueblo que, al mirarlo, en multitudes Acorre diligente á su defensa. Cada uno, armado cual mejor pudiera, Su nombre daba .... cuando de improviso Las vigías anuncian que no lejos Se avistan las partidas de enemigos. San Martín presuroso va en persona A indagar la verdad. — «¡Oh Providencia! — — En el momento exclama, — son Balcarce, Alvarado, Quintana, y de Las Heras. Con su auxilio y las tropas que han sabido Retirarse en buen orden, yo os ofrezco Reorganizar en breve nuestra hueste. Para hollar la cerviz de los iberos». — Al llegar los estrecha entre sus brazos, Y diligente al punto les ordena Que sin cesar trabajen noche y día, Amaestrando el soldado á la pelea. A Balcarce confía los infantes, A Freyre y á Zapiola los caballos. De Blanco, Cicerón, Borgoño y Plaza, Toda la artillería pone al cargo. Al acendrado celo de tan dignos (i) Los colores azul, encarnado y blanco, componen la bandera nacio- nal del Estado de Chile. MIGUEI, DE BBLGRANO 269 Expertos defensores, pocos días (i) Bastaron á poner á nuestros bravos En el mejor estado y disciplina. San Martín los revista y al instante Se coloca á su frente y se encamina Del Maypo á las llanuras, á do sabe Que el audaz español ya se aproxima. Aquí á sus oficiales y soldados Los puestos les señala de la empresa, Llevando á su lado el sacerdote, (2) Su deber de este modo les recuerda: — «¡Valientes defensores!, deslumbrado El ibero en su dicha pasajera Hollar quiere la patria, colocando Sobre nuestros colores sus banderas. Volemos á arrancarlas prontamente; Rompamos en sus manos las cadenas Que al estado de Chile le prepara, Y al Sud independiente en consecuencia. De vuestro varonil constante brío La patria, amigos, su salud espera; Sean, pues, vuestros brazos á porfía Su amparo, su sostén y su defensa. Desarmados por siempre los tiranos, Nuestras leyes respeten y obedezcan, Y disfruten también, si se hacen dignos. Los beneficios de la independencia; (i) a los 13 días después de la dispersión del ejército y de una retirada de mas de 8o leguas. (2) Bl Vicario general del ejército unido. .,... JlVA. _. ^t,M'^ 270 antología Que así del orbe las naciones cultas, Convencerse sabrán, por nuestros hechos, De que, si á los malvados destruimos, A los hombres honrados acogemos. Y vos, en tanto que á la lid marchamos. Digno ministro, dirigid al cielo Las fervorosas súplicas, que pueden Mas que las armas darnos el trofeo.» — «Marcha, valiente general, — le dice El sacerdote, de entusiasmo lleno, — La victoria te anuncio en este día En el nombre del Dios délos ejércitos; En el nombre del Dios de nuestros padres. Que detesta los crímenes horrendos. Con que á la sombra de su santo nombre Los iberos mancharon nuestro suelo. Parte veloz; más antes que al gran cuerpo Del enemigo embistan tus guerreros. Unos pocos destaca á que triunfen De aquellos escuadrones, que allá veo: Elegidos por bravos los envía Osorio de vanguardia, y á tu encuentro: Pruebe pues su bravura lo que puede Con la ayuda de Dios el brazo vuestro.» — Dijo: y al punto del clarín resuena La voz tremenda que al combate llama; Y la espada empuñando los patriotas A rienda suelta parten. Las descargas Del fusil y cañón, que les asestan, Ni los arredran, ni los desbaratan; '»»»■' MIGUEL DE BELGRANO 271 Que antes bien, acometen tan unidos, Que las contrarias filas desparraman. Y con tanto tesón, con furia tanta. Los aceros esgrimen, que tendidos En aquel mismo instante y sin aliento, En el campo se ven trescientos cinco. Vosotros granaderos á caballo, Mandados por Medina y Escalada, Bien sostenidos del audaz Zapiola, Ejecutasteis tan brillante carga. Vosotros que ya habláis de antemano (i) Con vuestro capitán Casara villa, Siendo solo sesenta, destrozado Doscientos de las tropas enemigas. Ya el fuego más atroz y destructivo. Entretanto Martínez y Alvarado, Que la izquierda defienden, sostenían Contra los elegidos (2) del contrario. Que en columna cerrada sobre ellos A la carga vinieran denodados; Más Borgoño feliz con sus cañones Logra desordenarles los caballos. Vacila nuestra línea unos momentos, También nuestros infantes retroceden, Y conseguir no pueden contenerlos Ya los esfuerzos de sus bravos jefes. San Martin que lo observa: c Presuroso (i) Entre San Femando y Rancagiia, con su teniente Martínez. (2) Kntre otros los acreditados regimientos de Burgos, Infante D. Carlos y I^anceros, llegados recientemente de la península. r 272 ANTOLOGÍA — Parte, Guzmán, le dice, y á Quintana Ordénale en mi nombre, que proteja A nuestra infantería, que desmaya.» "^ — Llega veloz Guzmán, y al punto mismo, Quintana, que comanda la reserva (i) Con Thompson, con Rivera, Conde y López, Arrojando centellas se presenta. Al enemigo atacan valerosos, A la línea sirviendo de modelo. Que impulsada de nuevo, se revuelve A los contrarios con mayor esfuerzo. Freyre carga también con sus caballos De escolta y cazadores, que debieran Ya la acción decidir, si de Fernando No fueran estas tropas tan guerreras. Más firmeza, valor, ánimo y brío Ostentan á la vez, y con coraje Nunca visto se atreven á ofenderlos, Aun revolcados en su propia sangre. El combate más fiero y más reñido Se trava cuerpo á cuerpo. No, no es dable Preveer cual de los dos por mas valiente Será el dichoso que el laurel arranque. Mezclados los patriotas y realistas, A porfía se exceden en proezas: Se hieren, se maltratan, se destruyen, Y en lucha tan feroz, ninguno ceja. (i) Compuesta de los batallones 10 y 30 de Chile, y 70 de los Andes, á la que auxilió el 10 de Coquimbo. UUmtá MIGUEL DE BELGRANO «73 Mas los infantes de la patria al cabo, (i) Que el brigadier Balcarce dirigiera, Con esfuerzos constantes, de los bravos El puesto arrancan á la bayoneta. Cubierto de cadáveres el suelo, En roja sangre se le mira tinto; Y ya la patria su laurel ciñera. Si el enemigo fuera menos listo. Pero en masa y buen orden se retira. Los golpes de los sables resistiendo, Al callejón de Espejo, y denodado. Para la nueva lid ocupa un cerro. Aquí apura del arte los recursos. Despliega Ordoñez (2) toda su pericia, Y á sus tropas dispone, de tal modo, Que á los choques y embates se resista. Muy en breve O'Brain á los infantes De la patria, de Arauco, y otros cuerpos. De San Martín á nombre que lo manda. Les ordena que embistan aquel puesto. En columna cerrada lo ejecutan. Arrastrando los fuegos arma al brazo, Y á pesar de los muchos que perdieran. No logran los realistas dispersarlos. Una, dos, y tres veces, en la cima Trepados se ven ya; pero otras tantas. Los obliga á bajar el enemigo (i) Bajo este nombre se comprenden todos los cuerpos de infantería del ejército unido. (2) Uno de los principales jefes del ejército enemigo. 274 ANTOLOGÍA Por un fuego horroroso de metralla. San Martin que los mira vacilantes, Cual rayo de una nube desprendido, A la altura se arroja, acompañado Del primero y segundo de Coquimbo; Y tanto valor, constancia tanta Arremeten los puestos enemigos. Que en muy breves instantes, sus aceros, Más de mil cuerpos tienden en el sitio. El resto, de pavor sobrecogido. El arma arroja con que herir solía, Y en humilde postura, — ¡ Patriotas! Perdonadnos, — exclaman, — nuestra vida: Por vuestros padres, que también son nuestros No queráis por más tiempo maltratarla; Por el Dios que adoramos lo pedimos, Lo pedimos también por vuestra patria; Que, mientras respiremos, nuestros brazos No se emplearán jamás en daño vuestro, A pesar del injusto y despiadado Tirano que lo exige con empeño.» — — Conmovidos al ruego los valientes Defensores, al punto se desarman; La mano alargan á los ya rendidos, Y el general en jefe asi les habla: — «Desdichados! ! ! jamás fué nuestro intento Vuestra sangre verter, el insensato Déspota que os envía, con sus hechos Atroces nos impele á ejecutarlo: El quiere que por fuerza á su ominoso MIGUEL DE BELGRANO 275 Yugo nos sometáis; y todo cuanto Al éxito conduzca os lo permite, Aunque á Dios y á los hombres es contrario. Es en esta virtud .... mas ya que nuestra Compasión imploráis, tened la vida; Y no olvidéis jamás que os la conceden Los mismos que arrancárosla debían. ¿Quien de vosotros es, pregunta luego San Martín á los jefes que allí mira. El denodado Osorio?» — «Ya tiempo hace, Ordoñez le responde, que camina Con doscientos caballos escoltado. Su vergfuenza á ocultar, despavorido. Yo mismo le miré que se fugaba Al solo amago de tu brazo invicto.» — «/ Vo le sabré buscar dentro de Lima ! Contesta San Martín; tu esfuerzo y brío, Ordoñez malhadado, de mi afecto Y de todo mi aprecio te hacen digno: 1 I .íá.. -• '"-^ MANUEL PARDO DE ANDRADE LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES POR LAS ARMAS DE S. M. CATÓLICA EN 12 DE AGOSTO DE l8o6. Cubra Bretaña con altivas naves La inmensa faz del piélago anchuroso, Como Saturno de arboleda el suelo; Desaparezca el mar bajo las velas De la soberbia Albión; tenga en su mano Centro, poder é imperio Del mar que ciñe en torno el hemisferio: Reposa ¡Oh glande Carlos! no por eso Con más feliz suceso Que en Canarias, Ferrol y Puerto Rico, Alzar veréis el pabellón Britano Bn los australes reinos que separa La vasta inmensidad del mar opreso De tu piadoso influjo. No, los cielos Velan en tu defensa: el mundo todo * {lA Imp. en Bs. As., pg. 294). Impreso No. 3884 de la B. N. 81 autor de esta larguísima composición era un oidor de Barcelona, in- cansable versificador que ya en 1807 había publicado ya otra poesía sobre la derrota de los ingleses, dedicada á Dijo, y todos le siguen á las naves, Que al Sur las proas y las blancas velas Tienden al punto, y con tajantes remos Las olas hienden con presteza tanta Que parece á los ojos que las miran Surcar lá blanca espuma Aves que baten la ligera pluma; Y á empresas grandes decididas, forman En su navegación línea ordenada, Y en unión fuerte felizmente pasan Entre las naves apostadas; Y del viento obligadas, 284 ANTOLOGÍA Dando fondo en las Conchas. Al momento Tropa y artillería Acampa en la altura el mismo día, Sin que el rigor del clima destemplado El curso del ejército esforzado Bastase á contener, que en veloz marcha Se acerca á la ciudad. Luego formando En batalla su gente el Comandante, Al britano arrogante La rendición intima, que á las armas El suceso remite; y diligente Corre luego á buscarle con su gente. Llega pues, el momento Que ansia del español el ardimiento; Y á la señal de ataque, cual leones Que de zana y furor encarnizados Ni el fuego temen, ni los paran riesgos. En alas del valor, los españoles Atacan el Retiro custodiado Por valientes ingleses, que cual dique Desmoronado al ímpetu furioso De las aguas, asi rendidos ceden Al vigoroso ataque de los nuestros : Huyen los que al socorro se presentan, Pues apenas divisan las columnas Enemigas los fuertes españoles. Se van dispersas y desordenadas, Cual tímidas manadas De reses que persigue ambriento lobo, A recobrarse en la ciudad, perdido MANUEt PARDO DE ANDRADE 285 El parque, que tan presto fué rendido. Tiende la noche el negro manto, y pone Fin á las glorias del primer suceso De Liniers y su gente. Que esperaba impaciente Del venidero dia la luz clara, Fausto presagio de victoria siendo Certero golpe de elevada bala. Con que cayó abatido y arrollado El pabellón britano enarbolado En una altiva nave. Finalmente Rayó la luz del venturoso dia, En que el pueblo leal de Buenos Aires A la dominación volver debía Del monarca español, y sin más orden Ni esperar la señal, los impacientes Catalanes empeñan con arrojo Un fuerte tiroteo, Y atajar no pudiendo ya el deseo Ardiente de la tropa, el Comandante Impávido, delante De las columnas marcha, y se presenta En la lucha sangrienta, Y acomete la plaza defendida De mucha artillería, y do apostados Desde los miradores y azoteas Los soldados ingleses asestaban Contra los nuestros incesantes tiros. Que á cuerpo descubierto Sufren, y corresponden con acierto 286 ANTOLOGÍA I En unión fuerte y línea de batalla, Resistiendo el rigor de la metralla. Y cual incendio que á favor del viento Se avanza estrepitoso, sin que pueda Estorbar sus progresos, los esfuerzos De los que en vano á su furor se oponen. Así nuestros soldados En la lid empeñados. Todo lo rinden con ardiente saña, Corriendo diligentes Los habitantes leales y valientes A unirse con los nuestros en el riesgo Y redimir su afrenta con las armas. ¿ Oh quién la valentía Pudiera describir, que en este día Mostraron las espadas españolas. Todas á competencia en la pelea; En sangre tintas y de honor cubiertas ! ¡Quien la constancia y varonil esfuerzo De la tucumanesa valerosa, (La amazona Manuela), sin asombro Celebrar puede, si el arrojo mira Con que maneja el relumbroso acero Al lado del consorte ! Rinde y mata Al inglés más valiente y obstinado Presentando á Liniers en la campaña El fusil por trofeo de su hazaña? ¿Quién del bizarro General, que á todos De constancia y valor era alto ejemplo, Pintar podría la intrepidez heroica MANUEL PARDO DE ANDRADE 287 Con que entre espesas nubes de metralla Animando su gente, Sin que solo un instante Se mudara el color de su semblante? ¿Quién de los valerosos oficiales Y sus bravos soldados dignamente Podrá cantar las alabanzas justas Que mereció este día su constancia, Su arrojo, su lealtad, su fortaleza. Su loable obediencia y su destreza? De la plaza y ciudad desalojados. Después de una obstinada resistencia, En que á nuestros guerreros Doblaron y rindieron los aceros Los más fuertes campeones de Bretaña, Al Gatillo se acogen los vencidos, A do furiosos nuestros bravos corren, Y como tigres forcejando se asen Del puente levadizo á las cadenas Por subir con presteza, sin que baste A detener su nacional fiereza El volcán de la gruesa artillería Que el horror y la muerte iba anunciando, Y su cruel decreto ejecutando. Ni del combate en el ardor reparan, Que el estandarte blanco se enarbola Treguas pidiendo el fuerte: Y en tan dichosa suerte A sangre y fuego al enemigo obligan A enarbolar de España la bandera. M 288 ANTOLOGÍA Rendir la plaza y entregarse todos A discreción del Jefe victorioso Que es con el enemigo generoso. Así de la jornada venturosa En que recobró heroicamente La Capital hermosa Del Paraguay, los prósperos sucesos Terminaron en bien: así á la gloria Con tal feliz victoria Elevaron su nombre y sus acciones Aquellos escuadrones Que el inmortal Liniers conducir supo Con tal feliz acierto y tal ventura En un río bloqueado, Por terreno fragoso y despoblado, En medio de estación tan rigurosa A una empresa arriesgada, Digna de ser cantada Por el clarín de Clio, que sonoro Grave en láminas de oro La lealtad española, el celo ardiente De Liniers y su gente. Por la gloria del Rey y de la Patria. Si, ¡ bizarros campeones ! vuestro nombre Eterno durará, y al par de aquellos Compañeros de Ercilla, Que fueron de ese mundo maravilla, Viviréis inmortales, MANUEL PARDO DE ANDRADE 289 Grabando en los anales Vuestros hechos la historia Para que se eternice su memoria. Y tú, Jefe glorioso, Que al inglés atrevido y orgulloso Solo con presentarte lo venciste, Pueda la hispana gente Ceñir con el laurel tu heroica frente, Mientras que ya la voladora Fama De reglón en región tu nombre aclama. CANTO * Musas divinas del sagrado coro, Talía amada, á quien rendido invoco; Vuestro socorro humildemente imploro, Y de vuestra piedad las puertas toco. Franquead á mi indigencia el gran tesoro De vuestras liras, que yo os provoco En un asunto en el que, á hallarse solo. Débil se contemplara el mismo Apolo. La pérdida infeliz y lastimosa De Buenos Aires, hoy cantar intento ; * Manusc. núm. 3860 de la B. N. 290 ANTOLOGÍA Y de la reconquista más gloriosa He de entonar con júbilo y contento. A esta empresa tan ardua y portentosa El patriotismo anima al pensamiento: Auxiliad á mi musa, monte santo, Y acompañen tus liras á mi canto. Soberbio el anglo que los mares bate, Hallándose en el Cabo victorioso. Para que más su fama se dilate Al mar vuelve atrevido y orgulloso. Sus tropas y bajeles á combate, Exitando caudillo valeroso; Igual torrente undoso se desata, y á inundar viene el rio de la Plata. Popham el General de aquesta empresa Una espía destaca vigilante A investigar si puede por sorpresa Esta plaza tomar tan importante. El emisario vuelve con presteza Y así dice á su Jefe vacilante: Al averno podréis rendir, bien creo, Pero no conquistar Montevideo. El anglicano nauta aquesto oyendo Manda que sus fragatas una á una MANUEI, PARDO DE ANDRADB A Buenos Aires viaje, y proa haciendo, Marchan á buscar mejor fortuna; Llegan pues, y las tropas conduciendo A tierra, sin hallar repulsa algfuna. Municiones, pertrechos y soldados En los Quilmes se ven desembarcados. 291 A Buenos Aires esta triste nueva En arma pone aceleradamente, Y el terror que en sí misma envuelta lleva Ciega, ofusca y confunde al más valiente. Escuadrones se forman que en la prueba Muestran ser bultos, por su poca gente, Y con esta milicia mal formada Va el Inspector á resistir la entrada. El anglo, en bien reglados escuadrones Se avanza con valor y con presteza, Y jugando certero sus cañones Nuestra milicia á titubear empieza. Retirarse á mejores posiciones Manda aquel que es jefe á su cabeza ; Y esta voz del terror mal entendida La. retirada convirtió en huida. 8 Todo es ya confusión, horror y espanto ; Cada cual á salvarse solo aspira, 292 ANTOLOGÍA El suspiro, el dolor, la pena, el llanto, Por hombres y mujeres torna y gira; El inglés victorioso mientras tanto Hacia el fuerte se avanza, y no respira Hasta ver esta antigua Babilonia Hecha de su poder triste colonia. Ya Buenos Aires gime prisionera. Ya lamenta su pérdida infelice Y vuelta á Dios en aflicción tan fiera. Con Jeremías suspirando dice : Observad oh buen Dios desde la esfera Que nuestra pena á tu piedad desdice ; Y pues somos Señor el pueblo vuestro, Mirad Vos compasivo el dolor nuestro. 10 Cual pupilo sin padre nos miramos, Nuestras madres cual viudas miserables, A Vos nuestros clamores elevamos En nuestras aflicciones lamentables. Cautivos nuestros hijos hoy lloramos Y oímos sus gemidos espantables ; Con sollozos suspira el niño hambriento, Y tristes carecemos del sustento, II Los himnos de alegría que contentos L,os jóvenes festivos entonaron MANUEI, PARDO DE ANDRADE 293 Con gemidos, suspiros y lamentos Hoy miserablemente se trocaron En angustias, pesares y tormentos ; La corona de honor y de grandeza A nuestros pies cayó de la cabeza. 12 ¿Y quien, Dios, de tanta angustia y pena? Y de la servidumbre en que nos vemos. Ha de romper los grillos y cadenas Si tu piedad Señor no merecemos? Más, si vuestra justicia así lo ordena, A ella humildes Señor nos sometemos : Nuestras culpas así habéis castigado; ¡ Ay de nosotros, pues, que hemos pecado ! Así aquel pueblo triste se quejaba Su pérdida infelice lamentando, Cuando el Dios de piedad escogitaba Quien lo librase, al anglo castigando; Y al arrepentimiento que mostraba, De esta suerte contesta suave y blando: — Conmovido á piedad de tí me veo. A librarte irá Montevideo. Pueblo desde hoy feliz con justa gloria Pues Dios á tanta empresa te ha elegido 294 antología ! Eterna de tu nombre la memoria Verás, por tu valor esclarecido. Tú serás en los fastos de la historia De todas las naciones aplaudido ; El orbe admirará tan gran proeza De un pueblecito que á existir empieza. 15 Montevideo ilustre, noble, invicto, Apenas la noticia se le imparte De estar su capital en tal conflicto. Cuando sus hijos dan envidia á Marte ; Se ofrecen á salvar el pueblo aflicto, Y cada cual se esmera por su parte; Con una heroicidad jamás oida Sacrifican sus bienes y aun su vida. 16 Los belígeros nautas, los marinos, En los que es el valor naturaleza. De los primeros son valientes, finos. Que la jornada piden con braveza. Siguen sus huellas los demás vecinos Imitando el ardor plebe y nobleza : Al eco de su voz tiembla la tierra; Arma ! arma ! grita el pueblo, guerra ! guerra ! 17 El anciano más débil presuroso Corre á tomar las armas á porfía. VI ,íi« ■■«■ "-lUI MANUEL PARDO DB ANDRADK Al joven más robusto y animoso Compite con ardor y valentía: Abandona el pudiente su reposo, Y el regalo y placer en que yacía ; ¿Quién vio jamás tan noble patriotismo? Su parangón tendrá solo en sí mismo. i8 Si el gobierno prudente no templara El ímpetu del pueblo belicoso, Desierto en este lance se quedara De sus heroicos hijos valerosos; Pues al que la obediencia lo separa De hallarse en los ataques peligrosos, Su fortuna infeliz triste lamenta Y la obediencia tiene por afrenta. Aquellos generosos ciudadanos Que ejercer no pudieron su braveza A favor de soldados y paisanos, Sus caudales prodigan con largueza; La liberalidad se ve en sus manos, Y en su pecho el valor y fortaleza ; Ceres y Marte en ellos competían, Y ellos á Marte y Ceres excedían. 20 El Ilustre Cabildo y hacendados Cuantiosos donativos ofrecieron 295 296 ANTOLOGÍA Con los que las milicias y soldados A su costa en campaña sosttfvieron ; De su alto patriotismo entusiasmados - Eternizar sus glorias merecieron; No hubo patriota en fin, que no tuviera Acción gloriosa que lo distinguiera. 21 Nuestro glorioso Jefe vigilante Arregló las milicias y escuadrones, Y con celo incansable é incesante Un Argos es en todas las funciones; Con ánimo invencible y arrogante Dirige á un tiempo dos bravas acciones, Aguarda al enemigo que se avista Y emprende en otra parte una conquista. 22 Prevenciones, pertrechos, municiones, Con todo lo preciso y conducente, Del Fijo, de milicias y dragones Se alista y forma un escuadrón de gente ; Cien voluntarios más ó cien Miñones Se agregan á este ejército valiente. Todo, en fin, un puñado de hombres era, Pero cada soldado era una fiera. i 23 De este ejército bravo y valeroso A otro mejor Turena se da el mando, MANUEL PARDO DE ANDRADE Cuyo espíritu altivo y generoso El mismo don guerrero está emulando; De España el pabellón siempre glorioso Va el invicto caudillo tremolando. Su ejército le signe con la gloria De que en I,iniers ya lleva la victoria. 24 I/Os hijos de Neptuno prodigiosos De bajeles pequeños previniendo Una escuadrilla, marchan presurosos El terror y la muerte conduciendo : A los mares y vientos tempestuosos Se ensayan á vencer por ir venciendo, Y al esfuerzo naval de sus alientos Se rinden aun sus mismos elementos. 297 35 A estos guerreros fuertes y leales Un Don Juan de la Concha los preside, Cuyo valor y espíritu marciales Con el talento y la prudencia mide. Trofeos y laureles inmortales Y ganar valeroso se despide, I,eva la escuadra y veloce parte Con estos hijos de Belona y Marte. 26 Nuestras fuerzas terrestres y de mar En la Colonia se unen, y al instante, 298 ANTOI^OGÍA Con el cañón la seña de embarcar, Da el General astuto y vigilante. Da á la vela la escuadra y va á tomar El puerto de las Conchas importante, Llegan á él, y con presteza extraña Nuestro ejército pisa la campaña. i.? i" 27 Municiones, pertrechos, tren volante Desembarcando todo con presteza. Nuestro valiente ejército arrogante Su marcha á Buenos Aires endereza. De la marina el jefe y comandante Sus tropas desembarca, y con firmeza Sigue y refuerza nuestros batallones Con aquella escuadrilla de leones. 28 La triste Buenos Aires que gimiendo Su duro cautiverio se lamenta, Este auxilio con júbilo sabiendo Su valor y nobleza antigua alienta; De secreto se alarma, previniendo La más justa venganza de su afrenta. Siempre fiel, siempre leal y esclarecida Fué nuestra capital, aunque oprimida, 29 De la paz en el ocio sumergido De Buenos Aires el valor dormía. MANUEL, PARDO DE ANDRADE 299 1 Y al golpe inesperado recibido De su letargo recordó este día; Recuerda cual león enfurecido A castigar del anglo la osadía, Y hacerle ver que el triunfo no lograra Si antes de acometerlo recordara. De patriotas guerreros y leales Un escuadrón se forma prontamente, Y á unirse á nuestro ejército en sus reales Activo se destaca y diligente; Los vecinos pudientes sus caudales Prodigan á favor de nuestra gente, Obra aquí el patriotismo cuanto puede, Y hombre hay que á lo posible excede. 31 lyos Valencia, los Nuñez, Pueirredones, De honor y de valor ejemplo dieron, l/os CoUs, Oyuelas, Castillones, A sí mismos valientes excedieron. Todos estos insignes campeones De un Barragana que envidiar tuvieron. El que sus hechos bravo, activo y fuerte, Con su sangre rubrica y con su muerte. j 32 De todo el anglo la noticia tiene, Y activo siempre en sus operaciones ■M j 300 antología Con la mayor presteza se previene Tomando las debidas precauciones; Los puestos fortifica y los sostiene, Abocando á las calles los cañones, De artillería el fuerte guarnecido Un espía denotaba embravecido. 33 De soldados valientes y aguerridos Refuerzo á Beresford Popham envía, lyos que hechos á vencer, no á ser vencidos, Con ansia esperan del ataque el día, Nuestro ejército en tanto á los egidos De aquella capital llegado había, Y acampados allí los escuadrones Se da principio á las operaciones. 34 Nuestro invicto caudillo al punto pasa Un oficio, en que al anglo va intimando lya entrega y rendición de aquella plaza Que gimiendo cautiva está á su mando. Beresford animoso lo rechaza Con otro oficio al nuestro contestando: Protesta en él, la sostendrá atrevido Hasta verse á cenizas reducido. 35 El valiente Liniers, segundo Marte, La briosa respuesta habiendo oído, L "S^ I MANUEL PARDO DE ANDRADE 301 Al arma toca y como un rayo parte De su terrible ejército seguido. Un trozo de enemigos, tiene parte, Que en el Retiro está fortalecido: Llegan allí las tropas, y severo Principia Marte á ensangrentar su acero. 36 Suena el clarín, herido el parque gime, Volcanes largan las volantes piezas, Y del incendio que el cañón exprime Los enemigos fueron las pavesas. Fuerte el bravo español la espada esgrime Segando de los anglos las cabezas; Su intrepidez fué tal que no supieron Si primero atacaron ó vencieron. 37 A Beresford el tiroteo avisa El riesgo de los suyos inminente, Y con planta veloz, nada remisa, A su socorro marcha diligente. Llega al Retiro, y aun no bien lo pisa. Cuando el estrago llora de su gente. Nuestra bien diríjida artillería A los anglos en trozos dividía 38 Ministro activo de la parca fiera Las fraguas de Vulcano gobernando, i m hi 302 ANTOLOGÍA Hizo Agustini que el inglés huyera Sus huestes á balazos destrozando. Nuestro ejército andante lo siguiera, Pues por ir en su alcance está clamando ; Pero prudente el Jefe les previene Que el día espira, y que la noche viene. 39 Los valientes Miñones repartidos En pequeñas patrullas se avanzaban, No escapando de ser muertos ó heridos Todos cuantos ingleses encontraban; Y anhelando por verlos destruidos L/OS piquetes y guardias avanzaban, Su intrepidez, valor y valentía Apresura el ataque al otro día. 40 De Agosto el día trece se contaba Cuando á las diez del día fué avisado Nuestro caudillo, que el inglés se hallaba De los bravos Miñones atacado. Previene el riesgo en que esta tropa estaba Y á sostenerla marcha apresurado. La acción furioso nuestro campo apoya; Aquí empieza la lid; aquí fué Troya. 41 Nuestro ejército en trozos dividido Por varios puntos el ataque emprende ir ti MANUEL PARDO DE ANDRADE 303 En los que el anglo está fortalecido Con el cañón y obús que le defiende, Por cuyas bocas Marte enfurecido La tierra abraza y á la esfera enciende. La metralla y las balas que llovían Tempestad de granizo parecían. 42 Los bravos españoles animosos Por sobre los volcanes se arrojaban, Ya por acometer más presurosos Con las manos las balas apartaban. A los tristes bretones hacen trozos, Y solo con mirarlos los mataban. Un hércules tebano en aquel día Hasta el menor soldado parecía. 43 El pueblo se entusiasma de tal suerte Que aun la feroz Esparta admiraría Al ver como entre el fuego, horror y muerte El más tierno rapaz se introducía. Mejor Thalestris animosa y fuerte Furiosa peleando allí vería; Vería una fortísima amazona Causando envidia á Palas y Belona. 44 Las furias desatadas del averno Por las calles giraban este día. H 304 ANTOLOGÍA Y Aqueronte en la barca hacia el Infierno A montones los anglos conducía. Buenos Aires el caos sempiterno Entre el fuego y el humo parecía, ha horrible confusión de Babilonia Cifró este día en sí nuestra Colonia. 45 De los leones de España perseguidos lyos anglos á la plaza se acogieron, En donde del cañón favorecidos Los últimos esfuerzos exprimieron. Ocupan los terrados y escondidos Vencer en emboscada presumieron, Pero muertos, heridos, destrozados, En sus ruinas quedaron emboscados. 46 Hecho firme en la plaza el anglo altivo El combate sostiene con porfía, Y á los nuestros abraza el fuego vivo De su gruesa y temible artillería; El invicto español mucho incentivo Recibe con la sangre que vertía, Sobre el cañón se arroja hecho una fiera Y el pecho opone al fuego por trinchera. 47 Aquí fué de la lid lo más sangriento, Aquí donde la Parca su guadaña I i --■m : i MANUEL PARDO DE ANDRADE Cansada ya de herir y sin aliento, Para poder matar, la entregó á España. El mismo Marte que lo mira atento Teme del español la furia y saña; El horrible semblante de la muerte Aterra al anglo, y parte huyendo al fuerte. Cual tigres de la Hircania enfurecidos Los nuestros al britano van sig^xiendo, Y á balazos y á golpes repetidos, Los van entre los muertos escondiendo. En el fuerte se. encierran aturdidos. De capitulación la seña haciendo; Pero el bravo español no lo atendía Y al asalto feroz lo acometía. 49 El caudillo español al anglo advierte Que el entregarse á discreción rendido Para evadir el golpe de la muerte Debe tomar por único partido; Beresford se conforma con la suerte, Y da todas las muestras de vencido : Su espada arroja, y con mortal conflicto, Arbola el pabellón de España invicto. Nuestro ejército mira flameando Su bandera brillante y victoriosa, 3P5 ■■i'i.T:^ ->■! : ■ v--^-."^^ *^*-í ; ■ *^.''^ '^1 '■ j(^. U'tt - 306 : ANTOLOGÍA Y á su vista el furor se va aplacando De aquella tropa brava y belicosa. Ya nuestra capital se ve triunfando, Y ya respira libre y orgullosa; Y al anglo altivo deja escarmentado, Triste, abatido, preso y humillado. Ciudad ilustre, fiel, esclarecida. El parabién os doy de una victoria Que en mármoles y bronces esculpida Hará eterno su nombre y su memoria. Esa anglicana sangre en tí vertida Inmortal monumento es de tu gloria; Ella hablará y su lenguaje horrible Os hará respetable, y aun temible. 52 Y vos, segunda Roma, Esparta nueva. Alcázar del valiente Gebuseo, Y aun más que todo como se comprueba Con otra heroicidad Montevideo : ¿Como podré encomiaros hoy en prueba Del mirto elevado con que os veo? Hable por mí tu fama, pues bastante No es el Parnaso á que tus glorias cante. 53 Ruiz, segundo Moisés al pueblo aflicto Del triste cautiverio redimiste JL^--. ,^i<.~.. ,^/¿_,.ij^¡__¡^ i á MANUEL PARDO DE ANDRADE Y de SU libertad heroico, invicto, El móvil principal, el norte fuiste. ¿Qué elogio no vendrá corto y estricto Al mérito gigante que adquiriste? La admiración del orbe solamente Será tu panegírico elocuente. 54 Liniers á quien Pompeyos y Scipiones, Césares y Leónidas envidiaran. Cuando bravo atacando á los bretones, Dentro de Buenos Aires lo miraran Si en tu aplauso nereydas y tritones Sus retorcidas trompas esforzaran. El eco estrepitoso, insuficiente Fuera á aplaudir tu mérito valiente, 55 Vosotras ¡oh matronas valerosas Quienes dando de honor y patriotismo Las pruebas de lealtad más ventajosas, Unisteis la hermosura al heroísmo, Las verdaderas ninfas sois gloriosas Que en sombras adoraba el gentilismo: Nuestra gobernadora con su ejemplo De la fama inmortal os guia al templo. 56 Y vosotros que víctimas leales ^luriendo por la patria conseguisteis 307 ;| 3o8 antología El hacer vuestros nombres inmortales, A costa de la sangre que vertisteis : Recibid, pues de lágrimas raudales Que os tributa aquel pueblo á quien servísteis, Pues con vuestra memoria ahogada en llanto Aquí cesa mi musa de su canto. I ÍNDICE pXginas Proemio. v Noticias biográficas y bibliográficas xvii c antología /uati Manuel Fernández de Agüero y JEchave, Soneto Madrigal l,etrii índice 3" 70 76 83 112 165 170 177 185 187 189 191 194 197 199 200 ¡PAOS. pabellón Español en la fortaleza de Buenos Aires fil día 22 de Enero de 1815 y no haberse puesto otro en mucho tiempo, ni español ni patriota 222 Soneto.— Al Padre Camilo, cuando siendo cen- sor, ofreció en sus periódicos otro drama ti- tvilado: «I^a inocencia en el asilo de la virtud» . 223 Glosa 224 DÉCIMA 226 DÉCIMA. — Defínese al despertador teofilantró- pico 227 Glosa.... , . 228 Soneto. — Descríbese el carácter de los patrio- tas del día . 230 Someto.— A la paz general de la Europa 231 Soneto. — Crítica á la Camila del Censor 232 Soneto 233 Letrilla 234 Glosa. — Al brigadier D. Martín Rodríguez. . . 238 Soneto. — A D. David Silva, elogiando su mé- rito 240 Soneto.— Al mismo individuo 241 Miguel de Belgrano: Rasgo histórico poético, de la valiosa repul- sa que hicieron los Españoles á los ingle- ses desembarcados en el Puerto de Dóminos de la costa de Cantabria el 2 de Agosto de 1800 245 Rasgo poético.— A los habitantes de Buenos Aires, en obsequio del valor y lealtad con que expelieron á los ingleses de la américa meridional 261 Rasgo épico descriptivo de la victoria de Mayo. — Dedicado al Excmo. Señor Don Ber- • nardo O'Higgins director supremo del estado de Chile Buenos Aires 265 Manuel Pardo de Andrade: La reconquista de Buenos Aires, por las armas de S. M. Católica en 12 de» Agosto de • 1806 279 Canto 289 u<^ M II I B " Wf/ /.'i -. — .■■ ANTOLOGÍA DE POETAS ARGENTINOS (tomo II ) antología DE POETAS ARGENTINOS POR JUAN DE LA C. PUIG. «LA PATRIA ES UNA NUEVA MUSA QUB INFLUYE DIVINAMENTE.» Fr. C. J. Rodríguez. «NUESTROS POETAS HAN SIDO LOS SA- CERDOTES DE LA CREENCIA DE MAYO.» /. M. Gutiérrez. ToyAO II -LA REVOLUCIÓN .V. s^r BUENOS AIRBS Editores : MARTIN BIEDMA É HIJO Bolívar N» 535 AÑO DEL Centenario — 1910 WT 'f i¿ II antología DE POETAS ARGENTINOS LA REVOLUCIÓN MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN VICENTE LÓPEZ Y PLANES ESTEBAN DE LUCA JUAN RAMÓN ROJAS EUSEBIO VALDENEGRO Y LEAL 3'798a4 T' ii ■I 1 1 1PP!1|PÍP^^*Í NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y BIBLIOGRÁFICAS T Dr. MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN Se ha enrostrado al movimiento intelectual habido en esta parte del territorio americano, en que se le- vantara la nueva y gloriosa nación Argentina, la po- breza y escasez de mérito de la producción literaria de la época colonial. El cargo recaería sobre el valor de la influencia de la cultura española en estas lejanas comarcas, ape- nas se quisiera encontrar una razón para explicar esc atraso; pero, preferimos aceptar el hecho como indu- bitable, y reconocer, como lo reconoce el Sr. don Mar- celino Menendez y Pelayo (i), que nuestra literatura empieza con la emancipación. Si; nuestra poesía nació con la libertad, demostrando con eso la musa argentina, que: «no quiso ensayar el vuelo de sus alas, mientras no columbró los vastos horizontes del siglo XIX.» (2) Trasunto de aquella situación es la siguiente es- trofa, puesta al frente del primer periódico que se pu- blicó en Buenos Aires, reverdeciendo el antiguo es- plendor de los tipos de la imprenta de los Niños (i) «Antología de poetas hispano-americanos» T. IV, pág. LXXXIX. (2) Don J. M. Gutiérrez. Manuscrito existente en la Biblioteca del Senado Nacional. Núm. i. •( LJ t Expósitos, que eran los que liabian usado los jesuítas en las misiones paraguayas: «Al inocente asido á la cadena La esperanza consuela y acaricia. Suena el hierro en los pies, y dale pena ; Mas canta, confiado en la justicia. En ese primer número del primer periódico argen- tino, el Miércoles i de Abril de 1801, se publicó una poesía que constituyó un acontecimiento literario en la colonia, y mereció una verdadera ovación de aplausos á su autor, el Dr. D. Manuel Lavarden, á quien, según la crónica del mismo periódico: no se le podía negar, ni su claro talento, ni su buen gusto, ni su escogida eru- dición, urbanidad, decoro y, en fin, las prendas más dignas de un literato y mas acreedoras á la estimación y aprecio público. Esta composición, valió á Lavarden el que lo pro- clamasen el primero de los poetas de su tiempo, y, hasta lo llamaran hijo de Apolo, otros poetas como Pre- go de Oliver y Medrano, miembros todos de la Socie- dad Literaria y Patriótica^ que reflejaba, en los nom- bres de sus socios, el hermoso resplandor de las inteli- gencias que prepararon la revolución de Mayo. Don Manuel José de Lavarden nació en Buenos Aires el 9 de Junio de 1754. El señor don Arturo Reynal O'Connor, ha publicado la partida de bautismo de Lavarden, encontrada en la parroquia de Catedral Sud (i), haciendo desaparecer toda duda á este respecto. (i) Los poetíis arg^entinos, pág. 142. 'IWHP "*T"^«IPPW XI El señor don Juan iMaría Gutiérrez, da á Lavarden el nombre de Juan Manuel, y el documento fehaciente nos habla de Manuel José. Hemos visto en la co- lección del señor Gutiérrez, que actualmente forma parte de la Biblioteca del Senado Nacional, varias car- tas autógrafas del poeta, firmadas todas así : Manuel de Lavarden. ¿Son los dos personajes uno mismo, ó se trata del padre y del hijo (como supone el señor Reynal O'Connor) y esto ha servido para confundir al señor Gutiérrez? Creemos que se trata de uno mismo, pues, el nom- bramiento real de Auditor de guerra de la Capitanía General del Rio de la Plata, está extendido á nombre de don Juan Manuel de Lavarden, habiéndolo pro- puesto, para este cargo, el Virrey don Pedro de Ce- vallos, que lo llama Juan Manuel Lavarden, diciendo de él, que era abogado de crédito y conocimiento. Todos los documentos que hablan de la actuación del célebre Lavarden, en el Colegio San Carlos, prue- ban que el poeta y el profesor de 1773 son uno mismo, y que éste es también el autor del notable discurso de 1778, en que el doctor Lavarden impug- nó la tesis sobre el Criterio, sostenida por el alumno D. Manuel de Irigoyen dentro de la teoría carte- siana. El P. Castañeda Vega, nos habla del poeta Lavar- den, recordándolo así: «el relator que fué de la Junta de Temporalidades y Auditor de guerra del ejército reconquistador, al mando de D. Santiago Liniers» (i). (i) «Doña Maria Retazos» núm. lo, del i6 de Agosto de 1821. -np XII í ff Por último, la correspondencia cambiada entre La- varden y el Dr. D. Manuel Basavilbaso, respecto al Siripo, prueba que el autor de este drama es también el mismo Dr. Manuel ^de Lavarden; y la correspon- dencia de Lavarden con el Dr. D. Gregorio Funes, de Córdoba, fechada en 1802, que está suscrita por Ma- nuel de Lavarden y contestada á D. Manuel Joséf de Lavarden, prueba que en todos los casos se trata siempre de la misma persona. En carta de fe- cha 15 de Julio de 1802, dice el Dean, á Lavarden (i): Estudios biográficos y críticos sobre algunos poetas Sud-amerícanos anteriores al siglo XIX». 1865, pag. 113. XXI las ilaciones del poder y de la gloria, el Auditor, el favorito de los Virreyes, el literato aplaudido, abandonó la capital del rio de la Plata y se soterró en un ame- no rincón de la Banda Oriental, estableciéndose en la estancia del Sauce, á inmediaciones del pueblito del Collüy perteneciente á la jurisdicción de la Colonia ». Lo único que está probado es que su muerte ocu- rrió al principio de la revolución, pues el P. Castañeda dice (i) : « .... el Dr. Dn. J. M. Labarden, natural de Bue- nos Aires, Relator que fué de la Junta de Temporali- dades, y Auditor de guerra del ejército reconquistador al mando de Dn. Santiago Liniers. Su claro talento, su escogida erudición, su urbanidad, y en fin las pren- das mas dignas de un literato lo hicieron justamente acreedor á la estimación y aprecio público. Hubiese sido un exelente patriota si la muerte no nos lo hu- biera arrebatado en los principios de la revolución ». Toda la actuación de Lavarden fué colonial, y por lo tanto, correspondía incluirlo en el tomo primero de esta Antología, especialmente dedicado á la Colo- nia. Pero no siendo posible separar las épocas por límites personales infranqueables, hemos tomado á Lavarden como eslabón de continuidad entre las dos épocas que se separan el 25 de Mayo de 1810, por la influencia que él tuvo sobre los demás poetas de entonces, que le sobrevivieron y tuvieron la suerte que él no tuvo, de ser los cantores de la libertad. (i) «Da. María Retazos», No lo del i6 de Agosto de 1821. XXII Dr. Dn. VICENTE LÓPEZ y PLANES El celebrado autor de la Canción Nacional nació en Buenos Aires, el 3 de Mayo de 1787. Como casi todos los hombres de la revolución de Ma^'O tuvo su iniciación guerrera en las gloriosas jornadas de la reconquista, batiéndose contra las tropas invasoras al frente de una de las compañías del batallón de voluntarios Patricios de la que era capitán. Pero su inclinación no era la de las armas, y en cuanto desapareció aquel peligro, el hombre de estu- dio volvió á su bufete de abogado, de donde lo sacó el movimiento revolucionario, para las bancas del Con- greso y los estrados judiciales. Secretario de la Junta del ejército auxiliador en 1810, fué también Secretario del Congreso de Tu- cumán. Después de la caída de Rivadavia, el Congreso qtte aceptó su renuncia nombró á D. Vicente López l'residente interino de la República, el 5 de Julio de 1826 El Dr. López que ya había sido [Ministro del Di- rector Supremo D. Juan Martín Pueyrredón, estaba muy vinculado al grupo más representativo del par- tido directorial, que después degeneró en partido uni- tario; pero había sabido mantenerse ageno á la po- m ^- -rt XXIII lítica de intrigas de la época, mereciendo siempre el respeto y la consideración de sus conciudadanos. Su disidencia de opinión con la Presidencia per- manente fué, pues, una de las cosas que más impu- sieron á la opinión pública en contra de aquélla, sobre todo cuando su actitud llegó á presentar las formas de una contradicción absoluta, renunciando su banca de diputado para, en manera alguna aparecer solida- rizado con la situación, y no inmiscuirse en la lucha demoledora y antipatriótica á que se lanzaban los hombres de los dos bandos. Al recibir la honrosa distinción, de ser elegido en momentos tan difíciles, para encauzar las tendencias descentralizadoras de sus propios amigos y las miras personales del autonomismo de los caudillos que ha- bían hecho feudo las provincias, sabiendo las difi- cultades que tendría que vencer, pensó en el primer momento renunciar el alto cargo, y lo hizo, remi- tiendo al Congreso una nota tan elevada en sus ideas como patriótica en sus sentimientos, en la cual decía: «Esta honra, si bien ha exitado el reconocimiento de mi corazón, ha sacudido en mi alma todos los resortes del juicio, para buscar el contrapeso de las inmensas dificultades que las presentes circunstan- cias me imponen, y para poder llenar aquel concep- to con un éxito favorable. Quisiera no descorrer el velo de estas fatales circunstancias; pero el compro- miso de honor en que se me pone es extraordinario,^ y debo proferir ante el Congreso Nacional y ante XXIV 1 : II i: los pueblos, verdades que pueden ser útiles á mis compatriotas de todos los partidos: Señores repre- sentantes! un gobierno, por el mero hecho de ser electo, no adquiere los inmensos medios de que necesita para desempeñar con suceso los arduos compromisos á que se obliga para con los pueblos. Esos medios los posee la sociedad: son suyos propios; y los dá ó los retira á un gobierno, á proporción de su confianza ó de su desconfianza. Ahora pues, ¿cuál es el estado de la sociedad que se me llama á presidir, para dirigirla y para salvarla de tantos conflictos? «La autoridad á cuyo ejercicio tengo el honor de ser destinado, ha sido disputada hasta aquí con pa- sión en el seno del Congreso, y todavía lo es san- grientamente en algunas provincias. Durante este combate, ambos partidos se han apoderado y distri- buido entre sí todos los medios de gobierno nacio- nal, y los recursos para seguir la guerra contra el imperio del Brasil. El uno tiene bajo su influencia la unión de las provincias que han disentido del sistema anterior, y los recursos de gente necesarios para continuar la guerra. « El otro tiene, bajo las suyas, la unión de las pro- vincias que han sostenido dicho sistema, y los posi- bles recursos del crédito, sin el cual, ó nada puede hacerse, ó hay que echar mano de exacciones tan estériles como violentas. De aquí resulta que, en la actualidad, sin una garantía recíproca que haga á cada partido ceder á la presidencia nacional sus me- dios respectivos de gobierno y de guerra contra el MÉH MI XXV imperio, no puede constituirse esta autoridad de un modo que sea verdaderamente obedecida en todas las provincias, y que corresponde á las extraordinarias necesidades de la época; de modo que el ciudadano destinado á ejercerla no puede llenar sus arduos compromisos. Yo me hallo, señor representante, en este caso. Mi persona sola no puede constituir esa garantía que hoy es el punto de todas las dificul- tades; y desde que hubiese puesto en movimiento las operaciones gubernativas, ya empezarían á fal- tarme los medios que posee el uno ó el otro de los partidos. Ponga cada uno de los Representantes la mano en su corazón, y verá que, si puedo exponer mi quietud por la patria, jamás debo sacrificar la honra que he adquirido á costa de una larga distan- cia de las contiendas políticas». No habiendo sido aceptada la renuncia del Dr. López, declarando el Congreso que : la aceptación de ese cargo, en aquellos momentos, era absolutamente obligatoria para el ciudadano electo, asumió éste el mando el día 7 de Julio. Restaurada la autonomía de la Provincia de Bue- nos Aires y habiendo sido electo Gobernador y Ca- pitán General de ella el coronel Dorrego, apenas éste se recibió del mando, lyópez presentó su renuncia, re- tirándose tranquilamente á la vida privada. Pero al poco tiempo fué llamado á desempeñar la cartera de Hacienda que era la más difícil de atender en aquellos momentos, y el Dr. López accedió á prestar este nuevo servicio á su patria, á pesar de conocer perfectamente I.