MMMm^mm^ Doña Rosalía ñrtigas óe Ferreira DE estirpe óe héroes; ¡lustre por su cuna, ilustre por ella misma, que fué orgu- llo óe salones y orgullo óe su hogar; matro- na que conseruó y aumentó los timbres óe su abolengo; uiuió Intensamente para su casa, moóelonóo en sus hijos ejemplos óe cluóaóonos. El apellióo - blasón sin mácula, que es como una aurora resplanóeciente en la Historia óe Hmérica — tuuo en ella una guoróaóora altiua y seuera. Güñc! r^;:í-cilic! H.'íí.k:': :)v- n ;, 6asa Gorralejo PLaza eoNSTiTueioN Rico Mantcaux de Terciopelo de Lana, adornado con Piel Modelo Bernard, de París Capita y Manchón de Armiño Ruso Elegantísimo Modelo de la Casa Revillon de París Modelos exclusivos de nuestra casa ANO I NUMERO I MONTEVIDEO, MAYO DE J9I7 OFICINAS: CIUD ADELA. 1387 Suscripción tnenKual $ 1. 00 » semestral ■ 6.00 - anual » ÍI.OO SELECTA DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN — ~,7 Xü vamos a una aventura d^atcntida. llcnius mc- .'üilo nuestras fuerzas, nos heniot tratado un camino, tenemos un ruml)o marcado y caís>j)i seguridad del viajero que tiene su itinerario prefijado y conoce la semla. iniciamos la marcha con paso firme \' la convic- cii')n de que haremos olira iasi \' abnegación. Todas las matronas quo hemos noi bradíj fueron las (¡ue de generucii'm generación mantuvieron en alto los pri tigios fdantrópicus de nuestra sockhI: Las obras por ellas iniciadas y sostei das despertaron sucesivamente la eimil Clon, y a través de los anos lueron uce luaiuiose las lonnas de la caridad iia> jjegiir ai giiuiu uc tiiti^MiLiui en qiio m >c eiicueiiiran esas iiouiea iiisiiiii,:ioiu vana puesta generosaineiiie ai avance ¡a nijsena y uel dolor. i'ara un espíritu superlicial o eguisi pura quienes no saoeii ue la iiueii>a suti laccion de conciencia que Mgiiiiica iiac DKii al prójimo, estas nianilesiaciono ■ la caridad o son desconocidas o m i conocen no les coiiceckn inavor iiii¡mi taiicia. \ (lesgraciadanK-nte >on niiicin los (|ue proeenispei a las sociedades e institucfones de bení ficencia que funcionan en la ca])ital. Es una labor que exige hasta sacrif cios, labor dura y sin atractivos, labí que pone a esas señoras ante la realida de la miseria, la que, aún despertando 1« más hondos sentimientos de piedad, n por eso deja d-e ser desagradable. V por eso, el revelar a la consideracic^ y admiraciéin de todos estas actividade tan intensas como modestas, estamos con vencidos de que realizamos un acto d bien justificado reconocimiento. De ahí que Si:lKCT.\ ha de rendir grand y justiciero homenaje a las damas qu mantienen hoy en alto el ¡iabelli>ii d amor, de piedad y de fraternidad qu enarbolaran en el pasado ilustres ma tronas. En números subsiguientes publicare mos en estas páginas, honránilonos alta mente con ello, los retratos y semblanza de las señoras <|ue en la actualidad ooni ponen y dan vida a las instituciones bené ficas que liov t.anto m;il redimen, eiial teciendo al pais. =á^ ^T I . I . I , V» I \ '1- «■■ m///MJV/y///// ^^^-r m ^' si I I c 1 \ \i.iic,ii. i I. . ■■. I. \, V,,; !.■ S.int.i l;.ibtl. cu.idi.i de Muullo í^ I-, '^.oMT- J'¿^^ ■^/y^^. ■l.Mlll. i 4.. .p I'..: ,:.,, ^í-ii.. í: n -! 1! 11' ;. ''.1' .1 \ r i. 1'. ,:.[ 1. ii:, -I., - .•'!. .1 . .■■; -I ■.;■). I.,l!l-l- • r'" .; , \l,i M.',-'¿' 1 ::■ : :..• 'I '■■ i' \ ''';■■ ■ i , \ , ■ . ¡ ; ! . i 11. -1, ;,., ,. ;..!i,, ¡\: :., \ ■•'.' .1 1. lll-i>> i',,',^'"' ,, i..h,, M., .,',1 Im i:, i V 1 t, 1 ; 1. I.> 1.. ■ '■■■■. 1 M ■ ■■ 1 Mi'' 1 ' ii •- ' 1 li .■ . .¡..'1,1 \ .11.1 i ' .: .1 .1-, i. ■ ;. ! 1. !., ■ .;. . -■ -' ■ , I-, U- . i , 1 ; ■ . . ; 1 .1 - M |. M .1 ■ iMi ■ \^d-: StUtCI A .¥:'vV^ r=f<=fC'===c=>>=:s:3:^r^;:^; EL sólo nombre de la noble dama que da prez a esta página» bas- taría para sintetizar el homenaje que deseamos rendirle, porque ese nombre es un galardón para nuestra sociedad. Sin embargo agregaremos algunas líneas que pálidamente digan cuan altas y cuan puras son las virtudes que la adornan, cuánta y cuan exqui- sita es su distinción, y que encanto supremí se desprendé de su es- píritu cultísimo que subyuga al que la oye conversar. Hija de la distinguida señora doña Dolores Traibel y del ilustrado jurista doctor Avelino Lerena, de extensa y selecta vinculación en los círculos sociales de otros días, brilla en los salones con las radiaciones de su elegancia y de su inteligencia. Esposa del doctor don Carlos A. Fcin, de larga y principal actuación en la magistratura nacional, do- ña Adelina Lerena es una afirmación de prestigio social, por su cul- tura de excepción y su gentileza. — SELECTA — Lfí^ jQy/a3= / / D M/ÜE5TD95 No eran quizá ostc-ntosas. no dcsluni- tr£iban con brillos de similor, pero de su riqueza, ejenii)los bien elocuentes tene- mos en todas las colecciones donde esas joyas se guardan como verdaderas reli- quias. En las joyas, como en las conciencias, no se concebía antaño lo falso. Lo que aparecía como oro, era oro de muchos y muy saneados quilates. Y las perlas y los diamantes, ¡¡erlas y diamantes eran sin (|ue la química hubiera tenido nada que ver con ellas. -Vuestros abuelos no llevaban joyas si no podían llevarlas. Pero cuando las Ile- valjan, eran jovas de gran precio, mu- chas de verdadero valor artístico. Como decimos antes, en algimas vitri- nas. ])ro])iedad de personas de buen gusto, hallamos hov magníficos recuenlos de estos lujos de ayer. En esta página ofrecemos las fotogr.a- fias de dos soberbios ejemplares. I'nos peinetones afiligranados de uso en 1>í3l) y un abanico que es una admirable, im;i estupenda labor, digna de Chelini. Pertenece este abanico a la distingui- dísima señora doña Dolores Folie de ("íi'inicz. Obra admirable de orfebrería, donde el metal ha sido trabajado con Un arte ex- quisito, con una meticulosidad llevada al extremo. ■* Todo el envarillado es de orf) macizo. v los padrones son dos soberbias piezas donde el cincel ha hecho verdaderas ma- Pcínetones usados por las damas^cn 1830 ravillas. audacias de calado y bajos re- lieves. La unic'm de las varillas la constuuye una lámina de finísimo cuero, donde el pincel de un hábil decorador ha pintado una escena griega, de gran carácter y mérito de colorido, formando el todo un severo conjunto y constituyendo una joya de (¡recio elevadísimo. ipie puede ser or- gullo de una colección aún cuando se trate de la más rica y la más famosa. Los ])einetones rememoran, con la elo- cuencia de sus ligerísimos cuerjios 'de ca- rev, una época nunca lo suficientemente bien evocada para ejempUi y para admi- racii'in. f^as damas de LSofl, en estos ])aises que constituían el antiguo dominio cisplatíno. llevaban -tsos peinetones realzando con ellos la majestad de sus portes, la ele- gancia de sus tocados y sus hermosuras soberanas, donde el afeite no intervenga para nada v donde la frescura de la piel era tma afirmación de belleza. Moda que hoy discutirían cpiizá los smart, pero que busca su fundamento -n un sentimiento de realeza: esos jieineti nes tienen algo de corona real y nunc mejor esos signos de majestad ipie e cabezas de mujeres, las únicas reinas iii discutidas e indiscutibles en medio il la arrobadora ola de democracia que tras torna al mundo. La distincii'in y l;i gracia que realzaro estos ])einetones, tuvieron elocuente ejeui pío en damas tan dignísimas conu> est;i (lUc acuden a nuestra memoria: n V de elevad alcurnia a quiene los usaban. F.l tamaño di- es tos com])lement(i del tocado femeni nf). llegi'i a ser de-^ proporcionado. .M gunos de los ejcni I llares que hf)y s c(jnservan llegan medir más de se tema centímetro de ancho y forma \ ban verdaderas au reolas afiligranada alrededor ■ selecta vinculación en los s sociales de otros días, brilla en los salones con las i-adiacjones :legancia y de su inteligencia. Hsposa del doctor don C.irUís A. larga y princip.tl actuación lina Lcrena es una afirmación de prestigi excepci^)!! y su gentileza. la iiiagist-aíura nacional -...I. F. II I sM I c I \ M¿JE5TD95 A^, ,-...t;: MU- i|n!;i-. -:ii.:ir;-,:i: ■•;;r .;i:!;^i-;r-" ;¡t.j ;a:~". l-.v' (¡iii ■ V ,¡t '.í:.i ]i.i\ ;;- -l.;lli|. - :ri;i -;i: Un: ^!,,ri:; 1.1,,!, ,,r. ;1,i'i h- i! ..'liii'rl iiH ';■:,■;'!, >'.\ i:-i'. "i;.!. Irrá- !„n \1 — SELECTA — de cucxdro> deí Di? OMMoíiioRrffiri l'".s creencia tic que en nuestro l>:iís no existen cultores, verda- deros cultores del arle, vale de- cir, personas de espíritu selecto <|uc se dediquen a coleccionar .)hras de arte, llevadas por un alio anhelo s para detenerse y contemplar detenidamente determinadas telas. Los oclio lienzos de i)ared están cubiertos -l piíitoi- o-i.iñ. 1 M., ■:íl¡li.i- ,-. 1 t.í r/.i, ii!i -' .1 !',!!■ . ■.i.|in',!:i- í.'t ■ ! il 111, ;u'!tI. ;f -^tl iit!i '-.i ■tu. -t-í.i. '.t ■IN,1:,--'U ñl .1.. '.-í, .1- it.i .r, ' .M,;h. .V- tr, b.. i, ■■,;!.. 11... -;,. .1 \".t, T'.l t ' : •■■Il|ti :-li ■! ■ ir M .1T"1-- 11 1, t.ll.l ,M " i¡ .::.!' -ii;:!.! 1;¡.' . 1. -..M-.::!; iju'i -.-. l*-'.i .'■■.; ! ^■.■..l,b!-j:..-'V,,i,,;: ■■■/ ■ - ■■;. vim'ü'rV ©E IGT JtOJ --'1 rj ÍX -zziz^^i i l'ii.i pjrK" di' 1.1 iiiaiMiilK'.x í^al'Tia H." cuadro-^, pvrtt'íuvicntt' .il I)r. ^)^.■ Antonio h,Tr»'ira — SELECTA Ifl través de un apellido Ilustre^ Don (".crvasio A. Posadas es el funda- dor de una casa patricia, ilustre porque supo aquel variMi preclaro rodearla de to- dos los prestig-ios y de todos los honores, !>loriüsa i)ürque la actuación del jefe del apellido en la Kevolucii')!! de Mayo fué disting-uida y fué eficiente para la causa de la democracia. Posadas tuvo enemigos. 'I'odos los hom- lires de mayor valimiento los tienen, y cuanto más valen más encarnizados son los que los cond)aten. Pero don Gervasio A. Posadas surgió del caos de la época írestatoria de nuestra inde]KMirico: Nicolás Herrera, — Sabe más de lo (|ue manifiesta, genio amable : sumamente tí- mido. Conoce hasta -dónde alcanza la fuerza de un compromiso y no se des- viará de él. Proscri¡)to, lleno de necesi- dades : permanece en la corte del Brasil. Valentín Gómez, — Se hará lugar en cualesquiera corporación donde se en- cuentre. Su fuerza es la oratoria. Su de- Don Gervasio A. Posadas cir y accionar le dan realce. Los cargos y comisiones a- que fué destinado los des- empeñó con dignidad. No es posible que falte a la amistad. Está proscripto : se halla en el Janeiro. ~^ Juan Larrea. — Viva imaginacic'm. co- nocimientos nada vulgares: fácil coni- ])rensión, fiel amigo. Prestó grandes ser- vicios ; fué uno de los primeros com])ro- metidos por la justa Causa. .Arruinó su fortuna. Yace hoy día proscripto en el viejo mundo, y pereciendo en una de las capitales de la Francia. La envidia lo calumnia; la historia será justa! Francisco J, Viana. — En su clase so- bresaliente : en el trabajo incansable : a la amistad deferente y hombre de guardar fe. Es proscripto ; reside en el Janeiro. Carlos A. Alvear. — Vivo y afluente : conocimientos generales, y penetra lo que es dado a muy pocos. La patria le debe mucho y por más que se pretenda re- legar sus servicios al olvido, Montevideo existe. La emulación y sus pocos años lo han proscripto. El actual heredero del apellido Nicolás Rodríguez Peña, — Memoria feliz ; delicadeza suma, maneras muy agradables. Fué uno de los principales autores de nuestra gloriosa revolucii'm.. emi)leando ¡)ara ella la mayor ])arte de su fortuna. Desemiieñó los primeros cargos y empleos de la Ke])iiblica, con la honra- injusta V nula que han visto los siglos. La muerte misma quedará pasmada. Maravillada la naturaleza. Cuando la criatura se levante, .\ ¡¡reséñela del Juez a dar res]iuesta. Antonio Q, Balcarce. — Estricto mili- tar, moderado y consecuente amigo. Fué uno de los primeros comprometidos por la justa Causa. Prestó grandes servicios. Ocupó los primeros destinos no desmin- tiendo el juicio que de él se había for- mado. Con 50 hombres semejantes el pain se encontraría constituido. Deji'i de exis- tir rodeado de la familia, y con senti- miento general. Santiago Vázquez. — Confieso ipie no lo conocía, en el último ])eriodo de mi vida lo he tratado, jjosee coiiocimieulos. facilidad para exjjlicarse con juicio y pro- l>iedad. Es mozo de consejo. Será un di;.'^ .... l:.i: iriin Liiüimu '.i ■,..,1.'-- ]><- i ii!.|. •: < l'.'i la _-.r M,( i|!i. !t ■-• .K-u!'.i. í-!'-:!ii-.i;í iv ■lUTü",. \ .ili' '-i~:i)i,i' \ .i;-.^ir'.i- C"ii I'!,r-".iM 1 \li..-ii-;,.;¡r- nilii. íT! .11 1! i -. i>;i il-. irc-. <]■■• !.-fl. I -.trl'U'lo. I'lá»-! 'i.-M. S,ii,i. l'r-rií i i.a.h-, !:Mr!tui\. M.ii!!. !.■,>, /:;:i;.iri-i . v M:;n.'/ I-.nr i-.~;'i~ -ilT.i^ .l.iii -i :a ualrri.i nvi .■.,:■:„■; > i'-'r .-ir. I ]t.^'.■•.^ ■m!\ ■!;u:'!*_' >!. ^|:ii; .--.i «' ■\..._-rM. ■;.■:.:-.:,- -, . ^ ' -:. ' ' " ■"_ l.>i mI^ U'!;i- .1 ;::■;:.! V i"': \A'"r \^- \rt\\:i\.-i>Ui\\. n <■<-!!. \.i!..r -i.'-rlrK'M . .. :.. ¡.nr^lc Ic/KT^r \ ^ p i.f.íiT.t ■ .'i 1 l'.-'W 'K- ;i;i:f'iu-'!,ti. -;;;-. .ii'-nun ]>. ..■..-. i-h-..-,. >.■ .-■ -.':--. (.l:i'Í.. liUi ■ ■' ■;-i^,,.~ ríir.-j.r..-. i.i.in" .i>|i¡Mr.i.l-. \-- •u',i> ii.'t.al'If \ ■;.'.I,> '... lii.t-. ' ,Ic'L:rtint' -. A'i >;i| i'-i. •. n.>"'¡ MU.- .K-rir- .|ni- i-- Mm-iíc; : J,-.. n- • .^ \;-Mn '.i|.ii:¡l-.t1a.'.-.- :, -[Mr ii('; ■: \ rr-la'li;a~: anlf.Mf ■'M-. il ■■.■!- ¡' '■■■■ Mira r'a-ira/ " ' ' . '-■ ■: " ■ , ■ ■l'iT->. ."■ua:!.li' un. ■ ■. -piriui-. -i'U-ói.' ''la^ .■.!■ .1. ■ : '¡i.. r irva u.iliTi.i. \ ,aa:¡-I.- . -. .■■a:-;V.-iri 1 '■'•ra-. lirl al;- mi.t';., .¡r I,», ".|iir .-.'nif ■i ■.-l.T 1\-M-. ira. <■; .|:i,- ,■.■:,;, ini.'.. !.,- \ . "a-* v". ■Tui.'ar.i. . \ ; .i ; i- ;i. im a una ..\-} a^ ■■!-; l'rlh /a irii!r.;au. \' -irn/ \v.:.i cr.u ■I' !■■ M^"^- ^:i''' l.t v::i:r:;-a ^-Irf .Ii.i v .1, \>^ iifirri;'..- ■ iiu r-ii.< anl.Ti^ rrw',a:i iii ..Im.I- i!.in,).| \.,.\a- ■|'.i! U j.av.i ar.-r..;--:a'.|n;- un".-. '.1 .lu'lj.i 'Or -■, i:a:. na y ■ v' Ií.-m..;- ■!;■ >■-.!: w^'-ar i-..!i rl .li-: t:f.i^;;i :, ! . 'i-Tl..?- |-\ria;r:i. .1 .-n.i ' >■ !n\ ..U-a-i.i rv.|:;i::., :, -. l.i~ .-Natn "i.a I rra^a", ^uadi'í .-iv-l pintor osp.iñnl Garios \\i:quc: -■-■■.- í'r-;:r; S:ru-;v> -.í;.i"- :>;•■' , M.i-ra-ra.- Jn-.|!"'-." n.ní.a/a;:. ■■■■>"■■■ :',^;,{:. i.Í-P:i.r'.a"ÁM)i Wav :u: '\.,. ^.1 :' X,-; ■.'•.!, ■■-.ü'.iU'-Ml 1.M, i-p i:i-ri-Í> 'ü P UUraTl '.r "-¡'riaa 'íl U'I ll i • i. ■- ■ .■■ -"■■ " - ' - '-'tiií. ■'/'< 'i¡:u b. ■\. ii' >rMa;! ri ■■! ;iia\". •:'■ íin- > -.r i a ni,i-li i ■ •^■.'ir;-:)" ■ \i|:ti; -a;'"' -'!■■! ¡"ir- '!■!« íari" ilr-'-^ia ^ali-ri-i lia rl-. í;;i!m V- . ■■ -.1 !:■■'. .HU ■:•.'. ', 'li ■: ,■' .-i"u'-ií'li' \ al- •'". i a- . .i>r.i- 'iiia- ;^ ".;■■' ...i- ■ ^'v ,"f 1- iin..' i. ':: ' * an;<'.rr- Vnu- . Ii'aN •> .rituui- r.i;'' ■ ■í i :'.'' ;■;.. --"liüi-!!..-- .iVi'- ■■.-rviliir rr-ffei-t- * ..'U.- i->Ia ü. >.I al>a-., r' ■'■ '-. ."c""riJ>:*ii!' •-. a- ¡a !r:i ■'. i-r-».' ■ ia* rt,;].v> '■¡¡ii-.i- >:■(■- íi. ■ ■■",■■■-;■;■;,..■-.;, ., j,, .■; j ^ •! M p ! . ■ -Ir \ ! a-rrí , ' IM . . Z -■ ■! .■ ' V Í • -. ' t ¡M 1 .^ v ; ■.... ■^:.-'''"' :!:.•■. a'.i-n:-ar mli-Zm ,-' r,,\,n;t.. .. ,;1 .i-i.;!!--; "Ki ' .'■■,"■ .i':--" v>- . i ',rt-"'.t zar);' i. ;a -i. >;ilÍi- lia \ ir; , -• ;;¡ii!i;!i i i-v:-!'. . ■. ".■.^/; V »■;■:; -a';.]' (-i.-ni;" --u/ú .11 i.a-1-..ri.I 'Ulu-'i. >-;t i-..in.i !.'!:i- ■ !,l- ■ ■ ■ * .i;"-.'- ' \ .r,>. ]'!.■,/ .. ■]■.-■ uiía l^'a r- <■ ; -..i-rail-i ']u..i]-^\i\ --I .l'i;!-. S. ' -.'UA "'l.a lirr.ii-a'' ;. i- ;r a '..i^::''':;."-'!!: .1 > ni' _ *"■ '■í.Jiíi"' ■ , a '.1 j •!'< v .-nrn >■ : •]•••• uii.i.rl-a-" .' ,>:' í!"i;,'-' ■■■'",■.-!' .<-]-iiM jia.-ai.'.i ■ I ,'a ,rs.¡ii".i--íi.',',- .li! ' im-'i... <\í- la ■.,:■;>■-■■:-■■: ^I ■')i;:?M\ v!.i t\. ■-■ T-. . TI:- í-\)tri-a ¡ .'./a v ■ i la. 'K-jir' .■: ■. ■;■;•-,. ^,..;;-^rí,. V a' ••■■■,' \\::- .'i. -.■:r!:!.. Mi-a-al. i'".- nna t't.r «li \i. i.. '■'1 V!; ■-.-;:■!..■■';, !■ nü 'aiiii.ii"^:. " i'-i,n'.-!;('. \. 11. . .la .-■n-v -rrpari <-; ir ■ -a--, :- .3r.,.a'l,i '¡.i-.K-'-sM ■' •!■ V.-;.,:.. \ .jr- ri-»-ÍTiii-l ■ .■:rai-!i';_r ■ 1 ~ ;;';i.i ■-;.i-i '1. i. ! a -'Mía'-!' ar!>.. .-i-ü a!:.'- air ".■■'. a..!.'! 'v' ■!'-'■ 'i;l.'.niM' !.■ !|" » x'.raña 'j.iu- i-í Iia\a i.rnj'ai!'.. ■■■'-''■a]: a.-:f--uM:.!..; ,-:,'\r-S;.'.'^a _.Iv'l'.iri- ■' ' • -.- ■. ■■'>■;■. i- : ai. ^L:.a■.iá■.,r- ..liij- ¡.luaiTra ".i -al. ría ihO* ;'■' "Y.'iai' !'■ !" ■" ^ *"■■■■, ^- - -■ ■*"-,'.■..■:'■. i-I \--t-:..r ]'-'¡v !.i . .■; ariuaa.i'ta ■\^ i^- :ii.;i|I>rr- 'a iiKUn.iia ]^:,.vna::! rií- íjv ,.--.!-. i \aí;.'-;,i L;aNaaa. -i>a 'I'.. ■:;.!■. [■ < rrr.iva , .Ii-nuif-ira una ¡ti-.üI. na.'.n ■;)'ila. 'i'i • '■ ■ iF'p-'lr i-M|'ar- a iiiaL-UM \yy . : ';■■■•. ' ■ ■ ':u^;■la - - -jiau. >]i- !..- .|iu ■ a'ia'; .■..■,:-■■' ^■■. .|i;. ... ,1! -rx iTciii. . 'f-tir -u- ; Pais.-,jc del ilustre pirilor M.ir..ino B.\rba;an. . v;>i. -^SELECTA — Mes de Mayo, mes de gloria, mes de América! Julio es el mes de la Democracia y de ese Ju- lio surgió nuestro mes de Mayo, mes de la Li- bertad. Y decimos nuestro mes. de Mayo, porque la' glo- ria argentina.de la pri- mera . y definitiva afir- mación de independencia en el continente, es mes de todas las Repúblicas hernianas que en comu- nidad de ideales, de rutas y de .aspiraciones, for- man, la confederación de la América Latina des- de el Golfo dfe Méjico al Estrecho de Magallanes. ¡ Cuan lejanos y al pro- pio tiempo ciián cercanos los días de la gran Re- volución ! Por la forma de producirse, por los hombres que en ella ac- tuaron, por la nobleza de los principios que se de- fendieron Con verdaderos y suprerrios sacrificios, ¡qué lejanos aquellos diás! Por lo qué aque- llas ansias de libertad y de "derecho ' tfenen con nuestras ansias de hoy, ¡ qué cercanas las jorna- das" de Mayo frente al Cabildo de B_y^nos Aires ! La imposición heroica y definitiva de los patrio- tas argentinos én Buenos Aires, levantó un clamor de inmensa alegría en to- da- .América. En todos los pueblos s?.exj>erimenta- ban los mismos anhelos de independencia y aquí, en esta patria líuestra, (|U€ ya alentaba con im- pulsos de constitución náciíinal, el eco del trascendental, acto <\- Mavo en las calles de la ciudad her- mana, fué aún mayor que én ningún otro punto del continente. Y filé mayor porque los patriotas orien- ta'ps ya habían sentido en sus frentes nobles el ,so])lo embriagador de la li- bertad. Dice un historiador, con justicia y acier- to: " .\un antes de que se produjera la Revolución de Mayo, ya había en el Uru- guay un ¡loderoso núcleo de patriotas, que consi)iraba contra el régimen, del coloniaje. Desde 1.S09 y a raíz de la diso- lución (le la Junta de Montevideo, había empezado a formarse esa agrupación. Sus ¡¡rimeros constituyentes fueron don Joa- quín Suárez, don Pedro Celestino Bauza, don Santiago Figueredo. cura de Florida, y don Francisco Meló, quienes acordaron desde entonces trabajar por la indepen- dencia. " Mientras formaban opiniones en la campaña, nombraron agente en Buenos .\ires a don Francisco Javier de Viana. encargándole de comunicar a los criollos de la vecina orilla las esperanzas y los entusiasmos de todos. " No trabajaron aislados esos patrio- tas, sino que tenían sus agentes y par- tidarios en toda la extensión del territorio ¡O^ J3trón pueób ^ útoenít oriental. Todos ellos eran personas de ■distinción y acaudalados estancieros, entre los cuales figuraban: Miguel Barreiro, Dámaso Antonio Larrañaga, Francisco Araucho, Tomás García de Zúñiga, los Bustamante, Pérez Pi- mienta, .\guilar, Escalada. Haedo, Gadea, .Mmin'in y otros más, " Entre estos patriotas decididos des- L-üllaba don José Gerva .N.rtig igas, c|ue va gozaba de mucho prestigio, y c|ue desde entonces se designaba como el fu- turo jefe de. las huestes orientales. " .¿Cómo, pues, no iban a palpitar al uní- sono de los corazones argentinos, los corazones uruguayos en aquella alborada de la libertad americana? Tan estrechos eran los vínculos, tan se- mejantes las aspiraciones y los propósi- tos, que el grito argentino de independen- cia tuvo en la provincia oriental un eco retumbante. Era de los patriotas uruguayos un ideal que se tornaba tangible, perfecta- mente practicable, ideal en el que con- vergían todas las actividades de aquellos hombres de férreos caracteres y de no- bles y firmes aspiraciones. Y aquella comunidad de ideales, at|uel paralelismo de intereses y de deberes han continuado subsistiendo entre argentinos y uruguayos a través del tiempo. Lazos de afecto, de unión política, alian- zas de paz y de guerra. Si los argentinos una vez ayudaron a los urugua- yos a libertar Montevi- deo de la dominación ex- tranjera, los uruguayos fueron arrojados actores en la victoria luminosa de Monte Caseros. Hermandad honda v grande ; hospitalidad nui- tua que trajo a Montevi- deo en las épocas le- janas del rosismo a los argentinos más ilustres, y eme hov ha llevado a millares de uruguayos a tierra argentina en busca ■ de un ambiente más am- |)lio y más factible para el desarrollo de sus ac- tividades. Por eso la efeméride argentina, la efeméride (lue es como una clari- nada de triunfo, tiene en nuestro espíritu doble repercusión. El 25 de ^[ayo se cris- talizaron las ansias- de los patriotas uruaruavos surg-idas el año iSoS en el primer Cabiklo .Abier- to, ansias que. estaban contenidas en los cora- zones ck todos kw hom- bres libres de .Xmérica y (|ue al manifestarse enérgicamente durante todo el cick) de la inde- pendencia, formaron la admirable epopeya que llena de re.splandores las ■páginas de la histoi ia contemporánea. A consecuencia de ella nuestros patriotas pudie- ron robustecer sus ansias y sus entusiasmos, tuvieron una norma de conducta a seguir en los días de lucha que se subsiguieron y apoyándose en los prestigios indiscutibies- de la Junta de Mayo, laboraron desde entonces con más eficacia por la independencia de nuestra l)atria. Mas aún : los colores que los patrio- tas ])orteños French y Berrutti usaron para distinguirse de los c|ue no alentaban como ellos anhelos de libertad, fueron también los colores que se ado])taron en la antigua Provincia Oriental ])ara usarlo como símboJo de redención política. De modo que desde entonces ambos ])ueblos marchan al consuno de as])ira- cíones v de luchas : la fraternidad no es sólo de carácter di])lomático. es frater- nidad de sangre, pues uruguayos y argen- tinos mezclan sus sentires y sus amores en millares de hogares y afirman de esta suerte los vínculos que se establecieron desde antes de las luchas por la indepen- dencia. ^•^ ^ 5^N ^ •^ C < > u ^ o* c T3 > ■i: > -;= UJ — ■C ly y - 10 > ;: W ^ J2 - -Q rj «y t/i TD . NJ ^ CJ <, ■« 5 ÍV u. W 1 > ^ 72 OJ H- -1 -0 c i:^ SELECTA Alguien, que tiene motivos gratos como para recordar aquellas épocas felices en que distinguidas aficionadas al canto, pro- ])orcionaban a la sociedad montevideana, momentos de intenso esparcimiento, al hacerse oir en fiestas de caridad y en celebraciones de efemérides, nos decía, tembloroso de emoción al recordar tan gratas sensaciones: "Es indudable, mis amigos, que el canto es uno de los más bellos adornos para la mujer. Nada más propio a su sensibili- dad, a su exquisito sentimentalismo, a' su delicadeza de expresión, que el canto; la forma más expresiva de exteriorizar manifestaciones de espíritu, de llegar hon- damente al alma de los que oyen y de producir intimas emociones de arte. Y noten ustedes que al hablar del canto corao excepcional adorno en la mujer, no hablo del canto adoptado o practicado como profesión ; hablo de ese don divino utilizado por quienss lo cultivan en di- letantismo y al así hacerlo, lo utilizan, lo llevan a las más altas expresiones artís- ticas, lo valorizan con refinamientos ma- gistrales y lo hacen deseable, como joya que se guarda y deslurñbra cuando se muestra. En otra época fué el canto utilizado como atractivo social, manifestación que, sino más intensa que ahora, por lo menos lie mayor lucimiento, pues las damas qu ■ con ese adorno lucieron gentileza y ta- lento', no desdeñaban mostrarse en las tiestas realizadas en los centros aristo- cráticos. Hoy estos gratos instantes Cque nos ¡)roporcionaran aficionadas tan notables cotno las de 'ntonces), no salen del marco intimo y redu.-ido de una soirée y sin que con ello pierdan en brillo, en cambio no pueden gustarlos más que un núcleo se- lecto o familiar. En época anterior a esta en que vivi- mos, y en la que yo me deslizo ya casi como una sombra que se va diluyendo (I)erdón por esta salida de caja), las fies- tas más suntuosas v más prestigiadas realizábanse en el Club Católico. Fiestas magnificas en las que la socia- bilidad de entonces concentraba todo su afán y todo su noble desinterés. Porque he de advertir a ustedes, que el fin de aquellas tertulias era en la mayoría de los casos de carácter filantrópico. Pena- lidades, miserias, toda esa triste etern'- (lad de dolor que hace siempre necesaria ( y cada vez más necesaria ) la caridad, encontraron en fiestas tales una solu- cii'in, un compás de espera, un lenitivo. Y en estas fiestas oímos, los que a ellas tuvimos cl placer de asistir, a las más distinguidas aficionadas al " bel can- to " que se impusieron entonces a la ad- miración de propios y extraños. Pero antes, aún antes de esta época ( y no se horroricen ustedes a! considerar que hablando de cosas tan viejas, puedo yo subsistir por milagro), antes de este ciclo de arte lírico social (llamémosle así), hubo otro que es el' que debe figurar i>rimero en los anales del canto en los sa- lones. Voy a remontarme con la imaginaci<'in a otros años má-s lejanos, a otro mo- mento de txplendor social. En aquel entonces (unos cincuenta años), la sociab'lidad montevideana pudo contar con damas de estirpe que a su distinción y a su belleza, tuvieron la for- tuna de unir la realidad de sus voces deliciosas utilizadas con gusto supremo. Voy a hacer memoria y a recordar nom- 1)res. . . Aguarden ustedes. . . En aquellos (lias las diletantes más celebradas fueron : Ercilia Reyes, .Mangacha Lasala, Ven- tura Estrázulas, Jesús Oereda y Julia Castellanos. .\1 sólo pronunciar estos nombres rindo un homenaje de admira- ción y de respeto a damas que brillaron con la verdad de su talento y fueron es- trellas en las reuniones de entonces, donde la armonía de sus voces era atracción poderosa para que fiestas donde ellas in- tervinieron alcanzaran éxito grande. Después que se apagó aquella conste- lación de triunfadoras en el arte del canto, hubo un así como paréntesis. Causas f|ue no tengo por qué enumerar hicieron que se marcara un prolongado compás de espera en estas manifestaciones gratísi- mas del arte en Jos salones. Y llegamos lu^o a otro resurgir de voces bellas y de espíritus cultivados cui- dadosamente para dar a esas voces expre- sión artística, la más acabada v la más selecta. En este segundo periodo hubo ima que fué culminación de aptitudes, de medios vocales v de alta expresión estética. Me refiero (y no sin profunda admiración re- cuerdo ese nombre), a Quina Arraga. ; Verdad que mi entusiasmo es justi- ficado? ¿No la recuerdan acaso, como ima de sus más intensas emociones artísti- cas experimentadas por ustedes en los que fueron sus primeros pa,sos en socíe- niomentüs tan gratos, tan intensos que una como niebla de melancolía llega en este instante hasta mi espiritu'al recordar cuanto era de extraordinaria la exj)r'sión dad? Quina .Arraga ha dejado 'n el re- cuerdo de los que la conocimos y la ad- miramos, un hondo sentimiento de gra- titud porque a su voz excepcional debimos armónica de acpiella voz, que la muerte enmudeció en forma tan inesperada como cruel. Perdonen ustedes este achaque de sen- timentalismo y anoten en sus carnets otros nombres de distinguidísimas afi- cionadas que conjuntamente con Quina .\rraga fueron objeto de admiración en nuestros salones. Anoten ustedes : Rosa Carril, Josefina Reventós, María Luisa Caimari, Clara Braga de Harley y Ra- faela .\rrien. De todas ellas conservamos gratísimo recuerdo y grande admiración. Fueron notables cantantes, poseyeron vo- ces dulcísimas y con ellas deleitaron a quienes tuvieron la dicha de escucharlas. Hoy... ¡No. no teman, no voy a caer en el vicio de los viejos que encuentran todo lo pasado mejor que lo presente! No iba a decir eso. Quería señalar el he- cho de que hoy las damas diletantes ya casi no i)articípan en fiestas públicas. Esto creo que lo dije antes, pero lo repito ahora. Y lo repito, para completar este florilegio de artistas tan distinguidas, con otros nombres que son tan admirados, tan reverenciados, tan plenos de los ho- menajes de nuestra sociedad. Me refiero a Luisa Valdez, Carolina García Acevedo, Justa Wilson y l'ernabela Herrera de Herrera y ,Reissíg. Y voy a terminar, mis amigos, voy a terminar en esta forma cronológica de evocar tanto espíritu superior y tantas cultoras del arte lirico, refiriéndome a un grupo escogido y celebrado, gentil conjiuito que triunfalmente marcha en procura de los laureles que lucen las que calificaré de maestras, los mismos laure- les (|ue dejaron las que fueron astros en otrora y que ya, para ventura nuestra, han reverdecido una y otra vez. -\noten ustedes todavía estos nombres : María Luisa Sáenz, Esther Vidal Arteaga de Etcheverry, Maria Elena Figari Cas- tro, Blanca Viaña de Martí, Alicia Mello Otero de Marexiano y Esther .Mvarez Mouliá. \' " finix ", mis anngos. El canto es un don que da Natura y (|ue el arte magni- fica, pero cultivado por personitas de tanta espiritualidad y de tanto senti- miento como las que yo me h€ permitido recordar, créanme ustedes, el canto es don del cielo y premio altísimo para quien puede escucharlo. " .\sí habló el respetable cabalkro, que se ociilta en el más riguroso incógnito, prometiéndonos para el futuro otras "cau- sseries '" tan amenas y tan interesantes como esta, que es nota grata en las pági- nas de nuestra revista. — S»tUtC I A — niooó María Cmilia Mu^<3iS Casterás María Hortes&sia S«rratosa Carvallio IPanchito Lasala Bofíil He aquí una obra hermosa, una obra de alta, de noble filantropía que se lleva. a cabo en forma admirable. Se trata de prestar socorro,, de corregir la mala, la deficiente alimentación de los niños pobres que pululan en Villa Muñoz, facilitándoles todos los días el pan que en sus casas falta o es escaso. No es sólo simpática esta obra por la obra en sí, de reparación y de fraternidad, sino porque llevada a cabo por niños, es también medio de educación moral para aquellos que la practican y para los que recogen sus beneficios. La obra caritativa, ejemplar y educa- dora se lleva a cabo en esta forma origi- nal y conmovedora. Consiste en distribuir una pequeña me- rienda, todas las tardes, a mas de cin- cuenta niños pobres, porque ese es el número que, por ahora sólo se puede so- correr. ¿Quién es el espíritu superior que ha inspirado esta práctica caritativa y la mantiene en actividad y progreso ? Pues un sacerdote nobilísimo, cuya bon- dad se derrama pródiga en los hogares menesterosos de la barriada obrera. El Padre Juan Diz es el iniciador de la obra, el que ha fundado y mantiene en Villa Muñoz una escuela para niños humildes y el que da alientos y renovación cons- tante de iniciativas a la institución deno- minada " Pan del pobre ". Forman esa Comisión las niñas : Elena ürioste Carve, Sofía Berta Pastori Gó- mez, Violeta Garese, Lucía Wilson Caste- llanos, María Josefina Pastori Gómez, alaría A. Pastori Brusaferri, Sara Hughes García, Cora Urioste Piñeyro, Berta Mar- tina Pastori, Laura Arrosa Balparda, Pola Suárez Füller, Rosarito Prevé Pastori, Isolina Ramírez Eastman, María Merce- des García Mollano y H. .\siain Márquez. * Nunca inspración más feliz pudo te- nerse al idear una tan brillante fiesta como fué la Fiesta de la Elegancia, mag- nífica realización de un pensamiento cari- tativo que debe elogiarse calurosamente. Una fiesta donde se expuso todo lo que de más rico, más artístico, más bello pudo imaginar la moda femenina y crear la actividad de modistos y modistas, para que en compensación de todo lo que esos trajes y esas telas reclaman para sí, de ello se restara una contribución, destinada noblemente a socorrer ajenas necesidades, a mitigar miserias, a dar alimentación a quienes casi carecen de ella. De ahí la hermosa Fiesta de la Ele- gancia, llevada a cabo por una Comisión de distinguidísimas damas, que preside la señora Josefina Gómez de Pastori, selecto espíritu femenino, mentalidad elevada dispuesta a realizar el bien con acierto, y cuyas actividades están dedicadas a esta obra de reparación social, tan prác- tica y de tanta eficacia. La Fiesta de la Elegancia se realizó en el gran salón de la Casa Caviglia, cedido, con un desinterés que mucho le honra, por el señor Luis Caviglia, que esta vez como otras veces se ha mostrado gentil. LA COMISIÓN QUE ORGANIZÓ Y PRE Sentadas de izquierda a dereclia: Elía del Cerro, Amelia Belfort Carril, Ciriaca M. de del Cerro, María Josefina Gómez Cib Paradas de izquierda a derecha: Margarita Benzano, Lolíta Iglesias, Plácida Serratosa Cibi Y fué una fiesta de elegancia suprema; fiesta como nunca se había hecho en nues- tro país ; materialización de un pensa- miento exquisito, artístico, refinado. ¿Cómo no serlo así cuando ella fué pre- sidida por la señora Gómez de Pastori, que la imprimió el sello de su propia ele- gancia? De tan culta dama y de las dignísimas y distinguidas señoras )• señoritas que componen esa Comisión se honra hoy Se- lecta publicando una fotografía, cuyo ""'^^ PRESTIGIÓ LA FIESTA DE LA ELEGANCIA lez Cibils de Pastoril Sofía Blixen de SuareZt Aurelia Brusaferri de Pastorít Elvira Serraiosa de Vidíella, Azema Martínez Correa, sa Cibils, Emilia Lemos, Margarita Belfort Carril, Maruja Martínez Correa, Sofía Suarez Blixen. clisé fué obtenido especialmente para nuestra Revista, galantería esta que de- bemos agradecer en lo mucho que vale. Visitamos la Exposición de Trajes. Y maravillados quedamos ante tanta magni- ficencia, ante tan grande esfuerzo culmi- nado en la presentación de magníficos modelos, todo lo más exquisito y lo más fino y lo más lujoso que puede idear la mente para adorno de cuerpos femeninos. Todas las casas más importantes de Montevideo contribuveron al suntuoso éxito de esta exposición. ¡ Qué esfuerzos de imaginación y qué perfeccionamientos en la presentación de los traj.es ! Todos, en una plausible rivalidad, buscaron de exhi- bir lo mejor, la más alta conquista del buen gusto, del chic, y aquellas saütas donde las figuras de cera vestían magnificas toi)et- tes, eran como un deslumbramiento de riqueza, "bonheur" del espíritu femenino, atracción irresistible de miradas, acicate de posesión y firmeza de buen gusto. Todas las creaciones de la moda, desde las más severas, a las más extravagantes, tenían allí su representación. Trajes, abri- gos, sombreros, diversos accesorios, todo lo que la mujer más exigente pudiera desear, estaba allí representado con un derroche deslumbrador de riqueza. Y para que no quedara un resto de duda sobre la verdad de tanta selecta va- riedad de trajes, los nombres de las casas más reputadas de Montevideo, ponían un como sello de gran valor en aquellas re- finadas combinaciones de telas, de pieles y de plumas. .\sí pudimos admirar, uniendo nuestro aplauso al aplauso de todos, los modelos presentados por la " Nueva Sirena " y los de Corralejo ; también los de Caubarrere, los de la casa Demateis y los que expuso la señorita María Teresa Fiora. Expresión altísima de suprema elegan- cia, grata fiesta para los ojos que podían recrearse en la contemplación de tantas magnificencias, extraordinaria manifesta- ción de buen gusto, afirmación de ele- gancia que habla muy en favor de nuestra sociedad. No hemos de terminar esta crí'mica sin dar a publicidad los nombres de las da- mas que componen la Comisión Pro Ni- iios Pobres de Villa Muñoz. He aquí esos nombres : María J. Gómez Cibils de Pastori, Ci- riaca Martínez de del Cerro. María R. Algorta de Scremini, Leonor Cachón de Correa, Sofía Blixen de Suárez, Consuelo Alvarez de Lasala, Valentina Díaz J; Por- tillo, Elvira Serratosa de N'idiella. Sofía Gómez C. de Martinelli, Carmen Lasala (le Peixoto, Blanca Usher de Heber Uriar- te, Enriqueta Williams de .Arteaga, María A. Brusaferri de Pastori, María Etche- verry de Pons, Rosaura L. de Gómez Ci- bils, Emilia Lemos, Pascuala y Dominga Carvalho .•\lvarez. .\nita Mané -\lgorta, Margarita Benzano, María T. Braga Sal- vañach, Emma Piera Muñoz, Elia del Ce- rro, Manuela Suárez, Cata Pérez Gomar, María L. Díaz Fournier, Lola Iglesias, Plácida Serratosa Cibils, Olga Portillo Díaz. -Azema y Maruja Martínez Correa, María Carmen Nicolich, Clara Orueta Correa, Corina Morales, Amelia y Marga- rita Belfort, María M. Nebel Panclo. A ellas las más calurosas enhorabuenas por el éxito alcanzado y en estas palabras nuestras vaya también como un eco de la gratitud que surge de los labios de los menesterosos que socorre esa Comisión, y que en la humildad de sus hogares ten- drán con el socorro una intensa satisfac- ción: resplandor de alegría, tan intenso como el d? las maravillas que a ese ple- cer dieron origen. SELECTA — 0=^. ><=5 — ^^ Como somos los hombres )^^^^ Cal!e 42. descendamos, si os parece bien. Una muhitud de viajeros abandona el vagón y otra multitud se encarama en él. — Din, Din y el ' ' Manhattan Elevated ' ' emprende de nuevo la marcha, mientras Juan Perkins baja por las es- caleras, mezclado con ia muchedumbre de los viajeios. Juan Perkins entra tranquilamente en su casa. Entra sin apresurarse, como hombre que tiene su tiempo bien distribuido y que hace todos los días !a misma cosa, sin que el horario or- tiTÍa |)ara lacer tertulia con el conserje... Juan Perkins sabe que toola vez más de veinticuatro horas. Consternado Juan Per- kins lee y relee la carta de su mujer. He aquí un can:bio en 'a rutina que no había previsto. Todo le habla a Juan de la ausente : sobre uno de los brazt)s del sillón pen ésta ha dejado de cantar. — ''Soy un triple idiota — pensó Juan Perkins — al tratar a Katy como la trato ; saliendo como lo hago todas las noches en vez de quedarme con ella. Soy un miserable. Es necesario que yo cambie radicalmente de vida, de conducta ante mi querida Katy. Xo saldré de noche, la lle- varé al teatro, a paseos : la comandita, del Club no me verá más. " ' Precisamente es la hora en que la tal coman- dita se reúne. Pero esta noche ninguna tentación lo podrá arrastrar : no abandonará la dicha de su hogar, que él había perdido semejándose a .\dán al ser arrojado del Paraíso. Un corsé olvidado junto a él le envía un deli- cado perfume de jacintos. Juan recoge la prenda y la contempla en silencio. Unas lágrimas, sí lá- grimas, verdaderas lágrimas, de amor y de arre- pentimiento, caen de sus ojos. Cuando Katy vuelva, todo ha de cambiar, él ha de reparar sus errores. ,:Qué puede ser la vida sin ella? De pronto la puerta se abre. Katy entra, con una maleta en la mano. Juan la contempla con estupefacción. Ella exclama : — ; Qué contenta vengo ! Lo de mamá no era nada grave. Sam me esperaba en la estación : y él me dijo que apenas había enviado el telegrama, la crisis habia pasado. Entonces, como yo no quería dejarte solo, desde que mamá no estaba enferma, aproveché el primer tren de regreso a Xueva York y heme aquí. Pronto, una taza de café, que me muero de inanición. La máquina de la costumbre en aquel hogar está de nuevo en movimiento. ¿ Se había dete- nido? Xadie lo podría decir. Fué ima detención brusca : la correa glisó en el volante, pero de un golpe fué llevada de nuevo a su sitio y el en- granaje continuó como antes a transmitir el movi- miento. Juan Perkins mira el reloj. ; Las ocho y cuarto I Y va en busca de su sombrero, dirigiéndose a la puerta. — ,: Dónde vas ahora. Juan ? ; Me darías tanto gusto diciéntlomelo !. . . V en el tono de ella hay el reproche de siempre. — Pienso ir un momento al Club, donde jugaré ima o dos partidas de naipes con mis amigos!... O. Hexrv — SELECTA — e a^er A fines (leí siglu X\'lll, nuestra capi- tal ofrecía un aspecto muy distinto de lo que es en la actualidad. Sólo ocupaba entonces lo que aJiora Ua.- niamos ciudad vieja, terminando en la plaza Independencia y la calle Cindadela. -Montevideo era a la sazón una plaza fuerte; la defendían gruesss muradas co- ronadas de numerosos cañones. En la actual plaza Independencia levantábase una gran fortaleza de espesas y sólidas ])aredes y guarnecida de cañones. Era la Cindadela. De este punto corrían de cada lado hasta el mar, murallas muy anchas y al- tas, que remataban por dos fuertes to- rreones llamados cubos. Esas murallas iban en forma de zig - zag, y tenían al ¡lie un pozo profundo i)rovisto de puen- tes levadizos. Casi en el extremo de la península, se hallaba el fuerte San José, de sólida construcción como la Cindadela. Fuera de muros, había ima gran ex- tensión de terreno despoblado, donde es- taba proliibido construir casas para que la artillería pudiera maniobrar libre- mente. El barrio de! Cordón es así lla- mado porque allí pasaba el límite o cor- dón que determinaba la zona despoblada. Montevideo era. pues, una ciudad muy bien defendida: pero su aspecto demos- traba la penuria en que vivían sus mo- radores. Las casas eran todas de un solo piso. I^a mayor parte de ellas estaban construidas con piedra sin labrar y barro. y no faltaban las de simple adobe. Los techos eran de tejas acanaladas y a dos aguas ; había, sin embargo, algunas azoteas. El aliuubrado era escasísimo y se hacía coíi velas de sebo colocadas en faroles col- gantes. Las calles no estaban empedradas, y en La CiudadeU q-ie fué luego el mercado, y es hoy la Plaza Independencia. tiempo de lluvia se volvían intransitables. "... Bajo humildes auspicios, despuntó el siglo XIX, poseedor del secreto de la inde])endencia de América y de la erección del L'rnguav en república libre. ¡Que ■^^^i Hombre del puebío en la época del coloniaje Una dama principal de la ¿poca de la Independencia grande era el continente elegido por la Providencia para fijar el porvenir del mundo, pero cuan mermados los límites del terruño que iba a servir de base a la nacionalidad uruguaya ! Sobre la margen septentrional del Plata, encerrado en un cuadrilátero de fortificaciones, erguíase Montevideo, re- sistiendo desde la infancia los embates de la guerra y las trabas del monopolio. Con título de ciudad' vegetaba al este el case- río de Maldonado, que preocupaciones e ineptitudes de todo género habían sacri- ficado al nacer. En el oeste, un montón de ruinas daba testimonio de haber existido Colonia. Hacia el norte, desde el Dav- mán hasta las Misiones, que pronto de- bía arrebatarnos el extranjero (en 1801 ), un fuerte denominado el Salto, interrum- ])¡a la soledad. Paysandú, .Mercedes y Soriano eran al- deas ribereñas; las dos primeras abiertas al progreso, la última estacionaria y l)obre. En el interior, ('.uadalu])e, Santa Lu- cía, San José y Minas se esforzaban por imi)onerse a los distritos de que eran ca- beza de partido. En el resto del país no se conocían otros centros d;' .-itracción que fortines militares, precaviendo la ac- ción del enemigo, o santuarios rurales manteniendo unidos los elementos que el acaso habia agrupado, o presidiendo el desarrollo de aldeas nacientes. Calculábase la población fija del país en poco más de 40.000 habitantes, de los que 15.000 se all)ergaban en Montevideo. Era Montevideo el centro desde donde irradiaban todas las manifestaciones de cultura destinadas a modificar las cos- tumbres. Desde la mitad del siglo XN'III se manifestaban ya en la futura cajiital uruguaya, destellos artísticos que atraían la atención de sus visitantes. La pasi<')n de la música en el bello sexo, hacía <|ue las horas de expansión y recibo transfor- masen toda casa acomodada en im centro musical. El trato con las familias de los altos funcionarios jirovenientes de la Península, introdujo paulatinamente el esmero en el vestir y la ornamentación adecuada de las viviendas. Se deseó la ilustración, y algunos i)adres pudientes enviaron sus hi- jos a los colegios superiores del X'irrei- nato. mientras otros los enviaban a Es- paña misma. Estos progresos de la cultura intelec- tual v social trascendían al interior del país, influenciando los centros urbanos, (jue a su vez actuaban sobre las masas campesinas, para formar entre todas un núcleo de civilización consistente, desti- nada a modelar los contornos de la na- cionalidad futura. " Mujer del pueblo en la misma época — SELECTA — EL P. Larrañaga nació ef iO de Marzo de 1771, de una familia principal de MontCTÍdco. Desde muy joven notóse en él una verdadera vocación al estado eclesiástico. Despuis de brillan- tes estudios en Buenos Aires y Córdoba, pasó a Fio Jar-eiro, donde fué ordenado de sacer- dote. — Larrañaga tuvo gran participación en los asuntos politicos. — Admiramos su patriotismo como capellán del ejercito reconquistador de Liniers y en el Congreso Nacional de 1813, siendo uno de los diputados enviados a Buenos Aires para representar la Provincia en la Asamblea Constituyente A ¿1 atribuye Bauza la redacción de las famosas Instrucciones de aquel congreso. — Ocupó puestos notables durante la dominación brasileña y después del año 1825. Fué mucho tiempo Cura Rector de la Matriz, y en 1832 al separarse Montevideo de la diócesis de Buenos Aires, fué elevado por el Sumo Pontífice a la dignidad de Vicario Apostólico de la República. — Hombre de tan altas condiciones, y que sabia hermanar la ciencia con la fe en estrecha unión, debía encontrar en la astronomía ancho campo para solazar su espíritu y satisfacer el ansia de la imaginación, extasiándose en la contemplación de los mundos invisibles. — Esta afición y la de otras ciencias, fué causa de que el Dr. Larrañaga perdiera el sentido por el cual más gozaba su espíritu: la vista — Hay que contar entre los méritos de otro orden, que adornan al ilustre Dr. Larrañaga, la inauguración de la Biblioteca Nacional, dando cin-a al proyecto de su querido amigo el Dr. Pérez Castellanos; la iniciativa de la fundación del Asilo de Expósitos en la Casa de la Caridad, y la fundación de la «Sociedad LanCdsteriana». Fall ció el 16 de Febrero de 1848. Contaba entonces 77 años de edad. B'niamfn Fernándrs y Medina. r ■ «7I^L^L«V ■ rk ■ e la realeza SPAÑA celebra en este mes dos fechas de alborozo : una de libertad y otra de democracia. La primera es la que dio al pueblo español su independencia legitima ; la segunda es el natalicio del Rey Alfonso XIII, el joven Rey que ha dado a su país más dere- chos y más beneficios, que posiblemente, pudiera habérselos dado un gobierno re- publicano. Su carácter sencillo todo lo que en las prácticas palaciegas ha eliminado ¿1 de rígido y de ab- surdo, lo han colocado más cerca del pueblo, en contacto con él, y por ende en condiciones de ^\v f^>^v^ Kx^^ /^\\v (.^^^v ^^ys^(^-<>^^yA-h)j/Mj ///^j) ///roí ///^,>////7)) y///?i///^M P I ,.-,,, ,.■ , :.., , A . ■ ii.il • ■, .■ V. I . i. ; 1 M ■ •■ ' ■■."i.i .,. , 1 ','i''u,.i... ' Au. "r'„^, H l:,M 1.. .. I .. : .i. 1. M. ■,...■: >... |l, .1,- Pi A I. II. ,'. K, .■ . , : 1 i, P, . i. I , < .r i.i.l. \ , .i .-r,,,! I i .!. \', ,,,,.. A...-t.,l: .. .i^- ^. h'.l'^t ' (.■ . . .i.- ■t ií,,. I,:,- .1 : .n -■ ,;,■ I.. ■ ., ., : ,..^. 'II 1, M ¡.i^i. 1.. IM . ,1 in ■;.■ F.l ..■•.. 1. II .. U- ,■ la I. /• .i;. si I ; 1^ I \ --^ De ]ls\ r(Bml(B¿iB\ (-. ■^{üja--'- !i\) '-^ y Kí''' \) I.,, i:, ,!!,-•., ,■- ■., : ,■ vi r.al.i'i.-i" i.-i K'.- . rubli..ir..i. Su v,ii.i.-Kr Ni-n.ilii. lo.io :■' ::...- ■■ -\ir.-i.i. lo i, .111 ^-.-)liiv,t.ii> M!,!^ ..■;v.l A.' c-.ijli.i! ^-í.- ^■.•i..i ^ti. quoi.l-. ^11- .i;i' .■;. I'.- un r.T.T.l.H.-vu !■; .■\ .i.nlM.-.il.i. ; ..1- qi.o a.- r,-v^~. i.- ;.'- ;u,- .11,11, ,i ■■: lu-v ^'^i.l.t.líS \- di-t,-tli.lll i,l » i,I! •',;::!, 1^ '"r ■-■.1 biuMl.t i!l^["iv.u i'ii;. l'.-i,' i"l ■ar;; >. ;i; t,! '.vtu II iri dr in.u ,ií:.ib;v- V t uu . n ju .1 - m ■ Alluil-u XIII |iu-.1>- d^'.i- ..Mi ,■■ .;, bu. s.iliM .1 1.1 :u.vi.lr:íiu.i .--l i:-.i;,i. Si .-.■ M, puv-blu \ ,! j-u.vl.. lu ,u,iuiu. .1 1.1, i-i iiit.-!iM n.- TA-b^-Iiuii vi.ii:.-,i MI ; ; _;nt' i"!l pi.iiiu. d.- uu ii; .'-..i'^M ^". ■::;,' .■ Iiinlu .1 i'vt.i li^.ir.i l,:r, ..,:;ir..l;, ,1 X.., i,-|,-iniu., .1 1 1 K.ui.i \'ki.í...,. :,• Kiuv d-- -u ..1.1. .i.i.i.i J-.-1 .-ntiru .i! , J-.-Mll hb'i. d.'dic.l.'i.i .""11 >n! ,:■-:. 1 .;r .1 !u^ uicnc su'ri.vi,.. .i !"- qw« i,i ii,-*,! ,^ (.!uniu pu.^ .H.- !.i .".un 1 v.-;i."i.i d. I,; s.lili^r.' i'ii^u os. .1.- 1.1 riiii."i"s.i s,i...ii Kn Tvicslr,) ,;...b.id.' . i- J-: .i.iu. lu.o. . . .:i , p. >n iMi uu i^rup" i lu ,i ;il.i ."i..^. I ..s bii.is A; 1,.. K.-V.-S ,i." I".:- ■! 1 b, -u ,-l,..ii . 1. -u^ . - i.r,- ,. 1.1, ,.!-.-i,, — MnLbCi A I Aíiucüa noclu' salí (le casa pcrfccta- nit'iUe decidido a averiguar la verdad. K! cielo, sin un as- tro, encapotado por las revueltas nubes de tormenta, parecía un inmenso lomo de grafito. Por instan- tes, una culebra de fuego boradaba la nocbe. y a poco, el sordo redoble del trueno, sal- tando de monte en monte, hacia temblar los ár- !)(>!es y ponía en fuga las manadas de lobos bam- brientos. Kl viento y la lluvia dificultaban bastante mi marcha. Dos veces ya, en medio de las tinieblas (|ue se amontonaban sobre la tierra, a la vera de grupos de árboles, había estado a puiUo de caer. Pero uada me desanimaba. Tenía (pie ave- riguar, aún cuando me costara la vida, qué .mis- terio envolvía al viejo Saale. Mis noches sin sueño me resultaban intolerables. La imagen hirsuta del entliablado viejo, desde el hallazgo de los rubís y esmeraldas, me perseguía sin segundo. Una fiebre extraña, que me arrebataba hacia el misterio, latía en mis venas. Por lo demás, en toda la comarca la misma curiosidad envenenaba !a existencia de sus pobladores. Todas las noches, apenas las sombras se abatían sobrer la tierra, cien ojos escrutadores se clavaban en el mismo rincón del vaMe: allá abajo, entre el grupo de retorciólas y vetustas encinas, el extraño resplan- dor lívido filtraba entre las maderas de la ca- bana del viejo Saale. Algunos hombres que por acaso, alguna vez. habían tenido que abandonar el lecho a altas horas de la míchc. contaban ha- lier visto siempre aqitel resplantlor. ;Oué podía estar haciendo el huraíío vieio en scmeiantcs cir- cunstancias? T-a verdad es que las costumbres y modos del personaie no eran de las más aparentes pnra infundir confianza al . ví^rindario : iamr'i-^ diriiría la palabra a perdona al trun a ; si se le sa^idaba. quedaba '^in roni-'stación el saludo: sí se buscaba su nroxímidad huía como una fiera sorprendidn. Mi úbimo encuentro con él. ha- Manie decidido al fin a intentar la emnre=a de so^-nrcnder su secreto. Vagaba una tarde por el claro del bosque que se amontona en e^ fondo del valle, soñando, for- iaudo mn'merns. pscnchando una estrofa n•^r batía su-i rdas en c' fondo de mi ahnn. pronta a re- montar el vuelo. De pronto, un cárabo extraor- dinario fulguró ante mí como un joyel de pedre- ría. Kra uno de e.-^os hermosísimos insectos a (inien Fabricius dio precisamente ese nombre — eárabus gematus — por el brillo cobrizo, de pie- dras preciosas, que refulge en los bordes de sus élitros. Kxtasiado contemplaba el cárabo, diva- gando ya la forma de asociar sus resplandores al verso que germinaba en mi cerebro, cuando otro insecto extraño, de un verde esmeralda in- tenso, con élitros de oro y abdom;en azul, pasó c^mio una flecha de iris, multicolor y relampa- gueante, sobre el verde mate del boscaje. ',Qu(^ maravillas hace la naturaleza!, pensé para mis adentros, exaltado por las opulencias prismáti- cas (pie durante un segundo vibraron ante jpi vista. E hice el propíVsito de volver a mi cstrota. Pero un súbito rumor de ramas tronchadas y de hojas sacudidas me dejó clavado en el sitio. L'na exclamación extraña, no sé si de ira o de sorpresa, había precedido a la mía. Luego, v.n enjambre de insectos fulgurantes se desprendió lie las matas removÍeuas si tuve ' tiempo de reconocer al \iejo Saale. y ya estaba yo ()tra vez solo, ro- deado de silencio. Mas lo extraordinario del caso fué que. al reponerme de mi .sor])resa e inclinarme sobre el Mtio donde debió estar oculto el huraño perso- naje, hallé sobre el sueh». junto al ])ie de un árbol, unas piedrecillas diminutas, verdes y rojas, que centelleaban extraordinariamente. Póselas en la palma de mi mano para contemplarlas mejor, y ¡cuál no sería mi estupscura y. guiándome p(tr una línea luminosa (pie se ad- vertía en el fondo, di con tma pared de maderas toscas. Mi mano febriciente palpó aquí y allá. Súbitamente, el frío de un pestillo fijó mis dedos. Sni \acilar. auiupie con lírande precaución, abrí !a DtuTta. ^' (pu'dé petrificado. l".-taba en una mísera habitación, iluminada funambulescamente por el fuego de un hornillo. \' a aípiella mezquina luz. que Címtribuía a fal- s-'íir la imagen de los objetos, dándoles extra- ñísima^í formas y contornos endiablados, pude ;iflvertir. sin enibareo, lo que se hallaba más pró- ximo al hogar. Stibre una gran chimenea, retor- t'is V matraces. ]>robetas y frascos, rebu'lían en horrible desorden. Kn mc(ho de unas brasas, res- plandecía un alambique. Por el suelo, sobre una tosca mesa de pino y en anaqueles a lo largo de );is paredes, veíanse en endiablada confusión bo- It'i'as. serpentinas, cubetas, viejos pergaminos, in- folios desgastados, cráneos humanos, esferas si- derales, compases e instrumentos de magia, signos f-nha'isticos v osamentas de anima'es extraños. I".n una ])alabra : era aquello la real reproducción del agua fuerte de Rembrandt que representa la ce'da del doctor Fausto. ; Kstaba. pues, en casa de un alquimista, de lino de esos tenebrosos discípulos de Flamel que aún aparecen en medio de nuestra civilización? X'o tuve mucho tiempo para reflexionar sobre el caso, í'na mano huesosa acababa de apoyarse sobre mí hombro. — ;Qué quiere usted aquí? — interrogaba con voz agria >■ descompuesta el viejo Saale. que había entrado sin yo advertirle. T,a sorpresa me dejó mudo. Fntonces él. reco- nociéndome, cinitinuó más calmado: — : .A.h ! Ks usted, el joven poeta de allá abajo, ^'a lo comprendo todo. Ha querido usted pene- trar mi secreto. Ha tenido usted la misma curio- sidad que los rústicos. Yo creí que los poetas amaban y respetaban un poquillo más el misterio y lo desconocido. Y la curiosidad le ha hecho a usted más osado que a toda esa grey de imbéciles que viven del otro lado del río... Mientras esto decía, había encendido luces v nrri'írlado sus trastos, sin dejar de observarme de reoio. Yo me encontraba tan turbado que ni por u'i instante se me ocurrió la idea de escapar. De pronto el viejo Saale se puso a sonreír tristemente. — \'^nva, no esté ahí usted tan azora-do, sién- tese. Ya ve une yo, (pie podría mostrarme irri- tad.» n ofendido, po lo estoy. ^; Xo ha venido lis- tel para snber? Pues bien: satisfaré su curio- sidad. .\'gún día habría de haber revelado vo mismo, a alguna .academia o Sociedad científica, n^i secreto. Se lo revelaré a usted primero que a los otros: eso es todo. Xo me desagrada que sea un ]>oeta el que coja la primera nueva. Pero, está usted temblando, hijo mío. — añadió: — si tiene frío. allégue>e aípií. al hogar. Aquí tiene un banco. Kncogido todavía por la sorpresa, a pesar de sus buenas palabras, fuí a sentarme. Saale me detuvo cf)n un gesto, a fin de retirar una caja jue yo no había visto colocada sobre la silla. —Aguarde usted: he de sacar esa caja. — Y con toda naturalidad agregó: — Son las piedras preciosas. — ; Las piedras preciosas? — interrogué, sa- liendo de mi mutismo. — Piedras preciosas, sí : — repuso el viejo. — Vea usted : aquí hay esmeraldas, rubís, diamantes, tunpiesas, amatistas, záfiros, (ópalos, jacintos, to- pacios... vea, vea usted. — y diciendií, había abierto la caja y hacía centellear entre sus dedos descarnados la lluvia multicolor de la fabulosa pedrería. lista vez el asombro me causó un escalofrío. \''A viejo Saale me nv.ró sonriendo y, sin darme tiempo de balbucear una palabra, añadió: — Xo he robadf) esto, ni lo lie fabricado tam- poco. Son los últimos vestigios de mi fortuna. \ti he sido inmensamente rico, a'lá en Yeypoore, en el Indostán. Pero, a usted ,:qué le importa lo que yo he sido? Soy \m pasajero de la vida: be lle- gado aquí desde remotas regiones; He sufrido mucho y muy hondos han sído mis desengaños: he estudiado balitante.: pero no S()y más que un hombre, l.o í|ne he sido no importa: lo que hago ahora es lo esencial... l'jitonces. aproximándose a mi oído, con una voz distinta, murmuró brevemente: — A estas piedras les infundo vida. Miró, regocijado, la sorpresa de mis ojos. y. sin vacilar ya. con un entusiasmo febril, (pie au- mentaba a medida <|ue hablaba. i)rosiguió : — He sorprendido el gran misterio que habían descubierto los antiguos derviches de mi país y (ni" fué luego perdido cuando a él llegó la raza maldita de los con(pnstadores : las i)icdras ])re- c'osas tienen un espíritu. ¿Xo ha oído usted con- tar que cierta clase de esmeraldas envejecen con el tiemmt. tornándose blancas? ; Xo ha leído us- ted alguna vez que el topacio llora lágrimas ca- lientes? ;Xo conoce usted el aereolito de la Kaabab tuie veneran los musulmanes y que ha- biendo sido blanco en su origen se ha convertido en negro por los pecados de los hombres? ¿ Xo ha escuchado usted nunca la leyenda de la roca del inca Manco Capac que al ser volcada sacri- legamente por éste dio vida de su seno a un p'inaga'lo que fué a anidarse en el seno de otra roca. ; Ah, amigo mío! La inepcia intelectual del hombre, su orgullo vano, le hace reir de muchas co.^as que no entiende, que juzga estúpidas o su- persticiosas. Y así él mismo se ha cerrado el gran libro de la verdad. FJ fetichismo, que se ense- ñoreó de todos los hombres primitivos y de los grandes pueblos antiíriuis. tiene un fondo de ver- dad esencial une la sabiduría del hombre moderno no ha entendido. KI alma de lo? antiguos, sencilla, ingenua, desprovista de las especulaciones de los modernos, era una gran alma adivinatoria, por- que estaba en más íntimo contacto con la natu- raleza. Kl fetichismo, como religión, fué un ab- surdo; pero su verdad fundamental no puede ser destruida por nadie. ; Xo le dice a usted nada la fuerza de atracción de los imanes? ,;Qué es ese fluido extraño de luia i>iedra bruta y tosca para atraer el acero? ,;Y qué me dice usted de los betylos. de que nos habla el m'ismo Plinio. con- sagrados por los griegos. — esos mismos betylos (Mic constituyen las siete piedras negras del templo Krck, en Caldea, que tienen una leve palpitación y un suave calor interior como de corazones vi- vos? ; Qué le parece a usted la virtud del amianto para resistir la acción del fuego, que nadie resi.ste sobre la tierra? ;qué. la virtud de las perlas que sufren como mujeres? ;qué. la virtud del ópalí) que atrae la desgracia como un ananké? Sí, amigo mío: las jiiedras tienen un espíritu que nosotros no cí^nprcndemos. que rechazamos porque no lo píídcmos concebir... Fntonces. irguiéndosc. con una exaltación ma- yor, agregó Saale: — Pues bien : yo he logrado despertar esas al- mas dormidas: y he logrado algo más extraño aún... ¡oh. .muy rudimentariamente, es cierto!... pero lo he logrado. ;Le agradaría a usted sa- berlo? Yo empezaba a estar intranquilo oyendo hablar así al extraño viejo. Él, sin percatarse de ello, continuó entonces: — He h^grado convertir las piedras preciosas eir insectos vivos, despe-rtando el espíritu que duerme en el seno de la roca. Por medio de e.se licor que bulle allí, en ese alambinue. despierto esas almas, niodífico la composición química de esas piedras silíceas, transforino los estractus en células, dov vida animal a los óxidos metálicos, convierto los colores de las piedras en los es- maltes policromos (pie refnÜgcn sobre la capa- razón, las alas y los élitros de los insectos. ¡Y (pié maravillas obtengo cuando ataco química- mente, con mayor o menor intensidad, los óxidos — SELECTA — (le plomo, las sales de ci>hre. los silicatos de a'ú- hiiiia que informan esas ¡¡iedras! ¡ lüitonces yo. Saale, o minino cjiu' el Creador, creo los insectos que anhe'o ver refuljíir Itajo la hiz del día, entre los árho'es del hos(iue y los parterres de los jar- dines! Del verde de nna esint-ralda creo nna Cin- eiiiela (lue parece mía brizna de hierba fuljín- rante iluminada i>or nna luz interior; dtd rojo de un rubí huno im Ivstafilino de esos que jmlulan en ios bos(|ues con sus alitas timas en sans^re ; del aniaril'o do im topacicí obtenjío un Hidroporo, esa especie curiosa del lago salino de Mansfeld. Con dosis sabias y rebuscadas, he ínfundidii vida a líMlas las pietlras ¡ireciosas : al záfiro, azul como nn cielo de Xápoles; al rubí, rojo como la en- traña de una gacela; al topacio, amarillo como una brizna de sol : a la amatista, violácea como nn crepi'tsculo ; a la periclasa, gris como una niebla aniárlica : al jacinti). amarillo verdoso como una playa submarina; a la esmeralda, verde como una pradera en flor; a la cimofana, aceituna como el cutis de una mujer árabe; al granate. C(dor de siena como los (leiirios de -Xerón ; a la turquesa, celesle como una noche de Uuksor ; al ojos; me exigió luego (|uc lo paljiara. (|ue hiciera lucir sus luces, que lo analizara Inen. Después, como un demente, cogió de un estante una pe(|ue- ñila reuspenso, dudando dei mi- lagro, pero, malgrado mío. ¡iresiníieiido algo fa- bnlosit y desctmcertante. — Ahora verá usted, ahora verá, — repetía il viejo Saalc, los ojos chis])eantes, revueltas las Iiarbas; temb'orosas las manos: — ahora verá e-te' topacio transformarse en un extraordinario Teleforo, en uno de esos gusanillos amariilos que caen en invierno, con las primeras lluvias, en ei Rhiii. en Hungría, en Succia... Ahora verá. Una gotita minúscula aparwió en el cuello del frasco, tembló un instante en su borde, se alargó, se estiró, se desprendió al fin, cayendo sobre a piedra unos con los otros. I\ra un hormiguer.i d.- vi'la ; una puru- iación de gusanos, im u imaginación ? Súbitamente el corazón me (lió un vuelco. Mis ojos, clavados sobre la piedra creyeron soñar. Imi mi garganta hubo nn gemido de admiración. Allí, entre los dedos rígidos del viejo, el topacii> oscilaba, parecía balancearse con los movimieiUos torpes de un aprisionado insecto. Después, len- tamente, el topacio, que ya no era un loi)acio. sino mío de esos "gusanos de la nieve *'. empezó a tre- par por la mano de Saale. Kra como una larva de ámbar animada, ondulante. atercio])elada. ¡(pié vivía! Saale exultaba, radiante. Di j érase tpie estaba ebrio de felicidad. Pronunciaba frases incoheren- tes ; lanzaba interjecciones guturales extrañísi- mas. Pero ya se había vuelto hacia la caja y sa- cado de ella varias piedras más: un záfiro, un rubí, una obsidiana, un carbunclo y diversas ága- tas. ^', con frenesí creciente, como poseído de una locura creadora incontenible, cogió en los anaqueles cinco o seis frascos y empezó a verter sobre aquéllas, diminutas gotas de licor, mez- clando y combinando las dosis, gra;t< mariposas, de colores nuihiples. de dibujos sor- prendentes, de extraordinarios caprichos, recor- tarlas en triángulo, en óvalo y en elipsis, confun- diendo vn el batir de sus alas sus nianclia> azu- les, rojas, verdes, negras, amarillas, como un rvvuelo de flores aladas, como una dislocación del arco - iris (pie cayera en ])e(íazi)S sobre la tierra. 1-11 viejo Saale dejó entinices sus frascos y vino a ponerme una mano sobre el liombro. Tuve un brusco soI)resa!to. como ipiien \uelvt.' de un sueño maravilloso. — ^' asi. para dar vida a estos insectos, he ido derrochando mi fortuna. Ahora, cuando concluya esta reserva de piedras preciosas, seré un pobre, un miserable que tendré (pie mendigar nn jK'dazo de pan por los caminos. Xo sé que contesté a aquel hombre extraor- dinario. Estaba completamente aturdido. Creíame sujeto a una fantástica alucinación. Al fin. me despedí del viejo, para partir. Ibame ya. cuando la última frase de Saale se clavó en mí corazón como un dardo de acero: — \'aya usted. i)oeta. Xo me desagrada haberle revelado mi secreto a nn liombre que, como yo mi fortuna, arroja al mundo los tesoros de su es- l)íritu y las claridades de su cerebro. \'aya us- ted, joven. \' a(iuella noche conocí la tristeza más honda de mi vida. V'ícToK I'kkkz Pi;Tir. SELECTA — O Garden Part: Legaciói Argentina EL anilneiuc no podía ser más amable; la ilecoración más hermosa. Uos amplios jardines de la I.csación Argentina son unos de los más bellos de Montevideo. .\llí el trabajo de muchos años ha acumulado infinidad de plantas de toda índole, las que. prolijamente cuidadas ofrecen todo su en- canto de co'or y perfume. Xunca mejor escenario que este, pudo ser ele- gido para la celebración de un Carden Party ; delicioso espacio que la amabilida fueron meras sonrisas de trivialidad, efi- niera galanteria o crítica ro\vn ofrecía al general Ualcarce bautizar con su Uimibrc el hnque más velero de la es- cuadra, en recuerdo de! (pie firmó el parte de nuestra primera victoria. Mientras señoritas y cabañeros flirteaban en la danza, la- amalVe dueña de casa dábase tiempo para secuestrarse breves momentos en el aposento de sus secretos y trazar con la velocidad de su pensamiento pá- innas (pie han (piedado hasta nuestros días pal- pitantes de sentimiento patrio. *»* Delgada, de baia estatura, no llegó a ser una belleza, al par de la de sus hijas y nietas, re- marcables tipos de esbeltez, sobresaliendo, sí. por .Miuélla otra más durable belleza de la inteligen- cia. C(mio lo comprueba su atracción, rodeada de todo In más distinguido, y por .su gran cora- zón y obra'í de beneficencia, que en pos de si ha deiado. Sn fina educación, desde los primi- tivos tiempos de la patria vieja, le hacía descollar, así en su fácil expresión en diversos idiomas, cual por sn habilidad en el clave, el arpa y el eanto. De sn i'uslraci(>n como escritora dejan muestra numerosos ílocnmentos en el archivo de la Sociedad de Beneficencia. Kl general Cuido la eoiTii)ara en sus cartas a ^fadamc Récamier. y el poeta Kcheverria, oyéndola canrar al arpa sus jioesías. en música de F.snaola. la denominaba la Corina del Píata. Kn una de esas tertulias, desunes de encar- gada la sociedad del Colegio de TTuérfanas. tuvo ocasión íle escapar a sn saloncito para escribir, entre dos rigodones, la siguiente plegaria: "Ora- ción que se enseñará a los niños expósitos. — Padre nuestro que estás en los cielos, tú eres nuestro sólo Padre. ; porque los que nos dieron el ser nos han abandonado y arrojado al mundo sin guía ni amparo ! Ko los castigues. Señor, por esta culpa ; pero dadnos resignación para sopor- tar nuestra orfandad. No permitas que cuando nuestra razón se desarrolle, sintamos odio y rencor contra los autores de nuestra desgracia : (Uie ella nos sirva de eiemplo para no imitarlos: dadnos. Señor, entendimiento para aprender, a fin de que podamos adquirir con nuestro trabajo nuestra subsistencia. Haznos humildes, pues ten- dremos tantos motivos para que nuestro amor propio sea irritado; dadnos un juicio recto para sabernos conducir; no nos abandone jamás tu misericordia; inspira caridad a los corazones (pie nos protejan para que no se cansen de nasotros, y ¡ haznos. Señor, dignos de tu gloria ! '*. La sociedad elegante de entonces, como al pre- sente y en todo tiempo, siempre ha sido dispen- diosa. Aunque en los tiempos que tradicionamos, al chocolate de la tertulia no seguía la mesa car- gada de flores y frutas, ni la muda actual del nuevo traje por noche, ya bahía empezadti a venderse en solares la gran manzana de esta he- redera que limitaban las calles Cangallo, San Martín. Cuyo y Florida, por sólo catorce mil. la Quinta con lagares y esclavos, y posteriormente en diversos lotes, h)s terrenos de San Isidro, excepto el contiguo al que habitara (lioy pro- piedad de la sucesión Gramajo), que regalo a una de sus íntimas p^ra tenerla más vecina. La casa que describimos a continuación, de tres altas ventanas con rejas (aparecÍen8 de la calle Florida (hoy -73). y subiendo sus cinco escalones de mármol, daba enlrad:i al patio. Por la primera puerta de la derecha inlrodncíase al gran saUín, tapizados sus muros de ri( piísimo damasco de seda- l'.n medio del techo de eS] te- jos, enmarcados en espléndido maderaje. iK-ndia mía riíiuísima araña de plata. \ l.'i gr.iu ebinuiua francesa en el centro había ya sustituirlo las an- tiguas copas de bronce con fuego. Muebles de brocado amarillo, bajo cortinaje de lo misnic». com- pletaban su mobiliario: hacia el testero ojuiotí» al alto estrado, el ama y el clavicordio, donde ensayó el maestro Parera la música del Himno Xacional. h'loreros y zahnmadi>res en las es- (piinas. y sobre mesilas o consolas de pie de cabra, a'tos espejos venecianos con plateados mar- cos de lo iTiismo. Suntuoso era el aspecto de aquel salón donde baila!>aii la contrarlanza. el minué, la polka de va- riadas fiíruras. en que se lucia el i)iececito sobre medias finísimas caladas, o bordadas de oro o acero, zapatitos de raso negro can atacados, el traie .sobre el tobillo, muy tirante la pollera, el talle corto lo mismo, de dos mangas anchas, peinetones y nei?iado de bucles. Kn medio de aquel ondulante jardín de bellezas, destacábase en su salón color de oro. elegante y coquetona, la señora de la casa con sn es])léndido collar de perlas, pero de menos reflejos tranipiilizó mi espíritu y el mar. Allí no iba tan mal. rodeada de la i)rimera s.>ciedad. en corte que damas y caballeros son tau ;\mables y obsequiosos. Jóvenes como Uie^o .\1- vear. Posadas. Costa, la familia Kernet. Daniel. Carlos y Eduardo Cuido, me hicieron con sus aienciou'es y cuidados olvidar los sufrimientos de la tormenta. \\ día sitiuiente de uu baile de corte ( todavía mi nieta hMoreucia guarda el vestido Clin el cual, del brazo del ministro arjíentino, jje- neral Gniílo. hice vís-avis al joven eni]>erador ), me invitarou para una merienda bajo la casca- diña en Tijuca. donde el marqués sombra i>or toda la vida, y también los azahares de su velo de ■ de lo bidlo, indul.geii- cia notable y urbanidad exquisita daban a sn trato, a sus confidencias >■ a sus cartas cierto encanto que constituía el amable imperio vencido sobre su virtud. Por esto, el reloj que desde la chimenea de su alcoba marcó la hora de su muerte, había señalado muchas veces a Saave- dra, Belgrano, Rivadavia y Pueyrredón, a pre- sidentes, ministros y diplomáticos, la hora de sus tareas, rletenidos por su atrayente conversación. .\(piel reloj sigue parado en su i'tltima hora, y I doble coincidencia!, decrépito y carcomido, se- cándose el árlKjl plantado a su nacimiento, murió con sn dueña. P. Oblifido. ' SCLCW I A ' tL PÑsmo mp/?tjmrt El distinguido caballero, don Alberto (■■i')niez Ruano, ha tenido la g^entileza de facilitarnos unas curiosas fotografías, las que forman parte de una historia gráfica — digámoslo así — de la edifica- ción en nuestro ¡¡ais. En esas fotografías han (|uedado fijadas las características de las puertas de las casas de la época del virreinato y de la Independencia. Puerta de construcción colonial, pero más decorada 25 de Hayo, 229 Puerta primitiva, calle Colón I42I En la parte superior: Puerta de la casa Piedras 562. Abajo: Puerta en la calle Piedras y Cerrito mostrando los primeros ventanillos En esa colección, adquirida paciente- mente por el señor (ii'miez Ruano, se ])uede observar jjaso a i)aso la evolucii'm que las jiuertas de las casas de Montevi- ileo siguieron desde la época ])riinitiva liasta el momento actual, de refinamiento, de boato y de arte. En los interesantes apuntes con ipie el ilustrado caballero, don .Alberto (ii'nnez Ruano, acompaña esas fotografías, se re- cuerda el sistema de ])rinu'ra habitaciim utilizada por los que f^indaron la ciudad de Montevideo, sistema <|ue después fué usado en canii)aña hasta una época re- ciente, Xos referimos al " rancho '', levantado con ])¡edras sin argamasa y recubierto de cueros para evitar las filtraciones de la lluvia. En esas ])rimitivas habitaciones oficiaba de puerta, un cuero de vacuno, secado al sol y tendido ante la entrada del tugu- rio, sujetándolo de uno (le los extremos inferiores en ima estaca que se fijaba en el suelo. El otro extremo quedaba libre para dar paso. La;s |)rimeras ])uertas de madera fueron construidas toscamente por los españoles con talilones (lue se unían por medio de grandes remaches. Puertas sin tableros y sin más concesiones a la estética que tm ventanillo. Estas puertas se cerraban con ])esadas trancas cruzadas de pared a pa- red en la Darte interior. Los tableros, los rudimentarios ador- nos, el medio punto y otros " lujos " apa- recieron después. En las fotografías que ])ublicanios, inie- den verse algunos ejemplares muy carac- terísticos y muy hermosos. La " rejilla " que se usó primero apa- rece en una de esas puertas, abarcando un esi)acio reducido. Era im ventañüio de grandes i)ro])ürciones construido en hie- rro forjado. El buen gusto fué imponiéndose len- tamente, a medida que la industria podía' desarrollar sus actividades y perfeccionar sus obras. Los remaches fueron disimulándose. Se comenzó a usar el encastre y en la época de la Independencia va existían en Montevideo casas que ostentaban puer- tas muy hermosas. J loy la edificacii'm ha progresado en nuestra capital de una manera asombrosa. Existen mansiones señoriales que mues- tran i)uertas calificadas como verdaderas obras de arte. La escultura en madera tiene en algunos ejemplares verdaderas maravillas, como tal [juede verse en la ])uerta de la casa que pertenecii! al doctor Carlos de Castro y cuya fotografía publi- camos. En esta ))uert;i la ornamentacii'>n apa- rece severa, artística, ])rofusa y es una de las más bonitas ; modelo representa- tivo lie una época en que todavía el mo- dernismo no iiabia comenzado a hacer estragos. En la colección del señor Oinnez Ruano figuran también algunos modelos de ven- tanas coloniales. rublicamos dos que tienen verdadero carácter. En una de ellas se podrá notar una es- jiecie de corte en " chanfle " hecho en la pared y a los costados de la abertura. Ese corte tenía por objeto el poder tener, una íL ^03:^ Puerta de la'casa en que vivió el g:e ne ral, Lav alie Jai^Z abala 1469 — SELECTA — Casa de '^uíz Huidobro 25 de Mayo y Cámaras ]iíTS(in.'i qiK' fstal);i en t-l interior de l:i erisa, nn mayor eani])ü visual. Era útil ese " vicliadero ", pues no eran épocas aquéllas muy buenas como para facilitar una salida a la ventana en cuanto se oyera que llaniaban escenarios. La nota más intensa de arle, en lo que va de la temporada teatral, la ha dado !a c<>ni])añia dra- mática española de Manuel Salvat. Con un criterio artístico i;erfectameute nacionales que de cuando en cuando actúan at|ui. ROGELIO JU\REZ Que debutó con cxito en el Urquiza I l-".n la temporada de Sal- val hemos ])oc!ido ver cs- peclácidos muy buenos, al- gunos soiiresalientes y he- mos constatado esfuerzos tan dignos de elogio como liis (|ue significan volver al cartel jnyas de la cate- goría de '' La \'iila es sue- ño '* y '' l'.l castigo sin venganza Tuvo sin emijargo Sal- vat algunas eqn. vocaciones, tales 4:omo ' ' \'.] verdugo de Sevilla ' \' ' ' La seño- rita Tre\"elez , pero estos errores nt) pueden ser nuiy >ena!ad()s puesto (¡ue en .general sus esijcctáculos t nerón acertados. Juntí) a Salvat. que es además de un concienzudo director de escena, tni ac- tor eorrecnsnno y sevcrt). figura en primera línea la actriz Concepción Olo- na, gran tem])eramenlo de inlérprete, inteligencia su- perior manifestada en obras como "La Malcpie- rida ". de Henavente, con una pujanza exlraordina- ria. La señora Ülona es sin ccnanos monte\ i- deanos han desfilatlo tí)das las artistas que ho\ domi- nan en el teatro draTuatien es])ai)o!. Del elenco (pie pre>en- ta SaKat se disíingue tam- bién la señorita Joseínia Meliá, una actriz rensiva. La señorita Clona tam- l)ién es otro de los elemen- tos que en 'a compañía hri'lan con luz jiropia. ^' en e-ta oportunidad tvc< -rt-la- remos con \*er(ladera eom- ])lacLMicia su actuacióp. eu ■ ' Marianela ' * interjjretan- rimer actor Ducasse y el también ]>nmer actor José Gómez, un conocido y apreciado del ])úhlico nuestro, pues realizó aquí una temporada de gran éxito artístico. Esta compañía ha de actuar durante un mes en nuestro i)rimor coliseo y nos dará a conocer un repertorio escogido, en el que figurarán quizá al- gunas obras uruguayas. .*"♦.,. l^l 2 del)utó en el Urquiza con buen éxito la coiTipañía de Juárez, del popular Rogelio Juárez, que viene a reanudar los triunfos del año pasado. Trac Juárez en su troupe a la tonadillera Pa- quita Escribano, a la bailarina Kerrcr y a una "cantaora" que entusiasma con sus '*gipios". Xada más digno de mención actúa o actuará l)or ahora en los escenarios montevideanos, VORICK. S^ JOSÉ GÓMEZ De la compañía de 'Angelina Pagano ^!S $ SELECTA — IJubetiKjs (los palabras — <|U(.- nu por scT (los serán menos sinceras y apasiona- :«-:¿^*'" M U r VA -jlp rtlf 1f^ C.i^.i ,u (.'Miipí.i^ ,11 Pi'iN, Ciif :íc M.ui'i". lili j/o Calk's: Sarniulí. Uíntolomc Miirc I.-52Í) n I>;!l;!cíin iMñ . g»rTif^T-n 6.50 Anual » It.50 SELECTA DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN ••■•'•'^l^r^ V,- - '.•■ i - •'; ■ íí - ■ >;"i■>■M^'■■ RODO Hombre - Cumbre que se abatió cuando más íinposítivaniente hendía las anguslas serenidades del pensamiento; Conquistador del alma europea, indi- ferente y hermética, rendida por el en admiración ante la intelectualidad americana, tan pictórica, tan noble, tan sana, tan honda; orgullo nuestro; gloría representativa d*^ la Rata; Maestro de la juventud de América, en cuyos destinos está el porvenir del Continente y con esos destinos la más alta glorificación del que en ''Ariel" nos señaló la ruta luminosa y^ triunfal. — SELECTA — GRDoy a todof Las i'lugiusas manifestaciones de la prensa me- Iropolitana y las muchas misivas y parabienes rescntación de "Selecta ' no pu de ser más rica ni más cliic. Impresa en papel satinado, finísimo, acusa en los talleresdonde se le confecciona > los muy acredi- tados de A.Barreiroy Ramos) elementos de " primísimí» oartello", que al honrarse así mismos con trabajos tan tíámerados. honran á la industria nacional. Todo el material que este primer número de "Selecta" cuntiene, es escogidísimo, tanto en la parte gráfica como LMi el texto. En la carátula, luce, en tricromía un retrato (ie doña líosalía Artigas de Ferreira. dama que "vivió intensamente para su casa, modelando en .sns hijos ejem- plos de ciudadano.s ". En el interior del número, figuran fotografías hernio- sísimas, de damas que fueron orgullo de nuestra socie- dad y de otias que lo son actualmente. Contiene, además, notas de actualidad, de arte, de modas, etc. En resumen, un número de primer orden, que augura á "Selecta "la mejor de l.is acoiridas. — Díakio ih-:l IM.aia. Apareció "Selecta" - ¡ t^ué hemosa, la nueva revista de Juan Carlos Garzón! Hermosa ¡lor donde quiera que se le mire, la presentación, la parte gráfica, la literaria... La eaiátula es inia estupenda tricronn'a : el retrato de doña liosalía Artigas de Ferreira. Esfuer- zos como este, honran la prensa ilustrada de un país, (¡arzón encontró dlliujantes notables, cuya existencia iiTiiorábamos. Es una revelación. Todo lo más chic y soeial está en "Selecta". Por algo se llama como se llama. — La Razón. '■ Selecta"- ('rgullo del progreso de las artes grá- ficas en el país, y elegantísimo exponente de gusto ar- tístico que preside esta nueva imblicaci«'in, "Selecta" se ha presentado reclamando el puesto de primera fila que en su cai'ácter le corresponde, y el arlauso que mo ha de serle escatimado ante la exhibición de tan vigoroso es- fuerzo. Se trata de una re\¡sta que nada tiene que apren- der, en cnanto á belleza de jiresentaeión, á las más lujosas del extranjero, y esta manifestación justisí^ima sirva de estímulo ñ los iniciadores de esa obra de cul- tura, y de ípoyo para cpie la indiferencia no resjionda - como se acostumbi'a aquí — á una Iniciativa de taiitn tuelo. \o extrañaril á nadie el resultado niajrnifico del costoso entpeño a! saber (jue la dirección de ''Selecta" está en- comendada ;i un espíritu tan distinguido como el de ■Inan Carlos fiarzón. cuyo nombre ea sólida garantía de ('■xito en la simpática y abrumadora empresa que nos oculta. — La-Tuiiíu.na Poimi.ak. Melecta Una nueva rc\isla ilustrada ha venido á aumentar el número de las que existen en el país, .'se trata sin embargo, de una gian re\ ista, (pie sólo puede comparársele con "Plus Ultra" de Buenos Aires. Y así quedaría hecho su mejor elogio. ICs menester, á pesar de esto ponderar como se merece el criterio verdade- rantente artístico lieación que hace honor a su nombre y que rerircsenta un valioso expouente del arte gráfico nacional. La nueva revista, (pie apaiecerá inensualmenle. está destinada a obtener el más lisonjero y brillante de los triunfos. Admiiablemente ini|Mesa y mejor escrita, con inofu- sión de notas interesantes (|ne han de causai' \ crdadera sensación entre sus lectores. "Selecta" importa la cris- talización de un anhelo de tiempo atrás acariciado por todos lo.-í cine aman la cultura de lutestro [lueblo y descini hacer destacar, con rasgos elocuentes y amables las ea- ' racterístlcas de nuestra sociabilidad y el ¡trestigio de sus figuras más caracterizadas. No creemos incurrir en ini pecado de \ulLraridad. al afirmar que realmente "Selecta"' viene a llenar un vacio en nuestio medio social. La expresión asume, en el caso Iiresente, la honda significación de un hecho indiscutible y traduce la lealidad del fenómeno que todos perci liíamos desde iiace tiempo; la ausencia de una revista culta, y elegante en un ambiente como el nuestro donilc la cultura y la distinción nos ofrecen a diario, mani- festaciones tan palmarias c inetpiívocas. La presentación de "Selecta" no puede ser más rica ni más chic. Impresa eu papel satinado, finísimo acusa e;i los talleres donde se le confecciona (los muy acre- ditados de A. Barrtiro y liamos ) elementos de "priiní- sstino cartello", que al honrarte a sí mismos con trabajos tan esmerados honran a la industria nacional. Todo el material que este primer número de " Selecta " contiene, es escogidísimo, tanto en la parte gráfica como en el texto. En la carátula, luce, en tricromía un retrato de doña Rosalía Artigas de Ferreira. dama que "vivió intensamente para su casa, modelando en 3U8 hijos ejem- plos de ciudadanos". Kn el interior del númei-o. figuran fo- tografías hermosí- simas, de díiniHS resa. con grabados y colal)oraciones escogidas, lia llegado a nuestra redacción la revista " Selecta ". Es realmente una ¡)ublieaclón artística digna de los de buen gusto. En nuestra sociedad ha sido recibida con verdadero Interés la mencionada revista, superando su ])resentac¡ón a todas las publica- das hasta la fecha.— Er. Día. e^y^g/^,^-00>0 Silla del Fundador de Montevideo Don Bruno Mauricio de Zabala STAS reliíjuias se- hallan en el .Mu- sco Histórico. M<ás ck* un visUantc habrá pasado i|uizá ante ellas con un ¡)oc(j de indiferen- cia. " ¡ L'n sillón viejo I. . . ¡ Bah ! " y la ir.i- rada. atraída ])or un cuadro o j.or una co- lección de armas, se habrá apartado de esos muebles venerables, sin pensar que en ellos descansaron hombres ilustres, y que fueron esas sillas y esos sillones objetos familiares ¡)ara quienes hov tienen toda nuestra ad r.i- ración y todo nuestro respeto. Jin esos sillones descansaron o trabajaron proceres ilustres. Y a través de los años, su inex])rcsión de " cosas ", diriase (|ue des- ;il)arece para rodearse de una como aureola de vida, (¡ue no es más (jue lo que imagina nuestro espíritu, al remontarse a aquellas é])ocas tan gloriosas v tan aleccionailoras. i'arece ([ue estos objetos, que fueroa de uso diario para aquellos hombres que la his- toria magnifica, tuvieran la virtud de con- centrar luego toda la admiración de los (|ue veneramos ,-i (¡uienes se llamaron sus ])o- seedores. ¿ -\caso este respeto por las reliquias históricas no será por- que en ellas o en derredor de ellas vagan los espíritus buenos de sus dueños ; lin una mentalidad reflexiva esK- sentimiento casi inexplicable de cu- riosidad, de te i:or v de res])eto áme- los objetos (jue le fueron familia- res a los hombres ilustres, es algo sui)er;or a toda convic.'ión más o iiunos excéptica. ^' es por eso i|ue. ami cuando no lo queramos, nues- tra mano llega al sombrero y nos descubrimos, mezclando respetuo- sidad para el recuerdo del palriot.i. del sabio, del artista o del héroe (pie evoca¡nos \ honda simpatía hacia el objeto que ha llegado has- ¡a no.-otros como la e.xpresión de una modalidad del ¡)ersonaje glo- :"i(jso (|ue lo pose\ó. ¡V cuánto más intenso este sen- imiento de simpatía, cuando nos d.etenemos ante esos nuiebles donde |)atríotas v héroes descansaron, bien para rejiarar fuerzas, o bien ¡)ara presidir reuniones trascenden- tales en el futuro de nueslia vida institucional ! ^/í^^ss-/^ Silla del Constituyente Don Alejandro Chucarro 3 hiJtori(A5 lisos sillones y sillas que llamos hov a nuestros lectores como una nota de gran interés, pertenecieron a lio ubres de alta ím]Kirtancia re- presentativa en la historia de nues- tro ])aís. iMgura en esa valiosísima colec- ción, la silla que habitualmente usa- ba el fundador de la ciudad de .Montevideo don Bruno .Mauricio de Zabala, personalidad la más re- l)resentatíva en los lejanos tiem]ios de la colonización, mariscal de cam])o del Rey- de ]vs])aña, gober- ruulor de Buenos -\ires v hombre de una energía v de una iniciativa excepcional. Zabala estuvo por pri- mera vez en lo (|ue luego fué Mon- tevideo, con el objeto de batir a los portugueses, ordenando enton- ces la construcción del Fuerte San José, primera obra que se hizo aquí. Uno de los sillones cuya foto- grafía ofrecemos perteneció al ilus- tre general argentino don José Ron- deau, cuya personalidad está tan estrecha y tan gloriosamente vin- culada a nuestra historia patria. Comenzó aqui su carrera militar. Sillón del Patricio Don Joaquín Suáre: junto con .\rtigas, en el Regimiento de Blan- dengues. Su nombre está grabado en el li- bro de las grandes victorias americanas -on la jornada gloriosa de 1812 tn el Cerrito. .V Lavalleja pertenece otro de los >¡ilones que reprodu.dmos. l'",l jefe de los Treinta \ Tres rejiosó en él sus fatigas inmensas de soldado valiente y ejemplar. Y en este punto no resistimos a la tentación de transcribir unos ])árrafos del historiador Bauza sobre esta figura patricia. " Lavalleja no fue un estadista ni un tác- tico : fué sencillamente un héroe, en la acep- ción de la ]>alabra. Como todos los hért)cs. tenía el aturdimiento genial (jue excluye la reflexión, y que .sólo es grande cuando toma consejo de si mismo en el peligro. ( )ficial obscuro en las ])ostrímerías de la guerra de .\rtigas, llama repentinamente la atención (leí país al caer ])risionero de los ]>ortugite- ses. luchando el solo contra un escuadrón. Su figura varonil se destaca por ese hecho entre la multitud guerrera de su tiempo, v todos |)resienten ipie a(|iiel brazo formidable será capaz ele esgrimir la esjiada de la Ke- Sillón del jurisconsulto Dr. Joaquín Requena Sillón del General Juan A. Lavalleja ])i'ibliai ciKiiu'ui suene la hora de las reivin- dicaciones. " A la l'ii^nra nubleniente patriarcal de |oa- (|nin Snarez la conté ii|)la;nos ocupando nno (le esos sillones ([ue hov cotistititven una de las notas más interesantes de las colecciones del Museo llistórico Nacional. Joa(|iiin Siiárez es una de las personalida- _^;23>=<' j^~)«í^;5)»íg.__3>«4^;^_3¡^«(5^j^ Sillón del General José Rondeau Sabemos valorar lo que de meritorio, ar- tístico, cómodo V i'itil nos ofrecen estos tiempos nuestros : ])ero nadie negará que en las é])ocas idas ir.uchas. muchisruas co- ^as, desde las alhajas v las obras de arte, hasta los objetos de uso coiiiin, tenían no sólo un aspecto de majestad, de señorío, de amijlitud, sino (|ue todo estaba construido en forma .sólida, para resistir a los embates del tiempo, sin dobleces, sin complicacio- nes (|ue le (piitaban resisteu'.-ia y (|ue hoy Silla de Don Felipe Alvárez Bengochea Secretario de la Asamblea de la Florida. tan frecuentemente encontrair.os en los ob- jetos de uso corriente. I'.n estos sillones v sillas (jue han pasado a la veneración de nuestros días por virtud (le los (|ue fueron sus dueños (personajes altamente representativos en las distintas épocas del coloniaje v de la independen- cia, ese aspecto de solidez, de fortaleza, de aiqi'.itud y de señorío, está periecta- nieiile evidenciado. .\o hay más (pie conté ni)lar con un jioco de detención esos ejempla- res. Todas las distintas partes de esos .uuebles tienen siempre un detalle, un rasgo, al.go, en fin. (pie dice bien claramente eso (|ue antes hemos afirmado. .Muebles propios de aquellos hombres ijue conocían la exacta medida de todas las pasiones y las necesidades de su época. (|ue lleva- dos por los dictámenes de su vo- luntad iiKpiebrantab'e llevaron a cabo sus ensueños v sus ideales, creando ciudades, formando i)tie- blos. libertando multitudes, guian- do sentí;r.ientos colectivos v siem- pre con noble inspiración, equivo- cados o no. |>ero sin doblez v con r.dmirab'e fe. \' cn.indo va nos retirábamos, en la penumbra ipie invadía el gran salón del ^^I1seo. contempla- mos de nuevo los majestuosos si- llones V jxir un esfuerzo de nues- tra i uaginación. los vimos ocupa- dos por sus gloriosos dueños, fi- guras austeras, de una dignidad soberana, altivos, solemnes, radian- tes de ))atriotismo. de nobleza, de c:'.ergia. caracteres de hierro. ])roj)ios de una é])0-"a de lucha, de pasiones violentas v (le formación de nuestra nacionalidad. 0/ Ui>c t3-¿a. ítiestras íC] .^ LA (lama ■fcmilisiina (|11l- ila l>rillo a csla iiás^ina es una (le nufstras co.iipatriolas más distin- Líiiidas V más bellas (|ne en el extranjero y en las altas esferas de la lciniacía. ocni:andi) desde hace \ario^ años la Ivmbajada .\rgentina acreditada ante el (íobierno de los l-'.stados L'nidos de Xtaciones tan caracteri- zadas y tan magnificas como lo fué la fiesta (|n.' nos ocujja. Recepciones de esta índole, no solamente ha- blan elocuentemente de la distinción y cn'tura de nuestra sociedad, sino que a los ecos de su éxito y a los fulgores de su aureola, crece y se impone siempre más la fama de nuestros salones. y la demostración de alta cultura de que nos pn- dcmos preciar ante los otros países del comi- nenie y aun de Europa. Por eso decíamos antes, que a! recordar ío~ detalles más salientes de la fiesta ofrecida por la scñt)ra Platero de Idiarte Borda, experimentába- mos grande e íntima satisfacción, \'a en este sen- timiento un fondo de bien entendido amor a lo que es miestro. a lo que nos honra, a lo que nos enaltece. \' por todo ello, declaramos que la pluma se desliza rái>idamente sobre las carillas y a la mente acuden las gratísimas visiones y halagos que nos deleitaron durante la solierhia recepción que tuvo coiTio sede la simtuosa residencia de la calle Colón. K] fino sentido artístico de la dueña de casa, sti i'ustración ejemplar, su principesco vivir en i)i- náculo de prestigios y de reverenciaciones, han acumulado en maiisión tan selectísima riquezas de arte y de belleza, que no tienen nada que envidiar a los palacios más severamente alhaja- dos de las casas señoriales del Viejo Mundo. Cuando l'egamos a sitio de tal belleza, brilla- ban las salas en totalidad de luz y tle encanto de fiesta. Penetramos. \- desde ese instante nuestra vo- luntad, ntiestro ])ensamiento, todo nuestro sen- sorio quedó catuivado en la magnificencia, en el esplendor, en la suntitosidad que nos rodeaba. I.as maravillas que las épocas idas nos han le- gado y que el espíritu selectivo de una ainateur tan exquisita como es la sei'iora Platero de Idiar- te Borda ha acumulado en sus salones, recla- maba nuestra atención con imperio a cada ins- tante renovado. lín las vitrinas, en los pedesta- les, en los chiffoniers lucían los objetos de gran valor que dan intenso relieve de suntuosidad a una sala. Colgaduras riciuisimas dando majestad a las puertas : cuadros valorados por firmas célebres cubriendo las paredes: encajes de Inglaterra y de Brujas exornando las vitrinas y sobre los sutiles dibujos de estos tejidos que parecen la- borados por manos de hadas, la esplendidez de los era en ansia de algo su|)er¡or. V surge de ese silencio la voz admirable de la seiiorita \ al- clez como una clarinada de triunfo, como una imposición heroica, dando toila su esplendidez a las notas de un canto guerrero de Wagner. Una ovación, una gran ovación, saluda a la notable cantante, orgul.o de nuestros salones, y los ai)lausos perduran tanto, los homenajes ad- quieren tal expresión admirativa, que la admi- rable voz de soprano se oye de nuevo, deleitán- donos entonces con las delicadezas de una ro- inanza de Duparc. Otra ovación despertó todos los ecos de la casa y el triunfo de la señorita Valdez fué una vez más definitivo, absoluto, arrollador. Calló el piano >■ los asistentes tuvieron en- tonces un nuevo deleite : la señorita Margarita Idiarte Borda recitó "L'eternelle chanson " de Mme. Rostand. y a los aplausos con que se pre- mió a la distinguida señorita, se unieron los aplausos que sa.ufiaron a la señora \"ioleta Su- pervielle de Lasala y los que obtuvo tan ruidosos como los anteriores la señorita Julia Villegas Shaw. Hl selecto momento de arinoiiía y lirismo ter- minó, aún cuando la concurrencia toda hubiera deseado que se prolongara, y poco después se y. pasó al amplio comedor de honor. Allí, como en las salas, el buen gusto, la justa orientación ar- tística, han distribuido muebles, cuadros, már- moles y bronces. Una estatua de Moisés, de ta- maño natural, llama })odero>amenic la atencitin de todos y tal obra de arte presta al severo re- cinto una nota de verdadera realeza. Sobre la gran mesa se tendia, deta.lando la sun- tuosidad del recinto, un mantel donde se mez- claba el encaje filet con el encaje de \'enecia. F.n floreros y ceñiros desbordaban las florea, una policroma variedad de corolas que perfumaban deliciosamente el ambiente. Amortitruadas. lle- gaban hasta el comedor las melodias de una orquesta ubicada en la planta baja del edificio V en esa planta baja se rindió cuto a la danza. Las encantadoras parejas se entregaron a las deli- cias del baile y al pasar en giros raudos, fueron como un triunfo de juventud y de elegancia. Nuestra impejiitenle ansia de descubrir mara- villas de mueblaje y decorado, pudo extasiarse en la contemplación ant)])'.ias íle armas antigua>. de mil formas. de distintas épocas, aceros valiosos y de leyenda. l{n marco tan admirable, tan majestuoso, en medio de tantas riquezas, la concurrencia realzó su brillo. ^ nunca las damas concurrentes fueron mejor admiradas, nunca mejor puestas ante la exultación de nuestra más refinada galantería. ijue en esos salones colmados de riquezas. Las recuerda nuestra mente en deliciosa evo- cación y volvemos a ver a la distmguida dueña de casa, doña Sofía Platero de idiarte Borda, avan- zando en triunfo de realeza, ataviada con un ele- gantísimo traje negro y realzado su porte se- ñorial con joya-- tiesiumbranies. de las que se destaca un hilo de perlas maravilloso. La señora María Angélica Platero de Wiison acompaña a su distingiuda hermana en las Imas atenciones para todos los invitados, y luce una riquísima toilette blanca y negra, magnificada por adornos de encajes y joyas rutilantes. V en delicioso grupo, con brii.o de constela- ción, surgen en nuestra memoria las siluetas de las señoras \alentina Butier de Fyn. Juüa X'ílle- gas de Shaw, Cami.a Mané de Hughes, Josefina Gómez de Pastori. Carmen Lámala de Peixoto y Clotilde Lussich de Hughes. Rodeando a la gentilísima señorita Margarita Idiarte Borda Platero, y formando un grupo deh- cioso donde la belleza y la gracia se disputan so- beranía, vimos a las señoritas : Adelaifla Cran* well. Ernestina Muñoz Oribe. \'alentina Fyn. Lsther Alvarez Mouliá. María Luisa Díaz Four- nier, Ju-ia Shaw Villegas. Silvia Viciorica, Mar- garita Bcnzano. Corina Morales Berro y CU>- tilde Santayana. V en este punto de nuestra crónica, entornamos los párpados, reconcentra- mos el pensamiento, y " ' vientlo " ' de nuevo todo lo visto en la suntuosísima recepción, otra vez se sumerge nuestro esjjíritu en la delicia de los momentos gustados, que fueron muchos y rany intensos. 4 ;aVí HOMF.XAJK a la sran nación británi -a, que cumple sus destinos y nfirnia su ¡joderío. es esta página, que tledicamos al Mo- narca inglés. S. M. Jorge V, Rey de Inglaterra y Empera- dor de las Indias. Para celebrar el natalicio de este soberano ninguna nota más interesante que esta que engalana la página. Kn esa fotografía aparece la familia real e imperial en los repre- sentantes de cuatro genera- ciones : la Reina \'ictoria. lirimera soberana inglesa que ciñó la corona ini])erial de las Indias; el Rey Eduardo VII, el actual monarca y el prin- cipe de Gales. Cuatro genera- ciones, en sus personalidades más representativas v para quienes el pueblo inglés guar- da tanto cariño, tanto respeto. V rinde tanta pleitesía. .'\1 Rey Jorge V le ha to- cado goljernar al gran reino V al gran imperio en una épo- ca terrible, como no la pasara nunca ni Inglaterra, ni Eu- ro|)a. Su ciencia política se ha manifestado plenamente, y con ella pudo realizar el alto ideal de unificar pareceres, de reunir actividades y de acallar casi por co:npleto las divergencias que en el reino, como en toda nación moder- na, agitan pasiones y dividen a los hombres. En este sentido no cabe más que admira- ción para este monarca, el cual, por otra parte, ha procurado en todo momento man- tener incólumes las buenas relaciones que unen al gobierno inglés con nuestro pais. V en este sentido el soberano no hace más t[ue coadyuvar a los deseos de la laboriosa y honestísima colonia inglesa en el Uruguay. Todos los coni])onentes de esta colonia son hombres que nos han traído su energía de acción, sus iniciativas altamente ])rogresis- tas, su espíritu de empresa, fecundo en re- sultados beneficiosos para nuestro país. De modo que ])or un elemental deber no ya de cortesía, sino de aspiraciones comu- nes, puesto que ellos contribuyen al engran- decimiento de nuestra |)atría, nosotros coino ellos sentimos regocijo al celebrar el nata- licio del Soberano de Inglaterra. Desde los tiempos lejanos del coloniaje, cuando estas tierras estaban en el momento álgido de las floraciones nacionales, la san- gre inglesa se mezcló a la sangre nativa y siem|)re dando resultados indiscutibles oriunda de la ciudad de CónliAa V descendiente de una de las fa- milias más i)rin';i])ales. (iracia- a ella conocimos el régimen in- terior de l;i Cárcel, la forma en (|ue son tratadas las reclusíis. cuál es el sistema de correcci«>n (|Ue allí se em])lea y los Tiilii- bueiios i|ue ese sistema rciKirta. ( )bra i)aciente v hcr;nosa de le- generación. de cura c>i)iritual. de repara 'ion ])ara las desdicha- das (pie allí envía le ley. inexo- rable \' severa. De las reclusas no inidinios obtener fotografías iMjniiie ello está prohibido i^or el Consejo Penitenciario. ¡íero en cambio a la amabilidad de Sor Maria Fi- lomena de lesi'is del>en'os el ha- ber conocido en todas sus de- liendencias esta casa triste a la (|ue conduce el delito y en donde la piedad lleva rectamente al arrepentimiento. F,l sistema todo bondad, de se- ' rena energía que allí se practi- c;i. realiza milagros. Los esjñ- ritus conturbados encuentran un lenitivo en la dulzura de las hermanas. en su ])ersuasión. en su ejem])lo de bondad V de sumisión. En nuestra visita las vimos, como deci- mos antes, ocujiadas en diversos lalH)re-. Todo nos dejó asombrados ])or el orden y la liiniíieza (pie se observa dociuier. Hn los lavaderos, en las cocinas, en los am])lios dormitorios, en los comedores, en todos la- dos encontramos reclu.sas. cuyos ojos llenos de melancolía nos contenpla- ban con curiosidad. En una de las galerías internas tuvi- mos ocasión de admirar un magnifico Corazón de Je-ii> (|ue ha sido regalado al c>- tablecimiento por la señora Margarita Uriarte de He- rrera. .Al frente de la Comisión de Damas, que constituyen el Patronato de la Cárcel, se ha- lla la distinguidísima señora doña Elvira Al>clla de Hor- deñana. \"incula(la esta dama. a esa obra desde que ella fue- ra fundada, ejerce hace ya algunos años la ])resídencia lie esa autoridad fiscaüzadora en la organización interna de la Cárcel. Muchos desvelos y gran- des preocupaciones cuesta a las (lamas de esta dignísima Comisión el cargo (|ue en ella desempeñan Pero a la vo- luntad, a la bonJadosa influencia, a la inte- ligente y oportuna intervención de la dama que o;una el i)Uesto más representativo y (le más responsabilidad en esa Comisión, se debe el perfecto funcionamiento de esa Casa Correccional. Y por ello y porque su bondad es infinita y su (leenden:ias de la Cárcel, pero sin embargo no Los amplios comedores de las reclusas Solana Reyes de González y .\ngela Cuestas de Grunwald. La obra (|tie realizan las Damas del Patronato en co- laboración inteligentísima con las Hermanas (|ue tienen a su cargo el orden y el siste- ma correccional que en el in- terior de la Cárcel se pone en vigencia, (iroduce resulta- dos verdaderamente asom- bro.sos. Es imludable (|ue el alma femenina es siempre más ma- leable, más accesible a los dic- tados de la bondad y a las imposiciones del arrepentimiento. Una mu- jer que ha cometido un delito está más cerca de la regeneración (|ue im hombre. Para ello influyen, el fondo de ternura que siem])re existe aún en los espíritus feme- ninos más cerrados al sentimiento, y tam- bién el factor im])ortantc, esa condición de hmiiildad (|ue tanto embellece a la mujer y ((Ue obra en primera linea cuando, como en el caso de las recluidas en la Cárcel de Mujeres, necesitan ser accesibles a la ac- ción de un régimen que es más regenera- tivo que penal. En este terreno, fecumlo a las imposi- ciones del deber, del consejo v de la refle- xión, la acción de las Hermanas obtiene el V^^ I ■ m M mm 1 Los dormitorios Hemos di'-"ho antes que en nuestra visita a la Cárcel observamos (|ue todas las pe- nadas se dedicaban a una tarea. En esa con- tracción obligada al trabajo, las rebeldías se acallan, la calma vuelve a las almas presas de encontradas pasiones; en la satisfacción de la labor realizada hay una intima alegría y ima noble emulación (|ue des])ierta ansias de mejoramiento, y así. lentamente, con lentitud pero con seguridad, como gota de agua (jue va horadando la piedra, así la regeneración germina en las delincuentes y al cabo del tiempo, la prisión devuelve al nnmdü una nnijer útil, buena, con todos los nobles sentimientos en vibración con- tinua; ser útil a la sociedad y a si misma. es eso ni con mucho lo (|Ue se necesita. 