í XXVI el estado desastroso de sus finanzas, de su crédito y de su moneda. Los sucesos políticos que sobrevinieron después alejaron cada vez más al Dr. López del orden de ideas en que había al principio coincidido con el partido unitario, y el año 1845, ^" plena tiranía, desempeñaba el alto cargo de Presidente de la Cá- mara de Justicia de Buenos Aires. Como poeta, el Dr. López es el representante del elemento más ilustrado de la revolución de Mayo, si bien no resulta el más inspirado ni tampoco el más fecundo. El recuerdo de la gloriosa reconquista le dio tema para componer un canto heroico «El triunfo Argen- tino » que es la mejor de las poesías escritas conme- morando aquellas jornadas. El Sr. Marcelino Menen- dez y Pelayo, á pesar de reconocer el valor histórico de su testimonio y que en ella el poeta ha acertado á ser intérprete del sentimiento unánime y sincero de su pueblo, la clasifica de romanzón interminable y prosaico, (i) Este juicio es de un pesimismo exagerado, y se contradice en cada una de las observaciones de forma que ha apuntado. Olvida el Sr. Menendez y Pelayo que, en la época en que se escribió el «Triunfo Argentino» el ro- mance endecasílabo estaba en gran auge, pues á pesar de su constante repudio hasta entonces, la propia Academia de la lengua fijó esa forma de versifica- (i) Antología de poetas Hlspano-Americanos. Tom. 40 pág. XXVII ción para realizar en ella uno de los primeros tor- neos literarios con que se propuso estimular el es- píritu poético del siglo XIX, y en ella consagró el triunfo de Melendez. El Dr. López escribió ese romance en la época en que Lavarden y Prego de Oliver empuñaban el cetro de la censura literaria en una y otra orilla del Plata, por eso comienza haciendo solemne reconocimiento de esa soberanía indisputada, y con menoscabo de la dignidad de su canto, antepone el pedido de indul- gencia que hace á Lavarden (á quien llama: hijo de Apolo), al de inspiración dirigido á su Musa. La humildad de esta demanda en nada perjudica al poema, sino al autor; pues, ni la forma puede ser más poética, ni los versos en que está hecha pueden ser mejores. El desarrollo de toda la composición está sostenida con dignidad, como el mismo Sr. Me- nendez y Pelayo lo reconoce; abundan en ella las reminiscencias virgilianas á que eran tan inclinados los poetas de entonces. El Olimpo griego es el pro- veedor de divinidades á las cuales invoca el poeta á cada paso; el seudoclásico amaneramiento envuelve á las ideas en expresiones más solemnes que gra- ciosas, y á cada momento tiene uno que preguntarse si aquello está escrito para pueblos del habla caste- llana ó para pueblos de Horacios y Virgilios. El prosaísmo de la composición resulta más de su género que de su forma; pues la narración, que debe ante todo ajustarse á la verdad histórica, ya no puede ser levantada en alas de la imaginación; de modo XXVIII k> 'é I que si la versificación es correcta, el poeta ha rea- lizado el máximum de belleza compatible con el gé- nero. Sin embargo son muchos los trozos que pueden citarse, en que el poeta ha logrado vencer todas esas dificultades y ha vestido á su pensamiento con las mejores galas del lenguaje poético. Entre otros, el siguiente en que pinta el entusiasmo con que el pueblo corría á las armas: La tierna madre en su regazo oprime Y baña con sus lágrimas al hijo Que huye sus brazos y á la lid escapa ; La esposa, el corazón mas afligido A su consorte ofrece en los momentos Que le roba el honor al atractivo De su pálido seno ; el tierno infante Sus brazos cruza, que la vez de grillos Hacen del padre en las rodillas caras, Y se deshace en lúgubres gemidos : Así el hijo, el consorte y aún el padre, Sin dar estima de la sangre al grito Corren al duelo y á los grandes riesgos. Y la siguiente descripción que hace del ataque que llevaron los argentinos al campo de los invasores, im- pecable como acción y colorido: Los oídos Estruendo solo y confusión perciben : El humo en densas nubes de continuo Por todas partes sube, y de los ojos Desaparece el día. Desprendido De las armas el plomo, hiere, mata. Destroza todo, y deja en los gemidos, XXIX En los escombros y trocados miembros, Patentizado su letal destino. Todo es horror lo que á la vista ofrece: La sangre, el fuego, el humo, el estallido, El mas trágico cuadro representan. El bronce horrendo truena: el inaudito Estruendo entre las casas y las calles Por ecos espaciosos repetidos, Multiplica el pavor, el llanto, el luto. Podríamos criticar el pensamiento general de esta poesía, la humildad de entonación, el servilismo que demuestran todas sus expresiones, la falta de mar- cialidad de sus héroes, la vulgaridad de sus acti- tudes más preciadas, y el poco aprovechamiento en fin, de la victoria, para el objetivo político-social que (es de suponer) deseó alcanzar el poeta, fomentando los entusiasmos guerreros del pueblo argentino; pero estos defectos no son de la poesía sino de la educa- ción del poeta, y por lo tanto, reflejos de la cultura colonial, que demuestran : el abandono, el atraso y el avasallamiento en que vivían. Este romance heroico, mejor que ningua otra poe- sía de aquella época, podría servir muy bien de ca- beza de proceso de la civilización española en el Río de la Plata. Conteste el Sr. Menendez y Pelayo, que tan acerbamente la ha juzgado. ¿Qué espíritu alienta sus tendencias, sus anhelos, sus entusiasmos? ¿Qué conocimientos revela? ¿Qué preocupaciones manifiesta? ¿Qué muestra saber? ¿Con qué ríe? y verá cómo, después de este análisis, el poe- XXX 1 1 ma le parece mejor, y sobre todo, podrá entonces apre- ciar la magnitud del cambio realizado en el espíritu pú- blico de este pueblo, en el corto lapso de tiempo que hay entre la fecha de los versos del poema heroico y la de las estrofas del himno con que el mismo poeta saludó su libertad. Refiriéndose á este último dice D. J. M. Gutiérrez: « Favorecidas nuestras armas por la victoria, era nece- sario recordar al pueblo los triunfos alcanzados en ambas margenes del Plata y en los extremos de la República, confortarle en la esperanza de nuevas glorias y anatematizar al enemigo que resistía el torrente de la opinión argentina». « Para lograr estos fines, la asamblea, que tanto contribuyó con sus sabias y audaces determinaciones á preparar la independencia, apeló al talento y al patriotismo del P. Rodríguez y del Dr. D. Vicente López, invitándolos á componer un canto popular que alentase á nuestros soldados en la pelea y mantuviese en el pecho de todos los ciudadanos el entusiasmo de la libertad». «En la sesión que tuvo aquel cuerpo nacional el día II de Mayo de 1813, se leyeron ambas produc- ciones y la de López fué declarada solenmemente como la «Única canción de las Provincias Unidas». Por desgracia no se dio á luz en el « Redactor » el acta de la sesión de aquel día, é ignoramos por con- siguiente las circunstancias y los votos emitidos en aquel acto en que los Representantes del país, com- prendiendo la influencia y el poder de la harmonía XXXI y del estro sobre las multitudes, se constituyen jueces en un certamen poético con el fin de añadir una fuerza más á los empeños de la revolución». « La primera edición de la Canción Nacional se hizo en 14 de Mayo de 1813, en papel y formato de la «Gaceta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires» y con tipos de la imprenta de Niños Expósitos, bajo el título de «Marcha Patriótica»: ignoramos si en las fiestas de aquel año se cantó ya con la música que conocemos, en cuyo caso habría que admirar en el maestro Blas Pareda que la compuso é instrumentó, no solo el acierto. sino la prontitud en su desempe- ño», (i) Si es verdad que al escribir el «Triunfo Argenti- no» el Dr. López no tenía aun títulos para presen- tarse á las puertas de los templos de Clio y de Ca- líope haciendo resonar su plectro de oro ó su trompa de bronce con las notas marciales de su canto, y por ello se veía obligado á requerir la benevolencia del hijo de Apolo^ en cambio, á partir de este día, su nombre vivirá eternamente grabado en el frontispicio de esos mismos templos, como inspirado autor del canto que resume las creencias, las glorias y los ideales de la patria. No necesitamos contestar al ilustrado Sr. Menen- dez y Pelayo su desgraciada crítica del Himno Na- cional. Los himnos de las naciones no se discuten, ni literariamente ni de ningún otro modo. ]\Iucho me- co Rev. del Río de la Plata. Vol. 2 pág. 571 XXXII nos puede ensayarse esa discusión por el pueblo que más mortificado resulta por su espíritu, sus frases y sus recuerdos. El Dr. López es también el cantor de la victoria de Suipacha, que fué el primer triunfo de las armas argentinas alcanzado el mismo año del estallido de la revolución. Esta oda, compuesta en estrofas regulares de seis versos cada una, endecasílabos y eptasílabos combi- nados, es muy clásica en su forma, muy cuidada en su lenguaje y muy moderada en su entonación ; pero marca una diferencia muy notable en el estro del poeta con respecto á las poesías de fecha anterior. Ya no aparece aquí en danza ningún personaje de la mitología griega, sino las sombras de los incas como evocaciones del alma americana, y las ninfas del Río de la Plata como graciosa encarnación del espíritu de estos pueblos. Mirando á las tumbas de la Paz, á Potosí, y á la Plata, le da al héroe el tí- tulo que él acaba de fundar con su victoria, el de compatriota ; y lo saluda, en nombre de toda la Amé- rica, á quien con ese golpe ha libertado. El triunfo de San Martín en las margenes del Maipo volvió á poner la lira en las manos del poeta de la Canción Nacional, que culminando esta vez en su inspiración, compuso dos poesías que son dos jo- yas del parnaso argentino. La primera es la Oda que empieza: ¡ Oh, si hoy mi poderío La esfera de mis votos igualase :J: XXXIII Para cantar el belicoso brío De la legión Maipuana Que hundió en el polvo la soberbia hispana ! Esta composición es bellísima y del más refinado lirismo. Imitando el relato del viaje al país de los Hiperbóreos, que se lee en el himno de Apolo, del lésbico Alceo, el poeta supone que realiza en el carro del sol el giro de su curso diurno, y que, desde allí, va desparramando por el mundo la noticia de la vic- toria de Maipú. Yo entre tanto ocupando Del grande Tauro el hiperbóreo alcázar Y el humilde horizonte atrás dejando, Con ráfagas de lumbre Más vistosas brillara que es costumbre. Mi mente al desplegarse Deliciosos poemas sembraría, Que al leerse por el mundo y meditarse De Maipo la victoria Perpetuasen del mundo en la memoria. Así, dice que llegaría al Cénit, en donde entonando un canto sobrehumano, haría que de todo el orbe se levantara un aplauso unánime á los bravos de Amé- rica. Después celebraría Tu rico suelo que llenó natura De dones abundosos á porfía: Suelo privilegiado Para asilo del mundo destinado. I i ! XXXIV Y después de haber logrado que de todas partes del mundo se levantasen votos entusiastas. Deseando gloria á los independientes Y paz pronta y durable Que á la España negar no sea dable. dando por cumplida su misión dice: Bajaré el gran carro al horizonte, Y celajes de un gusto primoroso Pondrían fin al día Que te ofrecen mis votos patria mía. Pero todavía es mejor la segunda composición ti- tulada «A la batalla de Maipoy>. Su comienzo no puede ser más sencillo, elegante, sentido y digno, tratándose de recordar el contraste sufrido por las armas de la patria en los desfiladeros de Cancha Rayada: Aquella ingrata noche había pasado, Aquella noche que á la patria un grito De dolor arrancara. En seguida pinta la satisfacción del ibero por el efímero triunfo, apuntando rápidamente los sórdidos afanes que aquella jornada debió reanimar en el ánimo de los dominadores de tres siglos; destaca la situación del espíritu público entre los patriotas, de- salentados por aquel contratiempo de su héroe predi- lecto; y, apenas insinúa su desaliento, cuando, en mag- nifico salto lírico, haciéndose eco del redoble de los tam- XXXV bores y presentando la vista del odiado enemigo, elec- triza al lector, cambia el escenario y sostiene el en- tusiasmo con que se asiste al cuadro de la batalla. Magnífico es también el apostrofe con que el poeta realza el valor moral del esfuerzo de los patriotas: ¡ Iberia, Iberia ! ¿ qué haces ?... Hubo un día En que la Asia, la América, la Europa Y la África admiraron lya terrible osadía De tu soberbia y numerosa tropa. Tus glorias fué, que á su cénit llegaron . El curso natural de los Estados Cual de toda humanal magnificencia, Te obliga á irresistible decadencia : ¿ Quieres, insana, combatir los hados ? La descripción de la batalla es realmente patética. La acción se precipita de golpe, sin divagaciones antojadizas, de esas que son tan comunes en estos casos, para conciliar las exigencias de la rima ó re- dondear el giro de un periodo. Así: i El bronco trueno al trueno, el rayo al rayo. El acero al acero, cual responden ! No se puede dar mayor idea de ardimiento, acometi- vidad y lucha que la que encierran estos dos versos; ni se puede dar visión más hermosa que la que, en estos momentos, nos presenta el poeta: La Patria encima de los altos Andes Se alza, y los campos de la lid descubre : Su bello rostro con la mano encubre ; Son ¡ ay ! los riesgos de sus hijos, grandes ! I XXXVI Una de las cosas más difíciles de las odas, cual es, el sostenimiento de su entonación, ha sido admi- rablemente realizada por el Dr. lyópez en esta poe- sía, logrando darle el movimiento necesario á la clase de acción que la motiva, con todo el ardor de los ideales y sentimientos que la impulsan y el sabor sentencioso de sus reiteradas concitaciones pa- cifistas, sin menoscabo de la magnificencia de su es- tilo ni de la nobleza de su lenguaje. Toda la composición está esmaltada con pensa- mientos brillantes en que resplandecen los más nobles ideales, colocados sin esfuerzo, como artísticos broches de luz con que el mims divinior horaciano cerrara cada estrofa. Como último florón de la composición trae los siguientes versos: En lumbre Eterna brille el nombre americano ; Y arrojando al león tras el Océano, Ponga América el pie sobre la cumbre. Los sonetos que compuso á la muerte del general Belgrano, y el soneto elegiaco con motivo del falle- cimiento del Dr. D. Matías Patrón, lo mismo que la oda á D. Bartolomé Muñoz, demuestran el dominio que tenía el Dr. López de las distintas formas de la versificación, y su inclinación á buscar en los secre- tos misterios del ritmo y la armonía los mejores efec- tos para la expresión de sus sentimientos, siempre nobles patrióticos y cristianos. XXXVII CORONEL D. ESTEBAN DE LUCA Esteban de Luca es una de las figuras que sedes- tacancon con tornos más suaves y armoniosos de entre el grupo homérico de los patriotas de la revolución de Mayo. Descendiente de una familia de ilustración y cul- tura tradicionales y heredero, que hacía honor á las nobles energías para el trabajo y amor á lo bello en todas sus manifestaciones, que distingue álos pueblos de la patria del Dante que era la de su padre fué, todo lo que pudo ser en aquel momento supremo de la lucha por la libertad de América, dando á su pa- tria todo el contingente de su talento, su aptitud y sus virtudes. Así, fué: soldado, artesano, fundidor, ingeniero y poeta. Nació en Buenos Aires el 2 de Agosto de 1786. (i) Fué alumno del Colegio San Carlos, donde estudió latín con el Dr. D. Pedro Fernández, y filosofía con D. José Joaquín Ruiz, siendo condiscípulo de los que más tarde llegaron á ser: el general D. Tomás Guido, el coronel D. Manuel Dorrego, el respetable D. Patri- cio lyynch y el honorable D. Sebastián Lezica. lya reconquista contó á de Luca en el número de sus más jóvenes é improvisados guerreros, revistando (i) J. M. Gutiérrez. «D. Esteban de Luca, noticias sobre su vida y es- critos» 1877, P^g- 6- w XXXVIII en las filas de la heroica defensa como subteniente de bandera del 3^ batallón de patricios; y la revolución consagró los servicios de su espada, incorporándolo al ejército libertador con el grado de capitán, de la 4^ compañía, del regimiento América, por decreto de la Junta Provisional de 27 de Junio de 1810. Su espada es uno de los primeros aceros que chispean en el am- biente de gloria que envuelve á aquellas jornadas in- mortales; y su lira es la que primero resuena, trasmi- tiendo al orbe el anuncio de la aurora feliz que se iniciaba. Como perlas del más acendrado patriotismo, sus es- trofas han engarzado : la primera execración al yugo español, el primer franco anatema al despotismo de sus reyes, el primer saludo á la emancipación americana, el primer augurio de la felicidad de estos pueblos en el futuro, y el primer llamado al amoroso entusiasmo de las mujeres argentinas. La espada de de Luca es un rayo de luz de aque- lla inmensa aurora; y su musa, es la alondra de la li- bertad. Cuando el general D, Manuel Belgrano fundó la Academia de Afaictnáticas, con el decidido propósito de vincular socialmente unos con otros y regularizar los estudios de los jóvenes, que abandonando las aulas tmiversitarias, ingresaban al ejército, ansiosos de cu- brirse de glorias en la guerra de la independencia, nuestro ilustre poeta y soldado fué uno de los prime- ros en inscribirse como alumno. Y cuando, apurando los recursos de la necesidad más extrema, el entusiasmo ^l'i XXXIX de aquellos hombres inmortales los convirtió de la no- che á la mañana, de comerciantes ó estancieros en fabricantes balas, fusiles y cañones, en armeros, lomi- lleros, fundidores, mecánicos é ingenieros, de Luca fué también alumno de esa escuela práctica del pri- mer arsenal de la patria, completando en ella sus co- nocimientos científicos, hasta llegar á hacerse un ar- mero de primer orden bajo la sabia enseñanza de D. Ángel Monasterio, cuya dirección sustituyó más adelante. El decreto por el que se le nombra Director de la fábrica de armas del Estado, está redactado en térmi- nos encomiásticos poco usuales, lo que prueba el mérito de los servicios de de Luca, dice así: «Si un militar consagrado á la defensa de su país es digno del alto aprecio del gobierno, cuando en campaña cumple hon- rosamente los deberes de su instituto, no es menos acreedor á la gratitud pública el que, fomentando los establecimientos nacionales, descubre con sus talentos y dedicación, medios apreciables de seguridad y de defensa: sobre este principio, y habiendo el sargento mayor graduado D. Esteban Luca, encargado de la fábrica de fusiles de esta capital, presentádome una docena de espadas de caballería como primeros en- sayos de la construcción de esta arma, bajo su direc- ción, cuyo temple y finura haría honor á las fábricas más acreditadas de Europa, igualmente que los fusiles de la primera calidad dirigidos por él mismo, he ve- nido en acordar, se coloquen en la sala de armas de esta Fortaleza á la espectación de los ciudadanos, y ti [^\.\ mí XL que en retribución y justo premio que merece tan dis- tinguido servicio se le condecore al expresado D. Es- teban Luca, con el empleo efectivo de sargento mayor de artillería y el título de Director de la fábrica de armas del Estado, dándole las gracias á nombre de la patria». Con este motivo dice D. J. M. Gutiérrez: (i) «Para apreciar la importancia de estos servicios es necesario echar la vista al estado en que se encon- traba el país en aquella época. La guerra de la independencia estaba comprometida con la derrota de Sipe-Sipe y sus consecuencias. El ejército al mando de Rondeau, reclamaba auxilio de soldados y de armas. El del general San Martín co- menzaba á organizarse al pie de los Andes, y los cor- sarios al mando de Brown se disponían á zarpar desde el Río de la Plata. Armas y soldados eran de primera necesidad. La conscripción intentada por el Directorio, podía proporcionar estos últimos: la vena del patriotismo no estaba del todo desangrada en seis años de cons- tantes batallas; pero las armas, elemento tan indispen- sable como el soldado, no se hallaban en venta en los almacenes, ni la pobreza del erario podía tentar á los especuladores para que las introdujesen desde Europa. Así se explica la complacencia del Director al ver las espadas, los fusiles y las pistolas de arzón, que con materiales del país y por manos americanas, se obte- (i) i'D. Esteban de Luca, noticias sobre su vida y escritos». Opúsculo ci- tado, pág. 12. XLI nían en los talleres nacionales, en fueza del empeño y talentos de un hombre fiel á la revolución desde sus primeros pasos. Este importante auxilio que le prestaba el señor Luca, no ha sido tomado en cuenta por nuestros his- toriadores hasta ahora, y es de justicia la reparación de este olvido. El soldado artífice, ha sido eclipsado por el literato y el poeta en la persona del hombre que reunía ambos talentos y calidades; y bajo este segundo aspecto es como realmente se recomienda más ostensiblemente el señor Luca, en los fastos casi inéditos de los esfuerzos intelectuales de nuestra vida independiente». Y entre tanto: en medio del fragor de los hor- nos, del chisporroteo de las fraguas, del ruido de los golpes del martillo sobre los yunques, y del tra- gín febriciente de la usina, la musa del patriotismo descendía del Olimpo é inspiraba al alma enarde- cida de aquel vulcano de ojos azules y cabellos rubios; y al sentir el rumor de los azarosos combates en que la patria jugaba sus destinos, entonaba sus mejo- res cantos al son de las aceradas cuerdas de su lira. Así vemos, que : la heroicidad de los valientes cocha- bambinos lo conmueve. Sigue desde su fábrica las an- helantes peripecias de sus alzamientos varias veces sojuzgados, y poniendo en la suerte de aquel pueblo todos los entusiasmos de su alma, mira como : Por la escarpada sierra Y los amenos valles se derraman ; t i r^ iii XLII y exclama alborozado: íi- i; i» Mil • ■ hf Se siente á su furor temblar la tierra A la voz de Libertad que ellos proclaman. Alze su voz la crítica cuando quiera, para buscar en el sencillo artesonado de esos versos el resabio de la cultura española cuya soberanía institucional se repu- diaba, y en las reglas de la métrica y la eufonía los ma- yores defectos de su píndarico relieve. Los cantos de la guerra no se escriben con el estro conventual de los Luis de León ó los Herrera, sino entre los arrebatos del patriotismo con las ansias desenfrenadas de la gloria. Por eso dice el poeta: Hoy escuela de Marte Es Cochabamba ; cíclopes sus hijos, Que de Vulcano mejorando el arte Entre trabajos duros y prolijos, Activos acicalan las espadas Que dejarán vengadas Del adalid las muertes afrentosas Con que inundó de llanto á las esposas. Kn este género de composiciones el mérito no está en la armonía de los versos, sino en la pureza, en la verdad y en la intensidad del acento con que el poeta se hace eco de la causa popular De los pueblos que aborrecen en sus pechos Al impio forzador de sus derechos. Bien puede decirse que, de este punto de vista, de r XI.III Luca no tiene rival, y que sus poesías son magníficas salutaciones á la patria naciente, desbordantes de amor, de entusiasmo y de alegría. Al caer rendida Montevideo, último baluarte de las autoridades españolas en el Río de la Plata, y ver despejarse el horizonte por el lado del Océano que había pesado tres siglos sobre el progreso de es- tos pueblos con el horrible misterio de sus inmensas soledades, prorrumpe en esta ardiente manifestación de regocijo: «Salve, patria feliz : á la constancia, A la heroica constancia de tus hijos Debes el gran trofeo, la victoria En que miras destruida la arrogancia Del soberbio tirano, que prolijos Tormentos preparaba Al noble defensor de tu alta gloria Qne en los arduos combates te invocaba». Recuerda en forma poética muy sentida la triste condición en que el destino coloca á aquella hermosa ciudad, haciéndola servir de albergue á los opresores; y la compara con la situación de todos los demás pueblo del continente que se aprestan impacientes á la guerra: De la morada de los patrios manes La América entretanto se levanta, Y de los Andes en la exelsa cumbre, Atalaya del mundo, los afanes Ve de sus hijos en la lucha santa: "^^'^T^- "TC «IMii ¡i ií c£ i 4 ' ii * i j'í jl f ' • I I ' ■ I ■ ! 1 X1,IV Ya los mira impacientes Correr tras la enemiga muchedumbre, Como rápidos corren sus torrentes. Contempla á los hijos de América ya vencedores en Méjico, en Caracas, del Austro á los Triones^ y dice: <í¡cual se ctienta su gloria, y cual retumba! conden- sando el pensamiento de la lucha en estos dos sober- bios versos de la más alta y marcial resonancia: «Tres siglos vengan de cadena y llanto, Vueltos los ojos hacia el val de Otumba». El estro de Luca tiene siempre altisonancia, gene- rosidad y gallardía, aun en sus arrebatos más ardien- tes. Su musa es deidad de cumbres, y su lira es de bronce con cuerdas de oro. La victoria de Chacabuco le inspira después la oda que comienza: Entre guerra y venganzas Muertes y horrores, el caudillo ibero. Entre crueles verdugos y acechanzas. Cual Minotauro fiero Con centellanes ojos asombraba De Chile el monte y llano que ocupaba. en la cual, si el estilo es menos brioso, porque la com- posición se resiente por el esfuerzo de la conformación dentro de los moldes del seudoclasicismo de la época, en cambio el pensamiento general es de los más levan- tados y serenos, y su lenguaje muy correcto. , Hablando don J. M. Gutiérrez de esta misma so- brJ f:l XLV briedad y gusto por las buenas formas que distingue á de Luca, y comparándolo con don Juan de la Cruz Várela el más clásico de nuestros poetas, dice: ( i ) «Luca se acerca á este último más que á ningiin otro de sus contemporáneos: tiene el mismo tacto literario y apunta al mismo blanco; pero, á pesar del uniforme que viste Luca, repugna ensangrentar las ruedas de su carro olímpico en la arena de las ba- tallas y se satisface con cantar y aplaudir la victoria desde las alturas de la filosofía que él descubre en las intenciones de la revolución. Este generoso fin jus- tifica para él la sangre derramada para conseguirlo, y no deja de remontar en todas ocasiones á la barba- rie de la conquista y á las injusticias torpes del ré- gimen metropolitano, inculcando por este proceder indirecto una repugnancia reflexiva contra lo añejo y atrasado, en contraste con las perpectivas risueñas de libertad y progreso que vislumbra tras el polvo y hu- mareda de la lucha armada». Como Olmedo asoció su nombre á la fama del ven- cedor de Junín, y Várela comparte de la gloria de Alvear, de Luca ha vinculado su nombre con el del insigne vencedor de Maipo y Chacabuco. Su canto al vencedor de Maipo es magnífico, y á nuestro juicio ésta es una de las mejores de sus poesías. Aquella imagen de la inocente América sentada so- bre la cumbre de los altos Andes, en la región de las (i) J. M. Gutiérrez. Esteban de ITCPff!inp«Mlpp|Hip|l lil| , i ( i6 antología Hurtado Salud gocéis cacique, el fuerte y bravo Que estas playas domina. SlRIPO El Dios de España Te guarde. Di, ¿que buscas, buen soldado? Hurtado (i) Ñuño de Lara, Alcaide de este fuerte Que tendisteis, por vía del engaño, De paz y humanidad, con raro ejemplo. Para tratar con vos, poder me ha dado; El poder que ejercita en el augusto Y siempre invicto nombre del Rey Carlos, Que escuchan ambos polos con respeto, Y con miedo el oriente y el ocaso. Creéis solo vosotros sin resultas. Contra su alteza el cometido agravio, Que los que la crueldad por valor aman Reputarán por tímido lo manso. Ñuño de I^ara quiere convenceros De la justicia de su soberano. Cuyas armas, desde ahora vengadoras, La fiereza y traición autorizaron. Juan Diaz de Solis á vuestras playas. (i) Ñuño de Lara murió en la defensa, pero ha convenido fingirle rlro. MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN 17 Ocultos (i) escondrijos de Leopard o, La sociable cultura os conducía Y humanidad, á bordo de sus naos. Si erais tan inhumanos y feroces, Para no apetecer dones tan claros, Reclamarais entonces los derechos Que queréis que acatemos insultados. Vosotros le llamasteis, y más fácil Procurasteis hacer su desembarco, Para darle alevosos una muerte Propia de la barbarie de estos campos. Y nosotros, en vez de la venganza, Tomamos, más que buenos, vuestro amparo. Los payaguas y agaces lo atestigüen. Mas vosotros mostradnos vuestro pago. Yo lo diré. Gaboto, á quien la suerte Sustituyó este pais por el Catayo, Desembarcó, más cuerdo y cauteloso Finjisteis es tenderle amigos brazos. Mas como las astucias dificultan El escarmiento ajeno en nuestro daño, Cinco años la traición y la perfidia En el cobarde pecho habéis guardado. Supisteis que Gaboto se ausentaba A dar cuenta de si en el mundo anciano, Y que sus prevenciones nos harían De gentes y de víveres escasos. Ya no esperastes. El volcán furioso, (i) En el manuscrito de Lavarden dice: Incultos escondrijos etc. f lll.llflllUJHIin^qil««||||[PPMPiPP> f>l lili l8 ANTOLOGÍA De pérfidos intentos restañados No pudo contenerse. Las astucias, La traición y crueldad, arma tocaron. Un tercio del presidio había salido A forrajear, y yo, por mi mal hado. Huí vuestro furor, con una suerte Que otro dichosa, yo mezquina llamo. Entonces acudisteis á los nuestros. Entre frutos los áspides llevando, Cuando entre las tinieblas .se ocultaba La luz que mete horror á los malvados. Se os franquean las puertas; se abandonan Para que descanséis los lechos blandos; Cada uno por cuidar de su enemigo Acuña las rendijas de su rancho. Ya en silencio, se oían solamente De las silvestres fieras los baladros, Y el sueño se derrama por los miembros Que fatigó quizás vuestro agasajo. Duermen los españoles; mas vosotros Estabais con las fieras desvelados, Con la amistad y el agradecimiento Que os combaten en valde batallando. Del cruel Narangoré el inicuo silvo Por una y otra boca duplicado, Anuncia á nuestra gente y nuestras casas El incendio, la muerte y el estrago. Del herido primero los clamores Avisan del peligro á los incautos. Dudando si es del sueño fantasía íí MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN 19 Quien duerme sin delito descuidado. La muerte presurosa, iba siguiendo Del vencedor cruel los gritos altos, Y postró su guadaña sanguinaria La flor de la nobleza por los campos. Por los campos yacían los valientes Con cien heridas, ya desfigurados; Mas guardando por seña de españoles Los troncos de las picas en las manos. Oviedo que difunto mantenía El bordado pendón, el fuerte Ocampo, El ardiente mancebo Pérez Vargas, De alcurnia heroica generosa hidalgo . . ¿Mas porqué refiriendo la tragedia, Que quizas os deleita, yo me canso? El recuerdo del mal es escarmiento A otro delito, no al de los ingratos. Bien visteis cuan temibles enemigos Son los que habéis aleves insultado. Pues no bastó á vencerlos la sorpresa. La multitud, la noche, ni el letargo. Visteis al grande Lara retirarse Con pequeño escuadrón, á lentos pasos, Y le veréis volver, cual trigre fiero Que de imprudente mano es provocado. Advertidos estad. Un solo medio Os reserva su enojo, conciliaiido La bondad del monarca más piadoso. Con la satisfacción del desacato. Prevenid su furor, reconociendo r I: ' ! V lili 20 ANTOLOGÍA El dominio de un Rey, el más humano, De Carlos el prudente, el invencible, El tres veces piadoso y siempre sabio. No balanceis un punto. Mas felices Seréis y libres, siendo sus vasallos. Que en esa libertad mal entendida, Que os hace de mil males tributarios. Libres os quiere hacer el que pretende A razonables reglas sujetaros. Los subditos de todas las naciones Envidiarán la suerte que os brindamos, Pero si vuestra bárbara fiereza. Si no haber tanto bien jamás gustado, Os le hace baldonar, desde este punto A sufrir su venganza preparaos. SIRIPO En vano, con astuta valentía. Diestros habéis pensado alucinarnos. No nos pusisteis miedo vencedores, Y menos temeremos á un puñado De míseros dispersos, que va huj'endo La inevitable fuerza de los dardos. Superfino es el ardid, cuando nosotros Arrepentidos ya no os acosamos. La muerte de Solis no fué nuestra obra. Los charrúas sin fé la ejecutaron. Bien es verdad que el alevoso ejemplo Habernos ignorantes imitado. Hi MANUKL JOSÉ DE LAVARDKN Disculparle pudiera. Tú bien sabes. Qué motivos tenemos de quejarnos. ¿Nos habéis defendido? Os importaba Guardar los que mirabais como esclavos. Hurtado Sí, con nuestra amistad y bienquerencia Habernos intentado esclavizaros. SlRIPO Las manos, con las armas ocupadas. De amigos nunca habéis podido darnos, Y las altas almenas de los fuertes Asombran la humildad de nuestros ranchos. Los nombres en señal de señorío Habéis á nuestras cosas ya mudado: El paríente del mar, Paraná grande. Es Rio de la Plata; el rico lago Apupen, ya se nombra de Santa Ana. Porque á Sancho del Campo le agradaron Sus buenos-aires, este nombre llevan Las fértiles orillas . . . 21 HURTADO (le interrumpe indignado ) No con falsos Y aparentes pretestos se disfraza La hazaña fementida. Esos dictados. Nuestro descubrimiento solo prueban. Porque los que son propios ignoramos. ;i ' kiá !*i. % i •:'í '!f: ú 1.4 'i i I :1 ;' 22 ANTOLOGÍA Por defenderos, mal correspondientes, La cota y espaldar nos han grabado. Armas que hienden son y no cadenas, lyos hierros que os pusimos en las manos, Hicimos nuestros vuestros enemigos, Contra ellos, fortalezas levantamos Que perdisteis vosotros, y mil veces Del peligro y la muerte os libertaron. SIRIPO (suave ) No pretendo escusar el hecho torpe, Injurioso borrón del nombre indiano; Y si nuestros servicios son bastantes A borrar tal afrenta, aseguraos Del homenaje puro y apreciable Que los timbués os hacen voluntarios. No queráis preferir, inadvertidos, La pesada obediencia del \-asallo, Al noble rendimiento del que anhela Con ansiosos ingenuos agasajos Por desmentir de ingrato la ignominia. Mi mano es de la paz firme resguardo. HURTADO (grave) No es tiempo ya de creeros. No hay mas medio: La guerra ó el dominio castellano. 11 I W ... fe MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN 2$ SIRIPO (alterado y después mas tranquilo ) El dominio!. . . Español, mucho propones Y tiempo he menester para acordarlo. En prueba de mis plácidas ideas, Admitirás por hoy nuestro regalo. Mañana volverás, HURTADO (circunspecto ) No: respondedme Sin salir del lugar ó declarados Quedad por enemigos. (Siripo queda pensativo) CAYUMARI (indignado) ¿Pues, Cacique, Escuchas tus agravios sin vengarlos? De odiosa esclavitud oyes sereno Proposiciones? SIRIPO (grave) Basta. Retiraos Quiero quedar yo solo. C AYUMARI (fiero) ¿Que nosotros Podemos estorbarte? Siripo (airado) Yo lo mando ti it;- r 24 ANTOLOGÍA CAYüMARl (como antes ) De esa impaciencia y esa valentía, Usarías mas bien con tus contrarios. SIRIPO (suave ) IMe importa quedar solo Cayumari. A la vista mantente por un rato. ESCENA r- SiRiPo — Hurtado SIRIPO (afable) Con que no ha de haber medio? Los agravios No tendrán algún fin? Hurtado Los enunciados. SlRIPO Mas dime ¿si este día fuera dable, Que nosotros la fé que profesamos Por la vuestra dejásemos, y fuese Mediador de las paces este pacto. La injuria ponderada que os agita No hubierais de olvidar? HURTADO (agradable) Por ese cambio, Yo que con mas rencor os aborresco MANUEL JOSÉ DB LAVARDEN Tildara la memoria de mi agravio. Los heroicos iberos que poseen El valor y piedad en igual grado, Si os atendieron antes como amigos, Os mirarán entonces como hermanos. Pero ¿ como creerán vuestras palabras? Los modos dulces ya se han apurado, Y ocurrir al severo de las armas. Como á última razón, es necesario. SlRIPO Arte de persuadir será la guerra? Mas que vosotros es vuestro Dios sabio, Que la verdad enseña por arbitrios Que miráis muchas veces como flacos. Una hermosa mujer que á mi dominio. Por camino indirecto, el cielo trajo. De mi convencimiento es dulce causa Y de tu Dios conducto extraordinario. Tu puedes conocerla. La cautiva Que ya de mis terrenos tiene el mando, Y que va á coronar todas mis dichas De la nupcial guirnalda con el lazo. La cautiva española . . . 25 HURTADO (atónito) Que española? ¡Si una que había fué del inhumano Furor de los timbués triste despojo! |i>niimi 26 antología 'fu i\ t h k T SIRIPO Aún v'ive, de mi dicha por encanto. La muy digna Lucía . . . HURTADO ¡Dios piadoso! SIRIPO De mi amor obligada . . HURTADO ¡desgraciado! ¿Esa mujer os ama? SIRIPO (airado) Qué te admira? No soy uno también de los humanos ? De un joven vencedor á las ternezas Que Lucía se rinda será extraño? HURTADO ( disimulando ) Tenéis razón, Cacique, pero cuerdo Debierais despreciarla en este caso. De una indigna mujer, que de su esposo Aún tendido el cadáver sobre el campo, (^alterándose y conteniéndose^ (i MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN En lugar de los gritos funerales Escucha de otra boda alegres cantos, Qué fé habéis de esperar? La fementida, En término tan breve pudo amaros? SIRIPO Para amar un instante solo basta. HURTADO {^finjiendo sonrisa^ Quizás ella os amaba de antemano. 27 SIRIPO Decirlo no podré, si bien es cierto Que ha escuchado mis ruegos sin enfado. Que turbarse, sonreírse suavemente Y su blando mirar, indicios claros Son del fogoso ardor, que en este día (Sea de regocijo eternos años) De su pecho de piedra brotar hizo El choque venturoso de un acaso. Cayumari resuelto y caviloso. De un imprudente celo arrebatado, De mí pensó apartarla. De mis vallas El lado del naciente dejó franco, Para hacerla que huyese sin ser vista De los mios ; mas ella ( afortunado ! ) Amante, agradecida, no se atreve A abandonarme así. Me sale al paso. (Ay de mí cual venía! Nunca el alba 28 ANTOLOGÍA Mil . ^: i:i I :i lil ft i: é ■ : Colores tan hermosos ha pintado ) Descubrían sus ojos celestiales, Que las luces imitan de los astros, Sus ansias interiores. Encendía El fuego del amor sus rojos labios. Una palabra basta. Yo, rendido De su beldad al vencedor agrado. En vano me resisto . . . HURTADO {serio) Bien, Cacique. El tiempo que nos insta no perdamos. Yo quiero quedar cierto. Haced que venga Esa mujer. . . SIRIPO Así es. De ella sabraslo. Yo voy á enviarla aquí para que quedes Confirmado. Proponía mil reparos. Repréndela. Procura disuadirla. Advierte si se pone en embarazo; Mas si en fin se resuelve á declararte. Que es á quien ama lo imposible llano. Ve á decir á los tuyos que el intento De sus nobles fatigas es logrado. {Ihírtado queda aio7tiío) •■ ''■ Tipippir MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN 29 ESCENA 8=^ HURTADO — CAYUMARI CAYUMARI Bien dije yo que Lambaré cobarde Huiría tu valor? HURTADO {aflijido) Me preservaron No sus temores, sí mi desventura. Me ocultó de sus ojos el airado, Terrible cielo, que al estremo punto Su rigor llevar quiere. ¡ Hados ingratos ! CAYUMARI Qué furores te agitan? HURTADO ¡Ay amigo! Novela seré yo de desgraciados. Mi suerte me apartó del venturoso Lugar en que felices espiraron Mis nobles españoles la fortuna, Y sus vueltas traidoras desarmando. Yo solo introducido tierra adentro Quedé, para juguete de los hados. Hados inescrustables, si yo solo Soy de vuestro rigor el justo blanco, Porqué sobre inocentes descargasteis El golpe que al culpado fuera grato ? 3P ANTOLOGÍA ESCENA 9-^ LARA— HURTADO— CAYUMARI P ( ii I Ihi . jjil/ r- LARA ¿Al fin de mi venganza llegó el día? Ay Hurtado ! ¡ qué horribles sobresaltos Has venido á acabar! \ CAYUMARI ¿ Lucía sabe Que su esposo y amante es el enviado ? LARA Al oir que hablaba claro nuestra lengua De quien era se impuso. No hay cristiano Que la entienda como él, y su alegría Ha dicho á la manera del espanto La noticia impensada. . . HURTADO Bien dijiste. Temor es verdadero. CAYUMARI Yo me pasmo MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN HURTADO Cayuínari, ¿ te pasmas ? ¿ Tus lealtades, A su fuga un camino extraordinario No abrieron ? De tu celo compelido, El frente del naciente sin resguardo No pensaste dejar para que huyese? CAYUMARI (atónito) Y á tu noticia puede haber llegado ! HURTADO {furioso) Lucía ... Yo la nombro ? ¡ Quién pudiera Este nombre olvidar! De ira me abrazo. La pérfida te vende. No ha querido Usar de tu bondad. 31 LARA Ahora yo rabio. CAYUMARI Lucía me malquista ! Así mi vida Espone mis favores mal pagando. HURTADO ¡Mujer engañadora! Mira como Huye de mi presencia. CAYUMARI Yo no alcanzo . . . I i i Sí 32 ANTOLOGÍA LARA No lo dudes. Yo he visto que á sus ojos El Cacique no ha sido objeto ingrato. CAYUMARI Me descubre el Cacique .... HURTADO Y se descubre Su boda delincuente apresurando, Para legitimar en algún modo La vergonzosa infamia de tal acto. CAYUMARI {indignado) Así burla Lucía mis anhelos! LARA Mira si mi recelo era infundado. CAYUMARI Juzgaba que fingía LARA No se finge Con tanta propiedad. CAYUMARI {yéndose ) Venga tu agravio. M- MANUBL JOSÉ DE LAVARDEN YARA (yéndose) Y si para arrancarle las entrañas Fuerza te falta, te tendré yo el brazo. HURTADO Vosotros sois testigos de su crimen Y con razón podéis aconsejarlo. Donde andará la infiel? 33 ESCKNA lo'' miranda — hurtado Miranda ¿Porqué ventura No esperada, hijo mió, te restauro ? Ay Dios! si este será de la crueza Y de tamañas cuitas postrer cabo. Y como te olvidaste de I^ucía? Tu finamiento habernos ya llorado. Hurtado (desdeñoso) A bien que las caricias del Cacique En placeres habrán tornado el llanto. Miranda ¿Qué dices infeliz? 34 i antología Hurtado No se me ocultan Las pérfidas ideas . . . Miranda Hurtado ¡Insensato! Del Cacique y Lucía. Su perfidia Los lindes del pudor ha quebrantado. Miranda (triste) Que buen acojimiento la previenes A una mujer del débil sexo lauro, Que por medio á los riesgos de los mares Y el furor de las guerras arrostrando En tu seguida vino encadenada Por tu amor á lugares tan estraños. Hurtado (furioso) Es mujer, es mudable, y es . . . Miranda ¡Con que arte» Las furias del infierno te han cegadol Hurtado Vos estáis inocente. Yo lo creo. Ni como su maldad había de fiaros MANUEI. JOSÉ DE LAVARDEN 35 La pérfida sagaz. Ella temiera En vuestra honra un verdugo necesario. Pues sabed ¡ay de mi! mi amado padre Que el honor de esas canas venerada Abandona Lucía. De Siripo El rendimiento, el ruego, los halagos (Las palabras me ahogan) la seducen, Y su injurioso intento colorando Con título de esposa ... Miranda (indignado) ¿Se resuelve, A condición de que él se haga cristiano, A rendir su beldad á un vil salvaje Horrible y asqueroso? Hurtado (atónito) ¿Vos sabéis su delito? ¿Y la honra vuestra? No, no habréis podido remediarlo. Miranda (indignado) Que aquestas mesmas lumbres de mis ojos Me es mi apreciado honor mucho más caro. Aun no me tiembla el pulso, y á ser cierto Que alguien le amancillase, no mis años Estorbaran mi saña vengativa ... * Yo he sido, solo yo, quien al Cacique La constancia de mi hija ha subyugado. * En el manuscrito de I^varden hay, después de este verso, otro que dice: Pero tales injurias satisfago? 36 ANTOLOGÍA ' i Comienza tu venganza desde luego. Indigno es tolerar agravio tanto. Para estos casos el honor te ciñe El duro acero que te prende al lado. {Con entereza) Mal mirado rapaz, no son mejores Que los buenos Mirandas los Hurtados. {Enternecido) Ingrato! Quien creyera que tu fueses Quien un honor que el sol mucho mas claro Con sospechas indignas atildase! {Miranda hace que se va; Hurtado queda pensativo y humillado?^ ESCENA II» CAYUM ARI — HURTADO — M IR AND A CüYlTMARl (presuroso) Estáis vuestras desgracias esperando? No te detengas mas. Cierta es tu muerte. Habernos todos padecido engaño. Lucía está inocente. El envidioso Lambaré me vendió, y apresurado Corre á instruir al Cacique de quien eres: Tu nombre se murmura ya en el campo. Hurtado (tierno) ¿Lucía está inocente y me aconsejas Que la abandone? !.■ mandbi, josé de la vareen Miranda Cielos, ¿hasta cuando? ¿En que hora tan menguada á luz viniste Hija infeliz de un padre malhadado? Ya es preciso morir. CUYUMARI Aun te detienes? Hurtado Que es huir ¿Ni de quien? ¿Pensáis villano Que soy un hombre solo? A pesar vuestro Hallareis un ejército en mi brazo. CUYUMARI Desesperas amigo. Bien lo piensa. Del campo á la salida yo te aguardo. 32 ESCENA 12» IvUCÍA -HURTADO— MIRANDA LUCÍA (corriendo) ¡Compasivo es mi Dios con una ingrataf ¿Respiras todavía esposo amado? ¿Aun duran mis delicias, dueño mío? Mis lágrimas los cielos apiadaron. ¿Como evitarte á Lambaré sangriento? Te miro y me parece que es milagro. {abriéndole la ropiUá\ 38 ANTOLOGÍA Sin duda te herirían y por eso En venirme á buscar has sido tarde. HURTADO (lloroso) Hiciéronme creer mis camaradas Que murieras la noche del asalto. LUCÍA Que ! ¿Tu lloras mi bien ? ¿Y que la dejas A mi terneza entonces? Los amargos Fenecidos pesares no dilates Que se tomaron gozos en tus brazos. Sí, mi bien. Cuando en dulces soledades De afanes tan crueles recorramos El recuerdo serán del amor nuestro Testimonios que estrechen nuestros lazos. HURTADO ¡o consuelo infeliz! ¡Consuelo estéril, El monstruo del furor has abortado! Más amargo, mi bien, hace este gozo De nuestra desventura el triste plazo. Me perdiste y te pierdo. Ya el Cacique Quien soy sabe. LUCÍA Mi Dios! Más cuando te hallo Constante y amoroso esposo mío, El morir junto á tí será regalo. MANUEL JOSÉ DE IvAVARDEN 39 HURTADO Ello hemos de morir de alguna suerte, Y ya que es fuerza con honor muramos, lyucía, mi l/ucía, muestra el cielo Que ha tomado nuestra honra por su cargo. Me mandó á confortarte. Ten presentes Tu patria y religión, y cuanto te amo. LUCÍA Que! ¿Ya no me conoces? ¿Tu me animas? ¿Dudas que alegre moriré á tu lado ? MIRANDA Que intentáis infelices? HURTADO ¡Dura pena! MIRANDA ¿Quien os cubre los ojos insensatos? ¿Tu deseas morir? ¿Y con tu muerte. Que tu esposa te libre habrás logrado? Morir conseguirás con el tormento De revolver los ojos espirando, Al ver á tu Lucía que la arranca El violento tirano de tus brazos. Y tu te gozarás viendo á tu esposo En tu inocente sangre revolcado, Que al vengativo amante que te oprime De recreo le sirve hecho pedazos. 40 ANTOLOGÍA HURTADO ¡Suerte cruel, ni aun este triste alivio ¿ Tus rigores ostentas sin contrario? Fiel Lucía, mi bien, injustamente Y fuera de lugar desesperamos. Impaciente me aguarda el fuerte Lara. El tercio de García le ha juntado. Yo voy á ser su guía y libertarte De la injusta opresión. Sabrá el tirano Que los justos derechos de los hombres (hace que se va) No pueden tan sin riesgo ser violados. m MIRANDA Marcha, pues, hijo mío. LUCÍA Que! ¿me dejas? HURTADO No es dejarte mi bien. LUCÍA Yo no me aparto De tí. Yo he de seguir tu misma suerte. HURTADO ¿No ves de tu flaqueza el embarazo? Yo vuelvo á libertarte, dueño mío. MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN LUCÍA Por donde has de volver? No nos juntamos Tu ni yo por jamás. No me abandones. MIRANDA Nos pierde esta mujer. No la hagas caso. No el honor de las armas aventures. Ñuño de Lara te estará esperando. Si tu interés al público prefieres, Serás entre traidores numerado. ¿Que se dirá de tí? ¿Como te olvidas Que antes que amante fuiste ciudadano? HURTADO Esto ha de ser. Lucía yo te ofrezco Mostrar que soy tu amante y soy soldado. Ya sufriste lo más, poco te resta. No está muy apartado nuestro campo. MIRANDA ¿Pues en que te detienes? (se va Hurtado corriendo) LUCÍA Yo te sigo. MIRANDA (deteniéndola) ¿Que es lo que vas á hacer? 41 LUCÍA Padre inhumano! 42 ANTOIvOGIA ESCENA 13». MIRANDA —LUCÍA MIRANDA Basta, hija. Tú deliras. ¿Quien te ha visto Descomponerte así? LUCÍA ¡ Cielo sagrado ! ¿Que es lo que me sucede? Ay! infelice! ¿Hurtado en tan funesto desamparo Me abandona? ¿Podrán otros respetos Ser antes que mi amor? ¿Podré yo acaso Posponerle á mi vida? ¿Pues mi esposo No está ligado con iguales pactos? ¿Para esto le seguí? ¿Y así me paga?. , Lo entiendo á mi pesar. El se ha vengado. Y donde iré yo sola, mujer, débil! ¿Que gruta será fúnebre reparo A mi triste orfandad? ¿Los fieros tigres Socorro me darán? Si, serán mansos Cuando un amante, un padre y un esposo Su fiereza les roban despiadados. ¿Pero de quien me quejo? ¿Su venganza No he provocado yo? ¿No es justo pago Aqueste de mi crimen? Yo no he sido Quien con ojos risueños ha mirado, . , , Infiel, á un nuevo amante que tejía MANUEL JOSÉ DE I^AVARDEN Con alevosas y sangrientas manos La guirnalda nupcial, que coronase Mi crimen y mi boda? Es necesario Que la muerte le lave. Morir debo. Yo de mi mesma juez pronuncio el fallo. El amor lo aconseja, honor lo manda. * MIRANDA ¿Tantas penas no bastan? ¿Mis quebrantos Quieres aumentar hija? No apresures Los males que vendrán mal nuestro grado 43 ESCENA .I4^ SIRIPO — después LAMBARÉ — MIRANDA — I,UCf A SIRIPO (furioso) ¿El vil engañador donde se esconde? ¿ Esta es la buena fé de los cristianos? Y tú, si eres mujer, que mas bien creo Que serás un espíritu, que vago Viniste á atormentarme, el merecido Galardón hallarás á tus engaños. LAMBARÉ El español huyó. Tus centinelas Que saliese del campo le dejaron Fingiendo que con nuevas de las paces Volvía presuroso á sus paisanos. * El manuscrito de I,avarden dice : El honor lo aconseja, amor lo manda. 44 ANTOLOGÍA SIRIPO Pues Lambaré tu criminal descuido Ha sido causa de trastorno tanto, Quedaráte la nota de cobarde Si tu mesmo no atiendes al reparo. Redime, que aun es tiempo, tu delito, O teme mi furor. Me has engañado. Elige los timbués mas corredores Alcanza al fugitivo. LAMBARÉ Voy volando. ESCENA 15^ SIRIPO — LUCÍA — MIRANDA LUCÍA Tirano, si pretendes encontrarle No sufran tus temores mas atraso. Yo te enseño el camino. En este pecho Hallarás á mi esposo aposentado. Traspásalo inhumano. No presumas Que su lugar ocupes entretanto Que su imagen la tuya horrible muestra. Es mas breve la senda que te allano. Ve que es llegado un día menos triste En que me sean tus obsequios gratos, Y me harás el mayor si me libertas Del enojo de haberte á tí mirado. x (vase ) «aia MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN 45 MIRANDA ¡Yo no engendré tal hija! Vos la hicisteis, Pues cuidad también de ella, Cielo santo! SIRIPO Ensálzate arrogante. En breve tiempo Ese orgullo feroz verás postrado. Yo sabré hacer de modo que la imagen. Que da á tu corazón valor tamaño. Con horrible semblante se te objete, Y esa sombra vaga y aire vano, Que ande con tristes ayes y gemidos Tu sueño y tu memoria perturbando. 46 antología SÁTIRA * Yo no nací poeta, ni presumo Que con las hojarascas del Parnaso En torno de mi féretro hagan humo. No creo, que he probado por acaso Las virtudes del agria que concibo Que sabe á la pezuña del Pegaso. Mas cuando los agravios apercibo, Que se hacen á mi patria, me preparo Escusa racional en el motivo. Ni que yo espere aplauso será raro Cuando escucho aplaudir por las tabernas De Códros trasandinos el descaro. Oh tú que dignamente nos gobiernas, Culto censor de nuestra policía (i) Si el celo alguna vez con ocio alternas, Y llega por acaso la voz mía A distraer tus graves atenciones. Ensaya tu nativa bizarría. Yo te pido. Señor, que me perdones. Si me atrevo á ocupar en tu defensa. * Estudios Biográficos y críticos sobre algunos poetas Sudamericanos an- teriores al siglo XIX por J. M. Gutiérrez. Tom. 1, pág. 56. El m.s. autó- grafo de I Y tamaños ojazos rodeaba. Hallábase junto á él un estudiante Y respondió de pronto : «Yo me abismo Que aún estéis del autor tan ignorante : Hartas muestras nos da su estilo mismo, La mestiza dicción poco sonora, Pues el, «donde tin enfermo»^ es cholinismo. Las leyes que citando deshonora, El odio á nuestra patria, todo ostenta El tal duque de Nájera do mora, (i) « Ah! », dijo el pelucón, caigo en la cuenta. Yo no sé el poetastro en que se funda, Quítenme ese papel que me revienta. A trabarse volvió la barabúnda; El guarda le pedía por su fuero Y mostraba una cara furibunda. Queríale á revueltas un pulpero Para envolver ají (no sin justicia) Y un boticario entraba de tercero. Métese por los cascos la codicia, Armase una tremenda safacoca, Uno vota, otro llama la justicia ; Mas viendo disputar una bicoca, (i) Había un demente en Buenos Aires, llamado D. José Ortii, que se daba este título de duque de Nájera, y á cuyo nombre se habían hecho correr las décimas satirizadas. (Nota de Don J. M. G.) MANUEl, JOSÉ DE tAVARDEN 53 Y andar muy cerca ya las puñaladas, Un soldado les puso punto en boca, Y enviando de vanguardia dos puñadas Y mostrando en reserva un gran guijarro, Llegó Cor tez y dijo : « camaradas, Yo tomo este papel para un cigarro ». AL PARANÁ (♦) Augusto Paraná, sagrado rio, primogénito ilustre del océano, que en el carro de nácar ( i ) refulgente, tirado de caimanes, recamados de verde, y oro, vas de clima en clima, de región en región, vertiendo franco, suave frescor y pródiga abundancia, tan grato al portugués como al hispano : si el aspecto sañudo de Mavorte, si de Albión los insultos temerarios ( 2 ) asombrando tu candido carácter, retroceder ( 3 ) te hicieron, asustado • El Telégrafo Mercantil, Núm. i, pág. 4, Miércoles i" de Abril de 1801. ( I ) Hay en el Paraná multitud de conchas, que fácilmente se descasca- ran, y muestran un bruñido nácar que puede ser un ramo de industria. I,os paraguayos los emplean en embutidos. ( 2 ) Bloqueo de los ingleses. ( 3 ) No deben olvidar los amigos del país el raro fenómeno de haberse echado menos en los cinco años pasados el ordinario crecimiento del Pa- raná, y las grandes resultas de este acahecimiento con respecto al comercio interior y cria de ganados. De semejante suceso no hay noticia y se ig- nora su causa. El año precedente volvió á su ordinario transborde. 54 ANTOI,OGIA ilti h U á la gruta distante, que decoran perlas nevadas ( i ) ígneos topacios, y en que tienes volcada la urna de oro, ( 2 ) de ondas de plata ( 3 ) siempre rebosando : Si las sencillas ninfas argentinas contigo temerosas profugaron y el peine de carey allí escondieron con que pulsan y sacan sones blandos en liras de cristal, de cuerdas de oro, que os envidian las Deas del Parnaso : Desciende ya dejando la corona de juncos retorcidos, y dejando la banda de silvestre catnalote, (4) pues que ya el ardimiento provocado del heroico español, cambiando el oro por el bronce marcial, ( 5 ) te allana el paso, y para el arduo, intrépido combate, Carlos presta el valor, Jove los rayos . Cerquen tu augusta frente alegres lirios y coronen la popa de tu carro ; las ninfas te acompañen adornadas de guirnaldas, de aromas y amaranto, y altos himnos entonen, con que avisen ( I ) 1/8 laguna Apuper, después Santa Ana, hoy de las Perlas, las ha dado pequeñas en su orilla. El fondo no se ha reconocido. ( 2 ) Nace el Paraná en las minas de oro de los portugueses. ( 3 ) Se alude al nombre del río de la Plata, que le dio el Genoves Gavot impropiamente, no criándose este metal en sus provincias, por lo que de- biera mantener el nombre de río de Solís, del descubridor. ( 4 ) El camelote es un conocido yerbazo que se cria en los remansos del Paraná. ( 5 ) Aprontes navales del Superior Gobierno y Real Consulado de Comer- cio contra los corsarios ingleses. MANUElv JOSÉ DE LAVARDEN 55 tu tránsito á los Dioses tributarios. El Paraguay^ el Uruguay, lo sepan, y se apresuren próvidos y urbanos á salirte al camino, y á porfía, te paren en distancia los caballos, que del mar Patagónico ( i ) trajeron. ; los que ya zabullendo, ya nadando, ostentan su vigor, que mientras llegan lindos céfiros tengan enfrenados. Baja con majestad, reconociendo de tus playas los bosques y los antros. Estiéndete anchuroso, y tus vertientes, dando socorros ( 2 ) á sedientos campos, den idea cabal de tu grandeza. No quede seno que á tu exelsa mano deudor no se confiese. Tú las sales derrites y tú elevas los extractos de fecundos aceites; tú introduces el humor nutritivo, y suavizando el árido terrón, haces que admita, de calor y humedad, fermentos caros. Ceres ( 3 ) de confesar no se desdeña, que á tu grandeza debe sus ornatos. ( 1 ) Hállase en la costa patagónica un marisco, que tiene en su pequefio tamaño, que será de cuatro pulgadas, la bizarra figura de los caballos del carro de Neptuno. Ignoramos si en otras partes los hay de mayor bulto, ó si lo deben á la fecundidad gn'iega. Su cabeza remede con propiedad la del caballo, y la cola torcida acaba en alas como se pinta frecuentemente. (2) La Sociedad Económica tenga por objeto, aunque sea único, inda- gar el nivel de los terrenos, para proporcionar el regadío á nuestros cam- pos, cueste lo que cueste, sino puede ser ahora, para de aquí dos siglos. El terreno sin una piedra se brinda. Conseguido esto vea aquí el pueblo escogido. (3) Indícanse los objetos del periódico y sociedad. 