'reniendo un establecimien- to construido de exprofeso, los talleres (|ue fimcionan en su interior tendrían amplitud, y se podrían llevar a cabo en ellos tareas complementarias, (¡restando no sólo beneficio a la casa sino que también de aplicación a los estableci- mientos de caridad. En los talleres de lavado y lilanchado se podrían enton- ces instalar máquinas perfec- cionadas, que simplificarían el trabajo, lo harían más intenso y sería n iicho más educativo para las reclusas. El Consejo Penitenciario realizaría obra buena bus;ando el medio de ¡.oder construir mía Cárcel de Mujeres dotada de todas las comodidades y exigencias (lue se establecen en el moderno concepto de la penalidad. De esta suerte la obra del Patronato l)odría ser más extensa, y en ella se aplica- rían ampliamente las nobles iniciativas y las desinteresadas actividades de las dis- tinguidas señoras (|ue componen esa cor- poración. Pero si lo de mañana ]X)dria ser meriti- tisimo. lo de hoy es digno de los mayores elogios. Algunas condecoracio- nes del ilustre marino^ entre las que figura la de su campaña en nuestro país. Basroír^ de Amas^raas SKLKCTA tiene en su programa de acción. ])erfectamentc definido y que cumplirá sin vacilaciones ni desmayos, un capítulo destinado a rendir culto a los Héroes de América. Intensificar el culto de los grandes luchadores americanos, demostrar a las generaciones de hoy todo lo que aque- llos hombres valían y todo lo que signi- ficaron para la época en que les tocó actuar y aún para ejemplo de las épo- cas presentes, es obra de bien enten- dido americanismo, la cual no hemos de trepidar nunca en llevar a cabo y en la medida de nuestras fuerzas. Glorificar a los héroes es honrarnos y honrar a! continente que los cuenta entre sus hijos. Xada, pues, más encua- drado en una norma de propaganda patriótica y nada que pueda despertar más hondamente las simpatías de los {[ue tienen para el pasado y sus hom- bres el respeto que merecen. Xo sólo debemos gloriar a nuestros luchadores. También cabe nuestro res- peto, nuestra admiración y nuestro re- cuerdo para los héroes de las demás na- ciones de América. Kn ello va una re- tribución de homenajes a que nos lleva nuestro igual origen, nuestras aspira- ciones y nuestras comunes ideas. Per eso en esta página dedicamos un recuerdo al Almirante Barrozo. Tía- rón de Amazonas, héroe brasileño, ilus- tre marino. vaHente guerrero, grande entre los grandes de América. Xo vamos a recordar todas las pá- ginas brillantes que forman la vida del gran marino y del abnegado patriota. Recordaremos tan sólo y como para poner en estas líneas un broche de oro. que el Almirante Barrozo es el ven- cedor en el combate naval del Ria- chuelo, realizado el 1 1 de Junio de 18Ó5. Bastaría este so'o hecho de armas l)ara dar gloria al nombre de un militar. Por esa victoria rutilante, por esa demostración estupenda de arrojo y de bravura, por esa comprobación de una I)ericia táctica extraordinaria, el go- bierno im])crial del Brasil confirió al marino ilustre, el título de Barón de Amazonas. Fué el .almirante un gran amigo de nuestro país. Cuando las incidencias de las luchas poliiicas lo trajeron a Mon- tevideo, aquí permaneció hasta que lo sorprendió la muerte. \ en tierra uruguaya descansó el liéroe durante algunos años, hasta que el recto sentido patriótico de sus con- ciudadanos decretó la rei»atriación de sus restos. lüi aquella oportunidad glorificaron al Aimiran.te. uruguayos y brasileños. V.n la página que ofrecemos figuran la> condecoraciones que ostentara el gran marino. También se reproduce la espada de honor que le regalara la co- lonia brasileña dei Uruguay. Todas estas g'oriosas condecoracio- nes se hallan en poder de la hija del ilustre guerrero, que es la señora Isabel Barrozo de Saavedra. dama cuyas vir- tudes son un ejemplo, y cuya distinción y cultura !e otorgan un sitio principalí- simo en nuestra sociedad. Otras condccoracíotics del héroe brasileño, la fna- yoría de ellas obtenidas en las acciones del Pa- raguay. Espada del Almirante regalada por la Colonia Brasileña de Montevideo JÍ^-. S\ frL LMÍN Eii rl primer rundro : Srñoriínf^: íTlnrqnrirn H Señorees: lulio Rrícnqn y '^'^í"^^'' P En el sequnóü runóro: Señoritas: n;arín Inc Señorerj : HTliquel Hebei y lunn fiu;- .¡'.;i* i,;):íi'i-¡;-.[)H ^.irü .\uv ítí-g í-^-I.- '.-.n ;l;"¡j::rl.- ■•;]1:) k (iltiUiuí:: ¡i ¡M- : . i- :■ ■ ■ ( V ui í ! ;! I ■ • I ¡ ru] l; i cí o '' y í" i ; 1 1 ci B . i\' ii'.ii' r:i I;)-. luiriiOo'i ;í',ií'íÍ,mi i-il.T'JiTiir [Vttii.!'- y ^ «liikiIliTii-^, t"i;í-i.i .■■■I,! i;;k' !;• ¡íTi,'--!.! ;¡n :■ i.t.--, f> l;-.;í;r;;j:Tnr-¡:;. II!-- ; f.'U!', - v)ij¡nlc]-i en (innt!.- -a; (!i;¿-m:- í.i;-- [Íi:h nnins 1i;Icu;rtii ic ci-- .1. '' i'íirní^- ;•■ 'iii'i --i:!!' olMt'nidníi fi in ctinili 1 l-¡ki".c!.i c-: Y ''..■■•■.:•■- :íi- ntí'jiTTir l:-í ;ii;'^-ti:; p:;* i:l!: :ui* * -^--^sá'Ss?^* z^rf - i ' ■ 'ñoritnñ: marcjnritn Hcbcr Urinrtc y Bimba Bclicrcnñ ulio Rrtrngn y 1o5t'' Peúro Segundo Señoritas: n-arin Inrs de Rrtcnqn y Elisa Tnranro miqurl Hrbri y Tunn lasó úe Rrtenga . LEPORTE l',ji:itn-> iTi tiíiri;!.' --i; iíl; ■;;:■- ::i;'i r-, ■ • ;; ;i -í .r ¿cri! in.ir r»: ;' •!;••■- L.i . .:■-. ■■ - f-C t;hifli). 1 ■-,: tinlas tt:I{;i;rni¡[r.- .t . i 'i .■ i cí.i .•"■ ■1 .-m.i :: 1. 1 ;■..■; irr.-- 1 .■.■1,^'f'" ■ r . M ' V .• ■;."'■_■;. ■■■ "'''■ i- a Inr,' fp;ii:'T[jH H.- r.-i-.: - Ur .TU' V k- ! i- 1 ; . í- i- i :■ ■ .; r f ■ I.-, i:: ::.■ ■ r-Tr.: ■■ . . .■.:.::' ', • i.V '■ -t,3 • l'lL-UC \j-i'':nu Tí'm' ■•;.■;,. •".-.I, e:i ';"'";,'" - : .■-.■ ::::•,: ■ ...t íuiucrifr i;í-í rn;s:iK; \::í- k l!i :iiL .;iT-i 'jrr :.;■(.- ':::■.■.•■ 1,>- . : -1 i,; ■-;.:-. .■■• iv;{-:ni' cíi-:.;:rn-. ■.:r:I 1 f !.■ ,-:; Ur^ M.' ■; ; .- :,;■! ."■ '\'.-.: />'^^ — SELECTA — '■ . " tí^ '-. * ■» 11. • '* '. ■,.\ _ ^p ^mi - -iV*;-*,. ,-,, ^,, -,AÍ^^' -%<« "' ' í ; ^^ 1 .yñt ií- 'k'-*, ■ai ¡ :4-' M m '*' ' i- :■-*•* 1 fI V í-"€* ^ la , 1 y' K ! .>■ ^ W^ i ■ ■ 'IJ H¿í ^^■ i i 4 r ; 1 1 ! ' ^ -» *" * •* 1 ■ i i ■ 1 1 i i Carlos F* Sáez en su estudio de Roma HAX pa^a(io ya muchos años desde que aquel cerebro privilegiado cesara de per- cibir las sensaciones infinitas de la natu- raleza, para trasladarlas luego con una brillantez admirable de coloritlo a las telas que despertaron siempre la admiración y el aplauso. Pero ni el tiempo, ni el surgimiento de muchos pintores uruguayos de verdadero mérito, ni la imjKJsición de nomlires ante la consideración pú- blica por méritos verdaderos y condiciones sobre- salientes, han amortiguado el recuerdo que para Carlos F. Sáez guardan todos los que tenemo? para las manifestaciones de la belleza en el arte im verdadero cidto. Kn plena floración de obra robusta, origina- lisima. vivirla. Sáez murió. Capricho desesiic- rantc del destino que tren challa una vida ju- venil y arrebataba al arte a uno de sus hijos privilegiados. Pero aún cuando eí tránsito de Sáez fué fugaz (pasó como una estreKa errante que rasga con sus haces luminosos ia negrura del infinito) , lian quedado magnificas exteriorizaciones de su ta- lento, de su clara visión del arte, de la brillantez meridional de su i)aleta y de la firme:ía asom- brosa de su técnica. Cuando se conocieron en Montevideo las pri- meras obras de Sáez. el distinguido critico de arte, señor Etluardo Ferreira. escribió ini juicio muy conceptuoso del que no resistimos a trans- cribir algunos párrafos, dado que es hoy nuestro propósito rendir un homenaje al ta'entoso artista muerto. "La columna en que se apoya todo el porvenir de este pintor de raza se compone de tíos mate- riales que son al hombre lo que la cal y la pie. independiante. LQiAm/TA/ A¿JtRT9X muchas veces, de la belleza que sobre ellos es- parce el artista... ¿Defectos?... Los tiene Sáez. si, como todo principiante. Se resiste a concluir la mayoría de sus trabajos, enamorado más de la mancha vigorosa, del golpe de pincel espontáneo, que de toda labor paciente y definitiva. El tiempo corregirá esta debilidad, que no es contorsión or- gánica, sino pasajero vicio adquirido, probable- mente, en el roce con los colosos del arte. La di- visa ¡Too late! con que Barbey d Wurevilly cerró sn vida, no ha sido hecha para espíritus como el de Sáez. que en cada aspecto nuevo de la na- turaleza encuentran mi motivo de regocijo, y en cada irradiación de alegría un estímu'.o constante para avanzar confiadamente en la senda que conduce a mi por\ellir brillante!..."* oc;l^[^v i f\ • cu tiempos de Lui.s XV. Lleva la letra A. vale decir cjue es de las primeras porcelanas hechas en esos reputados estab.ecimientos, entre los años 1753 a 1755- Fué adquirido en Francia por el señor Julio C. Pereira el año 1848 v hoy lo posee el caballero don Alejo Rosell y Rius. El reloj es una pieza de bronce cincelado, de alto mérito artistico. antiguo, del más puro estilo gótico, y reproduce la entrada principal de la célebre basí- lica de Santa Teresa de Jesús, en Alba de Tormes. Los detalles de cincel, maravillosamente conser- vados en el oro del bronce que ¡jarece flamante a pesar de su antigüedad, y la armonía de líneas de la pieza, dentro de aquel difícil estilo, lo hacen, una muy preciada joya. Aquilata su mérito el haber pertenecido a don Jaime Illa, el hidalgo español que fundó en el Plata la difundida familia de su ape- hdo. y a quien se acio recubierto en un extremo por un aro de oro, maravillosamente cincelado. Perteneció al Conde de Lizan y fué regalado por éste a la señora doi"ia Sixta Lenguas de Joanicó. Actualmente se halla en ¡loder de la distinguida señora d(.tña Celia Joanicó de Folie. — SELECTA — TIERRA privilegiada, tierra (le proaiisióii es la nuestra, que tanto ha dado, (jue tanto da y que tanto guarda en SU seno esperando la iniciativa (le la industria, el esfuerzo inte- ligente del hombre laborioso que sepa desentrañar sus riquezas, inmensas, incalculables tesoros, cuya n"iofnitud ni aun podemos imaginar. Riqueza efectiva. ri(|ueza (jue se oculta en las entrañas de la tierra, riqueza que codician mu- chos y que ya habrían fru:ti- ficado. ya estarían en ]3lena ex- plotación si la ini nativa pública Muestras de pórfidos y marmoles de las canteras de los señores Bonilla, Fabini y Cía. y privada fuera más efectiva en el pais. I'.s a eso ])recisamente que tienden los propósitos de hom- bres de eni[)resa. que miran des- de muy alto hacia el porvenir y que a despecho de esa fatal indiferencia (pie suele ahogar entre nosotros tantas obras bue- nas, marchan serenamente hacia el triunfo, sin cuidarse de los que. i)or falta de fe o de inteli- gencia, (piedan rezagados en el camino. Xos referiiros a dos conq)a- triotas distinguidísimos, a dos hombres de labor <|ue con absoluta concien- cia (le lo (|ue imjjorta en nuestro ambiente tomar una iniciativa y llevarla tesonera- mente a cabo, han revelado al país una nueva y extraordinaria riqueza natural. Son estos hombres meritisimos. los señores Án- gel líonilla y Fabini y Cia., y la obra por ellos iniciada, obra de proyecciones enor- UK'S, la explotación de las canteras de pór- fidos y mármoles (|ue existen en Maldonado. Los pórfidos ((ue ])osee en sus canteras el señor Bonilla .son de una belleza excep- cional. con:o no los han hallado en los me- jores yacimientos de líuropa. Los hemos examinado en la ex])os!ción (|uc se halla abierta al público en la calle Rincón y Treinta y Tres y nos hemos encon- trado con verdaderas maravillas. De la bondad de estas piedras ha dado elogiosisima opinión el ingeniero Moretti. director de las obras I ¿^ ■ Tiple Stefi Scillag dr la compañía que actúa en el Urquiza LA opereta es como una carcajada de mu- jer bonita. Una brillazón de perlinos dien- tes, tras un arrebol de aurora en dos la- bios que se entreabren, y una delicia de oyuelos en las mejillas frescas, magnificas. Opereta necesitábamos en medio de la adusta actualidad que atravesamos, y opereta tenemos desde hace unos dias, jxira delicia de los que buscan en el teatro : color, mujeres, música ama- ble y luces en derroche polícromo. La compañia Sconamig',io - Caramba ha de- butado con éxito ruidoso en el teatro Urquiza. Llegan en esta compañia figuras de gran re- lieve en los escenarios de opereta. Tal la soprano Stefi Scillag, graciosísima ar- tista, cautivadora, hermosa, que es en la escena un triunfo de sonrisas y de gentileza. Julia Cesti es otra de las tiples que nos trae este conjunto y sus prestigios los fundamenta en su v(íz armoniosa, en su delicadísima escuela de canto y en su elegancia para presentarse en escena. Herminia Gómez forma la trilogía de las pri- meras figuras femeninas de la compailia y como las \-a noml)radas tiene en su haber sonados triunfos. En los espectáculos ya realizados pudo el pii- blico admirar la estupenartida. A.MKi.iA. — Si : 'o confieso: me tral)aja una idea, una preocupación y me domina, me opri- me, es más fuerte que yo. Don Jaimk. — ¿Te ha pasado a'go? A.Mi-xTA. — Xo se traía de mí. no es eso. Mi vida, buena o mala, feliz o estúpida ya está definida y no hay que pensar en modificarla. Sería inútil; no habría s:)- lución. Pero es que se trata de mi hija. de Catita. Hoy se iuef>a su destino y toda la tranquilidad (pie he tenido sobre ella, hasta ahora, se ha convertido de pronto en una angustia, en una zozobra ¡qué se yo! algo que presiento, que adi- vino y que no puedí) soportar. Tú sah:-s (jue a las seis, vendrá... Do.\ Jaimk. — Si; me lo lia dicho el propio Al- berto: quiere visitarla y después ¡claro está! casarse. Me parece que está com- l)letamente enamorado. Amelia. — ;Tú crees? Do\ Jaimk. — ¡Al menos, habla de mi nieta con un entusiasmo ! Figúrate que hoy me trazó su silueta... ; Qué se yo! Me dijo que tenía un perfil griego, una frente digna de Leonardo y una mirada será- fica como las vírgenes de Boticce'li. Amelia. — ;V nada más? Oo.\- Jai.mk. — ¿Te ])arece poco? Amelia. — (Dcspucs de una pausa). Sí: papá. Dox Jaimk. — -' Qné dices? Precisamente, traía ])ara ti un mensaje, pero jamás creí que fuera necesario. Amelia. — ¿De quién? Dox Jaimi:. — De Alberto. Fué a visitarme esta larde, para que yo viniera antes de 'as seis a hablar contigo... contigo... si... porque ha notado o jiresume que opo- nes alguna resistencia a sus pretensiones y deseaba que yo le persuadiera de su sinceridad antes de hacer la demanda formal. Yo traté de convencerlo que es- taba en un error. Pero ahora... la ver- dad. .\.MELL\. — ¿Quér Habla. Dox Jai.mE. — Pues... ci>mÍenzo a creer que si bien no te ojjones, por lo menos dudas y vaci'as... ¿Esa era toda tu preocupa- ción, toda tu angustia? .A.MKLIA. — Si. francamente, sí. ( Pausa K Dox Jaime. — Y... ¿por qué? .A.MELIA. — Por que... no sé... es algo raro... instintivo quizás... pero... Dn.v J.\iME. — Habla, Amelia... tú ocultas algo. Xo tengas secreto para mí. Dime toda la verdad, sin reservas, sin temores. .Amelia. — Yo no se mentir, bien lo sabes. Dox Jaime. — ¿Qué piensas, qué jiresumes. qué temes? Amelia. — Esa es la palabra: temo si. temo i)or los dos. ¡ Si no fuesen felices ! Si a'gún día se reprodujese el espectáculo de dos vidas... como las nuestras. Dox Jaimk. — ¡Como las vuestras! Amelia. — Sí, papá... es horrible. Estar junto a la persona elegida por compañera y sentir que hay un abismo entre los dos. La \"ida resulta absurda. uK^nótona y nada más que por deber se continúa una simu'acíón de dicha que... só'.o engaña a los demás. Dox J.MMK. — ¿De manera que nada han podido los años sobre tí? \'uelvc a resurgir la Amelia, aquella Mely de los primeros tiempos... ¡.Ah... esa cabeciía ! A.MELIA. — Xo. es el alma. papá. ínúti'mente tratamo'i de (lue se adormezcan las fi- bras íntimas, imponiéndonos el sacrificio de nuestros gustos, de nuestras preferen- cias, de nuestros anhelos, de nuestros sueños, en linminaje a la... vida en co- mún, a... la iranquilidad. a... lo de todos los días. Llega un momento en que todo renace, todo vibra, todo se es- tremece }■ entonces. . . só'o el sacrificio es capaz de evitar el desastre. Y es(» temo. Dox Jaime. — ¿Dudas de ti? .Amelia. — Xo. de ellos, de él, a q-uien veo sur- gir como un fantasma, para acusarme, para atormentarme. Dox Jaime. — Amelia... Alberto... ¿Qué mis- terio es este .' .Amelia. — ¡Por Dios, papá! ¿Qué piensa^? Dox Jaime. — Xo, no; pero hablas de fantas- mas. .Amell\. — Sí, si. porque es e>o... es una ven- ganza, un castigo, he sido cobarde, co- barde, cobarde! D(>N Jaime. — Pero hija, no com])rendo. Sién- tate, hablemos con tranqui'idad, per.í claramente, >!n esas reticencias que... me confunden y me sorprenden. Ten confianza en mi... dimelo todo. .Amelia. — Tienes razón. Me exa'to y pierdo la calma. ( Sentándose ) . ¡Si tú supieras! Dox Jaime. — Bueno, asi. tranquila. Confíale, no tengas temor ninguno, dime toda la verdad. Amelia. — (l^cspucs de mirar con recelo hacia el salón). Escucha... (Pausal. Tú no sabes, papá, lo que han sido estos largos años de matrimonio. Al principio ¿re- cuerdas? cuando nació Catíta y tu te — SELECTA — fuiste de nuevo a viajar, yo misma es- taba convencida de que podía ser feliz. Próspero no era, ciertamente, el hombre que yo hubiera preferido y bien sabes que renuncié a un sueño que parecía iir,- posib'e porque estábamos los dos solos en la vida y era indispensable asegurar el porvenir con una boda seria, correcta, ventajosa ¿no es eso? que me pusiera a cubierto de toda inccrtidumbre. Don Jaimk. — ¿Es un reproche? Amki.ia. — Xo : no hubo egoísmo de tu i>arte y me explico que en tu situación, prefi- rieras para mí un matrimonio tranquilo gué a convencerme, que hasta me aver- gonzaba de haber tenido otras veleida- des, llegando hasta pensar que ciertas selecciones del alma sólo sirven para conspirar contra la verdadera felicidad... si la felicidad es esto que nos rodea. Do.\ J.MMK. — ¡.\h,.. siempre la misma! .\.Miai.\. — Escucha: te lo diré todo. Catita si- guió creciendo y constituyó toda mi pre- ocupación. ¡Ah... sí; (pie no fuera lo que había siílo yo : que no despertaran en eKa aspiraciones y ensueños que luego no habrían tle rea'izarse! ^' emprendí entonces una obra lenta, tenaz, paciente : obra... que hoy me asusta y hasta me Amei.I-\. — Xo, no es eso. Él ve la vida de otro modo. Es un alma de lucha y de com- bate. Don J-Mmk. — ¡Amelia! Amei.i-v. — (ll,valtáíidost') . Es un sincero, es un sensitivo, que no se conforma con la vulgaridad de esta vida monótona y es- ttipida . . , Don J.mmk. — ¡Pero Amelia! A.MKLi.v. — (Con cutiisiasnifl) . Si, yo lo adivino: Alberto será un triunfador. Sus senti- mientos son hermosos y elevados, su corazón late junto a la vida intensa y necesita a su lado un alma como la suya. antes (pie una luiion puramente senti- mental... ¡Pero es inútil, papá, preten- der engañarnos! Somos, lo que somos... y tarde o temprano pagamos el error. Al día siguiente de casada, me di cuenta de lo que había hecho. Próspero es bueno, es leal, es generoso... pero es así... es Próspero y yo soy .Amelia, la misma Melv de los primeros años que tú edu- caste con tanto mimo, con tanto amor, preparando su alma para la vida afee íiva. para comprender, para admirar, para (¡uerer. para soñar... l'.il realidad yo no tenía derecho a quejarme, jiorque todo, todo aquello de que fuera capaz Próspero yo no hubiera tenido más que jjedirlo : todo, menos lo que yo quería... Pasó el tiempo y casi llegué a conven- cerme (le que la vida era eso : una a'ianza traiKinila, buena mesa, lecho blando, pla- yas en verano, teatro en invierno, leer los diarios, camliiar de trajes, en una lialalira : ; matar el tiemiio ! V tanto lle- avergüenza. Lo cierto, [lapá — y te lo digo sin rubor — que yo misma he ido matando en ella, lentamente, todo ger- men de originalidad, de independencia, de vida interior, para que fuera la mu- ñequita más seductora, la que había de enamorar a un hombre fuerte y normal, a un buen iiartido, a otro Próspero, ca- paz de ser y sobre todo, de hacerla feliz. ¿Comprendes, ahora, toda la amargura LTto : un artista, un ensi- mismado, un sentimental que só'.o ha visto en ella ¡os perfiles y la frente de que te hablaba con tanto entusiasmo? ¿Comprendes mis vacilaciones, mis du- das, mis temores? D(i.\ J.vi.ME. — Sí. pero... no es para preocu- ])arse tanto. Alberto, a pesar de sus cua- dros, es un hombre como cu:il(iuier (Uro. .\mi:i.i.\. — Xo. no: yo lo presiento. Don .I.mmk. — ICs un caballero correcto, genii! V será un correctísimo niarido. porque en éi, por encima de todo, hay vehemencia, hay temperamento, hay vi- sión de gloria. . . Don J.m.me. — Amelia... .Amelia. Tú... tú... .\meui.\. — ¿Qué? ¿qué? ¿Qué piensas? No. mentira. Te engañas. ¿Qué he dicho? ¡ Oh . . . papá . . . también tú ! . . . Don J.mme. — Xo, no es eso. Tal vez he sido injusto í mimándola). Pero no te exal- tes. Ten cuidado con lo que dices. Mira que el mundo es malo y egoísta. .Amelia, cálmate y no pierdas la serenidad. ¡ Por favor ! .\.\nci,i.\. — (Después de una pausa). Si. tienes razón. Ya he vuelto a ser la de antes. Te aseguro que no tendrás queja de mí. (Voz interior). — Mamá, mamá. Don J.mme. — ¡Catita! .Amki.i.s. — Schsst... Xí una palabra más. ../tmae/^ (So-vft l/KtA-. Sierras de Córdoba. 1516. — SELECTA — (¡yirsif^**'"" üf- Para. "SELECTA" X fSpirilu delicadísimo, un alma que vibra a todos los más sutiles impulsos del arte. tal es este joven que inicia su labor de bc- eza en una forma b¡i.*n auspiciosa y bien definida. Juan F. de Soria es un enamorado del ideal. Su cüm])rensividad exquisita lo coloca en ]*;)>.'- sión de esas joyas inapreciables que nos da el estudio bien encaminado : sentido recto, energía fie convicciones, verdadera orientación para la conquista de la be.leza. De ahi que hayan sido tan celebrados sus pri- meros pasos en e! difícil arte de la composición musical, estilización armónica de .sentimientos y de sensaciones, alta manifestación de idean:iad. I, a moderna tendencia que Soria ha adoptado y sigue en sus trabajos musicales, no obsta jiara que, llevando esa tendencia a un personalismo que se define con lineas bien enérgicas, la haga accesible a todas las p.Tcepciones. porque sus trabajos tienen a:nplia inspiración y un senti- mentalismo que llega al que sabe apreciar y al que juzga. El vals que Soria ha tenido la gentileza de dedicar a Ski.i'.CTa. es una hermo-a prueba de esto que » ■i —I — -^ < H > rf-f^ I 1 - ^ M*í^ A\ 1 1 1 — 1 — *— [> — í^ — 1 1 1 -i 1 ^ . -1— ^ \ i { -4 — 1 — 1 — i'_J^ — :!4<-l i ^ ^ ^ 3^^ büsíaáa 9 ' ~ Wlh j-- E 1 hH -^ ^^ ^ ^ -. — ■ * «• — ?if f ^"Vh f OH'l4 1 'í > ' ll t' ■ 1 — SELECTA — Tarde de Mayo, serenamente azul. ¿Quién nos llevó aquella tarde a Pocitos? El azar. ¿Quién me 1 evo a tu lado aquella tarde? El azar. ¿ \o buscará, nuestro corazón, sin que nos- otros lo sospechemos, al azar como cómplice, para rimar un verso, tejer una flor o hilar un sueño? ¿No será el azar, quien hilvana glorias en nuestra vida y pone músicas a las palabras y un encantamiento de poesía a nuestra emocio- nada soedad? LazariLo que oye las palabras de nuestro corazón y que nos lleva allí, donde nos Human. Tarde de Mayo, serenamente azul.... Nuestra conversación, fué en su comienzo, palabrería de madrigal, gota de agua que perturba por un ins- tante el pensar de una fuente, y que no l.eva ni más diafanidad ni más sonoridad al cristal de sus aguas. — ¿Qué piensas tú. le decía yo, mintiendo indi- ferencia, de la inconstancia femenina? Tus la- bios sonrieron y tus ojos sonrieron, y eras toda tú, como una vibración de primavera. Porque la risa es juego de sol, rosa de Abril, canción de amanecer, agua que corre entre peñas, trino de surtidor, romance, idilio y verso en labios de m FLIRT mujer. \ en lugar de contestarme con palabras, tu alegría me dio la respuesta. Si... la leí en tus lindos ojos castaños. Nuestra inconstancia, me decían ellos, durará hasta el día que a'guien nos enseñe a creer. — Luego, ¿ tú dudas ? — Sí. Dudar es prevenirse contra el dolor. Si alguna vez hemos de creer, prefiero que ese instante me tome de sorpresa. Hay una tristeza muy grande en nuestra vida, muy honda. Tris- teza silenciosa, sin lágrimas. Cansarse de es- 1 erar !. . . — ¿ Pero cómo es posible que tú, a tu edad, cuando toda la vida debiera ser para tí. como una oración de fe ; cuando tus íntimas interro- gaciones debieran hallar una sola respuesta en el recogimiento de tus meditaciones románticas ; cómo es posible que tú. a los diez y ocho años. . . Si piensas ahora así, cómo pensarás tú cuando. . . — i Chist ! . . . No nos avepturemos en saber cómo hemos de pensar, ni cómo hemos de sentir mañana. Nuestra felicidad consiste en vivir la hora que pasa. Vivirla, sentirse en ella. Si la mañana es alegre y los pájaros cantan, miremos el azul del cielo y oigamos el cantar de los pá- jaros. Si el paisaje es gris, y lloran las campanas con el crepúsculo, que sientan nuestros ojos el rocío de una lágrima secreta por el paisaje gris y que nuestra alma se vista de me'ancolía, si ¡'oran las campanas con el crepúsculo. — ¿Quiere decir que tú entiendes por felici- dad?... — Eso : Armonizar. — ¿En todo ? — En todo; sí. Pero... ; Qué difícil es armo- nizar en el amor ! — ¡No!... Creencias de mujer. Por distintas -* r«s I i w uw tf im m m í ' He triunfado, superado mis esperanzas ; sin embargo. . . Calló el Maestro : hizo una pau.sa. como in- vocando el pasado, y dijo así : — Era yo un niño melancólico, con esa me- lancolía que se apodera de los corazones dema- siado sensibles al destino de las cosas... Siendo mi natural dulce y delicado, poco ex- pansivo, más bien inclinado a la contemplación que a la vida activa, mi familia, honrados labra- dores, gente humilde y sencilla, ignoraron siem- pre lo que pasaba por mi espíritu. No me parecía a mis hermanos, dos mocetones robustos, que con el alba íbanse a trabajar la tierra, canturreando canciones de la aldea. Érame extraña la conducta de mis padres para conmigo : no me permitían que labrara la tierra. " Tu cuerpo — decíanme, — no es para esa labor tan ruda ; se necesitan fuerzas, y tú no las tienes ". E, invariablemente, acababa en esto : — " Entretiénete en tus juegos ". Más tarde lo comprendí todo ; los solícitos cui- dados maternales, las miradas silenciosas de mis padres, y aquel ' ' i pobrecito ! " en los labios de los vecinos. El médico del pueblo había declarado que con el desarrollo no traspasaría los umbrales de la adolescencia. Todo tendía por aquel entonces a la paz y tranquilidad de mi existencia: el ocio favorecía la forma de vida a la cual sentíame inclinado, y ensanchaba mí espíritu en conjunción deleitosa con la naturaleza. Fué así como admirando el paisaje de los cam- pos y los cielos, mi infancia transcurrió en un ensueño de be'leza. y como radiante Apolo en una mañana de primavera sale en el horizonte, surgió el Ideal. Hacía figurillas en madera y dibujaba también, tratando siempre de reflejar las impresiones que recogía en mis paseos cotidianos. Cumplí los diez y siete años. En poco tiempo habíame transformado ; mis genitores no ocultaban su alegría, ¡ se sentían tan felices ! Sin embargo, cierto nubarrón ensombrecía sus semblantes. Por otro motivo había yo sembrado la inquie- tud de nuevo en sus ánimos. Una noche, por fin, junto al hogar, dolorosamente accedieron a un pedido que varias veces les hiciera : como que sean nuestras a. mas. una constante y cre- yente, la otra íncrédua y diversa; apasionada aquella que nos habla, prudente aquella que nos escucha, siempre, sí quien dicta las palabras es .\mor, la misma música oirá nuestro corazón, aunque distintos sean los acordes exteriores. ¡Rosa blanca, rosa bermeja!... Si aspiramos su fragancia y cerramos los ojos, no sabríamos de- cir cuál es la rosa blanca, ni cuál es la bermeja. Amor es una oración toda diversidad. — ¿Crees tú en el amor? — Sí. El amor es el único sentimiento que compendia en una sola verdad, todas las menti- ras de la vida. Y sí tú no dudaras... Hubo un largo, un expresivo silencio. Miré sus lindos ojos castaños, y lila me pareció la tarde de Mayo. Alguien dijo : Un flirt. Un flirt... Y como sí nuestras almas hubie- ran sido sorprendidas en el instante mismo de pecar, sonrieron a la sutil exclamación. Y cuando los labios sonríen, sin querer sonreír, es que el corazón quiere mentirnos o nosotros queremos engañar a nuestro corazón. ^/¿¿íju^eí^ CJÍe/yel. .cy Icaro quería yo volar con las alas del Ideal y una mañana abandoné la casa paterna. Brazos amados y temblorosos besos de mi madre die- ron un adiós al niño querido. Distinguí, por última vez, en una revuelta del camino, a mis padres, mi madre lloraba... .■\gite los brazos y con algo de remordimiento apresuré mis pasos y ascendí por la montaña. Una fuerza poderosa me empujaba más allá de aquella frontera gigantesca, límite de mi al- dea, principio de lo desconocido. Llegué a Milán, consagré al arte mi vida en- tera; todo lo sacrifiqué a él con amor, con sa- grada unción. Una vez al año descendía por la montaña y caía entre los brazos de mí familia. En mí corazón revivía entonces el recuerdo, caminando junto al arroyuelo que suspendía su curso en el confín de la floresta. ¡Breves y di- chosos días ! Después subía otra vez a la montaña a la busca de mis ansias y de mis glorías. Mí nombre sonaba ya, según las crónicas era un artista de garra, de mucho porvenir. Mis obras se imponían al ambiente, reacio al principio, y paso a paso fui escalando altas cum- bres en el mundo de las artes. Un día, día terrible, sentí una enorme sacu- dida en las profundidades de mí alma... ¡ Mi madre había muerto ! Sus ojos cerráronse y sus labios invocaron al hiji) ausente, al que la fatal montaña separaba (k* sus brazos amorosos. Llena el alma de amargura regresé a la aldea. Mi padre me abrazó en silencio, luego pasea- mos juntos por la huerta, recordando a la au- sente, hablando del pasado. De esa época datan mis mejores obras. .Mlí, entre aquellas paredes queridas que me vieran nacer, surgió !a modalidad artística que me reservó la fama. En el recuerdo y el presente hallé la veta por la que brotan los sentimientos más profundos del alma humana. En cuanto a mi obra anterior es una cosa muerta para mí ; la obra que yo quiero ¿ sabéis cual es? la obra del dolor y la desesperación. Es en esa donde el alma de la humanidad ha bebido más verdad y más belleza. ¿.\caso vivimos del do^or? ¿ El destino de los hombres será cruzar eter- namente la montaña? Cé<;av f.^. CXiníana-, ©08 interesantes fcfiestas ocíales Té ofrecido por el señor Carlos Garfao Márqttez á tin grupo de sus relaciones. De izquierda a derecha: señora Gladys Cooper de Btick, señorita Esther Pons Martínez, señora Esther Boíííl de Lasala, señorita Elvira Mcnyo» señoras Violeta Supervielle de L.asala, Carmen Lasala de Pcizoto y señorita Zulema Giuffra Comida que un núcleo de sus relaciones ofreció a la señorita Sara Blanco Acevedo La señorita Sara Bianco Acevedo, una de nuestras más bellas y distinguidas niñas, ha par- tido para Europa, separándose asi de nuestros más aristocráticos centros sociales. Para exteriorizarle ¡as graiídes simpatías que la señorita de Blanco Acevedo tiene en nuestra so- ciedad, un núcleo selectísimo de sus relaciones le ofreció una comida, la que resultó una de las notas mundanas interesantes realzadas en el mes de Mayo. La señorita Blanco Acevedo por sus bellísi- mas prendas de carácter, por su bondad, por su distinción y cu'tura se ha hecho bien acreedora a esta demostración. Después del banquete, se improvisó un baile, el que resultó animadísimo y brillante. La obsequiada pasará una temporada en París en compañía de su hermano el distinguido diplo- mático doctor Juan Carlos Blanco .\cevedo. que representa a nuestro ¡jais ante el gobierno francés. Nuestros votos para que la estadía de la seño- rita de Blanco Acevedo en la capital francesa sea felicísima. TF W W P"'' í-^ F"' mmwm.wñ MlLtC I A — Pasan ollas o o SlLUlvTAS (|iic ])asan. que alegran la calle, que clan amable a.s])ecto al desfile, que surgen como una nota armoniosa, en el conjunto uniforme, febril, unicolor de la nniltitud (jue avanza, impulsatla por mil encontrados deseos, por inverosímiles pasiones, por pe- rentorias necesidades, por un dolor, ])or una alegría, por una duda, por un delito, por una esperanza. . . Siluetas femeninas ; lineas gentiles ; estelas perfumadas ; jjelo.^ las (jue tienen una honda interrogación en el sem- blante aniñado y candido, las que muestran una palidez de fatiga o de hastio, las que se envuelven en una como indefinible sombra de tristeza, las qu^^ien hasta sin reir ])orque se dijera que guardan sonoras carcajadas en los deliciosos hoyuelos de las mejillas. . . l'asan, pasan en interminable y maravilolsa caravana. Pasan ctiando esplende el sol y la intensidad de la luz pone en los rostros tenuidades de alabastro : pasan cuanasan emergiendo de ima boa de plumas o de la caricia tibia de mía ¡jíel. v ¡¡asan siempre triunfantes, siempre bellas. siem|)re en ritmo de poema de vida, siempre promisoras de encantos: alegría y caricia reconfortadora en el dolor. triviali(lafc:LtC I A — pQEMA PE nuesTrqs campos Página artística del notable paisajista uruguayo ERNESTO LAROCHE PARÍS BEBÉS DE A. MIRA HERMANOS Gran casa especial en confecciones para niños, niñas y bebés Mensualmente recibe las últimas novedades Todas las madres deben visitar esta casa, pues es la única que en Montevideo puede ofrecer la más grande variedad de artículos para criaturas, signifi- cándolos por su lujo, por su elegancia y por la modicidad de sus precios- :: :: :: :: 6asa en París: Rué Dunkerque, 48 MONTEVIDEO Juan Carlos Gómez, J315 al 132J ♦-- ■ E;^^ La riqueza en la luz no consiste en la cantidad, sino en la calidad de la misma. Philips Medio watt Fabricantes: Philips Glowlampworks Ltd. Eindhoven - Holanda En todas las buenas casas de electricidad REPRESEMTArslTES: LAURO Y ÓSCAR PINTOS Lauro A. Pintos (Sucesor) CALLE URUGUAY, 1142 CASA FUNDADA EN EL ANO J85S CARLOS PFEIFF & C lA Casa de Compras en París, Cité de Haateville 378 GRAN SURTIDO DE TAPADOS DE PIELES CoDfeccIones soberbias y artículos de estación liltima novedad. 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HORACIO ELLIS&Co. 340. Calle 25 de Agosto. 344 - Montevideo ANO I NUMERO 3 MONTEVIDEO. JULIO DE Í9Í7 DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN qÍ' L'RI"! ct f;K'tu. De 1k-c1i(i \' ilc dc-rc-cho. De he- cho, porque el valor- el heroisniu. el sacrifi- cio :nil veces re¡)etiilo de los ])atriütas ([iie lucharüii por la verdad republicana y por la defini- tiva imposición del derecho jjolitico de la nación, habían consolidado a go¡])es rudos de lanza la tan- i^ibilidad de la Patria. De derecho, porijue no en vano se sfuerrea durante más de media centuria en la coniiuisla de un solar ])roi)io. reparto glorioso y tra.scendental a (|Ue'se dedicaron los pueblos li- Edcfo. Medalla de Plata conmemorativa de la Jura pTestigios de heroísmo y de valor al concierto civi- lizado. l^a Constitución jurada el año iS^o. era la sn- l)rema razón dada a los i)rinci])¡os dictados por Ar- tigas en el Congreso del año Xlll ; era una conse- cuencia triunfal de aquel germinar de rebeliones, enunciadas como lui palpitar del corazón jnipular en el Cabildo Abierto de 1808; fué una am])lia re- ])aración a la dura prueba ¡niijuesta a la fanu'lia oriental en las jornadas tristisimas del Éxodo; \- Boceto de Juan M. Blancs para un cuadro que evoca fielmente el acto de la Jura de la Constitución en 1830 bres de América des])ués de la jornachi victoriosa de Mayo de 1810. Fueron jalones sucesivos de victoria. Desde el atardecer ])roniisor y augural en Las Piedras cuando el general Posadas rendía sus ar;ras a Artigas, hasta la jornada grandiosa de Jtuzaingó. los orientales fueron laljorando la consolidación defii)itiv:i .le la Patria con mi invariable es|)íritu de renunciamiento y con ima fe inquebrantable en el triunfo final. Dia fué. pues, de alegría inmensa, de regocijo ex- traordinario, aquel en que se juró el Có ligo Funda- mental. iVili.na conquista del patriotismo y de la noble aspiración de los ipie habían anhelado la or- ganización del país. ])ostrer eslabón de mía cadena de opresiones v de tutelajes (lue se rompía para siemiire v (pie la .\mérica y el mundo saludaban con honda simpatía, puesto que desde aquel instante en la libre América existia otra democracia altiva V fuerte, otro pueblo que se incorporaba con sólidos Medalla conmemoraliva del acto solemne celebrado en la Plaza Constitución fué el proemio augusto a la constancia, a la fatiga heroica, al inmenso batallar de un ideal de libertad ([ue sumó todos los jieiisa- mientos y todos los esfuerzos de un pueblo. Ya somos un ])ueb!o que tiene saneada su carta de incorporación en el conciL-rto internacional ile las naciones más adelantadas. Ya somos una fuerza mo- ral, que es nieior (pie SL-r una fuerza mecánica, re- conocida ])0r todos y ])uesta sienqire al servicio de los principios v de los ideales más caros al es|)iritii del honbre moderno. \:\ somos un factor inijiiir- lante en el avance de la Humanidad jior los sen- deros de la lusticia. del Derecho, del 1-iien. de la \"erdad y de la Democracia. N' todo ello- todo, por obra tenaz, consciente, viril del ¡uieblo. ("doria a él. (pie heroicanente existe y n^archa de- cidido V seguro a la sui)rema culminación de sus destinos. — SELECTA — .olor ntiev A si.-nsi1)ili(la(l hiitii;ii>;i para el dolor es ilimitada. La infinita complejidad de la vida, nos ofrece en las compli- caciones (|iie realiza, infinitos motivos de sufrir. Y no nos contentamos con el dolor en si (|nc nos da la realidad ás])era y fiera, como la leclie de una madre sin entrañas: sino i|ue lo aj^uzamos. lo afinamos, lo inte- lectualizan^os. lo aristocratizamos. Nuestros nervios adijuieren mía ex- traordinaria riqueza emoti- va, como las cuerdas de esos viejos stradivarius (|ue han vibrado siaces de alcanzar y sentir el nuevo doUn- ! , /VllCílO. si;li:ci A — ®Sí .■'-'=§bs>- baAHAALCORTA Jt/AAlIt. I J or su lio n rosa tradición di lamÜia. por mi elevada distinción r^ personal, por su bondad ^in Imiitfs y por su nobilísima e Jníati- gablc actividad en ol ejercicio del bien, en el socorro de los me- nesterr)sos y de los desvalidos. Doña Ana Algorta á-: Mañc es una de nuestras matronas mas respetables y merecedoras de la estimación y la gratitud de todos los que saben valorar en toda su grandeva las prác- ticas sin ostentaciones de la Caridad. De sus innúmeras obras cari- tativas ve destaca con brillo deslumbrante su actuación en la presi- dencia de la Sociedad de San Vicente de Paul de la Aguada, tn esc puesto y fuera de el, la señora Algorta de Marie, ha sido el ¿íma de muchas nobles iniciativas, Y en su aian parecen condenados : cada vez más sangrienta y destruc- tiva, más antagónica con la civilización por su mayor exterminio de la vida, v de la obra de su labor creadora. ^líu/i- tjztn^c Dibijo de Saniana. — SELECTA Fiesta del Invierno ^% ^¿^ (^» I'^ELlCJSl.MA la idea que ha tenido la "^ Comisión de Damas, organizadora de la Fiesta del Invierno. Xada más amable, nada más lleno de encan- tos y de atractivos que una fiesta al aire li- bre en unos días en que el invierno nos dio una tregua. L'na reunión selectísima bajo los árboles (jiie van despojándose de hojas, en medio a los jardines que el írio ha dejado sin corolas, ante lo gris del cielo — ofrece un contraste (|ue es novedoso y bello. No importa que las ramas estén desnudas, que no haya flores en los parterres y que en el cielo no resi)landezca el sol. En el paseo tradicional las damas y las niñas, con .sus ros- tros encantadores, con su gentileza, con su ele- gancia, con sus perfumes ; suplen y hacen que Señoras Dolores Souge de Wllllains Plácida Suárcz de Villegas Isolina Eastman de Vial Bello Enriqueta Wlllians de Arteaga Señoritas Gómez Larravidc, Villegas Suárez y Williams Bocage. CHÜ .se olvide los colores y las fragancias de las flores, el brillar del .sol (¿para qué el sol si los ojos femeninos fulgen como luceros ?) a alegría luminosa y estallante de la pri- mavera. Hermosa la iniciativa y admirable el re- sultado, puesto que la Comisión de señoras (lo más granado de nuestra sociedad) y ([ue ¡reside la señora Dolores Bocage de W'illianis Larriera. no escatimó actividad para (|ue fuera festival una nota verdaderamente elegante. Esta original fiesta en el Prado tuvo por objeto arbitrar recur.sos ])ara el sostenimiento de los establecimientos ]3rivados de enseñanza. todo lo cual contribuyó al éxito magnífico (|tK' obtuvo. En el amplio paseo y en los alrededores del Hotel se hablan instalado kio.skos para la venta de flores. ^" en esta tarea ocuparon toíla su gentileza, todo su desinterés, gnq)os de ni- ñas de alta figuración social, que fueron atrae" tivo eficiente ])ara que afluyeran comprado- res y el fe.stival diera el resultado apetecido. Todo Montevideo distinguido (si hemos de emplear una frase hecha), hizo acto de presen- cia en la Fiesta del Invierno, v de ese éxito brillantísimo puede reclamar todos los lauros la Comisión de Damjis que preside la señora Bocage de Williams Larriera, Comisión que componen las señoras : Plácida Suárez de Vi- llegas, ^largarita Uriarte de Herrera, Isabel Barrozo de Saavedra, Elena Heber de Galli- na!, Valentina Butler de Finn, Sofía Blixen de Suárez, Isabel R. de Irureta Ooyena, Maria Herminia C.arzón de Mané, Josefina (lómez de Pastori, María lísther Echegarav de So.sa Díaz, Isolina Eastman de Vial Bello, Delfina -Aguiar de .\Ivarez. Coriua Rücker de Seré. Elvira Serratosa de Vidiella, María Zorrilla de Montero Bustamante. Clotilde Ltissich de Hughes, Inah .\ceve(k) de Mané, Blanca Usher de Heber Uriarte. Señoras Josefina Gómez de Pastori Enriqueta Williams de Arteaga Señoritas Shaw Villegas, Acevedo Aivarez y Gómez larravide. — SELECTA — — SELECTA — En el gran salón: señoritas Julieta Gallinal. — Margarita Idíarte Borda. — Marieta Morquio. — M. Amelia Márquez Vaeza.— María Carolina Pérez. — M. Elena Serrato. Sofía Suárez Blixen. — Teresa Sanguínetti. — María Teresa Vclazco Piñeyrúa. — Blanca Gorlero. -■ Señores: Miguel Petít. — Luis Eduardo Larriera. — Juan Carlos Figari. PL'EDE enorgullecerse Montevideo de poseer algunas mansiones verdade- ramente señoriales. Pero indudable- mente una de las que con más esplendor, con más severidad y con más aspecto iniede reclamar ese título es la que en la calle ¿5 de Mayo ])Osee el caballero don Félix (^rtiz de Taranco. Magestiiosü palacio, que es copia e.xacta de una histórica y famosa residencia en París, se halla ubicado en un sitio por el (jue el extranjero (|ue llega a nuestro país tiene casi invariablemente que pasar. Xada. pues, que honre más a la ciudad que esa soberbia mansión, la que, diriase, sale al encuentro del forastero i)ara decirle, con la armoniosa combinación de sus líneas ar- quitectónicas y con la soberanía de su ex- terior, que en nuestra urbe hay una cultura superior, una distinción mundana que nada tiene que envidiar a las más rancias de l\u- ropa, y también personas opulentas que saben orientar inteligentemente sus vidas en una ruta luminosa de alta sociabilidad y de exquisito gusto artístico. El exterior del palacio Taranco no puede .ser más hernioso y de más puro estilo. Y en el interior, todo lo más suntuoso que puede imaginar la mente más refinada, se halla colocado, pero no en aglomeración confusa sino con tan exacto sentido artís- tico y decorativo, (jue el visitante tiene a cada momento un motivo de admiración. El hall es de una sencillez acentuadamente aristocrática. Primera afirmación de buen gusto, que predispone el ánimo a todas las más hondas satisfacciones artísticas. Sobre las dos fachadas ])rincipales del edi- ficio, se hallan los salones más bellos de EN LO PE ORTIZ PeTÁRANCO todo el palacio. El uno está destinado a recibos, el otro es la gran sala de baile. La luz irradia de las arañas y de los bra- zos. V se quiebra y multiplica sus reflejos y su brillo en los esi)ejos, en los bronces, en los cristales. Es una ola de luz que todo lo invade, que todo lo exhibe y a todo da su justo y elevadísimo valor. Salón de reyes es el principal, magnifico complemento del palacio suntuoso. En el gran comedor, las paredes están recubiertas de gobelinos. Xada que dé la más ¡jrofunda sensación de la prodigalidad ([ue tenían y aun hoy tienen los castillos no- biliarios de Europa, que este soberbio co- medor. L'na fiesta en tan admirable escenario, tiene por fuerza que resultar una reunión .soberbia, brillante afirmación de la distin- ción de nuestro gran mundo y oportunidad magnifica para que nuestras damas más •principales puedan ostentar su elegancia y su belleza. Tal fué la fiesta que se realizó días pa- sados, fiesta de la que, en estas líneas y en la nota gráfica que publicamos, hallarán nuestros lectores un débil reflejo. A su obsequiosidad imponderable la dueña de casa, doña lílisa García de Zúñiga de Taranco, unía una irreprochable elegancia. Su tránsito por los salones deslumbrantes fué un triunfo de gentileza y de distinción, y en ese triunfo de majestad y de cultura fueron principalísimas partícipes las seño- ras: doña Pilar de Herrera de Arteaga, do- ña Sofía l'latero de Idíarte Borda, doña Jo- sefina Pérez de Serrato, doña Julia X'illegas de Shaw y otras aún que dieron carácter versallesco a la reunión y (jue magnificaron el ramillete primaveral, el alegre triunfo de juventud y de belleza de las niñas que asis- tieron a la fiesta, y fueron como una flora- ción de aristocratismo en la deslumbrante majestad de los .salones. En ese grujH) gentilísimo brillaron con toda la imposición de su hermosura y de su amabilidad, las señoritas Elisa, Isabel y María Elena Ortiz de Taranco. Y junto a estas encantadoras niñas, vi- mos las resplandecientes bellezas de Mari- cucha Bustos de X'aeza. de ^largot Idiarte Borda Platero, de Amelia .Márquez Vaeza, de María Elena Serrato, de María Inés de Arteaga, de Plácida Villegas, de Clarita Müller, de .Margarita Saavedra. de Corina Seré Rücker, de Margarita Heber L'riarte v de Corina Morales Berro. El baile atrajo vivamente a todo el mundo joven, y en el raudo girar de la danza em- briagadora, las horas se deslizaron tan ve- loces que cuando terminó la selecta reunión, todos creíamos, en el primer instante, que apenas se iniciaba. •acucv I A — Los Pendones L ( )S escudos de anuas de las ciudades donde dominaban los españo- les les eran concedidos por el rey _v en las reales cédulas respectivas se describían con minuciosidad, acompañándo- las, además, en la mayor par- te de los casos, los dibujos co- loridos ; y les estaba expre- samente prohibido a los vi- rreyes, gobernadores y ayun- tamientos, hacer en ellos mo- ilificación. agregación o su- presión que no fuera previa- mente autorizada por nueva provisión real. üe estas disposiciones le- gales resulta : que los cabil- dos, (jue tenían el uso de los escudos de armas de las ciu- dades de que eran represen- tantes, estaban obligados a usarlos y a mantenerlos es- trictamente ajustados a los términos de la concesión real, careciendo, en absoluto, de toda facultad ]iara hacer en ellos ninguna innovación, ni aiin en los mínimos detalles. En las grandes festividades de las colo- nias, que eran las del advenimiento de los reyes, los escudos de armas que se colocaban en las decoraciones de las |)lazas y de los edificios pii- blicos solían estar surmonta- dos por divisas o inscripcio- nes mudables como las cir- cunstancias, como el senti- miento, como la inspiración o el gusto dominante en la época o en la ocasión : y esas mismas inscripciones se veían en los estandartes o guiones, que también se consideraban (iecorativos, que se lucían en el acompañamiento del Pen- dón Real o del Pendón del Cabildo, no pudicndo tener entrada en estos pendones oficiales las tales in.scripcio- nes, como no la tendrían en el Pabellón Nacional ni en el Escudo de .\rmas que en la moneda representa la sobe- ranía que la emite. En los escudos de las ciu- dades suelen encontrarse, aunque raramente, motes o divisas, como las tenían las armas de la antigua nobleza v de los Ordenes de Caballe- ría, y como la tienen diversos escudos nacionales : el de In- glaterra, por ejemplo, en cu- vas armas, contorneadas ])or la divi.sa de la Orden de la larretera : " Honni soit qui mal V pense ". está colocada debajo del escudo en una cin- ta, la divisa real : " Dieu et mon droit " : en el de los Estados Unidos de América, cuya águila sostiene en su diestra una banderola en que Antíg:uos pendones del Cabildo de Montevideo está escrita la conocida divi.sa : " In ¡¡luri- bus unum. " J'ero estas divi.sas que son la expresión concentrada de mi sentimiento, de un de- signio, de una cualidad característica o de una tradición o suceso histórico, tiene toda de Montevideo la permanencia del escudo de que hacen ¡¡arte integrante, del cual no pueden ser se- paradas y dentro del cual no son alterables sino en la for- ma en que puede serlo el es- cudo mismo, esto es, por un acto de soberanía. Nuestro Montevideo colo- nial tuvo sus pendones. Y fueron hermosos y de gran valor. Sobre tisii, los símbo- los y las leyendas están bor- dados en oro de alto precio. Doiiiina en su campo el I l'endón Real, que en so- 1 tuer con la Palma y la Espa- da, quedan ceñidos en la par- te superior por la Corona de C)Iivos que corta o divide la puerta del castillo, descan- sando en la parte inferior so- bre cuatro banderas inglesas .-.---.-- 1 abatidas. Este iJendón, que usó el Cabildo de Montevideo, fué otorgado en real cédula el año 1807, docu- mento que llegó a Montevideo el 23 de Enero de 1809, a bordo del bergantín "Buen Jesús ". lisa rea! cédula dice textual nente : "Por ([uanto: atendiendo a las circuns- tancias (|ue concurren en el Cavildo V Ayuntamiento de la Ciudad tle San Felipe y Santiago de Montevideo, y a la constancia y amor que ha acreditado a mi Real Ser- vicio en la reconquista de Buenos Aires, he venido por mi Real decreto de doce del i:)resente mes de .