56 ANTOLOGÍA No el ronco caracol, la cornucopia, sirviendo de clarín, venga anunciando tu llegada feliz. Acá tus hijos, hijos en que te gozas, y que á cargo pusiste de unos genios tutelares, que por divisa la bondad tomaron, zéfiros halagüeños ( i ) por honrarte, bullen y te preparan sin descanso perfumados altares, en que brilla la industria popular, triunfales arcos, en que las artes liberales lucen ( 2 ) y enjambre vistosísimo de naos, de incorruptible leño, ( 3 ) que es don tuyo, con banderolas de colores varios aguardándote está. Tú con la pala de plata, las arenas dispersando, su curso facilita. La gran corte en grande gala espera. Ya los sabios, de tu dichoso arribo se prometen muchos conocimientos mas exactos de la admirable historia de tus reinos, (4) y los laureados jóvenes, con cantos dulcísonos de pura poesía, ( 5 ) ( I ) Agricultura. ( 2 ) Buenos Aires. (3) Industria, artes, navegación. ( 4 ) No se sabe á donde llega la riqueza de maderas que poseemos. Cada vez que se registran los montes se tropieza con un portento. Acaba de probarse para curbas el tortuoso tarañé : madera muy dura, tenaz del clavo, ir.uj- ligera y que no arde. ( 5 ) Debe pensarse seriamente en cerrar á las arenas la entrada de los puertos de este rio. » M MANUEL JOSÉ DE LAVARDEN 57 que tus melifluas ninfas, enseñaron aspiran á grabar tu excelso nombre para siempre, del Pindó en los peñascos, donde de hoy más se cantan tus virtudes, y no las iras del furioso Janto. Ven sacro rio, para dar impulso al inspirado ardor ; bajo tu amparo corran, como tus aguas, nuestros versos. No quedarás sin premio ( premio santo ! ) Llevarás guarnecidos de diamantes, y de rojos rubíes, dos retratos, dos rostros divinales, que conmueven : uno de Luisa es, otro de Carlos. Ves ahí, que tan magnífico ornamento transformará en un templo tu palacio; ves ahí para las ninfas argentinas, y su dulce cantar, asuntos gratos. m 58 antología SONETO * Quiero mirar el astro refulgente, En su elevado trono al medio día, Y el fulgor que de allí radiante envía, A oscuras deja mi confusa mente; Pero cuando se abate al occidente, . Por entre velos que la tierra cría. Le observa y forma ya la mente mía, Concepto á su alcanzar correspondiente. Así vos, oh gran Dios, Sol de justicia. Siendo allá en vuestra alteza incomprensible Al limitado morador del suelo, Al ocaso vinisteis, y propicia Vuestra bondad, os muestra perceptible Por entre el rubicundo humano velo. De la colee, de D. J. M. Gutiérrez existente en la Bibl. Nal. i|t! MANUEI. JOSÉ DE LAVARDEN 59 SONETO * A observar alzo presumida frente Al astro luminoso, en alto día, Y halla la oscuridad, mi fantasía, Del mismo resplandor en el torrente. Mi escarmiento le busca en occidente, Y entre vapores que la tierra envía, Se presta fácil á la vista mía, Claro más, cuanto menos refulgente. Así vuestra bondad, Sol de justicia, Al entender humano, inaccesible De tu supremo ser allá en la alteza, Os hizo descender é hizo propicia, Tras velo de mortal naturaleza. Cuanto escondido más, más perceptible. •íDe un cuaderno m. s. de Dn. J. M. Gutiérrez existente en la biblioteca del*Senado Nacional, donde se dice que han sido copiados de un manus- crito original y autógrafo de I.avarden. Han sido publicadas solo las dos cuartetas de este soneto y del anterior por el Sr. Gutiérrez, en su obra : «Estudios biográficos y críticos sobre algunos poetas sudamericanos an- teriores al siglo XIX », 1865, pg. 112. 6o ANTOLOGÍA I A PEPA SOMALO * ACRÓSTICO Por la dama más cabal El orbe todo os aclama, Pues la vocinglera fama, Apologista formal, Sienta que eres sin igual Objeto tan apreciable: Moderada, respetable. Atractiva, liberal ; Luego por un medio tal Os has hecho memorable. Ili Por el margen han de hallar El sujeto más condigno, Para quien mi metro indigno Acabo ahora de impetrar; Salgan pues á analizar Ociosas plumas lo malo: Me dirán que no señalo A la deidad reverente. Lean y verán patente Oblarlo á Pepa Somalo. ( i ) • Esta Señora fué la madre del General D. Tomás Iriarte. ( I ) De un ra. s. de Dn. J. M. Gutiérrez existente en la biblioteca del Senado Nacional. Dr. VICENTE LÓPEZ Y PLANES '■ -.V M: It ! f EL TRIUNFO ARGENTINO * poema heroico :ín memoria de la heroica defensa de buenos aires contra el ejército de i2.000 hombres que le atacaron los días 2 á 6 de julio. BELLÜM IMPORTUNtlM, CIVES; CUM GENTE DEORUM, INVICTISQUE VIRIS GERIMUS: fiUOS NULLA FATIGANT PRf LLIA, NEC VICTI POSSUNT ABSISTERE FERRO. Vire. -Eneida Xl. Hijo de Apolo, (i) tu sublime acento Suspende un tanto, mientra el furor mío. Lanzándolo del pecho, á su sosiego Tomo mi espíritu hora enardecido. * ÍA I/' " '- í.^'üí^ 'i'-. m 64 ANTOLOGÍA Mi trompa es débil, celestial la tuya, Por eso teme el acorrerme Clío; Mas el triunfo alto de mi patria amada, Al alma inspira ardor desconocido ; Déjamelo cantar, deja que ceda Esta vez mi rubor al patriotismo. Grata á mi votos ven, divina usa. Bate tus alas, baja del Olimpo, Y pues enseñas á cantar proezas, Anime tu favor mi plectro tibio. Rayó una aurora (i) en que indignado el cielo Fí lentísimo señor don Santiago I,iniers y Bremond, caballero del orden de San Juan, Brigadier de la Real Armada, Gobernador y Capellán General de las Provincias del Río de la Plata. Exmo. Señor. Cantar el Triunfo Argentino, es cantar las glorias de V. E. El conoci- miento de esta verdad me impele á ofrecer á V. E- esta obrita, pequeño detalle de tan grandes proezas. Mi corazón se penetra de pesar, al ver la debilidad de mis esfuerzos. Ellos no podrán llenar jamás una materia de tanto momento. ¡Cuan sensible me es, que sobreponiéndose tanto las glo- rias de V. E- y de mi patria, á las de Aquiles y Eneas, no se reproduzcan en esta época, á las márgenes del Argentino, aquellos talentos de privile- gio, que supieron sin ejemplar eternizar estos héroes! Sin embargo, seame lícito la satisfacción de haber hecho cuanto podía. Yo no dudo que salien- do este canto bajo la protección de un nombre como el de V. E., será al menos soportable al buen gusto de mis compatriotas. Nuestro Señor guarde la importante vida de V. E. muchos años. Buenos Aires, 21 de Noviembre de 1807. Hxcmo. Señor. B. I,. M. de su V. E. su atento y rendido servidor. Vicente López También está en la obra de Dn. J. T. Medina. Historia y bibliografía de la imprenta, etc., pág. 298/360. (i> El dia 27 de Junio de 1806, en que conquistó la Capital el mayor ge- neral W. Carr. Beresford. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 65 Permitió en desventura que los brillos De Buenos Aires, por sorpresa infausta, Quedaran tristemente obscurecidos. Pero este aciago día, recordando A sus hijos su ser y el poderío Del Dios que fascinados ofendieran. De su felicidad fué el gran principio. Desde entonces sumisos venerando, Del grande Ser los soberanos juicios, Postrados á los pies de los altares, Imploraron con lágrimas su auxilio. No fueron vanos tan humildes votos, Los oyó el cielo y suscitó propicio, Al grande héroe del Sud, (i) nuevo Pelayo, Que supo, como aquel, favorecido De brazo celestial, destruir el trono Que el contemptor de los romanos ritos Osado levantara en este suelo. Sosteniendo su espada el edificio Del culto y religión de nuestros padres. lyibre ya Buenos Aires del abismo De males que su ruina apresuraban. Gozosa vio reflejos peregrinos, Que preparaba á su esplendor el jefe; (i) El señor don Santiago Liniers y Bretnond, General de las fuerzas es- pañolas destinadas á la reconquista de la capital, que la verificó el 12 de Agosto de dicho año . 66 ANTOI.OGÍA u Vio su celo incansable; fué testigo Del alto esfuerzo con que su entusiasmo Emprendió en los vecinos (i) infundirlo. No se engañó el caudillo: halló habitantes Dispuestos á exceder en heroísmo A falanges guerreras que sus vidas Consagraran al bélico ejercicio. Tanto es el fuego que sus almas nutre Que ¡oh! ¡quién lo creyera! el parvulillo No tanto aprende la invención de Cadmo, Cuanto ejercita el movimiento activo Con que el guerrero los cañones juega. El que de Ceres los tesoros ricos Buscando se afanaba; el que en el templo De Palas solo hallaba regocijo ; El que en busca de próspera ventura Siguió las huellas que estampó el fenicio, Miran con odio el plácido sosiego; Las armas buscan; el marcial ruido Es continuo embeleso de sus almas, No teniendo otro anhelo, ni otro ahinco, Que el aprender la militar pericia. Tiende la vista, soberano digno, (i) No habiendo en Buenos Aires sino un pequeño resto de tropas vete- ranas, era necesario reducir el vecindario á cuerpos militares. Esto lo em- prendió el General por medio de enérgicas proclames, con tan felir suceso, que en pocos dias logra ver un ejército, y por momentos hacia progresos. en la táctica y diseiplicina. > u VICENTE LÓPEZ Y PLANKS 67 Honra este suelo por momentos pocos; Ve allí acampado cabe el ancho río Ese ejército grande; vé la veste Militar que los orna; vé el crecido Número de estandartes y banderas; Vé cual se puebla de ordenados tiros El aura conmovida; cual varían Diestramente sus puestos al sonido Del clarín y atambor. ¿Que tropa es esta? Preguntarás, monarca muy benigno. Oh! ínclito Señor, esta no es tropa, Buenos Aires os muestra allí sus hijos: Allí está el labrador, allí el letrado. El comerciante, el artesano, el niño. El moreno y el pardo; aquestos solos. Ese ejército forman tan lucido; Todo es obra Señor de un sacro fuego Que del trémulo anciano al parvulillo, Corriendo en tomo vuestro, pueblo todo lyO ha en ejército heroico convertido. Esta llama feliz la ha fomentado Vuestro vasallo fiel, vuestro caudillo. El ilustre Liniers. En su presencia Se ve á Marte en los pechos argentinos. Este marcial furor irresistible, Auxiliado, Señor, del alto empíreo. Ligará ya con etemal cadena, A vuestro excelso trono, estos dominios. Mas, ¿qué súbito trueno me horroriza? ¿Quién allá con horrísonos bramidos ' 1 iíi. '11 MI ' ■ i llt 68 ANTOLOGÍA Conturba toda la mansión del Orco? ¿Qué fantasma es aquel? ¿O que vestigio? Alecto . . . Alecto ... el pavoroso monstruo, De Plutón y la noche producido, Levanta su cabeza de culebras, Crinada con horror; el lago Estígio, Con ondas espumosas se embrvaece; El Cerbero, con hórridos ladridos Hace templar el Erebo profundo: Así el pavor en tomo del abismo, Súbito esparce el iracundo monstruo, Al ver la capital, al ver sus hijos, Al ver sus habitantes que resisten Con guerrero poder sus maleficios. ¿Será posible, brama, ardiendo en ira, Que solo en este pueblo mi dominio Hollado he de mirar? Yo que á Britania Amié contra él? ¿Que la hayan abatido Podré sufrir? Si miro indiferente Esta victoria y los preparativos Que le concilian eternal sosiego, ¿No se verá ultrajado el poder mió? Si el británico orgullo así se abate, ¿Quién podrá hacer valer ya mi designio De ejercitar mi saña entre los hombres. Turbando el mundo nuevo y el antiguo? No, no es posible; emprenderé de nuevo Rendir á mi furor el argentino. El tartáreo monstruo se resuelve A valerse otra vez del atrevido " i íí VICENTE LÓPEZ Y PLANES 69 Bretón; su cuerpo sanguinoso arrastra Por entre breñas y escarpados riscos, Y llega á Albión; allí distintas formas Toma á la vez, apura el artificio De su pecho infernal, y así enfurecen Al ánglico guerrero sus bramidos: <¿Qué? el trono ilustre de la Gran Bretaña, El templo de una gloria, en tantos siglos Buscada entre la sangre y la fatiga. Verá enlutada con un velo indigno? Una porción de meros habitantes. De Belona en el arte aún no instruidos. Borrará impunemente tanta gloria? Una nación que ha visto hasta el Olimpo Encumbrado su nombre ¿sufrir puede Ser burlada de míseros vecinos? Vosotros sois los célebres britanos Que os gloriáis de haber solos resistido De Napoleón al soberano esfuerzo? Vosotros sois aquellos que habéis dicho A la faz de la Europa, que un britano Es bastante á rendir cuatro argentinos? ¿Qué se ha hecho, pues, vuestro marcial aliento? ¿Donde está que no os veo enfurecidos Iva venganza llevar á aquellos mares? ¿Gomo olvidáis el nombre esclarecido Que Malborough os dio? Los paises cultos Que dirán de Britania?> Más no dijo: Contra la Capital clama la plebe. El comercio, el gobierno hacen lo mismo; ipv ifj- ■í\ 70 antología Se alegra el monstruo del feliz suceso Y raudo baja al infernal Cocito. Retumba todo el hórrido Aqueronte Al tronar de su voz; hienden sus sil \ os Toda el aura letal; llama á la muerte. Al oir la muerte el trueno repetido, Rápida sube en su tremendo carro Que al monstruo guerra ordena conducirlo. Esta con rojo azote, abruma, agita Los rabiosos caballos denegridos, Y el carro guía á do el bretón navega. Los bajeles de Albión el cristalino Océano hienden y espumosa senda Patente dejan por doquier han ido. He ahí que abordan la marcial ribera Y un bosque forman sobre el ancho río. Aqueste amago el español aliento De ningún modo abate; endurecidos A la tierna impresión que ante su vista Tristes cuadros presenta, nuevos bríos Sus ánimos recobran; con faz leda A Marte esperan, pues lo ven propicio. Viendo el ánglico jefe la ensenada Ofrecerle sus playas sin peligro. Las llena diestro con sus vastas haces Y las pone ordenadas en camino. Esta noticia, rápida volando, Por el pueblo discurre, y ya el caudillo A las armas lo llama; en el momento. Por todas calles número infinito wm mm wfm VICENTE LÓPEZ Y PLANES 71 De ilustre juventud á los cuarteles Correr se vé, llevando tras su brío, Tras su heroico valor, tras su entusiasmo, Al natural, al cuarterón y al hijo Del tostado habitante de Etiopía. Entre la muchedumbre, el jefe mismo La bandera tremola, y con semblante De una alma generosa solo digno, Anima y dice que se acerca el anglo Por la segunda vez á ser vencido. No de otra suerte el general hispano Discurre las legiones expresivo. Que cuando el Ganges caudaloso corre Y va tomando de los siete ríos El tributo que plácidos le rinden. ¡Tierno eco de la sangre! ¿Quien deshizo Al tiempo de esta alarma tus impulsos. Que jamás aun el héroe ha resistido Cuando á la guerra y á la muerte marcha ? ¡Almas sensibles! ¡Corazones pios! El pasmo perdonad que me enajena Al pensar en tan alto patriotismo. La tierna madre en su regazo oprime Y baña con sus lágrimas al hijo Que huye sus brazos y á la lid escapa; La esposa, el corazón más afligido A su consorte ofrece, en los momentos Que lo roba el honor al atractivo De su plácido seno; el tierno infante Sus brazos cruza, que la vez de grillos I ' i ' 1 In ilil I i,\ 72 antología Hacen del padre, en las rodillas caras, Y se deshace en lúgubres gemidos: Asi el hijo, el consorte y aun el padre. Sin dar estima de la sangre al grito. Corren al duelo y á los grandes riesgos. El dragón fuerte y el feroz marino; El infante aguerrido, el artillero. El castellano y diestro vizcaino, El asturiano y cántabro invencible. El constante gallego, el temible hijo De Cataluña, el arribeño fuerte, Y el andaluz; se aprestan al conflicto; Los pardos, naturales y morenos Pruebas dan de lealtad y patriotismo; Vuelta triunfante ó féretro glorioso Es del húsar (i) el único partido; El labrador y fiel carabinero Y el cazador, no tardan en su auxilio: Prepárase también ¡oh Buenos Aires! El bélico furor de tus patricios, Y á la lid se disponen: ya están prontas Las falanges guerreras: ¡cuanto brío Y alegría presentan! Ya la marcha (2). Ordena el atambor. Al enemigo Con ansias todos de encontrarlo, corren, Y á vencer ó morir comprometidos. (i) Esta vos abrasa los tres escuadrones de Pueyrredon, Vivas y Nufiei, y el de Migueletes. (2) Ordenadas las tropas después de la alarma del lo de Julio, dispuso el Sr. General que marchasen á sostener el paso de la puente de Calvez, en el Kiacbuelo, distante al Sur de la plaza 3/4 de leg^a. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 73 De sus padres tras sí los votos llevan. ¡Pasmosa intrepidez! ¡Que vaticinio Ofreciste tan próspero á la patria! ¡Oh!, cual mudaste ante los ojos míos La palidez de las matronas indas, Haciendo arder sus rostros amarillos La llama que en sus ánimos prendiste! «Andad, varones, no faltó quien dijo, De esta gran capital habitadores: Ledos marchad, destruid ese enemigo, Que viene á degollar á vuestras hijas, Vuestras esposas, vuestros tiernos niños, Y todo lo que hasta hoy formó el objeto De vuestro amor y paternal cariño. Adiós nuestra esperanza, adiós campeones. Triunfadores volved esclarecidos.» Así por entre annónicas sonatas, A cuyo son marchaba el argentino. Se oyeron resonar aquestos rasgos De algunas heroínas, y festivos Respondían con vivas los guerreros. Así á otras también, cual torbellino. El varonil ejemplo las rebata Y de farda marcial con muy prolijo Cuidado se ornan, y después de armadas. Abandonan su hogar para seguirlos. Mientras el pueblo nuestras tropas dejan. El britano Crawfurd (i) se avanza altivo (i) H1 Coronel Crawfurd que comandaba la primera columna que divisó nuestra Knea y pasó hasta el Miserere. 74 antología Dando prisa y fervor á su columna. Con laurel, que aun no tiene conseguido, Coronado se juzga; ya en batalla Los hispanos lo esperan; ¡con que ahinco, Con que impaciencia anhelan se decida La suerte de sus armas, convencidos De su alto esfuerzo y su sagrada causa! Pero Crawfurd se asombra; ha distinguido La línea fomiidable que la entrada Por la puente le impide; observa activo La inmensa artillería que arrasarlo Pavorosa le amaga, y advertido De sus guerreros, el consejo escucha Que no admite la acción; toma el camino Que al paso de la Esquina recto guía (i) Y sin óbice á puestos escogidos (2) Sus batallones pasa. El jefe hispano, Destaca una legión para batirlos. (3) Hácele ver el célebre momento De alcanzar un renombre distinguido. De hacer patente la verdad cantada Que el río de la Plata, el cristalino Tributo paga á heroicos moradores. Muestra á cada uno todo el regocijo (i) Distante al Sudoeste de la plaza una legua y media, donde no habfa guarnición. (2) A los Cotrales de Miserere, llanura distante al Oeste cerca de media legua. (3) La brigada del señor coronel del ejército don Bernardo de Velazco, compuesta del batallón de vizcaínos, del de arribefios, de poco más de una compañía de veteranos, de cuatro compañías de Miñones; y la brigada del señor coronel Elio, que constaba del batallón de gallegos, etc. ti I 'I II VICENTE LÓPEZ Y PLANES 75 De que se halla animado: á la cabeza De la legión se pone, y hace el signo De partir velozmente á la batalla. Rompen las cajas con marcial ruido; La legión se desprende de su estanza, Y rauda marcha, con el rostro mismo Con que otro tiempo, á encantador recreo. No la sed ni el cansancio apaga el brío De sus pechos fervientes: todo afrontan, Todo afrontar nos hace el patriotismo. Habían apenas el muy luengo espacio Nuestros bravos guerreros ya vencido, Cuando vén á lo lejos parda imbe De polvareda alzarse: ¡el enemigo! ¡ Al arma ! ¡ al arma ! por las tropas se oye, Y á la par que él avanza, crece el grito Y en mejor orden de ponerse tratan. ¿Quién Calíope sacra, al pecho mío Podrá inspirar arrebatante fuego, Para que cante con lenguaje digno La primera expansión de nuestras fuerzas Que al anglicano trastornó designios En que afianzaba su importante empresa? ¿Quién sino tú podrá, que al vate Argivo Enseñaste otro tiempo las hazañas Y los lances con que los muros Ilios Las armas griegas de pavor llenaron? Sí, sacra dea, bajo tus auspicios Voy á cantar aquel primer encuentro De los fuegos britanos y argentinos. I • i, I! Ji ' la II V 4 76 ANTOLOGÍA Luego que el gran Liniers vio ya acercarse El batallón contrario á su recinto, Preparada la línea con presteza, Ordena al artillero dar principio. Súbito truena el horroroso bronce Y arrasa y mata el plomo despedido Cuanto el furor de su carrera encuentra. Cual suele el aquilón, con fiero silvo, Arremeter los más robustos robles, Arrancarlos de raíz embravecidos Y esparcirlos con rabia por los aires Envueltos en violentos torbellinos Y el aura obscurecer con negro polvo: Con furor el cañón aun más activo, Obscurece, retumba, tala, quema, Y todo lo reduce al trance mismo Que si aquellos guerreros en el caos Se hallaran de repente sumergidos. A estrago tan tremendo seguir se oye Un tristísimo y lúgubre alarido De las míseras víctimas que yacen; Y del espanto y del horror transidos. Los tímidos bretones, ya la espalda Principiaron á dar al enemigo. Cuando sus líneas reforzadas miran: Reanima su saña el nuevo auxilio, Y se aferran de nue\-o en el combate. Sostiene con ardor, el argentino, Esta abrumante carga; triunfo solo. Triunfo glorioso anhela embravecido, VICENTE LÓPEZ Y PLANES 77 Cual si mortal no fuera. Pero Jove, Que los bienes, por medios no sabidos, Dispensa al hombre aun más de lo que aspira Cuando de ellos su esfuerzo se hace digno. Preparaba de gloria mas tesoros, Con que este suelo fuese enriquecido. De esta corona en su supremo seno Participaban otros dignos hijos, Y este decreto de cumplirse había. Así fué que un espanto repentino Discurre toda la legión hispana, Al ver la saña con que enfurecido La carga el Anglicano. Ya el desorden Entra en la línea, mas, aquí el caudillo Apura los enérgicos recursos De su denuedo y celo, pero altivo Avanza más y más innúmero hoste, Y le es forzoso abandonar el sitio. No siendo ya posible sostenerlo. Aquel en torno queda poseído De las armas de Albión, gimiendo todo Bajo el más sanguinoso poderío. Vosotros Faunos y Dríadas bellas De esta triste verdad me sois testigos. Vosotros visteis á las dueñas indas, Al temblón viejo, al miserando niño, Y al cautivo infelice, mil querellas De lo íntimo lanzar al alto Olimpo, Al verse todos en el trance duro .^ De sufrir el extremo sacrificio ; y 78 ANTOLOGÍA Vosotros visteis á los dignos héroes De la inmortal Albión, envilecidos Con el estupro, asesinato y robo; Vosotros visteis más . . . ¿pero, qué digo? No quisisteis ver más, no amansillaron Vuestros célicos ojos tantos vicios; Vosotros huísteis á lo más espeso De vuestros esmaltados domicilios, Llevando de aquel campo la alegría Y dejándolo en lloro sumergido. El padre Febo, que mirado había El encuentro feroz, despavorido Sus cabellos agita y se sepulta En las ondas del golfo cristalino. Lanza entonces la noche al rubio día Y el globo entolda con su manto umbrío, Entrónase el pavor y aterra á todos, Pues no se alcanzan los decretos divos. Cree la plebe que torna el malhadado Momento de arrastrar los duros grillos, Que aun acababa de romperles Jove. En este trance doloroso vino A dar nervio á las almas abatidas La briosa legión (i) que había asistido Allá en el puente do á pasar venía Una gruesa falange de enemigos. Sobre las alas del espanto vuela (i) fA brigada del señor coronel del ejército don Cís.ir Balbiani, com- puesta de dragones, patricios, marineros, cántabros, hiísares de Pueyrre- dfin, mijfueletes del Cabildo, y la compañía de Terrada. :; VICENTE LÓPEZ Y PLANES 79 El infausto rumor todo es perdido, Refiere alguna lengua asaz medrosa ; Mas, los campeones de laurel amigos, No hacen alto en lo infausto, solo atienden Al destrozo sangriento que han sufrido Las británicas huestes; aun es tiempo. Se oye que dicen, de poder destruirlos. Este vivo entusiasmo, esta energía, Vigorizan de nuevo al argentino Y ansias le inspira de perder su aliento Contra el tirano, el sanguinario inicuo Y agresor crudo de sus patrios lares. Recibe á esta sazón Balbiani oficio, Con orden que las tropas de su mando Traiga á la plaza, abandonando el sitio. Que llorosa la patria las llamaba. Cifrando en ellas su potente abrigo. No pierde instantes su celoso esfuerzo : Los subalternos llama, y persuasivo. El atrevido empeño les propone De entrar en el momento al centro mismo. Que el pueblo en riesgo . . . De consuno, todos La palabra le embargan y al partido De defender la plaza se deciden. Entrando á todo trance ; aqueste aviso, A los bravos soldados nueva llama En sus pechos enciende enardecidos, A pesar de las sombras pavorosas, Esparcidas por todos los caminos, Do podría repente sorprenderlos ^i¡ . ll i. !'i • Ik ir' .11 1 'V f (il! '-" I t^i 1 .:í 8o ANTOLOGÍA El isleño insidioso, sin ser visto. Tan íntimo es el interés que toman En dar al duelo patrio un pronto alivio, Que aquestos riesgos con valor desprecian Y se meten en ellos vengativos. Pisan serenos el terror )• espanto, Y penetran al centro reunidos. A favor de las sombras, los bretones Su fatiga reparan. No esto mismo IvOS argentinos hacen ; todos ellos De un furor se revisten infinito; La defensa meditan ; nada excusan Oue conduzca á este fin. Con claros brillos Rutila apenas de Titón la esposa, Cuando se une al Alcázar gran gentío A guarnecer los muros y las bocas De fuego preparadas, y un continuo Tumulto armado hacia la plaza corre. A sus entradas, con fervor prolijo, Los mayores cañones se colocan : No así el lago Lerneo defendido Se vio otro tiempo del dragón cruento Que á toda la comarca el exterminio Llevaba en sus flamígeras cabezas. En su atroz garra, en su hálito nocivo. Como el fuerte y la plaza Bonaerense Lo están con los volcanes destructivos De tanto hórrido bronce. En pos de aquesto. La altura toman de los edificios Situados en las calles principales, VICENTE I,ÓPEZ Y PLANES 8i El resto todo, y los esclavos mismos, Que no sin parte en entusiasmo tanto Con fervor piden armas al Cabildo, El bretón aun no ataca; pero el pueblo Arde en deseos de probar su brío: No espera se aproxime; al anglo campo Las partidas se van, y con mil tiros, Ya matan centinelas, ya aprisionan Algunos trozos, que de su distrito Se alejan á robar. Algunos mueren : Más su ardor no trepida. Con tal tino Sus pequeños ataques ejecutan Que el anglo de feroz tan presumido. De su marcial destreza tan pagado, No se atreve á ofrecer su cuerpo al tiro Y, ó da la espalda, ó tímido pelea De los cercos y casas guarecido. Dos veces Febo sobre el horizonte Naciente se ha hecho ver y fugitivo, Y el argentino ejército no cesa De llevar el terror al enemigo. Más, ya el son horroroso se apercibe (i) Del bélico instrumento: he ahí los tiros Que al arma avisan : del terrible Marte Ya el carro estrepitoso es conducido Por el campo y las calles argentinas. Levanta en medio el brazo vengativo (i) I^ mañana del cinco de Julio se apercibió la alarma del enemigo á las seis a. m., j al momento respondió la nuestra, preparándose todos á la batalla. \i 82 ANTOLOGÍA u ffi íi líí La muerte descarnada: horrenda nota En la vasta extensión de ambos partidos A los que dará fin en la batalla. Ya cada jefe con marcial estilo Sus legiones inflama, que con vivas. Responden á sus ecos persuasivos ; He ahí los anglos, el terror y espanto Por las calles llevando: no hay peligro Que á su ciego embestir estorbo sea. En diversas columnas divididos, Por todas partes sus fusiles brillan En torno amenazando el exterminio. Ya se acercan al centro, el centro tocan, Ya los vé y se descubre enardecido El hispano guerrero, y el combate Horroroso principia. Los oidos Estruendo solo y confusión perciben: El humo en densas nubes de continuo Por todas partes sube, y de los ojos Desaparece el día. Desprendido. De las armas el plomo, hiere, mata, Destroza todo, y deja en los gemidos, En los escombros y truncados miembros. Patentizando su letal destino. Todo es horror lo que á la vista ofrece: La sangre, el fuego, el humo, el estallido, El más trágico cuadro representan. El bronce horrendo truena: el inaudito Estruendo entre las casas y las calles Por ecos espaciosos repetidos, ^wm^^^ VICENTE LÓPEZ Y PI^ANES 83 Multiplica el pavor, el llanto, el luto. Se enfurece el bretón con el peligro, Y cadáveres huella y carga osado; Pero más adelante, ó queda herido, O víctima de su ira el alma exhala: El despecho impele otros, y el perdido Puesto recobran sin sentir los ayes Del que yace en los últimos deliquios. Más Tisiphone aquí furiosa vuela Y empapa en sangre el hórrido cuchillo, Una y mil veces: ya su ardor no sacia La sangre que en las calles ha vertido, Asciende á las alturas, y descarga Rápidos golpes contra el argentino. Estos, empero, al monstruo menosprecian, Y recobrando pavorosos bríos. Vengan con muertes mil, una tan solo Que á su vista sufrió cercano amigo. Ya no hay moderación: se precipitan Y con arojo buscan el peligro; Ya indecoroso juzgan mantenerse En ventajosa altura, y este abrigo Al momento abandonan. Como corren Con ímpetu raptor los grandes rios Al despeñarse de los altos Andes. Que rabiosos batiendo con los riscos Mil enormes peñascos arrebatan Y los llevan rodando al precipicio; Así los españoles á las calles Se lanzan con furor, matando invictos, Wíi íi 84 ANTOLOGÍA O haciendo prisionero al anglicano Que encuentran por doquier hacen camino. El viendo inevitable su ruina, Distintas casas gana fugitivo, Y toma sus altas: hasta un templo (i) Profana inicuo por buscar asilo Y ofender de la torre al generoso Denodado argentino, que impelido De ardor sagrado, cabe el templo, un crudo Combate empeña, ansioso de oprimirlo. De allí arrancarlo, y con horrenda muerte El insulto vengar que ha obrado impío. Aproxima el cañón, y con destreza Dispara rayos contra aquel asilo Que ruinoso retiembla; del entorno Se apodera la tropa, que sus tiros Une á los fuegos que el cañón repite. Cual Tifeo el jayán, de quien oimos Que con cien brazos manejaba á un tiempo Y lanzaba sus armas al Olimpo, Extremeciendo el firmamento y tierra Con su empuje potente repetido: Tal cual uno de aquellos combatientes Parece que de brazos infinitos Está dotado: ¡tanta es la presteza. Con que ataca y oprime al enemigo, Y lo vuelve á atacar sin darle aliento! (i) si templo de Santo Domingo, de que se apoderó la brigada del co- ronel Crawlord, y el teniente coronel del 71, Pack, compuesta de cerca de seiscientos hombres. VICENTE tÓPEZ Y PIyANKS 85 El pavoroso estruendo de continuo Lleva el terror hasta el britano oculto; La bala con fragor los escondidos Pechos taladra, y postra sepultados En sangre y polvo á cuantos han subido. Al ver león tanto que vomita estragos El britano trepida, su exterminio Aparece á sus ojos inminente, O en el plomo tronante, ó en los filos De tanta espada y bayoneta aguda. Penetran los caudillos el peligro Sin recurso en que están; se ven aislados, Sin medio alguno de encontrar camino Para ir á unirse con su resto armado: El triste acento del soldado herido, El moverse espantoso del que expira, Los cadáveres muchos esparcidos Por el suelo sagrado, son ejemplos Que amenazan su vida ejecutivos, Y llenan de pavor los pechos todos. Cede al fin su constancia, el edificio Sagrado entre las manos argentinas Arroja de su seno el hoste inicuo Que osado entrara su respeto hollando; Presuroso se rinde y busca asilo A su vida en los jefes españoles. ¡Tanta es la fama de sus pechos píos Estos, al ver propicia á la victoria Tender sus brazos para recibirlos. Olvidando iras, por gozarla humanos, 1)1! :i lí •f" '! 86 ANTOLOGÍA De su memoria apartan el maligno Proceder del contrario, y bien que el robo, La matanza de ancianos infinitos. Del bello sexo el crudo tratamiento, Y en el santuario el crimen cometido Castigo exigen y venganza claman; Lo perdonan, con todo, compasivos. Haciendo ver que en los hispanos pechos Rencor no cabe, ni el sistema impío Jamás se adopta de acabar al hombre Que á la fuerza mayor se da rendido: Tal es su proceder, pues todo el fuego Que en sus pechos ardía en el conflicto, En dulce solo compasión termina: El uno dá sus brazos al herido Y al hospital lo guía cuidadoso: A la prisión los desarmados lleva; Y si alguno este modo da al olvido, Un rígido censor encuentra al punto. Esta es la suerte y el suceso mismo De aquellos que las casas ocuparon: O rindieron su vida al plomo activo, O del hispano prisionero fueron. En este medio, en torno del Retiro (i) Lugar do Buenos Aires otro tiempo Muchas tardes buscara el regocijo, Espectáculo ahora muy diverso El crudo Marte ofrece. El atrevido (i) Plaza al norte de la ciudad sobre la costa del río, distante un cuar to de legua. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 87 Bretón emprende todo, y atacando La ciudad en contomo, no este sitio Perdona su furor: hasta allá intenta Sanguinario llevar el exterminio ; Más, los bravos campeones que lo guardan, Con impávido pecho, rebatirlo, Escarmentarlo juran: empeñados En hacerles sentir el poderío Eterno de las armas españolas, Armas que ha el mundo militar temido. Temblad, temblad, injustos invasores; L/legado ha el triste día, en que al abismo Rodará despeñado vuestro orgullo. Ellos se avanzan contra aquel recinto Y en ráfagas de fuego todo inflaman. Bien así como airado el monstruo lyicio Contra el joven Isthmiaco, arrojaba Una vez y otra su hálito encendido, Y mil lances variando carnicero. Medio alguno no ahorraba por rendirlo; El anglo con ataques continuados Lanzábales de balas cruel granizo, Y entrar tentaba por el humo espeso. La muerte asiste á los hispanos tiros, Y doquier ellos van, allá vuela ella; De su guadaña ensangrentando el filo. Crece el tesón por una y otra parte Y arde en los pechos un volcán activo Que á todos más y más los precipita. En ambos bandos brilla el heroísmo. 88 antología Resplandece el valor: aquellas tropas, Salen fuera de sí, y obran prodigios Sus intrépidos brazos: jamás hubo Acción más obstinada: nunca se hizo Más acertado y más violento fuego. ¡Anglicana nación, cuantos caudillos Ilustres te costó tan crudo choque! Consagra á su memoria tus suspiros, Tu llanto y tu dolor; pues ya no puede Dar más lustre á tus armas su heroísmo. Ellos solos pudieron á tu hueste Animar con su ejemplo en tal conflicto. Do á las armas hispanas toda el aura De horror poblaban con tremendo silvo. No amedrenta esto al valeroso Auchmuty (i) Y armado de ira y de furor regido Grita, embravece, enciende, precipita, Y hollando muertos, y pisando heridos. Lanza por fin sus irritadas tropas En medio de la plaza. El argentino Ve con dolor que á su robusto brazo Un acaso fatal, con no indeciso Impulso, influye á que las armas suelte Y las rinda al bretón; más, su inaudito Valor luchando con la adversa suerte. Emprende hacia la plaza hallar camino. Esto no es ya posible: todo en torno Retemblar hacen los contrarios tiros: (i) S!r Samuel Auchmuty, brigadier inglés, conquistador de Montevideo, que mandaba la columna de dos mil quinientos hombres que atacó este puerto. VICENTE LÓPEZ Y PLANES «9 Todo lo ocupa la legión britana; Gime en tal desventura y cede invicto Al suelo el peso honroso de sus armas. ¿Qué alma sensible habrá que aqueste sitio No riegue con sus lágrimas? ¿Qué duro Pecho hallarse podrá que conmovido De dolor no se encuentre, cuando traiga A la memoria: los varones dignos Que vertieron su sangre en la defensa, En la heroica defensa del Retiro? ¡Oh sacras almas! ¡sobrehumanos héroes! La gloria recogió vuestros suspiros En su seno inmortal: en su almo templo Colocó vuestro nombre: allí esculpido Durará para honor de España toda; La capital á sus futuros hijos Lo enseñará exaltada, y vuestros hechos Servirán á más gloria de incentivo: Sí, varones ilustres, vuestros días De los hijos de Albión fueron castigo; Pero muy más allá vuestro denuedo Durará todavía, aunque el sombrío Sepulcro dé reposo á vuestras dignas Y gloriosas cenizas: allí activo Arderá siempre el fuego, el sacro fuego Que abrazó vuestras almas: allí al niño Sus padres llevarán, y electrizados Le dirán: aquí posa el heroísmo. Al tierno pecho pasará la llama Que alimentó los vuestros, y principio 90 antología m .í % Tendrá allí su valor: he ahí los frutos Que daréis á la patria: he ahí los hijos Que á la patria darán vuestras cenizas Y vosotros, ¡oh! monstruos que el abismo Abortó para oprobio de los hombres: Venid, venid un rato hasta el Retiro Y observad un momento el cuadro horrendo Que allí trazó vuestro furor inicuo. Allí la sangre de mil dignos héroes Hervirá al presentaros: mil castigos Y mil venganzas demandando al cielo Contra vosotros, que sin dar oidos Al clamor de ya inermes prisioneros, Vuestras almas habéis envilecido Quitándoles la vida. Oh culta Europa, ¡Cuanto tu gloria abate el alto abrigo Que halla en tu seno esta nación cruenta! Entretanto que solo este recinto Pávulo daba á la altivez britana, El pueblo vencedor lleno de brío Corría por las calles con la idea De añadir á su triunfo el sacrificio De todo cuanto inglés su suelo hollaba, Sin estar muerto, ó sin estar rendido. Por doquier paso con la fuerza se abren, Y rompen puertas fulminando excidios: Aquí trucidan al que no se rinde, Allí dan suave ley al más sumiso; El falso isleño muchas veces trata De fascinarlos con el artificio iii VICENTE LÓPEZ Y PLANES 91 De falsa rendición: se acercan ellos, Y de perfidia con atroz ludibrio, Envueltos caen en generosa sangre; Más, de ardimiento súbito impelidos. Los compañeros la venganza emprenden, Y de sus armas los agudos filos Alfombras largas á su planta esparcen De ruinas y de miembros divididos. No el sacro rio espectador indemne Es de choque tan crudo : en recios pinos Aborda el anglo la anhelada playa, Y asestando sus fuegos vengativo. Talar amaga fortaleza y templos: Responde aquella con tesón seguido, Y entrambos puestos, lenguas de la muerte. La difunden en torno, en fiero silvo : Las Náyades se aterran, y medrosas Al rededor del venerando rio Le piden las socorra en pena tanta; Tierno las oye, y con fervor divino Al grande Jove aquesta prez dirige : « Oh Padre Eterno, á cuyo poderío Los cielos obedecen y la tierra. Mirad de vuestro asiento este enemigo Que atrepella las leyes más sagradas. De vil codicia el hálito nocivo Solamente los mueve, el cruel sistema De exterminar al que odia sus caprichos Es el deber que su razón conoce. Así al colmo llevando sus delitos. 92 ANTOLOGÍA ! ■ No satisfechos con haber violado Los templos vuestros, del respeto asilo, Mi espalda oprime con navales fuegos, Y al pueblo ataca (empeño prohibido). Terminad pues aquí. Dios soberano. Terminad hoy el ejemplar castigo Que comenzasteis en el campo y calles. Oyólo el gran Ser, y al punto mismo La pérdida decreta del britano. El real fuerte en un globo despedido Introduce el desorden en las naves: Ya sosobrar se veian, cuando activas Los anglos las retiran, escarmiento Llevando en premio de su empeño inicuo. Ventura tan continua, á los hispanos Sirve á esfuerzos mayores de incentivo, Y arremeten briosos las reliquias Que doblar su cerviz aun no han querido : Todo llena de estragos; más, su furia La contiene prudente el gran caudillo : Este varón que nos condujo el cielo Para el bien de la patria, concebido Había una ardua empresa, á cuyo alcance No llegara el soldado ni el vecino El veia cuanta sangre ya vertiera Mucha parte del pueblo, los gemidos Su compasivo espíritu escuchaba De tanta viuda y pobre huerfanillo, Reliquias tristes de la infausta guerra. De allí pasando al anchuroso rio ' I 1' VICENTE IvÓPEZ Y PLANES Bn raudo vuelo hasta Montevideo, Sus habitantes ve que allí afligidos Arrastran bajo el ánglico gobierno Del cautiverio los pesados grillos. Si á estos libertar glorioso aspira, De la sangre preciosa de sus hijos Acrece la efusión que ahorrar quisiera. Pues ejército nuevo le es preciso Ordenar, que conduzca á aquella plaza La lid llevando ante sus muros mismos. Tal catástrofe pues, ¿cómo evitarla, Y romper las cadenas del cautivo Montevideano pueblo? ¿Tanta gloria Realizarse podrá? Su pecho invicto No trepida un momento: en su alta mente La sangre expersa de los argentinos Vale otro tanto que esta gloria vale. « No quiero, dice, acrecentar el rio De ese coral que sobretodo aprecio, Y en estas calles con dolor aun miro: No quiero no, que nazca allá otro alguno En la banda oriental, do de continuo Sus palmas tiende á nos Montevideo : Para esto lo hecho basta : yo os lo digo. Las pequeñas reliquias que aun existen De la falange que nos ha invadido. Sé que están prontas á humillar su frente Al ver de nuestras armas cerca el filo; Más, aspiremos á mayor empresa : Todo su estrago Whitelocke ha visto: 93 i¡ 1 1 í \f h 1 .iii 94 antología El comanda no solo estas legiones, Sujeta está también á su dominio La misma fortaleza San Felipe; Servir hagamos su fatal destino Aquí de paz; allí de reconquista. Si aun permanece en tanto grado altivo, Que aquestas condiciones me deseche, Víctima entonces de vuestro heroísmo Perezca con sus tropas en el suelo Que arrasar intentó sangriento, impío ». Como cuando Minas el Euro rompe, Llevando la iniquidad al mar tranquilo, Y este se encrespa y su cerviz levanta. Crinada con undosos remolinos. Lo vuelven á embestir contrarios vientos, Y ondas y espumas y horrorosos silvos, Y espesas nubes y tronante esfera, Y rayos, aguaceros y granizos El reino de Neptuno averno lo hacen : Este al ver tan turbado su dominio. Majestuoso se eleva, increpa al Euro, Y con su voz y su tridente divo Aplaca el mar, y las sonantes ondas. Cediendo todo á su poder. Lo mismo Obrar se vieron en el pueblo bravo Las sublimes palabras del caudillo Resonando á su entorno alegres vivas: Tanto es amado, tanto obedecido! Escribe al punto en un oficio breve Lo que su labio á los soldados dijo; • u VICENTE LÓPEZ Y PLANES Bnérgico demuestra el cruel estado De las armas britanas; pinta al vivo La bárbara matanza que hará el pueblo Lleno de ira y furor en cuanto sitio El ánglico estandarte orlando encuentre. Más, si esto Whitelocke quiere impedirlo, Logrando aun la ventaja de que tornen Los anglos prisioneros al servicio, Entregue á su legítimo monarca A San Felipe y todo su distrito; Devolviendo á la patria los hispanos Que en la lid anterior fueron cautivos. Andaba á la sazón investigando Su estado el General : llega al Retiro, Y" reconoce á un oficial britano Que le llevara el expresado oficio. Corre su vista las infaustas líneas; Obumbrase su mente, y aturdido Señala un plazo para dar respuesta. ¡Que Ariadne aquí le enseñará algún hilo Para que encuentre la mejor salida De este cruel y espantoso laberinto ! Piensa, medita, se aconseja en vano. Todo, todo concurre á confundirlo. Acude á las deidades, les suplica Que le libren del grande precipicio Que su vida y sus tropas amenaza. En este trance llega á aquel recinto Un soldado jovial, rugoso y cano, Muy moderado y de unos ojos vivos : 95 1á il íi 96 ANTOLOGÍA En un báculo fuerte el cuerpo afianza Y una antorcha lumbrosa trae consigo. Conoce Whitelocke que es el consejo, Y llamándolo al punto así le dijo : «¿ Qué causa aquí ¡ oh anciano respetable ! Te ha traído en medio de tan cruel bullicio?» «Poderoso anglicano, le responde; He visto tu derrota : el exterminio Por todas partes circundarte veo, Y á librarte tan solo aquí he venido; Tú estás rodeado de habitantes fuertes: La envidia los pintó con coloridos Que impidieron brillasen á tus ojos Su lealtad, su valor y su heroísmo. Iluso tu probaste las desgracias De tanto esfuerzo efecto muy preciso. Dos puestos (i) sólo fuera de éste ocupan Las tropas tuyas, que el atroz conflicto, O lo evitaron, ó de entre él huyeron; Más, os es imposible el mutuo auxilio, Según distais los unos de los otros, Y corto ataque bastará á rendiros: De un modo solo evitarás tu ruina, Y ahorrarás á tu tropa el sacrificio: Y es, que accedas sumiso á las propuestas Que te dirije el español invicto. Yo he visto ya la parte más preciosa De tu ejército en número crecido Por las calles tendida : á los contrarios (i) L,os corrales del Miserere, y el templo y salas de la Residencia, dis- tante 10 cuadras de la plaza mayor hacia el Sur. VICENTE LÓPEZ Y PLANES He visto aprisionando á tus caudillos De mayor graduación : yo tus guerreros Medrosos vi, postrándose cautivos Bajo los pies del victorioso hispano. ¿ Qué esperas pues ? Mavorte al argentino Yo vi que daba sobrehumano aliento ». Tal es el tono con que al abatido Whitelocke, el consejo desengaña : ¡ Qué tristes aflicciones ! ¡ Qué martirio Su corazón penetra ! Llama á Gower, Y lleno de dolor, así le dijo : « Guerra importuna hacemos con varones Del poder de los dioses revestidos ; Varones invencibles, cuyo esfuerzo No sucumbe d la guerra: cuyo brío. Aun subyugados, los mantiene en arma. Ya tú echarás de ver que hemos perdido La presente batalla ; todo, todo, Ah ! dulce amigo en esta acción perdimos. Fuerza es hoy que entreguemos San Felipe Y la Colonia á su monarca antiguo. Parte, Oower querido; al pueblo parte, Y dile al gran Liniers que me ha vencido; Que le cedo el laurel con que venía A coronar mis sienes. Parte, amigo, Parte y busca tan solo las ventajas Que más convengan al que está rendido > . Este parte y concluye los tratados. Que Liniers y Balbiani, por escrito, Velazco y Whitelocke y Murray juran. 97 •u 98 ANTOLOGÍA Cual si la noche con su manto umbrío Sepulta en triste caos á los mortales, Y la natura sus veloces giros Apenada detiene, confundida Su divina belleza en negro abismo , Alza la luna su lumbrosa frente, El cielo baña con hermosos brillos, Y la enlutada humanidad respira Al ver el horizonte, el valle, el rio, Y el monte erguido, apareciendo todo De la llama argentada embellecido: Así, concluido ya el feliz tratado. La victoria se esparce en el distrito De la gran capital : triunfante vuelca El carro de la muerte; al lago Estígio Cae despeñado el monstruo de la guerra; Al feroz golpe en grandes remolinos Se ensoberbece el lago, y queda el monstruo En el báratro umbroso sumergido. En este dulce instante alegres todos Victoria! exclaman, al bretón vencimos: Esta voz se difunde, y por las calles Se oye : ¡ victoria ! repetir á gritos. De metales armónico concento En los templos resuena, fiel indicio Del éxito feliz de nuestras armas. Cesó ya el son del parche; los oidos Perciben solo vítores gozosos, Solo placer, contento y regocijo. ¡Oh heroico jefe de mi patria amada, MMHM* VICENTE LÓPEZ Y PLANES 99 Corónete el laurel que te es debido Por la segunda vez; goza felice De un triunfo que, tu nombre hasta el Olimpo Levantará para inmortal memoria. A tí te ha visto de la Plata el rio Parte hacer del estrago, que en el Sena Napoleón á Britania ha prometido: En su mente imperial acción de estima. Ya el grande Carlos nuevos distintivos Prepara en premio de tu afán y celo, El, ya sin duda, partirá contigo El gobierno y sostén de estas provincias Que llenas de contento, al presentirlo. Se dan el parabién de tal ventura. Capital bella, que tan gfran caudillo Tener lograste, erige monumentos Que su gloria recuerden á tus hijos. Que aprendan á decir -con lengua tierna: ¡Viva el héroe Liniers! ¡viva el invicto. Antiguo general de nuestros padres ! ¡Salve, Cabildo ilustre; salve, eximio Congreso de patrióticos varones! ¡Que copioso raudal de beneficios En vos hallamos! Vuestro celo exige Eterna gratitud de los vecinos De este gran pueblo. Salve dulce patria, Morada del valor, del heroismo. ¡Salve; terror del anglo, honor de Iberia, Modelo de lealtad, espejo fino De amor á Carlos y su culto sacro ! w lOO ANTOLOGÍA ¡ Compatriotas felices, hijos dignos De la g^an Buenos Aires, ya resuelto Ha quedado el problema; ya corrido El velo está, con que la negra envidia Procuraba inspirar á los amigos De vuestra gloria, indigna desconfianza, Atribuyendo á pompa el ejercicio Frecuente de las armas, y el plan todo Que en soldados tornara á los vecinos. ¡Oh, cual vengasteis esta insania horrenda! ¡ Cuan dignamente habéis correspondido Al concepto supremo que otras gentes Formaran de vosotros! Vuestro brío. Vuestro valor y militar denuedo De un mortal, inminente parasismo La América han librado. ¡Oh defensores Ilustres del Perú ! ¡ Oh esclarecidos Restauradores de Montevideo ! ¡ Oh vosotros iberos, oh argentinos, Que de Roma y Cartago sois afrenta; Que habéis gloriosamente competido Con los Córdobas, Ponces y Bazanes! Yo más admiro vuestro triunfo digno Al ver que Febo, el rutilante carro Aun no paseara por los doce signos Desde que al monstruo de la guerra vierais Por la primera vez el rostro inicuo, Cuando vuestro valor llegó al estado De hollar legiones y rendir caudillos En el bélico afán ejercitados. miÉi am VICENTE I,OPEZ Y PLANKS lOI Yo, legiones patrióticas, admiro. Recordando las haces y la flota Que cubrian la faz del campo )' rio, No tanto nuestra patria defendida, Cuanto haberles ganado en un conflicto. En un solo conflicto, dos ciudades, Y haber de esta manera sostenido Todo el gran continente americano. A vuestros pies, monarca el más benigno, Nuestro jefe se postra, y vuestro pueblo, De la efusión más tierna conmovidos. Implorándoos sumisos la alta gracia De que grato admitáis estos servicios. Ellos la prueba son del alto esfuerzo Con que ha intentado su filial cariño Haceros ver que morirán primero Que su gobierno abandonar nativo. Y vosotras ¡oh sombras generosas. Compatriotas sagrados, que perdidos En el choque fatal continuo lloro, Si aqueste canto desde el alto empíreo Os dignareis oir, recibid gratos Las lágrimas que vierto enternecido. ¡Oh, cómo pintaré cuanto conmueve Vuestra memoria al triste pecho mió! ¡ Memoria, oh cruel memoria! ¿Qué me muestras? El suelo de mi patria enrojecido Con la sangre de tantos que otro tiempo Su corazón ligaron con el mió, Llamándome su amigo. ¡Ay, compañeros! w lii I02 antología ¡ Ay, defensores que robó el conflicto ! La madre triste, la angustiada esposa, El infante pequeño en sus gemidos, En su luto funesto y lloro amargo, Diciendo están, que de la sangre el grito Habéis desatendido por la patria. Si, manes respetables, del impío Habitador de la isla vuestra sangre Logró verter el bárbaro cuchillo; Pero no os quitará el eterno latuo Que muerte tan honrosa os ha adquirido. Vosotros sois los ínclitos campeones Que llorará la patria largos siglos. Ella al orbe dirá vuestras hazañas, Haciendo vuestro nombre esclarecido. Y aun más que todo ¡oh almas venturosas! Colocadas allá sobre el empíreo En brazos de etemal contentamiento. Recompensa halló ya vuestro heroismo, Y pues morando estáis cabe el Eterno, Pedidle fervorosas de continuo Que su brazo sostenga nuestro esfuerzo, Nuestra constancia, nuestro celo y brio. Para que el anglo en cuanta lid intente Humille su cerviz al argentino. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 103 Ah Sr. D. ANTONIO BALCARCE CORONEL DE LOS REALES EJÉRCITOS, MAYOR GENERAL Y VOCAL DE LA JUNTA DE LA COMISIÓN DEL EJÓR- CITO AUXILIADOR: EL SECRETARIO DE LA MISMA JUNTA POR LA VICTORIA DE SUIPACHA * ODA Gloria al grande Balcarce; eterna gloria A su legión guerrera, Que enrrojeció la espada carnicera, Con sangre de rebeldes! La memoria De tan bravos campeones, Tendrá por templo indianos corazones. ¡Vive, grande Balcarce: vive y sea Suipacha monumento. Que eternice tu honor : Suipacha asiento Te adquirió entre los héroes, y en la idea De todo americano. Sois más que el griego, }' el célebre romano. * Fué publicada en la «Gaceta de Buenos Aires» el Jueves 27 de Di- ciembre de 1810, en la pag. 465. Está incluida en la Lira Argentina, ed . de 1834, en la pag. 4, sin firma, No ha sido incluida en la Colección de Poesías Patrióticas. En la recopilación de la Gaceta de Zinny se dice por error que esta poe- sía es del Secretario de la Junta, Don Manuel Belgrano. ^wmmmimm^ m , \- .1; ¡, > i m 104 ANTOLOGÍA Ninfas del rio hermoso de la Plata, Con angélico acento, Celebrad el denuedo y ardimiento Del caudillo inmortal; corona grata De oliva inmarcesible Tejed, para la sien del invencible. Amadores del suelo americano Llenaos de alegría, Pues á tiranos mil, en solo un dia, Balcarce derrivó con fuerte mano: En Suipacha miradlo, Y dé.spotas hundiendo, celebradlo. ¡Usurpadores del Perú; rivales Del que tiene por cuna El suelo que os brindó con la fortuna. El paso detened; los inmortales Que á Suipacha guarnecen, Si dejais el intento, paz ofrecen. Esa legión de indianos generosos Los aceros no esgrime Sino en sostén del que oprimido gime. Quebrantad esos grillos vergonzosos De los pueblos peruanos, Y seréis respetados como hennanos. Más, resuena la alarma ; los tiranos. Llegan con planta osada; Ya la auxiliar legión bien alineada, VICENTE LÓPEZ Y PLANKS Superior á aguerridos veteranos, A la muerte altanera, Enardecida, inimitable espera. El caudillo con alma imperturbable Los soldados ordena, Sus corazones de entusiasmo llena, A la voz de la patria brilla el sable, Y sus tropas avanzan, Y fuego y balas y metralla lanzan. ¡Que valor, que denuedo y energía, Inspiró á sus soldados! Como si en leones fueran transportados Obraban todos en tan fausto dia. Todos á par peleaban, Y horrible estrago á par ejecutaban. Corre toda la línea, corre y clama: ¡O muerte, á la victoria! ¡Viva la patria, y Junta provisoria! Todo arde á acuesta voz, todo se inflama, Y en el momento se halla, Teñido en sangre el campo de batalla. Más rápido que el rayo, los cañones Empeñoso investiga; Habla á todos, anima, incita, hostiga: Y al tremendo avanzar de sus campeones, Desmaya el enemigo, Y huye á los cerros demandando abrigo. 