\bril en concederle título de muy Fiel y Reconquistadora : Facul- tad para <|ue u.se de la distin- ción de maceros : y que al Escudo de sus armas pueda añadir las banderas Inglesas abatidas (|tu' ajjre.só en dicha reconquista con una corona de olivo sobre el cerro, atra- besada con otra de mis Rea- les Armas, Palma v Es- leída. " Hoy e.sas verdaderas reli- quias de la é])oca del colo- niaje, nos parecen extrañas v tan ajenas a nuestra moda- lidad actual, que las consi- deramos casi exóticas y nos jjarece extraordinario que ellas hayan sido paseadas por las calles de Montevideo en los dias de gran ceremonial. Estas reliquias, de alto va- lor histórico, signos de la tradición nobilísima de nues- tra ciudad, han .servido de base para el proyecto de es- cudo de .Montevideo, usado liov por la Corporación Mu- nicipal. Lytxia. El pendón real del Cabildo de nuestra ciudad. — SbLttTA — /AV. Gentilísima, con relevantes prendas de bondad, de distinción y de belleza, es la señora Guaní de Cardoso una verdad representativa de todo lo que vale y de todo lo que sigiiifíca la mujer, en la expresión del carácter y en la cultura de nuestra sociedad. yéMíVáWí vrí^yífrí iy EL Maestro, el hunibre que domina en nuestro ambiente con todos los más elevados prestigios del talento, espí- ritu superior (lue ha llegado a culminar por el esfuerzo propio, fué objeto de un justi- ciero homenaje, al que nosotros queremos (lar nuestra modesta contribución. X'ada que nos halague más que recono- cer y elogiar los méritos de los conciuda- danos ilustres que se imponen a la consi- deración del país por sus obras meritísimas. Y comprendemos que debe exaltarse en (1 espíritu pi'iblico este sentitniento de res- peto hacia los uruguayos que. triunfando en cualquier expresión de la actividad, glo- rifican a la República y la hacen cada vez más respetada ante el concepto de las de- más naciones. \o hemos de cejar en esta propaganda que conceptuamos inspirada en im alto in- terés iKitriólicü. CJuizá en nuestro ])ais no sentimos todo lo ampliamente que fuera me- nester este sano orgullo por los hombres (|ue reflejan gloria sobre la nacionalidad. Quizá aplicamos mucho indiferentismo en el reconocimiento de estas afirmaciones de las inteligencias uruguayas que sobresalen, ya no del nivel de la mentalidad nacional, sino que se imponen a las mentalidades ex- tranjeras, aiin a las de los países que más alto puesto ocupan en la cultura del mundo. La orientación de nuestras buenas inten- ciones en ese sentido procurarán, en la me- dida de su acción, intensificar el culto ])or los ciudadanos eminentes que reclaman toda la consideración pública. El doctor Francisco Soca es ima de las personalidades científicas sudamericanas más distinguidas, más eminentes, que ma- yores títulos puede ostentar para ocupar el sitial preeminente que tiene conquistado. -Autoridad indiscutible en la familia ga- lénica, su fama ha tras])uesto glorio.samente las fronteras de la ¡¡atria y se le resi>eta en todos los centros científicos de .América y de KuroiKi. Kl doctor Soca es un ejemplo achnirable de voluntad al servicio de una mente pri- vilegiada. Hoy puede ostentar el titulo de Maestro de .Maestros, porque la distinción que le ha hecho la .Academia de Medicina de París lo coloca en el pináculo del triunfo. Fué, ])Ues. oportuno v justiciero el homenaje que le rindieron Médicos y Estudiantes, home- naje que noticia estas líneas modestísimas, expresión de nuestro respeto y de nuestra admiración ]ior el compatriota ilustre. Ciudadanos como el doctor Soca honran la mentalidad de un pueblo. SE^UCV 1 J\ ■ tn LA HORA V^OLEnNE DE LA JURA^ Coronel Eugenio Garzón EX la tarde del 18 de Julio de 1830 el pueblo reunido en la (|ue hoy es Plaza Constitución aguardaba emo- cionado que la .Vsamblea Legislativa ju- rara el Código l'undamental. base primera de la definitiva organización ])olitica del país. Cumplido ese solenme requisito, entra- ron a la sala de sesiones los miembros del ("lobierno: el brigadier general don Juan Antonio Lavalleja y sus ministros, quienes juraron ante el Presidente de la Asamblea que lo era don Silvestre Blanco. Frente al Cabildo se hallaba formado el batallón i." de Cazadores co randado por el entonces coronel don Eugenio (larzón. Esta unidad, del ejército de la .Vación que sur- gía en tan fausta jornada a la vida institu- cional de los pueblos, rendía guardia de ho- nor ante la Asamblea Legislativa, en cuyo local se celebraba el acto más trascendental que en el país se contemplara. Prestó juramento el coronel (íarzón ante el Gobernador Lavalleja y volviendo luego al frente del batallón (|ue comandaba, re- IH DK JULIO DE 1830 cibió el juramento del segundo jefe. Mayor Andrés Gómez, y de todos los oficiales de su batallón, que lo eran: el teniente coro- nel don Cipriano Miró ; los capitanes don Hermenegildo Lafuente, don José Rodrí- guez, don Francisco Lasala, don Miguel .Alegre y don Joaquín Idoyaga ; los ayu- dantes mayores don Indalecio Larraya. don Ramón Visillac ; tenientes primeros don [uan Pío Gurgel, don Saturnino Revuelta, don José María Ordóñez. don Pedro Caza- riego, don Marcos Rincón y don Ildefonso Correa ; tenientes segundos don Juan Ma- ría González, don Miguel Delahanty, don Joaquín Viejobueno, don Joaquín José Xascimiento y don Pedro Rivero ; subte- nientes don Juan Quincoces. don Remigio González, y abanderado don Manuel Ger- mán Fleitas. Acto seguido el Mayor Gó nez ocupó la derecha de la linea y apoyando su esjiada sobre un fusil, figurando una cruz, ordenó que todos los individuos de tropa pasaran frente al sagrado símbolo besándolo como señal de acatamiento a la nueva ley (|ue Sargento Mayor Andrés A. Gómez regiría desde entonces los destinos de la nacionalidad uruguaya. Después de este acto tan sentido y elo- cuente, tal co;no cuadraba a los hombres de acero de aquella época, el batallón con la bandera nacional flameando orgidlosa a los vientos de la ])atria consolidada y glo- riosa, ílesfiló en marcha a su cuartel. El jíueblo. delirante de entusiasmo, tributó a los jefes y soldados que desde aquel mo- mento eran depositarios de la inviolabili- dad de la ley fundamenta!, vítores y pal- mas, acompañándolos en luia verdadera procesión cívica, elocuente forma de exte- riorizar su ardor i)atriótico y su agrade- cimiento a los (|ue habían luchado con he- roísmo y sacrificio inmenso ])or la Inde- pendencia del país. Casi todos aquellos bravos hombres de armas habían participado en las campañas por la libertad y algunos habían sentido en sus rostros el álito quemante y triunfal de Ituzaingó. la última etapa de l;i gran jor- nada ¡jatricía. i UJ.J- U. ¿3«FV«««< í5:«*,l*^ íf<^,&r-a. — -^¿-»i-^ ^is*4£><¿>^^ Reproducción fotográfica del acta del Juramento de la Constitución prestado por la clase militar — SttLtCI A — L.\ recepción que días pasados se rea- lizó en la residencia del doctor Juan José de Aniézaga, fué en honor de la señorita Josefina ücanipo V'edoya, de la más selecta sociedad porteña. que se halla de paso por Montevideo. La señorita Ocamix) X'edoya, bella, ele- gante y de preclaro linaje, tuvo en la fiesta a que nos referimos una hermosa demostra- ción de la amabilidad patriarcal que es ca- racterística en nuestras familias principa- les. Fué una fiesta amable, encantadora. Un núcleo numerosísimo de nuestras más bellas señoritas hicieron acto de presencia en tan elegante reunión, formando un deli- cadísimo ramillete. Y do- minando con su soberana belleza la señora dueña de casa, elegantísima, ama- ble. .\1 verla en sus salo- nes pasar como una ver- dadera reina de hermosu- ra, recordamos el juicio c|ue mereció a los cronis- tas ])orteños, durante su estadía en la vecina orilla acompañando a su esposo, que desempeñaba el ele- vado cargo de Embajador de nuestro país ante el Oobierno argentino. I.a señora Cilia .^Ivarcz Recepción en lo de Amézaga « A 1 var ez Mouliá, en Honor de la señorita ^ ^ Josefina Ocampo Vedoya ^ ^ ^ Moulíá de .\m¿zaga fué el centro de la admiración en los salones de la capital vecina y todos ios cronis- tas sociales al elogiar su chic y su belleza, desgra- naron i)erlas de dialéctica en su loor y uno, con mu- cho acierto, dijo que pa- recía una imagen arranca- da a una tela del inmortal Ducet. Su tránsito fué, pues, triunfal a través de los sa- lones i)orteños y con ello .se acrecentaron aún más los prestigios que de her- mosa y elegante ostenta la mujer uruguaya. En la recepción que se realizó en su elegante re- sidencia, la señora Alvarez de Amézaga fué una vez más la gentilísima dama de trato exquisito y de extrema ama- bilidad. y sí merece ella el más caluroso comen- tario por el brillante éxito que alcanzó, debe también ser señalada como una nota alta- mente simpática por haber sido organi- zada en homenaje a una niña porteña. De esta suerte .se estrechan cada vez más los vínculos con la sociedad argentina, vínculos que no deben por ningún concepto aminorarse, ni debilitarse, dado que argen- tinos y uruguayos han convivido siempre tanto en los momentos de grandes satisfac- ciones como en las horas de duras pruebas. La sociedad argentina, muy distinguida, con prestigiosa nobleza patricia, tiene sus orígenes en casi las mismas familias que la sociedad uruguaya. ¿Cómo, pues, no aten- der con preferencia este canje de afectuosidades y atenciones sí con ello se afirman relaciones y se da consistencia a vínculos tradicionales? Por otra parte es de de- sear que fiestas como esta se repitan durante el in- vierno. Con tan magnificas re- uniones se despiertan ac- tividades sociales que no deben en ningún momen- to decaer. Señoras: Celia Alvarcz Mouliá de Am¿zaga. - Josefina Vedoya de Ocampo. — Celia Mouhá de Alvafez. María Angélica P. de Wilson. — Julia Villegas de Shaw.— Sofía Platero de Idiarte Borda. Isolina B. de Vial Bello. — Señores: Dr. Juan José Amézaga. — Ministro de España y Manuel Ocampo. Señora Luisa C. de Pascual. — Señoritas Zclmira Iglesias Castellanos. — Margarita Saavedra Barroso. Emma Picra Muñoz. — Josefina Ocampo Vedoya. — Ester Alvarcz Moulíá. ^ María A. Márquez Baeza. Silvia Accvcdo Braga. — Olga Bchcrcns Hoffman y Señor Carlos Gar^ao Márquez. Hoffmann. Alartha Iglesias Castellanos, Esther y Elena Alvarez Mouliá. María l'',ie- na Gómez Larravíde, Silvia .Acevedo Bra- Todos sus invitados encontraron en ella ga, Eloísa Gómez Harley, María Teresa a sonrisa de grata delicadeza, una pala- Braga, Nene Díaz Fournier. M pala bra de .suma galantería. Con ello hizo digna compañía a su es- poso, el doctor Amézaga, caballero cultí- simo, de brillante figuración política y di- plomática. El hall de entrada y el gran salón res- plandecían con sus mejores galas, y en el ambiente aristocrático imponían su belleza y su elegancia las señoritas Olga Beherens Marieta Mor- quio Márquez, Elisa Blanco Wilson y otras aún ; armoniosa guirnalda de juventud, de distinción y de belleza que prestaba a la reunión toda la deslumbrante imposición de su gracia. La recepción en lo del doctor .Vmézaga fué una de las notas sociales más brillan- tes de las realizadas en la última quincena social. Esas recepciones dan a nuestro mundo social el brillo que de derecho le corresponde y están de acuerdo con el pasado de nuestros salones, honroso pasado que nunca debe echarse en olvido Y si insistimos, a pro- pósito de la bella reunión en lo del doctor Améza- ga, respecto de lo grande- mente beneficiosa (|ue se- ria la repetición de esas fiestas, es ])orque sabe- mos existen en proyecto algunas, las que deben rea- lizarse sin ninguna vacila- ción, para (|ue nuestros sa- lones sean todo lo admi- rados que merecen. En e.sos salones existen iimúineras ri(|uczas, pruebas soberbias de buen gusto y de exquisito arte. Las hay que podrían conijietir con los mejor alhajados de Europa. La .sociedad porteña evidencia más acti- vidad que la nuestra. Tome nos ejemi)lo de ella. De esa suerte se conservan y aumentan las buenas reso- nancias. Podemos hacerlo. Debemos hacerlo. Terminamos estas líneas mal pergeñadas, tributando un nuevo elogio a la fiesta rea- lizada en lo de .Amézaga - Alvarez. de la que guardamos gratísimos recuerdos. - SELECTA — uras consulares ®0\ Silvestri.- Blanco, ilustre i)a- tricio, nació en Montevideo, se- gún lo comprueba la partida de naci- miento que dice así : "Don Juan Joset Ortiz. Cura y Vi- cario de ia ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, certifico en cuanto pueda y lia lugar que en el li- bro Cuarto de bautismo de la referida ciudad que está a mi cargo y empieza en siete de Diciembre de mil setecien- tos setenta y nueve y acaba en vein- ticinco de Junio de mil setecientos ochenta y cinco al folio 274, se halla la partida siguiente: En treinta y uno de Diciembre de mil setecientos ochenta y tres, yo don Juan Joset Ortiz, Cura y vicario de esta ciudad de Montevideo, bautiza a un niño que nació ajer a las once y me- dia de la noche y se !e puso por nom- bre Silvestre Euscbio Ramón, hijo le- gitimo de don Juan Blanco y de doña María del Pilar Pérez y Valdez, ve- cino de esta ciudad. El Padre natural de la villa de Pineda en el obispado de Perona y la madre de Buenos Ai- res: abuelos paternos don Francisco Blanco y doña Mariana Flaquer, veci- nos y naturales de dicha villa. Ma- ternos don Bernardo Pérez y Valdez y doña Cayetana Delgado. Fué padrino don Eusebio Vidal Teniente de Ma- gones de .Mmanza a quien advertí; la congnación espiritual que había con- traído y sus obligaciones siendo testi- go don Francisco Mont y don Nico- lás Zamora vecino de esta ciudad y por verdad lo firmé Juan José Ortiz." Los padres de Blanco tuvieron otro*, liiios : Doña María Eusebia, doña Concepción, doña Xicolasa (ca.sada con un señor Camusso), y don Prudencio que, lo mismo que doña María Eu- sebia, murió soltero. Doña María del Pilar Pérez y \'aldez contrajo segundas nupcias con el Coronel de Ingenieros don Bernardo Eecoq y de este matrimonio tuvo a don Francisco y a don Gregorio Lecoq. casa- dos, respectivamente, con doña Pascuala Camus- so y doña Margarita Ximénez. Don Silvestre Blanco inició su carrera militar según los documentos que copiamos a continua- ción : "Señor Subinspector General: Dun Silvestre Blanco natural de esta ciudad, hijo legitimo de! Capitán de Milicias don Juan Blaiicn y Flaquer y doña María del Pilar Pérez Valdez, ac- tual consorte del Coronel de Ingenieros en Jefe don Bernardo Lecoq ante V. S. con ei mayor respeto dice : que hallándose con las circunstancias que se requieren para servir a S. Majestatl en la ilustre carrera de las armas, según lo acreditan los do- cumentos que en debida forma presenta, desea emprenderla en la clase de Cadete; para cuyo efecto, A V. S. rendidamente sup'ica se sirva expedir su decreto para que se le admita en e! Regimiento de Infantería de esta provincia: a cuyo favor quedará recono- cido. — Montevideo, 22 de Diciembre fl..* 1798. — Silvestre Rlattco.'' Don Silvestre Blanco este (lecreto, entendiénilose que su pase debe contarse desde esta fecha. — Bl Marqués de Sobrcmoulc.'' vestre Blanco, Presidente de la Asamblea Constituyente vestre Blanco, Cadete del Regimiento de Infan- tería de Buenos .\ires ante V. S. con el mayor respeto dice: se halla con la determinación de continuar su mérito en el Regimiento de Dra- .gones de esta provincia y para poderlo verifi- car, a \^ S. rendidamente suplica: se sirva ex- pedir su providencia para que se le admita en el expresado Regimiento de Dragones en la clase de Cadete, a cuyo favor quedará recorp- rido. — Montevideo. 21 de Julio de 1801. — Sili'cstrc Blanco." Queriendo ampliar sus esludios, don Silvestre Blanco pidió licencia para pa- sar a Barcelona y a ese fin se le ex- pidió el siguiente : ''Por cuanto por Decreto de esta fecha he concedido Ucencia a don Sil- vestre Blanco, Cadete del Regimiento de Dragones de esta Provincia para que. como ha solicitado pueda pasar a España por el término de dos años con el fin de continuar >■ concluir el curso de Matemáticas en el Colegio de Bar- celona: por tanto: ordeno y mando a los Comisarios de los Puestos y Bage- les sujetos a mi jurisdicción \" a los que no lo son ruego y encargo no le pongan impedimento alguno en su viaje, antes bien se lo auxilien. Para todo lo cual le hice expedir este pasaporte, fir- mado de mi mano, sellarlo con el selle- de mis armas y refrendado del Secre- tario por S. M. (le este \'irreynato. — Dado en Buenos .\ires. a dos de Julio de mil ochocientos y tres. — Joaquín (it'I l'ino. — Manuel Gallego." Reunida, en San José la .\saniblea General Constituyente y Legislativa del Estado y habiéndose resuelto la elec- ción de un Presidente permanente, re- sultó electo por 14 votos don Silvestre Blanco. — habiendo obtenido 7 votos don Joaquín Suárez >■ otros 7 don Ga- briel h. Percira. En Canelones, en la .aguada, en Mon- tevideo, lo mismo que en San José, don Silvestre Blanco desempeñó sus eleva- funciones con una contracción verdadera- " Montevideo. 24 de Julio de 1801. — Con- cédese a ese interesado su pase como .solicita en la misma clase al Regimiento de Dragones cuyo conforme conveniente al cumplimiento de "Señor Subinspector (General: Concu- rren en el suplicante las circunstancias que S. M. manda tengan los que sirvan en la clase de cadetes. — Montevideo, 23 de Di- ciembre de irgS. — Mifiuel de Texada." '"Montevideo. 4 de Diciembre de I70(;. — Habiendo hecho constar el suplicante que concurren en su persona todas las circunstancias que previene Su Majestad I)ara la admisión de Cadetes en esta ca- lidad debe tomar su asiento en el Regi- miento de Infantería de esta provincia, cuyo Coronel dará las órdenes correspon- dientes al cumplimiento de este Decreto. — /:/ Marqués de Sobreinoutc." Después de año y medio pasó a conti- nuar sus servicios en el Regimiento de Dragones. He aquí su solicitud; "Señor Subinspector General: Don Sil- das mente ejemplar. A él le tocó, en 2J de Diciembre del año 1828. tomar el juramento al Brigailier don José Ron- deau que entraba a ejercer el cargo de Goberna- dor y Capitán General Provisorio. Fué el primero en suscribir la Constitución de! Estado, en 10 de Septiembre de l82(}. lo mismo que el "Manifiesto de la Asamblea General Constituyente y Legislativa de la República Orien- tal del i'ruguay a los Pueblos que re/^resenta", de 30 de Junio de 1830. Don Silvestre Blanco fué casado con doña María del Pilar Ruiz, a la que trató por presen- tación que, en un palco del teatro San Felipe, le hizo la señorita Juanita Zudañez. De ese ma- trimonio tuvieron a María del Pilar Blan- co, nacida el 11 de Noviembre de 1835 y casada el 12 de Octubre de 1855. con e! autor de ' ' La .^rgentiada ' '. don Manuel Rogelio Tristany, quienes han dejado una larga sucesión, abrazando cuatro de los hijos varones la carrera militar en la Re- pública .\rgentina. El retrato del señor Blanco, cuya co- I)¡a publicamos, fué tomado del natura!, poco después de jurada la Constitución, y se halla en el .-\rchivo y Museo Histórico Xacional. inerced a la solicitud de su Di- rector, don Luis Carve. y a la generosidad de la nieta del procer, la señorita María Estela Tristany Blanco. Ofrecemos también a nuestros lectores los retratos. — que tomamos de un da- .gucrrotipo. — de la esposa y de la hija de don Silvestre Blanco : doña María de! Pilar Ruiz y doña María del Pilar Blanco. Don Silvestre Blanco falleció el año 1841. El carácter enérgico, la severidad de Iirincipios. la religiosidad del deber, hi- cieron que don Silvestre Blanco fuera una de las más altas personalidades en los ins- tantes decisivos de la unidad del espíritu nacional y en los más trascendentales aún de la organización legal de la Repi'iblica. Un detalle que prueba elocueiuemente esta característica ejemplar ile Blanco, es el de que no faltó a ninguna de las se- siones que celebró la .-\samblea Constitu- yente, y en donde quiera que se reunió tan soberana autoridad, su digno presidente hizo acto de pre^encia. ocupand(. su sitio. Doña María del Pilar Ruiz y su hija (r Josefa Muñoz Quírós de Pérez Manuela Maturana de Acevedo Ante nuestro Joaquina Vá; Abanico conmemorativo de la Jura de la Constitución He aquí dos páginas que honran en sumo grado a "Selecta". No son tan sólo la comprobación de una delicadeza artística que hoy apenas tiene una que otra manifestación^ sino que todas esas miniaturas reproducen, — bellamente, un grupo de damas de elevadisima alcurnia; — brillante afirmación de un distinguidísimo pasado social, tan pródigo en ejemplos. Las delicadas láminas de marfil, donde el artista ha concentrado todos sus afanes, apa- ' recen, a través del tiempo con tanta exacti- tud de dibujo, con tanta brillantez de colorido que se diría ajecutadas ayer. Dos fueron los miniaturistas que en las épocas del virreinato y de la independencia (L María Inés Furríol de Lasala Inés Pérez de Herrera asado social quez de Acebedo realizaron todas las pequeñas y hermosas obras de arte. La tradición ha conservado sus nom- bres: Furríol y Odojerti, autores de las mi- niaturas que ofrecemos hoy a nuestros lec- tores como una verdadera joya. Estos medallones, ejecutados con una mi- nuciosidad ejemplar, recuerdan la majestad de aquellas damas, venerables matronas qt^e concentraron en si todas las características dr una ¿poca y cuyos apellidos son hoy base inconmovible de grandes prestigios sociales. En la cariñosa intimidad de muy respeta- bles hogores se guardan hoy estas reliquias; y hasta ellas hemos llegado para ofrecerlas como una magnifica nota de homenaje, de evocación y de arte. Otro ejemplar de los abanicos repartidos el día de la Jora — SELECTA — El pintor Parpa^noli HE aquí un notable cultor del arte de Apeles. Miradlo. Su figura es altamente simpática y arrogante. Hay en él un rasgo agradable de la bohemia soña- dora y briosa que tantos genios ha dado al mundo, y un claro aristocratismo que eleva su trato a la categoría de un verdadero placer. Tal nos ocurrió a nosotros en la visita que le hicimos en su lujosa residencia de la ca'.le La- rrañaga, donde nos encontramos con el más delicioso ' '^ome ' ' que hubiéramos podido imagi- narnos. A nuestro encuentro salió la esposa del celebrado pintor, y su gracia, la armonía excepcional de su trato, su distinción, fué un encanto más unido a los en- cantos que ya nos habían cauti- vado. Envuelto en una amplia bata de seda y terciopelo, elegante, sencillo y cultísimo, se nos pre- senta el pintor Parpagnoli. .Antes de llegar hasta el ta- ller donde el artista labora y crea sus hermosas obras, los gentiles dueños de ca.^^a nos rin- dieron todos los agasajos de la hospitalidad. El estudio es un rincón admi- rable. Ya conocíamos al pintor por la excelente impresión que nos causaran algunas de sus obras: sobre todo el magnifico retrato de Samuel Blixen. que se halla en el Circulo de la Prensa, colocado en el salón principal de recepciones. Esc retrato, una de las pri- meras obras que ejecutó Par- pagnoli en nuestro país, mues- tra con más vigor y con más acierto la modalidad de este El pintor G. M. Parpagnoli artista, cuya escuela (puesta de manifiesto en esa y en otras obras de la misma época), tiene todas las más bellas condiciones (le los maestros italianos del Renacimiento. Parpagnoli ha evolucionado. I. a escuela italiana clásica yia no tiene aplicación en sus cua- dros de hoy. Su evolución se de- fine hacia los métodos moder- nos : pintura divisionaria, inter- pretativa cu los valores del co- lor, que refleja a la naturaleza después de tamizarla en la im- l>resionabilidad de un tempera- mento. Sus retratos actuales y sus paisajes tienen la atracción del colorido vibrante, quizá a veces demasiado violento, pero siempre atraycnto, con tonalida- des Cjue si no son en todos los casos el reflejo de la verdad, en cambio tienen el encanto de los tonos luminosos, de los contras- tes, de las medias tintas extra- ñas, casi exóticas, pero siempre inspiradas en un refinado sen- timiento de belleza. Hoy, Parpagnoli nos agrá. la tanto como paisajista que como retratista, aun cuando su espe- cialidad sea el retrato. Los de lioy como los de ayer son de una gran fuerza de parecido, con esa verdad psicológica, rasgo ca- racterístico que da el carácter intimo de la persona retratada, efluvio de alma que sólo con- siguen dar a los retratos los que conocen a fondo esta difícil ra- ma de la pintura. Tiene el estimado artista infi- nidad de proyectos de obras de gran aliento, a todas las cuales dará , feliz culminación, porque Parpagnoli es un artista que co- noce todas las ventajas que en el trabajo da el nietodo y el ejerci- cio de la voluntad. De nuestra visita a la residen- cia del artista conservamos una agradabilísima impresión, que aún perdura en el instante de es- cribir estas lineas. El Cronista. Un ángulo del magnifico estudio del sKñor Parpagnoli — StLbClA — (^nTemplanpo UNAS LAS fotografías señoras en cuyo florecimiento coadyu- van, grande loa; porque la Liga Uru- guaya es el fruto hermoso del senli- mentalismo femenino puesto ante el dolor y la miseria. Ln las Comisiones de señoras que se han sucedido desde la fundación de \'\ Liga hasta el presente, han figurado damas de alta representación social, espíritus am])'ís¡mtis en !os que la ini- ciativa fecunda y la segura dirección fueron ccíudiciones sobresalientes y ele- mentos priiicipalisimos en el brÜiante éxito de toda labor em])rendida. Las presidentas de esas Comisiones de damas fueron hasta el presente : doña Ema Ruano de Capnrro. dttñíi Bernardina Muñoz de De María, doña Guma del Campo de Muñíz. doña Ma- tilde Regalía de Roosen y actualnient ha vuelto la señora Muñoz de De María a ocui)ar ese elevado cargn, p'tra volver de nuevo a imprimir a la ins- titución benefaclora el grande impulso (|ue le diera en su primera presidencia. Doña Hernardina Muñoz de De Ma- ría es una de las damas más represen- lativas de nuestra sociedad. Kn ella se aunan delicadezas invalorables de es- píritu, con sólidas riquezas de cultura. \'.\\ su característica modestia guarda e.\((uisitamente toda la belleza tle su cs])írilu : ílándonos. en nuestros días un tanto banales, la exacta representación de una dama de otros tiem- pos, de aquellas matronas de ayer, que aun las obras más extraordinarias, los esfuerzos más brillantes y hasta heroicos, los llevaban a cabo con una sencillez, con una serenitlad. con una tal ausencia de bulla y de envanecimiento, que ello prestaba mayor grandeza a la grande realización Grupo de señoras concurrentes: Bernardina Muñoz de De María. — Carmen Martínez de Wtlliman. — Margarita Sierra de Sánchez. — Angela P¿rcz Cantera de Mainginou- Lucila Narbondo de Guillot. -Celia Alvarez de Am¿zaga. -Josefina V. de Ocampo.- Fortuna Oddo de Giribaldi. —Cata Castro de Quíntela. — Emilia B. G. de (^anotich. María P. de Sabat. —Dolores Ramos Suarez de Rodríguez. —Julia G. de Ramos Suarer. — Elina E. de Castellanos. — Carmen I. B. de Muñoz Xímenez. — Eusebia Pebet. Carmen M. de Muñoz. — Amelia Navarro de Burmester. — Paulina D. de Llovet. — Julia Calamet de Capurro. — Ema Marexiano de Garabclli. — Elena Marcziano de Ramasso. Flora G. de Granotich. — Dolores Estrazulas de Piñeynia. — María Elena R. de Fischer. — Berta De María de Pratt- ' — SELECTA (le sus actividades, de sus iniciativas, fueran de carácter fi'antrópico o patriótico. I-a presidencia de doña Bernardina Muñoz de i)e Maria. es una fíarantia real, efectiva para la liuena marcha de la Liga. A sus iniciativas inteligentes, responderá el más halagüeño de los resultados. Kn la vicepresidencia figura otra dama íle grandes vinculaciones sociales. Xos referim()s i a señora Carmen M. de Williman. a cuya no- bilísima dedicación debe la Kiga verdaderas con- cpiislas y muchos prestigios. Con tan distingui- ocupa. comprueban por otra parte de una manera elocuente infinidad de casos de curación radi- cal, vale decir, la reintegración a la vida de mu- chos pobres seres que se hallaban conílenados a nniertc y con esa reintegración a la vida la vuelta a la alegría, al trabajo, a la paz del ho- gar, verdadera aurora de bonanza después de ima noche cruel de tempestad, de incertidumbre. de vagar desatentado en medio de las t'uieblas. KI doctor Constancio Castells, al ser enviado a Kspaña como delegado de! Uruguay ante el Congreso Antituberculoso de San Sebastián, en El Dr. Luis Píera, el Dr. Manginon y el leñor Juan L. Pascualini ante un grupo de niños internos das colaboradoras, la I,iga Uruguaya tiene for- zosamente que imponer su acción benéfica \ culminar v\^ la ruta que sigue, para bien de la población ul torio médico, las oficinas, el horno de desin- fección y los baños para obreros, se halla ubi- cada en la calle Magallanes y es un magnifico edificio. Además, la Ijga tiene disi)ensar¡os diseminados t-n todos los radios de la ciudad, especialmente donde se hallan aglomeraciones de imblación «)brera. Kn esos dispensarios se reparten diariamente, a los enfermos que se hallan inscriptos en la Liga, raciones de pan, leche y carne. De esta suerte la instituci(>n no sólo da medicamentos y asis- tencia médica, sino que también, el sustento abun- dante y de primera calidad, base quizá la princi- l>al para combatir a la tremenda dolencia. Contribuye además la Liga al sostenimiento de la institución denominada "Copa de Leche". que funciona en varias escue'as del listado. Con- siste en el reparto diario a los discípulos de una copa de leche y un panecillo. Los cuadros estadísticos, hechos por la Liga y los del Consejo Nacional de Higiene, dan la comprobación más halagüeña de una disminu- ción de atacados por el bacilus de Kock y los cuadros particulares de la institución irHiMeg Durmt.b '•.-:S^'^^ Enfermo grave DENTRO (le unos días se publicará un in- teresante libro original del señor Arturo Scarone. Conservador de la Biblioteca Xacional de Montevideo, joven estudioso y lleno de méritos, y de cuyas dotes es buen reflejo este curioso volumen. Se titula ' ' El libro y sus enemigos " y es en substancia un estudio sobre los insectos que in- vaden las bibliotecas, museos y archivos, des- truyendo en muchas ocasiones verdaderas reli- quias. La obra del señor Scarone consta de cinco partes. En la primera presenta en forma sintética un estudio histórico sobre los procedimientos usa- dos de unos siglos a esta i>arte para combatir esas epidemias que azotan bibliotecas, museos y archivos, causando perjuicios enormes, en la mayoría de las veces irreparables. Hace notar que los hombres de ciencia se han preocupado siempre en buscar los remedios contra tan terri- ble flagelo, habiéndolo conseguido recién hace unos pocos años, después de pacientes estudios, discusiones en congresos y haberse reaHzado im- portantes concursos de obras sobre este parti- cular. En la segunda parte hace una descripción sintomática de todos los insectos que invaden esos templos del saber humano, esos monumen- tos que el hombre civilizado erige a las ciencias, a las artes y a las letras. El autor contiene estas interesantes explica- ciones en el preámbulo de su estudio : "El libro, el monumento más graníle que ha erigido la humanidad para perpetrar su obra civilizadora a través de los siglos y de las razas : cincel que graba en las generaciones el germen de todas las ideas y de todos ios sentimientos ; onda magnífica de pro- greso que fluye a todas las p'.ayas : savia redentora que lleva la vida a raudales a todos los ámbitos del Universo ; el libro — repito — tiene múltiples enemigíjs que lo atacan y destruyen. Son enemigos pequeños, apenas perceptibles, — muchas veces a sim- ple vista, en su primera edad, pero no por eso menos temibles y des- tructores. Desde que el libro existe los hom- bres de ciencia — naturalistas, bi- bliotecarios y químicos — se han preocupado constantemente en bus- car los medios para combatir con éxito a esos enemigos, que, forma- dos en legiones, multiplicanse en forma alarmante y extraordinaria, invaden los anaqueles de las bi- bliotecas, de los museos, de los ar- chivos y de los propios hogares, atacando y pulverizando cuanto en- cuentran para saciar su voraz ape- tito, causando perjuicios de consi- deración, la mayoría de las veces pérdidas vcrda■ no teniendo \a prenda cjue jugar, se acordó tlel espléndido anillo de su esposa. La desgracia es inexorable- La valiosa alhaja lucia pocos minutos más tarde en el dedo anular del ganancioso marqués. Don Fernando se estremeció de \ergüenza >■ remordimiento. Despidióse el marqués y X'ergara lo acompañaba a la sala ; pero al llegar a ésta, volvió la cabeza hacia la mampara que comu- nicaba al dormitorio de Evange'.ina. y al través lie los cristales viola sollozando de rodillas ante una imagen de María. Un vértigo horrible se a]>oderó del espíritu de don Fernandcj. y rápido como el tigre, se aba- lanzó sobre el niartiués y le dio tre.-- jíuñaladas en la espalila. El desventuradii iiu\o hacia el dormitorio, y cayó exánime delante del lecho de l'^vangelina. II "^0 conde de la .Monclova. mu_\ jt)ven a la sazón, mandaba una compañía en la batalla de Arras, dada en 1654. Su denuedo lo arrastró a lo luás reñido de la pelea, y fué retirado del campo medio moribundo- Restablecióse al fin. liero con pérdida del brazo derecho, que hubií necesidad de amputarle. El lo sustituyó con otríj jilateado. y de aquí vino el a])odo con que en Méjico y en Lima lo bautizaron. Hl virrey '' Brazo de Plata " ". en cuyo escudo de armas se leía esta nota; * ' Ave María gratia plena*', sucedió en el gobierno del Perú al ilus- tre don Melchor de Navarra y RocafuH. " Co'i igual prestigio que su antecesor, aunque con menos dotes administrativas — dice Lorente, - de costumbres puras, religioso, conciliador y mo- derado, el conde de la Monciova edificaba en Lima magnificas casas. \\*rdad tpie el test»ro pú- blico no anduvo muy floreciente, pero fué por causas extrañas a la política. Las procesiones }■ — SELECTA fiestas religiosas de entonces recordaban por su magnicencia y '.ujo. los tiempos del conde Le- mos. Los porta'es, con sus ochenta y cinco ar- cos, cuya fábrica se hizo con gasto de veinticinco mil pesos, el Cabildo y la ga'eria de palacio fue- ron obra de esa época. En 1694 nació en Lima un monstruo con dos cabezas y rostros hermosos, dos corazones, cua- tro brazos y dos pechos, unidos por un cartí- lago. De la cintura a los pies poco tenía de fe- nomenal, y el enciclopédico limeño don Pedro de Peralta escribió con el titulo de ' ' Desvíos de la naturaleza ' '. un curioso libro, en que. a la vez que hace una minuciosa descripción anató- mica del monstruo, se empeña en probar que es- taba dotado de dos almas. Muerto Carlos el Hechizado en 1700. Felipe \', que lo sucedió, recompensó al conde de la Monclova haciéndolo grande muchachos. — Pues han de saber ustedes que ayer fué el santo riel libertador de la patria, y no teniendo yo otra manera de festejar'o y de que lo feste- jasen ustedes, ya que los lampeños han sido tan desagradecidos con el que los hizo gentes, he re- currido al chicote. Así. mientras u.stedes vivan, tendrán grabado en la memoria el recuerdo del día de San Simón, .\hora a estudiar su lección y ¡ viva la patria ! \' la \ erdad es que los pocos ciue aún existen de aquel centenar de muchachos, se reúnen en Lampa el 28 de Uctubre y celebran una comilona. en la cual se brinda por Bohvar. por tlon Faus- tino Guerra y por San Simón Garabatillo. el más niilagrosn de los santos en achaques de re- frescar la memoria y calentar partes pósteras. RicArdo Palma.. — ShLbClA — Peineta hecha en una sola pieza de co- ral, qoe osó D." Eusebia de Zabala. ^^ ©TR®S ©lAS 1 Pendientes de diamantes y plata antig-ua qoe perte- necieron a Doña Juana Caravaca de Rincón LLEVADOS de nuestro afán de exhibir las innúmeras preciosidades que se guar- dan celosamente en la cariñosa in- timidad de los hogares, damos hoy a nuestros lectores la reproducción de tres admirables ejemplares del exquisito gusto de nuestros ante- pasados. Se trata de dos joyas y de una soberbia mantilla de encaje de In- glaterra, ante cuya fotografía no cabe mas que extasiarse e ima- ginarse la realeza de un talle de mujer cubierta por tan hermoso encaje. La peineta es una joya de alto precio. La constituye una pieza sola de coral trabajada con una suprema maestría y con verdadero espíritu artístico. La usó doña Eu- sebia Zabala. perteneció a la mag- nifica colección de antigüedades que poseyó non .Adolfo i'uieyro y hoy se halla en poder de la se- ñora Matilde Rincón de Piñeyro. Los pendientes de diaiuantes, de gran tamaño y de soberbio engar- ce de plata, son una hermosa de- mostración del arte de la joyería en el pasado. Los usó la señora doña Juana Caravaca de Rincón y figuran hoy en la colección de la señora Rincón de Piñeyro. La mantilla es de reina. En la época de las elegancias sencillas, carentes de los refinamientos mu- chas veces antiestéticos de hoy, fué manto hermosísimo que lleva- ron sobre su cabeza y sobre sus hombros las damas pertenecientes a la familia patricia de los Pérez - Salvañach. Es una verdadera filigrana de seda, de alto valor, de una delica- deza tal que dirlase tegída por ma- nos de hadas. Hoy se halla en poder de la dis- tinguida señora doña Josefa Pé- rez de Salvañach. Mantilla de encaje de Inglaterra, de gran taoiaño, perteneciente a la familia Pérez de Salvañach. SELECTA — Para 125 Niños Ji^L ■'-'^^F t 1 Anreliano Rodríguez Larreta LL BAIIE Sf adniitf i|ik- t-l luiiU- es una iiistiuu'ión so- cial cuya autijíücílail se rcmuiilo a las primeras edades, aun cuando su orijícn escape a la inves- lijíación más paciento. l'"l Immbre. — cuanilo se alcjíró la ])rimcra vez. seRÚn la ex])resión de un iscritor festivo — saltó y brincó sin liem])n ni medida. Xo hay mayor inconveniente en atimitir este aserto, ponjue habréis observado mis que- ridas lectoras, ((ue cuando recibimos una im]ire- sióii. (jue nos es jipata, nuestros músculos se pt»- nen en movimiento y saltamos. ])almnteamos y ^esticnlauíos desordenadamente, poniendo asi de relieve el contento (|ue sentimos. I'^s má.s : hrista el niño (le ]iecbo. cuando es elevado por las ma- nos de su madre «pie le iimia por !a cintura, ile- mneslra su ale^^ria en el movimiento desordenado de sus tiernas piernecitas. Lo que sucede en e' hombre y en el niño, se produce en la colecti- vidad de iiíual manera, y esto que no podia pas;ir de-a;)ercibT(Ío al esi)iritu de observación de se- sudos pensa(U)res. sugiri") en ellos la idea de or- Lianizar la danza acomi)asada. Conjuntamente con la idea del baile debió llejiar la de !a música ])ara or,L;anÍ7.ar los gritos. (|ue la música es — sejíún la (h f inición de Plutarco — una danza parlante, y el baile una música muda- .Mas sean cuales fueren los orii;enes del baile y >ea cual sea la historia de sus primeros ru- dimenios. el hecho positivo es (pie no tenemos el menor indicio de sociedades salvaje^ it civi- lizatlas et;^p- cios han bailado siempre delante del buey .\i)is ; .Moisés bailó después del paso del mar Rojo ; las jóvenes ríe Silos bailaron en la fiesta de los Tabernáculos: los hebreos bailaban alrede- dor del Becerro de Oro; David bailó en torno del .\rca Santa : en la Iglesia Cristiana han bailado desde los Obispos de los i)ri meros sí- talos hasta los seis de la Catedral de SeviKa; los nu'embros del Areópago griego se acercaban bailando a emitir su voto después de las deli- beraciones : los padres del Ciricibo di Tren t o cerraron sus sesiones cou mi baile como digno I i nal de atpiella santa }■ memorable asamblea, l-'.l baile, ¡mes. expresión natural primero de humanas alegrías y expresión artística desjniés de humanas armonías ha sido en sus origei'es una cosa seria y sagrada y además un arte. I'.n nuestra época todo se baila ; la guerra \- 1;'. ]>az: la caída y la elevación de los Imperios: los aniversarios ])úblÍcos : las dichas ])artictda- res : e! nacimienlo, el matrimonio, la fecundi- dad; las alianzas; las victorias po]ndares ; las constituciones políticas; la erección de lU'.a igle- sia: el establecimiento de un asilo; las dotes de las doncellas honradas; Kis jiremios a la vír- lu baile> obscenos, es con lodo un iile:il de ia tusiiMí de los sexos en la alegría- b'l fandango de .\ndaliicia, I;'. jota de Aragón, la manchega de Castilla >on el bai'e del hombre hacia la mujer. Si el mancebo se acerca demasiado, huye la moza como asus tada ; si él insiste y pretende arrinc» Miarla, ella da media vuelta y aparece a la espalda del hom- bre: si él la mira con ))rocac¡dad, ella baja los ojos con ])udor ; si él la re(piiebra y .grita y la arroja el sombrer( i, e'.la enmudece, se rul>oriza y le baila al sombrero, ])ero no al hombre. Dos pueblos ])riniitivo> creían, mirando al cielo, (pie las estrellas bailaban alrededor del sol, V de ahi que sus ])rimiiivas damas fuesen sa- gradas bailando alrededor de los ídolos para imitar los bailes del firmamento. Cuando la mujer ascendió al rango que le correspondia ocu- ])ar en sociedad, fué considerada como sol y lo- liomlires la ijailarun. como bailaron al ídolo y como las estrellas bailaron al sol. Da mujer no lomó liarte activa en el baile hasta (]ue éste se hizo popular y de regocijo. Kntonces fué cuando la mujer bajando de su pedestal de diosa, dejó de ser bailada como se bailaba a la divinidad. \\\ baile llegó a su ai>ogeo en el siglo de Au- gusto: era noble y seductor en las tablas y noble y seductor en los palacios. Con la decadencia y ruina del Imperio de Roma, decae la danza como arte y viene a .ser en los siglos medios inia cx-^ ])resióii religiosa a veces y otras ])rofana: noble V villana a un tiemi)o, ])údica y grosera, ordenada y rei>ugnanie: en los templos ayudaba a la ora- ción y en las cal'.es producía escándalo. Tiberio arrojó de Roma a los bailarines por indecentes, y Cicerón deci.. ;ue los que bailaban de cierta manera estaban locos- Hoy no tenemos Claudios ni Tiberios que degüellen y ])roscnban a los bai- larines indecorosos. Da cultura debe acabar con ellos, para quedarnos únicamente con la ver- dadera danza que por si sola constituye un arte noble, generador de humanas alegrías. — SELECTA — BEILEZA5 PE MQNTeVIPEQ UN Rincón PEL "Rq5ariua\" Fotografía artística del señor ENRIQUE STROBACH « — I I PARÍS BEBÉS OE a. 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Fn c-a -olcmne npor1ur,idad íiic elegido prcsidcnli ic Id Asamble-i el honorable prevbiie-o Juan Frjncí-., o Larrobla. painoia ilustre v ciudadano clcm piar. Sobre la Piedra Alta. >-e lev>' e! iocumci.i n, I ..n detinit.v,^ -ara la conM:b da, ,nn de ] r .n . v po cll,> bien puede ,ons,d.t-.- e e- . .rtiir., .-.■an.t :.. ,on-.o,; Pede-'..' de 'a P.Hr,a SELECTA ~ - Á Con tjué coinjioiier la pri^Ina destinada al HiinuoV — Saco, del Cartapacio de mi obni Los Emblemas Nacionales, lan co- {>iaB, tomada» u la letra, del Himno Xaclonal de Figiieroa y del elogio ((ue le hizo Don Andrés Lamas Con ellas y con los mejores retratos de Fifrue- rua. Lamas y Dan Fernando (¿uljano. quiera se encuentran en la historia los vestig'us de las formas democráti- cas. Cuando un pueblo libre se ve reunido en el templo, en las plazas o en el campo de bata- lla, siente el deseo de levantar su voz en coro, y entonces se presenta el poeta a ser c. intér- prete del sentimiento intimo de la mu'titud en el hermoso idioma de la poesía, que no puede reem- plazarse |!or otro en tales circunstancias : porque balas;ans árbo'es robustos, mitre más su cabeza con la savia de la poesía a medida que más avanza en edad. KI coro no ha sido retocado y en esto ha pro- badii su autor el tino y el buen gusto que ha presidido a su reforma. Un coro sancionado por la costumbre vale siemjire inás (pie otro mejor, pero desconocido. Por otra parte el de la an- tigua canción tenia todo el vigor y fluidez (pie se necesitaba. I^s un solemne juramento que hace el pueblo, de bajar a la tumba antes que perder la patria y la libertad, y este es un pensamiento muy digno del coro del Himno de la República, l'.u la primer estrofa el iiueblo invoca a la libertad como el grito (pie inflamó a sus bravos en las bata'las, y con la conciencia de que su sacrificio lo hace digno de sus goces, la cierra con esta imprecación : Tiranos temblad! Libertad en la lid clamaremos V muriendo también libertad. I'.l pensamiento primitivo ha sido enteramente conservado por el autor, pero con la felicisinia variación de algunas ¡lalabras '.o ha rejuvenecido y dado nuevo vigor, y parece de propósito una estrofa escrita para infundir al corazón los sen- timiento.s viriles del republicano y el fuego sa- grado de la libertad. En la segunda estrofa présenla la iloelie tene- brosa de la patria, cuando dominado ])or la ICs- l'aña : A sus plantas cauti\(j yacía K! Oriente sin nombre ni ser. Los cuatro últimos versos se consagran a la emancipación del pueblo, ins|)irada por el dogma de Mayo, y nada le pediríamos sin la imagen débilísima con que los termina, la (pie produce una impresión de frialdad al ver un hecho tan grande cual la división de libres y tiranos ope- rada por la revolución de Mayo, representado por un abisino sin puente entre unos y otros. I'ji la tercera estrofa empieza a desarrorarse el cuadro inmenso de la historia, el (pie como os natural se abre por la lucha de la indepen- dencia, en (pie el Oriente, liberto audaz, desciende a la palestra a combatir con Su trozada cadena por armas Por escudo su pecho en la lid. Los cuatro últimos son una muestra de la ar- monía musical que distingiic a los versos del se- ñor Kigueroa. el cual, como en otros iiuntos, tin tiene rival en lo que algunos lian llainado la ¡jarte mecánica del arte. La cuarta estrofa en que su idea es debida a! Himno .argentino excede en fuerza a la de éste, y la ha presentadí» de un modo completa- mente nuevo. Ofrecemos aqui ambas estrotas. \ creemos que los coiiíJcedores inifiarciales opi- narán del mismo modo. F.l Himno .\rgentino dice: De los nuevos campeones los rostros Marte mismo parece animar : -La .grandeza se anida en sus pechos; --\ su marcha todo hacen temblar. Se conmueven del Inca las tmnbas. ^ en sus huesos revive el ardor. 1 o (fue ve. renovando a sus hijos. De la patria el antiguo esp'endor. Ivi el Himno Oriental la imagen está presen- tada de este modo : Al estruendo ipie en torno resuena De .-\taliiialpa la tumba se abrió, \' batiendo sañudo las ijalmas Su esqueleto... ¡Venganza! gritó. Los patriotas, al eco grandioso. Se electrizan en fuego marcial, \' en su enseña más vivo relumbra De los Incas el Dios inmortal. ,Si el señor Figueroa reuniese al tale1lt^^ de la poesia el de la pintura, podría hacer de los cuatro primeros el asunto de un magnífico cuadro. \'o!viendo ahora a la fuente de donde el se- ñor I'igueroa ha bebido esta imagen, diremos de paso, que ella es una imagen patrimonial de todos los Himnos del Rio de la Plata, ya in- vocando la sombre del Inca o la de los guerreros de Mayo. Don Juan Cruz Várela la empleó ccm mucho acierto en su marcha del Ejército Republi- cano. En el'a, como en la del señor Figueroa se nota la diferencia que hay entre el copista que roba y se atavía con un pensamiento ajeno y el imitador que lo explota, le da nueva forma y lo embellece. Después de estos merecidos elogios sólo una improbación haremos a esa estrofa. N'osotros no podemos invocar con propiedad ni las cosas ni los hombres anteriores a la con- (liiista. Nuestros píidres los españoles derrama- ron en estas regiones a la luz del cristianismo las semillas de la civilización ; destruido el anti- guo orden de cosas y reeniiilazado por otro, esas semillas han ido germinando. Cuando Tupac - -Amaro levantó el estandarte de la rebelión, su objeto fué reconstruir el gran Imperio de los Incas, pero cuando nosotros nos declaramos in- dependientes, forzosos herederos de la España, abrimos una nueva era de libertad en la his- toria moderna, que empieza en los Estados Uni- dos y terminará probablemente por dar la vuelta al mundo. \o podemos, pues, sin mengua de las 'uces del siglo, de los dogmas que hemos pro- clamado y (le las creencias profundas que nos asisten, evocar los recuerdos de la esclavitud y del atraso social de aquellos tiempos a propósito de la reconstrucción de nuestro edificio social. En la estrofa siguiente no se nota el mismo calor que en las anteriores, pero e' hermoso con- sejo con que se termina debe grabarse en el corazón de todo buen ciudadano : el sostén de los fueros civiles, la veneración, a las leyes como el .\rca sagrada de la Patria. La historia de este país presentaba un escollo al poeta : — su dominación sucesiva por tres na- ciones, — pero él ha sabido salvarlo con rara felicidad. He aqui como la presenta en la sexta estrofa : Por(pie fuese más alta tu gloria. ^■ brillasen tu precio y poder Tres diademas ; (5I1 Patria I se vieron Tu dominio gozar y perder. Los cuatro versos siguientes son bellisiinos. .\llí la fe inmutable del patriota, el santo amor de la libertad v la férrea entereza del repub'i- Libertad. libertad adorada. ; Mucho cuestas tesoro sin par! Pero valen tus goces divinos Esa sancrre qne riega tu altar, puede dar mv> contestaciiin Xo cuente a esos hombres débiles (pie descsneran del porvenir de 'a patria i>or la inmensid-nl d.' los sacrificios qne cuesta. En la énoca actual esos versos son dignos de ser repetidos en coro por los defensores de esta heroica ciudad. En los días que nos esperan cuando la paz derrame sus dones sobre nosotros v «ozfímos en el ho.gar doméstico de los bienes de la lib-r- tad. que a tanto precio hemos conquistado, de- bemos repetir a nuestros hiios los ver.sos de la octava estrofa que deben ser como nuestro cate- cismo iio'ítico si (lucremos ser felices, merecer algún aprecio y fundar algo digno de pasar a ly posteridad. Si a los imeblos un bárbaro agita Removiendo su extinto furor. Fratricida discíirdia evitemos Di,': mil liimlnis recuerdan su horror. Tempestades el cíelo fulmine. \raldicio»if's desciendan sobre él >' los libres adoren triunfante De las lexes el rico joyel. La estrofa siguiente es digna en todo sentido de la Repúb'ica. representada en ella. T,a maics- tad de esta gran fi.gura corresponde perfeela- mente al original. De laureles ornada brillando La .\mazona soberbia del Sud. F.n su escudo de bronce reflejan Fortaleza, justicia y virtud. \i enemigos le humillan la frente .\i opresores le imponen el pie; Que en angustias selló su constancia, ^" en bautismo de sangre su fe. La décima estrofa es una reminiscencia de los antiguos colores del Himno y el autor la ha colocado probablemente en él para C(mser- varle algo de su sabor primitivo. La última estrofa 110 ha sufrido más que una Kvisima alteración ; el pueblo hi ha hecho suya \ el poeta ha debido respetarla. .■\nte esa aprobación en una composiciílm de .- - , -■,■■■, ■ . : . , I.-.. , . .; — SELECTA — Don Francisco Acuña de Figueroa este yéiKTo. todo otro criterio e¿ ineonipeteiite poríine ella podría resistirlo... Sólo ai'iadiretnos a esc juicio, algunas lineas que serán como una continuación de las que hemos escrito con motivo de la estrofa octava. En todo país donde por limitada que sea la acción puede ejercitarse legítimamente, en que puede combatirse en la tribuna, en la prensa, en las elecciones: recurrir a la oposición armada, atacar a la autoridad constituida, por la violen- cia, herirla con el hierro de la insurrección, es el mayor uede cometer un ciudadano. ''Mientras haya en la Constitución, dice un "gran orador de nuestros tiempos, un punto de "apoyo en el que pueda colocar mi. pie como ' ' el punto de apoyo de .Arquímedes, coinbatiré por la libertad violada de mi país. — Se habla "de guerra civil, pero mientras yo esté vivo no 'habrá guerra civil... Nosotros no hemos de principiar la guerra ; nos hemos de atrincherar ' ' en la legalidad, y si nos invaden, entonces ya "no será inia guerra civil... Xo violaremos "ninguna ley divina ni humana; queremos per- " manecer en el terreno constitucional mientras n(js lo permitan : pero si nos rechazan — I ac " victis! — Pero es iiwiie.sler que iws obliguen "a ello, esto es que Violentadas todas las leyes. '^totltts los dereehos. nos presenten la espada "de saojire de Cromwell que barrió el país des- " parramando el terror y la muerte." (i) lúitonces cuando pesa sobre el pueblo una ti- r;inia inflexible y absoluta, cuando es preciso re- chazar el hierro con el hierro, cuando la razón es impotente y la ley es la fuerza. !a violencia, sólo así, en ])resencia de un poder como el de Ro- sas... i'ur vielis! — y este nos parece el pensa- miento del último verso del himno, que quisié- ramos se comprendiese bien. Toda equivocación sobre esto sería grave y funestísima. \\\ Gobierno, pues, ha ai>robado en nuestra o])inión con mucliísiiua razón las reformas (pie h:i recibido de su autor el Himno .Nacional. Sólo desearíamos (pie el Gobierno mandase componer la miisica con (.pie (lel>e cantarse : sin una nn'isica digna del objeto, y sobre todo i'iniea el Himno Nacional no existirá para el pueblo. ]■'.! señor Figueroa (pie ocupa dignamente el primer lugar entre los poetas nacionales, no necesita nuestros pobres auiuiue sinceros home- najes. Nos i)crmitirá sin embargo que volvamos sobre un mérito suyo (pie hemos indicado en otra parte de este escrito. La revídnción litera- ria que se ha i')pera(lo en los últimos tiempos lo ha encontrado al señor h'igueroa en aquel pe- ríodo de la vida en que el hombre se apega, ge- neralmente, de tal manera a sus ideas, a las for- mas en que las ha vaciado, (lue es inaccesible a toda variación y permanece inmóvil como la roca en medio del mar cuando todo se agita y se mueve en torno suyo. Sólo es dado a inteli- gencias privilegiadas quebrar esta regla común. El señor Figueroa ha seguido el movimiento de nuestros días, adoptando con tino y discreción las innovaciones que ha juzgado acertadas y con- venientes, y no será éste el menos lozano de los laureles de su clarísimo ingenio. HIMNO N.\CIO.\AI. IiK l.\ KEPUlil,IC.\ OKIENT.M, DEL L'KL"Gü.\"i' KKFOKM.MKl V Ili;cI.,\R.\llO T.M. KN 12 111 DE 1845 CORO /Orientales, la Patria o lo tumba! ; Libertad, o eon (gloria morir! lis el voto que el alma pronuneio y que heroicos sabremos cumplir. I ; Libertad. Libertad ! Orientales Este grito a la Patria salvó Que a sus bravos en fieras haialhi De entusiasmo sublime inflaniíj. De este don sacrosanto la gloria .Merecimos... ¡Tiranos, temblad 1 ¡ Libertad en la lid clamaremos. ^■ muriendo, también libertad ! II Dominando la Iberia dos mundos Ostentaba su altivo poder, V a sus plantas cautivo yacía 1*^1 Oriente sin nombre ni ser. Mas repente, sus hierros trozando .■\nte el dogma que Mayo inspiró... Entre libres y déspotas fieros L'n abismo sin puente se vio. VI ; Orientales! mirad la bandera De Iu-r.,i>;iio íiil;;eiitc eri>td : .Vuestras lanzas defienden su brüln; ; .Vadie insulte la imagen del Si^l! De los fueros civiles el goce Sostengamos; y el código fiel X'eneremos inmune >■ glorioso t'c.nio al .'Vrca Sagrada. Urael, \'1I Ponjue filete más alta tu gloria. \' brillasen ui precio y poder Tres diademas ; oh Patria I se vieron Tn dominio gozar y perder... i ,? I Libertad, libertad adorada. ; Mucho cuestas tesoro sin jiar! Pero valen tus goces divinos E.sa sangre que riega tu altar. vrri Si a los pnel)lo^ nn liárbaro agita l oro Engalana su hermoso arrebol. Del Olimiio la bó\eda angusia Resplandece \ un ser dí\ina] Con estrellas escribe en los cieh")S. ¡Dulce Patria, tu nombre inmortal! XI De las Le\es el numen juremos Igualdad, patriotismo y uniéjii Inmolando en sus aras divinas Ciegos odios > negra ambicii'm. ^' hallarán los (pie fieros insulten La grandeza del pueblo Oriental. Si enemigos, la lanza de .Marte Si tiranos, de Hruto el iniñal. ;> - i 3 I Kápafia. IiiLdaterra y el Mrasil. (jiif doniinaroii la primera (iesde el deseiibriiiiieiito (iel país hasta iwi.1. la setriiiida se's nitíses íiel año IwtT. y la tercera destte 1SI7 basta 18:!8. en (pie el país después de una tarara íTuerra. sacudió la dominacióíi. y ho- ras que se deshilvanarán en el placer, h's el ' " h'au- bourg" codiciado íjue entreabre los brazos vo- luptuosos a la intriga estimulante y al amor; Montmartre, entraña liviana ípie palpita en la dichosa despreocupación del porvenir, mohín de unos labios rojos c(ue ofrecen ,;(|nién sabe? ;la aventura ? ; el sueño de un vals ? . . . ¡Oh París!, apacible remanso a todas las fatigas rudas. Hl prtidiga con el oro, con el arte, con su originalidad diabólica, la sangre y el calor <|ue el desgaste roban a la vida, como esos carbones acu- mulados de mágica energía alimentan la libia caricia que atesora el bienestar. París es el in- vento ijrodigiosíi y jierverso de la tentación, y con todo el rincitn má-i amable de la tierra. El Otoño parisino comienza enhebrando las fiestas del gran mundo, el pretexto elegante de la caridad, las conferencias, los espectácnlns ipie seducen como el chisporroteo multicolor de los fuegos fatuos, la encantada frivolidaíl de los *' reiidez - vons ' ' socia'es. las artistas y los teatros. Ante un teatro me detengo. ,; La fecha? Xo lo sé : tal vez una docena ■ de sedas, constelados de piedras preciosas los desiíudos hombros de las damas, siguió con (U- leile. cristalinas como el agua al deslizarse entre las guijas, las tiernas escenas de ''La \'ierge I)'.-\vila'". trasunto encantador y magnético de la vida de la santa: el misticismo tan puro, la ingenuidad sonriente del ensueño en el sublime deliquio : ora en el éxtasis en que la dulce j)a- labra de Jesús anima el alma de la santa con el incienso perfumado de la pasión, ya en Ins jíasajes de arrebatadora inspiración en los (pie la musa sagrada de la virgen canta la delicio-^a ])oe- sía de su evocacii'm cele>lial. ¡ Cuan generoso y mundano reveíanse en la idea, el artista, el literato y el hombre (pie tejie- ron para Sarah liernhardt esta regia ofrenda del arte en que la voz argentina, el fulgir de unos ojos y la toca de la orden de las Carinelitas I ¡ ellos solos ! animando el pensamiento eximio realizan aquí abajo el milagro artístic*) en una fresca evocación de alegría, de sencillez y de juventud. Kl rencor implacable de los años ha ido esfumando en la comediaiita las ondas y las líneas im])ecab!es de otrora, la lozanía de su cutis de raso; ya se dibujan bajo el " matpnllage " " la< imperceptibles arrugas traidoras, pero nó. ípie- dan aún el fuego interior y la vibrante intensidad de la trágica, (juedan aún los ojos, los insondables dios, en los que tiemblan repentinas llamaradas encendidas por la aspiración inextinguible del arte y del triunfo. La música de la voz. !a toca y el abismo de los ojos dan a Sarah el resonante ajdauso. La jn'eza ha corrido como sobre un lamí/ ile seda y las escenas se han desdobhuKi con li flexible ligereza c más sobre la leyeiula tan bella de Jesús: u\^ grito de unción y de ardorosa fe: es toda la exal- tación relampagueante de Santa Tert-sa de Je>ns. El perlado poema da fin en la alcoba misma de la santa, en su muerte angélica, el éxtasis fina! i-M (pie la virgen rompe las lomeas vestidura-- dr hl carne, arrobaila por los c-^ros del enqiireu. Berníní: Hermoso grupo de Apolo y Dafne llevada de hipnótica dulzura al corazón di.' jesús (]ue brilla como una encendida ro.sa. .Xhi termina el literati» su página exquisita. Ahora corres- lH)nde a Sarah el to<|ue final. 101a ha combi- nado como una hechicera el jin'mor de los de- talles y la hermosura del conjunto. Sarah ha cuidado j)ara tpie en el supremo momento en que ]a> frases se rl esgranan con <.-l tintineo de las ])erlas go'i>eando en el fondo de un cáliz aúreo \- cuando ella arl()])ie la plástica actitud en el éxtasis, la estancia toda y el modesttt lecho se iluminen >■ se transformen como un astro ipie difunde sns fulgores en la cambiante i)olicromí:i del bronce, de la luz y de las fhires. Mientra-- la santa, en el adiós, en sn arrebato de purisimí^ amor a Jesús, disponiendo.se i>ara la a>censión triunfal alumbra su rostro de una sonrisa inefa- !)le. el proscenio se inunda de luminosas azaleas. (le lirios diáfanos y perfumada^ lila'- que derra- man su lluvia sobre el lecho en tanto que las no- tas tenues, seráficas, del órgano lejano, desgranan hts ari)egios de Palestrina subiendo hacia lo alto como un cántico. Entonces domina aún como una gloria en el lecho, que es ya nn ani])o de luz. I:^ plástica belleza de una actitud; la cabeza echad. t hacia atrás con sonriente gracia, el bu-to ]>udo- ro^amente turgente b:ijo las tenues vestidnra> y en el rostro, diáfano como un rayo platead.! de luna, la caricia suprema de la visión celestial. ; De qué clásico modelo ha traducido S;^rah el ]>rodigio? ; Dónde ha sorprendido la f.>rnvi ideal? ¿d('>nde? La idea alborea y se i)erfila en los recuerdos, como una estancia oliscara -i aerara con la vibración voltaica, que re¡»entina ]>■ -r los cristales filtra. ¡ La Santa Teresa de líernini ! Es allá en la ciudad eterna, bajo el capital de pórfido y de bronce, bajo la> cúpulas marm''>r(.■a^ de Santa María del'a X'ittoria (pie gnania 'o- trofeos arrancad' ^s ¡lor Marco .-Xulonio Colonni en la célebre jornada de Le])anto. ¡Roma eterna en la gloria! De un gru]io impecable ha hecho Sarah su divina copia, y ha lomado su divina *'pose". De im trofeo más glorioso, del iriuTifo del arte inmortal : chispa centellante del Bernini (¡ne ])lasmó en la ])iedra inerte, pero animándola con el soplo genial de la belleza, el grupo nisu- ])erable de "Santa Teresa con .Xngelo". Musa soñadora del teatro lrancé>. Sarah I'xr- nhardt en ''su otoño** coiiíjuisti') el laurel de re- novar a través de las edadc" el aletazo genial del líernini. Aladino del cincel maravilloso. Para <¡ue la creencia ferviente se arrodille anu- la perfección que baja de! cielo, envuelta en la-- formas sagradas de la estatuaria helénica, il líernini reanim(S a la ^anta en la tierra. Bendito sea el artista, bendito -ea el Hernini que escri- bi(') la delicada poesía del mármol y (pie arrane»'» a la muerte devidviéndo'a a la vída imperecedera del arte, la seductora v angélica figura de Santa Teresa ríe le-ú<. J ll/i'lll f llliutlll!:!. — SI lie I A .ele. I).- 1111.1 iii.ií;.-st.id iiii|:,...itiv.i. JOTI ludas l.is ni.is .-Icv.idas J.ir.ijl.-ri-li.-.is de fanndad v di vliii ji,,ii. vi^-iiif-l.i i incii; .■ .:ull.i. tal c í.i snitcM-; d..- .-vt^- L-iiviii-ijia i.i i-sj-nilii I.- iiu-niíu). iius mas ..'.and.-s a.-ln idad.-. i is d.'di.a ai .-iorcijín d.- la liLuilrnpia. nndu-lidi. iribulc) al :Mas ,,..bl>- y l-..-,ino.., ~.-nlinu.-nl.i cri.liailo. Desdo la .-riLM d.- MI Íuiida.-M,i. i,,l,-ora c] Cons.-io Dirc-tivo d,-I Halmnat,. dv- l)a;i;a~ \ la ac>:io,i de bondad y d.- socorro de ,-sla i.:-l luen.n. i-n,iiei:lra -leinpie en eíla la voluntad mas decidida, i .1 iiobrliMui.i d.uii.i. rein.l en el l!os;ar del eaballero l'oelor iJo-i üieoorii) kodnoue;. eonio eieiiiflo de virtud y eerd.íd .itew'liv.i. — SELECTA esü la Piedra Alto D. Carlos Anaya No pudo tener esC£nario mas humilde U reunión solemne de la Asamblea de 1í Provincia Oriental, que el 25 de Agosto de 1825 de- claró la Independencia de la Patria. — En un rancho-de reducidísi- mas proporciones, cubierto de paja se reunieron los representantes por los departamentos, denominados entonces de : Guadalupe, de San Josc. de Florida, de San Salvador, de Nuesiya Señora de los Reme- dios Rocha . de San Pedro Durazno , de Maidonado, de San Juan Bautista, de Las Piedras, del Rosario, de las Vacas y de ias Vibo- D. Manuel Calleros D, Juan Tomás Nuñer ras y proclam.iron, en documento vigoroso, que la Provincia era libre e independiente de todo poder extraño. Si no hubiéramos í.ido tan d^jspreocup.idos con los sitios y las cesas que sirvieron para las luchas de nuestra independencia, aquel humilde rancho se conservaría hoy conio una reliquia patriótica. En esta pagina damos los retratos de algunos de los componentes de aquella asamblea y una reconstrucción de la escena tan decisiva para nuestra vida institucional. Primera lectura del Acta de la Independencia, en un rancho de la Florida, De un apunte de la época. D. Gabriel A. Pcreíra D. Felipe A. Bencochea D. Luis E. Peres D. Santiago Sierra SlíLl.Cl .\ — =^;"^ « / m///////i- j/íimi á' ///jm I jE principesca sociabilid.id, con un elevado espíritu comprensivo y una amplia ilustración, tiene la se- ñora Garlón de Mane las mas brillantes afirmaciones de cultura y distinción. Es una de las damas que presti giosamcnte ocupan alto ransjo en nuestra sociedad. Como presidenta de "Entre Nous" realizó labor exquisitamente inspirada, aplicando a ella las bellcras de su carácter y todas las delicadezas y pur.is sensibilidades de su espi ritu. C; — SELECTA — ñjm B LAXES es la más alta personalidad artística de Sud - América. Su gloria es gloria nacional y su genio una de- mostración co'ncluyente de que no debemos envidiar a nadie cuando se trate de con- trilniir a la dignificación más indiscutible de la raza americana. Plétora de hombres de talento ha contado y cuenta nuestro país. Nada tiene que dar sitio a nadie. Hay que proclamarlo esto una y otra vez y nunca en mejor oportuni- dad (|ue esta, cuando hemos de hablar de im uruguayo ilustre como Juan M. Blanes. Xo es nuestra intención hacer un detenido estudio critico de la enorme labor realizada por e! gran pintor. Xuestro propósito es ofrecer una ñola explicativa de esta nota- ble figura artística uruguaya, cuya fama abarca todo el continente y .se impone a la consideración de la posteridad con sus soli- disimos prestigios y con una obra ([uc no ha sido hasta hoy superada. V a e.ste respecto nos llegan a los puntos de la ]>luma ciertos amargos re])roches (|ue merecen los <|Uc. sin conocer la labor de Hlanes. o conociéndola, la niegan impulsados por sentimientos subalternos (jue no de- bemos calificar. Defecto gravísimo nuestro, es este de no rendirnos sin reparos a la glorificación de los co;r patriotas que han merecido bien de la gloria. I*or<|ue son nuestros, los negamos y so- lemos extasiarnos ante otros (|ue. sin valer lo (|ue valen los coterráneos, tienen para mu- chos el inapreciable mérito de su extranje- rismo V a veces el prestigio arrebatador de un ai>ellido raro, difícil de ])ronunciar y aun más difícil de escribir. Blanes. como otros uruguayos ilustres, aun después de ser personalidades indiscu- tibles en el nnnido artístico, han encon- trado detractores y pseudo - críticos que los han negado. Y hoy todavía, después de mu- chos años lie consagración, cuando ya la fama ha dicho su palabra definitiva, se encuentran espíritus cavilosos, en exceso ca- vilosos. (|ue en análisis de ])e<|ueñeces. sin tener amplitud de mirada como para abar- car la grandiosidad del conjunto, encuen- tran, con alborozo, defectillos que se pier- den en la belleza del todo, del todo armó- nico, grandioso, concepción genial (jue sub- yuga. I'or<(ue esa es la característica sobresa- liente de Blanes: la concepción, la fuerza sugestiva de sus composiciones originales, teatrales quizás. ])ero alta.nente artísticas, |>rofundamente e:rotivas. viriles y huma- nas a pesar de todo. Dejando libertad a su imaginación crea- dora : seguro de su técnica y convencido de su am])litud en todos los estudios com- pleiuentarios de su arte ; Blanes hacía sur- gir en sus telas dificultades tras dificul- tades. i)ara luego vencerlas triunfal'uente y demostrar {|ne su lápiz y sus ])inceles no titubeaban un punto cuando delineaban o ilejaban el color sobre la tela. Todos sus cuailros. prínci])al.neute a([ue- llo> (|ue corresixinden a la época del apogeo de su genio, ofrecen a la miraila del estudioso y del ecuániíre. dificulta- des enormes, salva- das con arte y con verdadera y cons- ciente iraestria. Kn la tela (|iie ri'- ¡)roduce los últimos ir.omentos del gene- ral Carreras, el co- lor ofrece dificnlti- des tan extraordina- rias que otro pintiir hubiera renunciaiio ultimar tan grande obra. Rsa penumbra en (|ue están envueltas personas y caras dentro del higtilire calabozo, es un es.ci- 11o puesto al ])incel en cada centínu-lro de la tela. Y los esco- llos han sido venci- dos con gran maes- tría y el efecto estu- pendo de luz peiie- En l.i culminación de su talento artisticOf Blanes, pintó el cuadro titulado: Episodio de la fiebre Amarilla. £s ura soberbia tela de composición, que obtuvo un éxito extraordinario. trando por la l>ortczuela. luz de iradrugada triste, es (k- una lielleza indiscutible y no su- perada en ninguna tela de pintor arericano. listando Rlaiics en Florencia cono pen- sionado envió a .Mo:Uevi(ko dds telas. de- Obra de arte y de cariño, este retrato de la madre del pintor es una verdadera gran obra. Admirable por el dibujo y el colorido, ha que- dado como una demostración del talento de nuestro gran artista. ■■ ostrativas de sus progresos de estu- diante. Son ellas: "La casta Sii.sana" y un "San Juan"' ( (|ue se conservan en el .Mu- seo Xacional de Bellas Artes). ¿Habéis e.xaminado detenidamente estos cuadros, ejecutados por Blanes en 1S63, ciuiiido hacia ajjcnas cinco años (|ue estii- di;d)a en la bella ciudad italiana, asediado |:or dificultades de todo orden, principal- luente económicas? Sin (|ue sea desconocer méritos de nadie, sin que con ello (jucranios empequeñecer la obra de los pintores que han surgido des- |niés, ])ero si co.iio una comprobación jus- ticiera del genio de Blanes. digamos ara la es- cni])ulosi(lad realista del gran pintor ima mirada torpemente des])reciatíva. Blanes no necesitó de " cosas raras " para — SELECTA — triunfar v i|iH'(lar sobrí- su iK-dcstal, incuu- movible a todos los cuibates. Llevó a sus tilas caudales de realidad y aplicó a su labor ei método razonado y sieni])re fnic- tifero. Xo fué bohemio. Xo aguardó a c|iie la 5íloria viniera a ofrecérsele con liuniildades de U'endiífa. Fué a su encuentro con una suma siempre renovada de trabajo, dj ac- tividad, de impulso creador. Desde cuando el ¡lintor estudiaba en Ita- lia, ya señalaba .^u maestro la ejemplar con- ducta nioral y asiduidad de Klanes en el estudio, medios sin los cuales, además de la aptitud natural i)ara el arte, no st' ob- tienen en tan corto tiempo los antedichos l)rogresos y rcsiíltados. ¿Son muchos los jóvenes artistas ipie hoy |)ueden invocar en defensa propia condicio- nes tan altas de laboriosidad y noble anlielo de triunfar? Desgraciadamente no. ICn genera! hoy se desea la fama. ])ersi- gniéndola de otra manera. Las mesas del café, las rarezas en la intimidad de la vida de cada uno. un antii)ático es])íritu de ne- sración hacia lo va . bresalienle. adnnfal)le. la más alta e.x))re- sión del arle ])icté)rico en Snd - .\mérica. ]\l método, la ordenación del trabajo, la labor diaria, ultimada puntualmente, sin consultar fatigas físicas, desganos de origen uioral. o inclinaciones momentáneas a otras actividades, rinilieron a Blanes la suma más grande ele (iroducción y (pie stii)era a todo lo (pie han realizado los demás ])intores de .Vmérica. algunos por no seguir un sistema de labor con norma fija y otros por haber caído antes de la Víiitad de la jornada. ]'.u esta caracteristica de Blanes en lo que al método de trabajo se refiere, deben to- mar ejem])lo los artistas de hoy. los (pie entienden u'alamente una bohemia (pie es molicie, a veces i;n]iotencia y a veci's aban- doiKj. .\(piella voluntad férrea del maeslr(] se defendió hasta el último momento. Batido l)or un doloroso drama de fa- milia, con hondas preocu])aciones morales absorbiéndole toda la vibración de su ])en- s.'imiento. desesperado en la búsípieda in- fructuosa de- su hijo Xicanor. lejos de la patria, de la tierra donde se le admiraba. consagrado y que se utiliza con el elás- tico nombre de re- volucionaris;iio. todo esto y algo más. sir- ve para interesar a la opinión pública. ]>ara mover la plu- ma de algún jiseudo critico y de esa suerte dar coloca- ción a las obras (pie . se cansan de aguar- dar la terminación en el caballete o las (pie a])arecen a la curiosidad de l;is gentes en estrambó- ticas estorsiones del color, del dibujo, de la verdad y del arle. Blanes fué un triunfador a fuerza de constancia, de la- bor, de intensa por- fía en el i)erfL'ccio- namiento de su arte, (le nobilisin;a ambi- ción de nombre y de honores. Por esas grandes condiciones de trabajador y de metodista, obtuvo valio.sas recompensas. .\o fué tan sólo el irejor pintor de Snd - .\mérica. fué también el artista reposado, serio, con ([uien las instituciones ])úbltcas y privadas y los ])articulares. ¡íodian tratar, en la absoluta confianza de (pie el trabajo (pie le enco- mendaran seria ejecutado bien y en su tiempo oportuno. .\lgunos de los (|iie h(jy anhelan ])opiila- ridad v ])rovecho ¿pueden decir lo mismo, ¡)ue(len ])reseiitar las mismas recomenthibles cualidades? Siendo Blanes ])ensionado en Italia ( jieii- sión misérri.ra). cumijlió puntualmente con sus envios al listado (pie le facilitab.a la l>rosecnción de sus estudios. \',n el .Museo de Bellas .\rtes hay demo.straciones hon- rosas de esta labor de estudiante, lejos de la patria. Y con esa misma decisión. C(jn esa misma fe en sus propias fuerzas, continuó toda su vida y acumulcí una jjroducción enorme, so- Este cuadro es de una impresionable verdad trágica. Los últimos momentos del general chileno Carrera, ha llevado el pintor a la tela venciendo enormes dificultades de color, por el sitio en que están colocadas las figuras y por la iluminación de las mismas* Es otra de sus obras maestras. se le resi)etaba y .--e le (pieria. a(piel luchador fuerte. e.\i)re.saba en un grito de lo intimo, del fondo de su corazón, ¡pie al dedicarse al trabajo hacía cnanto ¡lodía por la .separa- ción del hombre con el artista. lie alii cuatro ])alabras escritas por Bla- nes en un desahogo de amistad, c^ne cons- tituyen una invalorable' máxima ])ara los .pie tienen aspiraciones de triunfo, de glo- ria, de imposición al respeto de sus seme- jantes. Hay que separar al hombre del ar- tista, hay que separarlo en. cuanto se puede, si se desea realizar obra definitiva, (;bra (jue despierte admiración y sea valorada en alto jirecio. /ola. des])ués de emi)eñar su único traje, continuaba animo.so en sus estudios v en su l)roducción. y recibía a sus Íntimos en su buhardilla, envuelto en una frazada v sen- tado en el suelo, rinlorescamente eí gran escritor. llamaba a su estrechez: "hacer el turco ". ^ no por eso lo arredró la vida, ni .se abatió su voluntad, ni su noble ani- bici('>n de triunfo .sufrió troj)iezo alguno. Blanes. otra voluntad (pie no conocía los desmayos, (pie no sui)o debilitarse en medio a las más encontradas y n\iii amargas lu- chas intimas, buscó perennemente la se- ])aración del hombre con el artista, modo sabio y eficaz de poder vivir con arreglo a las exigencias prosaicas y fastidiosas (pie cada (lia nuevo nos proporciona invariable- mente, y de ejecutar, como por se]jaraeriiueutados con el afán de hallar coloraciones Uiás exac- tas o uiás firmes. Blanes ter- niinó:SU gran labor sin cam- biar las orientaciones técnicas (¡ue le habían señalado sus maestros. V en esto demostró tam- bién sabiduría. Un artista no canibia a ca- ])richo las características de sus obras. .\sí como un escri- tor no pueile variar a volun- tad .su estilo, sin anidar su Cuadro de género. En él el maestro pone en brillante evidencia sus conocimientos e investiga- ciones en el pasado de nuestro pueblo» evocando tres épocas de la vida de nuestro campesino, con una gran riqueza de dibujo y de colorido. personalidad y (|ui- tar fluidez al ])ensa- miento, un pintor no debe cambiar su téc- nica, porque si lo ha- ce ya no será espon- táneo, ni el pincel ha de correr firme .so- bre la tela, y en la coloración se han de notar lamentables indecisiones, errores y falsedades. De modo que en el e.xamen crítico quedan estas consi- deraciones. ¿ Pudo Blanes razonable- mente seguir otra escuela que la ado])- tada i)or él en la ini- ciación de su carre- ra ? Xo. ; Y una vez adüi^tada esa escue- la, aca.so no procedió con toda cordura al continuar ¡practicán- dola ? Fue. indiscutible- mente, mi pintor a la manera to.scana. pintor. ••■ El viejo y respetado dibujante y calígrafo Besnes Irigoyen aparece en esta tela de Blanes como una demostración más de las estupendas condiciones de retratista que poseía el gran pintor uruguayo, gloria americana. ero fué mi gran 'Pal debieran ser muchos artistas desor- litados (jue. en una loca carrera tras una originalidad (|iie no existe, quiebran ener- gías y llegan al fin del vértigo, vencidos, anulados, improductivos v lamentables. Xo es sólo la originalidad lo que da va- lor en arte. Más aún : con sólo originalidad no se hace arte ])erdurab!e v digna de dos- ^ [jertar la atención de contem- poráneos. (|ue(lanI?i una demostración de que, en el sentimiento de los buenos hay siem- pre un refugio ])ara los que en mi ins- tante triste pueden creerse abandonados de todos en medio de una vía desierta v fría. lüi los Deparlamentos del interior, la ■ociedad tiene una delegación en cada ca])ital y en Montevideo las tiene en cada ])arrO(|UÍa. Hn esta forma la institución sostiene en toda la República a miles de ])ersonas. a las cuales se las socorre con alimentos, con habitación, medici- nas, médico y ropas. Socorro completo, uniforme. (|ue lo abarca todo, que :\ todo atiende y que es de una eficacia indiscutible v ])or ello hondamente agra- decido. Fué fundadora de la Sociedad de San \"icente de Paul en .Montevideo la nol)le matrona que se llamó doña .\n- touia \"áz(iuez de Márquez, cuyo sen- sible fallecimiento se realizó en i i de .\g()Sto de 1900. .\1 espíritu luminoso de esta dama, a sus arraigados sentimientos de bondad, a su amor ])or los humildes y los nece- sitados, debe el país la fundación tan in- mensamente caritativa, cuyo progreso y extensión es hoy un orgullo nacional. Doña Antonia Vázquez de .Már(|uez dio a la Sociedad todo lo más preciado de Doña Antonia Vázquez de Márquez, fundadora de la Conferencia de la Metropolitana. ^ocie Doña Antonia Veiga de Lenguas, Presidenta del Consejo Superior. sus actividades, de sus ini- ciativas, de su bondad sin li- mites, de su energía de orga- nizadora y de su sentimenta- lísn^o noblemente hermoso. l'",n princii)io la distinguida matrona fundó la Sociedad de la Metropolitana y de es- te niicleo poderoso, manteni- do con admirable te.són, e im])ulsado siem])re a un ])ro- greso n;ultii)licativo. surgie- ron las demás fundaciones, todas las numerosísimas ra- mificaciones de la Sociedad (|ue hoy derraman la sombra del bien, de la fraternidad, de la com])asión en todos los ámbitos de la Reiniblica. l'"s en la actnalitlad Presi- denta del Consejo Superior de la Sociedad, la distinguida matrona doña .Antonia Vei- ga de Lenguas, dama de una bondad tan ]irobada. tan ín- tegramente puesta al servi- cio de la caridad, que desde hace treinta años integra ima de las Co;nisiones de la So- ciedad, alcanzando luego, en mérito a sus virtudes, a su constancia, a sus invalorables n^éritos personales y al amor inmenso que siem])re puso a dis])osición de la obra de |)ie- dad. el elevado cargo (|ue hov desem])eña con el más gran- de beneplácito y con la más eficaz dedicación. Doña .\ntonia \'eiga de Lenguas se halla hoy abatida por ima dolencia (|ue cpie- branta un tanto su activiiiad incansable en pro de la ins- titución y ])or ese motivo se verá privada, con todo su in- menso pesar, de presidir las sesiones e.xíraordinarias del Honorable Consejo; pero aun así no dejará indudable- mente de recordar cariñosamente a los menesterosos. -Muchas son las damas (|iie han puesto al servicio de la Sociedad de San Vi- cente de Paul todo el concurso de su desinterés. .\Igunas con donaciones en iretálico y otras contribuyendo con su esfuerzo personal. Confiando a nuestra memoria su enu- meración, recordaremos a las señoras: Doña Sofía Jackson de Buxareo. doña Catalina O'Xeil de Fernández, doña Es- tanislada .Márc|uez de Lessa. doña Elena Cho]jitea. doña .Mercedes de Yéreguy, doña .\ntonia Ciarzón, doña Rosa Pé- rez de Butler. doña Julia Lavandera, doña -Ana Algorta de Mané, doña Caro- lina de Soria, doña Isabel de L'rioste. doña Zoa Fernández y doña María .\yer- za. esposa esta del caballero don Féli.x Buxareo. que no hace mucho tiempo, tuvo el magnífico desprendimiento de donar a la Conferencia de Señoras de la L'nión cuatro casas, las cuales sencilla. ])ero cómodamente alhajadas sirven de asilo a los menesterosos de la localidad. Las casas ilonadas llevan los nombres de San F'élix. San José, Santa Mónica y San Juan de la Cruz. Señalamos a la admiración v gratitud públicas esta institución. — SELECTA Por los Salones ...La vida de salón es como una caricia para el espíritu y para los ojos. Ks como un sedante puesto a la aridez de la normalidad de todos los días en el maremágnum de lo que a la calle nos atrae y en la calle nos roza. Entrar en un salón, sumergirse en la ola de luz y de perfume que un salón ofrece, equi- vale a una amable excursión por las regio- nes de la belleza y de la armonía. Así divagando llegué a la residencia del se- ñor ingeniero don José Serrato y de su esposa doña Josefina Perey. atraído gentilmente por una amabilísima invitación. l\\ señor Serrato y su esposa gozan en nuestros círculos socia- les de merccidísimas simpatías, todas las cua- les coadyuvaron para que la fiesta que ofre- ciera la señorita María Helena Serrato adqui- riera inusitado brillo. La señorita de Serrato es una delicadísiiua flor que irradia galanura en su torno y para quien le están reservadas las más triunfales imposiciones en nuestro mundo elegante. Con verdadero deleite liube de rendir ante niña tan gentil, toda la es]>ontaneidad do mi admiración y por ella, por la distinción y cultura de los dueños de casa y por lo selecto de la concurrencia. la recepción cbez Serrato - Perey fué una encantadora realidad a todo lo qite divagara j'o mientras a ella me dirigía. En la retina conservo y conservaré para siempre el cuadro admirable que formaba un grupo de niñas, para las cuales nunca he de lamentar más profundamente no poder ofron- diirles la flor de un madrigal. V,n ese grupo delicioso estaban : Estber Alvarez Mouliá. María Elisa Wilson, María Helena Serrato Perey. Margarita ídiarte Borda Platero. Ma- ría Teresa Salvañacli. \'alentina Fyn Butler. Sara Torres Calirera. Julia Sliaw Villegas. María Amelia ALlrquez \^aeza v Alda Brum. De un salón a otro salón, y los ojos se em- briagan en luz y en magnificencia. Fué en bonor del Almirante Caperton la estupenda rece])ción qtie ofreció el caballero don Adolfo Pastor i y su distinguida esposa doña Josefina Gómez de Pastori. en su pala- cio de maravilla. Armónico y riquísimo, el mobiliario es como una sinfonía en maestoso, donde la unidad de los tonos rinden al gusto más exigente, donde los estilos se conservan en impecabili- dad de líneas y donde por so]»re todo se pro- clama y triunfa ol Inicn gusto de los dueños de casa. Riquísimas telas penden 3* cubren las pare- des envolviéndolas en tina caricia de seda y envolviéndonos en la aún más delicada cari- cia de su color azul -záfiro; las luces estallan en multiplicidad de reflejos dando a cada cosa todo el valor de su colorido; las vitrinas de- tienen tanto al indiferente como al amateur: al uno porque su riqueza desborda de sus es- tantes en una grandiosidad de oros, de pla- tas, de esmaltes, de marfiles y de porcelanas; al otro porque en ellas se contienen sobresa- lientes maravillas de colección, tan valioso y tan elegido todo que parecería tarea imposible volverlo a reunir. Y si la suntuosidad de la mansión bubo de admirarme, más me deleitó aún la suntuosidad (b' la concurrencia. Las damas soberbiamente ataviadas eran como joyas preciadas en tan riquísimo estucbe. Sobre las esculturas palni- tantes de sus cuerpos, las toilettes, rornnl.'- mentadas con las joyas de valor incalculable, t'orriipban como tma brillazón de astros, como TU triunfo en anoteosis de la gracia, de la ri-'.Tancia y de la belleza. "N' de aquel luminar, oue atraía con fuerza iiicontrastaljle. surgía, imponiendo una maies- '■'d (le orieen iiidalgamente castellano, la s<-- rora Tosefina Oómez de Pastori. gentilísinvi entre las gentilísimas, amable, culta. lucieuíh^ sobre el coral de su hermosísimo traje un co- llar de grandes perlas. Tan distinguida dama, en compañía de su esposo, recibieron a sus invitados con esa fineza sencilla y enaltece- dora que diríase fué característica de las épocas idas. Me coloco en un ángulo del gran salón y desde él. subyugado por aquella decoración feéri'-a de riqueza y de aristocratismo. con- templo. La señora ufaría Mercedes Cibils Larravidc de Castellanos avanza iriunfalmenie. en me- (\'\o de mía aureola de adniiracituí y sobre la alfombra florid;! ado a las señoritas Martba Iglesias Caste- llanos, Elena Gómez Larravide, Dominga Car- valho Alvarez. Ernestina Muñoz Oribe. Mar- Erarita Saavedra, Margarita Renzano. Silvia \'ictorica y María Carolina Pérez. Evoco la fiesta verdaderamente imperial y al sonar aún en mis oídos las armonías de la fiesta, en mi imaginación pasan randas mu- chas encanla<'.oras siluetas. Llego (y no sin i>ena. i)orqae en la evoca- ción de tan soberbias fiestas vuelvo a expe- rimentar las gratas, las hondas, las dulces emociones que durante ellas experimentara). llego, repito al salón que puede ser calificado sin esfuerzo como uno de los más bellos de los que existen en nuestra ca]3Ítal, al salón de doña Sofía Platero de ídiarte Borda, y en este ]>unto todas mis admiraciones desbordan y ía pluma se detiene a cada instante porque mi imaginación vuela, desordenadamente atraída por el fantasmagórico recuerdo de un baile rick. SELECTA — EX la oportunidad de su funcionamiento, hemos vis'tado la Ex- posición de Labores, organi- zada i)or el Patronato de la Aguja en uno de los salones principales de la Mueblería Caviglia. salón que fué cedi- do con fina gentileza por su propietario, en contribución n'.uy encomiable. muy digna de ser elogiada, a la obra me- ritoria de esta magnánima institución. Xo tenemos más que elo- gios, pero elogios muy calu- rosos y muy firmemente fun- dados para los trabajos e.x- puestos, soberbios esfuerzos llevados a cabo, generalmen- te, en hogares humildes, don- de sin embargo existen ma- nos femeninas tan hábiles y tan delicadas como para lle- var a la realidad más per- fecta encajes, puntillas y bor- dados de elevado valor y perfecta belleza. La decoración ( digámoslo asi) puesta por la Casa Cavi- glia a esta exhibición, no pu- do ser más elegante y más apropiada. En dos salitas y en un comedor, amueblados con el gusto modernísimo ([uc caracteriza todo lo que fa- brica o importa la renombra- da casa, las piezas delicadí- simas que constituían la ex- ])0sición. obtenían un gran realce, se valoraban justa- mente y causaban la más agradabilísima de las impresiones. Xo hemos de detenernos en el elogio de las labores expuestas. Allí había de todo, de todo lo que puede constituir un atracti- vo, una delicia para un ama de casa, deseosa de poseer esos tan delicados complementos que tanto adornan, que tanto visten a los U'uebles. que tan chic resultan, dando una sensación de confort, de claridad, de fres- cura. Muchas veces no nos detenemos a i)ensar en el por qué de una agradable impresión recibida en una sala, en un comedor o en cualquier otra habitación de una casa. Pero si analizáramos esa grata sen.sación de bien- estar y buscáramos lo que la (¡reduce, in- dudablemente (pie nos fijaríamos en esas po(|Ueñas cosas que complementan un mue- blaje y Ilegariamos hasta los encajes, ¡os almohadones y bordados, caquetás y toda una infinita variedad de otros detalles de este género, donde bien puede tener cabida la mantelería de un co'.nedor, elemento ya más esencial en el alhajamiento de una casa. En la Exposición realizada por el Patro- nato de la .Aguja figuraron piezas verdade- Señora Delía Castellanos de Etchepare Presidenta de la benefactora institución ramente valiosas. Cortinados, manteles, car- petas, bordados en una variedad de apli- caciones inmensas, visillos de alio valor. En este sentido no pudo exigirse nada más coni- ])leto y nada (|Ue despertara más la admi- ración de todos los que visitaron las salas instaladas en la Casa Caviglia. Sin detenernos mayormente en conside- rar la riqueza y la perfección de todo lo expuesto, vamos a formular algunas justas y absolutamente necesarias consi:!eraciones respecto de la bondad de la obra (|ue cumple el Patronato de la Aguja con una encomia- ble dedicación por parte de todas las seño- ras que lo com])onen. y que preside la ilus- trada señora Dclia Castellanos de lítche- pare, mentalidad hondamente cultivada, (jue brilla deslumbrante en nuestro mundo so- cial. La .señora Castellanos de Etchepare uti- liza sus elevadisimas dotes intelectuales en la acertadísima dirección de una página fe- menina que inserta semanalmente nuestro colega " El Bien ". Con el pseudónimo de " Madre " la ilustrada dama realiza en el diario citado una labor educativa de sana orientación, dando a su consejo dulzura y * energías. Al frente del Pa- tronato de la .\guja la señora Castellanos de lítchepare po- ne en evidencia su valiosísi- ma cooperación. De tal suerte la obra del Patronato se realiza con una eficacia halagadora. X'o re(|uiere esa labor ma- yores complicaciones, no exi- ge ni grandes y cómodas se- des, ni personal técnico y numeroso. L'na idea absolutamente práctica preside la obra del Patronato. Y he aquí en qué forma : En la intimidad de algunos hogares humildes se trabaja durante meses en líi confec- ción de delicadísimas labores. En esos trabajos se cifran muchas esperanzas ; sobre bases tan sutiles se labran ¡iroyectos de ordenación eco- nómica, satisfacción de sen- cillos gustos. Y todo ello por- (|ue saben las obscuras bor- dadoras que. terminados sus trabajos, el Patronato los acogerá, los prestigiará y du- rante la exijosición podrán ser vendidos a buen precio. Es herniosa la contribución indirectamente caritativa que el Patronato lleva a cientos de hogares necesitados, don- de laboriosas manos femeni- nas realizan verdaderas obras de arte con el hilo y la seda. Con la imaginación nos trasladamos hasta esas casas humildes y contemplamos a las n^odestas cultoras del arte de la aguja, tan lleno de dificultades, tan difícil como cualípiier otro arte, y de esa suerte también muy digno de ser te- nido en cuenta, de ser elogiado y de ser admirado. Cf)n la ¡lacieute labor en el empleo de la aguja .se realizan todas esas jiequeñas ma- ravillas que tan amablemente nos sorpren- den ; combinaciones delicadísimas de he- bras de algodón o de seda, cuyos dibujos. re:redan e.xtrañas, fantásticas formas, di- ríase de ensueño. Y fueron muchas de esas delicadísimas labores las que exhibió el Patronato de la -\guja. vendiéndolos todos a muy buenos precios. La inauguración de la Exposición de La- bores dio lugar a una hermosísima fiesta social. Todo Montevideo elegante desfiló por las salas y las ventas se realizaron rá- pidamente, con el más halagüeño de los resultados. _ — SELECTA — I V.\ alma iK- Jnlm López su asomaba a los la- !)i(>s (le John López, y como era im alma en- ferma, los labios í-e contraían en una mueca de fastidio. . . También fastidian a los laÍ)ios rojtjs de sa- tisfacción, las almas enfermas... John López era arcliimillünario. Sus monedas de oro liuhieran ])udid() competir en número con las estrellas. \'aciadas sus talcf^as en el espa- cio, se formara fáci'mente con su contenido ima via áurea... Además de su oro al)ruma(lor. po- seía John Lói)ez otro caudal quizá aun más deslumbrante : su juventud. . . Los jóvenes po- bres se reirán di- esta j)aradoja. ^' por úhimo, era John Ló])ez un hombre sano y hermoso... Tenía todo lo (|ue se necesita para ser feliz... ^ no era feliz. . . ;Por qué no era feliz John López?... Porque su alma había cometido el feo de- liro de homicidio en la ]>ersona de una buena señora llamada Ilusión, y en castíjío de crimen tan h'irrendo arrastraba ])or la erg^ástula de co- das las opulencias el pesado ííríUete del hastío... Un día en que la desesperante disciplina de lo vulpar. más odiosa le presentaba la cárcel de su vida, decidió evadirse... — Jnpar el todo por el todo — murmuraron sus labios rebeldes de jiereza — o encuentro la verdadera dicha o... L'n secundo de perplejidad y después. ¡Resuel- tamente : — ; Xo. matarme no!... Kl suiciilio es estú- pidamente vultrar... ^'a ni suicidarse es i)OSÍ- ble en esta horrible vul}¿arización de todo... >' John López — que era descendiente de uu fidalgo y nacido en tierra sajona — se lanzó con ansias de hand>riento o de enamorado en busca de la Absoluta Felicidad... ir John López empezó por comprar un esi>léndido \aclu y so lanzó a los mares. Sobre el ])uente de su buque, a la caricia de las brisas marinas, su rostro varonil : perennemente hundida en el más allá, la mirada de sus ojos nejaros; sur- cada la piel de la frente por la huella profunda de la meditación infatij^able : ansiosas las fosas nasales en una asj)iración peri)etua de ])erfnmes desconocidos; avizor el oídt) a los rumores incla- sificados. John López ciñó al mundo con el lazo anhelante de su investigación extraña. La Civilización europea le hizo probar todos sus refinamientos. Al brillo encandilante de su oro, acudie-ron en París todas las mujeres glorio- samente hermosas... Infinitos labios femeninos dejaron en sus labios poemas de emociones... Pulsaron sus manos las arpas divinas de admi- rables cuerpos de mujer... Todas las audacias de Tenorio las realizó él y las superó... V al fin el vicio de París no tuvo nada nuevo (jue ofrendarle y la hoiiestidad de París nada ocultó tpie desj>ertara su tentación... Dejó Euro])a. Llegó a Turquía y puso su planta infiel en el serrallo más guardado. Deslumhró con vicios de europeo, los vicios bárbaros de las odaliscas. Provocó temi)estades de celos en las almas de muchos señores turcos. Llevó a su yacht la be- lleza admirable de la favorita de! Sultán, y dejó la tierra de la media luna con el alma aún más cansada. Por aquellos días sus pupilas se fijaron en un volumen de Dostoyewsky y tuvo el cai)nchu de las emociones del juego... ; Xo eran acaso do- loro.^aniente felices his jugadores?... I-'né a Monte Cario... Ganó, perdió. Sopló vendavales de oro sobre todas las mesas... Puso pánico en los banqueros. . . Arruinó a potentados. . . Provocó, ejerciendo de Destino, el suicidio de tres hombres... A uno de ellos le vio morir y recordó asqueado como mueren los cerdi>s... L'n día el Príncipe temió por la esiabilida descendientes de reyes... Puso su planta en África: no guardaron las moras secretos él: el sultán le besó sus zapatos ingleses ofrendó la inviolabilidad de su serrallo-.. dújole pena aquel stiberano mendigo; le unos montones de monedas y partió... l'".ntró su yacht en la inmensidad amenazailo^'i del Atlántico y una noche de insomnio. mn> Iejt)s de la costa y en i)leno temporal, tuvo un'i loca idea; fué a la cámara del timonel y des- truyó la !)rújula. . . La temiiestad duró varios días \ el hu(jue navegó al azar arrastrado ]>or todas las borrascas... Cuando las estrellas ilu- dieron ])roporcionar una ruta, John Ló])ez rtnn- ])¡ó las cadenas del timón... Los tripulantes ate- rrados quisieron rebelarse, pero John López mató a uno de un balazo y los domint» en se- guida. . . .Aquella carrera ondió fastidiado: — Xo tema-, imbécil, que no hemos salido dul mundo. . . Kmbicaron en una co>ta ilesierta. árida, in- hospitalaria. ]\\ yacht se estrelló contra el acan- tilado. Se salvaron nadando... ]*enosamenle a pie se internaron en la tierra desconocida... Pasaron dos días... Xi un hombre, ni nn animal. ni un ave. ni un insecto... ¿Qué tierra maldita era aquella?. . . L-1 hambre y el cansancio jni- sieron en los ojos de los marinos una sombra de Terror y de angustia. . . .\I tercer dia Jobn l.ó ])ez tuvo iKunbre. . .' La> ]iiernas se negaron a r^ustenerlü. . . Se >entó en una ¡leña, Sn> bcmibres lo roflearou esiieramlo lo iuvsperadu . . . .\1 atardecer, un dolor agudo contrajo el estó- mago de John López... bjitonces sac'ó lenta- mente su revólver y miró a tt)d(js .sus hombre- uno a uno. detenidamente, con pericia de mata- rife... Su-- ojos se fijaron en un muchacho blanco, rubii i. roliusto . . . Rái)idamenle le señaló Con el caño de su re\ólver >' le partí* i el crá- neo. . . ]'.] espanto paralizó a los -itros... John López dejó desangrar el cadáver, mandó iles¡niés (|iie se hiciera una hviena hoguera, 'irdenó al co- cinero de a bordo (|ue cortara del muerto la>> ■' iire-as "" mejores, él ayudó luego a cocerlas y cuando Lsiu\"ierou asaiias fué el i>rimero (|ue comió... h'.u aquel momenlít tuvo la convicción de (jue lo-- canibalo no posern nada de gastró- nomos . . . Continuó la marcha \ al lin diiron tu nn po- blado: estaban en .-Xsia. Joim López decidió en- tonces recorrer el connnenie de todos los orí- genes. \'ivió en las costumbres y en la historia de puebhts exóticos. Se desesi)eró en las soledailes sil)eriana--. experimentó todas las rarezas de la (iran Mogidia. ICstuvo entre los Osetas del valle del Cáucaso. Convivió con las grandes fami- lias semíticas: en el Líbano, en el Kurdistán. en la Siria, en la .Arabía v en las horribles soleda- des del Kt-Thy. Hurg(') en las tradiciones jajKinesas. en el amor de las *' shinzos " y de las " .sambú ' ". en los misterios de las costumbres... Kecorrió las cos- tas del Mar Rojo, del Mar Xegro. «le una vida de renunciamientos. V por último, el Cristo evocaba en su Sermón de la Montaña Iodos los fundamentos de las creencias primi- tivas, les d:;ba una forma al jju^to de la época, llamaba a los humildes, a los limidos y a lo-, riéhdes ; dábale al hombre' una existencia sin alejarías, pedíale en cambio el anuíamiento total de la personalidad y al fin prometía para los jus- tos, para los buenos, para lo-^ miserables, para los incapaces \ ]>ara los niñix. el Sumo Esparci- miento de! Paraíso. . . Las reliiíiones no ofrecen la b'elicidad sino para después de la Muerte. I*,n consecuencia nc valia la pena ser bueno... I\' b>Íi;t López abandonó deSe>perado el e->ludi<.' lie la-* reliííioTies. en 'as cua'e^ bu>có en vano el ansiadii secreto y jioniendo en tensión las ultima-i energías de su voluntad investi.iíadora. se lanzó i)()r la árida y 'artia pendiente de la -ocioloííía. ; .-\caso los >!steina6 sociales modernos no da- '■ian la fórmula de la completa felicidad?... Si- ,i:uió a través de la historia las evoluciones li- Í)ertarias de lo> pueblos... Tuvo la sensación de todas las rebeldía-... Contempló imaecina;i\ a- mente las extorsiones epilépticas de la humani- dad, perennemente condenada a buscar una diclia inaccesible... Fué avanzando en todos Itis con- ceptos audaces de diversos estados S(.)ciales. . . l.o deslumbó un in-lante la visión trágicamente >ul>]ime de la " C'>muna "... Meditó solire el estupendo sistema de Carlo> Marx... Lleiji') a las fantasías deslund>rantes de Hakounine. . . Cayi'i su mente cansada .--obre los esludios de Rechis... >' en la cúspide altísima de muchos sijílos de tliscusión. de reforma y iie anhelo humanos in- satisfechos, conteniólo muy abajo e! hormiiíuero humano, y >intetizó: — ['ara llegar a la t-jecuciim de estos hermosos -ueñ" •>. se necesita la realidad de un hombre nuevo. Kl actual es nioralnienle deforme: no >irve. . . ; Kntonces: ^ al ^o pe de e>la deliniti\a interro,i;acÍón. ca>Í se muere de angustia... Su alma tuvo un s()lilo(iuio supremo: — , .\o es digno ni capaz el hombre actual de alcanzar la realización del aforismo : ' ' l'.l individuo libre en la -ociedad libre"? — ;Xo!... ;P'Mlrá modelarse de nuevo la conu'ni arcilla humana a las presiones evolutivas." — ¡ Xo!. .. ; Poilrán ser radicalmente eficaces las revo- luciones? — ¡Xo!... ¿La vida llegará a no .'riginar-^e del dolor y del dolor no sustentarse? — ¡Xo!... ; X'ale la vida la pena de vivirla? — ¡X"!... ; I'uede ser una (Lfinitiva obra de libe- !aci<')n suprimir to-Ui vitalidad sobre la tierra?... ¡Si!... ¡Si!... ^' Ji'lin López, cegado por el relám])ag!' de ;n|uel colo>al exlerminio. lanzi') un grito de triunfo. L'n perrillo ipie >iem]ire estaba a lo- i»ies :1 ! millonario. >e azoró a! grito de ^u ame y ladr-'» con furia a un in\ isible peligro .. . Para externunar de un golpe a la I linnauidail. lolm Lóiiez v>tuvo (iiscurriendo más de un año... Lstudió indo^ los medios ile destrucción más eficaces, y ante la magnitud de la mortifer'i obra en i)royecto le resultaron juegos infanti- les. . . Pen-ó envenenar las aguas, y calculó (pie no había en el mundo suficientes veneno-... Ls- tudió iodo> hís explosivos, y las bomba- má- tMriiiiclable- le parecieron insignificantes i)etar- div-... Keimii'> a 1"S más temibles fabricante- de cañones, y le,- pidió uno (|ue pudiera destruir ciu- tlade< enteras en ¡meos miinito-... Ij's indu-lria- le- de la guerra -e tleclararon \encÍdo.-... ; I\to es que aca-o e-a iiiíleslruclible la Hu- manidad .'.. . ¡ N pensar tpie >«.■ pone tanhi cui- dado en prolongar la vida a li>s enfermos, a lo- débiles y a 1" •- ancianos ! . . . Casi per-nailiílo al fin de que no enconiraria el modo de ejecutar su acto de nihilismo defi- nitivo. John Lójiez estaba un dia en su biblio- teca, tendido en un amplio sillón, la cabeza ave- jentada caída hacia atrás, vaga y triste la mi- rada... De pronto en un grui>o de libros del es- tante más alto, se produjo un extraño movimien- to... hlran libros insignificatites. . . Parecía (pie una mano invisib'e empujaba un tomo... ^' efec- tivamente, un libro elemental de física, resbaló de a estantería y ca\-o a los ¡>ies de John I,(')pez... Lo recogió John López y lo abrió al azar, ma- ipiinalmente . . . Xo se daba cuenta acabada de lo (|ue Iiacia... Le\ó después cuabpúer párrafo y ) or último una pa'abra técnica despert('> su interés ... La pa aiira era : electrólisis. . . lís- ludió de una ojeada el sencillo efecto químico de !a pila eléctrica, cuyas corrientes de diferentf,s polos descomponen el agua volviéndola a -us elenietilos di origen, y súbitamente, con viileiicia de Dios, cnni]ir.-ndió tpie al fin tenía en sus nn- n(.s el ined o suficientemente poderoso ]»ara oca- sionar la última catástrofe... La fórmula er.i se'ici' a : " Disconijioner con íorniÍda!)!es corrientes elec- tro! |utmit:as las a;.: ñas de! .-X'.lántico y cuando la aimi'isfera terrestre estuviera saturada de hi- drógeno, con una núnúseula chi-pa proví tcar el incendio de las enormes masas del inflamable gas y calcinar en un minuto con la espantable llama, lodo lo (¡ue sobre la tierra existía "... John López balda nacido en tierra sajona, y los sajones no sacrifican una iiúciativa impor- tante, al desaliento ele millones de incoineniente-. Tres años, des])ués del dia en (pie John López concibió su estupendo proyecto nihilista, a lo largo de las co-tas de la América del Sur y de -■\ frica se ele\'aban enormes usinas, dondj mi- llones de poderosas pilas, sistema Buiísen. espe- raban descargar en las aguas del océano a lo largo de múltiples cables hundidos en las ]iro- !' un di dad es insonrlables. una ci'rriente eléctrica capaz de fundir una montaña... John López habia dispue-to la- comunicaciones, de manera oner en actividad atpiella ciclópea balería... Durante tres años, millares de obreros traba- jaron en a(piellas obras (pie todos creían una soberbia locura, pues nadie imaginó su espantable finalidad; cientos de ingenieros electricistas des- entrañaron lo- intrincados problemas de las con- miit;iciones : y todos los diarios (\v\ mundo li:i- blaron de :i(piel gran demente (pie no (|ueiía explicar el objeto (11 t;ui fenomenal laborato- rio . . . Al fin. mi dia. J(»hn Li'>pez recii)i<') de lodos -US ingeiuero- eorres]ionsales. el telegrama úl- timo; "To(b) está pronl(t". Afpiel dia John Ló]iez tenni') haiier ex|»eri- n un I a do la -ensaci'''n de la absoluta íelici(íad , . . .Tener bajo su mano la vida de t(.idos los hom- bres, de Iodos los anímales y de todas las plan- la-!... Su alma rnferma reaccionó ai sentirse alma de uu Dios ... ^" John López se rió de I' ios y di- sus profetas, portpie a su \oI-nil;ul de hombre — miserable criatura atenaceada a to- das las debilidades orgánicas y morales — es- taba supeditada la vida creada po - Dios. , . L igualámlo^;- a Dios, podía a Dios lanzarle su postrera burla, convirtiendo en obra 'imnana la profetizarla obra divina del .\itocal:p-i^* ' . . . John López cre\ó eiilonces morir le orguP.o... VH l'ijí) un dia domingo para la gran Purifica- ción de la Tierra. \' como el calendario marcaba ui; martes, arribó a la conclusión de tpic aun tenia cinco días jior í'elante... Kl martes de noche desahogó un tanto >u or- gullo, al meditar ^i existía en el mund i mi ser digno de sobrevivir a! destructor ii^cemíio. Pensó en un sabio, en un artista, en un filó- sofo, en la mujer niá? hermosa, en c! hombre más fuerte, en los animales más grandes, en los seres más chicos, y al fin sólo consideró digno de (piedar con vida a su perrillo fiel... Mandó entonces construir a toda prisa i::i gran foso, lo hizo revestir de acero, elevó soI)re é! a manera de tai)a una enorme cúpula ii;fun- dih!e. dispuso en el interior de la camiiar.a ajia- ratos de apro\ isionamíento de aire atm(ísféric), ideó un mecanismo de relojería rácticas severas, más allá del bien y del mal : amor ijue surge de la naturaleza co;r.o una flor más, como mi avecilla, co ro una niarijiosa. como un reverdecer de praileras. Cantan los mozos v rien las ntozas. L II artista rt^istico suena el acordeón, qu,' en el atardecer lier;iiciso y en la i>az infi- nita de los cam])os v del cielo, tiene modu- laciones solenmes de órgano. Cuadro de égloga : conjunto amable (|U.- liroclania ima irresistible aleg.ia ile vivir: rebullir de ])asió:i i|ue atraviesa los cam|;()s en eclosión infinita : ola de a.iior (jue ])a- euenlran una acoj^iil.i amable. ]iori|ue en t(i(',o> lado,- 1;, vid.a i->lalla en flcn-es. ti; fru- to>. en gc-uia-. en beso-, en amor: .amor in- iinilo. inconmc■n^nrabl(■. (pie llega de lo ig- noto del esp.acio con la lla)na .ardiente del >(jI. (|ue brilla en las inm'i. lleras estrellas, ipie alravie-,i el esjjaniable v;ici(j cabal- g;ind(] en un r;i\(( de luz \ ]ior el rayo de luz se e-tablece comunión triunfal entre un mundo \- (itro mmido. ¡lorípie en todos ello- el a idr e- una soberbi.a verdad ejecutiva. Carcajad.a- de aiKjr. tan divinas en '..a b(jca de un;i niar(pie^a cono en la boca de una ca:i'pesina. realidad ab-olutamente i.gua- iit.iria. la i'nu'ea (|ue no ad-^ite discusión: carc:ii.adas ijue ennoblecen a todas las niu- iere-. (|.ie ,l t(((l,as eleva. (|Ue a todas lier- nio>ea : nás dulc (|Ue un;, n física divina de vidlines. u á- arrnllador.a rpie el susurro de la bris.i en el fo'laje. má.