105 I06 ANTOLOGÍA Armas, caudales, cajas y banderas, Todo á sus plantas queda. No hay orgullo, ni audacia que no ceda A su arrogante brío. Las laderas. Los llanos y quebrados. De trofeos do quier se ven sembrados. ¡Incomparable capital! ¡Gloriosas Provincias, que su alianza Con denuedo jurasteis! ¿Qué alabanza Bastará á las virtudes generosas De vuestros defensores, Al hollar la cerviz de los traidores? i^ ir, * I' r ii •I I' {'.I; '1 -ii ¿Quién podrá bosquejar esa grande alma. Que á todos impedía. Cuando nuestra salud se defendía? Ceda Esparta en Termopilas la palma. Cédala á los indianos Que hollaron en Suipacha á los tiranos. Y tú, bravo Balcarce, cuyo brazo Cual rayo fulminante Fué sostén de la patria vacilante. Perdona el débil numen y lo escaso Del don que te presento, Pues no mi numen, gratitud ostento. Inúndete el más plácido consuelo. Pues destruíste las penas. Los cadalsos, los grillos, las cadenas, VICENTE LÓPEZ Y PLANES 107 Que amargaban á tu patrio suelo ; Vive siempre felice, Que la América toda te bendice. Mira las tumbas de la Paz; escucha El lamentar profundo De los que hoy son honor del nuevo mundo, De aquellos héroes que en gloriosa lucha Por la patria murieron Y de un déspota cruel víctimas fueron. Repara á Potosí; Mira á la Plata Sus cadenas rompiendo Y tu mano besando y bendiciendo; Todos, en fin, con la expresión más grata, Al nombrarte se inflaman Y su inmortal libertador te llaman. ¡Salve pues, oh mi heroico compatriota! ¡Vive largas edades, Y disfruta el loor que las ciudades Te dan, al ver su servidumbre rota! ¡Salve, mi jefe amado Pues la América toda has libertado ! io8 antología MARCHA NACIONAL * CORO Sean eternos los laureles. Que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos, O juremos con gloria morir. Oid mortales., el grito sagrado Libertad, libertad., libertad: Oid el ruido de rotas cadenas: Ved en trono d la noble igualdad. Se levanta á la faz de la tierra Una nueva gloriosa nación Coronada su sien de laureles., Y d su planta rendido tm león. CORO De los nuevos campeones los rostros Marte mismo parece animar: La grandeza se anida en sus pechos ; A su marcha todo hacen temblar. Se conmueven del inca las tumbas, Y en sus huesas revive el ardor. Lo que ve' renovando á sus hijos. De la patria el antiguo esplendor. • Se publicó en hoja suelta el 14 ^- ">^ír**ii*-¿.' >y -«^i \ i_ J^ -irt*».--. . .' 112 antología Las cadenas tiránicas trozaron, Y de América orlando los pendones, Desde estas cercanías del Atlante Hasta las sierras del Perú triunfaron. En libertad poniendo Cuantos se hallaban opresión sufriendo. V> ' La altiva España, viendo su potencia Cual humo disiparse, Y espantada mirando presentarse Un coloso fatal de independencia, Contra cuya existencia Siniestramente aglomerado había Siglos de nulidad y humillaciones. Rompe los diques de su atroz venganza, Y el puñal en la mano Recorre el vasto suelo americano. ¡ Qué crímenes, qué incendio, qué matanza, Aquí recuerda el alma estremecida! ¡ Compatriotas amados ! ah ! pasemos En silencio siquiera aqueste día Las escenas de sangre y amargura Que pudieran turbar nuestra alegría: Por este día que del suelo patrio Los esfuerzos proclama Y su alta gloria y su brillante fama. Despliegue su estandarte sanguinoso Enhora buena España, La tierra entregue á su furor y saña ; <"\'rx' VICBNTE tÓPEZ Y PLANES 113 Destruya, arrase, incendie cuanto alcance. Nada es capaz de producir temores En los pechos de temple diamantino, Que de la independencia el gran camino A nuestro país abrieron. El rio de la Plata más se exalta Al rudo estruendo de venganza y guerra: Y su raudal belígero internando, Con gloria triunfa en Tucumán y Salta, Impetuoso arrastrando Soldados, armas, guiones, ó tambores, Y cuanto á su ira el invasor opone: Victorioso revuelve: en el oriente Su poderío estalla, Y hunde una escuadra, abate una muralla. Estrecha cree la esfera circunscrita A su coraje y brío : Atrevido la ensancha : y aparece En las llanuras del Atlante armado. Ante la altiva Cádiz se presenta Y sus banderas victorioso ostenta Vigo, Ferrol, y Vera-Cruz, y Habana Son testigos también de su osadía Y en estos, y otros puertos descontado Gime el comercio hostil encadenado. El tiránico orgullo tras los Andes Fortalecido amaga; más ¿qué importa? Allá dirije bélicos torrentes, 114 ANTOLOGÍA Ilivi Y alzándolos entre peligros grandes Al nivel de las cumbres eminentes, ' Los deja caer con ímpetu invencible Sobre el opuesto lado: Los escollos arrasa con que osado Se opone el enemigo á su carrera, Y es nada en un momento Kn que amagó á la patria en su engreimiento. ' ' Sus ímpetus trasmite á los valientes Hijos de Tucapel, y de Lautaro, Y sobre Maipo con esfuerzo raro Repiten ambos tan ilustre escena. Con tanta mayor gloria Cuanto más ardua ha sido la victoria. ¡ Que victoria, argentinos ! Ella ha borrado en la primer batalla De la faz de la América unas huestes. Que audaces en España contuvieron El vuelo de las águilas francesas: Unas huestes que hicieron Creer á la Europa que á su marcha sola Cual tímidos rebaños Llevarían delante á las legiones Que nuestro honor y libertad defienden. Quién les dijera que el destino traía Regimiento tan bravo A servir de trofeo al año octavo. ■"wiPWSPiBr VICENTE LÓPEZ Y PLANES ¡Patriotas! presenté á vuestra memoria Un bosquejo ligero De los timbres marciales que engrandecen De nuestra patria la brillante historia. Mas no olvidéis que fueron arrancados De en medio de los riesgos y la sangre; ¡Oh! cuantos compañeros denodados En la flor de sus días perecieron Por darnos la alegria De que tanto gozamos este día. ¡ Oh ! ¡ quién tn s vidas preservar pudiera ! Más ya que no es posible Libertarlos del hado y de la muerte, Sus nombres arranquemos al olvido; Vivan continuo en nuestros gratos pechos, Y de estímulo sirvan, que nos hagan Contestar al tesón de los tiranos. Juremos por sus nombres respetables. Que vivirá la patria independiente Mientras la sangre en nuestras venas corra, O toda derramada Antes será que verla subyugada. "5 Supremo Director que en tanto acierto La nave del estado engalanada Dirijes hacia el puerto : Patricios todos que á la grande causa Con las armas servís, con el talento, O de vuestros sudores con el fruto! T"l»^B^üPWWWHPHpP ii6 ANTOLOGÍA 'iSJI • Confirmad el terrible juramento Que á la presencia de los santos manes De tantos compatriotas generosos En vuestro nombre pronunciar he osado. Vosotras madres que os halláis presentes, Vosotras todas, bellas argentinas, De vuestros dulces hijos en el nombre, En el nombre de todos los que os aman Yo lo pronuncio en vuestro celo fiado: Confirmadlo también, y haced que todos. Los que á vuestra presencia se acercaren. En vuestro labio, y vuestros pechos dulces Aprendan antes á morir como héroes. Que el pie besar del orgulloso ibero. Que aqueste juramento grande y noble Con constancia araucana sea cumplido, Y en muralla de acero Cada uno de nosotros convertido. Desde este instante abono Las nuevas glorias de nuestro año nono. m Mayo 23 de 1818. <.| VICENTE LÓPEZ Y PLANES 117 LOS OFICIALES DE LA SECRETARÍA DEL SOBERANO CONGRESO Á LA PATRIA EN LA VICTORIA DE MAYPO BUENOS AIRES. ODA * ¡Oh! ¡si hoy mi poderío La esfera de mis votos igualase Para cantar el belicoso brío De la legión Maypuana (i) Que hundió en el polvo la soberbia hispana ! De Homero tomaría De Píndaro, de Horacio, y del Mantuano Aquel estro, grandeza y armonía Que á los siglos quebrantan, Y siempre al alma con su magia encantan. De Eurydice al esposo La deliciosa voz demandaría. El mismo Apolo su eco victorioso Me daría con gusto, Que siempre ha sido con los héroes justo. * Está en La Lira, pag. 158, sin firma, y en la Colección, pag. 111, fir- mada y fechada el año 1818. (i) a Scipión se le llamaba el Africano por el teatro de sus victorias. ■» I' ' \}^ i Il8 ANTOLOGÍA Después al rutilante Carro del sol en majestad subiendo, , De la cordura y rectitud amante, Cual Faetón no fuera, Principiaría la inmortal carrera. Por delante la aurora Más graciosa, más candida, más bella Que en el cielo jamás se viera hasta ora, Las puertas me abriría, Y el camino de rosas sembraría. Los pueblos del Oriente Admirados quedando al presentarse Fenómeno tan raro y esplendente. Corriendo á las alturas Dejarían talleres y culturas. Yo entretanto ocupando Del Grande Tauro (i) el hyperbóreo alcázar, Y el humilde horizonte atrás dejando Con ráfagas de lumbre Más vistosas brillara que es costumbre. Mi manto al desplegarse Deliciosos poemas sembraría. Que al leerse por el mttndo y meditarse De Maypo la victoria Perpetuasen del mundo en la memorifi. (i) Actualmente se halla el Sol en la constelación de Taur<). m VICENTE LÓPEZ Y PIvANES Al Zenit más cercano, Y ya á la vista general del orbe Entonará mi canto sobrehumano, Melodiosos torrentes Moverían las piedras y las gentes. ¡O patria! tú serías De mis loores el sublime objeto: Tu pasmosa constancia en tantos días De apremio y de fatiga Con que incansable el español te hostiga. Solitaria en la lucha Cual si no hubiera pueblos generosos, Nadie en el mundo tu clamor escucha. Todos te dejan sola En brazos de la cólera española. Audaz sobre la arena Vertiendo sangre y en sudor bañada, Con la mano de trueno y rayos llena Luchas con tus rivales Y venciendo enriqueces tus anales. 119 Mas tu riesgo no cesa Que en sus pérdidas mismas recobrado El tirano otra vez la lid empieza, Y te arrostra atrevido Como si vencedor hubiera sido. t,' I 20 antología Tus fuerzas desfallecen. ¡Tanta sangre preciosa has derramado! ¡Ah! tus conflictos á la par acrecen, Mil monstruos parricidas Que renuevan atroces tus heridas. Mas, San Martín, ese hijo Que en sus favores te ha donado el cielo Para colmo de gloria y regocijo, Se arroja á la palestra, Y arma en tu auxilio la robusta diestra. ti' I' 1 m ^H> •'■ A la hidra que vomita Por millares de bocas cruda muerte El hercúleo campeón se precipita. Su gran maza (i) levanta, Y la tiende mortal bajo su planta. Así fué la jornada De las célebres márgenes del Maypo, En donde fuiste !oh patria! coronada De lauro inmarcesible Por San Martín y su legión terrible. Gloria á tantos varones Que á los más grandes en la guerra igualan, Y los vencen en muchas proporciones. En igual circunstancia No hubo mayor destreza, ardor, constancia. (i) Expresión alegórica del ejército vencedor. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 121 Aquesto por extenso Con majestuoso acento cantaría, Y asombrado al oírme el orbe inmenso Prorrumpiera cantando América, y sus bravos alabando. Después celebraría Tu rico suelo que llenó natura De dones abundosos á porfía: Suelo privilegiado Para asilo del mundo destinado. Y la crueldad ibera También diría, que en cruenta lucha Arrebatar á todo el orbe espera Este terreno amigo Donde todo extranjero tiene abrigo. Y votos muy ardientes De do quier hasta el cielo subirían Deseando gloria á los independientes, Y paz pronta y durable Que á la España negar no sea dable. Paz que á todos ofrezca El mercado más fácil y abundante: A cuya sombra la opulencia crezca, Y nazcan relaciones Que hagan felices todas las naciones. 122 antología Yo entre tanto gozoso Bajaría el gran Carro al horizonte; Y celajes de un gusto primoroso Pondrían fin al día Que te ofrecen mis votos, patria mía. ■•'U¡ m ■4 (/ii A IvA BATALLA DE MAYPO * Aquella ingrata noche había pasado, Aquella noche que á la patria un grito De dolor arrancara. El enemigo, osado De la victoria el hijo favorito Se cree con arrogancia: su alma avara Las riquezas y el triunfo devorando, Apura, impele, incita sus legiones: Maypo, ya al oprimirlo sus pendones. Venganza, corre al mar del Sud gritando. Nuestro ejército allí. ¡ Genio sublime De patria libertad! Tú solamente Obraste tal portento. Mientras el cuidado oprime Al pensador común, su brava gente Reúne el héroe con inmenso aliento : La consuela, la esfuerza, reorganiza. De pecho en pecho imprime sus ardores . . . No hay tiempo á más, que crujen los tambores Y el enemigo encima se divisa. * Está en la Colección de Poesías patrióticas, pág. 117.- tira ed. 1S24. -No está en la VICENTB IvÓPEZ Y PLANES 123 La hidra que hundir sus cuellos altaneros Chacabuco vio en polvo, ora acrecida Con más y más cabezas, Los ojos reverberos Lanza á las dos naciones: honra y vida Amenaza arrancarles: ya pavesas Hace, amor de la patria, tu obra santa. ¡Señor! contra tu ley así el ibero Se cebará en nosotros carnicero? ¿ Y tu diestra. Señor, no se levanta ? ¡Iberia, Iberia! ¿qué haces? Hubo un día En que la Asia, la América, la Europa Y la África admiraron La terrible osadía De tu soberbia y numerosa tropa. Tus glorias fué que á su zenit llegaron. El curso natural de los Estados, Cual de toda humanal magnificencia, Te obliga á irresistible decadencia ¿ Quieres insana combatir los hados ? ¿ Qué puedes prometerte en tanto crimen Como en tu odioso nombre se consuma De Méjico hasta el Cabo? El viejo, el niño gimen Bajo el azote bélico, que abruma La extención de una tierra en que de esclavo Sufrir no es dado el bárbaro renombre : Sufre el sexo, los templos, las ciudades. 124 ANTOLOGÍA Y por decir de un golpe tus crueldades : Se insulta á Dios, y se destruye al hombre. Retira á esos verdugos . . . ¡ Ay, que es tarde ! Rompe el cañón : impávida se arroja Nuestra hueste á los llanos. Toda retumba y arde La dilatada atmósfera. Ya roja La tierra está do quier. Probad, tiranos, La pujanza de aquellos que defienden Su patria y libertad. La rabia, la ira Con que vuestra alma nuestras glorias mira, Hoy á su vez nuestra venganza encienden. ¡ El bronco trueno al trueno, el rayo al rayo El acero al acero cual responden ! Cualquier sospecharía Que allí Cid ó Pelayo, Aquí Washington ó Nassau se esconden, Y las falanges rigen este día. La patria encima de los altos Andes Se alza y los campos de la lid descubre : Su bello rostro con la mano encubre ; Son ¡ay ! los riesgos de sus hijos, grandes. Madres cubrid los vuestros, que la muerte Corriendo sobre el carro del destino Feroz se precipita, Y sangre en copia vierte, Valor hijos del Sud: que el argentino El arca de sus glorias deposita VICENTE LÓPEZ Y PLANES En vuestras manos hoy. En ellas Chile Su vida y su salud. I,a muerte es nada Si ella es el precio de la patria amada. ¿Y hoy dejareis que se hunda y se aniquile? Mas que dejar! Cual torbellino os veo Lanzaros sobre el campo de batalla, Y más allá lanzaros, Hasta que ya el trofeo En vuestras manos victoriosas se halla. Ya el tirano se rinde. A coronaros Se acerca la victoria, de su seno Manando gracias y placer. Ante ella El hondo encono súbito se estrella, lyos aceros se envainan: calla el trueno. 125 ¡ Manes del bravo Tell (i) de Orange (2) Doria (3) Y del grande Washington! No insensibles Sois en este momento Del héroe á la victoria. Vosotros os miráis en los visibles ' Golpes de genio, militar talento, Y patriótico amor reproducidos En la escena del mundo. Conocisteis Al grande San Martín, y le ceñisteis Esos laureles nunca envejecidos. ( 1 ) Guillermo Tell, libertador de Suiza. ( 2 ) Principe de Orange, defensor de la libertad de Holanda. (3) Andrés Doria, afianzó la libertad de Genova. ni ( IiWF m» « iHft Av \ AÜnUí ■ \ 126 antología Del Camaleón (i) á la Osa (a), de Occidente Al meridiano de la bella aurora, Tu gloria es proclamada San Martín eminente. L del Sábado 26 de Eaero de 1822. 134 antología t ;'i CANCIÓN PATRIÓTICA * DEDICADA Á LOS DEFENSORES DE LA LIBERTAD EN LAS LLANURAS DEL MAIPO Patria amada! te has cubierto De eterno honor y de gloria. Del Maipo la gran victoria Al tirano deja yerto. Un jefe bravo y experto Conduce nuestras legiones, Y los creídos leones Son }'a tímidos corderos, Al brillar de sus aceros Y al marchar de sus campeones. CORO Los héroes del Maipo vivan^ Vwa, sin tacha, su honor Y de la patria reciban Tiernas lágrimas de amor. Salud Nación Argentina! Nación Chilena, salud ! Goce ya vuestra virtud L,a recompensa más digna • De un m. s. de la colee. Gutiérrez, existente en la Bibl. del Sen. N»l. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 135 AI mirar la pura y fina Alegría universal, Vuestros nombres pronunciando ; Y al temblar del rey Femando Por unión que le es mortal. CORO Tendamos al vencedor Alfombras de fresca rosa: Coronas de oliva hermosa A sus sienes den honor. Cubra un eterno esplendor A Buenos Aires y á Chile, Y si han hecho que vacile En Lima el poder hispano, Levanten su fuerte mano Y aquel yugo se aniquile. CORO 136 antología ODA PATRIÓTICA FEDERAL * Al hablar al gran pueblo americano, Que en su amor á la noble independencia, Parece lo eligió la Providencia Para alto ejemplo á todos los demás: Permitid compatriotas lo salude Con toda la profunda reverencia, Que al alma impone la magnificencia De unos esfuerzos sin igual quizás. Si la mano de Dios á cada pueblo, Como á cada hombre, su destino inspira, ¡Quién al pueblo argentino no lo mira. Con un grande destino que llenar! Cuando la hora sonó de los trabajos Que á su tranquila infancia fin darían, ¡ Cuales indicios en la tierra habían Para lo que este pueblo supo obrar? Atado entonces de la España al carro. De allá venía nuestra paz ó guerra, Y así tenía la inocente tierra Por venganzas extrañas que sufrir. * Fué recitada en una función teatral de aficionados el d(a 5 de Noviem- bre de 1845. No 6629 de la Gaceta Mercantil, del 10 de Noviembre de 1845. VICENTE LÓPEZ Y PLANES En una de ellas nuestra patria amada Vióse de un grande ejército invadida, Y de tropas y de armas destituida, Puso su pueblo mismo á combatir. Sufrió en efecto la primer sorpresa, Buenos Aires gimió una vez cautiva: Más bajo el yugo extraño prende activa La llama del furor que hace vencer. Auxilios del oriente se le acercan : A cuya vista de este pueblo salen Mil de patriotas, cuyos brios valen Cuanto puede la táctica ofrecer. Se ataca al vencedor en sus valuartes. Se resiste, se lidia, se le doma, Y desde entonces esta nueva Roma Despliega su entusiasmo militar. En pos se apresta con tesón heroico De la guerra á la dura disciplina: Porque la Gran Bretaña le destina Ejército mayor con que lidiar. Espectáculos, músicas, paseos, A la trompa guerrera el puesto ceden. Los simulacros bélicos suceden A los gustos antiguos de la paz. Así adiestrados el momento esperan De acercarse las huestes invasoras. Que, como antes, no son aterradoras A un pueblo de heroísmo tan capaz. 137 vt:)|: : 1 f. *! H 1 ■i i 138 antología Y llegaron los días memorables, Nuestro río se cubre de bajeles Que muchedumbre de soldados crueles Vomitan nuestra tierra á desolar. Se ordenan sus legiones, marchan, toman De esta ciudad los puestos eminentes, Y amenazan dejar todas sus gentes Sin medio alguno de poder salvar. Más ¡ Qué otro medio cuando están los pechos Los fuertes pechos de sus defensores Que al fuego de los bronces tronadores Contestan con el suyo aterrador! Torres, techos y calles, todo arroja La vista, el ruido de matanza y ruina, Y parece que el día se destina Al fin del pueblo, al fin del invasor. Más poco á poco el carro de las furias * Detiene su rodar precipitado. ... Es . , . que el bretón en cada parte aislado De sus fuerzas ve rota la unidad. Ya entre todos sus cuerpos interpuesto El bizarro argentino los devora. Ya la fuerza de adentro vencedora Da el grito de victoria, y libertad. Libertad de las últimas cadenas Que imponerle aspiró la Gran Bretaña, A cuyo yugo el yugo de la España Hacia el nacimiento preferir. |awiililu;!.l!WfBN|pMnH|i|F VICENTE LÓPEZ Y PLANKS 139 Más se acercaba el tiempo prefijado En los decretos de la Providencia, En que este país también su independencia De la España debía conseguir La independencia es siempre combatida: Y los pueblos que aspiran á obtenerla Es preciso que sepan sostenerla Con el valor y militar poder. En la guerra británica esta escuela La Providencia trajo al argentino : Con ella fué que conoció el camino De hacerse independiente y de vencer. Y se hizo independiente: y cruda guerra Le hizo harto tiempo el español valiente: Más el pueblo argentino alzó una frente Que contraste ninguno ha de abatir. Bravo en la lid, paciente en los reveses, De en medio de sus ruinas se levanta, Y muchas veces la victoria canta, Donde el hispano lo pensó concluir. Liberta en el oriente á sus hermanos Que de los libres el poder aumentan : Al Paraguay sus tropas se presentan. Y se acaba el gobierno colonial. Córdoba, Cuyo, Tucumán y Salta, El Entre-Ríos, Santa Fé, Corrientes, Jujuy, Rioja, Santiago, dan valientes Al ejército libre nacional. 140 ANTOLOGÍA Má ! Y el patrio pabellón en fuertes brazos En el alto Perú luego flamea, Y aunque todo peruano amigo sea Se arma y resiste el español tenaz. Más los libres unidos lo combaten, Apagando doquier la resistencia, Y abrazan Potosí la independencia, Y Cochabamba, Charcas y La Paz. Dejar es poco ya á los argentinos Libre el antiguo vireinato hispano : En Chile es oprimido un pueblo hermano, Y debe ir hasta allá la libertad. Y en Mendoza se aprestan las legiones Destinadas al paso de los Andes, Paso que debe entre los hechos grandes Pasar con gloria á la posteridad. En vano el español los pasos todos Cierra con armas, con valor defiende. Nuestro hábil jefe al cabo lo sorprende Y en batalla los Andes deja atrás. Teatro del grande choque es Chacabuco, Do cada bando su pujanza muestra. Más la victoria disputada es nuestra, Y no hay en Chile servidumbre más. Lima, la antigua y opulenta Lima Era un gran centro del poder hispano. Que en el alto Perú con fuerte mano Nuestras victorias pudo contrastar. VICENTE LÓPEZ Y PLANES I4Í Que al verlas ahora repetirse en Chile, Siente el riesgo fatal, que se aproxima, Y nuestras tropas que el valor anima Envía el real imperio á recobrar. Entonces vino la funesta noche Que lloró á nuestros bravos dispersados, Pero el día también que recobrados Los vio prodigios de valor hacer. La jornada de Maipo y su victoria Brillan del Plata y Chile en los anales: A Chile libran de futuros males: De España en Lima amagan el poder. La escuadra independiente ya se apresta, Ya arrogante el Pacífico navega; Y el virrey español firme despliega Su armamento en las costas de la mar. Imposibles venciendo, el desembarco Se hace por fin; y nuestra escuadra en tierra Lanza los bravos que en su seno encierra: Y esos bravos se aprestan á lidiar, ¿Quién dice en un momento tantos hechos Como contiene tan ilustre historia? Baste decir: cantamos la victoria Del Perú en la opulenta capital. Y allí los libres, más allá mirando Tendieron á Colombia el fuerte brazo Y con sus hijos hasta el Chimborazo Un renombre adquirieron inmortal. rr^ 142 ANTOLOGÍA r¡|i 11 lí I '- H )l ¿ Inclináis, hombres libres, la cabeza A un cuadro tan heroico con respeto? Pues, aun no pudo mucho tiempo quieto El argentino de la paz gozar. Pronto vuelven los bélicos afanes A turbar de esa paz nuestro deseo: Que en extraña opresión Montevideo Nuestro brazo demanda de auxiliar. El argentino en azarosa guerra Vuelve á entrar á la voz del pueblo hermano, Y en Ituzaingo con valiente mano Alza la servidubre al oriental. Así sirve el intrépido argentino. Para alzar, ó auxiliar nuevos Estados Con su oro, sus desvelos, sus soldados: Misión de gloria, mas misión fatal. Pues de la guerra nacen las pasiones, De la preciosa paz ahogando el fruto, Y sembrando el desorden, sangre y luto En el seno infeliz de la nación. Fué preciso atacarlas, combatirlas. Perseguirlas do quier hasta vencerlas, Y del orden un genio supo hacerlas Ceder ante la gran federación. Mas, cuando cierta estaba la victoria, Se interpone ambicioso el extranjero, Y asumiendo el carácter de un guerrero Su ley pretende al argentino dar. VICENTE LÓPEZ Y PLANES 143 Y abusa de sus naves superiores Para hollar nuestra patria y su bandera, Y fuerzas sobre fuerzas aglomera Que avisan la intención de conquistar. Y habrán en vano sido tantas glorias, Tantos trabajos de alto patriotismo, Sellos de una misión del cielo mismo, Que América nos llama á defender? Tiene bastante allá la engreida Europa Con sus altos poderes y opulencia, Déjenos nuestra amada independencia, Que solo Dios nos quiso conceder. Sí, solo Dios, ¿porque quién otro pudo Dotarnos de esa fuerza y poderío, Con que desde las playas del gran río Llevamos la victoria al Ecuador? Y ese don que nos viene del Excelso, Del que anonada al fuerte de la tierra. Nos quitarán la Francia y la Inglaterra Hollando nuestra patria y nuestro honor? Morir antes ¡heroicos argentinos! Que de la libertad caiga este templo. Daremos á la América alto ejemplo Que enseñe á defender la libertad. El polvo del gran pueblo de la Plata Volará por el vasto continente, Y al caer formará un letrero ardiente Que diga á todos: «A la lid volad». 'V- Jl !;• it. 144 ANTOLOGÍA Un gobierno prudente, sabio, fuerte, Nuestros destinos en su mano tiene: Pesa, medita lo que más conviene Para el bien del gran pueblo conseguir: Y si él halla la guerra inevitable, A batallar intrépidos volemos, Y en hórridas batallas triunfaremos, O sabremos intrépidos morir. \\\ VICENTE I,ÓPBZ Y PI^ANES M5 OBSEQUIO POÉTICO* EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORA AGUSTINA ROZAS DE MANSILLA De mi edad en la tarde navegando Por el variado río de la vida, La lumbre de mi sol veo caída Cerca del occidente; Y la pálida luna se va alzando Al lado del oriente, Mi flor si un tiempo fué de poesía, En mi mano marchita se deshoja, Y sus pétalos lleva la corriente. Faltos de lozanía, Para quien bondadosa los recoja. ¿Eres una de aquestas Agustina? Pero á esa tu belleza peregrina. No faltarán poetas en su oriente Alzarse el sol, y no la luna, vean; Esos con alma ardiente Retratan, idealizan, hermosean A la misma hermosura, Y hacen versos de amor y de ternura, Que con encanto hasta los nietos lean, Ellos solos, la mezcla encantadora Que hay en tu rostro de azucena y rosas ; Esos, el talle de tu cuerpo airoso, Se publicó en el Comercio de Lima. i il; É n\ 'M M m !| 146 ANTOLOGÍA Y negros ojos, donde el alma asoma De tan bello organismo animadora, Realzarán en rimas armoniosas. En el astro gracioso Que en Tíbulo y Propercio amaba Roma La hoja marchita de mi flor un día. Que impetuosa corriente se arrebata. Ni un átomo ya exhala de ambrosía Cual para digna ofrenda yo quería. Puedan los vates que ora tiene el Plata, Entre el aroma de sus frescas flores, Esparcir argentina tus loores, Merecidas á un tiempo por hermosa Familia ilustre y de un guerrero esposa, Y allá perciban los del mundo viejo Que en nuestro Plata el luminoso cielo, Casi siempre sin velo, Vierte en el ser humano su reflejo. Dándonos con largueza Valor al hombre, á la mujer belleza. Buenos Aires Aires, Agosto 3 de 1850. II f ESTEBAN DE LUCA p 4.. t ' ^ir . •|1 !ii« 1. MARCHA PATRIÓTICA * COMPUESTA POR UN CIUDADANO DE BUENOS AIRES PARA CANTAR CON LA MÚSICA QUE OTRO CIUDADANO ESTÁ ARREGLANDO CORO Sudamericanos : Mirad ya lucir De la dulce patria La aurora feliz. La América toda Se conmueve al fin, Y á sus caros hijos Convoca á la lid. A la lid tremenda. Que va á destruir A cuantos tiranos Osanla oprimir. * Está en el No. 24 de «1.a Gaceta>, del jueves 15 de Noviembre de 1810 en la págr. 382. Está incluida en la «Lira Argentina» en la pág. g, sin firma y con el ti- tulo: Canción Patriótica y en la Colección de poesías patrióticas, pág. 7, con el titulo: Canción. Allí aparece firmada por D. Esteban de ¿uca. I50 ANTOLOGÍA CORO De la gloria el genio Ardor varonil Infunde en los pechos, La fuerza sentid. Si el déspota impío Atentare vil Vuestra libertad, Al punto acudid. CORO España fué presa Del Galo sutil, Porque á los tiranos Rindió la cerviz Si allá la perfidia Perdió á pueblos mil, Libertad sagrada Y unión reine aquí. CORO La patria en cadenas No vuelva á gemir. En su auxilio todos La espada ceñid. (i) ^ta estrofa no está en la Colección, ni en la I< k ! i ( Ti 152 ANTOLOGÍA CANCIÓN * CORO / Oh pueblo americano ! / Oh nación venturosa / / Viva la unión dichosa ! / Viva la libertad! ¡Oh que hermosa hoy al mundo América renace! ¡ Oh cuanto se complace En gloria y libertad! CORO Mirad el Sol que bello Se muestra en el oriente, Mirad en su occidente Al déspota espirar. CORO Triunfó del león de Epaña El águila francesa, Postrada su braveza Tristes rugidos da. • Está en la Colección en la pag. 9. No eítá en I,a Lira, ni en la Gaceta. ESTEBAN DE I,UCA 153 CORO Del mal el genio reina Allá en el mar de Atlante, El Paraná triunfante Corre con majestad. CORO Los montes y collados Conmovidos se alegran, Cielo y tierra celebran Nuestra feliz edad. CORO El consorte á sus hijos En tomo de sí llame, El pecho les inflame Con labio paternal. en la I II i! 154 ANTOLOGÍA AL SUPERIOR GOBIERNO DE ESTAS PROVINCIAS BN LOOR DE LOS VALIENTES COCHABAMBINOS ODA * U i ; li ^ IH ;it' tí En aquel tiempo aciago En que de la virtud triunfar parece Horrible el vicio, amenazando estrago A la inocencia, y el orgullo crece Del que á nombre de Dios cubre la tierra De odios y de guerra, Se oyeron en el suelo americano Tristes gemidos que arrancó el tirano. Goyeneche más fiero Que Mahomet, armada muchedumbre Por el Perú llevando carnicero, A los pueblos eterna servidumbre Decreta enfurecido y los condena A pesada cadena, La cuchilla en la diestra alzando él mismo Que sangriento le diera el fanatismo. El libro del destino, Iluso en su favor leer pensaba. Mas el ágil y audaz Cochabambino, Al presentir el mal que preparaba • Apareció en la Gaceta del viernes 8 de Mayo de 1812, No 5, pag. 17. Está incluida en la Colección, con el título: «A los valientes Cochabam- binos», y es allí que aparece firmada por D. Bstebaa de I J( A MONTEVIDEO RENDIDO * ODA Salve patria feliz. A la constancia, A la heroica constancia de tus hijos, Debes el gran trofeo, la victoria En que miras destruida la arrogancia Del soberbio tirano, que prolijos Tormentos preparaba Al noble defensor de vuestra gloria ( i ) Que en los arduos combates te invocaba. La deidad tutelar tú fuiste, el día ( 2 ) En que, rotas las urnas sepulcrales, Al grito: libertad al patrio suelo , Viste en furor la hispana monarquía, Y armándose de bárbaros puñales A homicidas atroces, Contra el patricio, que elevaba al cielo Alegres himnos y guerreras voces. El clamor libertad, va discurriendo Cual veloz rayo el Indo continente; * Está en la Lira Argentina, pg. 41, firmada con las iniciales B. I>. Está en la Colección en la pg. 67. Dn. J. T. Medina en su obra cLa im- prenta en el Rio de la Plata», dice que esta composición debe reteriise al año 1814. Esta es la fecha que tiene en la Colección. (i) Al noble defensor de tu alta gloria, (La colee, pg. 67). (a) La deidad sacrosanta fuiste el dfa, (La colee, pg. 67). , "i,. ESTEBAN DE LUCA 159 Conmueve, aterra al fiero despotismo, ídolo horrible baja con estruendo Del trono impío, y la abatida frente. Sombría y conturbada, No pudiendo ocultar en el abismo. Busca en fuerte recinto su morada. El día atroz le aflije; el día infando De sangre en Cajamarca, y la impía guerra En que del hado cruel señales dieron Los montes, Chimborazo vomitando Derretidos peñascos . . . ¡ Ah ! la tierra A sus pies se estremece, La tierra que sus haces oprimieron, Y el sol horrorizado se oscurece. Montevideo, infiel y rencorosa. Las puertas abre al monstruo ensangrentado, Cerrándolas con fuertes aldabones Al numen patrio, á su deidad hermosa; Allí compara con su antiguo estado Límite tan estrecho, Y al pueblo con horribles convulciones Provoca á la venganza y al despecho. Para su culto, gótico edificio Le erije al punto turba alucinada, Que infernal rabia agita asoladora: Los ministros, con torpe maleficio, Falsos presagios hacen ; á la entrada Del templo está pendiente ! ^:-'. I. I II l6o ANTOLOGÍA La cuchilla fatal, que vengadora Sirve á inmolar la víctima inocente. Arde en sus atrios la funesta pira En que su tea la discordia enciende, Y en sus oscuras bóvedas resuena El lúgubre gemido del que espira; El solo nombre de la patria ofende Al dios aborrecible, Y acepta el voto cruel que la condena Al fuego, al hierro, y á la muerte horrible. De la morada de los patrios manes La América entretanto se levanta, Y de los Andes en la excelsa cumbre. Atalaya del mundo, los afanes Ve de sus hijos en la lucha santa: Ya los mira impacientes Correr tras la enemiga muchedumbre, Como rápidos corren sus torrentes. Hoy le da Jove inaccesible esfera. Donde á sus pies la nube fulminante Augusta vé. Registra los imperios Que abrasa el sol ardiendo en su carrera, Y se goza en su ejército triunfante. Magníficos altares. De un polo al otro, en ambos hemisferios, Le consagran los pueblos á millares. A sus bravos campeones ya venciendo Observa sobre Méjico opulenta; ESTEBAN DE LUCA i6i Ya también en Caracas, del espanto Del terremoto horrísono volviendo, Del austro á los tritones ¡ cual se cuenta Su gloria, y cual retumba! Tres siglos vengan de cadena y llanto Vueltos los ojos hacia el Val de Otumba. ¿ Pero, donde tu nombre es más temido ? ¿ Donde más la voz patria es voz de trueno Que del tirano la cerviz humilla? Ante el muro fatal, ante el ejido Do al mirarse lanzado de tu seno Se acogió pavoroso : En la Banda Oriental tu gloria brilla Del argentino río caudaloso. ¡Cómo allí tus atletas endurecen En repetido choque el brazo fuerte ! j Como fieros circundan la muralla Que el bronce horrible y el furor guarnecen ! Rodando sale el carro de la muerte De aquella mansión fiera; Rechina el eje en la cruel batalla, Y la patria legión firme lo espera. Mil veces se levanta del oriente Iluminando Febo á los mortales : En lid mira tus fasces, y empeñadas, ( i ) Las deja al sepultarse en occidente. (i) Bn lid mira tus huestes, y empeñadas (La colee, pg. 71). i.fkt^i'-' 'i'Tf ''I h U'.t n M ¡u ■ I.J I Hl W> lí ■'1 162 ANTOLOGÍA Días de gloria do sentó sus reales. Alcanza el argentino : Del averno las furias invocadas En vano excecran tu poder divino. Al plomo silvador, á la estallante Bomba presentan los heroicos pechos; Y en los peligros el denuedo crece De tus guerreros, que ansian el instante De acabar al contrario, y ver desechos Sus restos excecrables. Neptuno ya las iras favorece Que los dioses hicieron implacables. Ved como surca la velera nave El sacro río que abundante baña El suelo patrio: ved que la guerrera Turba del pueblo á sus orillas sabe El éxito esperar, mientras la saña Valiente Palinuro Sorprende del hispano en la rivera; El puerto toca y amenaza el muro. Vuestra divina paz antes turbada Paraná augusto y Uruguay famoso. Fué por el ruido del cañón horrendo. De nuestras naos que en fuga acelerada Las del contrario ponen orgulloso. Vuestras ninfas creían Que los titanes nueva guerra haciendo Escalar el Olimpo pretendían ESTEBAN DE LUCA Como rabiosos canes siempre atados Que insaciable sed y el hambre hostigan, Así el tirano y pérfidos secuaces Nuestras fuerzas contemplan irritados: Los pálidos espectros les fatigan Y las sangrientas manos Débiles sueltan el puñal que audaces Aguzaban verdugos inhumanos. El ruido cesa del cañón tronante Que el baluarte corona. Ni á tambores Del fuerte asilo á la defensa llaman; Solo un sordo rumor muy semejante Al del mar en bajíos bramadores, Se oye del vulgo ciego: Bn duro trance los sitiados claman, Y al cielo ofenden con indigno ruego, Turban su rabia de la paz destellos Que empiezan á dorar nuestro horizonte. En globo ardiente y forma misteriosa Al alma libertad hoy miran ellos Sobre la cima del cercano monte; Las diestras desarmadas La turba impía vaga pavorosa, Que sombras mil la acosan irritadas. Eh, que se acerca ¡ sin igual portento ! El altar que á la patria levantaron Nuestros guerreros con ardiente espada : Las puertas se abren del maligno asiento 163 .. •-'*-*4 f - jl ■ ll I.KÍ 164 ANTOLOGÍA En que Alecto y Meguera se albergaron : La estatua sanguinosa Del déspota, á su vista derrocada, En el vecino mar cayó espantosa. m II ■ Salud, caudillos de la patria amparo. Bravos héroes, salud. El duro cetro De airado monstruo quebrantar pudistes Llenando al orbe vuestro nombre claro. Antes la fama, que el heroico metro Con eco resonante Anuncia al mundo antiguo que vencisteis, Y Gades tiembla pálido el semblante. Sagradas sombras que á suprema altura En alas de la gloria habéis volado, En premio á uniros al celeste coro, Nuestros votos oid: ved la ventura Que vuestra muerte honrosa nos ha dado ; Ved que tanto merece El inmortal Colón que en llanto adoro, Y el laurel griego que en su tumba crece. M .'-X^.ju. t ESTEBAN DE LUCA 165 Á LA VICTORIA DE CHACABUCO * POR lyAS ARMAS DE LAS PROVINCIAS UNIDAS AL MANDO DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR BRIGADIER GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTIN. ODA Entre guerra y venganzas, Muertes y horrores el caudillo ibero, Entre crueles verdugos y asechanzas Cual Minotauro fiero, Con centelleantes ojos asombraba De Chile el monte, y llano que ocupaba. Alza la erguida frente Sobre un trono con sangre salpicado Mil y mil veces de la indiana gente; El cetro ya empuñado. El férreo cetro, agudas las espadas Cierran ya de su imperio las entradas. Yo conquisté esta tierra, A sus sangrietas haces les decía; Que á esfuerzos del terror y de la guerra Por tres siglos es mía; En mis iras conoce el araucano El rayo de que Jove armó mi mano. • Está en I,a Lira, pág. 131. Las iniciales con que aparece firmada corres- ponden á don Esteban de Luca. Está incluida en la Colección en la pág. 75, y allí aparece firmada por Estevan de Luca. i66 ANTOLOGÍA i •i; M i Mi I (I ¿ Mi dominio rodeado De intransitables ásperas montañas Será del argentino profanado? ¿Mil heroicas hazañas No os gritan que este suelo subyuguemos, O que al furor de Alecto lo entreguemos ? Así el tirano clama: San Martín otro Aníbal más famoso, A quien celeste ardor el pecho inflama, Practica ya el fragoso Camino de los Andes, ya el soldado Toma ejemplo del jefe denodado. A un lado mole inmensa Ve levantarse al cielo, á la otra parte Un precipicio horrendo, y solo piensa A fuer de brío y arte Al término llegar de la angostura'; Pigmeo es la montaña á su bravura. El enemigo bando Avistan los campeones impacientes. Sobre él ya cargan rápidos bajando Como en gruesos torrentes Por entre riscos el furioso Guano (i) Que raudo corre por inmenso llano. i (i) Dno de los varios torrentes de los Andes. ESTEBAN DE LUCA 167 Los montes carvenosos Retumban con el bélico alarido, Y el tronar de las armas ; espantosos Dando horrible gemido Desdes sus hondas lóbregas entrañas De si arrojan al león de las Españas. Ruge herido del rayo De las patrias legiones, que aguerridas En fuga ponen y en mortal desmayo Sus huestes homicidas; El paso vencen, y al favor de Marte Tremolan en el valle su estandarte. ¡O deidad que inflamaste El sacro ardor el numen del Mantuano ! ¡ O tú que en plectro de oro celebraste El valor sobrehumano De Hércules vencedor! hoy canta solo El paso de los Andes, sacro Apolo. No cantes, no, este día, La cítara divina resonando. Del héroe de Cartago la osadía Los Alpes traspasando : A un otro Aníbal canta, mayor gloria Da al Nuevo Mundo eterna su memoria. Más ¡ O terrible escena ! Del hispano la armada muchedumbre Los llanos abandona, cruel se ordena i68 antología IhJ I'. '1 i m tt í , " De nuevo en la alta cumbre De la vecina y escarpada sierra, Y el pendón alza de ominosa guerra. El oprimido suelo Mira en fuertes guerreros convertidos Resonando los cóncavos del cielo ^ Con el marcial ruido ; Clamor universal oye y se aterra : ¡Venganza, Eponamón (i), venganza y guerra! El grito heroico alcanza Al mar del Sud en ásperos acentos Cual austro embravecido ; invicto avanza San Martín los sangrientos Rebeldes enemigos; ronco suena El bélico clarín, el bronce truena. La lid está trabada En Chacabuco ; del guerrero infante Se ve la línea en fuegos inflamada; Su acero fulminante En la diestra revuelve ya el ginete, Y en el veloz caballo ya arremete. La intrépida carrera Del relinchante bruto, el corvo alfange Rompen al enemigo que lo espera En cerrada falange: Al duro choque retemplaba el suelo Cual si brotara nuevo Mongibelo. (i) El dios que invocan los Indios de Arauco en sus negocios más graves. ■ « ■ — 1.; .*-. ESTEBAN DE LUCA La muerte conducida Sobre el rodante carro hiere, mata Kn ambas huestes, la infelice vida Del cuerpo la desata; Los muertos huella, corre sin fatiga, Que el cuadriga fatal la guerra instiga. Frente á sus escuadrones San Martín ya decide la victoria. Clama, atropella, rinde las legiones; Cubierto va de gloria Cual otro Aquiles fuerte, invulnerable, A las troyanas gentes espantable. Dos rayos de Mavorte De la patria constantes defensores. Soler, O'Higins, cada uno en su cohorte. Gobierna los furores ; De los fieros Titanes este dia Triunfara en Chacabuco su osadía. ¡ O patria ! tus guerreros Los montes y los llanos ocuparon, Y el pendón de Castilla de ellos fieros Al suelo derribaron; Salve patria mil veces, altaneras Flotan en todo Chile tus banderas. Las sombras irritadas De Tucapel, Caupolican, Lautaro Dejaron los patriotas hoy vengadas. 169 ^!ii ^ h- n 170 ANTOLOGÍA Hoy vuestro nombre caro Llama al hijo de Arauco que la lanza Tiñe en sangre española en la matanza. Del arduo excelso asiento De los nevados Andes hoy la fama Tocando el estrellado pavimento, En los orbes proclama A vuestros héroes, su eco resonante Va desde el mar del Sud al mar de Atlante. ¡ O paternal gobierno Que enérgico y prudente protegiste Tan gigantesca empresa! honor eterno A la patria le diste: Tuyo es el regocijo á que se torna, Y el precioso esplendor con que se adorna. Vírgenes adorables, Ninfas del argentino sacro rio. Cantad también los hechos memorables, Mientras el llanto mío Tributo al campeón que en la victoria Muriendo por la patria nos dá gloria. ESTEBAN DE LüCA 171 I.A SECRETARIA DE ESTADO BN El. DEPARTAMENTO DE GOBIERNO AL VENCEDOR DE MAIPO Buenos Aires. CANTO * HiC VIR, HIC EST, tibí QÜEM PROMITTI SOEPItJS ADDIS. Vire. Allá en la cumbre de los altos Andes Sobre región de nieve sempiterna, Donde más brilla el luminoso Febo, La América inocente colocada Domina al orbe; asiento majestuoso Le dan las cimas de elevados montes. Hoy es su trono mole tan soberbia, Que servir pudo en el osado intento De escalar el Olimpo á los titanes ; Trono que incontrastable simboliza Rl que firme sus hijos le han alzado Sobre la base de justicia santa. Allá del polvo vil y las cadenas. En que la hizo gemir el crudo hispano. La levantaron sus ilustres hijos En las alas del genio poderoso. • Está en «I^a Lira», pág. 163 ; sin firma. En la Colección, en la pág. 88, está firmada y fechada el año 1818. '■} VI 172 antología m if i II l..¡if Hoy repartido en trenzas su cabello, Ornado el cuello de nevadas perlas, Puesto al hombro el carcaj de flechas lleno De tersa y fina plata fabricadas. El arco tachonado de diamantes, IyOS pies cubiertos con sandalias de oro, Hija del sol y de tesoros llena, Como virgen del mundo resplandece Sobre las tres matronas respetables, lya África, la Asia y la ilustrada Europa. De un polo al otro á descubrir alcanza La extensión toda de su vasto imperio; No mira en tanto las cavernas ondas De sus montañas, los inmensos bosques, Los torrentes y rios caudalosos. Que atravesando fértiles llanuras, Corren á enriquecer el Océano; Un cuadro más grandioso y más terrible Su vista ocupa, el solio vacilante Del monarca español, que enfurecido Impele al mar las huestes sanguinosas Con que intenta oprimir el suelo indiano: En sus semblantes retratados mira Todo el furor y rabia carnicera De Pizarro y Cortez . . . ¡ Ah ! que en su seno Hondamente gravadas permanecen Las atroces heridas, que inundaron De sangre el trono de los dulces incas. De Montezuma en México opulenta! Por todas partes á sus dignos hijos .L. ESTEBAN DE tUCA 173 Rompiendo mira el yugo del hispano; El grito universal de la venganza Contra tres siglos de opresión indigna, El ronco son del bélico instrumento, El horrísono estruendo de las armas. Que los ecos dilatan y repiten. El confuso rumor resonar hacen La bóveda celeste, el patrio suelo Retumba todo : Libertad ó muerte. El fuego, el hierro, los paternos lares. Arrasan, yerman . . . más su vista fijan Los campos que ilustró con sus victorias El hijo renombrado de la patria. Que en los duros trabajos de la guerra Las belicosas huestes ejercita Que habrán fama gloriosa de invencibles ; Ve al héroe San Martín, vé á Chacabuco Donde muy más que invulnerable Achiles Ató á su carro al español feroce. No ha escarmentado su ambición insana, Y otra vez vuelve, y el visir de Lima Vengarse aun cree de la pasada afrenta. Desde el alto dosel, que rojo dice La sangre que inocente lo ha teñido, Reuniendo á los bárbaros sayones Que de Hesperia vinieron, les ordena Surcar en breve el piélago anchuroso, Y abrasar y destruir el altar santo En que la dulce patria es adorada. '"\r- 174 antología b-íií^' •I ■- •'!!: Del Pacífico mar la espalda oprimen Preñadas naos de armada soldadesca; Más ¡ ó presagio ! el Indo sacerdote Vé entonces desde el seno de las aguas Levantarse á los cielos una nube, De sanguíneo color y vasta mole ; Al sol, que va marchando hacia el ocaso, Ella se opone cual barrera inmensa. Pero agitando su diadema de oro, El la entreabre, la rompe y desvanece, Y con radiante faz se precipita En las salobres cristalinas ondas. Consultado el oráculo declara Prodigio tal en pro de los indianos. Del rico Chile ya la playa abordan Entre salvas y vivas los iberos, Y el nombre invocan de su rey Fernando, Como el de un dios, idólatras feroces. La griega mole en la funesta noche Que á sangre y fuego pereció el troyano, No arroja de su vientre gente tanta. Como cada una de las fuertes naves Que transportó las huestes enemigas, La voladora Fama anuncia luego A San Martín, que crueles invasores El suelo pisan que en unión juraron Defender los chilenos y argentinos. La nueva hace saber á las legiones Del ejército patrio su caudillo. «Los tiranos, les dice, ya se acercan. "it:> ■i.'íiíi*, ^'í./*. '■■tliji. ESTEBAN DE LUCA 175 «Veréis en breve mas tremendo Marte, «Mayor será la gloria, mas laureles «En el campo de honor alcanzaremos >. Osorio avanza, el adalid famoso En quien confía el opresor Pezuela; Marcha veloz hasta avistar osado El ejército unido de la patria ; El Maule pasa, y su altivez aumenta. ¡Infundada soberbia! ¡vano orgullo! Sus corrientes no son cual las del Xanto, Que rebosando el anchuroso cauce. Furiosas detuvieron á los griegos. Cuando iban á sitiar la antigua Troya. No de muy lejos los patriotas miran Cubrir el cielo nube polvorosa Que levantan las huestes del contrario; Ya escuchan el rumor de los clarines Con que á explorar se avanzan los ginetes; Ya San Martín sobre el bridón fogoso Discurre pioclamando á los soldados Del ejército patrio, y de su pecho Llevador de trabajos, comunica El fuego generoso que en él arde; Ya la jornada militar ordena En que al contrario observa y lo fatiga Con amagos marciales repetidos. Los pacíficos dioses, que presiden A los valles y fértiles comarcas Del abundoso Chile, se refugian "f h'i ' 'iv ', 176 ANTOLOGÍA Al libre Arauco, al oír que fiero ruge Herido el león soberbio de Castilla. El ejército unido y el contrario Sobre Talca se ven al tiempo mismo Que el sol va á sepultarse en occidente. Sucede el negro imperio de la noche; Cubre toda la tierra; y el caudillo Vigilante y activo varios planes Medita en su alta mente; el jefe hispano, Que las fuerzas conoce de la patria, Y su arrojo y bravura, desconfía De su poder furioso y agitado. Como el redil acecha el lobo hambriento, Que en tempestuosa noche sed rabiosa De sangre lo devora y se embravece; Así se halla el hispano, y en mil iras Se abrasa por destruir la indiana hueste, La luna con su giro silencioso La noche acompañaba, iluminando Con su argentada llama á los mortales; NingTin signo fatal, ningún agüero Pudo anunciar el mal que preparaba La astucia del ibero á nuestras fuerzas: A Hécate invoca y á los dioses todos Que en las nocturnas sombras dan auxilio Al mortal despechado; bruscamente El patrio campo ataca; al arma, al arma Prorrumpen los soldados, y á batirse Y á defenderse corren; mas en vano Su impertérrito brío; se confunden ;ír;i ESTEBAN DE LUCA 177 Bl amigo y contrario, y retirarse A las aliadas tropas es forzoso. El bravo San Martín á mil peligros Se arroja reuniendo á los soldados, Que se dispersan por distintas rutas. Como cuando el leopardo se ve herido Por la turba de diestros cazadores. Las iras reconcentra, y poderoso Por los venablos rompe, y se abre paso; No de otra suerte San Martín valiente Atropella las haces enemigas, Y del campo se aleja con los restos Que la adversa fortuna ha perdonado. Infatigable siempre, noches, días Lo ve el pueblo chileno, cual invoca Bl nombre de la patria, sus derechos, Y la gloria, y el brillo de sus armas; A voces tan sagradas, que en sus labios Adquieren mayor fuerza, se reúne Bl ejército aliado, y se rehace. Del Maypo á las llanuras se dirige, Y arde en deseos de volver en llanto Y luto la soberbia del ibero. Que cual engreído Xerxes se aproxima; Como plagas fatales sus columnas Se mueven arrasando las campiñas. Hasta acercarse rápidas al campo Del ejército indiano; ya se avanzan. Ya amagan, se retiran; nuestro jefe Sobre él resuelto marcha. . . La sangrienta 't .4*1'' '4. í.:: .». . ! u I!' 178 ANTOLOGÍA Batalla va á empezar: Caliope sacra, Inspírame propicia digno canto Con que pueda pintar heroicos hechos. El horrísono bronce ya retruena, Y lejos lanza de una y otra parte La muerte horrible; Marte sanguinoso Rechinar hace el carro de la guerra. Al frente San Martín de sus legiones Da ejemplo de valor, y les ordena Un terrible silencio, que interrumpe El estruendo tan solo de las armas. Unidas marchan las indianas huestes Contra el hispano, que en horrendo fuego Inflamando sus líneas las recibe; Mas el jefe ha ordenado, y nada puede La carga detener con que se avanzan A destrozar las fuerzas enemigas. El valor frío, la constancia asombra De los patriotas; aun está encerrado En su mosquete el rayo de la guerra, Aun no hacen uso del cortante acero, Apesar de que muchos ya regaron Con su sangre la tierra, y muertos yacen. Pero llegó el momento de venganza, ¡¡Homicidas feroces!! Como suelen Estrellarse las olas montañosas Del conturbado Océano en los muros De la soberbia Gades, derribando Grandes masas; así nuestros campeones ESTEBAN DE LUCA 179 Entre el fuego y el humo acometiendo, Destrozan, talan, queman, y derriban Cuanto al impulso fuerte se le opone De la terrible aguda bayoneta. De los infantes el sangriento choque Auxilian los ginetes, arrollando Las enemigas lanzas; corvo el sable Fulminan, rompen sólidas columnas, Que en contra forma la española gente. Los duros callos del fogoso bruto La tierra baten, pisan y destruyen Truncados cuerpos, miembros palpitantes, La lid está dudosa, se enfurece Alecto entre millares de guerreros; La ibérica falange se reúne, Y á cargar vuelve con mas dura saña. Aquí Balcarce, y Alvarado, y Heras, Y Quintana sus fuerzas desplegando, La rechazan al fin, y ocupan fieros Regado en sangre el campo de batalla. ¡¡Cuánto la patria os debe, héroes invictos, En tan duro conflicto!! Mas aun resta Otro y otro combate en que la parca Ve á torrentes la sangre derramarse. El aire rompen con silvido horrendo La balas del contrario, el suelo cubren Cual lluvia de granizo conducida En alas del austro embravecido. En la diestra el acero fulminante '¡M!-' :.r i8o ANTOLOGÍA Domina San Martin á la campaña Cercado de peligros y de muerte; Dueño de la fortuna y de sí mismo, Su espíritu guerrero nada turba; lyos ataques dirige, manda estragos. Como otro Jove que á la densa nube Reventar hace en rayos formidables. ¡Gracias, ó fiero Marte! ¡Dios terrible! En tal matanza tu sangrienta mano La vida respetó del gran caudillo. Todos los jefes su valor concentran Para el extremo decisivo impulso Con que envuelven, y baten y acuchillan A los fieros hispanos que á la fuga Se dan ó rinden los soberbios cuellos. Por todas partes gritos de victoria De la lid en el campo ya resuenan; El clamor sube hasta el sagrado Olimpo, Y se alegran los seres inmortales Del triunfo de la patria mas glorioso. La Fama al punto por el aire vaga Sus alas desplegando, á las naciones Vuela á anunciar la memorable hazaña Del fuerte San Martín. Sí, jefe invicto, Ni leonidas al frente de los bravos Que á Thermópilas lleva, ni Milciades Al persa altivo en Marathón venciendo, Tuvieron el valor, y genio ardiente Que te inflamaba en la tremenda lucha. _'>.