- tierna (pie una canci('in de niadre. má- seductora (pie un triunfo de cel.aj;- e:i lui atardecer d.' ])ri- n-avera . . . .M.arelia el grupo ]>or la caiujíiña de es;ne- raida. i:(^'.ii,' en c.ad.a in-ecto )(alpit:i un an- rece surgir de la tierra. por:pte llev.a luia iKJuda intenci('i:i de fecundidad en su rui- doso .avance. Los brazos establecen C()mii:ii(')n pcrfecl;i en el gru])o: lazo de unión tpie rematan las manos. ])ali)itantes de caricias, ardientes, con ini])nls(js de coiKpiista, casi de r(]b(i, con ansias de violencia, de asalto. Las manos dicen lo ipie gritan los ojos. (l(jnde las miradas centellean : dicen lo (pie la boca calla. ])or(pie los labios se estreme- cen al batir de las carcajadas o se contraen nerviosamente ensayando la inmens.i. la grandiosa, la triunfal ex])losión de un beso. l""n la calma ma.gestuosa del cre])úsculo, marcha el .grupo despertando con su est;i- llar de risas los ecos dormidos en el fondo de los barrancos, en los huecos de las cis- ternas, en, las lejanías imprecisas, brumo.sas con el vaho que se des])rende de la tierra, enardecida por la larga mirada ardiente del sol. Las lleva el eco de una a otra loni.a. de una a (jtr:t llanura. \ en todos lados eii- N'armol d,?I cscul'or Garclla propiedad del Dr. Caries A. Fcin -;:i intinil:i de vid.i. do:ide tnd(j e- .afir.i.a- eii]:i. donde t()d(j canta \' ríe. Lo- talles cimbreante- de las cam])esinas in\ii;in al .abrazo do:iun;idor de los labrie- go-. Lo- cu, líos torneados, .anhelantes, se oireceti libres v tersos en l,'i inconsciencia, en la locura ,i (pie ¡;is lleva la carcajada (pie provoca 1.1 tr;iucs f|u;'. irradiando, no dejáis nunca extinguirse al niño sublime en el alma il'-' hombre !. . . En el fondo de mi ser sonó, por pri- niera vez. la hora singular del jwdre rey. (|ue suena hace veinte siglos en el reloj de lo eterno, pero que yo no había .sentido. ])orque no había sido posible que la sin- tiera hasta entonces. Tamas conquistador satisfecho, ni em])e- rador poderoso, sintió más honda su satis- facción V su ]XKler. ni jamás lo conmovió n^ás ternura en sus efemérides que la cpie envolvía todo mi ser en aquel momento en (Ule los bíblicos revés de Tharsis. de .Ara- bia v de Sabá fusionaban sus coronas, .sus cetros V sus mantos para investir mi feliz paternidad. Ea muñeca de ))orccdana. la caja de tacos, el arca de Xoé. los chocolates v los caramelos, eran, por el amor que los depositaba en los pequeños zanatitos, dones del soberano de Ormuz. de Ríznagar o de Colquide. Pero lo glorioso de mi imiíerio no estaba en el acto de mis dádivas, sino que me es- peraba en la felicidad de mi muchachita rubia, cuando al siguiente día. apenas dcs- jíierta. fué a recoger la re?ia ob'ación de los generosos Magos. Sus gritos, su júbilo, su za])ateo. su general alborozo, fueron him- nos de mi coronación, fueron a mi alma .sabros. campanas y victores. Es (|ue en aquel corazoncito residía el porqué de mi soberanía y en af|uella caliecita se reflejaba. a(|UÍlatándose. el prodigio de mi poder. Ea hora de aquélla um exaltación pasó, pero mi investidura ha seguido en su do- minio V su ])restigio. ¿Pues (iué. será im- perecedero mi reinado, como fué. v es. real V legítin-o. dilatado y masrnifico. firme v lleno de amor? Xo se divisa en su torncí ninguna anienaza. oero. es humano, v allá, en la leiam'a de su horizonte. ;iso:iia un;i nube informe. . . ;E1 muñeco que yacía en el suelo de la estancia, sobre el riue triunfó mi relato de la levenda cristiana, encarnará algún día la deslumbrante y humana levenda del prín- cipe azul. y. vengador, vendrá a la recon- (|uista de lo f|Ue su))0 mi cariño arrebatarle : V. con su triunfadora presencia, vendrá a burlarse de mis nuevos intentos de seduc- toras narraciones?... Mi imaginación vaga ávida v peri)leja ¡kii lo indescifrable de la vida: y suspiro: si no es imperecedera en mí esta solx'ranía. es eterna en sí misma, como eterna es la risa de la divina Eulalia de que nos hnbia Darío. J. J . Ylla Moreno. — SELECTA (cr Sñn El abraco de 1 os Es altamente iioiiroso para los puoblu.s del N'ucvo Continenle. i)ara nosotros, el contrasto que se ofrece a la consideración del reflexivo. Mientras en Europa, en el centro, en la fuente de la ci- vilización y de cultura, las colectividades se entregan a una obra espantable de muerte y destrucción, ahondando in- mensos surcos de furia y de venganza, de odio y de di- visión, cuanto más grande es el derramamiento de sangre, cuanto más se empeñan del otro lado del Atlántico en derrumbar todo el costosi» edificio elevado por la Ciencia, por la Razón y por la Justicia: aquí, en esta América nueva. fecunda y generosa, los pueblos se estrechan cada vez más en un abrazo leal de fraternidad, comprendiendo, ante la horrible experiencia ajena, que sólo el desvario puede en- genílrar el cb()que fratricida, que es la guerra. 1.a visita (¡ue los marinos de la Unión realizan i)or las naciones del continente Sud. es como la materialización de un abrazo entre las dos Américas. hasta hoy demasiado alejadas, desconocida la una para la otra, sin intercambio intelectual y comercial, como si la América del Xorte estuviese a una cuádruple distancia de nosotros de lo que está Europa. Para beneficio de todos {y este es el anhelo ferviente de los quv han recibido cariñosa y espontáneamente a los ma- rinos), la unión pan - americana ha de ser ima realidad no socamente dijílotnática sino que también sellada y mantenida por el afecto de los pueblos y por la realidad de una alianza, ((ue nt> -ea temible para una guerra. ara las tournees — al Rio de la P:ata. Con una intuición que habla inuy bien del público montevideano, el abono para la tempo- rada lírica ha tenido el más grande de los éxi- tos. \' elogiamos esa intuición porque es nece- sario considerar las enormes dificultades que se presentan para traer compañías de Kuropa a .América, sí se desea apreciar en toda su imi)or- tancia el esfuerzo realizado por los em|>resarios Da Rosa y Mocchí. Xo tenemos por qué hablar de estas jiarticu- laridades de organización siguiendo un propósito de elogio. I,o hacemos, libres de toda intención secundaría, pues es justo, de alta justicia, se- ñalar a la consideración del público las circuns- tancias difíciles, casi insalvables en que deben formarse los elencos y embarcar luego a -os ele- mentos que los componen. En líem])os normales es enorme el trabajo que significa la formación de una compañía orteños y en verdad que con esas novedades tendremos cuatro noches or la magnificencia del decorado con que serán llevadas a escena. I, as siete óperas que han de completar los pro- .¡¿ramas de las diez funciones, reúnen en sí toda una completa variedad en las distintas manifesta- ciones artísticas más aceptadas por el público: "'Tristán e Isolda" de \\'agner. "II cavallíere della Rosa" de Strauss, "Siberia" de Giordano. l-"lixir d'.Amore" de Donizetti. "Paglíaccí" de l.eoncaxallo. " Dinorah " de Me\erbeer. y "Werther" de Massenet. Xo cabe reparo alguno en este conjunto de ó])eras. seleccionadas con exquisita orientación moderna de arte musical y confiadas a íntér- jiretes tan notables como los que hemos enun- ciado. Olvidemos por un instante que Europa está convulsionada, que navegar es hoy tan peligroso como entrar en batalla, pensemos serenamente en la importancia indiscutible de los progranras cjue se nos ofrecerán en las diez funciones v arribemos a la conclusión de que estamos ante un verdarlero milagro, que los i)úblicos nes ni figurities pueden inventar por si mis- mas nuevas modas, adaptadas con fundamento científico a las líneas del cuerpo femenino. Se- guramente que con tan racional procedimiento ga- nará la verdadera elegancia todo cuanto pierda la fantasía extravagante, y las alumnas de la nueva escuela no neee>itarán recurrir a la ha- bilidad ajena para engalanarse honestamente con atavíos cuyo buen gusto en nada desmerezca del parisiense. Kste es el sano y provechoso femiiii>mo que proporciona a la mujer más poderosos medios de asegurar y embellecer la vida apacib'e del hogar, en donde se asienta su inconmovible trono de esposa y madre, aunque no todas las mujeres tienen vocación ni oportunidad de entre- garse exclu'^ivamente a la vida de familia que, por otra parte, no es incompatible con el ejer- cicio de las profesiones sociales. Pero cuando se exagera el noble propósito de mejorar la con- dición femenina y se extravía hasta convertirse en lucha, desaparecen el encanto, la simpatía y el respeto que en modo alguno puede inspirar la mujer adustamente masculinizada a quienes con ella conviven. Poco a poco va oonquistantbí nia\'or número de entendimientos \- voluntatles aí|uel sano femi- nismo que, sin confundir las naturales atribu- ciones de sexos en que está desdoblada la espe- cie humana, anhela para la mujer un más anchu- roso campo de actividad en donde pueda des- plegar sus hasta ahora latentes energías. Porcpie si por una liarte pecan de utopistas (;uicnes. con injusto mtnosi)reciü de las leyes iiaiurales, abogan por ¡a igualdad abso.uta de la mujer y el hombre en los órdenes político, social y económico, por otra parte conic-cen un verdadero delito de lesa hunianidad los que niegan a la nuijer toda aptitud para la vida colectiva de pueblos y naciones, y la recluyen casi monásticamente eii el hogar uoniéstico. Sin duda que la primera y más augusta fun- ción de la mujer es la de madre de familia y ama y alma de casa, pues sin mujer hacendosa y diligente no es posdile familia armónica ni ho- gar feliz ; pero antes de ceñirse la corona de la maternidad y de empuñar el cetro de la mo- narquía doméstica, necesita la mujer soltera nu- trirse de cuantos elementos sociales puedan con- currir a la formación de su carácter, el desper- tamiento de su inteligencia y el afianzado de su voluntad, entregándose a tieportes convenien- tes al desarrollo físico, a estudios adecuados a su educación intelectual y a experiencias prove- chosas para su progreso moral. La vida de so- ciedad ha de alternarse durante el período edu- cativo con la vida doméstica, de suerte que la nnsma habilidad y destreza adquiera la mujer en el manejo de la aguja y la tijera que en el de la pluma y la vilorta. Kl famoso aforismo de Juvenal: Mcns sana iu córporc sano, ha de tener más cumplica aplicación en la mujer que en el hombre, pues, al fin y al cabo, troquel y tur- quesa del hombre es la mujer su madre. En las clases acomodadas de la sociedad que no han de preocuparse ni ocuparse en subvenir al mantenimiento de la vida física, ya de suyo asegurada ptjr bienes de fortuna, ei mucho más fácil dar a la mujer educación de conformidad con su naturaleza psíquica y sti destino social, siempre que la materia primera, es decir, las condiciones éticas, se presten a la pedagógica labor que sobre ella se ejerza, pu.s de lo con- trarío, cuando la índole psicológica rechaza toda modificación constructiva del carácter, tanto monta nacer en dorada cuna como en misera- ble regazo. Admirable ejemplo de esta rara coincidencia de la virtud congénita con la fortuna heredada, nos ofrece en su vida intima la reina de España, doña Victoria Eugenia, por cuyas arterías circula la sangre de los sajones mezclada a la de los austeros anglos. La augusta esposa de don Al- fonso XIII pone todas sus complacencias en la educación y crianza de los tres hijos con que el cielo ha bendecido su enlace, sin dar a esta meritoria obra mayor alcance que el del estricto cumplimiento de los deberes de la maternidad, más sagrados y difíciles, si no tan ostentosos y brillantes como los de la realeza. La majestad real ha de aparecer fastuosa y niagnificiente a los ojos del ¡nieblo. que cegado por el brillo de la corte y el esplendor de las fiestas palatinas, imagina que la individual ac- tividad de los reyes r.o alcanza más allá del salón del trono o del comedor de gala. Pero cuando desfilan los cortesanos y se recoge la servidumbre y se apaga el último rumor pala- ciego, se desciñen los reyes la corítua y se trans- mutan en apacibles ciudadanos que también tie- nen corazón y nervios, sangre y alma, sentimien- tos y afecciones, alegrías y penas domésticas. En las horas de serena quietud y recóndita in- timidad, la reina Victoria Eugenia es ama de casa, alma de su hogar, madre amantísima de sus hijos, y en el cumplimiento de tan elevados deberes no admite colaboradores ni tolera des- mayos. La reina de España es subdita de sus obligaciones familiares, y en recompensa de la solicitud con que al cuidado de su hogar atiende incesantemente, ve gozosa crecer a sus tres hijos como venturosas esperanzas, que cada día dan un nuevo paso en el camino por donde se dirigen a la realización de sus personales destinos. Kn la intima reunión, como en el i)aseo o el entreacto, se comenta con un criterio anticuado, la actividad social de nuestras señoras jóvenes. Opiniones equívocas — más que mal inten- cionadas — sostienen, que descuidan sus hoga- res, las jóvenes madres que se distraen. Xo conciben que las noveles dueñas de casa cultiven el espíritu sin descuidar las atenciones domésticas :. ni ]>erdonan que rindan culto a la elegancia sin tacharlas de coquetas... Este comentario rutinario e inconscientemente ofensivo, es como una telaraña- que va envol- viendo dignisimos apellidos y que va tomanro])ósito de recordar las efemérides más culminantes y los natalicios de los jefes de Kstado con los cuales nuestro ]jais se halla en buenas relaciones, damos en este número una nota del I'.mperador Carlos 1 ara todas las conquis- tas hechas jxir la ¡jíedad. La fatalidad, la más tre- menda fatalidad, ha provoca- do este cataclismo horrible, la más enornre lucha (pie han |)resenciado los siglos. Que sean las mismas fuerzas cie- gas las (jue se tornen en fa- vor la salud desiniés de la tremenda locura en que se ha debatido y se debate aún el espíritu humano, en un mo- mento de la historia (pie ha de (juedar. a través de los si- glos, como una imlxirrable. inmensa mancha de sangre. Del optiniisnio de la ju- ventu.l en los jefes de las colectividades hoy eu lucha espantosa, cabe esiierar esa aurora de bonanza a que an- tes nos heñios referido. ^" entre esos iKjmbres jó- venes bien puede estar el nuevo ICmiJerador. No es ])osible (pie pueblos tan viriles, que tanto han honrado a la Humanidad con la imposición de sus altas mentalidades y con las con(piis- tas inmensas en el terreno de las artes, de la ciencia v de la industria, no es posible, repetimos, (¡ue ])er(lure este vértigo de des- trucción (jue horroriza a todos los que. con dolor infinito, presenciamos la cruenta lucha. l'n punto de reflexión ha de volver todo a su cauce ; un pun- to de ¡liedad ha de llevar hasta el fondo de todos los corazo- nes el repudio ]>or I(js actos de violencia (jue nos parecen fan- tásticas invenciones de un espíritu inor- bo.so. V entonces, en el su])remo momento del arrepentimiento, en el instante solem- ne en que se inicie la aur(jra de la ])az. (juizá en el alma hu- mana l)enetre un ra- vo de alta sabídurííi. y decrete, en pacto de tniívers.'i! amor. (|U0 esta guerra será la última guerra ! Gran Casa Celli de AGUSTÍN N. DODERA Esta casa recibe los QUESOS DE LA COLONIA en toda variedad de marcas. 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Bartolomé mitre 13Z6 y Bacacay 13Z5- íDonteuióeo Talleres Gráficos A. Barreíro y Ramos. — Montevideo. Dona Pascuala Obes óe ñluarez n He aquí una de las más altas personificaciones femeninas de aquello época mil ueces gloriosa, que nuestros patriotas iluminaron con los des- tellos de su hidalguia y de su fortaleza de carácter. La señora Obes de ñluarez reunió todas las más bellas uirtudes, que son aureolo en la mujer. Y 6i reinó en bu hogar y en los salones, tuuo también la honro de desempeñar una misión ante el go- bierno del Emperador Pedro I, misión que le con- fiara nuestro gobierno sabiéndola dotada de una preclara Inteligencia y una exquisita sociabilidad. Del éxito de su gestión ante la corte de Río Janeiro, dieron fe las solemnidades brillantes con que fuera recibida. Fué esposa del Ilustre ciudadano Don Julián ñluarez. FONT V STARICCO EL BAZARCITO y BAZAR COLÓN ANEXOS AL. BAZAR COLÓN SECCIÓN BaZaR ANEXOS AL. BAZAR COLÓN A SECCIÓN Baza R < Planta baja f H 1« a^ ■BS ^^B 11 - ■ 1 ük : ' M ^ ■ !Í kil&»^JBi n w^^^ ' :-^ 1 - -■■ r^^j '■i í SECCIÓN ESTUCHES (Planta Baja) A A SECCIÓN JUGUETERÍA ur«fluVyM627 Sapanclí, 600-580-586 - Montevideo Teléfono: Cooperativa, 945 DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN MONTEVIDEO, SETIEMBRE DE 1917. ANO I - NÚM. 5 tosas aulas primera Universidad que tuvo el país Pino que fué plantado en el local de la calle Sarandí y Maciel por los primeros universitarios. LCJS rL-cit)s niuriis. vt-rdaduras íorlaitv.as ispañolas. ilc cuya resistencia pueden dar fe algunos edificios que aún se conservan en pie y entre los cuales delie ci- tarse primero el antiguo Cabildo, lioy Cuerpo Legislativo: ios recios muros, decimos, que se elevan en la esquina de Sa- randí y Maciel. cobijaron en sus orígenes a un convento. l''ueron los coloniales " Kjercicios ". .\un hoy se pueden observar, cu las casi ruinas, la distri- bución de los cuerpos principales del edificio dedicado al culto y a residencia de los monjes, l.a nave de la que fué iglesia no tiene el techo de bó\eda que ostentó en aquellos felices tiempos. ])ero se nota ])erfec- tamente el sitio donde se asentó el altar mayor. los lienzos de pared donde tuvieron ubicaci<')n los altares sui>lemeuta- rios. el coro, sobre la jiuerta de entrada que daba a la calle (que hoy se denomina Sarandí), la puerta lateral del baptis- terio, etc. Hl piso de la iglesia es de legítimo mosaico, y a pesar de las injurias del tiempo y del abandono absoluto en que ese local se encontró durante muchos años, los bal- dosines, que forman bonitos diinijos, se conser\'an en muy buen estado. Cuando el edificio dej(') íle pertenecer a la comunidad reli- giosa que lo ocui)ai)a. se destinó a Universidad. Kn un salón lateral a la iglesia se estableció una especie de anfiteatro, donde han obtenido sus títulos de médicos y de abogados los compatriotas más ilustres, todos los que han pertenecido a la generaciini gloriosa i)osterior a la Independencia, ICse salón, que debiera considerarse como tina verdadera reliquia histórica, se conser\a ai'm tal com(j en aquellos días de trabajo intenso. l'',l anfiteatro lo constituye una serie de escaños de madera en forma de semicírculo. \\n el centro principal se halla la tarima sobre la cual se encontraba la mesa y los si- llones que se destinaban a las autoridades universita- rias. VA abandono en que se halló todo el edificio du- rante mucho tiempo ha car- comido las tablas y abierto grietas en el piso. Pero aun es tiempo de dedicarle a esas reliquias un poco de atención y ponerlas en con- diciones de que se conser- ven tal como están ante las generaciones venideras, que las han de contemplar con verdadero amor y res- ))eto, por lo que ellas sig- nifican en la historia inte- lectual y científica del país, lín el patio, que pertene- ció entonces a la i)rimera Universidad de la Kepiibli- ca. se eleva un enorme ])in(j. Fué plantado por aquellos universitarios y salvado en sus primeros años de cre- cimiento, durante un furio- so temporal que amenazo arrancarlo de raíz, por el in- signe periodista, ilustre re- presentante de aquellas épocas admirables, señor Dermidio De María. Todas estas venerables cosas se hallaban ¡joco menos que sepultadas en una ver- dadera montaña de tierra y residuos. Hubiera desaparecido todo comido por el tiempo. VA qtie se salvaran y hoy se hallen colocadas en su sitio bist<')rico ofreciendo a las generaciones ji'tvenes im ejemi)lo hermoso, se debe al esfuerzo generoso e inteligente del dis- tinguido escultor compatriota, don Luis Cantil. Cuando el señor Cantil, por encargo del (iobierno. instab'i en ese liistórico edificio su F.scuela de ICscultura. salvó de una segura y absoluta destruccii'ui a esos objetos, muy dig- nos por cierto de que se les hubiera cuidado con más dedi- cación. Merece el señor Cantú el reconocimiento de todos y el I'.stado haría obra buena dedicando a la conservación de todo eso la mayor atención, con el complemento de destinar el local que ocupa el Instituto de Higiene a un Museo Colonial, nara el cual tanto material sumamente valioso existe en Montevideo. — SELECTA — .MITREyLAMM ANECDftTA Moiitcvidcu. I'ebrLTíi j8 lic n>i/. Scfi-'T ct"r (it>n Ricardo Giiiilo KavuKe. HiR-iios Aires. Miichisinio ík- aiíradcciilo d cjt.':iii)lar cndencia ameri- cana. \o ni» telt.uo ahora condiciones i)ara escribir; — ni tieiniH}. ni salud. .•\lgiiiias (le las páginas de su libro lian desper- tado niá-s de un pensamiento relacionado con mi aiiligna amistad con los Guido, ((ue usted ha evocado amablemente al enviármelo. Otras cosas son resultado de una edad algunos de sus accidentes ulteriores, como ex- 1 uestüs en forma cáustica por -Alberdi ("Bel- grano y sus historiadores"), pueden decirse no- tonas. — y tal vez siempre estuvieron accidenta- das por alternativas de sincero afecto, y do as- tutas duplicidades, tan fina como in;|ncbrantable- meiite sostenidas de parte a parte. Creo |M)der decir que en la ocasión a ipte aludo, lanías acababa de ser victima de un singular ardid de Mitre. Se habia jugado mía partida verdiideramente trascendental, en la (|ne las miras de la política interna de Mitre. (|uedaroii satisfechas en sus proyecciones internacionales con la conquista de la deferencia del límperador del Brasil. (|ue jiasó integramente de la cordialidad de -Montevideo. a la intimidad con Buenos .\ires. — de donde e! origen \ la base de las inteligencia^ (|ue habiaii de culminar oportunamente en la consiiniación de la obra cmiireudida con l-'lores en el listado Orienta!, y la triple alianza y la destrucción del Paraguay. Lamas no había (¡iierido. ni pensado ir al'á, v, cimio es natural, su mal humor era profundo. Xo obstante su gran talento, a Lamas le habia tocado, pues, la desventaja. Mitre era dueño de su juego, teniendo en su mano ¡os resortes de su autoridad absoluta en lo <|ue a él toca!)a al tratar de conquistar, para si, o para sus jilanes. las gracias del Emperador. Lamas las quería para el Gobierno de Berro, bien &^Jkmi((MMm ({Ut.'. en vt-rdad. esto luibÍLTa si^nilicadn u! so- metiiiiÍL'nto di- Ilcrro al l-jiipcradcr (¡cuánto va- lor para llamas!), cosa (|iu' lícrro ii;i (|uiso. co¡i lo (lUf, cii resumen. i|UL'dó p.-rdido el csfuerz.» del que no tenia niás autoridad (|ue la tiue su (mí- hierno !e diera. Su mal iunnor t ué profundo. l'jitre tanto, el representante brasilero ipie en aquel lio habia intervenidí». y (pie. jior su parte, era el \ erdadero \encedur. el señor l.oureiro, Ministro (pie debia regresar a Montevideo, no podia dejar de dar el scTo propio de una cam- paña diplomática de afpu'l gt-nero. con el inevi- table complemento de su bauípiete de despedida al partir de Btieiios Aires. General Don Tomás Guido l'".l señor l.oureiro brinih'». como era ile rigor. a la saluil de Su I\xcelencia el señor líeneral don llarlolomé Mitre. Presidente de la República .Xrnentina. \'\ .general Mi'.re brindó en se.n'uiíla por Su Maje-'lad el lüuperador del llra>il... extendién- dose lue^n) en una be'Ia apología de la influen- cia europea sobre la civilización y la.s prosperi- dades americanas. b'.ra decano de América (por aqucdlos momentos los ejércitos franceses nos atronaban con su es- truendo en la tierra mejicana, lín la Catedral de Huenos- Aires se bacía el funeral por la caida de Puebla), don Andrés Lamas bal)ía enfundado el discurso que como un Himno a la paz Tevara preparado para el banquete -- cuyo ambiente no le pareció propicio para lo (pie habría tpierido (pie fuese un desquite de la derrota (|ue en todo atpiello había sufrido. .Al ilia siguiente se desípiilaba en diálogo con su Secretario. ICl señor Lamas no habia dejado impune aque- lla actitud del Presidente argentino (|ne. en tales monieníos de dolor e indignación de los i)ueblos de América. prt)])orcionaba a! rei)resentante tle N'apoleón III la oportunidad de justificar -la lección infligida a Méjico. Sabiendo lo que podia mortificar al autor de la Historia de Belgrano. y ai)rovecliando la cir- cunstancia del parentesco politico (pie unía al Ministro francés con el autor de la Meuujria -obre e! Paso de los .Xndes. habia ahuecado la \()/:. para que, dada la inmediación de los asien- tos ((ue los tres personajes oen]>aÍ)an. el general Mitre no pudiese dejar de oír. C(ínio oyó, las -iguieutes palabras dirigidas a Monsieur Lefé- vre de Becour: * ' ,; Qué noticias puede usted darme del señor general Guido. t7 hombre más ilisHit- (luido de la Kepiiblica Argentina? ' '. ^' Lamas estaba seguro de haberle amargado aíjuel momento del ban(iuele al general Mitre. Otra vez gracias intr su interesante obsequio. \ i)erdóneme nii imposibilidad de escribir, (i) Con la vieja amistad. José Siíitru Carrauza. ' I ) .\l liUrar a la piihlicidad c.itu [láiriiia du itli- leiicia epistolar, juhlu t-s ipie f^u ctmni.LiiR' \u ipie >'\\i pei'jiKÜear a su olijcto aiiecclúlit-n. puLMir .-^urvir a li»»iiiio- el carácter de las altaa pcrsonalidailes de eiiyu iceiieniu trata. Arii. es de notar la iioblev-a C'Hi (pie el ilusliadu anior del libro suhre el general se asoció al homenaje consistió en la reproducción del clásico discui'so pro- nunciado por el fTeneral (ínido en 1854 al transbordaise en Montevideo los restos del venced()r de Ituzain^^ó venidos de los Estados Tnidos en viaje para Itueims Aires.— V fué en realidad un doble bomenaje, siendo i-l diario del .ireneral Mitre el (pie enaltecía la memoria (iel autor al i)r(>hijar su ol>ra bajo el epígrafe de • l*A- OINA UE niioNcp; ». Nada de eso disminuye la .L'raeia del alfilerazo diplu- niatico de don Andrés Lamas: comprobando sólo qui- llay rasgos de cortesía (pie en su hidalga espontaneidad valen más (|ue una reparación por la armas. Sicnru Carranca. SELECTA l^on su porte magestuoso, con la noble sencillez de sus actos, ^** con la elevada cultura de su espíritu, magnificó - doquier la llevara la carrera diplomática de su esposo, el eminente com- patriota don Daniel Muñoz — los prestigios de nuestras damas y la distinción de nuestra sociedad. En las cortes de Europa y ante los gobiernos continentales, su figura gentilísima fué siem- pre un triunfo de elegancia. Actualmente ocupa en el gran mundo argentino un puesto de honor. — SELECTA — » DE: L_A rQAheE- ^ PACL ti n./r\icbei AhntbAutL MIcliel Ainiebault, es uu pseiuUSnlmo que };uard« en sus mantillas a un eximio escritor francés, que no quiere que su modestia sea tocada por la luz det día. Es un ori^cinal: todo ParÍ3 lo sabe y hay que respetar su determinación de vivir contento en la bruma. El artículo que insertamos sobre la perso- nalidad de Eufienlo üarzún. debe aparecer en « Les Xouvelles ■. publicación quo se edita bajo los auspicios del Ministerio de Relacio- nes Exteriores de Franela. Al a;rradecer muy íntimamente al señor Micltel Annebault su concurso, esperamos que su preciosa colabo- ración seiruirá favoreciéndonos. Lti Hi'dacción. 1h y a quatre siécles passés, Christophe Co- lomb (iécotivrait l'Amérique — et encoré celte (lécouverte lui est-eHe contestée. I! y a vingt ans, 1 'Atnérique (lu Siid, en tant que nation. socialemeiit. inte'Jectuellenient, écononii- quement, nous était á peu pres inconnue, á naus latins et peuple propagateur de toutes les initi'a- tivc.í et de tous les progrés. Phénoménc inouí de paresse et d 'inconsciente indifférence! Nous avions laíssé fuir quatre siécles, et niéme un peu plus, sans nous inquiéter d 'une terre merveilleuse, neuve. á I'aubc de- la vie. qu 'aucun de nos poetes n 'avait cliantée. qu "aucun de nos économistes. — fait plus grave, — n "avait tenté de rapprocher de nous, pour qu "elle réponde á nos besoins. 11 tallut que. devant 1 'emprise allemande, un homme politique de cette Amérique. un littérateur et un artiste. un i>olémiste et un gentilhomme, mit sa gráce énergique et fiére á faire cesser notre in- concevabie ignorance á son égard. Kt celui-lá qui est notre hóte, qui compte parmi les p'.us I)récieux et les plus dévoués amís de la France, c est M. Kugenio Garzón. \'.t \\ y a peut-étrc une saveur ¡)lus intense a se que ce soit justc- ment hii. citoyen libre de la libre Amérique la- tine, qui vienne á nous, nous offrir d 'ainier et de servir cette P'rance si attirante. simplement, pour le plaisir de l'ainier et de la servir. Comment cette idee cbevaleresque et d 'un si grand intérOt i>our 1 'avenir, vint-elle au propa- gandiste uruguayen ? Les diverses et fécondes nia- nifestations de sa tenace action journalistique au h'itiaro. nous 1 'apprendront. 11 y a vingt ans. TAmérique du Suour les vain- cre. Un jour, cnfin, il mit sur pied le projet long- lenips caressé. elaboré fiévreuscment et avec amour : l'Amérique latine, par ses soins. allait vivre sa belle vie iiulépendante attachée á la vieille civilisation d'KurojKí. niéritant d 'avance ce mot de Leroy-Bcaulieu : " Ke futur foyer ouvert aux classes déshéritées de l'Kurope". Le l-igaro serait 1 organe, la tribune, d 'oñ partirait son essor. Depuis. jusqu'en 1914 oíi un incios': "Garzón eut á lutter, comme on lutte pour imposer une idee nouvelle, quelque chose de pas encoré fait. II travailla. comme il le dit lui-méme. contre vents et marees, et de ce dicton populaire, il fit sa fiére devise, qui couronne maintenant les dix gros volinnes d'informations, d'études, de rapports, (pii fornient son ícuvre sud-américaine ! "Gráce a lui, Le Pujara a recueille les suffrages et les abonnemcnts de uiiKiers d'Américains du Sud, heureux de trouver une feuille parisienne. leiir donnant chaqué jour des nouvelles precises, politiques. sociales, financiéres, de leur pays. "Gráce á lui, a la rubrique créée au Figaro, les banquiers, les économistes, les capitalistes ou les simples curicux de savoir, savent chaqué jour ce qui peut les intéresses, leur étre utile. "Gráce au l'igaro. Kugenio Garzón a nu. de son cote, établir, en faveur de toute l'Amérique du Sud, en particulier du Brésil. de l'Uruguay et de 1 'Argentine. une tribune mondiale. d '011 ra- yonne la pltis féconde et plus puissante publicité qui soit. pour le plus grand bien general et pour 1 'épanouissiement économicpie du nouveau con- tinent. "Avocat sans rival de 'a jeune Amériípie au- prés i3. il recompense radmirable effort amical de Garzón par la croix de la Kégion dlion" neur. Comment 1 'eut-il recompensé un an plus lard et depuis? l.es servicos de pareils hommes ne se peuvent payer en honneurs. lis se i)aycnt avec le canir. 1/éminent directeur du l'igaro, Gastón Calmettc. 1 'avait bien compris, lorsqu 'en i(j09. il reincrciait en ees termes Garzón (le sa réussite : ''... Xotre collaborateur méríte tous nos re- merciements et tous vos applaudissenients. Son íeuvre patriotique est splendide, presque f éeriquc : il a rai)proché deux continents! II a uni les Ré- publiques sud-américaines á la Réi)ubli(iue fran- caise, avec une méme capitale : Paris. dont vous avez fait votre ville d'adoption, en méme tenips que vous faisiez du l'igaro votre journal de predi" lection. . . ''... Je vous demande de féter ce diplómate prodigieux et de lever nos verres á la santé de Garzón." Des mois se passérent encoré. Cet ami de la France. précieux a plus d *un titre et apprécié de tous venait de quitter Le Figaro. forcé par des incidents pénibles, qu'on eút dü épargner a ce gentilhomme et a cet artiste. Rentré dans son pays á Ixjrd de /(/ Princif^essa Mafnlda. son vo- yage fut un triomphe et 1 'affirmation de la réali- sation de ses projets, i^es amis du ¡¡ropagandiste se pressaient sur sa route. heureux de le féliciter. comparant leur grand compatriote á Don Quijote et á Paul-Louis Courier. Alors. Garzón ])ut réelle- ment se réclamer de S()n grand a'ieul de la Manclie es])agnole : la guerre venait d 'éclater. Garzón, se souvenant de son effort et de la fatcon dont la l'Vance. sa patrie d'élection, avait compris et salué ses campagnes courageuses. dit un seul mot: "Je rentre!'. Parole lapidaire digne de son ])ére. le general Garzón, un des chefs de l'índépeiul'.ince. II rentre. en effet. au mépris du danger mari- time. II rentrait pour recommencer de nouvelles et i)lus fécondes teuvres ([ui nous íirL-nl niíeiix a]>précier encoré l'immense et inconiniensiiraiilf précédent qu'il avait creé. í.e lendemain méme de sa rentrée a Paris. Gar- zón réoccupait sa place au ¡-igarii. Cette place, il n 'a pas cessé de la lenir avec esprit, science et tact. 11 a comhattu á l.yon, lors de la semaine latine de l'Kxposition; combat commercial, mais ur la solídité (pi "el'e a su dninier á un grou])ement social, pour rini- IMirtance qu'elle a fait acquérir á un lien d'amitié. amitié éeonomique. intellectuelle. financiére, ar- tistique. amitié (pii. gráce á lui. le précnr-seur, ne se dénouera plus. K'Améri(pie latine, groupemenl de penples, est définitivement sondee á l'l''u- rope. I/épreuvc de la guerre et la genérense atli- tude prise par la jeune Amérique nous en sont la plus grande preuve. K'océan Atlantiíjue n 'existe plus que comme un trait d'union (pii i)araohéve 1 'accord in(íral, non comme une mer qui separe deux races. Garzón, celui que Rubén Dario, !e grand poete, appcla le Mousijiietairr de la Fíala, unissant ain-'i. dans une formu'e heureusement roniantíque, ses qualités de fongue retenue et d'élégancc spiritue- lle de bautes et purés races, incarnera désormais l'Amérique latine elle-méine. Son (euvre est in- separable de 1 'homme tres fin, tres bou et tres profondément psychologue que tant de Parisiens ont appris á connaitre et á admirer. Une fois de plus et publiquement, au seuil or el venerable tr;ulicionalista don Isi- doro De María. He a(|uí esos apuntes : A la edad de 78 añi-s ha íallecid"> en Ijsboa ese personaje, oriundo de Montevideo, y ligado por vínculos de parenleíco a distinguidas fami- lias de nuestra sociedad. Kra hijo de don Manuel Xiniénez Gómez, an- tiguo vecino de Montevideo, y de tloña Margarita Rodríguez, y hermano 'a su apellido, nos merece xut sentidii recuerdo al desaparecer de entre los vivientes, l'*l rango ¡lue ocupó en Portugal, su patria adop- •Jva desile joven, y donde vivió 60 años, y las dis- linciones de que fué (dijeto en su larga y brillante carrera, ileben ser un motivo de sincera satisfac- ción para nosotros, recordanrlo (pie tuvo su cuna en nuestra (pierida Monteviileo. donde reciliió -u ¡)rimera educación, pasó sus primeros años, se distmguió en la vida social por su cultura y heÜ!» carácter, y ciñó por primera vez la espada en clase de oficial de los civict^s. Trece condecoraciones adornaba:i el pecho del bizarro general Xiniénez. I'*ra X'izconde del Pin- heiro, del Consejo de S. M. la Reina. Comendador de la muy nob'e Onlen de la Torre y l-lspada. del \'al<ír. Lealtad y Mérito: Comendador de la Orden Militar de Xuestro Señor Jesucristo y de .Vuestra Señora de la Concepción de \'illa \'i- coza : Comendador por S. M. Católica en las dis- tintas Ordenes de Carlos III de primera y segunda clase, y de Isabel la Católica, también en las mis- mas órdenes de primera y segiuida clase; Caha- Kero de primera clase de Orden de Mérito Militar de San Kernando de España, condecorado con la Cruz de honra por las campai*ias de Montevideo. Brigadier de los Reales Ejércitos, ex Gobernador de la Provincia de Angola, etc. Como tuvo lugar su ida a i'orlugal y su ca- rrera en el ejército de atpiel reino, vamos a de- cirlo. l'ji la época de hi dominación lusitana en Mon- tevideo, se liosi)edó el general Saldaña en casa de don Manuel Xiniénez Gómez una de las prin- cipales enli)nces de esta ciudad. Habitó en ella dos años y contrajo con ese niotÍ\ o relaciones iiuimas de amistad con la familia Ximénez. Gustó mucho de! joven Migue', mancebo de ]ire- seiicia arrogante >■ de bello carácter. >■ le i>ro- fesó verdadero cariño, (¡ne le conservó en la vida con ]iredilección_ Distinguido por Saldaña. el año 2^í cuando surgió la lucha entre lusitan,>s c imperiales, se formó el cuerjio cívici^ al niand',) cU! ])alrioIa Murgiondo. y el joven Miguel Ximénez fué nombrado su ayudante. En esa clase hizo su estreno en la milicia, sosteniendo simpática causa de la libertad, iiroclamada por el Cabildo Re- presentante de Montevideo, bajo la protección de la división de voluntarios Reales, a cuyo frente se hallaba el brigadier dcm AIvan> da Costa de Souza Macedo, gohernador de la i)!a/a. Sabiilo es (lue entonces el dulce nombre de Patria estaba en los labios de los orienta'es, (pie creían llegada la o]iorlunida(l de recon(|ni-^tarla. cuamlo por la voz entusiasta del Cabildo Representante de Mon- tevideo se les decía : "Orientales! I, a guerra está ]>rineipiaila. l,a í^'\ isi<')u de \'ol uní arios Reales (pie tan genero- samente nos ha íranipieado armas y niuiiicioius. está líTÓxinia a embarcarse de regre-^o para l'.u- ropa. después (¡ue haga desaparecer las liues" .- del barón de la Laguna (pie asedian esta p'aza. Todo nos anuncia (pie este es el tiempo de rcco- l>rar nuestra dulce y adorada libertad. Con esa esperanza y pariótico propósito sc ttr- ganizaron los cívicos en ocho cmupañías. teniemio pi^r capitanes a los {¡atriotas don Antonio Clio- liitea. don Román Aclia. don Gabriel Pereira. don José ^[aría Platero, don Manuel \'idal. (hn amiga. ]»arlÍo ¡lara (Jpoiti a dar la liberiail a Portugal y cidocar >u corona sobre las síene- de su hija la excei-d doña Maria II. bji esa lucha el general Ximén,z militando oon el rluque de Saldaña bajo las han: leras del ii;- trépido Ximénez. k' dice : - -' ' .Miguel. ju.Liabas tu cabeza t'U este lance. extralimiía-ulo nii> órílenes. !■>-■■- un liéroe ! ' '. En el siii,, de Lisboa hace ¡irodigios de valor loman lio una de sus Ie con mano maestra la expre- sión del sentimiento, que es la nota predomi- nante de su obra. Todas sus estatuas son fuente de emociones,,. Va el surco del dolor que per- cibimos en unos ojos secos y desolados nos oprime el corazón, como !o serena v endulza el £1 escultor Zonza Briano ejecutando en el armonium ♦ • San Francisco de Asis^ notable escultura de Zonza Briano beso de una madre, la sonrisa candorosa de un niño... Xos sentimos subyugados ante una mi- rada soñadora: nos embelesan las languideces ideales y melancólicas, y nos regocija y encanta la gracia picaresca de una sirena... Todas esas figuras de esbelta linea y en dichoso consorcio, parecen aladas visiones que en busca de paz y reposo se han detenido en su vuelo y congregado en cenáculo divino. Xo sé si el cincel i)rodigiüso del escultor anima y da intensa vida al mármol o es que tiene la mágica mirada de Medusa para convertir en piedra la humana criatura en el fugaz instante de supremo sentimiento. P(>r(|ue parece (|ue mer- ced a algiin divino aliento fuérale tlado rete- ner ese culminante estremecimiento de vida, ha- ciéndolo eterno, perdurable, para extasiar a los hombres en su contemplación. Como en Andrés Chénier. se ha in fundido en sus venas la herencia preciosa de dos razas de artistas. Grecia y Francia; y es i)or eso que su aptitud estética es tan am])lia (pie aún para buscar el reposo reclamado por la sobrexcitación de la labnr estatuaria, su es])íritu se sumerge, como en lecho de plumas, en los acordes graves y me- Iodiosí)s de un armonio. Su mirada de artista ha liebido con deleite en el vasto y bello espect;u:ulo de la naturaleza toda, deteniéndose con vivo centelleo en la nota que más hondo ha vibrado en su temperamento, para elaborar en las profundidades de su espí- ritu, obra armoniosa, palpitante de sentimiento y de vida. Esa intensidarl de su visión amaestrada ]iara sorprender y desentrañar los más ricos tesoros de las cosas, ha despertado la idea que floreció en forma divina y es así como en la urdimbre de vibraciones de su alma, su "San Francisco de Asís", se hizo obra. Embelesada pf)r su contem- plación, me acude el pensamiento de que, en Zonza Briano se haya producido, al realizar esa obra, un caso de compenetración de almas que es don de los temperamentos elegidos. No dudo de que su espíritu haya acariciado con fruición la sublime figura, y en el fulgor divino de su imagen haya vivido el artista la vida del santo, llegando a ser como él lleno de amor y misticismo, el hermano del lobo y de la alondra y de la selva toda. V siento aún que al apare- cérsele en ensueño esa ráfaga insólita de arte que aleteara en la mente del monje — cuando por feliz inspiración cincelaron sus manos aípiella copa primorosa, — fundido en común arilor y creyendo suya aquella presea del espíritu, la con- tem]>la con deleite, con arrobamiento. . . ; pero siento también que al llegar el instante atpie] en que el religioso, en su cc'o de i>ureza. consideró la oÍ)ra signo de vanidad mundana, y la arrojó, destruyéndola, como cuerpo del mal. el escultor, instintivamente cierra sus manos con desesi)erad;i avaricia para retenerla y salvarla ; un estreme- cimiento de angustia invade todo su ser y sus fibras de artista lanzan un grito nsumada; ya a esa figura. Íns])Íra- dora del arte, vejada en un momento de exalta- ción, se le ha entregado su cetro de soberanía suprema. Como aparición hierática, velados i)or sus do- lientes ])árpados los ojos, (jue miran i)ara aden- tro en completa abstracción del mundo, lo sen- íiniiis deificado, entre los ])liegues armoniosos de su vestidura mística. FJ éxtasis c|ue me produce esa creación gran- diosa, me evoca otras, y otras de lejanas regio- nes... y con tal c'aridad las veo, que me siento presa de la misma emoción <|ue cuando las con- temidaba en los gloriosos tronos que el arte ha erigido para las obras consa.iíradas. . . V pienso en los mil elementos que concurren a formar una obra magna: en la pesadumbre y regocijo con que se amasa la imagen ; en el amor y la fe (|ue han temblado en un alma!... V <|ue en ese retraimiento de la vida interior, en el callar de las múltiples sonoridades de fuera que nt> adf)rmecc en la sombra a los cerebros activos, es cuando más se acrecienta el bullicio de los dominios internos. ¡Cuántos debates de ideas no se han librado en el análisis de la obra! Unas apuntan con frialdad severa la imperfección ; menos sinceras las otras, pero más madres, de- fienden con amor la hija de su sentimiento; y cuando por común acuerdo se aplacan las voces de contienda para dar ])aso al grito de victoria, la sanción interior no es menos triunfal y cla- morosa que las palmas, los lauros y clarines con que el mundo honra y enaltece a los elegidos. Manila Urca. — SELECTA — A/ DO/ CATARAT/ 9o. el 1^ LviyA. de Herrera. t'rHiio sorprcmliilas auto la cxislcncia iiu-s- pcrada de esc foso gigantesco, las aguas pa- recen erguirse para retroceder cual si las aguijoneara el instinto de las liunianas deses- peraciones, pero el abismo no perdona y en- tonces se descuelgan, frenéticas, por aquel trampolín, desafiando, con la temeridad del ataque, la temeridad de la resistencia. l%sc es el momento clásico de la lucha, cuando el espíritu, sacudido por borrascas, se rinde para admirar, postrado, tanta maravilla. El vellón blanquísimo, tegido en las rápidas por los dientes incisivos y crueles de un mecanismo cuya maestría artística no admite paralelo; ese manto de espumas inmaculadas, más puro todavía que el armiño, que envidiaría el más grande de los reyes, se desmenuza, queda re- ducido a polvo, cuando el turl)ión se desploma, rehaciéndose de nuevo allá abajo, en la lla- nura de las aguas dominadas, mientras sobre las neblinas que la caída engendra y que sciTiejan un aliento, escribe el sol im arco iris perfecto, que también la creación tiene su signo hermoso de paz y de misericordia. He hablado sólo del blanco cuando en aquella paleta del mundo todos los colores fundamen- tales tienen espacio y todas las combinacio- nes complementarias están representadas, por- que, contemplando al Niágara, se asiste a la coronación gloriosísima e infinita de la luz. .■\llí ha puesto ella con su cetro, el genio de la pintura; allí su capricho hilvana juegos de efectos prismáticos admirables: allí, sobre los encajes con que adorna orgullosa su cresta, cada onda llamada por el vértigo, traza, al pasar, pinceladas que no pertenecen a es- cuela alguna porque son inimitables. Nada en- tiendo de arte y, sin embargo, en ciertos mo- mentos influencias extrañas enardecían a mi pobre imaginación estéril. Mirad como se colora de un precioso rojo ese haz de aguas al arquearse, con las per- fecciones de una ceja, sobre la roca viva : ved, a la izquierda, un tono distinto que cualquiera jugaría se ha obtenido fundiendo millones de esmeraldas ; sorprended, a la de- recha, un chorro azul, espléndido, de agua marina, que, atado con lazos de espuina a otros chorros azules, evoca la memoria de una bandera querida; buscad, que la encontraréis, en aquel joyel inagotable, satisfacción a la codicia de príncipes y de artífices, que no hay ensueño de la mente humana que no tenga engarce sobrenatural allí, en esos ríos de pedrería, que se precipitan abrazados, como si quisieran ablandar el corazón del gigante atando a su cuello collares infinitos de perlas, de diamantes, de topacios y de turquesas montadas sobre rubíes. ¿No habrá sido ese el asiento elegido por Satanás para tentar, con escaparate de argumentos feéricos, la virtud de la mujer? Hasta la leyenda má- gica de los tesoros del Conde de Monte Cristo huye avergonzada ante esta rivalidad. Todos los talentos del pincel se encontrarían sin ori- ginalidad si interrogaran al Niágara, pues desde las bizarrías geniales de Rubens, que están reproducidas en proporciones inmensas, allá, en aquel caudal de aguas bermejas, que posee sombras de rostro humano, hasta las tintas vivísimas de l'"ortuny y de \ilU(;a<, cuya alegre confusión de claveles rcijos y tiuil- licolores mL'.ntos sevillanos, ¡¡arece calcada en (Stas irisacictnes magnificas del frente. IcmIos los secretos de la más audaz inspiración b.-; descubre, los derrocha, la su;íesli\a c.nar.iia. ^' en lo hondo del precipicio, cnamlo la ccj- rricnte. después de iiilerrar:.e in nu.i jini- fundidad de doscientos a trescientos pie-.. vu.ehe a la su])erficie. todavía rinnorosa. pi-ru ya quebrada — porque se creería que también al liquidí) una tan enorme caída lo con\icrle en paralitico — asistimos a tina serie de nue- vas alquimias luminosas. Aquella pulpa, (|ue se dijera dolorida una vez estrellada contra el suelo, se desliza, sin elasticiobre muchacha, dominada por esa singular pasión romántica, buscó, con éxito, el suicidio en la sima fragorosa. Pocas horas después, sus res- tos mutilados señalaron el rastro de otro fú- nebre naufragio. Leí en los diarios de la lo- calidad que su familia manifestó a la policía. como j)osible origen ile aquella tragedia, el hecho de (|ue la desgraciada, desde tiem]>fi atrás, venia diciendo que el Niágara la llamaba a sí. Pero no es de ahora tpie la catarata en- gulle a infelices qtu' voluntariamente se oíre- rvu de ])asto a stis apetitos caníbales. Cuenta la tradición fjm- cu:indo los indios eran sr- ñf>re-. d<- la comarca, ellos inmcdaban todos los años l;i \ írgrn más linda de la tribu arro- jándola, como la más \;i]iosa ofrenda, entre ios tentáculos del m'''ns;ruo. para aplac.ir asi sus Cideras despiadadas. ¡ Horrible des]io- sorio cnn la nada ! .-\grega la Ux'enda. cjue cierta vez la elección sacrilega recayí en la hija única n de todos los desórdenes y de todas las in- clemencias, en reino de selvas, de pájaros y de fieras. Pues precisamente, ese capital de pres- tigios indefinibles, que ya se despide de aquí, existe pictórico y todavía intacto en las cos- tas, hasta hoy misteriosas, del .^Ito Paraná y por eso creo que la catarata del Iguazú ofrezca espectáculo de más silvestre poderío, abrazada por montes inexplorables de palme- ras y presidiendo soberana, desde su lecho de Cleopatra. sin sentirse molestada por un s()lo lamento de locomotora, las elaboraciones ma- ra\'illosas de un mundo siniestro y tropical de indios bravos, de tigres y de venenos mor- tales. HA pasado la clásica temporada lírica que año tras año se desarrolla en nues- tro viejo y glorioso teatro Solís. Du- rante esas noches de intensa sociabilidad he ido anotando en mi cartera las impresiones rápidas y deslumbrantes que herían mi re- tina al girar la vista por la sala, y ahora, ante las cuartillas que esperan el desarrollo fie la crónica, me resulta abrumadora la tarea. ¿ Por qué ? Porque en ninguna otra oportunidad como en esta, he notado torpe mi i)luma y pesada mi fantasía, pues es tan hermoso, tan ruti- lante, tan soberbio lo que he visto en la sala de Solis las noches de ópera, que sólo una mente privilegiada pudiera trasladar fielmente al papel una tan inmensa sucesión de hondas emociones. Todas nuestras damas más elegantes, más •listinguidas. de más alto rango en nuestro ambiente sftcial, hicieron acto de presencia en las veladas de la lírica y en verdad que sólo con frase rimada, con vocablos forjados en oro y piedras preciosas pudiera yo rememorar tanta majestad y tanta belleza. Un espectáculo fascinador-que se repitió una y otra noche, y una y otra noche se renovó en intensidad subyugante, al extremo que los ojos llegaban fatigados de tanta hermosura al final de la jornada. Rostros de perfecta linea, de armoniosos contornos : idealidad de artista exquisito ma- terializada en facciones femeninas. Trajes des- Ipmbradores. derroches de buen gusto y de EN NOCHE DE GRAN ÓPERA riqíteza. Joyas exornando las joyas palpitan- tes (le los cuerpos de sus dueñas y llenando Ha sala de titilaciones de estrellas, al ser re- flejada la intensa luz en las facetas de las pie- dras preciosas, . . Espectáculo feérico, inolvidable, que no im- porta se repita año tras año. De él queda siempre un ansia perenne, un ansia que nn se apaga nunca y que no bien teriuina una temporada, ya desea el espíritu volver a gus- tar de tan delicadas sensaciones... Dejo un momento de divagar y mis ojos se tornan al carnet de apuntes. Los caracteres trazados apresuradamente, bajo el dominio de una impresión, cobran reflejos de pedre- ría. Nombres y detalles son Cf)nio una cua- derna. ^' no sé cómo tocar, c/uno llegar a tanta belleza, evocándola, con los rebeldes puntos de mi pluma. Cierro entonces los ojos y... En un alo fulgurante, como una visión de oriente, llega María Amelia Márquez Vaeza, envuelta en el incendio de un traje rojo-rubí. I\s una silueta fantástica. ]'"s como si de una admirable amapola surgiera un rostro de sin- gular perfección; un copo de nieve escultura!, sobre la perfecta ondulación de una llama... Margarita Idiarte Horda Platero aparece cu la tela de mis recuerdos con la suavidad pu- rísima de una perla. Una delicadeza admira- ble de lirio, un triiuifo de juventud y de ele- gancia. Té org^aaUado por la Sociedad Entre Nous a beneficio de los Premios a la Virtud Dos Iiermosos záfiros, los mejores, los más valiosos del mundo, como no se atreviera a soñarlos rey alguno i)ara su corona, se me antojaron, envueltas en sus trajes azules, lilanca Saavedra y Amelia í^úrmester. Cíui un soberbio traje esmeralda se pre- sentí» en clásica noche .A.na Mané .-\lgorta, brillando en el i)alco de sus mayores con los (U-slellos de su belleza y de su distinción. Detengo un instante el vuelo de la imagina- cii'in para volver luego al magnífico cuadro evocado. \' se imponen a lui recuerdo: María Helena Serrato. Julia Helena Shaw X'Ülcgas y María Luisa Díaz Eournier, que lucieron en las no- ches líricas sus delicadísimas siluetas, en- vueltas en elegantes toilettes y como si fue- ran, en su esbeltez, tres flores de Eys. Margarita Heber L'riarte pasó ante la ad- miraeíón de todos, exhalando el perfume n de un natalicio o de un ononiástico. un niño reúne a su alred.'dor a sus amiguitos v auiiguitas. es un me- dio muy hermoso de des])ertar en ellos ])rincipios de cultu- ra V de distinción. De esta suerte, los niños van preparan- Un d«iLíoso grupo d (lose jiara la vida d.- salón y cuando lleguen a verse obligados a las ])rácticas sociales, conslatarán la utilidad de las reuniones in- faiuiles, ([ue sirvieron para darles las ])ri- nieras nociones de correccii')n mundana... Dos fie.stas infan- tiles se realizaron en los iiltimos días. L'na en casa de los es- ¡iosos ,\mézaga-.\l- varez y otra en la morada de los espo- sos Lasala-.Mvarez. Ivi el ])ri;rero de los hogares citados la reunión fué en honor del pequeño Juan José de .\mé- zaga - .Alvarez. quien celebraba su ono- •■nástico. — La se- gunda fiesta se dio en homenaje a los niños María Inés I'eixoío La.sala y Panchito Lasala Bof fil, los cuales ce- lebraban en un mis- mo día la fecha de sus nacimientos. Fueron — y esto se sobreentiende — dos herniosísimas reuniones. En la primera el número sensacional de la tarde lo cons- tituyó una sección de biógrafo que obtuvo el más cumplido éxito. Las escenas diver- tidas que se reprodujeron nítidamente en la tela jjrovocaron en el bullicioso cónclave el más grande de los regocijos. Se aplau- dió y se ovacionó. Fueron momentos in- tensamente sentidos v de los cuales los #«xSxíxS>^«><$>^x»<$«8xSh$xSk$>^k$><$k$x5>^><$^>,$^ ; concurrentes a la fiesta realizada en honor del niño Juan José Amézaga Alvarez ^' al fin un soberbio lunch coiiqilett) el progra'.ia del, festival, v en él los ])e(|Ueños re])Usieron energias. b"n la otra fiesta — c|ue fué ta:iibié:i liri- llantisima v reunié) a un gran miiiiero de a l(j mas lioiulo de mu-tro semiiiiiento ima emocit'm dulcisi- ma. Con los niños \ ;-niie los niños, se olvidan Jas aspere- ziis de los liom))res. La ingemiidad ectáculo, conducido con .suma habilidad por los encargados de co- municarles vida escénica a los muñecos 1 Las escenas guignolescas fueron larga- mente aplaudidas y la más grande alegría le ción para encontrar bueno lo (|ue creíamos n\alo y .soliiciéin a u;\ [iroblema que se pre- sentaba ante nues- tros ojos con ;is])ecto .aterrador. l'n día. unas ho- ras tan .sólo, entre los niños ejercen so- bre nuestra mentali- dad un efecto piiri- licador, regenera- dor. Xos vincula co;i nuestro ])ropio ¡ja- sad o. recordamos nuestra niñez. ])en- samos que entonces fuimos I genero.sos. altruistas y sencillos, y bajo la influencia de aquella vida (pie para todos es jiia- centera, nos senti- nos capaces de ser irás buenos, menos egoístas, más sensi- tivos. De ahí que nos sintamos tan íntimamente gratos a las dos fiestas infantiles de tiue da:r.os cuenta en esta ])ágina. Tanto Juan José Amézaga .Mvarez como María Inés l^eixoto La.sala y Panchito La- sala Boffil. fueron obsequiados con muchos v muv ricos regalos. mpleaños Toin, — SELECTA — riTERílAaOflAL CAHADERIA No pin'dc pcrnianacer Ski.kcta indiferente ante las KramUs. las verdaderamente gloriosas manifes- taciones de la riqueza nacional, exteriorizada en torneos como el que se realizó en el Prado y al cual liií'» l>rillo inusitado la concnrrencia de familias mny principales. Constatar, elogiar deliidamente, Iiacer que todo ello se cnnf>zca profusamente en el extranjero, cuando de manifestaciones de progreso se refiera, es coadyuvar a la gloria del país, porque si nuestros guerreros y nues- tros patricios han puesto el nombre de la nacionalidad como una afirmación de arrogancia, de virilidad y de heroísmo; hoy nuestros hombres de trabajo y de ini- ciativa son los encargados de hacer conocer las ca- racterísticas actuales de nuestro pueblo, vale decir, todo lo que ha podido avanzar en menos de una cen- turia eu la senda luminosa del progreso, senda que guarda para nuestras actividades nuevas, una riqueza en cada palmo, una facilidad de producción en cada recodo y en una meta no muy lejana una potencialidad económica, que ha de ser en el Continente Sud como nn faro radiante que atraerá irresistiblemente a todas las voluntades, a todas las iniciativas que, en los ám- bitos más remotos del mundo anhelen un ambiente propicio para su fecunda aplicación. La Exposición Internacional de Ganadería fué un admirable triunfo del país y fué una demostración bien concluyente de que ya nuestro solar no es más una extensión semisalvaje de tierra, donde el contraste de un abandono que fué resaltaba aun más lamentable- mente con los progresos de la capital. Va las " cuchíltas " no están deshabitadas, ni las lla- nuras se ofrecen al viajero como una desolación. Ahora tenemos inmensas praderas, praderas que remedan las famosas norteamericanas, donde los ganados de san- gre, de alto refinamiento, desarrollan una riqueza que es ya asombrosa en relación al tamaño de nuestro te- rritorio. Hl afán y la dirección inteligente de los hombres progresistas, de los uruguayos que honran al país, ha amplificado la producción ganadera en una forma ad- mirable. }• de la bondad de los productos que se ad- quieren dan fe las magníficas cotizaciones que las car- nes del país disfrutan en los mercados del mundo. Kn nuestros establecimientos rurales ya no hay ga- nado "criollo". Un rodeo de cinco o seis mil cabe- zas Durham o Hereford no es cosa asombrosa, y de uno a otro confín de la Reptiblica se alienta un espí- ritu nobilísimo de emulación que dará al país grandes, envidiables satisfacciones. I.a antigua "estancia", que no era más que una gran extensión de tierra donde los ganados crecían en estado salvaje, sin que el hombre le proporcionara nin- gún recurso para defenderse de las inclemencias de la naturaleza — ya no existe casi en nuestro territorio, y si aun queda algún ejemplar, como verdadera curio- sidad lo contemplamos. V es que el progreso sacude todos las voluntades, aun las más reacias, y lo remueve todo sin detenerse en sensiblerías inútiles, para obtener un mayor ren- dimiento de riqueza y de felicidad. El Presidente de la Reptiblica acompañado de los miembros de la Asociación Rural, entrando al local de la Exposición. £1 brillante concurso de familias presenciando el desfile de los valiosos productos exhibidos El señor Vídiella (hijo) y familia visitando las dependencias de la Exposición — SELECTA — sQLTLÁmOMJyhÁ tmve/ Je c/o histonm Q o Q Q Q QQQQ OQQ 9 9 Q Q Q g 99 QQQ MAS (le medio siglo tiene ya nuestro pri- mer coliseo. Hs casi un monumento na- cional, no sólo ■■ >r los hombres í|ue inter- vinieron en las «íestion^'s jiara su construcción, •^ino tairii)ié;; ]ior los artistas líloriosos (|ue ma.ü- nificaron su e-^cenario. l''s ya venerable ese ambiente cíe alta inte- lectualidad (|ue forma como una aureola al coliseo principal, aureola en la (lue se mezclan los re- cnerdos de muchos i^enialcs cantantes, artistas, oradores, concertistas y i)oelas. que han dejado en la amplitud armónica de la sala como un eco de -^u-. voces, de sus concepciones admirables. Teatro de tradición, teatro que surj^ió de entre los fragores de una lucha terrible, come un iris de bonanza, como la materialización de un fér- \ido anhelo de orden, de cultura, de civilización. \ que bien nos dice, con las lineas severas de su :tr(|uitectura. cjue Irs hombres de acjuella época \ Gíuscppína Medorí, ilustre cantante que actuó en 1857 !i"i--le. en qui.' América toda se estri.'meeia (\v liu- rror, no se rendían a las iniíxi-iciones bárbaras del inomeTUo. \- mientras condiatian. pensaban (|ue !iay ali^o superior a todas los conibates de las pasiones y a tuilos los impulsos de la ambición: el arte. -Nsi stirgió el Teatro Solí.-., asi se cnnsuíidó al .ser "apadrinado"* por los más esclarecidos ciu- thulantts de entonces, y al atraer mny luego a su escenario infinidad de glorias artísticas. ad(]uiriú rápidamente w) prestigio (jue no se lo disptua ningún otro coliseo sudamericano, .Antes decimos (pie es un monumento nacional _\ tal repetimos a! examinar ahora todas las ca- r:icteri>ticas (pie precedieron a su construcción y ai recorrer las ¡inginas de su historia radiante. J-'.l J4 de Junio de 1840 surgió la idea de cons- truir lUi teatro, que reuniese las condiciones exi- gidas por la importancia de nuestra capital y la cultura de la población. l.a primera Comisión nombrada para estudiar Francisco Javier Garmendía, Arquitecto, autor de los planos que sirvieron para la construcción del Teatro Solís un plan jior el t|ue se ¡tudiera degar a e>ie fin. la ccmponian los señores; Juan l''ranci>co CjM'o. como I*resi(K'nle : Juan Miguel Martínez. Conta- ■.!or : Kamón Arlagaveytía. Tesorero; y \'Íce-nL \"áz(pH 7. S^":reiar!o Como se V-', eran todas pi-rsoiialiclaíle^ Ki- que acogieron con entusiasmo !a idea de ctnistruir un eolis^'o y los (|ue din sus nond)res conienza- 1 on a pre^tigia^ tan noble ]iropósilo. ¡■',e lífes'.igio se acrecentó al nombrar^e al dia siguiente de la feciía indicada, la Comi-ión :pu debía formar !a sociedad por !a cual se llevaría a la ¡tráctica la idea de construir un teatro. Componían esa Comisión los señores: Antonio kius. \'iccnte \'áz(¡uez, Luis Tamas. Juan Ilenitu Pdanco, Kamón Artagaveytia. Manuel ilerrera y í)i)L>. Juan Miguel Martínez, l'rancisco iñuTÍo! \ i-'lorenti'io Caslellanos. I l'-sta Comisión tuvo a >u cargo todo lo relativo .. la organizacií'm de la nueva sociedad y el ló de Jidio del mismo año se noinbró la prinuTa (."omisión Directiva, elegida con arreglo a los Ts- '.atulos redactados y en la <|ue formaron UíS se- ñores: l.ms Lamas. Juan Miguel Martínez, Juan Ilenilo Illanco, l'rancisco S. Antuña. Juan I-". Giró. iíamón Artagaveytia y \'icente X'ázquez. Cnainb) se contó con el capital necesario ])ara iniciar los trabajos de construcción del teatro, se encargaran los planos. Kl arquitecto señor Fran- cisco Javier Garmendia presentó unos, los que fueron apnibados el 10 de Agosto de 1841, co- menzándose tle inmediato los tral)ajos. Sin embargo la obra quedó paralizada durante la Guerra Grande — vale decir, durante nueve años -- reanudándose en el año 1852. l-'.l -'5 de .Agosto de 1856 se inau.gnró solcmne- 'i;ente e! nuevo coliseo., realizándose una funci(')n El barítono José Cima que actuó en el «^Hernaní» cantando en la noche de la inauguración del teatro Ana Lagrange, que actuó en 1859. Fue también una artista excepcional de gala a la qm,' a-isiieron los Tmleres l'ubiici's \ Idda !a más distinguida sociedad de la época. L'na conqi:iñia lírica ]mso en t.scena esa noche n.einorable la ó]iera "llernam". eslau'io el re- liarlo hecho en esta fi-rina: Primera dama aiisoluta, señtu-a Sofia \'era I^o- rini : primer tener absoluU). señor Juan Comoli ; ¡■rinier barílonn. >eñor José Cima; segunda dama. señera Josefina l'ati ; bajo profundo, señor l'"e lipe i-"ati; bajo ])rofundo, señor Sardón; segumUj i.nor. señor J. Chiodini ; director de onpiesta. se- ñMr Pretty. ¡■.M e^a noclie se rejiartieron en el lealri • unas lioias sueltas conteniendo unos \i'rsos i.pie e! poeta hranci-co Xavier de Aclia dedicaba a la Comisión i|ue habia llevado a cabo, tesoneramente y sin desmayo- la construcción del (pie i vcr-íos: A I. A IXAL'OL'KAC'IOX ti:atrü soi.is Tributo de veneración Utl )'r. .;;r!,-sn las artos y la industria * )¡u- -m:í (leí sijílf» la inmortal Cíiroiía f:in:a mi voz la <;loria (|uo hoy ]>rt'i;onti Tcril.. un pueblo L'u ilidiosa animación. ^ íic L-ntusiasmo el alma arrebatada, in-jiirailo por altti patriotismo. C>r] 1:1 vi-ta elevada hasta Dios mismo ivind.. un cult.. a Solis de admiración! A^in. bajo >u bóveda e>]drn!Knte f. .n b.s colores de la patria oriuula. b.'-unic" yo tijii la mirada ^ al iíL-ní'- y al trabají) envió - >alnd ! Salud a la concpiista i)orleuto>a (Jue e! arte iiob'e en L'ruyuay alcanza! Keaniniese >i en nudio de >ns horas inserenas 1- ne i:i!-ible e>te ti-n!¡)!u levantar I £1 teatro Solis en la época de su inauguración. Como se vé en la (otografia los cuerpos laterales no existían Don Juan Míg'uel Martínez, el alma mater> de todos los trabajos realizados para poder llegar a ver erigido nuestro primer coliseo Dile que sí. Solis! dile que admiro De la Cüiistaiicia y el trabajo el fruto; Dile que mire en tí el bello tributo Del esi)íritu audaz de asociación ! Dile (pie te contemple y te lamente Las horas ¡ ay ! de su infeliz pasado; Dile {pie si a éd la guerra lo ha postrado Tú debes a la in'l'T^tria tu erección! Gloria a la industria y a las artes ¡gloria! Gloria al trabaio que ennoblece a! mundo Glorias al jíenio. creador, fecundo. (Jue boy res])landeCL' en Uruguay h\-!iz ! Glorias al juieblo ;it('i SdIÍ-; ' inmortal, necesitó Solí; También tu nombre es inmorUil S;ili> V rememora el del audaz piloto Oue el primero burlándose del Xoto ICn miestras playas enclavó la cruz. l,a cruz (pie es signo de progreso y viila, Kn cuyo nombre al porvenir marchamos ^ templos y santuarios elevaní»»-; .-\ las artes, al genio, a !a virtud! tiioria lambié;;. iionc)r y lauro etvrnn A los hiios del pueblo ipie esforzado-- lúi (.."i):nisión nuKlelo congregarlos Dieron cima a esta obra co!<.)s.i'. ! Gloria a la abnegación, al patriotismo Que los señala como honroso ejemplo: Sus nombres inscribir en este templo Debes tú en galarclón. ))ueb!o Orienta!! .\rrebatada de entusiasmo el alma Deja mudo mi labio al ciintemi)!arte ; Gloria monun;enta\ ¡)uedes mo>lrarle Siendo el orgullo de la ¡lalria. si! .Xdmiración de propios y de extraño> Galardón nos darás y nombradía. Como gloria y remtmbre nos dió el día l*.;i (pie or^ttiita su gaia el Gran S;.)tis! raniaso' X. de .íflui. .\1 >nle\ ideo. Ago>to ^^ de !H5(). Don Pedro Etchegaray, Presidente lA ACTUAL COMISIÓN pelTeatro5olís Don Román Freiré, Vícc-prcsídcntc Dr. Alfredo Etchegaray Secretario Luís Ollívíer Montero Contador Juan Lorenzo Etcheverry Vocal Juan Benbow Gerente Administrador — SELECTA — ==t Ví^^^'5^'5^-,^ " Arturo Durante Barbot Martha Deluchí Turenne — SELECTA — -Wj OXOR a la hermana transandina! ¡Honor ^ 1 a sus virtudes cívicas en el mes de su ¿ M efeméride más gloriosa! Rindiendo cul- to a nuestro americanismo sin vacilaciones, hoy saludamos a Chile. la República de la estre- lla rutilante, que detrás de los bastiones andi- i:<»s iíuanla celosa la inlejíridad contím-ntal trente a la inmensidad del Pacifico. I*:ira t-lla. para . la hermana que enaltece ciui ■'U pniiiTe-c raiestra América ubre, el salndn tra- urnal del L'ruK"3y- \ para comp.etar esta nota nunca mejor (pie ]inl>Iica!id«> estas páiíinas notables del ilustre es- criii.r chileno don Marcial Martínez. ■"Xinjíuno de los tactores de la llamada im- propiamente revolución de iSio. fué considerad,» inilivi(hia!nieme. iiombre extranrdinario ; pero, contemplados todos, en cimjnnto. en el líran- dittso cuadro de la epopeya sudamericana, mere- cen, a muy ju--to titulo, el nombre (pie el mundo les reconoce de * ' F'adres de la Patria' y de PnWeres de la Indepemleiicia americana. \o hay (pn'en ii^nore cuál era e! sistema colo- nial de la i%spaña en esta parte del nnmdo : y. Conociéndolo, no es de extrañar ((ue lo> c; don os indijíenas aspirasen a la libertad y. .; >nio medio dr adipiiriria. ai gobierno proi)io. Por más difícil tpte era. en aípiel entonces, la imroducción de libros, principalmente de los í|ue lion de P.ailén, de Junio di- ese misino año, firmada por el iíeiieral francés Duponl. en manos del ,ne- neral español C'astaños. h'.se desastre produjo honda tristeza, iiarecida a la desepcración. en el ánimo de Xapolec'm. (piien, al recibir la noti- cia, exclamó: — "'¡Cuánta razón tuvo Corneilie al ajírej^ar a su famoso "(Jií'i! innunií .' ' ', <■! otro verso que le han criticado: " (hi iju'uii hcmi (h'scst'oir alors le srcouruf f ". l'.s abrumadora la serie de iira\isinios acon- tecimientos que forman la historia de la con- ipiista de i^si>aña. Cien libr(»s han visto la Inz publica sobre esa. para b'spaña. heroica .yuerra : pero, si alsíuien dealai)r;i (pie se puede oir en la materia, me atrevo a re- comendar (le paso la obra (pie acaba de publicar M. Geoffroy de Granthnaison. titulada " f,a Ivs- paña y XapoU-iMi ". con más la corres])ondeneia cidad, porque no hay medio de medir con fijeza, ni el talento ni la ilustración, y porque al lado de esos personajes figuraron otros que han dejado rastros de superioridad intelectual, como stumbres ccure^nas y de sentimientos elevados. I, a liistoria universal registra infinidad de ex- presiones, de conceptos, de sentencias, de fórmu- las, emanados de escritores, de oradores, de man- ílataríos. de lu)ml)res más o menos representati- vos de la época en (pie lian vivido, ípie por si so'os retratan una situacitín o dan la clave de un ]>roI>!ema social, o revelan la psicología de un iinel)!o i». en ocasiones, la de un i)ersonaje so- bresaliente o bien sirven de programa a graves acontecimientos fnturos : una de esas expresio- nes es la mny conocida, (pie Na])oIe(>n ninrmurai)a desde iHo8 y que no se cansaba de repetir du- rante su cautiverio: "l,a guerra de i-España ha sido una verdadera Haga y la cansa jtrimera de las desgracias de ia bVancia. I'Ula es la que me ha perdido". I. os pueblos s^m siempre eminente- mente egoístas. Los americanos hemos dicho mn- chas veces (pie. deplorando muy sinceramente las desgracias que acarreó a la í'Vaneia la guerra de ivspaña. agradecemos vivamente a Xa])ole<'in (pie cometiera la más fenomenal de las fallas. al emprender la conípiista de sn vecino, ])or(pie anticipó, f|nizá en medio siglo, l:i independencia de esta parte del mundo. A{|uí. en este país, y como prolegónu-níi de la guerra contra l'ls]>aña, se pr(nnincii') también una D. Bernardo O'Híggins D. Manuel de Salas Lord Tomás A. Cochrane Conde de Dundonald Don José M. Infante D. Juan M. de Rozas D. Manuel Blanco Encalada gimas obras de Raynal. de dHolbach. de Con- dorcet. de \'o'lney. de X'oltaire y de otros filóso- fos del sigJo 18. Los nombres de los oradores y jiensadores. que demolían las viejas preocupacio- nes de lo-^ siglos anteriores, eran familiares a muchos chilenos: y es natural admitir que esíis hombres de alta talla, en el mundo de las ideas, habrían liecho escuela en esta remota C(donia es- I tañóla. I.a historia de la revolución francesa, que trajo al suelo el edificio carcomido de las instituciones y crtrencias medioevales, era. si no perfectament j. bastante conitcida de 40 o 50 chilenos de los más tíhicados. y había muchos otros que tenían tin- turas de ese colosal trastorno social y politic(í europeo. .A ese antecedente, de suyo muy poderoso, se unió la emancipación de la Nueva Inglaterra y la consiguiente formación de la nación denominada l-'.-iados Cuidos de Xorte América. Hse ejemplo no podía menos (pie ser contagioso para la Amé- rica española, cuya condición colonial era nota- blemente peor ([ne la de a(piel ])uel>'o de tirigen inglés. Por fin. ocurrió la invasií'm de J'^spaña por el conquistador Xapoleón. Xada seria para mi más interesante que detenerme en referir algunos, sino todos. los incidentes del colosa! drama que se representó en la i)enínsula española, de 1801 a l8oy: pero esa obra me absorbería todo el espa- cio de (pie dispongo. .Xpcnas me será dado de dicar unas cuantas pinceladas a ese ejiisodio de la tragedia napoleónica. La Corte española, bajo CarU)S ]\\ estaba ago nizante : la familia real se encontraba anarqui zada por el odio que dividía al i)ríncipe de .Asín rías Fernando, y el favorito Manuel Godoy. Xa peleón se ajirovechó de ese deplorable estadc de cpsas, para engañar al viejo Rey, pidiéndole }>ermiso para atravesar la Kspaña con un ejército, falsamente dirigido contra el Portugal, cuando en realidad tenía por misión avasallar la penín- sula. De aquí la guerra legendaria que los cs- del conde de la Korest, i**mi)ajador francés en la transitoria Corle de don José Napoleón. i^a abdicación del anciano Carlos IV, en favor de sn hijo I'ernando : la revocación de ese acto; la humillaciiSn de hernando \'1I en ir a pedir a Xapoieón. (lue se eiiconlraba en Bayona, el re- conocimiento de su carácter real; la nueva abdi- cación (pie el César francés Í!ni)nso a Carlos IV' y a su hijo; la detención de estos en 1-" rancia ; la formación de la Junta Xacional de Defensa en Sevilla y del Consejo de Regencia en Cádiz; la guerra a muerte, (pne decretó la Junta de Sevilla; el levantamiento (le toda I{spaña contra el usur- pador; los numerosos encuentros con las parti- das de guerrilleros y con los ejércitos me(liana- mente organizados de los ])atriotas españoles; el fcrvct Dpíis general en todo el territorio ; la ayuda prestada a los peninsulares jx^r la Ingla- terra, representada por nn ejército a las órdenes de Sir Arihur Wellesley, más tarde duque de Welliugton; éstos y cien otros incidentes for- maron la gloriosa guerra española contra el as- tuto, valiente y genial conquistador francés. I\sos acontecimientos tuvieron su contragolpe en América; y de ahí el levantamiento de la colo- nia chilena en contra de su inetrói)oli. La lectura que he hecho de las diversas histo- rias que sobre este particular han venido a mis manos, me ha producido el convencimiento de (pie no todos los que se pusieron en acción en 1810 tuvieron ia firme voluntad de llegar a la in- dependencia ; pero (pie. una vez colocados en el I>lano inclinado de la revuelta, entraron de lleno en el objetivo de la emancipación y fueron tan entusiastas como el tpie más. Se ha repetido con mucha generalidad (pie los hombres de más ilustración (pie eiieal)ezar(ín el m(iví miento emancipador fueron don Bernardo O'Higgins. don Manuel Salas y don José Antonio Rojas. No niego que estos tres caballeros fueron personas de talento y de notable ilustración para su época. Pero, no podría yo asentir a que fue- ren Ins superiores en esos dos órdenes de capa- expresión, que. no por salir de boca de personas relativamente humildes, dejó de ser una fórmula preciosa" y enérgicra del movimiento liberatorio. l'^I prior del Hospital de San Juan de Dios de Chillan, fray Rosauro Acuña, y el Regidor don Pedro Ramón Arriagada. de la misma ciudad. l»ropusieron y sostuvieron a principios de i8oíj. desembozadamente. el tema de (pie *'así como es- to-í pueblos se habían sometido al Gobierno es- pañol, también tenían pleno derecho para sepa- rarse de él y vivir libres de tantas pensiones y j)echos ' '. l-lsos héroes en ciernes fueron traídos a Santiago y procesados como reos de traición. Kn cuatro de las repúblicas americanas se ha fíretendido que cada una de ellas fué la primera en donde prendió la idea de la lil>ertad ; pero, esa controversia quedará tan obscura como el lu- gar en donde nació Homero o como el genuiíui autor -de las obras que llevan el nombre de Sha- kesi>eare. Por lo que a mi toca, dudo que haya alguien proclamado en alta voz el principio de derecho público de la independencia y del Sclf Ciovcruciucnt antes (pie los chillanejos Acuña y Arriagada. Pero, sea de esto lo (pie fuere, no i)nede du- darse que la aspiración a tener una patria pro- ]tia bullía en el alma de muchos americanos; y (¡ue la guerra fué el glorioso estallido de ese no- ble sentimiento. Contemplando, al través de un sig'.o, el gran- dioso drama, vé el historiador destacarse tres caracteres predominantes de esa memorable gue- rra: que ella fué provocada por el elemento civil; f[ue la iniciaron los hombres que forma- lían la más alta capa social, por la posición, la inteligencia, la instrucción y la fortuna; y que a pesar de la extremada ])obreza del país, no se apeló al presente griego del papel moneda, que era un recurso entonces bien conocido, sino que se pidió a la misma miseria lo que ella pudo obrar en aras de la i>atria naciente. La obra de los proceres de la independenc'a fué, en la ex- tensión de la palabra, milagrosa."' SELECTA l^P(9ChÜ QL']'", "sabe intfrprt-tar ol alma (k-1 ]ii-csionamc. St- elevan en la diafanidad de paisaje" dice nn apimle i)eri()dis- los cields seneralniente serenos, anii)liiis, Ín- tico (|Ue tenso ante mí. finitos, de ;m azul de poeira. como expre- "\' asi es efectivamente. siones hiei'áticas de im estado de alma, de ICrne.sto Laroche no es un paisajista a la i'-na insondable melancolia. inmovilidad v,- mancra de tantos jiaisajistas (|Ue andan por 1 lesiva y contemplativa, ahi. .\ la atilda i)enetración de su mirada. 1'"^ i-'i-ii" si Xatnra se contcm])lara a -i a la fuerza e.xjiresiva de su ima.ifinación. la misma y de esa contemplación extrayvra naturaleza coijra una fisono ria es])ecial. vive. adi|uiere una modaliilad. diriase que evidencia un pensamiento, nn estado de es- piritu. ^' e.- i|ue l.arocbe desenlraña de la cam- piña un sentimiento tan bondo. tan ex.aclo. j tan admirablemente exjiresivo. (¡iie ;liri.ise • surge de sus cuadros tnia '" psico')intor compa- ' trióla tienen, al ])ropio tiempo (|ue una e.x- ) traonlinaria luminosidad, que una a.midiiiKl » __, asombrosa tle espacio. <|ue una lejanía in- Paisaje Otoñal" galería particular mensa de borizontc. una profinida melan- '^■'^'ba. i;ii caudal enorme de serenidad, de paz. de l.os arboles adquieren iiiajestuosida:! im- armonía silenciosa v aleccionadora. ! r j " La Canción del Silencio " Museo Nacional de Bellas Artes ^1 una oijra o.' arle uo es mas (pie la na.- tnralexa visla a través de nn leiiperamemo. e- iuilu lali'e (pie lo^ cuadro.^ de l.;¡r(jciie. -(^u lu'a ac.ab ida. una her.rosisira mate- ri.niz.ici('in de e.-ie axiora. (|Ue tiene gran ¡Ci-e d.' exacliiuil v ba servido iiara !:i orieii- t:ici(')ii de ((¡(los lo.- ru idios !¡lerarÉO>. ¡i:c- '.('iri^ds \- e-euUi'irícos iniciados en nuestra época. Xo v(iv a .señalar coi-o alto mérito del ]iiiitor. >ii dorinio grande del (lib\ij(]. su lécuica impecable eii la (li>tribncí(V.i de 1.a- limas. -',1 cuidadosa exactitud en la wrdad de las lona.lidades. sus grande- conociuien- tcs de |:ers¡)ecli\a. i'or -obre lodo eso. (pie es irucbo. muchisi ro. 1((S cuadros de l,ar(j- cbe tienen lo (pie antes digo: una taz seii- límcmal. un aspecto i;oetico. algo (pie no está ni en li.is temas, ni en l(js matices _\ esta •■n ellos \- en todo el conjinuo: tor:na la esencia preciada. la más preciada de la com- posición, da carácter a la ]iintiira \ suliMiga no S('ilo ,1 la mirada sino también a la inia- ginacií'in. Sleiiqire deinr(] de una admirable sereni- dad de exi)rcsi<')n. en una cabn.i irajcstatica. los cuadros de nuestro eslimado com])alriota tienen v.ariedad de '■ seiiti;inent(( " (y lier- UMlasemc- el uxi de e.-te \-()Calilo (pie (pii/.a ]>arezca iuajiropia^lo a -primera \a-ta). b".n " l.,a canción del silencio", por ejem- . |)lo (id cuadro se li.alla en el .Museo de He- lias .\rtesi. esos arbole- (|iie -e ele\an ree- U)s. ci;rt:iiit.-s, co.i'o ma-lile-. (pierieiido uló- ])icaiiieii'.e llegar b.-i-ia la abura azu!. diá- fan;i. infinila d.- la lj('reed,-i del cielo a mi me lian cau-aiUj una i:i'¡Ji-e-i('in (|Ue dirino ,-isi : la -oberb'ia se encarna en esos arbole.-, (piiereii llevarse a la- nube- y ante la i ':p' - nenie grandiosidad del e.-p.-icio, (p.iedan ,i:i'arr,-|d.-. is por -n- raices .'il suelo carceie'o. xtremecidos, diriase. de tenor, cnand i la l-bil brisa los bace o.-cilar su.-ive uer.te. b'.l andiieiilv- en il cual esos e.rboles se ele\an es un trozo del infinilo llevado a la tel'i. ]',u el lierniosisiro lienzo lindado: "Los buenos amigos del rincón del busijuc " el — SELECTA — " La Picada ', galería particular. 011 las ¡irincipak'S f^ak-rias v ci)k-L'i.'i()iics |iar- ticularcs del ¡)ais. .Miiclius de sus cuaihos han si(li) (ÜÍuuiÜiIds ])i)r el iír;il)a(l(j \- la cstani])a. Xiicslid Musccj lie Helias Arles e'iiiserva (li)S (le sus irejiires óleds : " Ka eaiieióii ilel silencio " y " Cumbre del CeiTd Ariscn ". ]{1 Museo lie Helias Artes de la Asuiieióu del l'arajíuay, un óleo liluladcj " Tierra uru- jjuaya ". La Uiblioti'ea l'úhliea de l'orio Ale<¡;re un óleo ijue lleva el lilulo de: " l'',l cerro de las ánimas " y cuadros suyos exis- ten laudiicn en las ])riuci¡iales ,i;alerias de Buenos Aires. ]'',s niieudiro honorario ilel Circulo Imj- menlo de líellas Artes de .Montevideo; so- cio correspondiente de varias ajjrnpacioiies aríislicas v desde 1911 desempeña el cari^d de Secretario del Museo Nacional de Helias Arles. Acluaimente. por resolución del Ciobie!'- no. ha pasado al Archivo y .Museo Histó- rico .\aci(.>nal. a fin de cooperar en la orga- nización definitiva de la sección .Museo de dicha institución. Simón (Ir Mantua. ]iintor M.-f.i — SELECTA — I A actii;i]ii!ail no n^v oxisix- ya nada. N" en verdad que esa -í señora e> muy absolutista y muy antipática. Gusta de un eclec- ticismo que desba'-ata todas las con- vicciones, que anula la voluntad, re* clama con imiierio irritante una ra- piíU'z de cniícepció;: tpte destroza Inflas las tiKri;ia.> y a la postre ntt da más que precarias -alisfacciones, nno que otrn aplausu ciue se apai^a lan pruiuo cu-uo -t- arroja el diario. \:i inserviliV". |-".seri!iir " ionr au jnur" es di- fieil y es fácil. Diíicil poripie el jui- cio y la redacción del juicio deben l:acer-e con una rapidez de vérti.yo. í-'áeil ponpte esa mi>nia precipita- ción disculja. no solamente errores <\v concepto y de ai)reciación sino (¡iK- también i-rrores de juicio, nada i-xt ranos si se considera que ante la sii'.a representación de una obra. dci)en medir-^e los méritos de la mis- ma y pesarlos para Ke^ar a la con- clusióu de si esos méritos son ma- yores e refiere. í*"n ca:nbio. escribir para una re- vista y si esa revista es como Sk- i.i.CTA. cuya Dirección me honra a' encomendarme esta página, entonces la tarea cambia ratlicalniente de as- pecto y al hacerse amable se tor- na más ecuánime, más serena, uia^ digna. -l'na impresión ile arte, si de in- mediato se traslada al papel, l'eva consigo una inevitable ofuscación. l-'.n cambio si esa impresión tiene el suficiente tiempo cíuuo para ser ma- durada; si con esa impresión se consu'ta varias noches con la al- mohada (declaro (pie soy un fér- vidti creyente de los consejos de la almohada), entípuces i)uede llegarse a estanijiarla en el papel con nuiclm menos riesgo s, el *' snobismo" ambiente tuvo amplia oportunidad |)ara poner en juego todos sus en- cantadores asombros, todos sus cua- si misteriosos, cal»a.isticos conciliá- bulos, en lus cuales no estábamos admitidos los profanos, y como todtt esto es perfectamente inocente, los bailes rusos pasaron, se esfumaron y el mundo ccnitento. . .. el empresario más. y yo con el emi)resario. (pie al fin y al cabo las bases de la b.-lleza son inconmovibles y no ha de ser la agradable pirueta de un liailarln. ni la deliciosa y evocadora actitml de una bailarina gentil, las fuerzas (jue ];odrán solventar la estabilidad de lo (|ue constituye el ]>rincijiio fiinda- nuiítal del arte. r,I estreno de ' " I.a Sulamita". obra teatral del poeta argentino se- ñor Capdevilla y a la que puso ''aco- taciones' musicales, el señor César Cortinas, fué la nota (pie despertó mayor interés en nuestro ambiente intelectual durante el mes (|ue ha fenecido. De esta labor del joven composi- tor uruguayo se ha escrito en una forma harto irregular. Unos (la ma- yoría), han censurado acerbamente y otros han elogiado empleando para ello una conocida serie de frases hechas, que no pueden considerarse como expresión de verdaderos jui- cios críticos. Para que nos guiara, para que ofreciera la pauta, para í[ue fuera algo asi como un diapasón al que debiera someterse toda la crítica na- cional, fué traído de Bue^.os Aires un crítico. Ksíe honor, el de importar por unas lloras a un critico para juzgar una obra crióla, no se le había di-- pensado aún a ninguna manifesia- cii')n artística de autor compatriota. N' el juez (pie mandó uno de los más import antes diarios argentinos falló no muy favorablemente i>ara el señor Cortinas. Sin i mhargo. yo \í:j j)ermito estar en cliscrepancia con la opinión del distinguido crítico ex- traniero, y sin meterme a urgar en las "apoyaturas de segunda", para encontrarlas más o menos espantosa- mente audaces, diré pura y simi»le- meiite (pie en estos comentarivis mu sicales. Cortinas evidencia un inmen- so progreso si esta labor musical se compara con la expuesta en " I,a úl- tima gavota ' " Los lemas quizá no estén des- arrollados con la amplitud que fue- ra menester, pero lo indudable es (pie los sonidos or(piestales subra- yan acertadamente los niomeníos psi- coií'igicos (le los personajes del poe- ma dramático, y a mi sentir eso hasta y sobra en una obra de esta naturaleza. . Podrá el joven Cortinas ado'ecer de irregularidades técnicas en la rea- lizaci(>n de sus inspiraciones, y esas irregularidades i)odrán acentuarse cuando los temas fundamentales ])a- saron a la distribución orípiestal. pero todos los i)r(d'anos. todos los que vamos al teatro o a un salón (le conciertos para gustar de una emoción de arte, sin escrutar en la trabazón intima de la obra, pode- mos decir (pie algunos de los comen- tarios musicales del señor Cortinas nos hicieron gustar una Intnda sen- sación de belleza. Pero los profanos, (pie siuuos lo< más, al pensar esto y a! aplaudir con arreglo a la emoción sentida. (|uizá no signifi(|uemos nada ante la oiii- nión de alguien, portpie no somos ilómines y sobre todo porcpie no fui- mos importados, C(Hi todo esto (piiero decir (pie a mi me ba gustado la música del se- ñor Cortinas, que ella pone en evi- dencia progresos muy sensibles y (|ue es ya indudable en él la pre- sencia de un comi)ositor que reali- zará brillante carrera. Y no terminaré estas lineas sin reprocharle lo que a mi juicio ha sido el error fundamental : la elec- ción de la obra dramática. Pese a la opinión del maestro Lu- gones. a mí me ha parecido * ' l,a Sulamita"' del señor Cai)devila, una pretensiosa ingenuidad teatral, don- de si el vocablo tiene a veces belle- zas, en cambio e! desarrollo escénico es siemjire pesado, iU'jgico. lan vul- gar en los procedimientos, que las grandes figuras, magnificadas por la tradición de siglos en una perpe- tuación de infinitas formas de ma- nifestaciones artísticas, quedan em- pequeñecidas, sin redieve. tan sim- ples como i>udieran serlo los más co- munes mortales. Msa lucha amorosa del gran Sa- lomón con un pastor, es de lo más infantil que pueda concebirse, y e>a figura de la dulce, de la divinal Suiamita a quien el rey - poeta exul- tó pretendiendo ser para ella "como una sello sobre su corazón" y por íiuien proclamó al amor "'fuerte como la muerte", (pieda reducida a una ingenua de comedia románti- ca, con todas las nerviosidades, las indecisiones y los atolon■ !a obra musical, -e corre el riesgo" de ipu- el público u,* baga en su juicio separación de esfuerzos y al aburrirse con lo ha- blado no liare mientes en b' (pie el músico ha hecho de efectivamente bui'no. í'ji este desequilibrio de realizacio- nes fueron arrastrados también los intérpretes, los jóvenes artistas diri- gidos por SupiJaro. y para tpiienes se proceíiió con ligereza injusta al no reconocerles toda la suma de con- diciones sobresalientes y de buena voluntad (pie pusieron sin reati» al servicio de una obra que se des- membraba, (pie no ofrecía a la in- terpretación ningún i)nnto de ajioyo. (lue no píidía ser dicha con la gran- (lilocuencia (pie exige el teatro grie- go (pt)r ejeuq)Ío). dada la pe(pieñez de los momentos i)asiünales y las pa- siones mismas puestas en juego; y tami)oco pudo ser hablada en la for- ma intensa que puede serlo una obra de alia psicología, porípie en ella no se -abe (pie cuidar más: si la simplicidad pastoril de un Salo- món de calcomanía o la ier(|ucdad varonil de un ])astor (]ue es digno casi de llamarse Salomón. Que le sirva de experiencia esto al joven com])ositor uruguayo, y tenga muy presente en el futuro ipie no es i>osible edificar castillos sobre médano-. La Asociación Lírica del Uruguay (pie dirige con indisculii>le compe- tencia el maestre) Mruesto Kniz. dio una re¡)resentacíón de la ópera de Puccini : " P(dieme " Na en otra oportunidail he dado mi opÍni(Sn favorable respecto án- dome iirccisamente de la primera re- l)resentación de "Róbeme" en el es- cenario de Solís. Tendría (pie repetir boy aípullos elogios puesto (pie casi todos los in- térpretes de ahora fueron los (|ue entonces tomaron parte. Sólo una figura nueva se señaló en el elenco. Me refiero a la seño rita Judith C. Acosta y Lara. (pie interj>retó con bastante corrección el rol de Musetta. Merece una frase de caluroso es- tímulo el maL'stro Ruiz. (piien en una obra tan ártUia pone la contri- bución de sus conocimiento- y de su entusiasmo. A esta altura de mis apuntes, noto (pie ya me he extralimitado. Kn con- secuencia lo (pie debo decir aún lo haré cu forma le'egráfica. Para el número próximo prometo ocuparme de la compañía Kossich- Ballerini. (pie con gran éxito actú:i en el Po'iteama. Se trata de una compañía dramá- tica argentina con manifestaciones fie toda índole. Se anuncia para estos días el debut en Solís (te la compañía del Lara de Madrid y en la que figuran la no- table actriz María Palau y el actor Emilio Tbuiller. Tendremos una temporada de ex- quisito teatro español. Ls un buen final de temporada. n,>ii .1/, ■.'■/.;,/. SELECTA — 5CARABEIL0 Pl"", arlf foliigráficd suelen dcsiifnar- so las ili\'c'rsas (i])craciunes cunsis- U'iitfs fii fijar una imagen en la su- ];erf¡cie sensibl.' (|Ul' f(jr;na la enuilsión de nitrato de ])lala y a la re!)r(HhK'ciún en pa- peles albnniiiKisdS o brcinnu-adus de la ima- gen (ihtenida. l'ero aun cuando generalizada está esa designaeióu, en la n'av> casos el arte no se ve por ningt'in lado, y verdad.eros adelesios son los (|ue presentan muchos que andan p.or alii, con el usnr])ado titulo etuosos ante esta reina de la danza. ■ ^'*3 V - . ,.:W..s; »^.'* ^-: ... fe"' 1- NUEVA SIRENA 'lA Casa fundada en el año {858 CARLOS PFEIFF ^ O- IVIOINXEIVIDEIO Calles Sarandí, Bartolomé Mitre, 1326 y Bacacay, 1325 CASA DE COI<«/IF=RAS EISJ RARIS F7ue cde Hau-teville, 378 c^^^ F^ri nr\er piso Sección rop3 bisrtca En la sección de confecciones y ropa interior para ^|v^' La sección de ropa blanca para señoras tiene hombres, se hallan los últimos modelos, lo más jj desde lo más modesto a lo más rico, chic y de primera calidad. /H il r\ .. M • S^n^ Sombreros (le Señoras V Señoritas Ajuares para Novias J \^ dernier cri Hay que visitar esta casa en la segfuridad de ¡¡ \ \ \¡ Confecciones soberbias y artículos de estación que se hallará lo que se desea. ^^ última novedad. Gran surtido de Tapados de pieles Talleres Gráficos A. Barreiro y . Ramos. ~ Montevideo. I '111111111111 IIIIIIIIMIIIII'" E TETRAZZINl IPÁDEI^EWSKl Victrola El instrumento predilecto de los más célebres artistas del mundo Es cosa natural que en el arte lírico haya cantantes y concertistas que estén considerados como los primeros en la profesión a que se dedican. Estas notabilidades han logrado la posición envidiable que ocupan debido a su prodigioso talento y portentosas facultades artísticas, y por lo tanto, no puede conceptuarse como mera coincidencia el hecho de que todos ellos hayan escogido la Víctor y la Victrola como las únicas máquinas parlantes capaces de reproducir, con absoluta exactitud y naturalidad, el encanto sublime de las soberbias y mágicas ^ notas que brotan de sus gargantas privilegiadas, y las dulces melodías arrancadas de los más .'^-f'. delicados instrumentos al ser pulsados con arte divino por los más eminentes viriuosos. , i.'íT La \'ictor y la Victrola son los más perfectos de todos los instrumentos de música, poniendo a su alcance inmediato las sublimes creaciones de los colosos del arte lírico. Sus admirables cualidades y el favor universal que les dispensan millones de amantes de la buena música, constituyen los motivos que han inducido a estas celebridades a escoger la Víctor y la Victrola para perpetuar el arte que tantos triunfos les ha valido en los grandts teatros del mundo. Todo comerciante en el ramo \'ictor tendrá la mayor satisfacción en enseñarle los varios modelos de la Víctor y la \'ictrola, así como en hacerle oír cualquier disco del gran catálogo \'íctor. Escríbanos hoy mismo solicitando los últimos catálogos Victor ilustrados, los cuales remitimos gratis y franco de porte. Estos catálogos contienen grabados de los dieciseis modelos de la Víctor y la Victrola, una lista completa de los Discos Victor, y los retratos de los artistas más renombrados del mundo que impresionan discos exclusivamente para la Victor y la Victrola. Víctor Taiking Machine Co., Camden, N. J., E. U. ae A. I.a famcisa marca de fábrica de la Victor, "La Voz del Amo," es una firme garantia Ue la superioridad de nuestro producto, y la misma aparece estampada en todos los instrumentos Victor, Victrola y Discos Victor legitimos. Para evitar imitaciones, exíjase siempre esta marca de fábrica. Dellazoppa ^ Morixe Plaza Independencia, 733 y Sarandí, 614. ÚNICOS AGENTES de k Cía. VÍCTOR y de los PianOS "Ho"Ward*' New York y Collard y Collard de Londres. Ó/r-,. jV GOULU. U-di.üo c-n isn. Doña moría Rntonio ñgell áe Hocquoró íc) I H E aquí una matrona, cuyos prestigios aún se imponen hoy a la ' ' consideración óe nuestra sociedad, en razón de haber queóodo su nombre uinculaóo a las organizaciones carifotiuas más impor- tantes del país. - Fue fundadora de la Sociedad de Damas de Bene- ficencia Pública, institución que realizó tan inmensos beneficios; y falleció tan distinguida señora siendo presidenta de esc institución.— multiplicando sus tareas benéficas, fundó el Bsilo de Huérfanos y Expósitos, cosa de refugio para todo&los inocentes seres que el ego- ísmo y la peruersión óe¡an abandonados a su destino, sin afectos y sin ternuras. — De refinodo distinción e ilustración excepcional, no siendo aún casado, la señorita de Rgell realizó con sus tios : don Lucas Obes y doiiO Ignacio Blanco, un uia|e a Rio 'Janeiro, donde la corte de Pedro I. estaba en su apogeo. En reuniones de palacio y en saraos aristocráticos, nuestra compatrioto brilló por su ele- lVíhíi 'TliM'iíi Hnl'jnio Hqt'ü d'C Hc:i.\iul;:"Cj H - o.-.-- ■, ■ rl,- '.■ ;'.■ '1 ■WNMM Mueblería Cauiglia Z5 DE mñYO, 569 El más uasto y completo surtióo que existe en ÍTlontewióeo en muebles ñrtísticos, Tapicerías, ñlfombras óe Oriente y ñxminster, ñrtefactos para luz eléctrica. Casa que presenta únicamente nouedaóes y que se ¡actaóe ofrecerlas al público monteuióeano al mismo tiempo que las grandes casas óe París o Londres Entrada libre a nuestros grandes ^ salones de exhibición :\ Remisión gratuita óe catálogos, proyectos, muestras y listas óe precios ■tfVa N GLOTEMHo Más de una vez, indiferente lector, habrás pasado ante el altar mayor existente en la Iglesia de San Antonio (Capuchinos) y al inclinar con reverencia la frente no habrás pensado, sin duda, que estabas ¡unto a una admirable obra, de edad cinco veces secular Posiblemente no te habrán llamado la atención, iniimi- dado pof el ambiente austero y sagrado, las maravillas que en el alabastro y en e! marmol ha hecho un cincel, con seguridad y exquisitez admirables. Dala esa obra del siglo XV y en consecuencia es ya varias veces secular. i Como es que ha llegado a Montevideo ? — Pues de una manera curiosa. Estaba primitivamente ese altar en la Iglesia de San Sebastián en Genova lo dedicaban a Santa Teresa de Jesús. Por una resolución municipal, según la Cual se resolvía abrir una calle denominada sia fué condenada a la demolición. — Y fue demolida. El maravilloso altar se quitó de su sitio, y adquirido por los Padres Capuchinos de nuestra ciudad, fué traído a la tisrra americana, hospitalaria y ansiosa de cosas bellas, para engalanar, para dar mayor be- lleza a la nave principal de la Iglesia de San Antomo. Hl mármol y el alabastro están tratados con una extraordinaria delicadeza. Las columnas laterales que forman marco a una tela (también antiquísima) de San Antonio son de una riqueza y de una hermosura extraordinarias. Ha la parte superior del altar, el mármol forma verdaderas filigranas. Puede considerarse este altar como la obra de arte más antigua que existe en el país. En aquel tiempo el altar Roma", la iglc- — SELECTA — Conferencia Literaria La robusta mentalidad y la g:rande ilustración del Doc- tor José Pedro Segundo, tuvie- ron ocasión de exteriorizarse afnplíamente en la conferencia que bajo el patrocinio de "Entre Nous" se realizó días pasados. El talentoso disertante habló a la selectísima concurrencia que asintió al acto, de la g'enial personalidad de Chateubriand, el gran literato francés, expre- sión la más alta de una genera- ción de escritores que dejaron tan honda huella en el espíritu humano, que aún hoy, a tra- vés de los años hay mucho que admirar en sus obras, mu- chas orientaciones dignas de seguirse en su escuela y mucha expresión de sentimientos en la urdimbre de sus trabajos, senti- miento educador y suavizador de las malas pasiones, forma la más bella y la más noble de elevarse en el nivel mA-al. El doctor Segundo desarolló el tema tan amplío y tan suges- tivo como el que ofrece induda- blemente la personalidad del gran escritor francés, en una for- ma interesantísima y original. No fué una conferencia en tono grandilocuente. Fué una delicada y oportunista diserta- ción fa la que la palabra galana, el concepto firme y la exactitud del juicio que caracterizan al doctor Segundo, tuvieron am- plia expan son y pudieron ser apreciados en toda su brillantez. La distinguida concurrencia que llenó el local donde se efec- tuó la disertación aplaudió ca- lurosamente al disertante, pre- miando así su labor meritisima. Fué, pues, una agrad.ibilisima é ilustrativa causeríe, como Iís que hicieron famosas en París los más t.i'entoscs intcicciuales franceses. Disertaciones plcnis de gala- nura, en las que el absoluto co- nocimiento de una personalidad hace que la vida y las obras de la mentalidad en estudio, al pa- sar por el tamiz de un juicio se- reno y por la exquisitez de una fraseología galana, llegue al oyente con todos los caricteres de una preciada esencia de arte, para ser gustada por los verda- deramente refinados. Lamentamos muy de veras no poder ofrecer una síntesis de la magnifica conferencia del doctor Segundo, pero, en cam- bio ofrecemos a continuación unos bellísimos versos del que ocupa tan elevado rango en la ^j5H5ESHSE5HSHSESHSHS2SH52SE525HSa5HSESHSHS2SHSESH5HSH5HSSSESE5a5HS?K literatura uruguaya. Doctor JOSÉ PEDRO SEGUNDO Querellas Rosmánticas L LA MANSIÓN FAMILIAR Hoy he vuelto a la vieja posesión olvidada, Después de tantos años de ausencia y abandono, Y el albergue de aquellos señores de otro tono Ya no guarda una huella de su vida pasada. Yo no la reconozco, tras los árboles fuertes Que plantó un jardinero cuando el dueño vivía ; Que eran leves y frágiles como la infancia mía No tocada a esas horas del dolor de otras muertes. Pero el tiempo inclemente la pared agrietó Y el paisaje se ha vuelto ora tosco y antiguo ; El contomo ha cobrado no sé que aspecto ambiguo De algo que no se sabe si el propio Dios creó ; Y en las ramas frondosas ya no están los violines ; La arboleda ha vestido de rugosa corteza ; La casa agreste yace sepulta en la maleza Que ha borrado la senda de los viejos jardines Por donde en otro tiempo paseé en compañía, Bajo el amor de un cielo azul y tutelar: Yo, entonces, no sabía aún lo que era amar Y no había enfermado de esta melancolía ! . . . Hoy que, he hallado de pronto todo el ámbito esbelto Y la casa arruinada que el invierno deslustra, — Sin poder remediarlo, — vuestro encanto se frustra Y yo hubiera querido esta vez no haber vuelto. Arboles victoriosos, vieja casa querida, Porque junto al sendero y en la planta sin nombre. Recordando el pasado, aquel niño, hecho hombre. Ha llorado su infancia con la dicha perdida! II. ODA LIGERA Si yo he mirado Alguna vez Fueron tus ojos de Anadiomena ; Si yo he mirado Algunos ojos. Fueron los tuyos ; Porque ellos solos valen la pena ! Si he contemplado Figura humana. Fué la divina forma del talle Tuyo, ¡ inhumana Flor prodigiosa ! Por la elegancia de su detalle. Si yo he soñado, Para mi cumbre. Con la corona de tus cabellos, - - Es porque ha tiempo Busco la lumbre. Toda la lumbre que he visto en ellos! m. CONTRAPOSICIÓN Yo envidiaba a los niños — cuando era pequeño Que no tienen hogar y que están en la calle : Precisaba la holgura desenvuelta del valle. Aun violando la férrea prohibición de mi dueño. Yo necesitaba del sol, el campo abierto. La amistad de los hombres y el espacio tendido ; Mi corazón saltaba en un inmenso latido De total desvinculación, mal encubierto. . . . Y hoy que seres y cosas los encuentro cambiados. Como en una inversión radical de los polos. La libertad que alcanzan los altivos y solos Es precaria y nos cuesta demasiados cuidados ! José Pedro Segando. — SELECTA — Qju Ám- EL encanto que se desprende de la fotografía hermosisítra que exorna esta página nos eximiría de agregar una sola linea de comentario, si impulsados por el encanto mismo no fluyeran a los puntos de nuestra pluma palabras galantes, que lamentamos, de veras, no poderlas transformar en madrigal. — Todos los dones de belleza, de elegancia y de distinción se hallan reunidos en esta dama, que impone en todas las mani- festaciones de nuestra sociabilidad su gentileza y su cultura. — Como una encantadora floración surge junto a la señora Usher de Heber, su hermosa hija; complemento, se diría, de tanta gracia y de tanta perfección femenina. — SELECTA — Dh entre la ])létora de artistas que hon- ran a miestro país con sus obras y con su perseverancia en la creación lU- la belleza, se taca. con méritos indis- cutibles, el escultor José L. Belloni. Brillante en todo sentido ha sido la ca- rrera de este cultor talentoso de la esta- tuaria. -Nació en Montevideo el u de S'iitieni- bre de 1S7J y muy joven aiin fué becado, con beca extraordinaria, ¡«ara estudiar en Lugano I Suiza), en el taller del escultor I.iiis \asselli. lín e.sta primera eta¡)a de su vida. Belloni ya se distinguió por su gran amor al tra- bajo, su entusiasmo iior el arte que concen- traliít todos stis afanes y su es])iritu vivaz. da, incluimos hoy, cuatro magnifi- cas comprobaciones de lo que en otro tiempo produjo el ingenio humano, y que son hoy verdaderas maravillas en las colecciones valiosísimas (iiie exis- ten en el !>ais. En primer lugar hemos de dedicarle unas lineas a las dos miniaturas e de Francia, y el mono- grama que acredita su histórica fi.gnra- ción en la vajilla del citado stiberanu. es de oro. Se halla esta verdadera joya y la miiiiatm"a de la señora Latorre de Du- plessis en la magnifica colección per- teneciente a la señora Julia Duplessis de Bouvet. KI cofre es no solamente luui \erda- dera obra de arte, sino también un ob- jeto histórico. Miniatura de la Señora Carmen Sartori de Dellazoppa de los artistas que a esos trabajos se dedicaban. Keproditceu las dos miniaturas a las distinguidas señoras, doña Catalina La- tour de Duplessis y doña Carmen Sar- tori de Dellazoppa. ambas de brillante figuración en los salones de antaño. Posiblemente al ver la reproducción fotográfica de esas miniaturas no se tiene por cierto la sensación de sn to- tal belleza. La señora Latonr de Dui)lessis apa- rece caracterizada con el traje de Dia- na Cazadora, imitando artísticamente las más famosas pinturas ■ tiene hermosos bajorrelieves de marfil. Todas las disliiUas i)iezas de mar- fil \- (le labrado, asi conu> la linea i^eneral del mismo, no solamente de- notan un de'.icado gusto artístico, sino que tienen un gran carácter de época. Cofres semejantes a éste, que es una nota admirable en la colección más va- licjsa. existen tan sólo tres, los cua- les se guardan en el Museo de Cluny (París). S 3 « 6^ n ~ I o. »■ g "^ »"2 c • ^ ™ r o - " 2 •- =0 = 1" = .