«<.i_xjrí'ii ESTEBAN DE LUCA i8i Con tu égide has cubierto poderosa La patria libertad; tú en adelante Serás llamado Aníbal argentino Que enseñaste la senda que conduce De la inmortalidad al templo augusto: En columnas de bronce, allá grabados Los nombres se leerán de los guerreros Que supiste llevar á la victoria En los llanos del Maypo; siempre eterna Será en el continente columbiauo De San Martín la gloria esclarecida. Y vosotras, ó sombras inmortales. Que el fuerte heroico aliento habéis rendido En el sangriento choque, mas gloriosas Vais á vivir en los Elíseos campos Entre los libres de la antigua Athenas: Mirad de allá que del ejemplo vuestro Mil y mil combatientes han nacido, Que libertar la patria firmes juran, O guerreando en sus ruinas sepultarse. tu " M 1 i' :■ i 182 ANTOLOGÍA i. t'' I' ! CANCIÓN * PARA LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA DE MÚSICA DE BUENOS AIRES EN LAS FIESTAS MAYAS CORO Z>e la patria el gran día^ argentinos, Con acentos festivos cantad, Y creciendo en virtudes, hagamos Su glorioso renombre inmortal. Siempre en llanto la América toda Por tres siglos gemía humillada, Y en cadenas al carro ligada Del ilustre ambicioso invasor ; Mas en Mayo el valiente argentino, De su llanto y dolor penetrado, Corrió al campo de Marte indignado A salvarla ó morir con honor. CORO Buenos Aires, en Mayo, mil gritos Levantando de guerra y venganza, A los pueblos á firme alianza Concitó con esfuerzo inmortal : • Está en La Colección, pag. 29, firmada y fechada. No está en La Lira. ESTEBAN DE LUCA 183 De su seno partiendo animosa La falange de libres, aterra Al tirano en el valle, en la sierra. Que la espera con saña infernal. CORO Buenos Aires el rayo terrible Fulminó contra el déspota fiero. Por dos lustros blandiendo el acero La vio el Sol combatir la opresión : A su estruendo de guerra los montes Del Perú ya después resonaron, Y sus hijos ardientes clamaron : Libertad, libertad, firme unión. CORO Llevó al templo del Sol sus banderas El valiente guerrero argentino, Llegó al mar, y cual numen divino, A mil monstruos osó domeñar: Y fué en vano que fuego y horrores Vomitara en su daño el abismo, Que logró por un nuevo heroísmo De sus furias por siempre triunfar. CORO De cadenas América libre Fué del mundo asombrado envidiada, Y á la cumbre de gloria elevada Del oriente al ocaso brilló: Vi' *'. Wi íí' 184 antología Que sus hijos con sangre enemiga Sus antiguas afrentas lavaron, Y los altos destinos mostraron Que el Eterno en su frente escribió. CORO Premio hallaron las arduas fatigas De los hijos de América fieles, Y á la sombra de hermosos laureles Hoy disfrutan feliz libertad : En su trono los reyes vacilan A los -cantos de gloria que entonan, A las voces que al mundo pregonan De los hombres la santa igualdad. CORO "1 'í ,1 " ) Mayo 25 de 1823. M u' ■ '' 1 i m¡ •I I' ! 'i tí ESTEBAN DE LUCA 185 ODA * AL TRIUNFO DEL VICE-ALMIRANTE LORD COCHRANE SOBRE EL CALLAO, EL 6 DE DICIEMBRE DE 1820. Terribil fos ti Qual tempesta, ó guerrier de flutti tuoi. ¿Qué varón, dime, ó musa, tan terrible, Tan experto en las lides peligrosas. Como el ilustre Cochrane, triunfar supo En los mares de América y Europa De la saña enemiga Con vigilia inmortal y ardua fatiga? ¿Quién, como él, en el orbe fué inflamado De un fuego tan heroico, tan sublime. Cuando, previendo el porvenir dichoso. Que el cielo al nuevo mundo preparaba, Decide en su alta mente Su esfuerzo unir al de la indiana gente? Nadie jamás: al invencible Cochran Enciende, agita, causa sacrosanta : La libertad de mil generaciones, I,a Colección, pag 137. La Lira, pág. 320. mW 1 86 ANTOLOGÍA Que ya sus glorias á cantar empiezan, Sobre los Kooks y Ansones Que honor dieron y gloria á los bretones. Un volcán es su pecho generoso De virtudes guerreras; no le es dado Más tiempo resistir, y despreciando Ivos palacios y torres eminentes, Que la Europa pregona, Al furor de las ondas se abandona. Luchando con los vientos borrascosos. De la soberbia Albion, del patrio suelo Con ánimo esforzado se retira Para vengar a los hijos de Colombia Del duro cautiverio, Con que oprime la España su hemisferio. Vuelta la faz al septentrión helado, De las brillantes Osas se despide, Y tendiendo al Antartico la diestra, Como en acción de señalar las tumbas Del Inca virtuoso, A sus manes promete dar reposo. ¡ Oh padre de los vientos, favorable Encadena á los fieros aquilones. Mientras navega por los altos mares El ínclito Bretón, que ya traspasa El Ecuador ardiente En demanda del Indo continente! ESTEBAN DE LUCA 187 Y vosotras, ¡oh estrellas refulgentes! Acompañadle en su gloriosa empresa, Que hoy más que nunca observa vuestro brillo Hasta llegar al puerto suspirado; Pues un fugaz momento Un siglo vale para su alto intento. Mas ¡oh ventura! ya á engolfarse empieza En los mares del Sud, las altas cimas De montes gigantescos descubriendo. Fama es que los Tritones á su arribo La nave circundaron, Y á todas las riberas lo anunciaron. El pueblo entonces del heroico Chile, Que juró guerra eterna á los tiranos, Al puerto corre, y entre alegres vivas Liberal lo recibe ; ya su nombre A todo pecho inflama, Y el genio su heroísmo ya proclama. Temblad, temblad, sangrientos opresores, Que domináis en la opulenta Lima; Temblad, temblad, de los terribles golpes. Que ha de lanzaros la indomable diestra De Cochran invencible; Temblad, temblad en vuestro asiento horrible. No lo quiero pintar cuando destroza, Y hunde en los mares el bajel guerrero, Con que el hispano su valor insulta : i 'H 11 1 ; 188 ANTOLOGÍA No visitando intrépido las costas, Que el Pacífico baña, Con terror y vergüenza de la España. No como en el Callao desde el alcázar Fulmina nuevos aterrantes rayos, (i) Rayos de las materias inflamadas Que allá en su abismo encierran los volcanes, Y son al enemigo Un presagio fatal de su castigo. Si me asistiera el magestuoso acento De Píndaro sublime, si al Olimpo Yo me elevase en vuelo arrebatado, No bastara á pintar el nuevo arrojo, Que ahora Cochran medita, Y á riesgos mil y mil lo precipita. AI medio de la noche, al sordo ruido Con que baten las olas espumosas El flanco de la nave, se dirije A forzar en su puerto al enemigo. Que no espera confiado Ataque recibir tan denodado. A los primeros golpes se resiste La altiva nave (2) que combate Cochran; Crece el clamor de la marina gente. (i) Los cohetes incendiarios. (2) I,a fragata de guerra Esmeralda. ESTEBAN DE LUCA 189 Kl silencio terrible se interrumpe, Y responden entonces Del gran baluarte los tremendos bronces. Retumba lejos en los hondos mares El formidable estruendo ; por momentos Se ilumina la atmósfera y se inflama, Cruzando con brillar interrumpido Los globos de la muerte, Que España arroja del castillo fuerte. ¡ Oh teatro á un tiempo de pavor y gloria ! Igual era tu aspecto al que presenta El Etna mugidor en noche obscura, Cuando vomita un mar de ardiente lava, Y al bramar de su seno, El rayo siguen y espantoso trueno. En medio Cochrane del horror y estrago Ejemplo es del soldado y marinero. Que ya claman ¡victoria! . . de un mosquete El mortífero plomo despedido, Silvando á herirlo viene; Mas su glorioso triunfo no detiene. Su sangre ve correr y al punto exclama, Recibe, oh gran Colombia, este tributo, Que á tu sagrada libertad consagro ; Y rinde en tanto la alterosa nave, En que funda el hispano Su naval fuerza con orgullo insano. ... .r-'j ■ >'.■■*.;. ^U.,. .■». > IQO ANTOLOGÍA m ^ j .f Tú entonces, jefe ilustre, allí la sombra Terrible viste del invicto Nelson, Que en el duro combate te animaba Con su inmortal ejemplo; tú excediste Las glorias de aquel día. En que humilló de España la osadía. Al frente del Callao la nueva aurora Te vé mostrar el triunfo, que arrancaste Del centro del poder á los tiranos: La fama vuela hasta el visir de Lima, Que en su dosel erguido La santa humanidad tiene en olvido. Se turba y oye, pálido el semblante, La nueva que sus proceres le cuentan: Es en vano el despecho y rabia ciega, Con que invoca á las furias infernales; Que el Dios del mar potente Hoy á Cochrane ha dado su tridente. Salve mil veces, célebre caudillo, Que el Pacífico surcas, tremolando En triunfo el pabellón que te confía El estado chileno : tus hazañas Dan hoy gloria y consuelo Al peruano oprimido, al patrio suelo. Tú á los altos designios consagrado Del bravo O'Higgins y San Martín invicto El mar del Sud dominas; tú aseguras ESTEBAN DE LUCA 191 Un nuevo astro de paz á las naciones, Y un templo á tu memoria, Donde por siempre brillará tu gloria. A LA LIBERTAD DE LIMA POR LAS ARMAS DE LA PATRIA AL MANDO DEL GENERAL DON JOSÉ DE San MarTÍN CANTO LÍRICO* No es dado á los tiranos Eterno hacer su tenebroso imperio Sobre el globo infeliz, llevando insanos, A doquier el terror, el llanto, el duelo. La viudez y horfandad: en vano el trono Ven con ardiente celo Guardar á los ministros de su furia; En vano fieros desde el alto asiento Desu injusto poder miran los males De pueblos oprimidos y obedientes Por largo espacio al ímpetu violento De su cruel ambición; ya las señales De su ruina y oprobio están presentes: Llega por fin el dia, en que hasta el polvo Su soberbia humillada Será de las naciones execrada. ' La colección pag. 144.— La Lira pág. 381. '.'AC N>> !l 192 antología I Así el poder de Jerjes orgulloso, Así el dominio del feroz Atila, Tan solo en la memoria Duran hoy de los hombres, x es su gloria Del orbe aborrecida: ya pasaron: Cual plagas espantosas, y á la tierra Solo largos recuerdos le dejaron De incendios, muerte, asolación y guerra. Asi, ó España, vimos Caer aquel vasto y gótico edificio Que á su infausta ambición, sobre las ruinas De dos ricos imperios, levantaste En el nuevo hemisferio: al torpe vicio, Al sórdido interés abandonada. Fuiste esclava á tu vez, también probaste En justa pena de tu horrendo crimen El duro yugo que la ardiente espada De Napoleón te impuso. Entonces gimen Tus hijos degradados, los que fieros A Colombia destrozan y la oprimen. Cuando allá de los altos Pirineos Hasta el soberbio muro gaditano Los brillantes trofeos Las águilas francesas anunciaban Del César más altivo, heroicos gritos Por todo el nuevo mundo resonaban Contra la antigua España y sus decretos, Que del colono con la sangre escritos, A eterna esclavitud lo condenaban. 'm-^' ^ i» ESTEBAN DE LUCA Diez años á los hijos de Colombia Sobre los montes y tendidos llanos Vio el sol entre fatiga, Y muerte y destrucción, la horrenda liga Combatir de los bárbaros tiranos, Invocar de la patria el santo nombre, Y constantes y fieles Su vida consagrarle y sus laureles. Más súbito, al estruendo formidable Y confuso clamor, alto silencio Se sigue, comparable Aloque vemos reinar en el océano. Cuando ya cesa el aquilón furioso De agitarlo y bramar, cuando sus aguas Blandamente del céfiro movidas, Calma dan y reposo A las almas de espanto confundidas; Silencio majestuoso. Que á la opulenta Lima ya cercano, San Martín interrumpe cuando clama, / Independencia al suelo americano ! Oye el atroz tirano Este augusto decreto del Eterno Con profundo terror: el negro averno Abierto vé á sus pies, cual otras veces Al oír la voz del trueno retumbante Que le acusa de crímenes horrendos, jOh gloria! San Martín ya entra triunfante 195 A if Ef^ 194 ANTOLOGÍA A la gran capital, donde reinaba El sangriento poder, la vil codicia. Que á ejemplo de Pizarro, devoraba Al visir orgulloso; Aquí los fieros déspotas, viviendo Tres siglos en deleite escandaloso. La miserable suerte Del colono un momento no aliviaron, Y á servidumbre y muerte. Gozándose en el mal, lo condenaron. Al frente de las huestes de la patria Marcha la Libertad, hermosa brilla Y augusta la Razón ; glorioso día ! Ya disipan sus rayos luminosos La noche del error que antes cubría Con un velo fatal los espantosos Designios del tirano: Ya en toda Lima el himno soberano De Libertad resuena; Ya rota la cadena De amarga esclavitud, canta las glorias Del grande Capitán; ya los clamores De un pueblo agradecido las victorias Publican de los libres: ¡Libertad! ¡Libertad! sublime acento Que lleva el eco desde el hondo valle A los montes mas altos y fragosos, Y repiten los mares procelosos. ESTEBAN DE LUCA 195 Oh ilustre pueblo! en el más fuerte asilo De antiguos opresores, circundando De bárbaros sayones, Valorar la virtud aun no te es dado Del fuerte de los fuertes, del gran genio, Que al frente de guerreros escuadrones, De audaces poderosos enemigos Venció la rabia insana: Tú, que á la dulce libertad hoy naces, Aun no puedes saber de cuanto lustre Ha colmado á la gente americana: En tu dicha inefable y suspirada Pregúntalo á los pueblos, que del yugo Ivibertó de opresión su heroica espada; Oye los claros hechos. Que del héroe pregonan lyos pueblos libres en sagrada alianza, Y une á los cantos, que á su gloria entonan El debido tributo de alabanza. San Martín animado De celestial impulso, en el gran libro Leyó de los destinos, que Colombia Largo tiempo oprimida Por la ambición mas bárbara y funesta, Cobrando nueva vida. Rompiendo sus prisiones, Alzarse debe libre, independiente De la soberbia España, Y triunfadora de su cruda saña 196 ANTOLOGÍA il- II I Bella y rica mostrarse á las naciones. El intrépido jefe los peligros Contempla y las distancias, Que ha de arrostrar en la gloriosa empresa: Ora al tirano vé, que armado en muerte. Un momento no cesa De oprimir obstinado, y á la suerte De la patria oponerse venturosa; En el carro tremendo Ora lo vé en la lucha sanguinosa, Y entre el horror de muertes mil cayendo Vé al generoso indiano: más es justa La causa que al caudillo el pecho inflama; Sí, de los cielos la justicia augusta Ordena combatir, pronto la sangre Se verterá á torrentes, Y caudalosos rios por tributo L'.v....v ESTEBAN DE LUCA 225 Y un mar la circundó de inmensa pena: En ella, antes mansión de la justicia, Habitó el homicidio; los consejos Del inicuo vencieron, y sus calles Quedaron ¡ay! desiertas lamentando De los buenos la ausencia; el más terrible Espíritu de vértigo agitaba Todos los corazones, y aun los sabios Erraron en sus obras. Aun mas plagas Nos restan que sufrir, pues que no existe Belgrano entre nosotros, y él la diestra Desarmaba de Dios con sus virtudes, Cuando iba á confundirnos, y del crimen, La semilla estirpar con nuestra ruina, Y universal estrago... Tormentoso Ya del frígido polo se desprende El austro fiero, y con tremenda saña Nos trae la tempestad; con negras nubes Nos roba ya del claro firmamento La lumbre bienhechora; todos temen Siglos en noche eterna ser envueltos; Ya hiere el rayo las mas altas cumbres; El huracán con horroroso silvo Embravece las aguas caudalosas Del argentino río, (i) que bramando Con sus hinchadas olas amenaza Todo tragar al corrompido pueblo. ( I ) Grande y extraordinaria creciente del Rio de la Plata sucedida el afio 20, al poco tiempo de la muerte del Sr. general Belgtrano. 226 ANTOLOGÍA I' Y tragado lo hubiera en sus abismos, A no ser que ya el héroe disfrutando Cabe el trono de Dios palma gloriosa, Cual numen tutelar intercedía Por el suelo en que vio la luz primera. Tantas y tan terribles las señales Debieron ser de la funesta muerte Del virtuoso patriota, del guerrero. Que en nuestro idioma, y elocuente labio Revelaba á los pueblos abatidos De libertad los mas sagrados fueros; Que nos condujo en la mas ardua empresa. Que al hombre presentaron las edades; Cual fué romper el yugo de ignominia Con que España ambiciosa por tres siglos Nos oprimió... Gran Dios!... sobre su tumba Tendida veo la terrible espada Antes en los combates victoriosa. La espada, que sirvió á los juramentos De vencer ó morir en la atroz guerra. Con que fieros tiranos afligían El suelo patrio. ¿Quién en adelante Dará á la triste patria honor y gloria? ¿Quién ¡ay! puede animar el fuerte brazo Que yace helado en el sepulcro?... ¡Oh día El más funesto que los hombres vieron!! Al duro golpe de la fiera Parca Cayó Belgrano, cual robusto roble Por el recio aquilón mil y mil veces ESTEBAN DE LUCA 227 En ásperos inviernos combatido; Cayó... y con él los altos pensamientos, Que el genio de la patria le inspiraba, Huyeron ¡ ay f al reino impenetrable De las terribles sombras. En un tiempo Lo vimos perseguir á los tiranos, Batallar y vencer: en las riberas De ríos caudalosos, en la cima De los mas altos montes colocaba El estandarte patrio, que á los pueblos Oprimidos llamaba á los combates. En el augusto templo los pendones De las vencidas huestes nos recuerdan Que en Salta y Tucumán, siglos eternos Dio de honor á la patria: allí ligado El orgullo español con cien cadenas Brama, viendo humilladas sus insignias; Allí la envidia sus prisiones muerde Con inútil furor, mientras la Fama Con raudo vuelo por el orbe todo Lleva los hechos y glorioso nombre Del ilustre Belgrano, y acrecienta, Y realiza las bellas esperanzas Del hombre libre, que á la dulce patria Consagró su vivir con alma heroica. Crrande siempre y sublime en sus empresas. En el alto Perú, sobre los restos Del arruinado imperio de los incas, Consultaba á sus manes el origen, Y sagrado carácter de sus leyes. 1 228 ANTOLOGÍA t. ffí En su mente fatídica esculpida La serie larga de ominosos tiempos, Llanto de compasión sobre la sangre Vertió de los colonos infelices Sacrificados á la vil codicia Del cruel conquistador... americanos, Estatuas levantad á su memoria, Vuélvanlo vuestros votos á la vida... Mas ¡ay que el que una vez los ojos cierra Al sueño sempiterno de la muerte, No torna á ver la luz que le prestara Benigno antes el sol! ¡Ay! para siempre, Para siempre sin fin perdió la patria Al gran Belgrano, cuando mas debía De glorias coronarla, cuendo al solio Meditaba marchar, donde se eleva El cruel visir de Lima, sorprenderle; Y preguntarle sobre la injusticia De sus guerras, y antiguo poderío. El entonces formó nuevos campeones. Que heredasen su honor, y que á la patria. Salvaran en el día del peligro ¡Oh memorias amargas! ¡Quién pudiera Atrás volver los ya pasados tiempos! Yo en mi angustia y dolor, espanto solo En torno de mí veo... ¡ay Dios! en vano, A mis amigos llamo y á mis deudos Que consuelo me den; nadie me escucha, ESTEBAN DE IvUCA 229 Ninguno me responde... estéril yermo, (i) De sangrientos cadáveres sembrado, Imagen de los reinos de la muerte, Me circunda sin fin... en vano ¡ay triste! Mi vista horrorizada allí se tiende En una horrenda inmensidad, buscando A mis conciudadanos y á mi patria: Mis ojos ¡ay! no ven mas que vestigios De su gloria y poder; solo las huellas Ven del gran capitán y sus guerreros, De sus caballos y soberbios carros. No es ilusión ¡oh Dios! cuanto descubro: Estas las huestes son, estos los campos. Donde un tiempo Belgrano infatigable Al soldado ensayaba á nuevas lides. Donde el clarín un tiempo resonando Inspiraba en las almas noble aliento. Todo despareció de entre nosotros Desde el fatal instante en que las tropas Sin freno de obediencia, sin caudillo, Sirvieron á merced de impíos genios. Que escándalo y horror serán al orbe. ¡Días llenos de gloria y de ventura, Ya mas no tornareis para nosotros! A Belgrano perdimos, al guerrero, (i) Alude á las guerras civiles del año 1820. ti' 41 li 230 ANTOLOGÍA Que con el brillo de su heroica espada Amedrentó en su tronío á los tiranos, Que con su aspecto de la gloria imagen, Del valor y constancia reprimía El violento huracán de las pasiones, Que ora todo lo arrasan y destruyen. Inmenso es nuestro mal, terrible el golpe, Que causa nuestro llanto, que nos cubre De luto universal... el cenotafio, Los cantos de la iglesia lamentables, Las fúnebres antorchas... todo anuncia Que el héroe ya finó... Mas, á la Muerte En su furia implacable no le es dado Borrar de sus virtudes la memoria Grabada en nuestros pechos: ellas deben Formar el alma á nuevos ciudadanos. Que den lustre á la patria y nombre eterno; Ellas, para consuelo, nueva vida A la patria darán, que hoy ultrajada Es vana imagen, yerto simulacro; Por ellas lucirán los bellos días Que en medio del indiano continente Levantemos el ara sacrosanta, Dó de edad en edad todos sus hijos Tributen en unión á la Concordia De patriotismo cultos reverentes, Y los hechos acuerden memorables Y el ejemplo inmortal, que al nuevo mundo. Dejó de patrio am^r el jefe ilustre. •mm ipWT'WWPRUP'Pm'IW" ESTEBAN DE LUCA 231 Justos son entre tanto los suspiros, Que exhalamos piadosos y sensibles; Justo es nuestro dolor, cuando á Colombia Vemos, rodeada de los patrios manes. Llorar sobre el sepulcro de Belgrano En lúgubre ropaje; cuando gime En angustia profunda, y entre sombras No brillan los destinos, que en su frente Escribió, para bien de las naciones. Con rasgos luminosos, indelebles La mano poderosa del Eterno. OCTAVAS* No bastando á la parca inexorable Los héroes que por siglos sepultaba En su abismo profundo, impenetrable, Un otro Fabio á su furor buscaba Esforzado, prudente, infatigable; Violo en Belgrano al fin, vio cual brillaba. Llega, lo hiere con aleve mano, Y es llanto, y luto el mundo americano. Quien patrio amor no sienta al ver la losa, Que las cenizas cubre de Belgrano, Quien no se inflame, y con la faz llorosa No invoque su heroismo sobrehumano, .1 * La colección pg. 323.— La Lira Argentina pág. 293. i r 232 ANTOLOGÍA Hijo es de servidumbre vergonzosa, Esclavo triste del poder tirano, Que en medio de la rabia, y del espanto Oye de libertad el himno santo. M Bravos guerreros, hijos de la gloria, Llegad todos al túmulo elevado De vuestro jefe ilustre á la memoria; No os intimide el triunfo que ha logrado La Parca atroz : si en vida á la victoria El os llevó mil veces denodado, Muerto aún os habla en este santo templo, Con su noble virtud y heroico ejemplo. i«/ Ved á la Patria en tan aciago dia Triste, eclipsada la apacible frente. Que antes con gloria y majestad lucía ; Vedla sobre el sepulcro, amargamente. De Belgrano llorar sensible y pía; Llorad todos, sentid, como ella siente. Mientras admiran todas las naciones Del héroe más virtuoso las acciones. i \ \ ¡1 I ;: !li •\, ESTEBAN DE I.UCA 233 AL SEÑOR DON BERNARDINO RIVADAVIA * MINISTRO DE GOBIERNO Y DE REI,ACIONES EXTERIORES, EN LA MUERTE DE SU HERMANO DON SANTIAGO RIVADAVIA. Profunda pena conmovió tu pecho, Y embargó tus sentidos, en la muerte Temprana, injusta, de tu caro hermano. ¡ Ay ! ¡ Cual entonces aprisionó tu lengua El fúnebre silencio hasta que el llanto, El llanto del dolor brotó en tus ojos, Y abundante bañó sus restos fríos! Hoy la patria lamenta inconsolable La pérdida del hijo más amado, Y gime la virtud; aun los varones Mas fuertes hoy sollozan y vacilan. Viendo cual fué al sepulcro arrebatado Su compañero ilustre, el que invencible Mil veces humilló al error impío, Cuando más orgulloso amenazaba Destruir de la verdad el justo imperio. ¡ Oh ! si ora el llanto de dolor pudiera Darle vida, verías cómo el tuyo, Y el que alimentan sus amigos fieles, ía. colección pág. 333. No está en I,a I,ira. r '''f 234 ANTOLOGÍA Tanto bien alcanzaban; mas, no puede Ninguno los estragos ominosos Evitar de la reina de las sombras, Eternamente atroz. Asi en su carro Espantoso, ¡oh dolor! fué conducido Al lugar solitario, do algún dia En pompa funeral iremos todos A dormir en silencio perdurable. ¿ Quién te dijera, cuando el plan formabas De esta triste mansión, que muy en breve De tu hermano, el cadáver cubriría? Su negra tierra lo cubrió por siempre, Y yacerá sin fin : más de esta deuda. Que todos pagaremos, tu has sabido Formar para la patria un gran tesoro. Alzando á la piedad un monumento. Aqui del opulento el fiero orgullo, Aqui el que piensa en ilusiones vanas Que nació á ser señor del orbe entero. Se humillarán al ver que un corto espacio De tierra han de ocupar, como el más triste Mendigo de la plebe numerosa. Obra es tuya; medítala, y consuelo En ella encontrarás, viendo los bienes Que á la afligida humanidad produce. ¡ Ah ! no es posible: que tu blando pecho Hoy negando al placer, las tiernas voces De la naturaleza solo escuchas. Que te manda llorar sobre la tumba. Que allí se eleva, de tu caro hermano; MÜ •mmmm^pmmm^mi^ ESTEBAN DE LUCA 235 Tus tristes ojos ¡ay! en ella clavas, Y el abismo descubres insondable, Que de tí lo separa ; más terrible. Que las hondas cavernas de los Andes, El ha tragado sus floridos días, Y con ellos las dulces esperanzas De la naciente patria; un pueblo entero Gime en su muerte, y con razón; que él era Su ilustre defensor, robusto atleta De la sagrada libertad, su pecho Muro fué de diamante en que las iras Del fanático cruel, del ambicioso Vinieron á estrellarse, y moribundas, A buscar se arrastraron almas viles. Que á su imperio funesto se rindiesen. Un trueno era su voz, cuando aclamaba Los derechos del pueblo en el santuario Augusto de la ley (i) cuando su esfuerzo Evitó que una ley austera, injusta. La libertad de imprenta encadenase, Y consiguió que el pueblo á la luz diera En mil formas y en mil sus pensamientos; Cuando calmado de la atroz discordia El insano furor, que largos dias A la patria angustió, pidió sensible Tomasen los expnlsos de su seno A gozar de mil bienes, abrazando ( I ) Don Santiago Rivadavia, diputado del pueblo de Morón en la campa- ña, se distinguió por su enérgico espíritu liberal en las discusiones de la Sala de Representantes, sobre las leyes de la libertad de imprenta, de olvi- do, y de reforma eclesiástica en el afio 1822. (Nota de la composición). 236 antología t.:'> A' A las esposas, y á los tiernos hijos, Que en llanto y orfandad tristes gemían: Un trueno era su voz, y el fuego santo De la razón su espíritu inflamaba, Cuando osado rasgando el denso velo Que la superstición alzado había Ante la religión sencilla y pura, Mostró al pueblo el semblante luminoso De paz y caridad que le dio el cielo; Cuando enseñó con elocuente labio La sublime moial que ella nos dicta Libre del torpe rito y las ficciones Que su divino origen ocultaron A tímidos creyentes. A tan altas Voces del orador se disiparon Veinte siglos de error, y ya la patria Hoy cultos rinde al Dios de nuestros padres Como conviene á su bondad inmensa, ¿ Y que premio, después de tanta lucha Contra enemigos fuertes y obstinados, Esperaba tu hermano ? ,E1 que desea El justo en su fatiga, el placer puro De obrar el bien, sin esperar del hombre Gratitud ni fortuna : jamás pudo Deslumhrarse al mirarle en el asiento Del poder colocado, y los destinos Dirigir de la patria: noble y fiero Solo á tí se acercaba, como á hermano Del afecto cordial siempre movido Con que te amó desde la tierna infancia, ESTEBAN DE LUCA 237 Nunca humillóse á demandar favores Del magistrado, detestó las artes Del palaciego vil, que el alto puesto Logra sobre la ruina del mas sabio Y honrado ciudadano; en las labores Inocentes del campo se ocupaba Cual otro Cincinnato, y aunque en ellas Fundaba su fortuna, el sacrificio Hizo casi una vez de abandonarlas. Porque la voz del pueblo irresistible Lo llamó al templo de la ley augusto. Donde su voluntad fiel expresara. Esto y más fué . . . ¡Oh dolor ! él ya no existe Que la parca, queriendo inexorable Una víctima ilustre que á la tierra De horror colmase y desusado llanto, Nos privó de su vida : por el pueblo, Se esparció al punto la funesta nueva, Y todos de dolor mudos quedaron. ! Oh ! ¿ Cual fué su constancia y fortaleza En aquel trance amargo en que debemos Con ronca voz al globo que habitamos Dar el último vale? Imperturbable Vio de la eternidad las anchas puertas Abrirse con estruendo á recibirlo Lejos allá en su espacio inmensurable, Donde generaciones ya sin cuento Entraron á servir á los destinos De un todo inmenso. ¡Oh Dios! ¡Del aclamado Por el pueblo varón de fortaleza 238 antología 'í! I Se extinguió ya el aliento, y tronco yace!! Asi cayó tu hermano, cual la encina, Pompa, gala y honor del prado ameno. Cuando es herida del ardiente rayo Desprendido de nube tormentosa: Los sencillos pastores que á su sombra. Viviendo en paz dichosa, siempre hallaron Suave frescor en los estivos meses, Se horrorizan al verla ya en el suelo Marchita y destrozada por la furia Del meteoro terrible, inesperado; Todos á una la pérdida lamentan Del árbol bienhechor, y hasta los hijos De sus hijos después, de lengua en lengua. Durará la memoria del estrago. Fija en la tuya está la infausta muerte. De tu llorado hermano. . .; Ay! Por la espada Del dolor es tu pecho traspasado, Hoy que mayor aliento necesitas, Para salvar la nave del Estado De continuo asaltada por las olas Del irritado mar de las pasiones. Serena ya tu mente, recordando Que la fió á tu saber un pueblo libre, Que, cual piloto experto y animoso Debes llevarla al suspirado puerto. Consulta tu razón, y larga tregua Hallará tu penar ; medita el orden De este bajo planeta en que moramos, Y él te dirá, que al más sereno día ESTEBAN DE LUCA 239 Una noche sucede borrascosa, Y al céfiro suave en un momento El furioso huracán que al suelo abate Los cedros más añosos y elevados. Gime entonce el mortal sin esperanza De que torne la calma apetecida, Mas el dulce momento no está lejos De gozarla mayor, y á sus afanes Acostumbrados vuelve y regocijos. Asi en el mundo, pues, fueron por siempre. Los bienes con los males alternados. ¿Tú lo sabes, y aun lloras? ¿Que? ¿No esperas Consuelo á tu dolor? El tiempo solo. El tiempo destructor de los imperios, De penas y placeres, puede en breve Cicatrizar la herida que en tu seno La parca abrió, desde el fatal instante Que en flor cegó la vida de tu hermano. ¡ Mil veces yo feliz, si ora el acento De mi musa, venciendo el largo plazo Del tiempo y su rigor, darte pudiera, Pronto alivio en el golpe lastimero! ¡ Oh ! ¡ Si al menos, la musa de la historia Mi numen inflamando, á las edades Pudiese transmitir los nobles hechos De tu querido hermano! Ellas dijeran, Al contemplar mi cuadro verdadero : El fué un amigo fiel, un hombre recto. Un buen republicano, y allá en Roma Fuera tribuno justo del gran pueblo. Año de 1823. i ■I ili I ! i ! I a! ■ ^IM JUAN RAMÓN ROJAS ■f^ j^^^'^'^f,-^. •<, ... ...;ife-(i„;:''"- ■'"•m«Hf'ly •«'; re,------, -,» ' S *. <' > • -;'"l.'/' \, \i A LA EXMA. JUNTA GUBERNATIVA ♦ DE LAS PROVINCIAS DEL RIO DE LA PLATA EL CUARTEL NÚM. IX Júpiter dijo á Venus: la bella Ilía Vestal de regia sangre, los halagos De Marte consintiendo, dos mellizos A luz dará. Ya Rómulo adornado Con la bermeja piel de aquella loba Que alimento le dio, tomará el mando, Y establecida la ciudad de Marte, Formará de su nombre el de Romanos. Soberanía inmensa les concedo, Sin prescribirles límite, ni plazo . Y aun la implacable Juno que hoy excita En cielo, en mar y en tierra sobresaltos, Con más prudente acuerdo, ha de ayudarme A promover las dichas del togado Pueblo de Roma, del señor del orbe. Esta es mi voluntad, (i) Por largos años * Está en 1.a Lira Argentina, pág. 13, sin firma. Está también en la Colección, en la pag. 39, sin firma, año II. (1) Iriarte. En la traducción del Libro 10 de La Eneida. y fechada el wam i T** i ■■VI ) í ' f 344 antología Imperará feliz. Solo reservo Para manifestar el sumo grado De mi poder, hacer más poderosos A los pueblos del suelo americano. Estos países hasta hoy desconocidos, De la soberbia Europa al fin hallados. Provocarán de España la codicia. Ella armará bajeles y soldados, Y atravesando por buscar riquezas La extensión formidable del océano, Arribará del Paraná á las costas. Allí á plomo y cuchillo derramando La sangre de sencillos moradores. Arrancará de sus inermes manos El natural dominio , y extendiendo El suyo con las armas, á su mando Sujetará dichosa dos imperios Que el Nue7» ■* 272 ANTOLOGÍA r h ...i Deséchalos, pero sabrás de cierto Que nada mas pretenden Que una fortuna que esperar no puedo < Y hablando siempre, compendioso quedo. Cayó, si amigo, el pertenaz britano Y de entonces rompióse el denso velo Que antes, nos facinaba: el rudo hispano El impávido galo, el argentino Después de alzar la voz con noble celo Proscribiendo al insigne, y repitiendo Unánime continuo JVo quiero : yo no quiero : esto pretendo . . . Tratan de dirigir el voraz fuego Que había prendido en el su heroico pecho, Y en una misma pira Ardiendo todos en igual derecho Cualquiera de ellos conspira A adiestrarse muy luego En el bélico arte, Y obsequio prestan al soñado Marte Viva convocatoria Aquel valor ingente Ya brotando antes, relució más claro Con resplandor fulgente: Y al templo augusto de la invicta gloria Corrimos sin reparo Trepando con descaro Por vías arduas dignas de memoria Que mas encubran nuestra excelsa historia. ¡Oh mi amigo ! si vieses JUAN RAMÓN ROJAS 273 Un mil y un mil y miles de habitantes Que hoy estrecha la madre patria amada En su área afortunada Amigos, y constantes Respirando unos mismos sentimientos Animando placenteros y contentos Da una prueba alzada De su fidelidad! no, no creyeses Que era la capital la de otras veces ¡Oh! si mirando, bostezando al día En brazos de las horas aun pintando Con sus dedos de rosas El lindo emporio de la esfera hermosa La refulgente aurora, y ya sonando El clarín y atambor estrepitoso, Y la alegre y confusa gritería De nuestros habitantes Yendo á fatigas! ay! que odiaban antes Con paso presuroso! Cual, Velez, te llenaras De marcial entusiasmo! Cuánto fuego Discurriría en tus ardientes venas! Cuan grato te sería el desosiego Cuando consideraras Que ya rotas estaban las cadenas Que aherrojó el despotismo... "si escucharas El bélico sonido Del cañón relumbroso Y si absorto miraras La ondeada harmonía it; [' k .••>( .v'j-;A-..'i;sv--ir* \si... ill > íi ! I .4; I 274 ANTOLOGÍA De un batallón alegare y numeroso Con los fuegos que envía Haciendo noche con el humo unido El esplendente día! Desde el oscuro súbito saliendo Otras luces recientes y mas vivas Y el tun, tun, recorriendo Del uno al otro extremo! A emociones tan dulces y afectivos Te darías todo, al autor supremo Mil gracias demandaras Y al jefe invicto y á su gente loaras Si al decrépito anciano A la virgen tiernecita, al jovencillo, A todos, todos valentía brotando Corriendo ansiosos á partir fervientes El lauro con nosotros, soberano Miraces!... ¡oh, mi amigo!... mas yo humillo Tan relevante mérito, pintando Con mi escaso caudal tal heroísmo Que orna la sien de estas muy nobles gentes Y el verla solo estático me abisma. Quien dirá que mi patria estancia quieta No reinaba la paz, donde albergaba Una suma inacción y confianza Con posesión completa; Confianza ¡ay! perniciosa, así saliera Del letargo que toda la embargaba Y su mansión el Dios Mavorte hiciera En el asilo que antes detestaba? ^•wmmmmmmm JUAN RAMÓN ROJAS Yo me extravío entre los laberintos De mi razón metido, Y una tal metamorfosis no explico. Dejemos los misterios tan distintos A otra pluma mejor; mientra abatido Aunque de vena poética algo rico Te cuento de un honor que hemos tenido. El nueve del corriente ya alistados Los patricios en el manejo y modo De las armas, quisieron Dar auténticas pruebas esmeradas De su valor, pericia y sobre todo De leales al rey y Dios que le dieron: Y pues tres son los nuestros batallones Fueron á bendecirse sus pendones. Nuestras filas, compuestas y arregladas En grupos diferentes Con arrebatadora melodía De una celestial música marcharon, Y la orquesta divina presidía Nuestras marchas pausadas Convocando las gentes Por tal espectáculo apiñadas Desde el largo Retiro do empezaron A andar, hasta la Catedral que entraron. Las calles alfombradas de mil flores La escena presentaban mas rumbosa Y al compás de cromáticos sonoros Y una á la par de esencias y de olores, La atmósfera de vivas se poblaba 275 I ' i 276 ANTOLOGÍA Que un pueblo inmenso, con su voz grraciosa En uniformes coros Con alegría exausta modulaba Y el alma dentro el pecho vuelos daba. Las rosas y claveles que caían De todos los balcones Una nube odorífera fingían Muy densa y apiñada, Y nuestros aguerridos batallones Que de ella se cubrían Figuraban un genio, que de fiesta Y de mansos favonios conducido A visitar se apresta Al mortal de su mal compadecido Y vuelve y sube hasta el Olimpo erguido Los invencibles cántabros propicios. Con hermanal contento A nuestra guardia entonces recibieron Y el métrico concento De viva nuestra patria, y los patricios, «Con nobles montañeses» Hacía aquí las veces De los triunfos que en Roma se veían Que al emporio del mundo ennoblecían. ¡Cual torrente de gloria nuestros pechos Entonces inundaba! Cual gustoso Nos era ver á un pueblo ya ilustrado Que volvía á nuestra patria sus derechos Que un vil había ultrajado Fuimos á par de un pueblo numeroso JUAN RAMÓN ROJAS 277 Hasta aquel lugar santo Do el Dios y majestad grande preside Llenando el alma de pavor y encanto Un silencio y cristiano recogimiento Y la deidad tremenda Que tierra y cielo con un dedo mide Le veía en los semblantes: á la ofrenda Del holocausto incruento Le unía los sacrificios Que exhalaban ferviente los patricios. Allí la opaca nube Formada del incienso y — Hasta los cielos sube, Y cubre el trono augusto De la alta majestad... ¿Mas hay quien saque Copia bien imitada De aquel divinal busto De acción tan religiosa y sagrada? Nuestras banderas, tres, luego subieron Y por nuestro prelado bendecidas A la plaza salieron Y nosotros juramos dar las vidas Por conservar depósito tan rico. ¡ Cual amigo Uenáraste de gozo Si vieras que la plaza Era un lugar muy chico Una área muy escasa Para encerrar tan dilatados trozos De soldadesca armada! Toda ella se notaba coronada 278 antología W' m v. «í ' Sí h '. ■■> fi L'' I De las tropas guerreras, Que el distintivo llevan de su anhelo En catorce banderas Pruebas de su lealtad y de su celo. Este grandioso cuadro me arrebata Y lleva mi entusiasmo hasta el extremo, Y me avisa ¡oh que día! no dilata El bonanzón instante Que con ruego anhelante Pido ferviente al Hacedor supremo. El Cabildo se muestra placentero Y otro y otro día El estandarte insigne custodiamos Viendo igual alegría En todo el pueblo entero ; Y solo deseamos Dar mas pruebas del celo que encerramos Yo, Bernardo, concluyo. Disimula te ruego mi entusiasmo, Pues pide tanto tanta grande gloria. A la posteridad dará ella pasmo, AI orbe inmenso servirá de ejemplo, Para mayor prez suyo Y según yo contemplo Ella eternizará nuestra memoria Que es aurora de una gran victoria. Esas huestes de Albión tan codiciosas Trasládeme á este país guerrero Que hallareis á millares Washingtones Y el trofeo estas falanges victoriosas i^M JUAN RAMÓN ROJAS 279 Llevarían por entero Banderas apresando y batallones Del ambicioso rey Jorge tercero. Mas ¿te canso? Ya basta. Adiós, mi amigo Mi amor siempre es y lo será contigo. ( i ) ( I ) La composición tiene muchos versos mal medidos, pero la incluimos tal como está en el manuscrito á fin de no alterar su valor histórico. ^.p «■ »■■ J.'« V ■•■^jKi^^ i I Í.M' I' II jiRi I, jnfpippüppipip EUSEBIO VALDENEGRO Y LEAL I i„i,ij(ip.!J|ii| CANCIÓN PATRIÓTICA * CORO Viva compatriotas Nuestro patrio suelo Y la heroica Junta De nuestro Gobierno. Heroicos patriotas En unión cantemos A la madre patria Sonoros concentos. Ella que os ofrece Tesoros inmensos, Unión fraternal Solo os pide en premio. • Apareció en la Gaceta el Jueves 25 de Octubre de 1810, núm. 21; pá- gina 33s; con la sigruiente Carta Dedicatoria: Bxmo. Sr. Presidente y Vocales de la Junta Gubernativa de estas Provin- cias. Exnto. Señor. El amor y el agradecimiento concurren á presentar á V. E. esta canción patriótica; aunque siendo el obsequio tan corto, es preciso deje al agrade- cimiento empeñado y al amor mal satisfecho. Tributo tan humilde, ni para el agradecimiento es recompensa, ni para el amor bizarría. Mi amor á la Patria se mide por mi obligación, y la obligación es tan grande que solo puede satisfacer con el amor. No hay cariño más noble que aquel que nace del agradecimiento; ni agradecimiento más feliz que que aquel que solo puede pagar el cariño. Carga el hijo con la deuda del padre: pensión que impuso la ley natural á su ilustre cuna; y al fin, el agradecimiento queda desconsolado porque no puede corresponder de otro 284 ANTOLOGÍA CORO "ti ; ■ y Cantemos alegres Himnos, pues tenemos La aurora felice En nuestro hemisferio. Ya está en nuestra esfera El brillante Febo, Dejando en su ocaso Los celajes negros. CORO Si ayer oprimido De América el suelo, Era de sus hijos Duro cautiverio: ji 1 i; • M '■}' i' lili :t.j modo, y el amor triste porque, lo que es obligación no puede llamarlo fi- neza. Yo, que estrechado con la obligación que adeudo á la patria mía, solo puedo corresponder con las demostraciones del cariño (entretanto que V. E. se digna proporcionarme el que contribuya con mis servicios personales,) le dedico este pequeño obsequio en honor de la justa causa que defiende la heroicidad de V. E. El objeto de mi obra solo es el de estimular la juventud patriótica á la defensa de los sagrados derechos de la patria, y con tan loable fin espero quedar indultado en el juzgado de la censura de los yerros que ésta descu- bra en mi canción. Todo el mérito de la ofrenda está cifrado en la voluntad con que la con- sagro; y si á esta la empobrece la pequenez del autor, sobra para enrique- cerla la magnanimidad de V. E- á quien suplico rendidamente se digne por un efecto de su benignidad admitir este pequeño tributo de mi hu- mildad. Dios guarde la importante vida de V. E. muchos años para felicidad de nuestra patria. ExTHO. Señor: El más atento subdito y humilde servidor. Q. B. L. M. de V. E. EusEBio Valdenegro y Leal. 1 1 1 \ EUSEBIO VALDENEGRO Y LEAL Hoy á todos llama Con reclamos tiernos, Para hacerles ver Que libres nacieron. CORO No es la libertad Que en Francia tuvieron Crueles regicidas Vasallos perversos; Si aquellos regaron De su patria el suelo Con sangre, nosotros Flores alfombremos. 285 CORO La infamia y el vicio Fué el blanco de aquellos; Heroica virtud Es el blanco nuestro. Allá la anarquía Extendió su imperio; Lo que es en nosotros Natural derecho. CORO Nuestro Rey Fernando Tendrá en nuestros pechos Su solio sagrado Con amor eterno. V' «í.^jf A ••!)5PS- POR JUAN DE LA C. PUIG. «LA PATRIA ES UNA NUEVA MUSA QUE INFLUYE DIVINAMENTE.» Fr. C. J. Rodríguez. «NUESTROS POETAS HAN SIDO LOS SA- CERDOTES DE LA CREENCIA DE MAYO.» J. M. Gutiérrez. Tomo II -LA REVOLUCIÓN y» V. */>' <&:. BUENOS AIRES Editores: MARTIN BIEDMA é HIJO Bolívar N" 535 AÑO DEL Centenario — 1910 h ' J-1~. íf ,■ f. *•■ \-'i->*: 1 ANTOLOGÍA DE POETAS ARGENTINOS (tomo ui) ANTOLOGÍA ^vV> DE POETAS ARGENTINOS POR JUAN DE LA C. PUIG. €l^ PATRIA ES VSA NUBVA ITDSA QVB IKFI.UTB DIVINAMENTE.» Fr. C. J. Rodríguez. cNUESTROS POETAS HAN SIDO LOS SA- CERDOTES DE LA CREENCIA DE MAYO.» J. M. Gutiérrez. Tono III — PAZ Y LIBERTAD BUENOS AIRES Editores : MARTIN BIEDMA A HIJO Bolívar N» 535 Afto DEL Centenario — 1910 1 1 antología DE POETAS ARGENTINOS PAZ Y LIBERTAD JUAN CRISOSTOMO LAFINUR JUAN CRUZ VÁRELA 3?9ca5 w mmmmf NOTICIAS BIOGRÁFICAS Y BIBLIOGRÁFICAS í i! DOCTOR JUAN CRISÓSTO^IO LAFINUR El doctor don Juan Crisóstomo Lafinur nació en las minas de la Carolina, en la provincia de San Luis, el 27 de Enero de 1797. (i) Siendo todavía estudiante de la Universidad de Córdoba, abandonó las aulas y los libros para alistar- se en las filas del ejército del Norte, cuando el gene- ral Belgrano se dirigía á ponerse á su frente y vengar el desastre de Huaquí con los lauros inmortales de Tucumán y de Salta. Lafinur era un espíritu selecto que procuraba siem- pre realizar el impulso de sus nobles inspiraciones con el más perfecto dominio de los asuntos en que inter- venía; y siguiendo esta norma de conducta, al dejar la toga por la espada, pasó de las clases de la Uni- versidad á las de la Academia de Matemáticas, en donde el virtuoso general Belgfrano instruía y disci- plinaba, en medio de las marchas, á la juventud des- tinada á enseñar en cualquier momento al frente de sus soldados, que, verdaderamente: didce et decorum est pro pratria mori. (i) Don Juan M. Gutiérrez dice que era cordobés. Tanto más m^ito debemos ver en esta actitud del joven estudiante cuanto que ella importaba romper con todas las consideraciones de familia, habiendo sido expulsado del hogar paterno á causa de sus entusias- mos revolucionarios. Los datos biográficos que hemos podido consultar no nos permiten establecer el tiempo que Lafinur permaneció en el ejército, ni los grados militares que en él alcanzó. El señor M. A. Pelliza (i) admite que esta permanencia fuese hasta que el general San ]VIar- tín se recibió del ejército de los Andes. Lo cierto es que, en 1819, se encontraba en Buenos Aires dedicado á sus estudios predilectos, que eran los filosóficos y literarios, pues ese año, obtuvo por oposición la cáte- dra de filosofía del colegio «Unión del Sud», empe- zando desde entonces á destacar su figuración en el mundo de las personalidades más sobresalientes. Según referencias recogidas por don J. M. Gutiérrez, Lafinur era un hombre de fisonomía muy expresiva y de mucha sensibilidad. Tenía pasión por la música y tocaba muy bien el piano, lo que le servio también como un recurso para ganarse la vida después que abandonó las filas del ejército, siendo maestro de mú- sica, profesor de filosofía y periodista. Según noticias recogidas por el señor Gutiérrez, su afición por la música era tanta, que alguna vez se le vio gastar en piezas de música cuanto dinero tenía. Cuéntase también de él, que era sumamente distraí- do, al extremo de que muchas veces iba á alguna (i) Revista reiteraría núm. 7 de i de Agosto de 1875. XI casa amiga de visita, y solía salirse olvidándose el som- brero y el bastón, que debía luego mandar á recojer. Su avanzado volterianismo y sus tendencias liberales, lo obligaron á sostener acaloradas polémicas con los hombres más sazonados en el ambiente universitario de su época; pero de todas ellas resultó siempre airoso, ganando reputación con el prestigio de su gentileza, su ilustración y su talento. Era muy elecuente é improvisaba con mucha facilidad. En Buenos Aires escribía en «El Curioso», que re- dactaba con Camilo Enriquez. En 1822 pasó á Mendoza, donde fundó un colejio y publicó un periódico titulado «Verdadero amigo del país». Pero sus ideas iban degenerando en volteria- nismo puro, y acosado por sus opositores, se vio obli- gado á salir del país, dirigiéndose á Chile. Al año si- guiente se recibió de abogado en la Universidad de Santiago y se casó con una señorita de Valparaíso. Murió ese mismo año, cuando apenas contaba 30 años de edad. En sus últimos momentos abjuró completamente sus errores y recibió los auxilios de la religión. Las poesías que se conocen de Lafinur son muy pocas. Su canto fúnebre A la muerte del general Belgrano, y su oda A la oración fúnebre pronunciada en la Cate- dral de Buenos Aires por el prebendado don Vai^entín GÓMEZ EN LAS EXEQUIAS DEL GENERAL BELGRANO, han sido siempre muy celebradas. Algunos han conside- rado á Lafinur como el poeta romántico de aquella época clásica, pero sus poesías no demuestran esa tendencia, w.r xa ni en el fondo, ni en la forma; por lo que creemos que tal opinión solo tenga por base el conocimiento de algunos hechos de la vida del hombre, que autoriza- rían á suponerlo poseído de esa inclinación peculiar de los temperamentos nerviosos, que los lleva á adop- tar actitudes en dasarmonía con las de las demás per- sonas, y que los hace aparecer como maniáticos ge- niales ó excéntricos raros. Así, se dice (y el dato lo ha registrado don J. M. Gutiérrez en sus apuntes), que: estando ya próximo á expirar, pidió Lafinur que viniera una orquesta á su cuarto y que estuviera ejecutando trozos de su reper- torio predilecto, para poder él cerrar los ojos entre sus acordes. I. Tomo i. pííg. 298. (3) Antología de poetas hispano-americanos. Tomo 4, pág. CXLI. XXXI sin duda porque, mirando á la altura á que se remonta el vate desde el abismo de derrotas que sufrieron los españoles, y desconociendo ahora todavía ( después de un siglo de evidenciación, en que hemos incorporado á nuestro progreso los más grandes adelantos de to- das las naciones) el nervio, el poder, el anhelo, y la fuerza de expansión de estos pueblos para los cuales hoy son aldeas las viejas capitales de la dominadora de entonces, no alcanza á ver que el pueril vaticinio empieza á tener los contornos de una hermosa reali- dad, en cuanto se refiere á que : mil naciones Con ellos perecieron, Y otras generaciones Y otros imperios á su vez nacieron ; y en cuanto á que: otra historia De admiración embarga al universo : Otros hechos sublimes, otros nombres Miro allí consignados En las líneas fatídicas del verso, Y en páginas eternas ; y los hombres Los pronuncian de asombro penetrados, Con respeto profundo, Por los inmensos ámbitos del mundo. Hace ya mucho tiempo que, en los oídos de la ju- ventud argentina y, en general, americana: No suenan las Termopilas; los llanos De Maratón no suenan ; XXXII y que: Platea y Salamina Cual si no fueran son, y ya no llenan Leónidas y Temístocles el orbe; Que otra gloria perínclita domina, Y la atención del universo absorbe. El último cañonazo de Ayacucho puso fin al rumor de aquellas célebres batallas, en cuanto ello podía significar como carácter de la instrucción del pueblo; y hoy su eco es voz de ultra-historia, que solo perci- ben los eruditos de biblioteca, pues todos los demás hombres de estudio, que viven afanosos del desenvol- vimiento y progreso de la nación, calientan su alma con el recuerdo de los llanos de Maipo, en vez de los de Maratón, y prefieren estudiar los planes militares de los intrépidos sorpresores de Cavite, ó del siamés Togo, que no las disposiciones de D. Juan de Austria en Lepante. Con todo, es bueno advertir, que, la pa- ternidad de esa observación no es del señor Menén- dez y Pelayo, sino de Bello. ( i ) Para ensalzar á Bolívar el vate de Guayas no trepidó en falsear la verdad de los hechos, agolpando sobre el escenario de Junín las jornadas de Ayacucho, á fin de darle ambiente y situación propicia á la evoca- ción de la sombra del inca Huaina-Capac. La crítica española ha festejado este recurso, como un artificio ingenioso, para obtener el simplex et unutn recomen- dado por Horacio (2); y el señor Menéndez y Pelayo lii i (I) «Obras completas». To;n, 7. pág. 298. {2) Manuel Cañete". -^Escritores Castellanos». Tom. 1 pág. 320. 4 a XXXIII considera que el hecho es de poca monta, y que po- dría subsanarse: ¡ cambiándole el título á la composi- ción! (i). En cambio, el Tirteo argentino, que sabía distinguir las características del canto lírico de las de la oda, prefirió seguir la ilación de los sucesos relacionados con la célebre batalla que puso fin á la campaña del Brasil, convencido de que el asunto en sí bastaba para agotar la efervecencia del mejor numen épico; pero, en este caso, su poema ha sido criticado por la extensión, (3) que es mas ó menos la misma que la del canto de Olmedo. Podrá juzgarse de la acritud y del espíritu de aco- metividad con que la crítica española ha mirado siem- pre á los escritores argentinos, por el siguiente deta- lle: El señor Menéndez Pelayo acusa de plagiario á Juan de la Cruz Várela, diciendo que: «Las bóvedas expléndidas del cielo» es un verso de Quintana; y que el verso «Pero tienen valor: son argentinos» no es mas que una sencilla y patriótica variante ú.€i. famoso verso de Vaca de Guzmán en Las naves de Cortés: «Pero tienen valor: son españoles». (2) Como idea poética, el primer verso es de una vul- garidad tan subida, que no puede ser mas cómica la pretensión de querer sentar derecho de propiedad so- bre ese pensamiento. Pero no se critica lo vulgar, porque en esa falta también cayó Quintana; sino que (i) Antol. Hisp. Amer. Tom. 3, pág. CXXXII. (2) Ant. de poet. Hisp. Am. Tom. 4, pág. CXI.II. XXXIV H !t se le enrostra el plagio al que se atreva á ver una expléndida bóveda en el firmamento. Dejando de lado otros cargos que le han sido hechas á nuestro insigne vate, concluimos con las si- guientes palabras de D. J. M. Gutiérrez: «La poesía elevada y erudita del Sr. Várela, que proporciona satisfacciones delicadas al lector que en ella saborea los recuerdos de sus estudios clásicos, no debió gozar de grande popularidad, y brilló y derra- mó su aroma, como nuestra flor del aire, en las altas regiones en donde le eran propicios el terreno, el cli- ma y la atmósfera. En cambio, como poeta humorístico, ha sido J. C. Várela el más festejado y popular, á pesar de existir muy pocas composiciones de este género que llevan su firma al pié. Han bastado las crónicas de la época, para gran- gearle ese aplauso y adjudicarle ese título. Dice D. J. iVI. Gutiérrez: «La parte en verso del periódico titulado «Granizo», se atribuye fundada- mente al señor D. Juan Cruz. El «Granizo» era una especie de galería de carica- turas burlonas, formada de los personajes más nota- bles en el gobierno de la provincia, y de sus amigos y sostenedores. Cada uno de estos fué bautizado de nuevo, rotulado con un apodo, condenando á un ri- dículo inmerecido á buenos y respetables ciudadanos. Las gracias del «Granizo» eran aceradas; á veces las puntas de sus alfilerazos causaban no solo leves punturas en el amor propio, sino heridas de estileto, I m ililL XXXV que penetraban más allá de la epidermis de las víc- timas. Jamás la grosería, la palabra obscena, el cuento cínico, afearon las columnas del «Granizo»; y no es de esta clase de delitos contra la moral pública que pueda acusarse á la memoria de su ático redactor prin- cipal. » Várela es también autor de dos piezas dramáticas. La primera, «Dido», es una adaptación á la escena del libro IV de la Eneida. Fué concluida en 1823, pero no sabemos que jamás se haya representado. Aun cuando hemos limitado esta colección á la poesía lírica, incluimos la «Dido», y la «Argía» por- que, más que piezas de teatro, son realmente paráfra- sis dialogadas de la Eneida. En ellas se encuentran los mejores versos de Vare- la, los mas dulces, armoniosos, y de verdadero canto virgiliano. La Argia se publicó en 1824, precedida de un pró- logo en que dice que la idea de esta pieza la debe á la lectura del Poliniceo y la Antigona de Alfieri, y explica el carácter de sus cuatro personajes: Adras- tro, Argidia, y Eurimedon. Al solo efecto de enunciar en esta breve reseña de los trabajos literarios de Várela, todo cuanto pueda servir para ilustrar el criterio de nuestra juventud so- bre el papel que desempeña en la historia de las le- tras argentinas, recordaremos que, Várela y el señor don Ramón Diaz, son los que hicieron la primera colec- ción de poesías argentinas que se publicó con el nom- bre de «La Lira Argentina.» i f; i IB ANTOLOGÍA II >. JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR i M'i !j( n\ \^ *i I HIMNO PATRIÓTICO * QUE CANTÓ EL COLEGIO DE MENDOZA EN LA NOCHE DE SU FUNCIÓN DRAMÁTICA EN CELEBRIDAD DEL ANIVERSARIO DE MAYO DE 1 82 2. CORO Viva el ilustre dta^ Viva la hermosa ciudad^ Que tras la tiranta Nos dio la <í~ libertada. La patria á las naciones Muestra hoy el rostro hermoso Y el genio poderoso Le traza un mismo rol: — «Sed libres» — las naciones, Le dicen más remotas, — «Tus cadenas son rotas Ilustre hija del Sol». Está en la Colección, pág.26. No está en La Lira. ' i ANTOLOGÍA CORO Entre afanes y penas, Dispuso la Fortuna, Que tuviera su cuna La libertad del Sud ; Por romper las cadenas Sufrimos sus reveses; Ella nos faltó á veces. Mas nunca la virtud. «I: I í CORO Cuando Chile oprimido Sin libertad zozobra. Cuyo prepara la obra De su restauración ; Atenta á su gemido No hay riesgos que sean grandes; Que aun se abrirán los Andes Al ya es de la legión. CORO Pero el caudillo al frente De sus legiones fieles Desprecia estos laureles Buscando nuevo afán: Revuelve en su alta mente Los cuidados que anima : Tus genios ¡ Oh gran Lima ! Su sien coronarán. JUAN CRISÓSTOMO I.AFINUR CORO A los héroes que fueron ¡O Lima! en tu venganza, Cuyo les dio su lanza, Y su inmortalidad: Si tus grillos rompieron Con virtud y fortuna En Cuyo ved la cuna De tu felicidad. CORO Del saber la alta lumbre Ilumina hoy al mundo, Y un grito, el más profundo. Se oye que dice así : No haya más servidumbre; Hombres son los colonos. Dice : y mil altos tronos Desplómanse por sí. i ,11 antología LA OBLIGACIÓN Y EL AMOR * il «I i li( te . I k 1 Es la tercera vez mi dulce amigo (Cuanto este idioma me es ignominoso) Que estas letras que ves grabar no quiso El pulso inobediente y tumultuoso. ¡ Qué fácil que era transportar el alma A do tú estás! ¡Con qué placer y gozo Mis inocentes fiestas y mis males Dividía con vos : joven virtuoso, Digno de una amistad menos funesta! ¿ Cuál plan el cielo oculto y misterioso Presentó á nuestras almas, cuando fuimos Llamados á la vida? Fué forzoso • De la Colección de Manuscritos de Dn. Juan Marfa Gutiérrez. Carta escrita por T>oaJuan Crisóstomo Lajinur á su amigo y condíscipulo Uon Agustín Delgado, mendocino. El asunto por sí solo no puede mani- festar el género de poema á que pertenece. El uso de las metáforas, la narración y el metro, lo califican de épico. Con todo si se hubiera escrito este poema para otros, se disculjjaria al autor de algunos vicios que pue- den criticarle, especialmente la mucha narración precedente al asunto prin- cipal, con razones muy poderosas que tuvo para ello. Mas como no escri- be sino para sí solo, y para algunos de cuya benevolencia está seguro, se ha ahorrado el trabajo de disculparse. La copia de donde se saca la presente está llena de errores y de descui- dos provenientes de la mano inexperta del copista. En la presente se ha corregido algo lo más notable. El nombre de Lafinur, más que el mérito de este trabajo nos ha decidi- do á copiarlo y conservarlo como antecedente de que puede sacarse algi'in fruto ya para estudiar al autor, ya para comprender la marcha de esta, poesfa patria. Esta composición está dirigida á su paisano y compañero de infancia Agustín Delgado y á quien en el curso de ella llama Teodoro, (que significa Dotí de Dios), El autor hizo una poesía de esta composición denominándola Elegías, sin duda en recuerdo de Ovidio. La 2 se contrae á la vida militar del au- tor, quien como se sabe estuvo en el ejército del general Belgrano. (i) Corren muchas copias de esta elegía: yo he visto tres y poseo dos de ellas: circulan especialmente en las provincias interiores. La presente de mi puño está tomada de una que posee Don Damián Hudson. (Notas del Sr. Gutiérrez). iJ fiti. ! JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR Un mismo sentimiento á entrambos pechos? ¿ Una cuna, una edad, un mismo todo ? ¿Te acuerdas de la infancia? ¡Ah! no te acuerdas De ese tiempo feliz y venturoso Que otro tiempo agotó cual avirumas Acuérdate Teodoro que hubo un dia Que ocupados los dos en nuestros ocios Exentos de pasión, de infamia, puros. Un eco de repente pavoroso Al alma hablaba, y triste predecía Un porvenir aciago. Un otro dia Temblando nos mirábamos, no orando Ni temer ni esperar de tal pronóstico. Ay! cuántas veces en los sacros templos De la divina Palas, cuando el reposo Reina del alma inmaculada y fuera Cuando con paso firme y valeroso Volaba el genio y de la gran natvira Los secretos espiaba ; cuando en coro De las sagradas ninfas acorría A templar nuestros pechos y nosotros Con voz incierta alzábamos el canto. Ah! ya entonces el pecho temeroso Latía, cual las hojas del arbusto Que ven venir el huracán furioso. De amistad y de afectos inocentes. Dañadas nuestras almas, era el gozo Del arte encantador que ya absorvía De nuestros pechos los ardientes votos. Cuántas veces en la hora en que descansa M lo antología Naturaleza, alzábamos el tono; Y cuántas veces vino á interrumpirle El padre de la luz en carro de oro! ¿ Qué era yo para vos, amigo entonces ? ¿ Qué nuestras almas ? El alegre otoño Sus verdores nos muestra tan risueños En las plantas y flores, que ya el noto Amenaza arrancar; oh recorramos Esos sagrados claustros do el decoro Un asilo buscara, aquellos sitios Al silencio librados y al reposo, De eterna arquitectura fabricados. Colosal monumento y testimonio De la activa virtud de nuestros padres. Allí empezó á correrse el misterioso. El oscuro telón que infausta suerte Por mí encubriera, mas el ominoso Pesar que me ocupara fué partido Con vos, precioso joven; te es notorio Que tus consejos despreciando entonces, Ardiendo el pecho en fuego impetuoso, Al amor me entregué de la que sabes ; Que me acogió la dicha, más al pronto Pasó cual suele el remontado buitre Por la región del aire vagoroso Sin vestigio dejar de haber pasado ; Que pesares siguieron á mis gozos, Y que el dia llegara en que tu amigo De vos huyera y hasta de sí propio ; Que en furores el pecho enardecido JUAN CRISÓSTOMO LAFINÜR II Lanzando horrores sin piedad ni enojos Resolví abandonar los lares patrios, Y de tí me aparté siguiendo el polvo Del carro de la Diosa sanguinaria. Tú, si fijaste tus amigos ojos Sobre el segundo de mis cantos tristes, (i) Habrá tu corazón sentido como Se hizo mi situación acerba y dura. Oh! maldito por siempre el mentiroso Que dijo era virtud la impía dureza, Aras alzando al cruel y al ambicioso; Que del amor lanzó al varón sencillo. Dejando yermo el lecho del esposo ; Y á la triste horfandad y al lloro eterno Condenó la mitad del orbe todo ! Yo combatí conmigo mismo, y cuando Me estrechaste en tus brazos cariñosos. Sé virtuoso, por siempre, me dijiste, Bañando en llanto tu apacible rostro. Yo te lo prometí cuando á apartarme De vos me resolviera : presuroso Hacia esta Capital guié mis pasos. Oye lo que siguió mi buen Teodoro, Oye y condena á tu infeliz amigo Que la virtud abandonó, y hoy solo Sin carácter, sin patria, sin él mismo. Se ve librado al Bóreas proceloso De sus crímenes ... ¡Oh lenguaje nuevo. (i) La ssnrunda de las elegías del autor, en que describe el tiempo mili- tar y las desastrosas campañas en que se halló. 12 ANTOLOGÍA II ' Para tu corazón puro y virtuoso ! ! Oye Teodoro el deshonroso canto ; Oye y no me disculpes, yo os lo imploro. En este país emulador del griego Do se desplega el inmortal tesoro De la célebre Europa, en los umbrales Que bañan los cristales abundosos Del espumoso Plata, do natura Con un sistema vario y prodigioso Multiplica sus formas mejorando Su pincel elegante y poderoso ; Donde amor y las gracias han formado Un sistema esclusivo y voluptuoso, Y el arte de rendir á los sensibles Es propiedad del sexo delicioso. Este es el caso que la Venus bella . . . Pero ¡con qué lenguaje!; ¡con qué mudo! Nuestra filosofía aquí claudica Teodoro amado, y el sentido solo Puede hacer ocasiones de prudencia. En una tarde que paseaba en torno La inmensa población, y conducía Mis fatigados pasos al hermoso, Al delicioso sitio en que las aguas. Compañeras de amantes cavilosos Con blando murmurar ligeras marchan Dando á la tierra un céfiro gustoso. Una beldad Teodoro ¡oh! que es ahora, La ocasión de mis penas y mis lloros. Se presentó á mi vista. ]\Ias pintarte t 'i'' JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR 13 La expresión elocuente de sus ojos, El albor de su tez, formada al cabo De lirios y azucenas por sonrojos; Los breves hemisferios, que señalan La mansión del amor .... no, no es dado. Mi voz es débil, muy humilde el tono. Yo osé hablarla, Teodoro, y no sabía Ni de mí, ni de vos. Más venturoso, Logré que una ocasión mi duelo oyera, Y no sin compasión, que el amoroso Furor que me abrazaba y que en conflicto Ponía su candor y su decoro Prometiera apagar: más hizo amigo. Dejó escapar sobre el divino rostro Lágrimas de ternura y protestóme Que este era de su amor primer despojo. Un mortal que sufriera los furores De las olas del mar y victorioso La tierra hollara de la muerte lejos, No fuera tan alegre y venturoso, Cual era yo, cogiendo las primicias De este triunfo feliz. Era forzoso Que la esperanza ardiendo en nueva llama Me aprisionara más con lazo de oro Al objeto precioso de mis ansias. ¡ Que situación difícil y escabrosos Los medios de lograrla! Ella temblaba Al nombre solo del amor, y no oso Burlar su sencillez inmaculada. Mas qué valen preceptos rigorosos i ■ í ' > , t i >-■ I 14 ANTOLOGÍA De una moral austera que reprende Los instintos del alma ? ¿ Mas, que apoyo Preparan los hábitos violentos, Que la ignorancia ciega, con desdoro Del siglo de la luz, infunde al pecho, Para librarlos del común trastorno? El corazón fracasa apenas piensa Resistir al embate poderoso De la naturaleza. Ay ! yo la he visto Enrojecer la nivea de su rostro Cuando, un tierno suspiro, inten'urapido Por otro más amante é impetuoso A mí me la entregaba; á mis furores. Venció el amor ¿ quién resistirse puede A sus encantos? Bastaré yo solo A publicar lo que es, que no en la Arcadia Amor hiciera sólo hombres dichosos. Ella así lo entendió cuando entregada A mi mortal deliquio, el labio hermoso A los míos aplica, y la ambrosía De Jo ve soberano sorbí al pronto. Asida de mi cuello, el peso siento De sus divinas formas y contornos, Me toca ya la mag^a seductora De su vientre ligero y voluptuoso. ¿Qué corría en mis venas? fuego puro, Fuego del Etna, activo y ardoroso. Que todo lo devora y purifica. ¿ Qué es probar el encanto ponzoñoso De sus besos amantes? ¿qué es sentirse JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR 15 Empapado de lágrimas el rostro, Que fabricaron las divinas gracias? ¿ Cómo puede pintarse el cuadro hermoso De dos amantes que natura uniera Por simpática acción? ¿quién los coloquios Inefables del alma copiaría? ¿Ese lenguaje de ayes y de lloros, Esas palabras que el desorden forma. De efectos vehementísimos, al modo Que de una tempestad es el granizo. El trueno, el rayo, el aire, el agua, todo. El simple efecto de una causa sola? No es desgraciado el hombre que el tesoro De su felicidad quitar ansia. Pues si lo espera, él es más venturoso Que lo era yo en el seno de los gustos, Deseando más y más, como el hidrópico A quien la sed fatiga y atormenta. Que bebe por estar más anheloso. ¿Qué faltaba á mi dicha? Caro amigo, ¡ Ser criminal é infeliz faltaba solo ! ^ Allá cuando absorbido en mis transportes Como un átomo el orbe era á mis ojos. Oigo una voz que hundida entre suspiros Me dice : « Hombre fatal si mi decoro « Es el trofeo de tu ardiente llama, « ¿ A qué naciste ? vuélveme el reposo « Que injusto me robaste. ¡Ah bien lo entiendes,, « Ves la naturaleza en vuestro apoyo « Dorarme el precipicio en que me abismas ! i l6 . ANTOLOGÍA « Mas, ¿quién me ha de salvar? ha de ser otro « Que el mismo que ha jurado amarme tanto? « ¿Y si esto es cierto te será costoso « Hacer el sacrificio que exigiera « Mi estimación, mi fe, mi amor precioso ? « Te costaría, dime, en los altares « Jurarme tu pasión con labio heroico, « Y ser tú, desde hoy, ese ser raro « Objeto de mi amor y eternos votos? « Que ser así, bien mío : el noble pecho « No ultraja á la que adora. Yo antepongo « Tu amor á todo el resto de los hombres, « Y si es cierto que el uno para el otro « Ha nacido, cual dices, ya no temo « Que tú te portes menos generoso. « Bajo un techo amigable, y ocupados « De los placeres dulces y sabrosos « De amor y de amistad, llegará el día « Que rodeados de amables y graciosos « Frutos de nuestra unión, se satisfaga « De natura el designio : no el pomposo « Brillar de la fortuna ultraje tu alma « Para amor y virtud nacida solo : « Vos eres mi universo, y yo en tus brazos « Ocupo de la vida el mejor trono. « Asegúrame, pues, que así tu juzgas « Y triunfarás de mí según tu antojo « Afírmalo y cerrándome en tus brazos, e Sabrás lo que es amor, ser venturoso. » No permití cesara el hechicero ir .■i^- m tm JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR «7 Discurso que ablandaban sus sollozos; Con presteza mayor que la del rayo, Corro temblando y á sus pies me postro : « ¡Oh qué quieres de mí, clamé, bien mío, « Que pueda á mi fineza ser costoso ? « Dudaré unirme en sempiterno lazo « Al mejor de los seres ? Yo te adoro, « Yo te lo juro . . . No acabara el labio Cuando me torna, oh Dios, el mas dichoso De todos los mortales . . , . ¿ Quién pudiera Explicar este instante prodigioso Manantial de placeres inefables ? Cual si de un sueño largo y soporoso Hubiera de otras regiones despertado En donde se sintiera de otro modo. En éxtasis miréla sumergida, Y hasta la estoy viendo. Si Teodoro, Que parecía un genio, un ángel puro Que había humillado su esplendor glorioso Por favor de un mortal. Aquí copiarte Quisiera (pero, cómo, ni aun de Apolo El divino entusiasmo, bastaría) Los ojos fijos, lánguidos, llorosos Doble el carmín de sus mejillas blancas, El pecho palpitante y más hermoso. Sus miembros caídos con inercia blanda, El cabello librado á un abandono Mas gracioso que el arte: finalmente Todo fué tan celeste y prodigioso Que el primer sentimiento de la vida xS ANTOLOGÍA l^7>!'«?^"liKM!l■ 48 ANTOLOGÍA De oro y azul celeste salpicadas. Héroes de nuestro suelo Que habéis volado de la gloria al templo, A la tierra dejando Sangre, gloria, virtud, fama, y ejemplo Ved vuestro general: corred el velo A las doradas puertas, mientras tanto Nosotros con desvelo, Visitaremos la urna para darle Tributo eterno de amargura y llanto. Año 1820. Á LA MUERTE DEL GENERAL DON MANUEL BELGRANO * CANTO ELEGIACO ¿Por qué tiembla el sepulcro, y desquiciadas Sus sempiternas lozas de repente, Al pálido brillar de las antorchas Los justos y la tierra se conmueven? El luto se derrama por el suelo, Al ángel entregado de la muerte. Que á la virtud persigue: ella medrosa Al túmulo volóse para siempre. Que el campeón ya no muestra el rostro altivo Fatal á los tiranos; ni la hueste Repite de la Patria el sacro nombre. Decreto de victoria tantas veces. I,a colección pág. 297. Iig- 309). (2) El jazpe os mostrará á los descendientes (La Lira pág. 309). 50 ANTOLOGÍA En guerra asoladora, que lo ayemia : '• Asoma la miseria, pues que cede La espiga al pie feroz que la quebranta, Y ¿ora faltas, Belgrano?. . . ¡Así la muerte, Y el crimen, y el destino de consuno Deshacen la obra santa, que torrentes Vale de sangre, y siglos mil de gloria, Y diez años de afán!. . .: ¡Todo se pierde! Tu celo, tu virtud, tu arte, tu genio. Tu nombre en fin, que todo lo comprende, Flores fueron un dia; marchitólas La nieve del sepulcro. Asi os lamente La legión que á la gloria condujiste : Con tu templo inmortal probó el deleite, La magia del honor, y con destreza Amar le hicisteis el tesón perenne. La hambre angustiadora, el frío agudo . . . Suspende ¡ Oh musa ! y al dolor concede Una mísera tregua. Yo lo he visto Al soldado acorrer que desfallece, Y abrazarlo, cubrirlo y consolarlo. Ora rayo de Marte se desprende, Y al combate amenaza y triunfa y luego . . ¿Qué mas hacer?. . .El desairar la suerte, Y ser grande por si ; esta no es gloria Del común de los héroes, él la ofrece En pro de los rendidos, que perdona. Ora el genio se presta, y lo engrandece: Corre la juventud, y á la natura La espía en sus arcanos, la sorprende, JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR 51 Y en sus almas revienta de antemano El germen de las glorías, (i) ¡Oh! ¿quien puede Describir su piedad inmaculada, Su corazón de fuego, su ferviente Anhelo por el bien? ¡Solo á tí es dado, Historia de los hombres: á tí que eres La maestra de los tiempos! La arca de oro De los hechos ilustres de mi héroe, En tí se deposita: recogedla, Y al mundo dadla en signos indelebles. Y vos ¡sombras preciosas de Bal caree. De Oliver, Colet, Martínez, Velez! Ved vuestro general; ya es con vosotros; Abridle el templo, que os mostró valiente. ¡Tucumán! ¡Salta! ¡Pueblos generosos! Al héroe del Febrero y del Septiembre Alzad el postrer himno; mas vosotras. Vírgenes tiernas, que otra vez sus sienes Coronasteis de flores, id á la urna, Y deponed con ansia reverente El apenado lirio; émulo hacedlo De los mármoles, bronces y cipreces. Año de 1820. ( I ) La Academia de matemáticas establecida en Tucumán para la ins- trucción de los caballeros cadetes, y á la que el autor tiene el honor de haber pertenecido. A este propósito hubiera dicho mas en detalle algunos de los hechos que han marcado su vida con caracteres eternos de filantro- pía y humanidad; tal como el de la fundación de escuelas de primeras letras en varios pueblos á sus expensas; pero esto no ha sido posible aten- dida la brevedad del canto, y la premura del tiempo. (Nota de la Lira). 52 / ANTOLOGÍA Á LA LIBERTAD DE LIMA " /í < ' ODA * í ' i / ! Hasta allá donde llega el himno patrio Quiere alzarse mi voz : ¡ valedla cielos ! ¡ Dios del verso y de Délos ! ¡ Dios de la Patria ! En tu fulgor divino, Arda por siempre irrefrenable el alma; Prenda en mi sien tu rayo, y el destino Y las glorias diré del Mundo Nuevo. ¡Salud, hijos de Febo! La virtud hoy las rosas amontona. Do posará por siempre vuestra lira; Que ya os señala el genio que os inspira De laureles sin sangre una corona; Cantad la patria, y la virtud amada. Cantad la salvación, que ya aherrojada En el Averno la crueldad se mira; La libertad alzada En tronos de oro, la virtud vengada De tres siglos de oprobio ¡ Oh ved cual frena Sus estragos el bronce ! cual resuena El himno augusto de la paz querida; * La Lira Argentina, pag. 400. I,fi Colección, pag. 174. Se publicó en hoja suelta, y puede verse un ejemplar en !a colección de don J. M. Gutiérrez existente en la Bibl. del Senado Nacional. í' /, JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR 53 Que el heroismo aprisionó la guerra Con candados de hierro, y para siempre Tendió su brazo al hombre, y de la tierra Se encargó la virtud : ved que la fama Al romper su clarín omnipotente. No hay más que un héroe solo Gritando va de un polo al otro polo. Y vos lo visteis cuando el genio dijo : Fué la salud de Lima \qnc impotentes Sus hebras dirigiera La discordia tenaz! la vista fiera Arrojó al rededor, miróse sola Y llamó á la venganza, concitóla. Hizo el postrer amago, y disipóse, Y el abismo cubrióla. La América su rostro lacrimoso Al cielo alzando, registró .en sus luces Su destino glorioso; Que en letreros de estrellas miró escrito De San Martín el nombre; vio allí mismo Su antiguo poderío, su heroismo. Virtud, leyes, riqueza . . . todo violo En el augusto manto del Olimpo. No fué esta una ilusión, sombra mentida Que engañara su afán ¡ héroes del mundo Que sois soles del cielo. Vos nos mirasteis dulces; fué este suelo Bendecido por vos, por vos fecundo De bienes y virtud. ¡ Oh ! sois los mismos Que en Chacabuco y Maipo encadenasteis ( £>1 54 antología La ambición orguUosa; en los abismos Do muerde inútil sus pesados hierros, De vos y San Martín los almos nombres Escándalo serán— Parad guerreras, Pueblo Araucano, las hermosas naves De redención cargadas. ¡ Cuan ligeras Róbanse al puerto con felice planta! La aura diólas favor en soplos suaves, Y la hija de Neréo Sus Ninfas convocando, Vióse en el mar mil héroes sustentando. Es vuestra salvación ¡oh venturoso Pueblo Peruano ! que las aguas llevan ; Venganza del afán ignominioso Que os costó vuestra vida. ¡ Oh, cual renuevan Su gloria escarnecida vuestros lares ! ¡Cual hierve humeante en el sepulcro ilustre. La antigua tierra y sombras empapando, La regia sangre! Cerros mil bramando. Vomitando huracán se dan la nueva Desde el gran Potosí á los Almancaes. La tiranía atónita asomando Desde su asilo la espantosa frente Mil rayos que ya hieren vé asombrada, Y se esconde impotente, Y sus víboras pisa; ensangrentada Por dentro de cadáveres se a\'anza La guerra impía v su consejo oferta Que es la última salud. ¡ Oh ! cual despierta El rayo que dormía ! ¡ Ay ! que se afila ai m JUAN CRISOSTOMO LAPINUR 55 La rencorosa espada con las hieles Del despecho mortal ! . , . Tened crueles, ¿Hasta donde el odioso poderío Queréis llevar y la injusticia antigua? ¡ Esclavos de un tirano ! ¿ El don impío De servirle mostráis cuando á la suerte La llave de dos mundos ha arrojado ? Iberia os lo persuade; ensangrentado Os mostrará su trono _ De nuestra sangre y vuestra ; una vez cedan La ambición y el encono Al clamor de la tierra, al ay vehemente De la virtud hollada ; Paz os grita el Perú ; dad á mi frente De hermosuras hibléas coronada La dulce oliva Pachacama os grita ... El despotismo convirtió á sí solo Su torva vista, contemplóse atento; Dio un silvo pavoroso y al momento Que las furias juntó, la tierra abrióse ; Una mirada atroz al noble pueblo Lanzó y precipitóse, Y el cocito abarcólo para siempre. Salud ínclita Heliópolis ; el rostro Gozosa alzad al héroe esclarecido Que asoma en vuestras calles ; noblecido El laurel se le ofrece generoso; Al escuadrón glorioso Limeños contemplad; ved esos pechos Usados al trabajo y a la gloria, 56 antología :J Ji ir Y en ellos hallareis el precio justo De vuestra suerte venturosa y grande. ¡ Oh fausto día de eternal memoria ! ¡Oh júbilo inefable! «^^ acabado^ Dijo el Rimac frenando su corriente, Mi presagio feliz; tío será dado Mietitras mis aguas dore el sol ardiente Hollar á los Uranos ttiis arenas» Y alzando sus espaldas, pudo apenas Al héroe saludar y retiróse. La fama entonces tras el astro hermoso Que la nueva llevaba al Occidente Voló, y fué más allá y resonoroso 'Dio el grito: es libre el Sud é Independiente. \ Cuanta mudanza ! ¡ Que universo nuevo Llena mi fantasía! ¡Arrebatado A una nación contemplo hermosa y grande Que al rol de las antiguas se coloca; Y ellas blandas la miran. Sierras alzadas con el dedo toca Y en oro se convierten ; les señala Países inmensos do natura había Arcanos aún ignotos, desgarrada La cortina eternal que los cubría. ¡Cuanta gente repasa infatigosa La inhabitada tierra ! ¡ Cual resuenan Los hondos valles que antes silenciosa La augusta Céres visitar solía! La industria es exaltada ; al alto solio fi JUAN CEISÓSTOMO LAFINUR 57 Presentes son sus nobles pensamientos; Se reproduce el hombre Bajo un clima feliz; sus sentimientos La dulce religión, las sabias leyes Reglar supieron elevando el alma ; Las luces se derraman y revienta La virtud en los blandos corazones. ¡Cuantos Régulos! ¡Ah! cuantos Solones Ilustres van creciendo ! Y á par de los Ulises cual asoman Los Horneros divinos! Vos lo seréis oh genios peregrinos (i) Que con verso de luz, cítara de oro Cantasteis de la patria los destinos. Vivid, vivid ; y mientras se amontonan Los bronces que han de dar á la memoria Los nombres imborrables De los héroes del Sud, cantad su gloria ; Cantad su gloria que será la vuestra. Cuando una misma estatua muestre al hombre Que aun no nació, su nombre y vuestro nombre. (i) I,os señores D. Esteban Luca y Dr. D. Vicente López, ambos han cantado este asunto dignfsiznamente. 58 ANTOLOGÍA HIMNO PATRIÓTICO * QUE CANTÓ EL COLEGIO DE MENDOZA EN LA NOCHE DE SU FUNCIÓN DRAMÁTICA EN CELEBRIDAD DEL ANI- VERSARIO DE MAYO DE 1 82 2. CORO Viva el ilustre dia Viva la hermosa edad. Que irás la tiranta Nos dio la libertad. La patria á las naciones Muestra hoy el rostro hermoso Y el genio poderoso Le traza un mismo rol: «Sed libre», las naciones Le dicen más remotas, «Tus cadenas son rotas Ilustre hija del sol. » CORO I Entre afanes y penas, Dispuso la fortuna. Que tuviera su cuna La libertad del Sud: * La colección de Poesfas patrióticas, pág. 26.— No está en I. I ' 'I I. k\ I i: t. ■^ ♦ : f t|¡ ,1 1 1 1 1 , 66 ANTOLOGÍA ¿Guardan tanto rencor los inmortales? En frente de la Italia, y apartada, De las bocas del Tíber, florecía La célebre Cartago, levantada Por colonos de Tiro tiempo había: Opulenta ciudad y belicosa, Por la que Juno á Samos posponía. Allí estaban las armas de la Diosa, Allí su carro estaba; y cuanto el Hado Con sus votos ardientes se acordara. Ella anhelaba que su pueblo amado A todas las naciones dominara. Oyera empero que esforzada prole De una estirpe Troyana nacería, Que de Catargo la soberbia mole Y las tierras de Libia asolaría; Y que esa descendencia al fin sería El solo pueblo rey, grande, guerrero, Claro dominador del orbe entero: Así hilaban las parcas su destino. Temiéndolo Saturnia, de continuo. Los pasados combates recordaba En que armó contra Troya á sus Argivos Ni sus resentimientos olvidaba. Ni de su fiero encono los motivos. Hondamente grabada está en su pecho La sentencia de Páris, y el ultraje A su beldad, por él menospreciada, Y el alto honor á Ganimédes hecho Y el odio inveterado á su linaje. JUAN CRUZ VÁRELA 67 Con tan vivos recuerdos inflamada, Apartaba de Italia á los Troyanos, Reliquias de los Griegos inhumanos, Y del furor de Aquí les inclemente; Y, errantes largo tiempo, eran traídos De un mar en otro mar, de gente en gente, Por el Hado y la Diosa perseguidos. ¡Tan grande empresa, tan difícil era Hacer que la alta Roma apareciera! No bien toda la flota en alegría La Sicilia de vista iba perdiendo, Y la ferrada prora dividía Las espumas del mar, cuando sintiendo Nueva en el corazón su eterna herida, « ¡Yo ceder! (dijo Juno): ¡yo vencida! « ¡Que alejar de la Italia yo no pueda « A un jefe de Troyanos fugitivos, « Porque el Destino adverso me lo veda! ¿No pudo Palas, una simple Diosa, « Las naves incendiar de los Aijivos, « Y hundir á tantos en la mar furiosa, € Por la falta excusable de uno solo, < Por el ciego furor de Ayax Oileo? « Jo ve mismo, cediendo á su deseo, « Con su rayo la armó; del alto polo « Ella le vibra, y sirven sin tardanza « El fuego, el mar, el viento á su venganza. « Destruyó los bajeles, y el culpado « Infeliz, que las llamas en que ardía í' m 68 ANTOLOGÍA í- í* « Del fulminado pecho despedía, « Fué por un torbellino arrebatado, « Y en las rocas agudas enclavado. « ¡Y yo, hermana y esposa del Tonante, « Yo, reina de los Dioses, al Troyano « Hago tan larga guerra, y la hago en vano! « ¿Y quién ha de adorarme en adelante? «¿Qué mortal ha de haber, con este ejemplo, € Que lleve sus ofrendas á mi templo ? » í'0 * /. En su ulcerado pecho revolviendo De este modp la Diosa sus dolores, A la Eolia desciende, albergue horrendo Y patria de los Austros bramadores. Allí, en ancha caverna, Eolo enfrena Las tempestades y sonoros vientos, Y quebranta sus ímpetus violentos, Y los ata imperioso á la cadena. Ellos, luchando por romper sus hierros, Rugen al rededor de sus encierros. La montaña atronando. El Dios potente, Sentado en la alta cumbre, los modera, Y templa su furor: si no lo hiciera. Tierras, mares, y cielo de repente En su rápido vórtice arrollaran, Y por el aire vago arrebataran. Más Jove, porque tal no sucediese, Los encerró en oscura y honda sima, Y alta mole de montes puso encima; i Dándoles un monarca, que supiese, ' mmmmmKiKF JOAN CRUZ VÁRELA ^ Conforme á su mandato soberano, Tal vez la rienda mantener tirante, Y aflojarla tal vez con diestra mano. La altiva Juno, entonces suplicante, De este modo le habló: « pues ha dispuesto « El rey de hombres y Dioses que pudieras « Conmover ó calmar las ondas fieras, « Eolo, una nación que yo detesto « Va por el mar Tirreno navegando, « Su Ilion á la Italia transportando, € Y sus vencidos Dioses: manda''"pronto t Que tus vientos las olas enfurezcan, « Y separa sus naves ó perezcan, « Y siembra de cadáveres el ponto. « Catorce Ninfas tengo, todas bellas, € Y con la más gentil que campa entre ella» « Premiaré tu servicio agradecida. € Deyopeya será la digna esposa, « Que, á tu destino para siempre unida, € El padre te haga de una prole hermosa. » « Tuyo, reina, es mandar: á mi tan solo « Incumbe obedecer (responde Eolo): « Si yo el favor de Jove he merecido, € Y en sus mesas cubiertas de ambrosía « Hago á los altos Dioses compañía; f Si yo reino es por tí; y á tí he debido « Que de los vientos el rebelde bando € Respete mi poder, tema mi mando.» La cúspide del cetro, así diciendo. i/U ./(. ( 1' í i antología Volvió contra la cóncava montaña, Y al lado opuesto la impelió pujante. Halló salida el escuadrón tremendo, Y arremetió en tropel: con furia extraña Su negro torbellino en un instante Envuelve la ancha tierra, á un tiempo mismo El Euro, el Noto, el Afro proceloso Revuelven desde el fondo de su abismo El turbulento mar, y el mar furioso Con vastas olas la ribera azota. Alza un triste clamor toda la flota, Y los vientos con hórrido silbido Rechinan en las cuerdas. Escondido El día entre nublados, desparece, Y se tiende en el mar la noche densa: El trueno las esferas estremece. Arde del éter la extensión inmensa, Y á doquier que se vuelve el navegante Su inevitable muerte ve delante. Embarga á Eneas repentino hielo; Llora, y, las manos levantando al cielo, « ¡Tres veces (dijo), y mas, afortunados « Los que tanto del Hado merecieron, < Que, al pie de nuestros muros elevados, « A vista de sus padres perecieron! « O Diomédes, de Griegos el más fuerte, « ¿Por qué no plugo al cielo que pudieras « En los campos de Troya darme muerte? « Allí inmolado á tu furor me hubieras r: ' , JUAN CRUZ VAREtA 71 « Donde de Aquiles la tremenda lanza « Rompió de Héctor el pecho y la pujanza; « Donde el g^an Sarpedon cayó, y el Jante « Vuelca espumoso adargas y morriones, « Y cuerpos de fortísimos varones. > Así en vano exclamaba, y entretanto Embiste el Aquilón, y despedaza De su bajel las velas. Sublevado El mar á las estrellas amenaza; Rompiéronse los remos; y la prora, Cediendo al duro embate, de costado La ya indefensa nave al mar presenta. Un monte de agua la levanta ahora, Y luego en un abismo cae violenta; Ya en lo alto el marinero está pendiente, Ya, abriéndose las olas de repente, Siente hervir las arenas en el fondo, Y descubre la tierra en lo mas hondo. Contra las rocas pérfidas, de altares Con el nombre en Italia conocidas. Que forman la ancha espalda de esos mares, Y están en sus espumas escondidas. Estrelló el duro Noto tres navios; Y otros tres, impelidos, arrojados Por la furia del Euro á los bajíos. Quedaron en las sirtes encallados. Cae una mole de agua en la galera Que á Oróntes y los Licios conducía, Y á su piloto, que el timón tenía, A la vista de Eneas, la onda fiera 72 ANTOLOGÍA ::/'J.. 'iJ/ 1 íl / •• De la popa arrebata y precipita: I,uego en su remolino impetuoso Tres veces al bajel en torno agita, Y se lo traga el mar voraginoso. Por do quiera se ve flotar perdidas Armas, tablas, riquezas, confundidas, Y nadando en el golfo inmensurable Aparece uno ú otro miserable. Ya la nave de Alétes el anciano. La de Ilioneo, poderosa en vano, La de Acates el bravo y la de Abantes, Abiertas del costado las junturas, Dan del mar á las aguas espumantes Entrada por las anchas hendeduras. Del profundo, en sus senos alterado, Por Neptuno entretanto fué sentida La horrible tempestad, sin él movida, Y oyó sonar los vientos: indignado, Pero grave y sereno en sus enojos. Alza la frente plácida, y sus ojos Ven hundirse en el ponto ó separarse De los Teneros las naves desgraciadas, . Y en su daño las olas conjuradas, Y sobre ellos los cielos desplomarse: Ni en tal desorden se ocultó á Neptuno La rabia artera de su hermanqf Juno. > Al Zéfiro y al Euro á su presencia Llama al punto y les habla de este modo: « ¿ Pudo á tanto llegar vuestra insolencia, « Que la tierra, y el mar, y el cielo, y todo A lU' JUAN CRUZ VAREI^A 73 Osarais confundir sin mi licencia? ¿Vuestra raza os inspira confianza Para alzar en el ponto este tumulto? Yo os haré ver. . , pero antes la bonanza Debo volver al mar amotinado: Después castigaré tamaño insulto Con una pena igual al atentado. Idos pronto; y decid al que os gobierna Que no á él, sino á mí, la suerte ha dado El imperio del mar y el gran tridente: Dueño de la vastísima caverna. Donde vosotros rebramáis violentos, Que en tal palacio su poder ostente, Y reine en las mazmorras de los vientos. » Dijo, y, más pronto que decirlo pudo, Restituyó la calma al mar sañudo, Y las nubes ahuyenta, y vuelve el día. Tritón y Cimotoe juntamente L 1/ Cargado de despojos del Oriente, Le invocará la tierra reverente. Convertiráse en gozo el largo duelo De largos siglos de funesta guerra; Y Vesta y la alma Fé, Remo y Quirino, Llegados estos tiempos del Destino, Serán los que den leyes á la tierra. Férreo cerrojo y trabazón de bronces Del triste templo del bifronte Jano La dura puerta cerrarán entonces; Y adentro el furor bélico inhumano Sobre armas en desorden hacinadas Sentado horrible, y una y otra mano Con cien cadenas á la espalda atadas, Las morderá sangriento y repetido Retumbará su horrísono rugido ». ■1 , '"í . .'í ¡I .1 I Vi : ■' i Dice, y ordena que á Cartago vaya El mensajero Dios hijo de Maya Para hacer que á los Teucros desgraciados Dido en su nueva patria recibiera; No fuese que, ignorante de los hados, Les vedase pisar en su ribera. El alíjero Dios el aire hiende, Y, volando más rápido que el viento, A las arenas Lívicas desciende, Y cumple el soberano mandamiento. El altivo Fenicio se resigna Al divino poder que al Teucro ampara, Y Dido la primera se prepara A hospedarle pacífica y benigna. ííi JUAN CRUZ VÁRELA «3 Mas, durante la noche, mil ideas Revuelve en su ánimo el piadoso Eneas, Y, apenas Febo en el oriente brilla, Aquellos sitios explorar intenta, Y decir á los suyos en que orilla Arrojados se ven por la tormenta; Porque no saben si esa tierra inculta Es por hombres ó fieras habitada. Bajo una roca cóncava su armada Entre sombríos árboles oculta, Y con el solo Acates, y vibrando Dos lanzas de ancho fierro, el puerto deja, Y de la playa intrépido se aleja. Iba una densa selva atravesando, Y su divina madre en forma humana Al encuentro le sale en la espesura, Y en las armas, el traje y la figura Semejante á una virgen Espartana: O Harpálice de Fracia así sería. Que á los prestos corceles, voladora, Y al Euro rapidísimo vencía. Porque llevaba Venus cazadora De los hombros pendiente un arco hermoso. Suelta al viento la blonda cabellera, Y sobre la rodilla un lazo airoso Regazaba la túnica ligera. Acercóse y les dijo: «¿No ha llegado « A este sitio una joven compañera, « Que en esta misma selva se ha extraviado? I ;í (■■■ u 84 ANTOLOGÍA « Lleva una piel de lince por vestido, « A la espalda la aljaba resonante, | « Y flechado tal vez y perseguido « Va huyendo de ella jabalí espumante. «¿La visteis por ventura?» — Venus dijo, « Y de Venus así responde el hijo: « No hemos visto ni oido á tal doncella: « Pero ¿qué nombre, cazadora bella, « Habré de darte á tí? ¡Ah! Tú eres Diosa: « Ni tu rostro ni tu habla melodiosa « Pueden ser de mortal. ¿Eres hennana « De las Ninfas del bosque? ¿Eres Diana? « Cualquier Deidad que seas, te rogamos « Que alivies nuestros males y fatigas; « Que escuches nuestros votos, y nos digas « En que región del orbe nos hallamos, « Lanzados por los vientos y los mares, « Desvalidos errando y sin destino, « No conocemos hombres ni lugares: « Si nos ampara tu poder divino, « Quemaremos incienso en tus altares ». « No soy digna de honor tan elevado « (La diosa replicó) del arco armarse, « Y coturnos de púrpura calzarse, « Es entre Tirias vírgenes usado. « En las riberas de la Libia te hallas, « Y en el imperio Púnico, fundado « Por hijos de Ajenor: ¿ves las murallas « De su nueva ciudad? En la frontera « Vaga una raza indómita y guerrera; '1 ; JUAN CRUZ VÁRELA 85 « Pero en esta comarca reina Dido, « Que huyendo de su patria y de su hermano, « La colonia de Tiro ha conducido; « Y aunque es larga la historia del tirano, « Y de la triste y prófuga princesa, « Yo te diré lo solo que interesa. « Su mismo padre, autor de un himeneo « Confirmado por prósperos auspicios, « Intacta virgen la entregó á Siqueo, « Opulento entre todos los Fenicios. « Tiernamente la mísera le amaba; « Mas Piginalion su hermano, el más perverso « De los hombres que abriga el universo, « En la soberbia Tiro dominaba. « Entre Siqueo y él se enciende luego « Un odio inapagable; y el malvado, « De amor del oro arebatado y ciego, « Y de Dido y los Dioses olvidado, « Se arma, se oculta, y al incauto esposo « Al pie de los altares asesina. « Largo tiempo su crimen horroroso « Astuto encubre, y á la triste hermana « Con mentidas palabras alucina, < Entreteniendo su esperanza vana. « Hasta que en sueños se aparece á Dido « La imagen de la víctima insepulta, « Y pálida descubre el pecho herido, « Y la maldad doméstica \- oculta, « Y el altar con su sangre enrojecido. « — Huye, le dice, de tu patria impía; ir' ri! (I: 1 I,- i h , : I I 86 ANTOLOGÍA ^ « — Tu presta fuga facilite el oro : - • « Y le muestra el lugar donde debía « Hallar bajo la tierra un gran tesoro. « Tales revelaciones la estremecen; « Y, disponiendo al punto su partida, * De todos los que temen ó aborrecen « Al tirano feroz se ve seguida. « Pronto estaba una flota en aquel puerto « Y, apoderados de ella con presteza, « La cargan del tesoro descubierto, « Y se entregan al mar con la riqueza « A que aspiraba el inclemente avaro : « Autora una mujer del hecho claro. « Llegaron al lugar en donde ahora « De Cartago verás el muro ingente, « Y encumbrarse el alcázar eminente. « Para tan gran ciudad la fundadora « No compró de terreno mayor trecho « Que el que la piel de un toro circundara, « Y el lugar en memoria de aquel hecho, « Ha querido que Birsa se llamara. « Mas ¿quienes sois vosotros? ¿Y de dónde « Venís ó adonde vais? » Lanzando Eneas « Un profundo suspiro, así responde: « Si nuestra historia, que saber deseas, « Te fuese por es tenso relatada, « Se escondería el sol en el ocaso « Antes de que la oyeras acabada. « Desde la antigua Troya (si es que acaso « Sonó el nombre de Troya en tus oídos) JUAN CRUZ VÁRELA « Hemos sido hasta el África impelidos, « Atravesando procelosos mares. « Soy el piadoso Eneas,- que conmigo « Conduzco en mi bajel los patrios Lares « Que arranqué del poder del enemigo, « Y mi fama á los astros ha llegado. «Del Hado los decretos superiores « A buscar en Italia me han forzado « La cuna de mis ínclitos mayores, « Que descienden de Júpiter divino. « Por la Diosa mi madre encaminado, « Partí del mar de Fríjia á mi destino, « Llevando veinte naves : siete apenas, « Por las ondas y el Buró maltratadas, «De Libia en las riberas apartadas « He podido salvar, y en sus arenas « Vago errante, infeliz, desconocido, « De la Europa y del Asia repelido ». Venus mas quejas escuchar no pudo, Y enternecida interrumpió á su Eneas: « Pues llegas á Cartago, ya no dudo, « Extranjero, cualquiera que tú seas, « Que eres objeto del amor del cielo, « Y que cuidan los Dioses de tu vida. « Vé y preséntate á Dido sin recelo : « Te anuncio que tu flota no es perdida, « Y que, calmado el Aquilón insano, « Ya están los tuyos en tranquila rada; « Si á conocer pronósticos no en vano 88 antología M He sido por mis padres enseñada. j ¿Ves esos doce cisnes, que, ya unidos, Hienden el aire con alegre vuelo, Y antes iban dispersos, perseguidos Por el ave de Jove, que del cielo Sobre ellos se lanzó devoradora? Como ves que ya posan en el suelo, O que á posarse van; y cómo ahora. Vueltos de su pavor y placenteros, Baten las alas, y en el aire todo Resuena su cantar; no de otro modo Tus naves y tus ledos compañeros O la áncora en el puerto están echando, O en él á toda vela van entrando. Sigue haste la ciudad: esta es la vía ». I Dijo; y, al retirarse, al róseo cuello Con divino fulgor resplandecía. Exhalando un nítido cabello El olor celestial de la ambrosía. Desplegóse hasta el pie la veste undosa Y su marcha mostró que era una diosa. 1 ■ ^u \t: Eneas la conoce, y, ya distante. Prorrumpe en estas quejas resentidas: « ¡Ah madre! ¿Tú también de un hijo amante « Te burlas con imágenes fingidas? « ¿ Es posible cruel, que nunca quieras « Que tu diestra y _mi diestra estén unidas, « Y yo escuche tus voces verdaderas? » m JUAN CRUZ VÁRELA 89 Así la increpa y se encamina al muro: Pero á los dos viajeros Ci tarea De una nube foniiada de aire oscuro Con el velo densísimo rodea; Para que nadie así pudiese verlos, Ni la causa inquirir de su venida, Ni dañarlos tal vez ó detenerlos. Ella vuelve á su Páfos preferida, Y visita contenta los lugares, Donde el aire embalsaman los olores Del incienso Sabéo y de las flores Que perfuman su templo y sus altares. Siguieron el sendero señalado, Y llegaron por fin á la colina Frontera á la ciudad, y que domina Sus torres y su alcázar encumbrado. Admira Eneas desde aquella altura Esa fábrica inmensa, en el asiento Que antes la choza mísera ocupaba; Portadas de magnífica estructura, Y calles de enlosado pavimento. En que el ruidoso pueblo se agitaba. Activando sus obras los Fenicios, Unos al muro y cindadela elevan Enormes piedras, que rodando llevan; Otros, para sus propios edificios, Señalan el solar con el arado: Cavan un puerto aquellos; nombran estos De la majistratura y del senado Ni 90 antología A los que han de ocupar los altos puestos: Del teatro la noble arquitectura Se ve salir aquí de su cimiento, Y allá se cortan de la roca dura Columnas que le sirvan de ornamento. Lo mismo las abejas, trabajando Por el verano en la pradera amena, Ya los nuevos enjambres van sacando Por la primera vez de la colmena. Ya sus líquidas mieles condensando, Y el dulce néctar los panales llena; O alivian de la carga á las que suelen Llegar del grave peso fatigadas, O, á manera de ejército formadas, Al perezoso zángano repelen: Todo es ardor y afán, y á la distancia Trasciende del tomillo la fragancia. «¡Oh pueblo mil de veces venturoso, cEl que sus propios muros ya levanta!» Dijo el héroe ¡^asmado de obra tanta; Y, cercado del velo nebuloso, Penetra sin ser visto ni sentido, Y vaga entre la turba confundido. Había en la ciudad un bosque umbroso, Cuyo plácido asilo fué el primero Que en África los Tirios encontraron. Después de atravesar el ponto fiero. Cavando entre los árboles, hallaron JUAN CRUZ VÁRELA 91 De un soberbio caballo la cabeza; Señal por la que Juno prometía La abundancia del suelo, y la grandeza Que Cartago á la guerra debería; Y á Juno, en lo interior del bosque sacro. Un templo alzaba la Sidónia Dido, Del Numen con el santo simulacro Y con dádivas de oro enriquecido. Anchas gradas de bronce se elevaban Hasta el umbral del edificio ingente, Las bóvedas en bronce descansaban, Y las puertas de acero reluciente En quiciales de bronce rechinaban. Allí al héroe Troyano se presenta Un objeto que en su ánimo indeciso Calma las inquietudes de improviso, Y de nueva esperanza le alimenta: Pues mientras, en el templo de la Diosa, Esperando á la reina, atento mira Los primores de la obra portentosa, Y el arte y los artífices admira, Ve de repente de la Ilíaca guerra, Ya divulgada por la inmensa tierra, En coloridos lienzos los combates; Y de Atrídas, de Priamo el anciano, Y de Aquiles, con ambos inhumanos, La imagen le conmueve. « Amado Acates, « ¿ En qué región del orbe el Sol se muestra, 92 ANTOLOGÍA N « En qué sitio (exclamó) que no esté lleno « De las desgracias de la patria nuestra ? c ¡ Mira á Príamo ! Amigo, el mal ageno « También se llora aquí: también alcanza < Su premio la virtud y su alabanza: « No desmayes; seremos protegidos « Donde son nuestros hechos aplaudidos. » j Así hablaba, y la inánime pintura Su espíritu y su vista embebecía, Lágrimas de dolor y de ternura Corriendo hasta su seno. Ya veía Como, en torno de Troya, al griego bando Acosaban los Frijios batallando; Ya como, en medio del combate fiero, El penacho de Aquiles espantaba Las Troyanas falanges, y el guerrero En su carro tonante atropellaba. A manos de Diomédes destruidos Vio de Reso los blancos pabellones. De noche por un pérfido vendidos; Y del príncipe muerto los bridones Arrebatados, antes que probaran La yerba de las márgenes del Janto, Y la sed en sus aguas apagaran. Desarmado y huyendo ve entretanto A Troilo, infortunado adolescente. Que osó medir sus fuerzas juveniles En lucha desigual con las de Aquiles. Afuera de su carro vá pendiente, JUAN CRUZ VÁRELA 93 Y ya, ya, por caer, con débil mano A sus caballos sofrenando en vano, Despavoridos le arrebatan ellos, Barren el neg^o polvo sus cabellos, Y la lanza en el pecho atravesada Vá surcando la tierra ensangrentada. Suelta la cabellera, allá venían Las Troyanas, vertiendo largo llanto, E, hiriéndose los pechos, ofrecían A la airada Minerva un rico manto; Mas la Diosa los ojos enclavaba En la tierra, y la ofrenda desdeñaba. Mas allá, en otro lienzo, Aquiles duro De Héctor tres veces arrastrado había El cuerpo exangüe al rededor del muro, Y á Príamo por oro le vendía. Entonces fué cuando el varón Troyano Lanzó un hondo gemido, al ver sus ojos El cadáver, el carro, y los despojos De su amigo infeliz, y al rey anciano Tendiendo al matador la inerme mano. Lidiando con los griegos campeones Se conoció á sí mismo de repente,. Y distinguió las armas y escuadrones Que el tostado Memnon trajo de Oriente. Ve en fin á la pugnaz Pentesilea Llevar sus Amazonas aguerridas, De lunadas adargas defendidas. Adonde es más sangrienta la pelea; Y el no cortado pecho sujetando 94 ANTOI,OGIA Con una franja de oro, vá en las lides La tremenda doncella batallando Con los más beliciosos adalides. I.' )„ i i ii Estaba del Dardánio enternecido En los cuadros el alma embelesada, Y al templo llega la elegante Dido, De jóvenes gallardos escoltada. Cual Diana en la margen del Eurótas, O del Cinto en la altura, dirijiendo El coro de las Ninfas, se presenta; Y de cumbres cercanas y remotas Las festivas Oréades viniendo, La Diosa en medio su beldad ostenta: Con la aljaba en el hombro vá marchando; Y, del triunfo de su hija satisfecho, Al verla sobre todas descollando. Palpita alegre de Latona el pecho. Tal era Dido, tal aparecía En medio de su pueblo y activaba Las prodigiosas obras que algún dia Ilustrasen el reino que fundaba. Cercada de su guardia, al fin se sienta En un trono, á las puertas del santuario, Y bajo de la cúpula erigido : Dicta sus leyes á la turba atenta, Y equitativa impone al operario Llevadera labor, ó decidido Queda el duro trabajo por la suerte. Gran gentío se agolpa mientras tanto, m^ JUAN CRUZ VÁRELA 95 Y entre él Eneas acercarse advierte A Anteo, y á Serjesto, y á Cloanto, Y á varios Teneros, que la mar había Lanzado á otras orillas. La alegría Y el ansia de abrazarlos estimulan A los que densa nube protegía; Mas, dudosos y absortos, disimulan, Y entre el opaco velo se mantienen. Quieren antes saber á qué ribera Aportaron los suyos, y á qué vienen, Y qué suerte en Cartago les espera; .Pues de cada bajel los principales. De la reina implorando la clemencia, Ya tocaban del templo los umbrales. Admitidos al fin á su presencia. Permíteles hablar la excelsa Dido, Y el anciano Ilioneo, al pie del trono. Dijo en modesto pero firme tono : « O gran reina, á quien Jove ha concedida « Un imperio fundar, y que trajeras « Al yugo de la ley gentes tan fieras; « De la nación Troyana maltratada « En la tierra y el mar, escucha el ruego^ «Y no consientas que enemigo fuego « Devore en tu ribera nuestra armada : « Hágate tu poder la salvadora « De la raza piadosa que te implora. « No hemos venido á provocar tu enojo, « Ni á devastar los Líbicos hogares. m ' iwr 1' m\k 96 antología Para volver, cargados del desjjojo, En infames bajeles á los mares; Que nuestra alma detesta la violencia, Ni es propia de vencidos la insolencia, Hay una tierra fértil, floreciente, Que los Griegos Hesperia renombraron ; Los antiguos Enotrios la habitaron, Y la hicieron en armas prepotente : ítalo allí reinó, y ahora es fama Que, por ítalo, Italia se le llama, íbamos en su busca, y de repente El funesto Orion la mar subleva. Y el Austro, arrebatando los navios. Dispersos por el piélago nos lleva, ' ' Fluctuando entre escollos y bajíos : De su furia los pocos que salvamos Náufragos á tus costas arribamos. Mas ¿qué linaje de hombres las habita? ¿O dónde hay una ley que tal permita? No bien húmeda playa nos hospeda, Y el vacilante pie la arena toca. Hierro en mano la arena se nos veda, Y á una bárbara lid se nos provoca. Si este pueblo desprecia á los humanos. Ni las mortales armas le intimidan. Entienda que los Dioses soberanos De lo justo y lo injusto no se olvidan. Nuestro rey era Eneas; y si el Hado De un varón tan piadoso, recto y fuerte, El aliento conserva, y no ha bajado. JUAN CRUZ VÁRELA 97 A los lóbregos senos de la muerte, De habernos tu favor anticipado Nunca tendrás, oh reina, que dolerte. También es de la dárdana familia, Y domina ciudades populosas. Que son nuestras aliadas poderosas. El magnánimo Acertes en Sicilia. Deja que de las aguas retiremos La destrozada flota, y que en la selva Nos hagamos de mástiles y remos, Con que á las hondas reparada vuelva; Para volar á Italia placenteros, Si los Dioses propicios han querido Salvar á nuestro jefe y compañeros. Pero si tú en el ponto has perecido. Oh padre de tu pueblo, y no nos queda Ni la esperanza del amado Ascánio, Y á la tierra volver se nos conceda En donde Acéstes manda, y preparada Siempre hallarán los Frijios su morada. » Terminado el discurso de Ilioneo, En confuso rumor la Teucra gente Mostró igual inquietud, igual deseo ; Mas, bajando los ojos indulgente, « Dardánios, no temáis (les dijo Dido ): « Dura es mi situación, mi imperio nuevo, « Y de su costa, y límite estendido « Solo á soldados la defensa debo « Forzada confiar. Mas ¿quien ignora fí; • 't fí I 98 ANTOLOGÍA Los diez años de guerra asoladora, Y el nombre de Ilion? ¿la griega Uama^ El troyano valor y sacrificios, Y de Eneas los hechos y la fama? No somos tan incultos los fenicios, Ni tan lejos de mi y de mis vasallos Ata el Sol á su carro sus caballos. Si á los campos queréis de los latinos, Do Saturno reinó, volver la prora, O buscar en los fines Ericinos La tierra amiga donde Acéstes mora^ Para cruzar el ponto los caminos Contad con mis auxilios desde ahora. Si preferís quedar en mis Estados, Esta ciudad es vuestra; en la ribera Descansen los bajeles maltratados; Que por Dido serán de igual manera El troyano y el tirio gobernados jY ojalá á vuestro rey lanzado hubiera A estas orillas el furor del Noto! Pero al confin de Lívia mas remoto Irán mis mensajeros al instante. Por si en pueblos ó selvas anda errante.» I . 't . Con tan dulces palabras animados, Eneas y su bravo compañero La nube de que estaban rodeados Anhelaban romper; y asi primero Exhorta Acates de la Diosa al hijo: « ¿No ves á tus amigos? ¿Ya no sabesi JUAN CRUZ VÁRELA 99 « Que están, como tu madre lo predijo, « Seguras en el puerto nuestras naves? « Tan solamente falta el desgraciado « A nuestra vista por el mar tragado. « ¿Cual es tu mente ahora?» — Así decía, « Y de pronto se rasga y desvanece La oscura nube que á los dos cubría. Eneas de improviso se aparece Brillante en cuellos y hombros, y brillante, Como es el de los Dioses, su semblante: Porque Venus con hálito divino Le dio la lumbre de sus ojos bellos, Y su color de rosa purpurino, Y esplendor á su frente y sus cabellos. En pulir el marfil asi se emplea Experta mano; y con adorno vario Asi el oro finísimo hermosea La lámina de plata, el mármol Pário. El, á la muchedumbre circunstante, « Si buscabais á Eneas el troyano, « No te ha tragado el piélago Africano: « Miradle, dijo: le tenéis delante;» « Y luego, vuelto á Dido con blandura, « ¡Oh tú, la sola que piadosa miras « De Troya la inefable desventura? « ¡Tú, que á víctimas tristes de las iras « Del griego y de la mar, de tierra y cielo, « Cuando más desvalidos nos hallamos, « Das asilo y morada en este suelo ! « Ni los que ahora tu favor logramos, ■ I ! i y I ' I lOO ANTOLOGÍA « Ni todo cuanto Teucro está disperso « En la vasta estensión del universo, « A pagar tus bondades alcanzamos. « Si es juez de las acciones la conciencia, « Si hay justicia en los hombres, y benigno « Recompensa algún numen la clemencia, « Te espera, Dido, el galardón más digno. « Dichoso el padre á quien el ser debiste! « ¡Afortunado el siglo que naciste! « Mientras que corran á la mar los rios, « Sustente el cielo la sidérea lumbre, « Y caiga larga sombra de alta cumbre, « Do quier me lleven los destinos mios, « Haré vivir en inmortal memoria « Tu nombre, tus virtudes y tu gloria. » Vuélvese á sus amigos, dicho aquesto, Y sus amantes brazos abre al cabo Al facundo Ilioneo y á Seresto, Y al bravo Jias y á Cloanto el bravo. Después que absorta la Sidónia Dido Contempló de tal héroe la presencia, « ¿De qué Numen, le dijo, la inclemencia « De peligro en peligro te ha traído? « ¿ Quién, hijo de la Diosa, quien creyera « Verte por los destinos impelido « Del África á la bárbara ribera? « ¿Con que eres el Eneas afamado, « Que á la margen del Frijio Simoente JUAN CRUZ VÁRELA lOI Por el dardáneo Anquises engendrado, Nació del alma Venus? Bien presente En la memoria tengo todavía Que cuando, á fuerzas de armas, á su mando. Belo la opima Chipre sometía. Vino Teucro á Sidón ; solicitando, Expulso de su patria Salamina, Con el auxilio de mi padre Belo, Otro imperio fundar en otro suelo. Desde entonces de Troya la ruina,. Tus gloriosas hazañas y tu fama Supe, y los nombres que la Grecia aclama. Aunque de los troyanos enemigo. Teucro con gran loor los ensalzaba, Y de ser de su estirpe blasonaba. Ea, jóvenes, pues; venid conmigo, Y yo os daré hospedaje en mis mansiones. Antes que me trajese á estas regiones Una suerte á la vuestra semejante, También me he visto perseguida, errante^ Y mi propia desgracia me ha enseñado A tener compasión del desgraciado.» No bien de esta manera hablado había^ Conduce á Eneas al palacio regio, Mandando que en los templos aquel dia Se celebrara con honor egregio; Y al mismo tiempo providente ordena Que del héroe á los tristes compañeros. Que estaban de las playas en la arena, I02 ANTOLOGÍA Se envíen cien ovejas, cien corderos, Cien cuerpos de cerdosos animales, Y alegre don de Baco, y veinte erales. Entretanto el espléndido convite Con pompa en el palacio se prepara: Brillan tapetes en que el arte rara Con la soberbia púrpura compite; Y en las mesas los vasos cincelados, Donde en oro y en plata han esculpido La serie de los hechos señalados De los abuelos ínclitos de Dido. Inquieto empero por su tierno Ascánio, Y cuidadoso él únicamente, A las naves del príncipe Dardánio Manda que vaya Acates diligente, Y con el hijo le conduzca luego Preciadas galas que el troyano fuego No alcanzó á devorar; un rico manto Cubierto de pomposa argentería, Y un velo en cuyas orlas estendía Sus vastagos floridos el acanto: Pasmoso don, que á la venusta Elena Hizo su madre Leda, y que la ornaba El triste día en que á la Teucra arena Y al adúltero tálamo llegaba. A estos presentes agregar dispone El magnífico cetro que Ilione, Hija mayor de Príamo, ostentaba, Y su collar de perlas primoroso, JUAN CRUZ VÁRELA Y la regia corona en que lucía Doblado cerco de oro y pedrería. 103 Mientras á los bajeles presuroso El fiel Acates vá, con nueva idea Forma nuevo designio Citerea, Y astuta determina que Cupido Transformado en Ascánio se presente, Y las preseas ofreciendo á Dido, La incendie toda con su llama ardiente; Porque teme el doblez y la inconstancia Del Fenicio versátil y doloso, Y de Juno la atroz perseverancia En la noche perturba su reposo. Llamó, pues al amor, y asi le dijo : « O tú, mi sola fuerza, amado hijo, « Yo imploro tu poder, y á ti me acojo, « A quien no aterra el brazo fulminante, « Que, armado de sus dardos, en su enojo « Contra Tifeo levantó el tonante. Ya has visto que de Juno el odio impío Trae á tu hermano Eneas maltratado De un mar en otro mar, y te ha causado Muchas veces dolor el dolor mió. « Hoy Dido en su palacio le ha hospedado, « Al parecer benigna y obsequiosa; « Pero me tiene inquieta y recelosa; « Ver á tu hermano en la ciudad de Juno, « Y temo que aproveche rencorosa « Un tiempo de dañar tan oportuno. i y está precedida de la siguiente nota: «En el canto que va á leerse tam- bién se hace mención de la célebre batalla de Chacabuco. Cuando el se escribió, por insinuación de personas inmediatas al Gobierno, ya todos los peetas de Buenos Aires habían celebrado, de un modo digno, la victoria de Maypo. Parece que la autoridad deseaba entonces ensal^rar el mérito del Sr. Balcarce, que contribuyó no poco á este triunfo, y cuyo mérito hablan olvidado nuestros poetas. De todos modos, esta composición, y la que la precede, son, á mi parecer, las que necesitan más indulgencia entre las mías.» En este volumen, cuya publicación fué preparada por el mismo Sr. Vare- la, esta composición aparece bastante cambiada; y como en la advertencia con que lo prologa dice que solo reconocerá por suyas á las que allí se ha- llan, tal como están, hemos hecho llamada en cada caso sobre los versos de la composición primitiva para presentar de ese modo la obra poética completa. Estas modificaciones son las siguientes: (i) Sé que pulsar no debo (2) La pobre lira mfa; JUAN CRUZ VÁRELA III Empero ¿á quién es dado (3) El ardor refrenar que el pecho inflama? Veo dos héroes; sus renombres solo (4) Entusiasmo me dan, penden mi llama, (5) Son mi genio, mi numen, y mi Apolo. (6)* San Martín y Balcarce; dos guerreros Cuales la Fama no cantó hasta ahora, (7) Cuales ni cantará su voz sonora (8) En el voltear de siglos venideros (9) Temblad, temblad iberos; Vuestro fin se aproxima, Que San Martín la cima De montes, que su frente han escondido En las regiones donde el trueno rueda. Amenaza escalas, y confundido, (10) Si lo ejecuta, vuestro orgullo queda (11) Quedará vuestro orgullo. En movimiento (12) Ya sus falanges van; la falda pisan, (13) Y la altura también; de allí divisan En Chacabuco un pabellón al viento. (14) (3) ¿Más que podrá este día. (4) Veo dos héroes, su renombre soló (5) Del entusiasmo la sagrada llama (6) Enciende, y siento que me inspira Apolo. (7) A quienes justa nuestra edad aclama, (8) Y cuyos hechos cantará la Fama (9) En la serie de siglos venideros. (10) Amenaza escalar, 3' destruido, (11) Si lo ejecuta, vuestro imperio queda. (12) Quedará vuestro imperio: en movimiento (13) Ya las falanges van; la falda pisan (14) En Chacabuco una bandera al viento. 112 ANTOLOGÍA i I «Del hispano sangriento (15) « Es la bandera,» gritan: (16) Sobre él se precipitan, (17) Y rayos lanzan, y el cañón retumba; (18) En el avance los alfanges vibran; (19) En la cuesta el tirano halló su tumba, Y á Chile triste las legiones libran. El venerando Maypo, que, en la hondura Por sus puros cristales retirado, Por tres siglos lloraba inconsolado (20) Del suelo que regó la suerte dura, (21) De su mansión oscura El ruido oyó de guerra, (22) Y, cuando más se aterra, (23) Siente el volar de la veloce Fama (24) Que á San Martín cantaba sonorosa. (25) Alegre entonces su Náyades llama, (26) Y sobre el agua alzó su faz rugosa. Im- (15) Como huracán violento, (16) Que brama en la alta sierra, (17) Son hijos de la g^uerra (18) Fieros se lanzan; el cañón retumba, (19) Y ellos la espada fulminante vibran: (20} Era un río sin fama, destinado (21) A dar inútil riego á una llanura, {j2j Oyó el clamor guerrero, (23) Y oyó el grito primero (24) Que, al desplegar sus alas, dio la Fama, (25) A San Martin cantando sonorosa (26) Alegre entonces á sus Ninfas llama, f 1 JUAN CRUZ VÁRELA "3 Las convocó, y les dijo: « Yo sabía (27) « Que tras mucho tronar del tiempo alado (28) « Era de haber un día, en que arruinado (29) « Chile el imperio ibérico vería; (30) « Y que al fin la energía (31) « De un hijo de la guerra, (32) « Desde la opuesta tierra « Mole inmensa de montes traspasando, « Vendría hacia nosotros, y en un día (33) « Siglos y siglos de maldad vengando, « Al cruel cetro de hierro fin daría. (34) « Su nombre allá en el libro de los hados « Con carácter de fuego escrito estaba; « Jove empero su nombre reservaba « Y los días al triunfo señalados » — Cuando veáis que encontrados (Dijo el Tonante un día) — En la alta serranía — Ejércitos batallen, sangre corra, — Vague muerte sin fin, la Fama cante, (35) (36) (37) (27) Convocólas, y dijo: «Yo esperaba (28) « Que era de haber un dfa en que este imperio (ig) « Al déspota feroz de otro hemisferio (30) tNíi soy tuyo dijera. Kscrito estaba (3') < Que á esta región esclava (32) «Un genio de la guerra, (33) « ^'endr^a victorioso; y en un día (34) «Bl oprobioso yugo rompería. (35) «En páginas de luz escrito estaba; (36) « Y los tiempos al triunfo señalados. (37) «Cuando sea que osados ! m : [ .:■' i\l 114 ANTOLOGÍA — Llegó á Chile el momento en que socorra (38) — Su aciago suelo el Argentino Atlante (39)) « Hoy en la cuesta yo sentí fragores; « En Chacabuco las cavernas roncas « Del monte retumbaron; voces broncas « Cuales de muertes escuche, y horrores. (40) « En después, los clamores (41), « De la Fama se oyeron: « San Martín, repitieron, « San Martin es el héroe: Chile vive: « Me alzo yo entonces; de la cuesta veo (42)- « Sangre correr que el llano la recibe, (43) « Y del campeón en manos el trofeo. (44); « Pero no se acabó: ¿Veis estos llanos « Delicia un día de Araucana gente? « ¿lyos veis que yermos, del arado el diente (45); « Sentido no han, ni laboriosas manos? « Sepulcro de tiranos « A ser vendrán un día; « La ibera sangre impía « Dará fertilidad á mis llanuras: « Pasarán pocos soles, y otra escena, (46)4 (38) Llegó el feliz momento en que socorra (39) Al araucano el adalid triunfante. (40) « Escuché de feroces contendores; (41) « Y después los clamores (42) « Me alzo yo entonces, y en la cumbre veo (43) « Al capitán ilustre, que recibe (44) € De manos de Mavorte el gran trofeo. (45) « ¿Veis los que, yermos, del arado el diente (46) « Un nuevo atleta pisará mi arena, I- --*■■ ocorra (38^ ante (39>, res; icas ores. (40> (4i>. veo (42)' e, (43) ». (44)- inos ? diente (45)< os? JUAN CRUZ VÁRELA II5 « Otro Marte mayor, lides más duras (47) « Aquí, aquí ha de ver con faz serena. (48) « El héroe San Martín á otro héroe llama, (49) « A otro Dios de combates, animado (50) « De venganza y honor, su pecho osado (51) « Abriga de honradez inmensa llama: (52) « Su corazón inflama (53) « El amor de su suelo: (54) « Y bien que el negro velo (55) « De la envidia mordaz y roedora (56) « Quiso un tiempo encubrir tanta nobleza, (57) Balcarce en su alma la virtud adora, (58) « Y á nadie cede, ni cedió en grandeza. (59) « Balcarce llegará. ¡Presagio cierto! (60) « Mas ¡presagio maléfico al tirano (61) « Que aumentando su hueste en Talcahuano, (62) « Ruinas medita de placer cubierto! (63) « Sus naves en el puerto (64) « Ejércitos vomitan, (65) « Que á morir precipitan (66) (46). (47) < V otro Marte mayor, lides más duras (48) « Entonces he de ver con faz serena (49 á 59) (Suprimidos) (60) « Balcarce llegaba: mi vaticinio (61) « Es funesto y cruel para el tirano, (62) < Que ostenta su poder en Talcahuano, (63) « Y ha jurado de Chile el exterminio. (64} < En vano á su dominio (65) « Ya sujetar intenta (66) « A una nación que cuenta ii6 ANTOLOGÍA í f^ « Jefes soberbios, en soberbia fiados. (67) « San Martín y Balcarce en mi llanura (68) « Guerrearán, vencerán mas esforzados, (69) « Y patria entonces vivirá segura» (70) Así predijo el venerando Río. Luego á la capital su blanca frente Revuelve, vé, y aumenta de repente (71) Con llanto de placer su raudal frío. Las Ninfas el impío (72) Dolor de ver su suelo (73) Al luto, al lloro, al duelo (74) Tres siglos entregado, depusieron; (75) Por la orilla un momento divagaron; (76) Y del Dios á una seña se volvieron, (77) Y con el dios al fondo se tornaron. (78) En tanto el primer héroe, que gozosa La madre patria en sus anales cuenta, En Santiago, ya libre, se presenta. Mas no en Santiago su valor reposa. (67) « Con la ayuda de genios denodados (68) « tos libres triunfarán; y en mi llanura (69) c Los monumentos & su gloria alzados, (70) Dirán sus triunfos á la edad futura> (71) Vuelve, mira, y aumenta de repente (72) Cesó el dolor impio (73) De las Náyades bellas, (74) Y en vez de sus querellas, (75) Los ecos sus cantares repetían. (76) Por la orilla festivos divagaron, (77) Y, á una sefla del Dios que obedecían, (78) Con el Dios á las ondas retornaron. til JUAN CRUZ VÁRELA 117 La legión animosa De nuevo al campo guia, Y raya al fin el día En que el nuevo campeón se hace presente: Ambos ansiaban por mayor victoria, Y ambos conducen belicosa gente A do se cubra de más alta gloria. (79) (80) (81) El tirano también, que en su honda mente (82) Horror solo, y horror, y horrores vuelve. Vengativo á la marcha se resuelve, Y la ejecuta en orden prontamente, A Talca diligente Conduce los soldados. En Europa educados En arrastrar el carro de Mavorte, Y afrontar mil de veces mil de muertes; Aquí esperanzas de su avara corte. Como allá azote de los Galos fuertes. (83) (84) (85) (86) A Talca llegan de soberbia henchidos, (87) La planta fijan, y en furor aguardan (88) A los guerreros que á su enojo tardan, (79) En que se muestra el campeón ausente {80) Ansiaban ambos la postrer victoria, (81) Y ambos conducen la aguerrida gente (82) El tirano también, qne, rencoroso, (83) De Chacabuco la pasada afrenta '84^ tAvAT en sancrre americana intenta, (85) Y de nuevo imponer i,, ■••ugo cr!iosj, (86) A Talca presuroso (87) Con sus antiguos triunfos engreídos (88) A Talca llegan, y en fursr aguardan ll8 ANTOLOGÍA Y que ven ya en idea confundidos. (89) Al fin los escogidos (90) Por patria á su defensa (91) Ven repente la inmensa (92) Muchedumbre enemiga; ronco suena (93) El clarín y atambor; el jefe manda; (94) Se suspende el marchar, y en faz serena (95) Se espera el día de matanza infanda. Pero vino una noche, que Fortuna Ya avergonzada la borró del año. (96) ¡Noche de ruinas, y de espanto, y daño, (97) Noche tremenda á Chile cual ninguna! (98) De la traidora luna Protegido el ibero (Bien como tigre fiero. (99) Que sin rugir se avanza hacia la presa) (100) Se aproxima en silencio: nadie advierte; (loi) Y los patrios soldados en sorpresa Circundados se ven de inmensa muerte. (89) Y á quienes ven, sin pelear, vencidos. (90; Los hijos escogidos (91) De la patria entretanto (92) Miraron sin espanto (93) La muchedumbre inmensa: ronco suena (94) Bl bélico clarín; el jefe manda, (95) Las huestes paran, y con faz serena (96) Avergonzada ya, borró del año; (97) Noche de estragos y de horrible daño, (98) Noche funesta á Chile cual ninguna, (99) Cual suele tig^e fiero (100) De improviso caer sobre la presa (loi) Marcha en silencio, llega, nadie advierte, ^,~,,„^.. JUAN CRUZ VÁRELA 119 No desmaya el valor; al arma corren (102) lín vueltos en asombro, pero en vano, (103) Porque al plan meditado del tirano (104) La imprevisión y el sobresalto acorren. (105) Estos á aquel socorren (106) Que es amigo juzgando; (107) Y en confusión guerreando, (108) Tal vez por los hispanos da la ^•ida (109) Bl que por acabarlos muerte busca; (i^o) Esta ala vence, y á su vez vencida (m) En sombra, en humo, en fuego más se ofusca. (112) ¡Héroes del canto mío! ¡Campeones En quienes Chile su esperanza libra! ¿Vuestro acero esta noche no se vibra? ¿Impunemente morirán legiones? Mañana los pendones Del opresor de Lima, El sol desde su cima ¿Flamear verá, en afrenta de su prole, Sobre montones mil de cuerpos muertos? ¡Ah!, tanta vida en vano no se inmole; Salvad los restos de pavor cubiertos. Y los salvaron. San Martín sereno (113) (114) (115) (116) (117) (102 á 117 — Suprimida) (113) En quienes Chile tiene su esperanza! Uh) ¿No impediréis la bárbara matanza? (115) Verá el sol de su cima (116) Flamear, en afrenta de su prole. l"7) Y los salvaron. San Martjn^ajeno 1 i ! 1 I' í i- ■•:J u i i :i » T I 20 ANTOLOGÍA En medio del horror y del espanto; (118) Balcarce, en quien el alma puede tanto, (119) Sueltan sin rienda á su valor el freno; (120) Mezclan su voz al trueno (121) Del cañón que aún se escucha, (122) Y en la terrible lucha (123) De mil muertes por medio atravesando, (124) La retirada ordenan al soldado, Y su infortunio aquí y allí vengando, (125) Dejan por fin el campo abandonado. Al hispano lo dejan. Basta, Musa, (126) De desastre y dolor: un día viene (127) En el que Chile su destino tiene (128) Para siempre fijado. — La difusa, (129) Tropa que aquí confusa, (130) Allá en pavor vagaba, (131) Ya sobre Maypo acaba (132) De reunirse de nuevo á la pelea. (133) Venganza solo^y más venganza gritan; (134) Venganza solo su furor desea, (135) Y á la venganza sus jefes la concitan. (136) (118) De vil temor á la Fortuna instable, {119) Y Balcarce, y Las Heras indomable, (120) Cual nunca ostentan su valor sereno. (t2i) Se oye su voz cual trueno, (122) Y con la diestra fuerte (123) Repartiendo la muerte, {124) Y abriendo entre la turba anchos caminos (125) Y, cediendo un momento á los destinos, (126 á 136) (Suprimida) JUAN CRUZ VÁRELA 121 Su triunfo oscuro al anemigo ciega, Y su ilusión acrece y su confianza; Hacíalos libres con furor avanza, {^37) Y marcha, y corre, y hasta Maypo llega; (138) Su batalla desplega, (^39) Y de la guerra al grito Desde el hondo Cocito Muerte y discordia salen. De repente (140) El silencio en clamor se ve mudado (141) Uno al otro se mira el combatiente, Y teme acaso y tiembla el más osado. Mas dio el bronce la seña de matanza, Y la patria legión en el momento (142) Se desprende, cual rayo, de su asiento, (143) Y al enemigo con furor avanza (i44) No, Musa, no; no alcanza El entusiasmo á tanto. ¿Como podrá mi canto Producir una imagen de aquel día Por Jove á la venganza abandonado (i45) Y á los horrores de la guerra impía? Cántelo, ó Musa, un genio más osado. (146) {137) Hacia los libres denodado avanza, (138) Y en el llano los ve que Maypo riega, {139) Y miircha, y corre, y llega, (i+o) Muerte y discordia acuden. De repente (141) El clamor en silencio se ha mudado, (142) Y las patrias legiones al momento (143) Se desprenden cual rayo de su asiento, (144) Que llegaron las horas de venganza. (145) Ala muerte por Jove abandonado, (146) Cante otro genio lo que á mi no es dado. r-r- i'í -I 122 ANTOI^OGÍA El mío á los dos ínclitos varones (147) San Martín y Balcarce se convierte: (148) Pero ¡ay! que expuestos á tremenda muerte (149) A la frente se ven de las legiones. (150) No hay brillantes acciones, (151) No hay rasgo de venganza, (152) No hay ruina, no hay matanza (153) A que ellos no presidan. Los iberos (i54) Los vieron con espanto batallando, (^SS) Los primeros lanzarse á los aceros, (156) Trofeos á trofeos aumentando. Aquí mezclados con la hispana gente (157) Sangre enemiga por doquier derraman; (158) Allá se vuelven; y su voz se siente, (159) Se siente apenas, y mil bronces braman. (160) Aquí al soldado inflaman (161) Que en la lucha se aterra; (162) De la pequeña sierra (163) Suben con sus falanges á la cumbre; (164) Al llano lanzan al hispano impío; (165) Y se distinguen de la muchedumbre (166) Solo por mas valor, por mayor brío. (167) (147) Mi voz á los dos ínclitos varones (148) San Martín y Balcarce es consagrada: (149) Ni yo diré la lucha encarnizada, (150) Y el destrozo feroz de las legiones. (151) I,as brillantes acciones (152) Y el estrago horroroso, (153) Y el triunfo portentoso, {154) Obra fué toda de ellos, tos íberos (155) I.OS vieron con asombro, batallando, (156) Cruzar por entre el plomo y los aceros (157 á 167) (Suprimida) JUAN CRUZ VÁRELA 123 Por tres veces la parca en la matanza, De los dos héroes el morir decreta, Y ya, ya al dar el golpe, los respeta (168) Y dirige á otra parte su venganza. Al cabo la balanza Se inclinó de los hados: Redoblan los soldados El coraje, el furor, la justa saña; (169) Sangre y más sangre por do quier se vierte, Y, donde antes guerreros de la España, Se ven miembros, y ruina, y nada, y muerte. (170) Triunfamos: lo vio Febo, y afligiendo Los brutos de su carro, al occidente Baja; y al otro mundo hasta el oriente Va el triunfo de sus hijos repitiendo. El sacro Maypo, viendo Su presagio acabado. El curso refrenado Soltó de nuevo su linfa pura: ' Vivid héroes, envidia de guerreros^ Vivid siempre exclamó^ que en 7tii llanura Supisteis dar sepulcro á los iberos. (171) (172) (173) (174) (175) (168) Y al descargar el golpe, los respeta, (169) El bélico furor, la justa saña; (170} Solo se ven despojos de la muerte. (171) Bajar y al viejo mundo hasta el oriente (172) El triunfo de sus hijos fué diciendo. (173) Su presagio cumplido (174) El curso reprimido (175) « Disteis sepulcro á mis tiranos fieros. - 1 ! i i 1 1 ' ! i ; I 1 'i ■ 1: I ** i i Al h \l i I: .i • I líi hi 124 ANTOLOGÍA La América de allá de la alta sierra Do un genio singular (i) la vio sentada, Su faz de llanto en de placer mudada, Se vio ya la Señora de la tierra. ¡Héroes! mi Musa cierra, Cierra ya el labio osado. La patria que ha logrado Por vuestras manos la libertad y gloria, (177) Sabrá premiar tan relevantes hechos, (178) Sabrá inmortalizar vuestra memoria, Mientras viviendo vais en nuestros pechos: (179) Tú, digno jefe, tú que has consagrado Al honor de la patria tu reposo, Por cuyo influjo triunfo tan glorioso Los héroes de mi canto han alcanzado; Tú que eres del Estado El poderoso Atlante, Nunca será que cante La Fama en las edades y naciones Nuestro honor, nuestro triunfo, nuestra gloria Sin que al sonar de sus aclamaciones Del grande Pueyrredón no haga memoria. (i) El autor del canto hecho á nonihre de la Secretarla de Gobierno. *y1/ vencedor de Slayfo^, Dn. Estevan de Luca. (Nota del autor) (176) Y la A"" ' ^a aiiá en la c;„ '-Ta (177) r r \'uestro esfuerzo, libertad y gloria, (i- y renombre y poder irresistible, /79) Rn el marmol y bronce indestructible. (180 á 190} (Suprimida) ymfmm^w^ JUAN CRUZ VÁRELA 125 ODA * AL TRIUNFO DE NUESTRAS ARMAS EN MAIPO EL 5 DE ABRIL DE DE 1818 ¿Era que Jove había Nuestro baldón eterno sancionado, Y que tornara un día Para siempre á la patria malhadado? ¿O llanto y luto, asolación y muerte. Iban á ser el fin de nuestra suerte? ¿Y tanta, y tanta gloria En ocho años de afanes conseguida, Debió ser transitoria, Y gozada no bien, cuando perdida? El sud, ya libre, volvería al cabo Por la segunda vez á ser esclavo? * La colección pg. 82. «La Lira» pág. 174. La forma en que aparece en JLa Lira es la siguiente: ¿ Era que Jove había Nuestro baldón eterno sancionado, Y que tornara un día Para siempre á la patria mal-hadado ? ¿ Oh llanto y luto, asolación y muerte Debiera ser el fin de nuestra suerte? Y tanta, y tanta gloria En ocho años de afanes conseguida i Ser debió transitoria, Y gozada no bien, cuando perdida ? El Sud j-a libre ¿ volvería al cabo Por la segunda vez á ser esclavo ? -7^ 126 ANTOLOGÍA Los que en Maipo acabaron Una noche tremenda así creyeron ; ( i ) Noche en que no lograron Sobre los bravos que vencer quisieron, Sino aumentar el fuego de venganza, Y provocarlos á mayor matanza. El campo sorprendido, Nuestra hueste dispersa el hoste fiero De sombras protegido, Blandiendo impune el ominoso acero, Y uno ú otro campeón dando á la muerte Triunfamos, dijo, se fijó la suerte. i;S [( ' Como en Ilion el Griego En noche infanda derramó su enojo, Y en la sangre y el fuego Los que en Maipo acabaron Una noche tremenda si creyeron ; Noche en que no lograron Sobre los bravos, que vencer quisieron, Si no aumentar el fuego de venganza, Y provocarlos á mayor matanza. El campo sorprendido ; Nuestra hueste dispersa ; el hoste fiero De sombras protegido Blandiendo impune el ominoso acero, Y uno ú otro campeón dando á la muerte: ^^Triunfarnos, dijo: se fijó la suer/e^^ Como en Illión el Griego Kn noche infausta derramó su enojo, Y la sangre y el fuego ( I ) La noche del 19 de Marzo fué sorprendido y disperso por las tropas españolas en Cancha Rayada el mismo ejército que pocos días después en los llanos de Maipo consiguió sobre ellos la victoria más grande y deci- JUAN CRUZ VÁRELA 127 Se hundió de Troya hasta el postrer despojo Sin que exterminio tal venganza hubiera, Así pensó triunfar la audacia- ibera. Pero el jefe invencible A quien nunca abandona la victoria, Y en lance más terrible, A sus armas y á sí cubrió de gloria, ( i ) Hurta el momento á la fortuna ingrata, No duda de su triunfo, y lo dilata. De la luna al amparo Con honor salva su dispersa gente: Y cuando Febo claro Se tomaba á esconder en occidente. Ve las huestes en trozos divididas. Por su jefe hacia Maipo conducidas. Hundió de Troya hasta el postrer despojo, Sin que exterminio tal venganza hubiera; Asi pensó triunfar la audacia ibera. Pero el jeíe invencible A quien nunca abandona la victoria, Y en lance más terrible A sus armas y á si cubrió de gloria. Hurta el momento á la fortuna ingrata, No duda de su triunfo, y lo dilata. De la luna al amparo Con honor salva su dispersa gente; Y cuando Febo claro Se tornaba á esconder en occidente. Ve las huestes, en trozos divididas, Por su jefe hacia Maipo conducidas. (i) En el paso de los Andes y batalla de la cuesta de Chacabuco el I2r; de Febrero de 1817, que dio la libertad á Chile. 128 antología Llegó, llegaron ellas; Y San Martín exorta, increpa, enciende Las cubiertas centellas Del fuego patrio, que do quier se extiende. Muerte ó gloria el soldado le asegura, Y lo torna á jurar, y otra vez jura. Tales disposiciones El camino á los triunfos preparaban; Y cuando los campeones En la idea de gloria se gozaban, Helo allí el enemigo se descubre Y la llanura inmensa erguido cubre. Lo ven los inmortales; El grito todos de victoria alzaron, Y los filos fatales. Los aceros de muerte prepararon. Llegó, llegaron ellas, Y San Martín exorta, increpa, enciende Las cubiertas centellas Del fuego patrio que do quier se extiende. Muerte ó gloria el soldado allí asegura, Y lo vuelve á jurar, y otra vez jura. Tales disposiciones El camino á la gloria preparaban ; Y cuando los campeones En la idea del triunfo se gozaban. Helo allí el enemigo se descubre, Y la llanura inmensa erguido cubre. Lo ven los inmortales; El grito todos de victoria alzaron, Y los filos fatales Los aceros de muerte prepararon. JUAN CRUZ VÁRELA. 129 El tirano los mira, se acobarda, Y tras tres días otra noche aguarda. ( i ) ¿Pero quien el deseo De venganza ó de muerte refrenaba? Precipitarse veo, •(Cual torrente que un dique represaba, IvO rompe y todo arrasa) á nuestra gente Sobre la horda enemiga de repente. A la altura montando. Rayos de guerra los iberos lanzan; Y bronces mil tronando, Reparten muertes por do quier alcanzan Pero el infante (2) en quien el Sud confía Solo en la punta de su acero fía. El tirano los mira, se acobarda, Y tras tres dias otra noche aguarda. I Pero quien el deseo De venganza 6 de muerte refrenaba ? Precipitarse veo (Cual torrente que un dique represaba, 1.0 rompe y todo arrasa) á nuestra gente Sobre la horda enemiga de repente. A la altura montando Rayos de guerras los iberos lanzan, Y bronces mil tronando Muertes reparten á do quier alcanzan : Pero el Infante (3) en quien el Sud confia Solo en la punta de su acero ffa. (i) El enemigo rehusó batirse tres días consecutivos, tal vez con la es- peranza de lograr otra sorpresa, pero al cabo de ellos fué obligado á la acción por el pronto movimiento que hicieron sobre él nuestras fuerzas. (2) Infante, tados. En esta voz están comprendidos todos los cuerpos no mon- ís) Están comprendidos en esta voz todos los cuerpos de infantería, ar- 'tillerla, y demás, no montados. Siií ^ M|:' i m 1 '• !!!■■ t'.'i 19 ^ i; I íí i' ! I- i ' 1 . I y ■ i! i 1 1 130 ANTOLOGÍA Huella cuerpos de amigos, Que ¡ venganza ! al caer iban gritando r Hacia los enemigos Con más furia se acerca, y en llegando^ Mil arroyos de sangre de la altura Hirviendo bajan hasta la llanura. Bajan, y los hispanos. Envueltos todos en desastre y muerte, Procuran en los llanos Algún recurso á su menguada suerte; Y en los llanos su estrago los persigue, Y muy más grande la matanza sigue. No sigue, que allí empieza; Porque el bruto á la guerra acostumbrado Se lanza con braveza Por el dragón invicto gobernado, ( i ) (i) Dragón tados. Hollan cuerpos de amigos Que, venganza^ al caer iban gritando ; Hacia los enemigos Con mas furia se acercan, y en llegando. Mil arroyos de sangre de la altura Hirviendo bajan hasta la llanura. Bajan, y los hispanos Envueltos todos en desastre y muerte. Descienden á los llanos A probar de sus armas nueva suerte ; Y en los llanos su estrago los persigue, Y muy mas grrande la matanza sigue. No sigue ; que allí empieza. Porque el bruto á la guerra acostumbrado Se lanza con braveza. Por el dragón ( 2 ) invicto gobernado, En esta voz están comprendidos todos los cuerpos mom- ( 2 ) Están comprendidos en esta voz todos los cuerpos montados. JUAN CRUZ VÁRELA 131 Y atrepella, y derriba, y el guerrero Lleva la muerte á do llevó el acero. ¡Iberia! tus caudillos En la lid hasta entonces no domados, Dejaron los cuchillos De los libres del Sud ensangrentados: Resistir no fué dado : allí mordieron El suelo mismo do mandar quisieron. San Martín los furores De sus bravos gobierna y acrecenta; Y él mismo los horrores De la guerra desprecia, y los aumenta, Si Marte mismo tal bravura viera, En Marte mismo algún pavor cupiera. Cinco horas el hispano Disputa el campo y la tenaz victoria; Y tropelía y derriba ; y el guerrero Manda la muerte á do mandó el acero ¡ Iberia ! Tus caudillos Bn la lid hasta entonces no domados, Al cuello los cuchillos De los libres del Sud vieron bajados: Resistir no fué dado : allí mordieron 1^1 suelo mismo do mandar quisieron. San Martin los furores De sus bravos gobierna y acrecenta; El mismo los horrores De la guerra desprecia, y los aumenta. Si Marte mismo tal bravura viera, En Marte mismo algún pavor cupiera. Cinco horas el hispano Disputa el campo, y la tenar victoria; llí. Mi i".^ b'^i Uú 132 antología Pero disputa en vano, Pues Jove desde el solio de su gloria Inclinó del destino la balanza Al lado de la patria sin mudanza. Triunfamos. Vuestros nombres, Balcarce, Quintana, Heras, Alvarado, (i) Repetirán los hombres Con respeto y. ternura; y á igual grado Caminareis al templo de la fama, Que ya por todo, vuestro honor proclama. Y vosotros, que muertos. Porque fuera la patria libertada, Fuisteis de honor cubiertos, Pero disputa en vano, Pues Jove desde el solio de su gloria Inclinó del destino la balanza Al lado de la patria sin mudanza. Triunfamos. Vuestros nombres Balcarce, Quintana, Heras, Alvarado, Repetirán los hombres Con respeto y ternura ; y á igual grado Caminareis al templo de la Pama Que ya por todo, vuestro honor proclama. Tú, joven destinado Para dictar empresas de momento, Que tanto has cooperado De la gloria de América al aumento ; Genio penetrador, ilustre Guido, Te vive el suelo patrio agradecido. Y vosotros, que muertos Porque fuera la patria libertada, Fuisteis de honor cubiertos, (i) Jefes principales del ejército patrio. JUAN CRUZ VÁRELA Y vuestra sangre la dejó vengada, Recibid en tributo nuestro llanto, Y tan justo dolor suspenda el canto. 133 AL Sr. coronel D. FEDERICO RAUCH EN EL REGRESO DE SU CAMPAÑA X LOS BÁRBAROS. * Joven terrible, rayo de la guerra, Espanto del desierto. Cuando vuelves triunfante á nuestra tierra. Del negro polvo de la lid cubierto. Te saluda la patria agradecida ; Y la campaña rica. Que debe á tu valor su nueva vida^ Tus claros hechos y tu honor publica. Gloria al valiente Rauch ! Suelo extranjero Su cuna vio mecer; del Rhin helado Fueron las aguas que bebió primero ; Y amó la Libertad, y abandonado Con noble intrepidez á su destino. Vino por medio de la mar furiosa A defender las aras de la Diosa En la orilla feliz del Argentino. Desde entonces la espada fulminante. Y vuestra sangre la dejó vengada ; Recibid en tributo nuestro llanto, Mientras, dado al pesar, suspendo el canto. • Sn la edición de las poesías de J. C. Várela hecha en 1879, en la pág. 243 está esta composición con alteraciones y supresiones muy grande*. r '[F 'ji^ . I- i I ¡i 134 antología En sostén de la patria que elegía, Cual hijo de la patria el más amante, El intrépido huésped se ceñía: ' Y mientras tanto el bárbaro indomable, El indio rudo, habitador del yermo. Con estrago espantable Por toda la comarca discurría, Y su rencor antiguo, inaplacable. De horfandad y miseria la cubría. Tal como alguna vez de la montaña Se lanza á la llanura de repente Con estrépito horrísono el torrente, Y retiembla á lo lejos la campaña, Y arrebatan las ondas victoriosas El pastor, el ganado, la cabana, Las mieses y las vides pampanosas ; O como suele con silbido horrendo El huracán pasar, y donde pasa Todo se precipita con estruendo. Todo envuelve en su vórtice y lo arrasa ; El salvaje feroz no de otro modo En bandas tumultuosas se lanzaba Del fondo del desierto, Y nuestros ricos campos inundaba. A la piedad y á la ternura muerto Su corazón ferino, y abrazado De la sed de rapiña y de matanza, El brutal indio rudamente armado Del fuego, de la flecha y de la lanza, JUAN CRUZ VÁRELA 135 Volaba en el alípedo caballo, Derramando á torrentes su venganza. A la pálida luz de opaca luna, Que vaga en la alta noche entre celajes, Arremetían sin barrera alguna Las sanguinarias hordas de salvajes; Y el hórrido alarido, L,a súbita algazara, interrumpían El sueño fementido En que confiados en la paz, yacían Del campo los tranquilos moradores. Ese era el sueño precursor de muerte: ¡ Era el último sueño ! Los amores De la esposa tal vez y las caricias Al lecho humilde de la humilde choza Lo hicieron descender entre delicias. ¿Y despertará de él el miserable Para caer en brazos de la esposa Exánime, sangriento, moribundo, Verla insultar por un salvaje inmundo Con brutal osadía, Y espirar en tan bárbara agonía? Si ; que ya el fuego estallador devora Los apacibles lares; Y el temblón viejo que abrigado mora Allá en los más recónditos hogares, Atravesado el descarnado pecho De saeta homicida, Lanzó el cansado aliento por la herida : Mientras que arrebató del casto lecho ¡fl I t-l ; \l k i 1 36 ANTOLOGÍA A la intacta doncella Otro bárbaro atroz, y la destina Para esclava de torpe concubina, ( Sin apiadarse al llanto de la bella. ¿Y tan crueles horrores, Sin levantar la diestra al escarmiento. Impunemente cometer dejamos? La riqueza adquirida con sudores. La población del campo y su ornamento, Se destruye, se roba, ¿y no vengamos El repetido ultraje Sobre la vida del feroz salvaje? ¡ Que mengua ! ¡ Que vergüenza ! — Rauch no pudo Más tiempo tolerarla: concitando Las huestes valerosas de su mando. Juró humillar al bárbaro insolente, Y descendió al desierto de repente. Ágil muy más que el indio, y atrevido Como feroz aquel, pisa el soldado El terreno hasta entonces oprimido Solo de planta bárbara, y dejado En inculta aridez — La turba impía, Que arrebató en trofeo mil cautivas. Entre alaridos, en lugar de vivas, Entraba ya á la tosca toldería, (i) Y de pingué ganado rica presa Entre sí dividía (i) Este es el nombre que se da á las informes chozas de cuero en que habitan los salvajes. (Nota del autor) JUAN CRUZ VÁRELA 137 Sin cuidado y temor. Mas la sorpresa Fué mayor que el placer, cuando improviso (Como en día sereno Suele estallar tal vez el ronco trueno), Sintieron á sus pies temblar la tierra Al repetido golpe de la planta Del cuadrúpedo, amigo de la guerra. Que furioso sobre ellos se adelanta ; Y el jinete vibrando el limpio acero, Y Rauch, de su legión á la cabeza, Arremeten con ímpetu más fiero, Con más estrago, con igual presteza, Que cuando el rayo las esferas hiende, Y cuanto encuentra su furor enciende. ¡ Pudo llevarse al fin el escarmiento A los inmensos llanos Que habitan los salvajes inhumanos! ¡A tanto alcanza el bélico ardimiento! Pudo llevarse al fin la vez primera ; Y de playa extranjera Vino á las nuestras un guerrero experto, A exterminar la raza abominable De los tigres feroces del desierto. Reliquias de la inmensa muchedumbre Escapan del estrago formidable Y escalan fugitivas la alta cumbre De la erguida montaña, Que domina soberbia la campaña. 138 antología I í i- ; i ' i*' ■ j 1 En la fragosa altura Recobrados un tanto Del susto, del pavor y del espanto, Creyeron su existencia ya segura ; E intentan la defensa nuevamente En tosco ardid de inusitada guerra. Cual el que allá, en la infancia de la tierra. La natura tal vez al combatiente Primero le enseñó : pero el valiente Que conducía Rauch á la victoria, Arredrarse no sabe. Ni abandona las sendas de la gloria. Con firme pié por la pendiente grave, De la cuesta fragosa La legión animosa Con el rayo en la mano se aproxima; Y mientras tanto desde la alta cima. Con estruendo espantoso despeñadas Ruedan moles inmensas por la sierra Al empuje del bárbaro arrojadas. Toda retumba en derredor la tierra Al impetuoso golpe de la roca Que en otra peña indestructible choca : Pero el fuerte soldado Entre la dura lluvia se avalanza, Y venciendo el peligro denodado. El plomo al cabo del mosquete lanza: Y luego, luego, en la enemiga altura Pone el pié vencedor, y largos bajan Los arroyos de sangre á la llanura. i í JUAN CRUZ VÁRELA 139 Gloria al valiente Rauch ! ¡ Gloria á los bravos Que á tan heroica empresa lo sigfuieron ! ¡ Redención á los míseros esclavos, Que tantos años en dolor gimieron ! Y paz á la campaña! Su riqueza No será ya la presa Del ávido salvaje que asolaba Cuanto su furia bárbara encontraba! ¡ Oh patria en que nací ! Triunfos iguales Te darán prontamente l/os que han ido á humillar al insolente Que profanó los campos orientales. Entonces se alzará tu claro nombre Al cénit de la gloria, Y cuanto dure el hombre. Durará con respeto tu memoria. Febrero 8-27. _-,jJíij,.V • 140 ANTOLOGÍA LA VICTORIA COMPLETA ! I CONSEGUIDA POR EL GENERAL ORIENTAL DON JUAK ANTONIO LAVALLEJA, SOBRE LOS USURPADORES BRASILEROS EL DÍA 12 DE OCTUBRE DE 1 825 EN EL LUGAR LLAMADO LA ORQUETA DEL SARANDI. ODA \ ¡Pueblos oíd! ¡Escamientad tiranos! La venganza que toman las naciones De los que insultan sus sagradas leyes, Es la justicia que el Omnipotente Hace de los delitos de los reyes. La cadena de férreos eslabones Con que está siempre atado el viejo mundo Al pie de un insolente En silencio profundo, En una época horrible, y ya distante, Se tendió más acá del mar de Atlante. Un día se trozó; y el mismo día Se vio en los Cielos, aunque tarde, justos, Un letrero de lumbre que decía: «Los decretos augustos «Del único Señor de los humanos «Hacen libre la América por siempre,. * Bstá en la Colección de Poesías patrióticas, pág. 293. No está en La Lira, ni ha sido incluida en el tomo de las Poesías de J. de la C. Várela que se publicó en 1879, pero que él tenia preparado desde 1831. JUAN CRUZ VARBLA I4I tY abandonan la Europa á los tiranos». ¿Y el Brasil? ¿El Brasil como consiente Que en infame sitial, llamado trono, Un déspota lo insulte, Y en medio de la América se siente? Más ¡cómo consentir! Ya el trueno rueda En la cabeza del monarca intruso; Y en la Banda Oriental del rico río El rayo ya estalló! Bien corto queda. Bien corto tiempo; y el presagio mío Tendrá su cumplimiento. ¡Hombres opresos! Recobrad aliento, Alzad, alzad las vengadoras manos; ¡Pueblos, oid! ! Escarmentad, tiranos! ¡Dia de salvación y complemento! Ya amaneciste en Sarandi! ¡Orientales! ¡Qué genio os inspiró ¿Qué genio vino A escribir nuevamente los anales Del hombre libre, y su feliz destino. Con sangre de opresores? ¿Con sangre destinada á una vengenza, Por vosotros, humanos, no deseada, Por ellos, inhumanos, provocada? Helos ya bajo el filo. — ¡Usurpadores! ¿Dó está vuestro poder? — ¿No era que un día, Cuando recién el germen se movía ■De abrasadora guerra. En el silencio de domada tierra, Vuestra faz altanera De sonrisa insultante se cubriera? 142 ANTOLOGÍA í ■ ;|| ' y Probad, probad ahora Cuanto es de fulminante y vengadora ha espada que alza el oriental valiente; Ved como sabe de laurel de triunfo Ceñir la enhiesta frente, Y vengarse con muertes á millares De un solo insulto á sus paternos lares. ¡Ábrete, historia, y muestra en que regiones, En que época del mundo, que naciones Presentaron jamás un grupo aislado. Desvalido, indefenso. De hombres que, atravesando un rio inmenso. Hasta la orilla opuesta se lanzaron, Y el fuerte grito de la guerra alzaron! Era su patria, aquella era su patria A esclavitud horrible condenada; Y á los americanos Ser patriotas les basta y ciudadanos, ¡Oh querer eficaz del hombre libre! Ellos pisaron su natal orilla. El suelo patrio con dolor besaron, Y, al alzar la rodilla Que del eterno ante la faz doblaron, O pronta muerte, ó libertad juraron. Todo el Oriente se inflamó al momento En el fuego sagrado Que libertad enciende. No lleva tan veloz el raudo viento En los estivos meses JUAN CRUZ VÁRELA ,1 M3 La llama abrasadora, cuando prende En los secos despojos de las mieses: Y la lid empezó. ¿Pero, empezaba? ¿No la veis acabar? ¡Cuánto sepulcro En Sarandí se ha abierto! ¡Un solo instante Vio las terribles haces opresoras Ufanas, engreídas, Y el mismo instante las miró perdidas ! Así triunfaron los libres: al amago No puede distinguirse del estrago. ¡Héroes! Si este renombre, Siempre dado al guerrero, Pero quizás no siempre verdadero, Ha sido alguna vez digno del hombre. Es hoy, cuando mi musa reverente De adulación ajena. Con él saluda, de entusiasmo llena, A los ínclitos hijos del Oriente. F^ m 144 antología li /ti í ° ' 'i^^ l{li> I ¡AMOR! * FRAGMENTO DE UN POEMA De un suspiro de Dios en el vacío Surgió el mundo brillante de esplendor; Y al ronco mar y al aquilón sombrío Al cielo, al aire, á la cascada, al rio, A todo entonces animó el amor. I La tierra entre suspiros misteriosos Gimió á los besos del ardiente sol, Y anegándose en llantos voluptuosos Prendió á sus pechos bosques milagrosos Frutos eternos de su eterno amor. Abrasadas las nubes se arrojaron En los brazos del férvido huracán, Y cuando ebrios de amor se entrelazaron, El rayo y los relámpagos brotaron, Y nació de ese amor la tempestad. Las brisas fecundaron á las flores Engendrando el aroma embriagador; Y las perlas de pálidos colores Se formaron de llantos quemadores Que á las sirenas arrancó el amor. • Apareció en Marzo 19 1865. JUAN CRUZ VÁRELA 145 Suspiraron de amor los ruiseñores La tierna abeja elaboró su miel, Y es fama que flotando entre vapores Vertiendo aromas y esparciendo flores Apareció ante el mundo la mujer. ¡ La mujer ! ¡ Animada poesía, Misterioso poema de Jehová ; Melancólica y viva melodía, Engendro de la luz y la armonía, Sagrado fuego de ignorado altar! ¡ La mujer ! ¡ Creatura deliciosa Intermedio entre el ángel y la flor; Bello ser cuya vida vaporosa Se desliza fugaz y voluptuosa Entre besos y lágrimas de amor! ¡Ah, que el amor es fuego sin segundo Que tiene por altar la creación, Y que si inflama el corazón del mundo No estrañeis que al indómito Facundo También le haya quemado el corazón ! Buenos Aires, i6oj. 146 ANTOLOGÍA EPIGRAMAS .'í- Díle un beso á mi adorada Y me miró con sonrojos, Díle dos; cerró los ojos Y se cayó desmayada! Corrí exclamando : ¡ Jesús ! Cuando la misma enojada Me gritó : — Calla Juan Cruz^ ¿ No ves la puerta cerrada ? O no entiendes avestruz Lo que es estar desmayada I II Con setenta años Vicente Ayer lo tentó el demonio, Y contrajo matrimonio Con una joven de veinte: Y ya hoy en el espejo Mira atenta su cabeza, Pues siente algo que le pesa , Pobre viejo ! pobre viejo ! JUAN CRUZ VÁRELA I47 III Eres un cohete, mujer! Le dijo á Pepa fray Diego — ¿Sí? dijo esta, . . Señor lego, Si soy cohete, ¿ cómo ayer Apesar de vuestro fuego No me pudiste encender ! CANCIÓN * PARA LAS ALUMNAS DE LA ACADEMIA DE MÚSICA Y CANTO 25 DE MAYO DE 1823 CORO Venid, amadoras De bella armonía A cantar el dtd De la libertad. Hoy fué que cambiaron A impulso divino Su triste destino Los hijos del Sud: Y sesenta lustros De horrores sin cuento Un solo momento Borró de virtud. * Está en I^a Colección, pág. 32; firmada. No está en La Lira. En la edición de 1879: «Poesías> de J. C. Várela, en la pág. 191, ha sido incluida con bastantes alteraciones. 148 ANTOLOGÍA. CORO El luciente padre De la luz y el verso Por el universo Tanto honor cantó: Y la fama al punto, Doblando su vuelo, De la tierra al cielo También lo llevó. CORO Entonces su garra La fiera de España En la heroica hazaña: Volvió contra sí Y del león sañudo El feroz rugido Fué do quier temido, Despreciado aquí. CORO Del hermano, el padre. El hijo, el esposo. El brazo nervioso, Entonces se armó: Y el llano, y el cerro. La arena, y la ola La sangre española Do quiera tiñó. JUAN CKüZ VÁRELA 149 CORO La madre en las filas Abrazando al hijo, No vuelvas, le dijo, Sin gloria, y lloró. Y la tierna esposa Al joven guerrero Le ciñó el acero, Y un beso le dio. CORO Así libertada, La domada tierra. Calló de la guerra, Al cabo el clarín. Y el fuego, y el humo, El rayo, el amago. La sangre, el estrago Cesaron al fin. CORO Hoy el sol saluda Desde el alto cielo A su amado suelo Ya libre y en paz: Que los duros tiempos, En que era precisa Sangrienta divisa. No vuelvan jamás. I II 150 11 i Í,( i ; - ANTOLOGÍA CORO Venid, entonemos, Virginales coros: Mirad los tesoros. Que nos da la paz: Mirad como vienen Por el mar profundo Los libres del mundo Al suelo feraz. CORO Venid y ciñamos Nuestra sien de rosa; No porque la hermosa Nunca esté mejor. Sí, porque llevemos. En honor del día Signos de alegría. Coronas de flor. CORO Hoy nos vio la aurora Al nacer cantando, El sol en bajando Nos mire también: Pues ya de la patria Todo mal se aleja, Y el cielo nos deja Gozar tanto bien. JUAN CRUZ VÁRELA Á LAFINUR * O Lafinur, tú pierdes Sensiblemente el tiempo, Revolviendo los libros De autores mil diversos, Y en pos de inútil ciencia Afanoso corriendo. De la filosofía Enseñando el sendero, A la Verdad conduces A tus jóvenes tiernos, Y toda tu ventura Consiste solo en eso. Desengáñate: hubo Para mí cierto tiempo, En que también Minerva Me introdujo en su templo, Y subió en sus altares El humo de mi incienso. Entonces yo creía Que solo aqueste empleo Era digno del hombre, Y me engañaba necio. Porque, dime, querido, ¿Qué te importa en efecto 151 Poesías de J. C. Várela, pág. 83. No está en la Lira, ni en I^ColecciAn. líZ ANTOLOGÍA Que el hombre solo piense A fuer del sentimiento, O que piense, movido De principio diverso? ¿Qué te importa que, fijo El Sol, en medio cielo. Gire la Tierra en torno Por el espacio inmenso; O que, fija la Tierra, Gire en contorno Febo? ¿Qué importan las distancias Que hay de Mercurio á Venus, O de Marte á Saturno, O de Saturno al centro? Han de volar tus años, Y cuando el cano tiempo En tu cabeza blanca Ponga el pesado dedo, Dime ¿de tanta ciencia Qué ha de quedarte luego? Corta la Parca el hilo. Vas al sombrío reino, Y el que pasó la Estijia No vuelve del Averno A emplear de otro modo Los perdidos momentos. Haz tu deber, amigo; Que si dio vida el cielo Al mortal desgraciado JUAN CRUZ VARHLA 153 Para que muera luego, El destino del hombre En amar está puesto; Y es instante vacío Y de ningún provecho, En el que no exhalamos Algún suspiro tierno. ¿Conoces á mi Délia, A mi adorado dueño? Pues otra Délia busca. Querido amigo, luego. Como la mia nunca La encontrarás, es cierto; Pero Cupido sabe Herir también los pechos, Que, cuando están tocados De su divino fuego Toda querida es Diosa, Todo lo amado es bello. Mírame á mí, encerrado Del gabinete en medio, Cercano á los que rigen La suerte de los pueblos, A do vine arrastrado Por un destino ciego; Esto, á que llaman dicha Los aspirantes uecios, ¿Piensas que satisface Ni aun el menor deseo, Cuando no se ha nacido 154 ANTOLOGÍA ■' 1 Con corazón de fierro? ¡Ah, Lafinur! Te engañas; Dejo el palacio, y vuelo A los labios de Délia, Que me esperan sedientos; Y el sumo de las flores Que, con prolijo aseo. Las abejitas liban Para su miel, es menos Dulce que el dulce néctar Que de su boca bebo. Esto solo es fortitna; Esto es vida ¡y si muero, Y recoge mi Délia Mi postrimer aliento. Me quedaré en sus brazos Como en un blando sueño! Que si hay memorias tiernas Allá en el hondo seno. Adonde todos vamos. De donde nadie ha vuelto. Yo, habitador tranquilo Del país de los muertos. Me acordaré de Délia, Y esperaré el momento De su hado inevitable. Para unirme de nuevo A la que, sombra entonces, No será amada menos. JUAN CRUZ VÁRELA "55 Ea, querido amigo, Aprovecha tu tiempo; Que uno al otro los días Se atrepellan violentos, Como si fuera largo El plazo que tenemos Á LA MUERTE DEE EXCMO. GENERAL D. MANUEL BELGRANO * ACAECIDA EN BUENOS AIRES EN EL MES DE JUNIO DE 1820 Si á tu sed de destruir, muerte implacable, Algún triunfo bastara. Que colmase tu cólera insaciable Y todos tus trofeos coronara, ¿Cuál otro esperaría El crudo afán de tu dureza impía ? * La Colección pág. 325. La Lira Argentina, pág. 298. Se publicó en hoja suelta, por la imprenta de la Independencia. En ta Colee, de D. J. M. Gutiérrez existente en el Senado Nacional, hay un ejemplar. En las Poesías de J. C. Várela, ed. 1879, pág. loj, está esta com- posición, muy modificada, como sigue: Si á tu poder fatal, muerte implacable, Algún triunfo bastara. Que llenase tu cólera insaciable, Y todos sus trofeos coronara, ¿Cuál otro esperarías, Y cuando mayor llanto caus-rias? 1í 156 ANTOLOGÍA ¿Con qué a Bel grano heriste y no temblaste? ¿ O acaso, di, olvidada De su gloria y su mérito quedaste Al levantar la diestra descarnada? ¿Cómo es que de tu mano No cayó espedazado el hierro insano? Pero ¡ ay ! Yo se que tú, menospreciada Por el héroe te vías Mil veces en la lid ensangrentada: Entonces de respeto no lo herias, Y vuelta á otro guerrero Cebabas tu despique carnicero. Por eso tu venganza habías jurado, Y traidora esperaste Verlo en el lecho del dolor postrado ; Y aun allí, cuando el crimen consumaste, ¿Con qité al fin A Belgrano nos robaste, Y cieg^a y olvidada De su gloria y su mérito quedaste, Al levantar la diestra descarnada? A una nación entera Condena al llanto tu venganza fiera. No heriste al adalid en tantos días De mortandad horrible ; Al genio de la guerra en él veías Que á respetarle te obligó invencible, Y, vuelta A i>' ■ • irnerrero, Cebabas tu desquite carnicero. Para arrojarte al bárbaro atentado, .\levosa esperaste Verle en el lecho del dolor postrado ; Y aun allí, cuando el crimen consumaste. JUAN CRUZ VÁRELA Te azoró tu delito, Y te ocultaste horrenda en el Cocito. 157 Así es que, puestos en igual balanza El justo y el malvado, Todos víctimas son de igual venganza ; Y, perdida una sombra, á nadie es dado Con el llanto y gemido Evocarla del reino del olvido. Faltas, Belgrano, faltas ; y á la tierra Que defendió tu espada, Todo lo que en túmulo se encierra, ¿ Quién podrá ya volver ? — Abandonada La patria al desconsuelo La copa apura del furor del cielo. 'l'e azoró tu delito, Y te ocultaste horrenda en el Cocito. Pero ¡ayl que, puestos en igual balanza El justo y el malvado. Todos víctimas son de igual venganza ; Y, perdida una sombra, á nadie es dado Con el llanto y gemido Evocarla del reino del olvido. Faltas, Belgrano, faltas : ¿ y á la tierra. Que defendió ta espada. Todo lo que en tu túmulo se encierra ( i ) Quién podrá ya volver? (i) Abandonada I,a patria al desconsuelo, I,a copa apura del furor del cielo. (i) I,os dos versos aquí anotados son de Cien fuegos. 1 58 ANTOLOGÍA Y de furor sin fin. Al templo sacro A la virtud alzado, Ya no vá adorador. Su simulacro, Por el crimen triunfante inacatado, En trozo dividido Cayó hasta el polvo en vilipendio hundido. Quizá tu vida, como el éter pura, A los días de duelo, Y de luto, y de llanto, y de amargura No es que debió llegar ; y justo el cielo Inmaturo te lleva Do salve tu virtud de dura prueba. La salvará, es verdad. Pero entretanto ¿A quién sus ojos vuelve La ya olvidada patria, entre el espanto Y de furor sin fin. Al templo sacro, A la virtud alzado, Ya no vá adorador: su simulacro. Por el crimen triunfante profanado, En trozos dividido. Cayó hasta el polvo, en vilipendio hundido ( i } Quizá tu vida, como el éter pura A los días de duelo, Y de desolación y de amargura. No debiera llegar; y justo el cielo Inmaturo te lleva Do salve tu virtud de dura prueba. 1.a salvará, es verdad ; pero entretanto i A quien sus ojos vuelven Los hijos de la patria, en el espanto {1) No deberán extrañarse muchas expresiones y conceptos'de esta com- posición, si se recuerda que el virtuoso General Bel^ano murió en el pe- riodo más crítico del desgraciado año 1820. Los mejores y más decidido» patriotas desesperaban entonces de la salvación del país JUAN CRUZ VÁRELA 159 En que tu muerte y su aflicción la envuelve ? Hela ya desolada, A enojosa viudez abandonada. El valor, la virtud, ya sin modelo, (i) No más serán seguidos. Que el tesón incansable, el noble celo En llenar los deberes distinguidos, Y en cubrirse de gloria, (2) Ya no es más que un tributo á tu memoria. (3) ¿ Dó está la hueste que tu voz oía, Y en quien patria libraba Su esperanza y su honor? ¿ La que algfún día La hueste de virtuosos se llamaba, Y cuyo solo amago Fué tanta vez al enemigo estrago ? (4) (i) El valor, y la honradez, ya sin modelo (1» Lira). (a) Cubriéndose de gloria (I^ Lira). (3) No es mas ya que un tributo á tu memoria (La Lira). (4) — El reglado y virtuoso ejército del PeriS ; deteriorado, corrompido, y casi enteramente disuelto en el año 20. (Nota de la Colección) En que tu muerte y su aflicción la envuelven ? Hela ya desolada, Y á enojosa viudez abandonada. La virtud, el valor, ya sin modelo, No mas serán seguidos ; Que el tesón incansable, el noble celo El llenar Jos deberes distinguidos. No son más que memoria Que han dejado tus hechos y tu gloria. ¿ Do está la hueste que tu voz oía, Y que á la patria daba Seguridad y honor ? ¿La que algún día Hueste de virtuosos se llamab», Y cuyo solo amago Fué tanta vez al enemigo estrago ? 'I I I* I» < ' :. I í, % '». I i 60 ANTOLOGÍA i No ya tu dedo mostrará el camino ' Por dó seguir debía; Ni sus triunfantes sienes el destino i Coronará, cual coronó algún día, Cuando fiel á tu mando, Del laurel á la sombra iba marchando. Entonces fué su vencedora planta A hollar el cerro erguido. Que en Potosí opulento se levanta De plata á un tiempo, y de codicia henchido, (i) Y do quiera pisaba Más glorias á más glorias aumentaba. Ora sin jefes, sin virtud, sin freno La obediencia perdida. No más escucha de la guerra el trueno; Que, en pequeñas reliquias dividida, (i) De oro, y riquezas, y codicia henchido; (La Lira) No ya tu dedo mostrará el camino. Por do seguir debfa : Ni sus triunfantes sienes el destino Coronará, cual coronó algi'in día. Cuando, fiel á tu mando, Del laurel á la sombra iba marchando. Ora sin jefes, sin virtud, sin freno, La obediencia perdida. No mas escucha de la guerra el trueno ; Que, en pequeñas reliquias dividida, Y acá y allá vagando. Las banderas infiel va abandonando. Por esto llora la virtud ; y hoy día. Que campos y ciudades, Por la furia brutal de la anarquía. Son teatro de sangre y de maldades. JUAN CRUZ VÁRELA i6i Aquí y allí vagando, ■Sus banderas infiel va desertando. Por esto llora la virtud, por esto Llora tu muerte Marte, Qne mil de veces, el furor depuesto Supo entre mil de muertes escudarte : (i) Por esto sin consuelo La Patria su dolor levanta al cielo. Levanta su dolor: la vista tiende A sus hijos queridos; Y cuando en ellos encontrar pretende Quien igualarte pueda, sus gemidos, Quizá sin esperanza, Otra vez y otra vez al cielo lanza. Pero en vano : el camino de la Parca (i) Supo en medio del riesgo respetarte; (La Lira) La patria sin consuelo Su doliente clamor levanta al cielo. Pero envano : el camino de la parca Nunca mas se atraviesa, Y, si una sombra el Aqueronte abarca, Nada es bastante á rescatar su presa : Que al reino del espanto. Ni penetra el clamor, ni llega el llanto. Vosotros, genios, qae en la fuente pura. Bebisteis de Hipocrene, Y á quienes, al cantar vuestra amargura. Acompaña llorosa Melpomene, ¿ Os negareis al canto En este día de común quebranto ? ^Será que nunca en metro doloroso 1 62 ANTOLOGÍA *'Í I "i r.i íi. Nunca más se atraviesa ; Y, si una sombra el Aqueronte abarca. Nada es bastante á rescatar su presa ; Que al reino del espanto Ni penetra el clamor, ni llega el llanto. Vosotros, genios, que en la fuente pura Bebisteis de Hipocrene, Y que, cuando cantáis vuestra amargura, Vuestro canto acompaña Melpomene, ¿Será que en frío labio. No venguéis de la Parca el crudo agravio? ¿Será qué nunca, en metro doloroso. Alcéis á las estrellas El nombre del varón grande y virtuoso^ Que nunca supo separar sus huellas (i) De la senda olvidada. Por la virtud y el mérito trazada? (2), (La Lira). (La Lira (i) Que nunca quiso separar sus huellas (2) Por el honor y el mérito trazada ? Alzeis á las estrellas El renombre del héroe virtuoso Que nunca quiso abandonar las huellas, Hoy de nadie trilladas, Por la virtud el mérito estampadas? No hagáis que del honor triunfe el olvido. Tomad mi pobre lira. Vuestro dolor la temple, y su sonido Será digno del numen que os inspira, Y del héroe la gloria Durará eternamente en la memoria. ¡Oh jefes de los pueblos I A la frente No estáis de sus destinos Para hacerlos gemir bárbaramente. Belgrano os ha mostrado los caminos Que llevan á la fama ; Cid la voz que de su templo os llama.. JUAN CRUZ VÁRELA I^ No hagáis que del honor triunfe el olvido, (i) Tomad mi pobre lira, Vuestro dolor la temple, y su sonido Será digno del numen que os inspira, Y del héroe la gloría Hará durar eterna en la memoria. ¡ Oh jefes de los pueblos, que á su frente Arbitráis su destino ! ¡Oh jefes de los pueblos! ved patente, Marcado por Belgrano, el fiel camino En que puesta la fama, A que sigáis hasta su ejemplo os llama. Id á la tumba donde está encerrado (2) El frígido esqueleto; Llegad y el corazón sobresaltado Sentiréis de pavor y de respeto, Cual si os dijera él mismo: Evocad de mi tumba el heroísmo (3) Alio de 1829. '^ ( 1 ) í No haréis que emulen su valor y gloria Los que han sobrevivido ? ¿ No lo inmotalizais ? ¿ O su memoria Hundiréis en la noche del olvido, Sin que á vuestros loores Merezca su virtud imitadoras? (La Lira) (2) Id á la huesa donde está encerrado (La Lira) (3) ^ Aguí yace conmigo el heroísmo,-* (La Lira) Id á la tumba donde está encerrada El frígido esqueleto ; Llegad, y el corazón sobresaltado Sentiréis de pavor y de respeto, Cual si os dijera él r.iisr.'.o : « Evocad do mi tumba el patriotismo. » 164 ANTOLOGÍA Á LA LIBERTAD DE UMA * POR EL EJERCITO LIBERTADOR DEL PERÚ, AL MANDO DEL EXMO. SEÑOR GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTIN, EL DÍA lO DE JULIO DE 1821. ¿Cuál embriaguez, cuál entusiasmo mi alma Hoy arrebatan? ¿y en la sangre mía Por qué un hervor desconocido siento? ¿Quién, con alegre voz, la triste calma Se atreve á perturbar, en que yacia. Víctima inútil de un dolor violento? ¿Sois, vosotras, ó vírgenes del Pindó, Las que agitáis mi pecho? Perdonadme, Si á vuestro imperio, dócil, no me rindo; Y de una vez dejadme Que, en lugar de mi canto, Vierta sobre mi patria largo llanto. ¿Y como hé. de cantar? Desde la orilla Del plateado rio hasta las cumbres De los montes que en Salta se levantan, ¿No veis, no veis que la mortal semilla De discordia cundió? ¡Qué pesadumbres! ¡Qué asolación y lágrimas! Quebrantan El freno las pasiones en un año: ¡Oh año veinte del siglo! Tú pasaste. * La I.ira Argentina, pag. 336. Kn la Colección pag. 164. En las Poesías de J. C. Várela, pag. 109. JUAN CRUZ VÁRELA • Y contigo ttx horror: empero el daño Que tras de tí dejaste, A la patria condena A ignominiosa y duradera pena. ¿Más qué gozo hasta ahora no sentido Mi corazón inunda de repente? ¿Que Dios, es este que r.ii pecho inflama? ¿Será, será verdad que desmentido Queda mi vaticinio eternamente, Y que el llanto ya en vano se derrama? Sí, vírgenes, corred; las victoriosas Sienes de un héroe coronad festivas De albo jazmín, y de laurel y rosas;, Y, entre alabanza y vivas, A los Libertadores El camino cubrid de palma y flores.. Oigo el eco veloz, que, atravesando Del Pacífico mar la quieta hondura, Resuena de los Andes en la cima. Ya, ya llega á nosotros, proclamando De San Martín el nombre, y la bravura De los que dieron libertad á Lima, ¡Libertad! ¡Libertad! no más resuena En todo el continente; y el ruido Del último eslabón de la cadena. En trozos dividido. Amedrenta y aterra A todos los tiranos de la tierra. 165 1 66 ANTOLOGÍA í:' Y todo cierto fué. Los batallones Condujo San Martín, y circundaron, De los Reyes las hórridas murallas, * Do rujian de España los leones. Los iberos atónitos temblaron. Cual si vieran al Dios de las batallas; Y pávidos contemplan desde el muro Al adalid, que la soberbia frente • De los Andes holló con pie seguro, Y á su escuadrón valiente, Y el famoso estandarte, Sigtio de libertad, honor de Marte. Acudid, acudid con mano fuerte Erguidos héroes de la erguida España; Abrid las férreas puertas, y llevando Las falanjes al campo de la muerte. En el campo venced. La fiera saña De vuestros duros pechos derramando Sobre los libres que tenéis al frente. Véngaos en ellos: decidid ahora Si el Perú debe ser independiente, O si Lima, señora De tan rica comarca, Será siempre la esclava de un monarca. Esos son, esos son los que dos veces. En Chacabuco y Maipo, ya os mostraron * Urna era llamada I,a Ciudad de los Reyes. JUAN CRUZ VÁRELA 167 Que humillar saben el poder de Europa, Y convertir sus lauros en cipreces. El mismo rayo lanzan que lanzaron; Vibran el mismo acero; esa es la tropa, Y ese su general. La misma guerra Con que el suelo de Arauco han redimido. Conducen hoy á la domada tierra, Que el yugo aborrecido De vuestra tiranía Sacudir sin su auxilio no podría. ¿Y abandonáis de un golpe las venganzas A vuestro amo insolente prometidas, Y el enconoso y temerario empeño? ¡Oh! Dejad, si podéis, las esperanzas De los libres del Sud desvanecidas; El Perú conservad á vuestro dueño, Y enseñadnos de nuevo á ser esclavos. Pero ¡que! ¿No salis del doble muro A llamar al combate á nuestros bravos? ¿Y su asilo seguro Pávido no abandona Fiero español, que su valor pregona? ¿Más qué estrépito horrísono en las plazas De la oprimida capital se siente? ¿Qué repentino movimiento lleva Por doquier las falanjes? ¡Qué amenazas! ¡Qué clamor á la vez!— ¿Se cree valiente El ibero cruel, y así se ceba 1 68 antología Ip Del pueblo inerme en el brutal saqueo? ¡Cobardes! ¿Ya perdida la esperanza, Vuestro oprobio ha de ser vuestro trofeo? ¿Será que la venganza Hasta la afrenta os lleve? Pero ¡cuando un tirano no es aleve! Más no osarán, ó San Martín terrible, Arrostrar tus enojos. Helos, helos. Que ya, la capital abandonando A tu poder tremendo, irresistible, De la encumbrada sierra por los hielos Asilo á su vergüenza van buscando. Donde la planta fijan allí imprimen Iva huella del horror. ¡Empero á donde, Cuando sus hados al malvado oprimen, De su furor se esconde? Sobre su cuello alzadas Ya están de tus guerreros las espadas. Entra, genio inmortal: anega tu alma En el placer de libertar al suelo; Entra en la gran ciudad, y los abrazos Recibe de los libres, y la palma Con que tu triunfo coronó tu anhelo Has roto ya los apretados lazos, Y el férreo yugo del Perú oprimido: Por do quier haya libres en el mundo, Y resuene tu nombre, será oído Con respeto profundo. JUAN CRUZ VÁRELA Y la fama sonora ' Le cantará por cuanto Febo dora. ¡Cuál se goza la América, elevando Cada vez más y más su digno trono Sobre ruinas de ambición ibera! Sus hijos, sus derechos recobrando, El oprobioso nombre de colono Para siempre borraron. Nueva era, Nuevo tiempo se cuenta: la memoria De nuestra antigua servidumbre hundida En el olvido quede; y si en la historia Debe ser repetida. Que solamente sea Porque nuestra justicia el mundo vea. ¡Preclaro General ! Anníbal mismo Envidiara tu nombre, si existiera. Que en los Andes á Anníbal excediste. ¡Con qué placer su heroico patriotismo. Reproducido en tí, Washington viera! Su sombra ilustre por do quier te asiste, Y suyas son tus obras. No, no acabes, Sin que acabe el tirano en justa guerra; Y, cuando el crimen de tres siglos laves, Da la paz á la tierra; Que de hoy para entonces Tuyo es el mármol, tuyos son los bronces. 169 ¡Provincias, que, en el Sud del nuevo mundo lyo antología Disteis de libertad el primer grito, Y el primer estandarte levantasteis! Sobre vosotras, sí, su aliento inmundo La anarquía sopló; pero al Cocito El monstruo horrible de una vez lanzasteis El funesto año fué, y al negro olvido Está ya su memoria encomendada, Y á honor mayor volvéis: tal, combatido Por la mar irritada. Vaga un bajel incierto, Y escapa de la mar, y gana el puerto. ^' ¿Más vosotros qué hacéis, imitadores De Píndaro inmortal, hijos amados Del padre de la luz y la armonía? Cantad á San Martín, y sus loores Llevad en vuestros metros delicados Desde do nace hasta do muere el día. De todo triunfa el Tiempo; sin las Musas Un héroe al fin no es héroe; que perdido Debe quedar su nombre en las confusas Tinieblas del olvido. Si el sonoroso verso No recuerda su gloria al universo. f I ;• 1 Solo al sublime canto y á los Dioses Dado es vencer al Tiempo. ¿Quien ahora De Eneas las hazañas conociera? ¿Quien de Príamo triste los atroces Dolores, y la llama asoladora JUAN CRUZ VÁRELA De SU ciudad inmensa, si no fuera La Musa de Marón? ¿Y sin Homero, Qué sería de Aquiles? Los loores Cantad, cantad del inmortal guerrero; Y tributadle honores, Que no puede mi lira. Dignos del y del Numen que os inspira. 171 EN ELOJIO DE MI AMIGO D. ESTEBAN de LUCA * POR SU CANTO WRICO Á LA LIBERTAD DE LIMA, PUBLICADO EN BUENOS AIRES, EN OCTUBRE DE 1 82 1 ¿Es este el joven, que otro tiempo ha hecho, Con encendido canto. Envidiables las ansias de su pecho, Su fogosa pasión, su dulce llanto. Los ojuelos de Amelia, Y el beso hibleo que le daba Celia? ¿Es este el joven, que la guerra infanda Y sus negros horrores Abominó sin fin? ¿Cuya alma blanda. Ilustrada, sencilla, los clamores No oyó del semejante. Sin que el llanto bañara su semblante? • Poesías de J. C. Várela, ed. 1879 pag. 118 172 ANTOLOGÍA Yo le vi, yo le vi, cuando pulsaba Al son de amor su lira, Y con versos de miel nos enseñaba La primer ley que la natura inspira, La ley del sentimiento. De que mortal ninguno vive exento. ¿ No era que Apolo le negó algún día Que, en metros numerosos, Cantar pudiera la fatiga impía De alumnos de Belona sanguinosos. Que con funesta guerra Abruman fieros la angustiada tierra ? ¿ Como es que ahora denodado eleva Muy mas soberbio vuelo Y del héroe del Sud el nombre lleva De la honda tierra al encumbrado cielo ¿Los bélicos furores Canta también el que cantaba amores? Si, si ; pero su Musa no se goza En la matanza horrenda, Y en la rabia guerrera que destroza La humanidad en bárbara contienda ; Ni en metros inhumanos - Héroes llamó jamás á los tiranos (i) (i) Ni en metros inhumanos, Héroes he de llamar á los tiranos. . . ( Cadalso. ) ^mmF^ JUAN CRUZ VÁRELA Mas SU Musa se goza, cuando advierte Que genios bienhechores, Venciendo mares, precipicios, muerte, Llevan la libertad, y los clamores Del oprimido acallan, Y al opresor indómito avasallan. La humanidad entonces le arrebata, Y su misma blandura; Besa la mano fuerte, que desata Al Perú sus cadenas; la ventura Canta de sus hermanos, Y execra la maldad de los tiranos. 173 En su entusiasmo generoso sigue La hueste protectora Que al duro ibero en el Perú persigue; Su genio le arrebata, le acalora, Y, en feliz fantasía, Vé cuanto en Lima San Martín hacía. A su mente fatídica es muy corta De este siglo la escena ; El divino poeta se transporta; Vive en el porvenir, y á la cadena De las generariones. Anuncia celestiales bendiciones. A sus ojos no mas está patente el libro del Destino; Sus páginas de fuego de repente I' i í, 174 ANTOLOGÍA Manifiestas le son, y allí el camino Libre, feliz, glorioso, Que el cielo nos prepara, lee gozoso. Y canta el vate : á San Martín entonces Ver inmortal quisiera; Empero no es el mármol ni los bronces A quienes esto es dado. Duradera Del héroe sin segundo Debe ser la memoria, como el mundo. El cerro de los Andes, que mas lleve De las nubes al seno Su frente indestructible, y que se eleve A las regiones donde rueda el trueno, Cincelado, pulido. Será en humana forma convertido. Este es el monumento que eternice Del héroe la memoria, Y en los futuros siglos divinice Por todas las naciones esa gloria, Que ya el nuestro respeta; Así lo canta el inmortal poeta. Pero al humano esfuerzo está negado La obra que concebiste; Esa mole asombrosa, inalterada Desde el nacer del mundo, se resiste 1 A que el mortal osado Se eleve hasta donde ella se ha elevado. JUAN CRUZ VÁRELA TÚ solo harás, Estévan, con tu canto Tan brillantes proezas Duraderas y vivas, hasta tanto Que el universo entero hecho pavesas, Informe destruido. Caiga en el caos de donde ha nacido. De San Martín el nombre que se lea En todas las regiones; Que tu nombre también con él se vea, Y el del que hizo callar á las naciones, Cuando cantó exaltado « Oid, mortales, el grito sagrado. » (i) Entretanto, á los genios que aspiraren A los premios del Pindó, Y á celebrar las glorias que alcanzaren Los libres de mi patria, yo les brindo Tu grave canto, Estévan, Por que bellezas, como en fuente, beban. 175 (i) Este es el primer verso de nuestra canción ó Himno Nacional, obra del poeta porteño doctor don Vicente I,ópez. (Nota del autor). '/i. (I 176 ANTOLOGÍA A DON JUAN C. VAREIvA POR SU ELOGIO Á MI CANTO LÍRICO SOBRE LA LIBERTAD DE LIMA * ¿Es verdad, dulce Fábio, que mi musa, Cuando las glorias atrevida canta De San Martín en Lima, Tu congojoso espíritu levanta Del Pindó á la ardua cima? ¿ Es verdad que ha podido Su métrica armonía Tu numen inflamar en este día? ¿Pudo ser que, en un tono no aprendido. Digno solo del héroe que yo canto. Loor me tributases, Y, en tan grato loor, el hondo espanto Y el terror del tirano redoblases? • visto por mi amigo D. listéban de I,iica el anterior elogio á su canto lírico á la libertad de I EL INCENDIO DEL PUEBLO DE CANGALLO EN EL PERÚ * EJECUTADO POR EI< GENERAL ESPAÑOL CARRATAlA, Y APROBADO POR EL VIRREY LA SERNA, EN DECRETO DE II DE ENERO DE l822. ¡Venganza eterna! ¡Sin piedad, venganza! Hijos del Sol, ¿qué hacéis? Ahora, ahora Renazca el odio y el rencor inmenso, A que provoca la feroz matanza. La sed de sangre que sin fin devora A los tigres de Iberia. El humo denso Mirad cual forma impenetrable nube, Y el éter todo en derredor [se inflama. Oíd, mirad que la enemiga llama Hasta los astros sube, Y entre ardientes escombros y ceniza Un pueblo de patriotas agoniza. ¿No sabéis? ¿No sabéis? El fiero hispano. Estirpe atroz del execrado Atila, En el Perú desesperado brama, Y, en su última impotencia deshumano, Con bárbaro furor quema, aniquila, Y se goza el feroz en ver la llama. ¡Cangallo miserable! ¡Pueblo amigo!. • Poesías de J. C. Várela, ed, 1879, pag. 145. Esta en La Lira, sin título y sin firma, en la pag. 418. Las modificaciones son solo de dos : I i H Se levantaba desoido y solo, Al fin se siente un día Todo el placer que causa la armonía. ¿ Pero donde mi verso ' ■ Podrá empezar alabador, y donde En esta nueva escena corresponde Redoblar mi loor? Jóvenes bellas, Que así como en el cielo las estrellas En una noche hermosa, Así en la concurrencia habéis lucido De otra noche dichosa, Que la corona ha sido De la fiesta de Mayo mas pomposa; Vosotras me diréis á quien mi rima Primero nombrará: solo vosotras. Si mi verso menguado De su objeto al nivel no se sublima. Con elogio podréis mas delicado Decir lo que allí visteis, Decir, bellas, más bien, lo que sentisteis. Sonó la canción patria : al escucharla En la lid el soldado. En todo tiempo el pecho denodado Presentó al plomo ó á la punta fiera, Y aquel canto le hiciera, O vencer en la lucha, O morir sin dolor, pues que lo escucha, Pero nunca ha sonado El himno de los libres » JUAN CRUZ VÁRELA Como sonó esa noche. Transportado El auditorio inmenso Al templo de la gloria se sentía, Y el corazón suspenso, En fuego patrio, como nunca, ardía. 335 Impresión tan profunda, fuego tanto ¿Quién pudiera apagar, sin el hechizo De otro más dulce y melodioso canto? Micaela cantó, y ella deshizo De nuevo el corazón en tierno llanto. En otro tiempo Circe, aquella maga, Aquella encantadora- Hija del astro que el oriente dora, Su voz omnipotente levantaba, Y al momento, á los socios infelices Del afamado Ulises Con su voz á su arbitrio transformaba. Ella el hondo cimiento Hizo temblar del globo, el firmamento Oscureció mil veces. Hizo volver la mar, y amedrentados Ir á otras ag^as los enormes peces. Pero nunca, jamás, los corazones Supo mover su voz, como conmueve El dulcísimo acento Que Micaela plácida levanta. Cuando su labio, lisongera mueve. Cuando orgullosa de sus artes, canta. Carmen cantó con ella: ¿y cuál ha sido w Í¡: 224 ANT01,0GIA :«'■ L' i! I! i \ f El corazón de bronce, Cuál el pecho de acero defendido, Que de placer no palpitara entonce? ¿Y qué fiereza habrá que no desarmen, Trinando juntas, Micaela y Carmen? Esa noche las Gracias se ausentaron Del templo de Citeres, Y sola, sola, en el altar dejaron A la madre de Amor y los placeres. Por venir á llenar de un nuevo encanto A las que sin su auxilio pueden tanto. ¡ Oh poder sin igual de la armonía ! Cuando en nave traidora El Lésbico Arion el mar surcaba. Tocó su arpa sonora, Y el delfín, que en las ondas la escuchaba, Al músico en su espalda recibiera, Y á la orilla inofenso le trajera. Un instrumento igual con igual arte Escuché yo esta vez, pero tañido Por diestra mano de argentina airosa. Le escuché, y he creído Que desde su caverna tenebrosa Pudo el delfín salir; que el ponto pudo Deponer su furor, y, quieto y mudo, Conducir en la calma mas serena Al músico de Lesbos á la arena. Pero el genio se pierde: cierto es todo Lo que dicen de Orfeo, JUAN CRUZ VÁRELA 225 "Cierto también lo que de Anfión se cuenta. Con arte celestial hallaron modo De conmover á la natura, atenta Al armónico son; y á su deseo Ivas encinas del bosque obedecían, Las piedras de los montes se movían, "Todo, todo es verdad; que yo á Massoni He visto cuando el arco A la cuerda multísona aplicaba; Y por un raro encanto, Sentí que su instrumento remedaba Del gilguerillo el armonioso canto, O la flauta sonora Con que Mercurio adormeció los ojos Del Argos velador, en una hora En que del grande Jove los enojos Del todo rebosaron, Y del Argos la muerte decretaron. Massoni es el amado Del dios de Délos y su hermoso coro, Y dispensa á su agrado De la armonía el celestial tesoro. Tú, Bsnáola, también debida parte En mi verso tendrás; tu edad temprana. Tu talento sublime y prematuro, La perfección de tu arte. Todo viene en tu honor ; y estás seguro De que tu sien alguna vez Apolo .-Coronará con el laurel, quo solo I 1.' íf i') 226 ANTOLOGÍA Suele adornar prívilegfiadas sienes. ¡Tanto derecho á sus favores tienes I Mas, si mi labio la alabanza mueve, Oh musa, ¿á quién no debe Mi loor alcanzar ? ¡ Ah ! perdonadme. Vosotros, que á escena contribuisteis. Vosotros que supisteis Hacernos olvidar en un momento El justo horror con que la planta hollaba. El ancho pavimento Que antes el llanto del dolor bañaba. Sí, perdonadme ; y permitid que pueda En el débil estilo Que á mi verso impotente se conceda, Invocar á la patria y la memoria Del bienhadado día. Que la llenó de gloria, Y sepultó en el sud la tiranía. ¡ Oh Mayo venturoso ! Mes de los meses, pero más dichoso Esta vez que jamás : un Dios ha sido Quien la calma de la paz aljin nos diera. Felices nos has visto : en su carrera No se detiene el tiempo: cuando tornes, En años venideros. Más felices tal vez, más placenteros, Tu sol nos hallará; y otro poeta De Apolo más querido. > I JUAN CRUZ VÁRELA 227 No con mal hado, como yo, nacido, Celebrará ese sol, y su alabanza Alcanzará á do su lumbre alcanza. A LA PAZ * CON MOTIVO DE LA CONVENCIÓN PRELIMINAR, CELE- BRADA EN 1823, ENTRE EL GOBIERNO DE BUENOS AIRES Y LOS COMISIONADOS ESPAÑOLES, CERCA DE ÉL. Monarcas de la tierra, ¿ La mísera plegaria No escucháis de los pueblos que os imploran ? Poned, poned un término á la guerra. Quint. Od. á la Paz. Baja tu vista, ordenador del mundo, Alza tu diestra valerosa, y hunde En el seno profundo De la abrumada tierra Al monstruo horrible de la infanda guerra. La luminosa página, gravada En el eterno libro del destino, Al siglo diez y nueve prometiera La paz y libertad. ¿ Cual asesino Contrasta el hado, y en su saña fiera Bebiendo sangre y empapando el suelo • Poesías de J. C. Várela, ed. 1879, pág. 202. — En la colección de poesfas patrióticas, pág. 259. 228 ANTOLOGÍA II I í'í I , I , < En más sangre y más llanto, Destruye al hombre, y menosprecia al cielo? El malvado en su furia puede tanto, ¿Y tu brazo, gran Dios, no lo aniquila? Pon término. Señor, á nuestros males, Derrama tus enojos iracundo Sobre el mortal que aflije á los mortales: Baja tu vista, ordenador del mundo. Allá do el sol se eleva, aquí do esconde Su esplendorosa faz, horror y guerra, Y nada más alumbra. ¿Dónde, donde Está el asilo de la paz? ¿Qué mano Derrocó sus altares en la tierra? Al feroz otomano Mirad allá embriagándose con sangre Que de los descendientes de Leónidas Se derrama á raudales, Porque abrieron un día sus anales, Y vilmente perdidas Su independencia y libertad miraron, Y de vergüenza y de dolor lloraron. Esparta, Atenas, Salamina, todo A su mente volvió; y el pecho griego, Enardecido al cabo, Se mostró griego, y convirtió en venganza, El deshonor y timidez de esclavo. Trozaron fieros la cadena, y luego. Del mismo fierro que forjóla un día, Instrumentos hicieron de matanza, Y el grito ¡guerra! retumbó en Turquía. JUAN CRUZ VÁRELA 229 Infelices, ¿do vais? En vano, en vano Los tiempos revelaron á los hombres Lo que es la humanidad y lo que valen De patria y libertad los santos nombres. Do quier hay un tirano, Do quier hay viles que á su voz acuden ; Kl rayo lanzan, el acero esgrimen, Las sierpes venenosas se sacuden, Los parvulitos y las madres gimen, Y á vuestra destrucción nada se opone : Que hay bárbaros que ayuden A que el crimen al crimen se amontone. b ¿Y el nombre griego, y la valiente empresa, Digna del nombre y de victoria y fama. En nada quedarán? ¿Y el vilipendio Y el escarnio del turco, será acaso Debido premio á la ferviente llama. Que en Grecia cunde, y se procura paso De pecho en pecho, y á los héroes llama A la muerte, á la gloria Que no siempre consiste en la victoria? Mas ellos triunfarán : las libertades Triunfan en este siglo. Los delitos De los tiranos que á la guerra incitan^ Y, sin oír de humanidad los gritos, De furor en furor se precipitan. Nunca mayores fueron que en la era En que, ociosa la espada. ITT 1 ^^B*! ^ 1 1 i . 1 hRt ,1 430 ANTOLOGÍA Del moho y del orín se consumiera, Si no hubiese asesinos, Que, queriendo oponer á los destinos. Luchan contra el torrente En que va envuelto el mundo. En algún día, No está lejos quizá, la tiranía Será cual era jigantesca mole. Que de Febo los rayos atajaba, Y las anchas comarcas asombraba; Y, al huracán cediendo de repente, Desde la altiva frente Hasta el hondo cimiento desquiciada, Sus ruinas largamente se tendieron. Muchos con ella, á su caer, cayeron. Empero nunca más será agoviada La tierra con su inmensa pesadumbre, Y la que fué el escándalo algún tiempo Del llano y de la cumbre. Será del caminante El escarnio y la mofa en adelante. La Grecia lo verá ; veralo luego La malhadada Iberia, Que celosa miraba como ardía En la sencilla América ese fuego En que ella misma hoy día Consumiéndose está, porque despierta Del profundo letargo. En que ha yacido en cautiverio largo. Se acuerda de su honor, y esta memoria ! JUAN CRUZ VAREIvA La impele al fin á recobrar su gloria. ¿No lo veis? ¿No lo veis? El galo astuto, Trastornador del orbe, ha derramado, Desde el alto Pirene Hasta el muro de Gades afamado, lyos rencores del trono. ¿ Como viene A hollar vuestros derechos? ¿Qué razones, Españoles, habrá para oprimiros? L,a guerra es la razón de los Borbones. Acaso la justicia vengadora Del arbitro y Señor de todo imperio, Sentir os hace ahora Los horrores que en todo este hemisferio Pesaron sin cesar, en tres centurias De un poder ejercido por las Furias. Nos cansamos al fin : vosotros mismos, Pusisteis en la mano Del apaciable y blando americano. La espada fulminante Que tanto en vuestra sangre se ha teñido. Mostrándose triunfante Donde quier en trece años ha lucido. 231 ] Y, qué ! ¿ no basta ya ? ¿ Nuestros derechos No son como los vuestros ? ¿ Qué muralla Presentareis mejor que vuestros pechos A la rabia implacable en que batalla En su hórrida agonía La espirante y odiosa tiranía? iil \\ ¡tii H ''MI ■{íí I i ■, ¡i" Tí:- lü 232 ANTOLOGÍA Libres seréis; nosotros Lo somos ya, lo somos ; no hay potencia Que baste á contrastarnos, Ni poder en la tierra que robarnos Pueda ya libertad é independencia. Desde los llanos que Argentino baña Hasta las cumbres del Perú fragoso, Desde el suelo fructífero de Chile Hasta el istmo famoso, Y hasta la tierra que codicia suma En la sangre empapó de Montezuma, Mil templos se han alzado A la alma libertad, y eternamente En la feliz América inocente Su numen bienhechor será adorado. ¿Y, por que no envainan los aceros? ¿El sagrado motivo no ha cesado. Que los hizo algún día Con estrago lucir? Los campos yermos Mirad, en que debía La espiga levantarse, y abundosa Crecer en medio de la paz, y henchirse Del grano que da vida; y sonreírse El labrador, cuando á su tierna esposa Alegre el primer fruto presentara, Y ella el sudor del rostro le enjugara. Hora corre el sudor, pero mezclado Con la sangre y el polvo de las lides, Y todavía el bárbaro soldado JUAN CRUZ VÁRELA 233 Pisa la mies naciente, Quema feroz las enramadas vides, Destruye y mata. ¿Y para qué? ¿No es dado Vivir en brazos de la paz, siquiera Cuando la ley severa De la necesidad no nos obliga A la cruel fatiga De atrepellar la humanidad y hollarla? ¿Viviremos sin paz pudiendo hallarla? / Oh jefes de la tierra ! ¿ La misera plegaria No escucháis de los pueblos que os iviploranf / Poned, poned un te'rtnino á la guerra ! Su término será. ¡ Patria querida ! ¡Inmortal Buenos Aires! De tu seno Los primeros guerreros se lanzaron, Que con paso sereno El inmenso país atravesaron Entre muerte y horrores, Y donde quier al enemigo hallaron Los miró el enemigo triunfadores. De tu seno salieron; pero ahora Ya tú misma preparas Los bienes de la paz consoladora, Y acudes á tus aras, De todos tus rivales vencedora. ¡ Oh jefes de los pueblos ! Los oídos Abrid al cabo al grito penetrante Del huérfano y la viuda desvalidos, 'ñ -234 ANTOLOGÍA Y de la virgen que perdió á su amante, Cercano el día de llamarse esposa. I^a guerra lo robó : la tez de rosa, Pálida ya y sin brillo, se ha empañado Con el largo llorar, ¡ Nefanda guerra ! El suelo está de crímenes preñado, ¿Y á tanto crimen como el suelo encierra, Bárbaros todavía añadiremos Los que vienen contigo, Cuando en la furia del combate .'emos Bn lugar de un hermano á un enemigo? I lU- 11! [;:. líí 1'^ ¡ Guerra ! ¡ Execrando nombre ! ¡ cuanto, cuanto El suelo de la América ha sufrido Por tan terrible azote, y ha corrido Cuanto de sangre y llanto En trece años de horrores ! ¿ Y esto llama Timbre y honor la historia? ¿Y á la Fama Se atreve á encomendar la poesía Ese número inmenso de atentados Que los anales de la guerra llenan. Por la lira y el canto consagrados ? ¿Para qué son los rayos? ¿Porque truenan Los cielos sin objeto, Pudiendo aniquilar al insensible, Que de la humanidad huella el respeto, Y, por no dar al hombre lo que debe, A fiar á la guerra aborrecible El interés de su ambición se atreve ? Á JUAN CRUZ VÁRELA 33S ] Paz, paz, Americanos! Ya la España Sabe que toda vez que la justicia Nos ha inspirado belicosa saña, Sabemos combatir, y siempre fieles -A nuestro empeño y nuestro honor, cubrirnos En medio de la muerte de laureles. Pero basta de muertes y de horrores; Dad olivo á mi sien, dadme que cante La quietud de la paz en adelante. Dadme que pueda en metro delicado, Y no en un verso duro, ensangrentado, Llevar de polo á polo El nombre de los genios bienhechores Que los primeros á la paz llamaron. Si, yo los cantaré, y al mismo Apolo Asistirá á mi canto, j De la paz la dulzura puede tanto ! Mirad los campos y los anchos ríos . En vital movimiento, Y el comercio y la industria sus tesoros En la tierra verter, y en vez de lloros. Risas, placer, y universal contento. Haced la paz, y todas las deidades. Amigas de la paz, en nuestro suelo Fijarán su morada, Y cuando el genio de la guerra añada Maldades á maldades, -Allá en el mundo que se llama antiguo, x\quí en el nuevo, en hermandad dichosa, Que nunca turbará la furia insana. La madre patria mirará gozosa íJna sola familia americana. 236 ANTOLOGÍA AL TRIUNFO DEL EJÉRCITO LIBERTADOR EN AYACÜCHO EL 9 DE DICIEMBRE DE 1 824. ODA IMPROVISADA * Hic vir, }iic est, tibí quem Promittí soepius acudis. ¡Sombras feroces de guerreros grandes! Alzaos sobre la loza Que eternizó vuestra memoria odiosa; Alzaos sobre el nivel del pavimento Que el pueblo humilde tembloroso pisa Porque teme insultar vuestra ceniza. ¡ Sombras, alzad, y responded ahora !: ¿ Para qué os dio la espada La mano ordenadora Del arbitro y señor del vasto mundo ? ¿ Para destruir y reducir á nada, Pueblos, imperios y hasta el mar profundo Enrojecer con sangre de los hombres? Ay! vuestra horrible historia Consagra con escándalo los nombres De los azotes de la especie humana. ''i La Colección de poesías patrióticas pág. 272. JUAN CRUZ VÁRELA 237 Que vanamente invoca La hermandad y la paz — Adonde toca La planta del guerrero, allí la parca De una generación abre la tumba, Y se extremece cuanto el orbe abarca, Apenas siente que el cañón retumba. Pero no se extremece cuando truena Allá en las sierras del Perú fragoso, Y el grito ¡ guerra ! aterrador resuena. ¡Triunfó «la libertad, cayó el coloso! Repite el eco en la soberbia cumbre. La voz desciende á la profunda cima, Y los últimos restos del destrozo Arrastra en su corriente el Apuriraa, (i) ¡ Bolívar ! Sí, tu espada, tus campeones. No son la plaga con que aflije el cielo A la angustiada tierra, Cuando sangre inocente tiñe el suelo Y lo devasta asoladora guerra. La fuerza es en tu mano, Lo que es el rayo vengador. La nube Opaca lo desprende, Pero alta inteligencia lo dirije, El fuego asolador el aire hiende. El miedo marcha ante él, sigue el estrago, Pero el justo lo mira y no padece: Solo el malvado á su furor perece. (i) Río del Perú, sobre el que ambos ejércitos practicaron muchos mOTi- mientos militares, antes de la acción. (Nota del autor) /.í 238 ANTOLOGÍA ¡Iberia! ¡Iberia! Desde largos años ¡ Está el genio del mal, desde su trono,. En este suelo derramando daños; Y su trono es el tuyo. Las legiones Que lanzó tu ambición á este hemisferio,, Sobre muertos alzaron sus pendones, Cuando nos sujetaron á tu imperio. Con sangre están escritos Dos fastos de la historia americana, Y todos nuestros fastos son delitos, Llientras duraba tu opresión tirana: . Delitos tuyos son. El Dios de todo Hasta aquí, dijo: consentir me plugo, Trastorne al orbe la razón un día; No gima un mundo bajo infame yugo, Y que llore á su vez la tiranía. Habló así Dios. El libro del destino De repente se abrió, y allí los nombres. En luminosa página marcados, Estaban de los hombres Para tan grande empresa reservados. ¡ Honor, honor á todos ! Esa era Ya se empezó á contar, desde el momento En que dimos al viento De Patria y Libertad la voz primera. Discurriendo por todo el continente El eco al punto por los aires zumba. Del Istmo estrecho al borrascoso Cabo, JUAN CRUZ VÁRELA 239, Desde el plateado río al val de Otumba, Y en boca de la fama, en el instante, Voló del mar del Sud al mar de Atlante. Y comenzó la lid. ¡ Oh ! ¡ Cual se vía, Ya tinto en sangre de sus hijos fieles. Ya tinto en sangre de opresores crueles, El vasto suelo de la patria mía ! ¿Y quince años de afán no son bastante? ¿ No miráis, asesinos, Que contra la razón alzáis la espada, Y lucháis contra el hombre y sus destinos?" Mas, sea cual queréis: justa es la guerra, Justa es la guerra, y su tremendo nombre Es nombre de consuelo Si es que, para ser hombre. Está escrito en la ley de los tiranos Que antes se empape con la sangre el suelo.. Dadme la trompa que á la lid convoca, Dadme el aliento que á Mavorte anima, Y en mi trémula boca El beso del amor temblando muera; Ya que no debe melodiosa rima Cantar la paz, sino prender la llama Que á pechos bravos en la lid inflama. Bolívar lo sintió; de sus hogares Ll>n Alzo la voz del canto, Y siento en mi desgracia algún consuelo, Y el entusiasmo santo Con que pedir al cielo Que vengue los ultrajes de mi suelo. Cuando Dios irritado Decretó castigar la patria mía, Por crimen reservado A su sabiduría, Dióla ese monstruo que la aflige hoy día. Con mano sanguinaria Robó, y abusa del poder robado ; Y la turba nefaria. Por quien se ve ensalzado. Se empuja de atentado en atentado. Su audacia sin ejemplo Echa por tierra con brutal violencia De Libertad el templo, Y alza con insolencia Escandaloso altar á la Licencia. El aleve asesino Recibe de la sangre derramada El precio en que convino ; Y acción tan execrada Es largamente ; Oh Dios ! recompensada. La virtud desfallece, El crimen triunfa, la inocencia g^me. JUAN CRUZ VÁRELA. 285 Y la ley enmudece, Cuando, en su nombre, esgrime La espada el monstruo que, en su nombre, oprime. Do el orador famoso Alzaba, en medio del senado augusto, El eco victorioso, Y con tono robusto Enseñaba las reglas de lo justo. Hoy palaciego astroso Repite la lección que le ha dictado El déspota furioso Que lo tiene comprado, Y sanciona delitos el malvado. Pisó el feroz salvaje Con planta inmunda la ciudad insigne; Y del horrendo ultraje No hay pecho que se indigfne, Y que á la humanidad no se resigne; Que, proscriptos los bravos, Oprimidos los buenos, y en cadenas Los que no son esclavos. En tan negras escenas El llanto femenil se sufre apenas. Basta, Musas, de llanto. En mi patria infeliz también proscrita Está la voz del canto, a86 ANTOLOGÍA Y vuestro culto irrita: Huid, huid de la región maldita. La Ignorancia y Torpeza, Que vuestro templo nítido escalaron, Con bárbara rudeza Vuestras aras hollaron, Y en lo alto del altar se colocaron. \ \ i Volved cuando, irritado, Alze la diestra el vengador tonante, Y, de sufrir cansado La iniquidad triunfante. Con su justicia al universo espante. Empero ya me abrume Del infortunio la insufrible carga, Y el tiempo, que consume Nuestra existencia amarga, Me dé una vida miserable y larga; Ya en un punto mis penas Cesen, y viva venturoso luego; Siempre, dulces Camenas, Que conservéis os ruego Estro en mi mente, y en mi pecho fuego. . I JUAN CRüZ VÁRELA 287 DIDO TRAGEDIA EN TRES ACTOS 1823 ACTORES DlDO— Viuda de Siquéo, y Reina de Cartago. Ana — Hermana de Dido. Eneas— Rey elegido por los troyanos que escaparon^ del incendio de su patria, Nesteo Skrgesto Barcenia — Dama del palacio de Dido. Dos de los jefes troyanos. La escena es en Cartago, en un salón del palacio- de la reina IJI..II IJHftMIll 288 antología f^'- '\ 1 DIDO* TRAGEDIA EN TRES ACTOS ACTO PRIMERO ESCENA I. NESTEO, SERGESTO SERGESTO Fuera mengua, en verdad, si hubiera Eneas Formado tal designio; más, Nestéo, ¿No miras tus sospechas disiparse Bien como el humo se disipa al viento? El amor á la gloria y á la fama Es superior á todo; y los inciensos Que los héroes ofrecen, nunca suben En honor de otro dios, ni en otro templo. Dido es hermosa, es reina; nuestras naves En paz amiga recibió en sus puertos; Y desde aquella noche, en que, pendiente De los labios de Eneas, el suceso Oyó de Troya, y nuestros crudos males, /)/ Sr. D. Bernarditto Rivadavia ministro de gobierne y relaciones txierioret Señor ; ! Es una época en que todo marcha en nuestro pafs rápidamente hacia la perfección, cada individuo particular se siente arrebatado del movimiento común, y sus ideas insensiblemente se elevan. Mi pobre musa también ha sido envuelta en esta revolución general ; y olvidándose que, cuando más, solo puede serle permitido el tocar la lira, ha tenido la audacia de aspirar á mayor sublimidad, y se atreve á ofrecer á V. S., su primer ensayo en la tragedia.— He meditado tanto sobre este género de composiciones, y estoy tan penetrado de las dificultades que ellas presentan aún á los mejores poetas, que conozco que hay algo de temeridad en haber emprendido esta obra : pero dedicándola á V. S. ¿ Qiíiíi Ten/asse Kocebit f JUAN CRUZ VÁRELA 289 La flecha del amor hirió su pecho. Todo es verdad: pero jamás podría Nuestro rey humillarse hasta el estremo De olvidarse á si mismo, porque Dido No se acuerda de sí. Nunca, Nestéo, Me quise persuadir que el mismo Eneas Manchase así la historia de sus hechos. En fin, ya tú lo ves: nuestros bajeles Las velas hoy ofrecerán al viento; Y mañana la Aurora, al levantarse, Nos verá en alta mar, lejos de un puerto Do se respira un aire ponzoñoso Destructor de la gloria, y en que el tiempo En ocio muelle y femenil halago Se pierde sin honor y sin provecho. Eneas juntamente con nosotros Se lanzará á la mar; él el primero En paz serena afrontará el peligro, Y á insultar á la muerte aprenderemos. NESTÉO Mi sospecha, Sergesto, si crecía. Era porque crecía mi deseo De abandonar cuanto antes unas playas Que á los troyanos ha negado el cielo. Los restos de Ilion son destinados Para dar nueva forma al universo, Y hacer que las edades venideras I/a indulgencia con que V. S. ha mirado siempre mis composiciones en otro género, me ha inspirado esta confianza. Mi dido será feliz si, en algunos de los ratos que dejen á V. S. libres sus vastas atenciones, consigue excitarle este dulce placer que nace de saber sentir. Por lo demás, yo qui- siera que mi temeridad sirviera de estimulo á algunos de nuestros jóvenes privilegiados por la naturaleza ; y que ejercitarán sus talentos en el drama; que algún día una musa argentina llegue á merecer que se diga de ella ; €Sola Sopkocléo iua carmina digna cotkurno-». Tengo el honor de ser con el más profundo respeto Sefior: Atento servidor. Juan Cruz Varkla. PW • mi,vmjv.m» 290 antología Repitan con asombro nuestros hechos. ¿Qué debía yo creer, cuando miraba Pasarse tantos soles, y con ellos Eneas entregarse á los placeres Que, de la reina en el delirio ciego, Le ofrece este palacio? Es necesario De bronce duro amurallarse el pecho Contra el halago de mujer que adora,. Contra la astucia del amor artero. Eneas lo hizo ya: cuando la noche Cielos y tierra con oscuro velo Cubra, y entregue los mortales todos Al letargo pacífico del sueño. Entonces nuestras naves silenciosas Al mar se confiarán: tal es al menos La orden que Eneas á Cloanto diera Cuando á su estancia lo llamó en secreta Al rayar este dia, en que la gloria A mostrársenos vuelve. — Yo Sergesto, Reviví con la nueva; y de mi engaño Yo solo sé con que placer he vuelto. Otra vez en Eneas hallo al héroe Que, de mi patria en el fatal incendio, Me enseñó en una noche solamente Como puede un mortal hacerse eterno. ''\ SERGESTO Siempre debiste hacer esa justicia Al mérito de Eneas. Tantos hechos. Tantas proezas, y un renombre claro No se mancillan pronto, y mucho menos Por el débil amor, cuyos placeres Tan solo afectan mujeriles pechos. NESTÉO Cuando inundaron los troyanos campos Las falanges inmensas de los griegos. Tres lustros no contabas, y de entonces JUAN CRUZ VÁRELA 291 Sonó en tu oído de la guerra el eco. Diez años de un combate continuado A la ruina de Troya precedieron, Y, en tan largo periodo, el pecho tuyo Solo en justa venganza estuvo hirviendo. Gritos feroces, moribundos ayes. Ríos de sangre, asolación y muertos, Tal era el cuadro de la patria nuestra Kn tantos dias de furor inmenso; Y tal escuela á conocer no enseña El corazón del hombre. Yo, Sergesto, Con pocos años más de los que cuentas. Sé cuanto puede amor. Cuando los griegos Vinieron sobre Troya, las troyanas Solamente bastaran á vencerlos. Si los griegos tuvieran corazones Que no fueran de tigres ó de acero. Cuando yo á Aquiles conocí, y á Ulises^ Y los dos hijos del soberbio Atréo, Ya había conocido la violencia Con que arde á veces del amor el fuego, Y cuan difícil es ahogar su llama A quien se goza con su mismo incendio. Por esto, amigo, cuando ya seis lunas Ha que pisamos de Cartago el suelo. Sin que hasta hoy Eneas se acordase De su honor y de Italia, en el silencio Mi sospecha oculté: pero he temido Que en el altar de amor quemara incienso, Y que la gratitud de ser amado. Amante lo tornara, posponiendo Su antigua gloria, y la mayor que resta Con llenar del destino los decretos. SERGESTO Pues de otro modo ha sido. El Sol ya brilla (i) (1) Dice esto como en actitud de mirar . afuera por alguna ventana salón. del 292 ANTOLOGÍA l^. "4, Sobre la cima de los altos cerros Que á Cartago dominan: el instante Es ya llegado en que cumplir debemos Lo orden que, por medio de Cloánto, Eneas nos ha dado. Con secreto. De nuestra pronta fuga, y de la hora En que es preciso concurrir al puerto. Avisemos á todos los troyanos : Y do el honor nos llama, allá volemos, Y nunca Eneas sienta haber nombrado Por uno de sus jefes á Sergesto. NESTÉO Vamos, amigo. — ¡Malhadada reina! (Aparie) ¡Cuánto tu suerte y tu dolor lamento! (Se van los dos)! ESCENA II. DIDO, ANA K t DIDO Ay, Ana! Tú lo sabes: la primera e abrí mi corazón; y mi secreto, Hasta que el fondo te mostré del alma, Tus ojos penetrantes no leyeron. Mi ardor no es obra tuya: yo no imputo Ni imputaré jamás á tus consejos El repentino estrago de esta llama Que ya en pavezas convirtió mi pecho. Frenética era ya, cuando tu lengua Aun no aprobara mi furor inmenso, Ni tu cariño á la infelice Dido Te hiciera toralebles sus excesos. Esta insana pasión me llena toda, Y todo abrasa cuanto en torno veo. \ ! JUAN CRUZ VARBLA 293 ¡Será que tal volcán, Ana querida, En mi daño los Dioses encendieron? Perdona á mi dolor: deja que llore, Y derrame mis ansias en tu seno. . . Yo no sé, yo no sé que abismos hondos Cavarse bajo de mi planta siento. (Se inclina unos instantes en el seno de su hermana). ANA ¿De cuándo acá, mi Dido, ese lenguaje De desesperación? ¿esos afectos De una inquietud ansiosa y afligen te, Contrarios hoy á los de ayer serenos? Troya y Eneas en igual renombre Sonaban en Cartago, y el incendio De la ciudad más populosa de Asia Ya llenaba de asombro el universo. Tú admirabas al héroe que, entre llamas, Penates, padre, esposa, el hijo á un tiempo Supo salvar con valerosa mano, Sin que de Atridas los soldados fieros, Ni los horrores de la noche infanda Pudieran contrastar su noble esfuerzo. Tú lo admirabas; y en las nuevas salas Sirven de adorno á tu palacio regio Los animados lienzos, do trazaron Tantas hazañas los pinceles diestros. En ellos ¡Cuántas veces hemos visto Entre escombros, y ruina, y humo, 3' fuego, Vibrar de Eneas la tremenda espada, Y circundar mil muertos á los griegos! Allí se mira entre falange espesa Las puntas despreciar de cien aceros,, Solo animar desperanzada hueste. Solo triunfar del bárbaro Androgéo Y vengar solo los airados manes De los fuertes de lUion, que perecieron fifr^ I 294 ANTOLOGÍA En el largo periodo de diez años Contra toda la Grecia combatiendo. ¡Dido! tú lo mirabas; y el destino Todavía ocultaba entre sus velos Del grande Eneas la futura suerte, Y tu suerte también; ni al pensamiento Pudo venir jamás que nuestras playas Vieran de Troya los preciosos restos. Ellos se fiaron á merced del ponto; Y al ponto amotinaron tantos vientos Cuantos de Juno á la inmortal venganza Y al eterno rencor obedecieron. Otro dios los salvó: las rotas naves Arribaron por fin á nuestros puertos, Y Eneas á tus ojos se presenta Muy mayor que su fama. Cuando el cielo Se ocupa de un mortal, y lo reserva Para obrar sus prodigios ¿qué recelo Puede inspirarte la pasión mas digna Que abrigara jamás humano pecho? ¿Temes amar lo que los dioses aman? ¿O son que Dido las deidades menos? DIDO ¡ Ay hermana! perdona. . . no es mi llama, Es mi destino cruel al que yo temo. Yo le vi, tú le viste; y era Eneas, Mas que un mortal, un Dios; hijo de Venus, Amable, tierno, cual su tierna madre. Grande su nombre como el universo; Me miró, me incendió; y el labio suyo, Trémulo hablando del infausto fuego Que devoró su patria, mas volcanes Prendió con sus palabras aquí dentro. Que en el silencio de traidora noche Allá en su Troya los rencores griegos. Amor y elevación eran sus ojos. Elevación y amor era su acento; Y, al mirar, y al hablarme, yo bebía. "•■*s: JUAN CRUZ VÁRELA 295 Sedienta de agradarle, este veneno En que ya está mi sangre convertida, Y hará mi gloria ó mi infortunio eternos. Al principio dudé si el pecho mío Sería digno de su heroico pecho. No he fijado, aunque reina, las miradas De los moderadores de los cielos; No soy mas que mortal; y yo creía Ver brillar en Eneas un reflejo De aquella lumbre celestial, que pasa Del rostro de los dioses al de aquellos Que su amor soberano arrebataron, O de tan alto origen descendieron. Mi temor era justo ; pero pronto No pudo más el alma obedecerlo, Y cedió á su pasión : los ojos míos Declararon por fin al extranjero El ardor que en mis venas discurría. Penetrando sutil hasta los huesos. Su corazón, hermana, solo es duro En frente de la muerte, cuando lleno De coraje sañudo en los combates, La venganza y furor hinchan su pecho: Pero al lado de Dido, si es que pudo Resistir al amor, no quiso al menos Negar el paso á los ardores míos, Y los dejó llegar hasta su seno. Mil de veces pedíle en ruego blando Que me quisiera referir de nuevo Los hados de su patria, y mil de veces Los escuché con rodoblado anhelo. ¡ Astucias de mi amor ! Mientras su labio Pendiente me tenia, yo en los besos Me gozaba de Ascánio, y en el hijo Encontraba á su padre mi deseo. Todo fué Eneas para mí de entonces ; Eneas, eran mis dichosos sueños, Eneas, era mi vigilia ansiosa. '• en mi oído, Sonó ronca su voz, cual suena el trueno, Cuando, de monte en monte retumbando, Lejos se escucha resonar el eco. «¡Perjura!» (dijo), y al decirlo airado, Me arrancó con violencia de mi lecho; Y, llevándome al borde de su tumba, « Este es (añade) tu debido premio. « Has roto el jurame