= « >S S ' c •;; " «1 *" c *" S =5 "1 '- = = „ ■= o = CT O C w < u O >- Q- •3 J 2 ~ *- Z « ' *« ^ S C T3 . > ! M Q ^J (fl ^ ' (C ^ W M »• ' íí O. C C "T £ '»• X « U ^ V- iC o, ^ ui *í W O aS2c = S c ^ = .-' 3 = ~~ o- 5 ■= o > C 2 rt .. u C ^ ■ _ 2 .*- w 3 C ¿£ ti ' ". »- a. j- rt « » 13 W CT" 3"0 ■"UTO»"*- w— ;: §^"«.= '13 3 ■ '■ en — '^ M ^ « c ^ ^ « S ** Si ± •* c 'I •oJS 3 JS u — SELECTA — El pintor urugfuayo Joan Peluffo en su estudio HE aquí un artista cuya proverbial modestia lo mantiene alejado de ese medio ruidoso y muchas veces falso, en que se forman las reputaciones ¡jopulares y suelen también brillar los que no tienen méritos para ello. No es, desde luego, a base de bullan- gueria callejera que se fundamentan los verdaderos, los sólidos valimientos in- telectuales. Artistas hay que tienen pa- siini por estas manifestaciones de baladí renombre; pero en cambio (y quizá los de más ilustración), rechazan estas con- sagraciones im])resionistas, algunas de ellas con mucho carácter de teatralidad. Peluffo es enemigo declarado de estas exteriorizaciones en las que tan sólo la vanidad es la que encuentra satisfacción. En el silencio de su taller, trabaja el ar- tista infatigal)lemente, buscando sin des- mayo la creaciini de la belleza, coi)iando a Natura la infinita variedad de sus for- mas, de sus matices y de sus colores. De cuando en cuando realiza una ex- posición y en ella pone de manifiesto la lalx)r de algunos meses, en el recogi- miento de su hermosa residencia de la calle Larrañaga. La critica, o la pseudo crítica de arte, no es sieiTipre justa con este pintor com- patriota. Como en su ]jaleta no hay ca- ]5richos raros, ni ridicidas invenciones efectistas, ni absurdas combinaciones de to- nos, ni ]3retendidos estudios de luces ar- tificiales, la crítica lo califica de ])intor anticuado, sin parar mientes en los gran- des méritos del diljujo correctísimo, ni en el dominio extraordinario ciue tiene Peluffo para la coloración de sus telas, donde el i)rocediniiento racional, el que se ajusta a la verdad y al sentido connin. no da entrada a ninguna ridicula teoría modernista. Tiene Peluffo admirable justeza ¡lara el retrato. Es antes que nada im gran retra- tista. .Algunos de los trabajos de esta ín- dole i)udiera firmarlos Islanes, el viejo, ¡mes la escuela y la ])erfecci('in del dibujo así lo acreditan. En todos los procedimientos la técnica no tiene secretos jjara este artista, de mé- ritos indiscutibles, obtenidos a base de es- tudio perseverante y de sana orientaci('in. No es sólo el óleo el que le ofrece am- plio campo para fijar las seguridades de su pincel. La acuarela y el pastel tam- liién tienen en Peluffo un cidtor distingui- dísimo. Consciente de su valer y de la bondad indiscutible de su escuela, no ha intentado este ])intor un cambio. (|ue siem])rc tiene que ser perjudicial. Las estrepitosas y fugaces imposiciones de escuelas nuevas no consiguieron nunca arrancarlo de su modalidad y de ahí que, dejando jM.sar ])or su lado la vorágine de ciertos caprichos voceados por la moda, ha continuado i)ro- duciendo obras de gran mérito v que lo ])onen en ])rimera fila entre los ])int<)res nacionales. En estos i'iltimos tiemixis, Peluff(j ha dedicado algunas horas a la ejecucii'm de esculturas. La escuela verista y lógica que guía sus jiinceles, se manifiesta tam- bién en sus ensayos escidtóricos, felices ensayos (|ue han llamado justamente la atencicni en la última exposiciiui que rea- lizara en los salones de Maveroff. En la visita que hemos realizado al ta- ller del señor Peluffo pudimos constatar con verdadera satisfacción todos los gran- des méritos de este artista uruguayo, cu- yas condiciones de trabajador y de estu- dioso son ¡¡roverbiales. Peluffo es un ejemijlo |)ara los jc'ivenes artistas cpie em])iezan su carrera y que equivocadamente pierden el tiempo 'bus- cando modalidades nuevas, sin realizar más (pie obras inconclusas, y eso cuando las realizan. El arte es belleza y la belleza es la sencillez. .Si no se olvidara esto, no se ma- lograrían nniclias liuenas iledicaciones. — SELECTA — SELECTA La CjMdbá Cddn /.)/ ci>¡ii,''tisi('>u . t'iifi\'iilt' al tnforíiíiúd. (■.V fli'r l'rivih'iiiaciíi de las almas (fcn- liles. --/,(/ niaiiit que se I ¡ende a los hi:- inildes reenje. al lavaiilarlos. litnlo de nablcza. — .S"('/íí st'ii f^erfitmadas los laureles, eiiaudn se afreee anipayü al derraiado. — I.a l^rotiedad que dignifiea al ero es la de mitiíjar el llanto ajeuu. Dr. El. ¡as Kkgii.ks. llf .•i(|ui otra (le las institiK-iones lira altanuMite nu-- ;oria. Dice el artii'ulii prinu-ru lU- sus ostatu- s: "La Sciciedail Filantri'i])¡ca Cristóbal >li^n, tiene i)or (ibjetu ]iro])en(ler, jjor t(i(is los medios a su alcance, al soco- o lie los ])ol)res virtuosos, sin distinción ■ nacionalidad, raza, creencia rclig-iosa ojiiniíui iiolitica. Xunca se ])odrá in- stig-ar niní^una de estas circunstancias, :ndo la única condici(')n jirecisa, la cons- tacii'm de la indirrencia y de la buena iuducta." lie aqui en breves lineas es])ecificados s fines nobilísimos de esta institucii'm i}(] arraiffo es ya inmenso, v cuva obra L-ne actualmente iiropcjrciones vastisi- as. I),' la .Memoria corres|.'ondiente al añc timo s,-icamos estas lincas: "La distribuci/in de los socorros C|Ue s Estatutos y Resjlamentos establecen se acuerdan a los solicitantes que han ■reditado en fornia su estado d? i)ü- eza. se han continuadla efectuando en s mismas Cíjndiciones de tiempo atrás tablecidas. es ilecir. diariamente en ve- no V cada dos dias en invierno, benefi- andose asi en lo ])osible a los meneste- isos. evitándoles, en la épcjca en que no ;'st ■ el temor <\í- cpie ])roduzca altera- i'in 1,1 carne, las molestias de una concu- eneia diaria .•il local. ^ las cilras de esos donativcjs scjn mu\' ■andes. Demuestra ello en ))rimer lu.yar nobilisimo sentimiento ile un i>uel)lo. lestro jiueblo, cpie no olvida en ninjíún omento ;i los desliered.ados ile la ior- n;i : y lucido los prestigios de la Crisló- i\ Coli'in, <|ne concentr.i en si a un vasto icleo de benefactores, cuvo i'ibolo está empre ]ironto ])ara contribuir al soccj- o. al alivio de miseri.as \- de ilolores. L.i Cristi'bal C'oli'm no se concreta tan do al re]iarto de comestibles. .\ esta ac- ón eficacisim.a se unen otras conqde- ent.'irias y no nn'iios eficaces. 1 ie ;u|ui una : Las cincuenta má(|uinas donadas ]>uv el ■ñor Francisco l'iria, se entreg;an. ])revia scalizaci('in e informe de una Subcomi- i'in especial, en préstamo i)or tiem])ü de- rminadü a las familias que las solicitan p;ira usufrnctuarl.is y (|ue ])or ese medio atienden a su subsistencia. .Actualmente se h.dlan en ])réslaniü todas esas niá(|uinas v vencido el i)lazo de con- cesic'in se les |)rorro!.;a si la necesidad ])er- sisle v cuidan convenientemente el útil. Tiene t.ambién la Cristi')bal Coh'm mi servicio de médicos. Cientos y cientos de visitas ffratuitas cuenta el cueri)ü de fa- cultativos en su honroso haber caritativo. Las recetas son despachadas i)or la .Asistencia Pública. Componen este cuerpo médico, que tan benéfico v desinteresado concurso ¡¡restan a los lunnanitarios fines de la institución, los doctores: Juan Francisco Canessa. Ivlias Regules. José .Martircné. .\tilio -Xa- Doctor ELÍAS REGULES, Presidente de la Sociedad Cristóbal Colón rancio. Luis Demicheri. .\lberto .Marroelie. 1",. l'ernández l",s|iir(], Joa(|uin Canabal, |(jsé l\odrii;iU'Z .\nido. Iviriipie .Méndez, luán C. Demaria, .\ntonio l'runés, M. I'..- cerro de üeng'oa, Joa([UÍn de Salterain. .\n!íel (".amin.ara. Jíjsé Re)>peto, .\ndrés L Tuxiil, José lnf:intozzi, l'austo \';'ij;-,i. I'e- lix .\nyel ()livera, líiluardo Ilir.abén. .\1- berto .\nselmi, .M.artin M:irtinez l'uet.i, l'raneisco K. Uuvertoni, .Xsoeiacii'm d- Practicantes, Doniinsicj d. Santos, l)i-n- tista: .Xbelardo F'iol. Ojitica : Cámlido .Mass.', llors. Otro de los beneficios t|Ue la Sociedad ])resta es el de tener establecido en la sede |)rincipal una oficina también i^ríi- tuita lie trabajo. lie ;i(pi¡ los (l.atos eslailistici >s de esta dependencia ilurante el año .anterior: Pedidos de Cíjlocacii'in, L04(i. Colocados, (I7S. ^' en resumen, la may-nitiiil de los ser- vicios benéficos f|u;' prest.a esta Sociedad ])uede medirse ]i(]r la simple estadística de los artículos donados en un mes, un mes elegido al azar en las pái.;inas de una Memoria. lie aqui \u entre,t;,ido :i los meneste- rosos en .\bril del año p:is:id(i: las lei;um- bres se ciicnlan \>ov miles de kilos v luego véase im,-i lista de ro])as v demás efectos: 1.4SII piezas de ropa. -{Sd metros de gé- nero, ISO trazadas, 54 trajecitijs de niño. 'i'2 colchones, '42 almohadas, •~)4ll ])ares de calzado, .'¡(I camas de hierro. -Ndemás im.a gran cintidail de sábanas, finidas, toallas, sombreros, gorros, trico- tas, menaje doméstico, etc., etc. Se ha atendido especialmente el sumi- nistro de calzado a los niños en edad de Cíjiiciirrir a la escuela. Las familias a cpiienes se ha concedido esos subsidios forman un conjunto de •5.241) C(jn l.~).S:)S ])ersonas. de l.as (pie i>.-i'.)'¿ son mavores \ 11.4 !■(> menores. lie .aqui. a gi'aniles r.asgos, la labor tan noble \ tan elicaz (pie realiza la Cristóbal C(jl('in. |»jr lo (|U,' en muchos años de em- peño tiene va coiKpiistadas las sim])atias de todo el ])ais. El 12 de este mes ceUdjn'i l;i C(jlépn sus bodas de plata, y con ese motivo se rea- liz.'i un re]>;irt(j extraordinario. .Xctualmente componen la .autoridad di- rectiv.a de l.a instituciim .altamente bené- fica, los señ(jres : Presidente, doctor b'.li.as Regules: \'ic - presidente, doctor Carlos .\ns"lmi : Con- t.ador, doctor Domingo liarbeito; 'I eso- rero, doctor l.:iuro .Méndez: Secretario, don Pi'dro C". l\o Irígtiez : Secr.'tario. doc- t(ir .\lfreilo 1. P.-rnin: X'ocales: d.oct(ir l'.duardi) R;iv.-mi:i. .\rtur(] Puig. S;iiili;igo l'.arabino. Ingeniero Peilro II. M.aguon. Ingeniero Pablo l'erranib]. doctijr J. .\me- r!C(] Peisso, don b'r.incisco l'iria, don Ju.an l'i. Morix e. don Luis M. I.aurito. don M.i- ti.as l'.:inzá. don Tei'ifilo .M. Oxirio. (Ujii Antonio C.alíetti. don Mati:is .\. I'..auzá, don l\a:i'(')n .M. Miiiños. Conisiiin l"isc:il : señores Juan .Xicardi y Justo KodrigU'-z. Cnent:i :ideniás la Crist(')h:Ll Col('in con un her'i'oso V ani]>lio local, ubicadii en l;i calle .Magallanes entre L'rnguay y Mercedes, y la Siibcomisi(')n del Paso del .Molino ]n'(]- vecta también la creación de otríj edificio en a(|uelhi localidad. La C"rist(')bal Colón tiene bien C(in(|uis- lada el titulo de benemérita. ir 1 i — SELECTA — La tumi ie L; AjAXUü (le Macüii por el camiiiu que bor- dea el curso ondulante del Saoua. no lejos de las ruinas del castillo de aquel conde de Montrevel, decapitado durante la época del terror y que en 1789, !a vísi)era de la revolución, poseía Cooooü libras de renta, una cuadra de cien caba- llos de caza, un teatro donde las damiselas del contorno representaban tragedias de Racine. y una orquesta a sueldo que rivalizaba con la or- questa de los Conde en Chantilly ; siguiendo el sendero que entre las viñas más famosas del Franco - Condado, las viñas de Beaujolais, con- duce directamente a la primer estribación de los Alpes francos; en el fondo de un valle verdine- ííro que se espejea en los anchos remansos del rio. *——*"-——■■■—■*■*• se alza la aldea de Saint- Point. la aldea humildísi- ma que ennobleció el genio (le un poeta. Alfonso-María - Luis de Prat de Lamartine yace allí, en un panteón labra- do en el rincón de un par- que sombrío plantado de jiinos, alerces y cedros del Líbano, sobre cuyo fron- tispicio bizantino se lee en letras góticas una divisa de supremo anhelo : Spci'üz'il a II i ni a nica. Kstc hombre, que estuvo a punto de ser el dueño de Francia, que hizo una re- volución, que soñó con eclip.sar la tiranía de Ro- bespierre, que se vio en- cumbrado jjor la fuerza de una popularidad enorme, avasalladora, y que luego sucumbió miserablemente a su debilidad de poeta, vencido por las intrigas de un ambicioso sin talento jíero más osado (jue él, re- ])osa en una tierra que cantó con los acentos más nobles de su lira y de la cual apenas pudieron nun- ca separarle los aconteci- mientos de una vida aza- rosa y desgraciada. Antes de 1848, Lamarti- ne era el prestigio más grande de su país, el ar- bitro de los destinos fran- ceses. Su gloria literaria y su gloria política resplan- decían como una doble es- trella, irradiando en el cé- nit de uiia vida. Diez años t4 liastaron para que el impla- cable Rochefort, comen- tando los apuros económicos del autor de la Historia de los Girondinos, pudiera escribir es- tas palabras crueles: " V.\ poeta no os pide glo- ria. Al tender su mano hacia vosotros, ¡ oh in- mortales ! parece deciros : — ; Dadme mi parte en dinero!"" Xo fueron los de Rochefort, el fu- turo commiinard de 1871, los peores insultos que amargaron la vejez de este recio campeón del ro- manticismo literario. Otros, al recibir sus últimos libros, escritos bajo la presión de los editores que explotaban su miseria, le flagelaron acusán- dole de convertir en monedas los recuerdos ín- timos de su alma. Tal vez esta acusación no estuvo desprovista de fundamento. Un poeta que parecía haber agotado los sonidos de su lira; un historiador cuya pluma había recorrido el ciclo entero de la humanidad, desde los clasicismos heroicos hasta las tragedias (le su época; un viajero infatigable que había de- rrochado una fortuna en visitar, con la pompa de un nabab, los Santos Lugares de la Pales- tina, no supo contener su pluma cuando ésta había dado ya a la literatura francesa un es- ])léndido lote de obras maestras, y no vaciló en sobrevivirsc, entregando a la maledicencia de una generación que ya no era suya, los tesoros pre- ciosos de sus recuerdos y sensaciones más ín- timos. Ni siquiera logró con ello salir de sus tris- tes apuros de dinero. Fué preciso que sus ene- había derrocado su re- concediera una limosna migos, el gobierno que pública aristocrática, le de 500000 francos. Xo era mucho para un hombre que. atnio .\1- fonsu Lamartine, había derribado el trono (|ne se oponía a las reivindicaciones de los b(ma))ar- tistas triunfantes. 1^1 pueblecillo de vSaint - P^int >e compone de unas cuarenta casas agrupadas en torno de una iglesia romántica; una de estas vetustas iglesias francesas, de puntiaguch^' campanario, enmohe- cidas por el orín de los siglos. .■\! extremo norte del i)ueblo. en los ejidos, está el castillo de La- La primera duda Acuarela de O. Baroffío martine, un poco más suntuoso pero bastante más pequeño que aquel de Milly. cerca de Hacon. donde nació el poeta y donde escribió sus primeros versos. El castillo y su parque dan frente a las monta- ñas del Jura, blanco por la nieve. El poeta ha trazado en el capitulo ])rimero de su novela U¡ Picapedrero de Saint - Point. el pa- norama que a través de los vidrios de la ventana de su cuarto contemplaron tantas veces sus ojos... "Tras la ribera y los prados, la mirada empieza a ascender por escalones, los flancos hinchados y robustos de la alta cadena de colinas que separa el valle de Saint - Point del horizonte del Ma- connais, de la Bresse. del Jura y de los Alpes. En primer término, las grandes y profundas tie- rras rojizas opulentas de vegetación'"... Este cuarto de Lamartine que parece el sencillo despacho de un rentista rural, conserva el as- pecto que tenía cuaiido su dueño pasaba, como otro Don Quijote, las noches en claro y los días en turbio, afanándose por satisfacer las demandas apremiantes de sus editores. Sobre aquella mesa sencilla de roble, con aquella insignificante escri- banía de peltre dorado, sobre aquellas cuartillas azuladas de papel del Marais, se escribieron Ra- fael y las Confidencias: la Historia de la Re- volución de Febrero, Tres meses cu el poder. Toussaitif Louveríure, Genoveva y los pobres li- bros de la vejez del poeta, entre ellos aquel Pica- pedrero que conserva todo el perfume de las es- tancias que visitamos con la curiosidad banal, un poco avarienta, del viajero que quiere sacar todo t-'l jugo i)ü5Íb!e a! dinero gastado en su viaje. HeuTis entrado en el castillo un poco antes de mediodía, jtor el soberbio jxírche gótico que re- tuerce sus columnas de piedra estriada sobre la yedra (|ue tapiza el muro y entre dos espesas ba- rreras de rosales y madreselvas. Delante del por- che, una nube de pajaritos picotea descaradamente entre la grava de la explanada. Son aquellos mismos pájaros tan amados del poeta, que escribió en su eUjgio estos poéticos ren- glones : "Les oiseaux sont •—*—' —— '"""*"— ~~ * la poesie des chants. l'hím- ne de Lair. Si on les tue. qui done chantera dans la creation ? " '. En el fondo del ])orche se abre la vidriera que da acceso al vestíbulo, de don- de arranca la escalera. Toda la casa es un mu- seo laniartinesco- Los ami- gos del poeta, los mismos (|ue trajeron su cuerpo des- de Passy. doiide le tenía recluido la caridad de la villa de París, han hecho del viejo castillo un sagra- rio de amor hacia el poeta. Allí está, en el eslrechü dormitorio, la cama en que murió, alta como un cata- falco, traída con los demás muebles del chalet de Pas- sy. Allí el armario de luna que guarda, junto a los res- tos de la vajilla que usó el poeta, dos de sus viejos sombreros, su bastón, su tai)abocas, sus chanclos... En un lugar del .salón está su retrato: una vieja y amarillenta litografía de 1850. Sobre la mesita de lectura sn libro favorito: Childe Harohi. Los dos poetas, el inglés y el fran- cés habían pactado la en- tente cordial e mucho an- tes de que llegara a ser Ministro Monsieur Del- cassé. La chimenea del salón está encuadrada por un alegre festón de tela, so- bre el cual las manos pri- morosas de Madama La- martine, aquella hermosa inglesa que se llamó Elisa Birch antes de unir su suerte a la del poeta. \ñ\\- taron delicados medallo- nes con retratos de hombres famosos. Desde la galería se o O e •o u u <« o. a w 3 cr O íC ü <8 ' .2 - =^!: •-. h.2- ■^5 .2? = ¿■Z 6 .-^ js r3 5 ■5 = '»;Ot^b£o— ■ .-3 C . = l> > 2< i"" J3 — u rt _ "^ ? ^ 0^ -3 i:^ -H-ár-5 ^^i J3 i' -' = ni y;_rt .- = c rt ^ -t; i I ■yj 3 u : n i a_.= r. — ■ " o rt p rt ;^ 3 rt *-* tr. rt " T- •3 2 ' ; — ^ rt = -^ ^ t^:5 _i; ni rs ^ ^ > ^— " ' ci c i - H yi 5 '£' -; c í «'S o -í M •/! i- " — 3 S í 2 " •= cr-G tí-; =_ _ ^ -í^tai 3- J5:3S -^ r!^ :í _ ,-;.2.S S5" ' B ^ r^ rt'-l,- 3,-0 ^ "^ J-C =^ "p~ ^ií j 9 c 1^ r: rt ^ L- £. n - -! . i !=''-t .2 O "-'"" 3 — -^ ; 2C1--; 5 > :J = .3 2 § 2 •■'J 1:1^1:^ ai 5 Vi rt >, t. •- rt — SELECTA — La Estampa Japonesa Es de origen relativamente moderno v dimana de los libros ilustrados. Los más antiguos que se conocen, datan del siglo XVI ; ])ero la estamjja no comienza hasta las iiostrinierias del XV'II. Torii Ki- yonobu ( 1664 - 1729). fundador de la rama de los Tori - i. fué el jirimero (¡ue hizo el tipo artístico de la estampa, que no era otra cosa en el fondo más que una ¡xigina suelta de un libro ilustrado, policromando a pincel los grabados. Fué hacia la mitad del siglo XV'II r cuando aparecieron los ])rimeros tra- bajos que pueden calificarse, con toda pro- ])iedad. de estampas coloridas, si bien su unión a un texto literario perduró durante la Oiikiyo - ve o escuela po]n)lar. de la que hablaremos más adelante. La verdadera estampa jajjonesa es un gra- bado xilográfico en colores. El artista hace un dibujo sobre i)a])el tran.siíarente, pegado sobre ■ una plancha de madera de cerezo : luego se hace el grabado en forma muy pa- recida a la occidental, tallando la madera en el .sentido de sus vetas. Esa talla se rea- liza después de haber calcado el dibujo so- bre la plancha en forma de incisión, me- diante un cuchillo. Este trabajo se repite tantas veces como tonos cromáticos ha de tener la estampa, al modo como hoy se procede en Occidente ])ara los tirajes cin- cográficos. mediante la rejietición de tantas planchas como colores haya de tener la es- tamiia o ilustración del libro. Grabadas las piezas de madera de cerezo (comijnniente de Sakura), se extiende el color en seco sobre cada ])lancha. y luego se ])one una ligera caoa de engrudo de arroz. La hoja de papel (muy esponjoso) se áulica sobre el grabado en niadera y con un disco se hace la impresión. El procedi- miento es de una gran sencillez mecánica; [¡ero exige nnicha habilidad v un senti- miento artístico muy delicado. Por eso las estampas iajjonesas no tienen la semiedad n^ecánica de que adolecen las de Occidente. Con frecuencia, cada artista tenia su gra- bador predilecto : ])ero el tiraje cronático se hacia baio la dirección del autor de la es- tamjia. El dibuio original (luedaba destruido después de hechos los grabados de las )ilan- chas de cerezo. .*. A 1-1 Oiikiyo - ye se debe el maravilloso arte de la estampa japonesa. Esta constituvó una derivación regeneradora de la pintura nipona, llabia ésta decaído en mi insii)ido academisnio en los sucesores de la escuela de Kano. La rama de los Korin ( fundada por el gran ¡lintor de lacas) i)udo salvarse de esa decadencia, pero confinándose su arte a la decoración de lacas v cerámica con flores y pájaros, arte muv diferente al li- terario y tradicional de los continuadores de Tosa y Kano. Pero en n^odo alguno la tendencia de los Korin hubiera salvado la ])intura japonesa de una decadencia mor- tal, si un grupo fie artistas no htd)iese bus- cado una orientación nueva, acudiendo di- rectamente a la vida jajíonesa. a los hechos sencillos y corrientes : pero con un espíritu de observación ] ¡sicológica (|ue lo apartó de todo realismo vulgar. -\ pe.sar de ello, e.sos artistas y su tendencia fueron ai^ellidados de vulgares. i)or el piiblico artístico del Jaiíón ; y esta fué la Oukixo - ve. en o¡)Osi- ción a las escuelas aristocráticas. La Oiikiyo - ye se toma como sinónimo de escuela vulgar o popular ; esto no es exacto; su significación es más amplía. Ed- nnmdo de (roncourt dio a conocer en Occi- dente su verdadero significado. Oitki, quiere decir lo que flota o está en movimiento ; yo, mundo : ye. dibujo ; así. puede tradu- cirse por expresión gráfica de todo lo (|ue vive o existe en el Mundo. Y este es líreci- samente el contenido de la inmensa labor de los artistas de la Oitkiyo - ye. Para ellos. nada fué improjjío del arte ; todos los he- chos, todos los seres y todas las cosas son susce])tibles de convertirse en tenas grá- ficos o pictóricos. Fueron las obras y los artistas de la Oii- kiyo - ye. los ((ue abrieron en el mundo oc- cidental la verdadera admiración ])or el arte japonés ; y cosa rara, a los europeos y americanos, y no a los jaijoneses. se debe la exaltación artística de los grandes méri- tos de esa escuela y de sus maestros. Con tal entusiasmo se tomaron sus obras. (|ue durante nnichos años se llegó a creer one el gran arte nijión y su desarrollo esplendo- roso estaba sólo en esta escuela. Concepto éste, muy falso, y que el conociniento de los trabajos antiguos puso de manifiesto, ])ues con ser de tm gran valor las obras de mi L'tamaro, un Hokusai. Tovokuní. Kuni- yosi. Hiroshighc. etc.. las obras antiguas son de una belleza insuperable. Edmundo Goncourt. Gonse. Bing. Duret. .\ry Renán y Barbouteau. en Francia: Os- ear Münsterbere. Hans Sporrv. entre los germanos ; y W. -\nderson. Fenollosa v Strange, entre los anglosajones ; son los (|ue han dado a conocer el admirable arte nipón en los i^aises de Occidente. Las colecciones de Goncourt. Hayashi. Gillot. Burtv. Du- ret. Guimet y .-\nvers. un buen número de exposiciones (hace pocos ailos una en Lon- dres y otra en París), y últimamente las publicaciones estupendas del Nipp'm Sliimbi Kvokaicai. SJiinihi Sliiiin. y Koka. en To- kio, han ido ]50])ularizando entre los euro- peos el arte maravilloso de la estampa v de la ]Mntura japonesa. L'n estudio un tanto deteJiido de la i)r¡- n'era. no cabe aquí. ]3ues su extensión seria excesiva i)ara los límites prudenciales que ha de tener todo trabajo de esta Revista. Rafael Domencch. El Encaje de Bruselas H\\ a])ren(lido esta labor en la misma ciudad de Bruselas. Fui con el deci- dido pro])ósito de trabajar en alguna de las imjiortautes fábricas allí estableci- das, para ¡lerfeccionar este arte v conse- guir que mis dibujos resultaran ejecutables. Pero en nniy poco estuvo (|ue mi viaje fuese inútil, ])orque las trabas (|ue en las esferas oficiales jjonen. son insu])erables. v las po- bres obreras belgas, con \\n patriotis'iio digno de la ma\or admiración, se resisten a enseñar su arte a los extranjeros, sa- biendo (|ue él constituye una de ¡as indus- trias más im])ortantes v florecientes de su país. Gracias al valioso a])Ovo del Ministro de b'siiaña. señor Merry del \'al. <|ue con todo interés me facilitó los medios nece.sarios, procurándome una jjersona que me ense- ñara, ])uedo ahora, también cx])lícar a mis lectoras la manera de hacer ese artístico en- caje, disjiuesta a desvanecer toda duda v aclarar cualquier concepto. Lo primero (|ue hay oue procurar ]>ara hacer bien el encaje de Brti.selas. es que el dibujo se tmeda dividir en pequeñas par- tes, de modo que al unirlas luego, se disi- n^ule la unión ; por ejemido : en un tallo, en el perfil de una flor o en el de un adorno. Esto es suma'T'ente necesario, siendo como es una labor larga : pues de otro modo, ade- más de ser muy incóniodo liara trabaiar, se arruga v desluce por mucho cuidado (|Ue se tenga. '^' hecha esta advertencia ]5revia- mente, ])aso a explicar la eiecución de las labores, torando ])or modelo un provecto de abanico. Dividido en trozos el dibujo inicial, se toma la jiarte que .se c|uiera confeccionar \- se observan en su ejecución las siguientes instrucciones : L'na vez terminados estos trozos, sin ha- cerles el festón del contorno, se deshilva- nan V en un dibujo comi)leto del abanico. también hecho en jiapel neero. se van colo- cando, cuidando de poner bien el encaje so- bre el dibujo, sujetándolo a él con ijuntadi- tas muv pequeñas co'no las oue se emplearon para colocar las mechitas en los perfiles de los trozos. Este dibuio final ha de estar ta-n- bién puesto sobre las dos franelas. Se lle- nan del iiunto que les corresponda los hue- cos (|uc ouedan. se festonean los perfiles v. últimamente, se termina haciendo el festón del contorno total del abanico, que jjodrá ser un ])oco más grueso que el de los per- files interiores. Hav riue recomendar con insistencia el planchado antes de cpiitar el trabajo del jia- pel. lo niismo en los trozos peipieños (|ue cuando está terminado por co'iipleto. Para hacer el sombreado de las alas se empiezan a trabajar ¡lor el sitio f|ue figura estar en sonibra, con puntos claros c|uc .se irán espe- sando a medida que se llega al borde. l".l dibuio se i)ica con un alfiler fino sobre lui papel negro satinado y flexible. Este papel se coloca hilvanado encima de dos telas <\? franela de algodón fina, v hecho esto, con una mechita de cuatro hilos se perfila el dibujo, sujetando esta nH'chita por medio de )5untos oue se irán metiendo por el ]ii- cado del dibujo. En seguida se llena de punto de tul más o menos tupido, a gusto de cada ejecutante. ]iara (|ue el dibujo tenga claroscuro y medias tintas ; luego se festo- nean los ])erfiles y se ¡ilancha por el revés antes de quitarlo del papel. Esta operación se hace muy fácilmente, separando con fuerza, pero con ciu'dado. las dos franelas. Aurora Gutiérrez Larrava. ,»iS2S2S2S2SílS2SasaSHSasa55SHS2SHS252S2S2SHS2SHS2SE5HSHS5S2SH52S2SHSHSHS2SHS"e» El Círculo c fiUiisiastas. (lan!a« v caballeros (listinguidisiinos. ¡lUe. eli- LMt'iido la primera Comisión Directiva, nombraron Pre- sidente al señor Real de Azúa. l'"n el segundo ])eriodo jiresidencial. ocupó ese alto cargo el caballero Rodolfo Sarda, y actualmente lo desem])eña con ¡¡ericia suma y absoluto benejdácito el señor Joaquín Serratosa. a c|uien acompañan en el cargo de \'ice])re- «£5H525íSHSHSHSHSHSíSHSaSHSHSHSHSHSHSiSHSHSH5HSHSBSHSE5aSESZSHSESaSZSZSZ5HSíSHSE52£ El g'ran árbol que adorna la entrada K aqiii una entidad (|ue, aun siendo de reciente fundación, tiene ya todos los prestigios más sa- neados y udiera exhibirlos la sociedad más re])re- sentativa. Ks un núcleo seU-ctisiuio. donde figuran niñas de alta figuración social y caballeros de arraigo en los más sa- neados circuios iinuulanos. N'o.sotros no conoci.amos el magnifico local (|Ue el C'ircido de Tennis iiosee en los l'ocitos. e invitados geii- tibrente ¡¡ara visitarlo, concurri ros y nos be;iios quedado maravillados. üe abi esta nota, interi-s.-nuísim.-i. i\\\c engalana dos de nuestras ])áginas. Coincidió nuestra \isila cou la realización de un gran torneo en el (jue tomaron p.irte tod(js los más bábiles jugadores perl;-necientes al Círculo. Llegamos. l'"I ¡lortalón de entrada se abre sobre la calle l'ereira. en los l'ocitos. Tbicación inmejorable, en l;i amplitud delicio.sa de la benro.sa barriada balnearia. \'imos maravillas. .\llí no se reúnen ya aficionailos : .son maestros los que evidencian pericia siuna en el manejo de la raf|Uela. I. os encuentros son interesantísimos, no sólo para el amateur, sino taudiiéii jiara el sím])le ]iro- fano. l'U aristocrático deporte se impone allí en toda su gallardía. ¿Cóiiio surgió este selecto centro de tennis? I'ues a im])nlsos del entusiasmo no acallado en ningún nmmcnto de sus fundadores, que lo fueron : el caballero l*,nric|ue Real de .\zúa y su cs])0sa. la señora María An- toniet.a Platero. Surgió la idea inicial de la constitución del Círcido y de inuH-diato se obtuvo !,i colaboración cb' un grupo de «aSE5aSSSíS25HSH5HSH525H5HSBSH5a52S2SHS2S2SH5asaSE5HS25HSa5ES25HSSSH5HSHS55'i¿ 5í-¿5HSHSH52SH5ESE5HS2SESH5ESESH5SSESE5E5ESE5HSESESHS2SHSHSESESSS55ÍL5HSHSHSH52S25ESES COMPONENTES DEL TORNEO DE PRIMAVERA Jt Señoras : Sara Fuentes d Señoritas : Margarita Heber Uriarte, María Inés de Arteaga, Estber Sufferi Nebcl Panelo> Julieta Puig Spangemberg, Dora, Fulvia y María Antonia Will Morales. Señores: Alberto Castells Caraií, Quinto Bonomi (hijo), Joaquín Serrat Castellanos, Alien O. Crocker, Alberto de Armas, Carlos Gar^ao Márquez, Sidí Segundo, Julio Arteaga, Gerardo Zorrilla de San Martín, C. Dawson, Horacio sidente el doctcn- José Pedro Segundo, en el de Secretario el señor Rodolfo Sarda, en el de Tesorero el ingeniero Juan José de .\rteaga v como Vocales los señores: .Alien (I. Crocker, Julio .\rteaga y (Juinto Honomi. A la Comisión Directiva aco;ii])aña y jjresta aún más brillo una Comisión de Honor cominiesta por las dis- tinguidas señoras: Sofía Stajano de .Serratosa, ,Sara Fuen- tes de Sarda, Celia Crosa de Peixoto. Plácid;\ Cibils de Pérez Butler, María Ingouville de Davie, María A. \'i- llegas de Pérez Butler y señoritas: Pulvia WíUinian. Ma- ría Trií^c /Ip Arf-faorp IVÍaroraritQ Tlplipr TTrinrtp v \1:irflT.n I óe Tennis ^JH5SSaSc5ESHSH5HS?SBSZ5HSBSZSZSESBS25H52S2S25SSB5E5?SH5HSESHSZSHSHS?.TESZ5í« .\nuibleim-nlL' f^uiadcjs rccurriiuds Imlo d Miiiplisiiiio (.■,imi)o (le dcpoi'tfs ocupado por c\ Circulo. I'",u esc sran pcrinu-tro de terreno se han hecho cinco canchas, dola- das (le todos los requisitos necesarios co ro para <|Uí' en ollas las gentil i simas justadoras v los expertos jugadores ¡luedan lucir ani])liauiente sus habilidades. Desde (iue se entra en el local ya se experi;ueiUa un;i El gran salón de te lüi la iirjfanización del " Circulo de 'l'ennis " se esta- blece en forma rigurosa (|Ue el inrnero de socios no jiuede exceder de J^o. 1.a aibnisión de los mismos está librada, sin a])elación. a la Co:uisión Directiva. (|uien decide hi -oücitud por sorteo. De esta suerte la selección i'S llevada a extremos riyir rosos. ^ ])or ello ad'uira la armonía (|Ue alli i:n])era. la distinción v cultura (|ue son las características de tíKlas las reuuiíiues. \' el cuidado (|iie ¡lor la dignidad del Círculo pone cada asoriadi). solidarizando la pro])ia estimación con la estimación i|Ue merece 1 i i-ntidad ante los extraño^ a ella. Xo vacilamos en atinrar. en cou.-.i'Cuencia. i|ue el Círctilo (le 'l'ennis es uno de los CL'Ulro^ más ciillos de l;i Re])úblic:i ; ejeii])l() de sociabilidad. e!e;;"aiUemente en- tendida, al ])ar (|iie elevada \ el'icaz realidad ])resti.y"iosa de ttna sana tendencia a la cultura l'isica. cuya ímpcjsicioii es necesaria en todas l:is esferas de la sociedad. Ivl ambiente es en absoluto encantador. ( )ra ju.^aiKlo al tennis, ora en amable caitsserie. o tomando mía laza de te. las damas \ caballeros (|ue iircstif^ian este Circulo, afir- man día a (lia v hora ])or hora la inii)orlaucia cultural de uria asociación (|ue nada tiene (|ue eiividi.ar a las niej(jr crsíanizadas del extranjero. May enuilación y reciprocidad enlre los asociados. 1*"1 ansia de realizar obra útil desoierta el estímulo y todos ])or ])rop¡a v valedera estimación buscan el res])eto ajeno para la institución de (|ue forman parle. 1""1 Circulo de Tennis tiene la aureola más brillante que IMidiera desear el centro más aristocrático v culto v su imposición en nuestro ambÍLUite es va abíolutan^enle de- finitiva. iS5HSESESHSHSESSSHS2SE5HSHS2SHS2SHEanS?5E5BS^S25ES2525¿SZSZ£:2SÍSt iSZSÍL52S?« / ¡BSSS25SSE5H5HSHSÍ5HSHSESZSZSESHSH5HSE5ESH5H5E5HSE5E5E5ZSHSHSHSE5S5H5ZSHSH5íi'a5ÍS5!« a Fuentes de Sarda, Mana Antoníeta Platero de Real de Aztia, Señora de Crocker, Iher Suffern, Florentina y Blanca Butler, María M. Villegas Márquez, María tttonia \7illiman, Sofía Suareí Blizen, Raquel Dufort y Alvarez, María M. González iquín Serratosa Cibiis, A. Beherens Hoffman, Gildo Parada Taranco, Carlos Stewart arquez, Sidney R. Buck, Enrique Real de Azúa, Alberto Heber Uri%rte, Jos¿ Pedro n, Horacio González Capurro, Arturo Williman, Enrique Lasala Alvarcz. amable impresión. L'n frondoso, un Mia,i;nífico " ,U("i- vern " os saluda y os atrae con una invilacióii a re]]osai bajo su follaje, en sombra amable. .\ la derecha del árbol se eleva el kiosUo de.>tinado a loilet de señoras v a la iz(|uierda una sala de espera. Cuando habíaiiKjs va visitado esas dependenci.as y nos había encantado el confort (|iie en ellas reina, nos (|ue- daba todavía la sorjíresa del gran .sakSn de te. alhajado con refinado buen gusto, am¡)lio. confortable, y donde con galantería exquisita se nos sirvió una taza de te, más sabroso y más preciado puesto que nos lo alcanzaron unas itaS2SHSH5cSHSH5cSHSHSdSHS2SBS?SBSH5HS2SH55S2S25HSHSHS5SH55SESHSa52S2SHS2idSi< £1 salón de espera — SELECTA — Un brasileño ilustre Hl{ aqui otro amcricaiu) iUistri'. üiierrero. político, |)ensad()r, el ¡{t'iieral Manuel Luis O.sorio llena con su extraordinaria ¡jerso- nali lad toda una larga época de la historia del Brasil. I'\ié uro (le aquellos varones ^in tacha, que C"niril)uyeri)n con todo lo más puro, lo mp.s no- ble, lo más elevadf» de sus individualidades a formar el carácter americano, a darnos una fi- sonomía jtropia. desentrañando elementos de ]jro- líreso \ (íe ci\ilización del estado caótico en que «luecló el continente después tlel añti 1810. líl general Osorio "sustancia el alma riogran- dense y la ct)Ticiencia poi>ular y militar (le su liemiio" — dice con mucha ]>ropiedad uno de sus biógrafos. Perteneció a la aiiti.gua y gloriosa generación brasileña. l-'.l 10 de Mayo de 180S nació el (pie fué des- pués una de las primeras personalidades del Brasil, en Concepción de los .-\rroyos. villa de \\\.> Grande del Sur. siendo su padre el teniente ccironel Manuel Luiz y su madre doña .\na loa(piina Osorio, descendiente de la antigua no- bleza española de los Osorios. "1.a familia de los Osorios — dice el vizconde Sánchez de Baena — es una de las más antiguas e ilustres de ICspaña. Tiene su origen en el Conde don Gutierre Osorio. del tiempo del Rev de Oviedo Maure.gato. cuyo hijo el Conde LJ. Osorio. fué a residir en Portugal y se supone (|ue sus descendientes dejaron esc apellido por otro, como se observa en el Conde D, Pedro hermano del Conde Gutierre." I-"l autor Antonio de \'illas - Boas e Sampayo a.iírega ; "Proceden los Osorios. del Conde ü. Osorio de Campos en el reinado de Alfonso VI. Kn el escudo figuran (los lobos de color púri)ura en campf» (le 1 tro. I,a vida del .general O^irio es de esas (pie no pueden sintetizarse sin verdadera extorsión para el deseo y el entusiasmo del (pie escribe. Sólo con fechas. ])ara él gloriosas, se llena- ría un vfdnmen De modo (pie no tenemos más remedio (pie ir directamente a los puntos calílla- les de esa e.xistencia. 10 .general O-orio tomó parte en las campa- ña~ militares de la Independencia del Brasil, en 61 ecmralin. cosorio Mariscal Manuel Luis Osorio Márquez de Herval Vd Cisplatiiia, en la (k* Kio GraiHlo del Sj.ir en lH^^ hasta el 4S. ditiule se le otorgó la eonde- coración de del Cruzeiro, en la Provincias Uni- das del Plata contra Rosas en 1852, en la de nuestro país en 1864 y finalmente en la del Pa- raguay contra Lói)ez. l'ji todas estas campañas tan llenas de jor- nadas gloriosas con(|uistó el general Osorio gran- des merecimientos y honores, condecoraciones y ascensos, jior su bravura, por su pericia pur su heroísmo. I{n la gran campaña del Paragua\- tomó i>arti- (.-•pación activísima como general en jefe del Ejér- cito Hrasileño. al cual organizó, dio una completa di^ciidina y condujo a la victoria. hji Julio de 1865 fué elevado por su admirable cimducta a \íariscal de Campo, y a Teniente Oe- neral el 1." de Julio de 1867. \ sin embargo, el guerrero indoiuable, el hom- bre que crecía en la acción, que se agigantaba a impulsos de su arrojo, dijo en cierta memo- rable ocasión, que su "mayor disgusto era ver a su patria en lucha, y encontrarse en el cam]¡o (le batalla, y que sería su más feliz jornada a(|uc- 11a en (|ne le dieran la noticia de tjue los ]>uebl(»s — por lo menos los civilizados — festejaban >u confraternidad, quemando sus arsenales. ¡ Admirables (¡alabras de concordia, de juicio \ de humanidad en un hombre (|ue se había batido como un león en cien combates ! Todos los grandes americanos de su tiempo tuvieron admiración y lionda estima ])or el gene- ral Osorio. Kl general Mitre tiene estas frases concluyen- tes para elogiar su actuación en la guerra del Paraguay : "La figura del general Osorio en la campaña del Paraguay, es una de las más grandes y más simpáticas de los tres Ejércitos Aliados; y poi in que a mí respecta, debo declarar que tuve en él, al mejor compañero de trabajos, y al más eficaz cooperador, desde que atravesó el Uru- guay en el Juqueri. hasta que se retiró por en- fermedad, y entregó el mando del Ejército Bra- silero al general Polidoro. "La comi-ort ación del general Osorio en el Paso del Paraná, fué heroica y hábil. cum])lien(lo las instrucciones act>rdadas por mí en la Junta de Guerra que lo precedió, a la cabeza de diez mil soldados del Imperio, diciéudole al tíemi)o de embarcarse con sus tropas, (|ue le coufial)a la más importante y decisiva operación de la campaña, en la seguridad íle (|ue la desemjjeña- ria con la audacia y la prudencia (pie caracterí- ::aban su genio militar. "'I'ji las batallas del 2 y del 24 de Mayo, su comportación como general y como soldado, fué brillante, especialmente en la segunda, donde acreditó dotes de mando en el momento de la acción, con verdaderas inspiraciones de! nio- mento. reparando con admirable presencia de es))íritu, los contrastes ([ue sufrieron los de la primera linea, y completando la victoria del ilía. con un golpe decisivo, en que él valerosamente pagó con su persona, infundiendo en los solda- dos su ardor, que desde entonces lo constituyó en ídolo de ellos. "Desde ese día, el general Osorio. fué un ver- dadero numen guerrero para los soldados hrasi- En los campos de batalla, en «I Para- guay se abrió una suscripción, al con- cluirse la (guerra, con objeto de comprar una csoada de honor al general Osorio. La colecta se h;zo en su totalidad en monedas de oro y el encarga- do de esa tarea y de hacer confeccionar la espada, ordenó que esas monedas fuesen fundidas y con ellas s< hiciese la empu- ñadura, aplicaciones de la banda, hebilla del cinturór., etc. La espada es una verda- dera obra de arte rea- lizada por el reputa- do artífice Manuel Joaquín Valentín. Fué avaluada, en el momento de ser terminada, en veinte contos. El pomo tie- ne en un extremo una cabeza de león; en «1 centro, (trabajo de esmalte) la siguiente leyenda "El ejercito al bravo Osorio". En la cruz que está cua- jada de brillanteii tie- ne un dragón. En una placa de esmalte puesta en la empu- ñadura parece el hé- roe dirigiendo una batalla, en el otro la- do otra placa con esta inscripción: ''Campa- ña del Paraguay" La vaina, que es una gran obra de cince- lado, está llena de ornamentos y figu- ras, y nombres de las batallas donde actuó el ilustre general. — SELECTA — Icros, cuya sola vista les infundía entusiasmo y confianza: y esta gloriosa aureola de popu- laridad militar, lo acompañó hasta que fué he- rido en Avahy. donde decidió igualmente la victoria, por una hábil maniobra, concebida por él. "'A estas grandes dotes militares, el general Osorio unía un nobilísimo y franco carácter que lo hacia amar de sus compañeros de armas, tanto cuanto era querido de sus soldados. "'El Imperio no ha tenido jamás un general que haya sabido inspirar a sus trüi)as un espí- ritu más heroico. Con él a su cabeza los soldados eran invencibles. ''Era un verdadero héroe en toda la extensión de la palabra, y poseía, además, cualidades de mando en jefe que lo colocan en ])rimera linea entre sus contemporáneos. "Poseía, además, otra cualidad simpática, y era la modestia. \'o se enorgullecía con sus triun- fos, y más bien, eclipsal)a en ella su proi>io mé- rito, para hacer resaltar el de sus compañeros de glorias y fatigas." En el combate de Avahy el general Osorio fué Jierido de iiala en la cara. Por su arrojo, ])ür su bravura pagó este cruel tributo de sangre. Por un tiempo abandonó ei ejército, para curarse, pero reclamados sus servicios en el campo de acción. el Emperador le pidió que fuera — aún sufriente — a ponerse al frente de las tropas. Era el ídolo del ejército brasileño y sin él parecía que faltaba el espíritu de las valerosas legiones. Volvió al Paraguay por via del Plata y en Buenos Aires se le rindieron entonces imponentes lionienajes. En un gran banquete que la colonia brasileña le ofreció, asistieron todos los miem- bros de! Gobierno y elevados jefes y oficiales del ICjército Aliado. 1^1 pueblo participó en el gran- dioso homenaje ovacionando al general O.-orio. Después que habló el Ministro del Brasil, se- ñor Paranhos, habló el Presidente argentino Sar- miento. V dijo : ' ' Señores : Os agradezco el alto honor que me habéis hecho. El general Osorio, el valiente ofi- cial que está a mi lado, no es un desconocido en esta República: su nombre figura en algunas de las más memorables batallas libradas en pro de la libertad de este país; él luchó con nosotros por echar abajo la tiranía que por tan largo tiempo afligió esta Xación, y con él fuimos vic- toriosos. Si reyes y emperadores pueden conde- corar a este héroe con títulos y distinciones, yo, como el representante del pueblo argentino, le doy el único título que está a nuestra disposición, !a única señal de distinción que la Xación puede conferir: le ofrezco la ciudadanía de la Rejiú- blica Argentina : ' ' Estas ])alabras de Sarmiento snn una venladera consagración. En otro gran banquete que en aquella oportu- nidad le ofrecieron los generales Mitre y Gelly y Obes. el jefe de los Ejércitos Aliados pronun- ció estas palabras: Señores ; En el aniversario de la grande v memorable batalla de la guerra del Paraguay, en que el ejército del enemi- go fué vencido, colocando los Aliados, sobre sus ca- bezas, la tripla corona de ia victoria, unos cuantos amigos. intérj)retes de los -•sentimientos de todo ar- gentino, i)ensaron ofrecer ai general Osorio un tri- buto de ai)rec¡o y lo hacen en el momento en que este valiente soldado, nuestro ilustre huésped de esta no- clie. vuelve con sus heri- das todavía sin sanar, al campo de sus glorías ante- riores, en busca de nuevas fatigas y peligros, dando asi una prueba fehaciente de ]>atrÍolismo, abnegación y fuerza de ánimo. Estoy seguro que ustedes profe- san los mismos sentimien- tos que yo, y que se ad- hieren a esta manifesta- ción todos los argentinos a quienes su nombre es po- pular en todos los vastos territorios de nuestra Re- pública. Todos sus comiia- triotas aquí ])resentes se adhieren desde el fondo de su alma, representando, co- mo lo hacen al pueblo bra- silero que tanto quiere y tanto admira el nombre de Osorio. Sus compañeros de armas de la campaña paraguaya, presentes aquí, harán lo mismo, pues ha- biendo sido testigos de sus acciones y de su constan- cia en medio del peligro V de las dificultades, pue- den juzgar mejor que na- die sus méritos trascen- dentales y estimarlos do- blemente hoy. cuando lo ven levantar en sus manos embebidas en la sangre que todavía sale de sus heridas, las ])almas inmortales de la victoria. Invito a cada uno de los presentes a beber a la salud en primer lugar del comandante Osorio. del noble y generoso amigo de los argen- tinos que ahora están por retribuirle su hospita- lidad: a beber a la salud del coronel Osorio. del valiente jinete de Monte Caseros, que. a la jiar de los argentinos, ayudó a romper con su espada las cadenas de veinte años de tiranía, y entró triunfante por las calles de Buenos Aires como un libertador y como un hermano; a brindar i>or Estatua ecue Placa puesta al pie de la estatua del general por una delegación del gobierno de nuestro país stre del Mariscal Osario, en Río Janeiro el general O.sorio, el general del tratado que sello con su sangre generosa esos documentos en los campos de batalla, consolidantl-o la amistad de tres pueblos y la hermandad dt- tre> ejércitos y finalmente a brindar por nuestro ilustre huésped, nuestro amigo y compañero que está por empren- der, con sus heridas todavía abiertas, con su he- roica espada en la mano, su ke[)í coronado con laureles imperecederos y con su corazón magná- nimo que bate como un tambor contra su pecho, "o forte peiífí ' ", " siii ])avor ". como dice el in- mortal poeta lusitano. ¡Salud al gran Osorio!". Ea actuación del general Osorio en la campaña contra Rosas, que terminó con la victoria de Ca- seros para el ejército del general Urquiza. fué tan lucida, tan generosa, tan admirable como todas las que antes y después cumpliera. Xada mejor a este respecto que transcribir una comunicación del ilustre general argentino La Madrid, que dice: "Cábeme asimismo la satisfacción de haber en !a última carga que di con la División o Regi- miento Brasileiro del Teniente Coronel Osorio sobre los últimos restos de la infantería del ti- rano, haberles obligado al abandono de dos obu- ses y tres o cuatro cañones, con que .se dirigían haciéndonos fuego más allá de Morón, etc., etc. En fin, la divisa del general Osorio era exac- tamente la misma que usara el famoso general Hoche. de la Revolución Erancesa : ' ' Acta non verba"'. Hechos y no palabras. Su fuerza de voluntad, sus actividades múlti- ples han dejado rasgos memorables, tanto en la carrera civil como en la militar. La vida de este ilustre general, guerrero in- trépido y sin desmayos, pohtico. estadista y ciu- dadano integérrimo es una inmensa sucesión de episodios brillantes, de jornadas épicas. A una edad avanzada, el 4 de Octubre de 1879 siendo Ministro de la Guerra el mariscal Oso- rio falleció en Rio de Janeiro, causando su muerte un duelo general. Grandes homenajes fueron tributados a! ex- tinto. La señora doña Manuela Osorio Mascarenhas. hija del general, es hoy la depositaría de las re- liquias del héroe: y a la gentileza del caballero señor C. Osorio Mascarenhas de!>emos la publi- cación de estas páginas de gran valor histórico, en momentos en que Sud - America se entrega a los más francos y más hermosos actos de con- fraternidad. — SELECTA - La Señora que no tenía perro y llevaba perro . . . Hace unos días un hecho semejante al que se relata a continuación* ocurrió en la calle Sarandí, siendo la prota- gonista una distinguida dama. UXA mañana de sol, a las doce, y cuando está en todo su esplendor el l)aseo que los elegantes han organi- za()las. (|iie (|uieren ir solas y que. ademas, -e .-¡aben acomi)añar ])or (|uien les evitará cual(|uier menuda im])ertinencia. aunque ese quien sea de tan ínfima condición co.iio im lacayo. C laro es (pie ese desprecio ])or los laca- \cis. jóvenes v buenos n;ozos, tiene sus exce])CÍones. . . pero atpií hablamos de la regla general. ^ dichas estas palabras, a guisa de ante- cedente, vayamos ya a la verídica historia (|ue me ])ropongo referir, y que no es me- nos trascenilental (|ue las dos columnas del periódico con la lista de los regalos y la descri])ción de la canastilla de I'ejiita .Me- rrivolis. (pie se va a casar con el joven .\n- dresito N'olismeri. hijo segundo del mar- qués de l'atatier. y aprovechado alumno del preparatori(j de Derecho. . . y en la cual lista aparecen no sé cuántos encajes de Chantilly y unas cuantas cajas de marrons V otras dulcísimas menudencias por el es- tilo, todas igualmente dignas de ser refcri- (la> con ])rolijo detalle. Coniii decíamos, iba la distinguida dama |>aseando por la Castellana, a las doce de un (lia de sol en invierno, cuando tuvo (pie detenerse un instante para dejar que atrave- saran unos coches (pie bajaban de las boca- calles laterales hacía el centro del jiaseo. .\(piel momento de ¡¡arada fué fatal para l;i (lama. ]>ues lo aprovechó incorrectamente un i)errito callejero, (pie ya hacía rato ve- nia fascinado por el magnifico abrigo de nutria, para alzar la patita y con toda la indelicadeza posible dejar en el borde del abrigo señales ine(piívocas del objeto e in- tención con (pie el susodicho |)erro había alzado la susodicha pata. . . Como el des:rán se realizó a espaldas de la dama, no jpudo ella enterarse y continuó impertérrita su camino, con la natural nia- jt^tad ipie su arrogante figura le ])restaba. I*"l lacavo vio el lance com|>leto. i)ero te- meroso de (pie le rejiredieran por no haber acudido a tiempo para evitarlo, optó por ca- llarse, dejando al tiempo y al aire (pie disi- ]>aran las pruebas de la canina felonía. Buena idea era . . . pero, desgraciadamente. l>or el paseo andaban otros canes, y pronto íes llegaron a sus finas narices los efluvios ^ Cuenfos propios ^ ajenos de aquella emanación, ajena a la nutria \>y\- mitiva, pero (pie la nutria actual exhalaba persistentemente. . . lis lev fisiolt)gíca e imperativa, a cada ob- jeto que les llama la atención, que el gato saque las uñas, (pie la liebre aguce las ore- jas y que el ¡)erro vaya a olerlo. Cumpliendo, pues, su ley de naturaleza, los canes del paseo em|)ezaron la ronda en torno de aquel abrigo (pie indudablei'ente llevaba un ])erro dentro. . . .Mientras se trataba de enterarse i)erruna- mente. es decir, de oler nada más, no iba iral el asunto. . . Pero los perros tienen la cortesía ... — supongo yo (pie será corte- sía. . . — (le alzar la patita en donde otro coiH])añero la alzó también con anteriori- dad... V con fruto. ^' jicrsiguiendo su no- ble fin de realizar el acostumbrado home- naje, los |)erros. . . — tres nada más. . . — rodeaban insistentemente a la buena señora, ¡pie. al principio, se conformaba con decir- les: ¡Marcha, chucho!, ¡¡ero con voz tan baja y ade.ranes tan quedos (pie el chucho no se enteraba de la orden, y al fin ya, mo- lestada por la insistencia, se paró en firme y llamó con una seña al lacayo. Los ¡¡crros. al verla ¡¡arada, creyeron (pie era una amabilidad de la señora paia (juc realizaran cómodamente sus ¡¡ro¡)ósitos. y ;i ello .se ¡ire¡¡araron alzando a la vez sus tres patitas resjjectivas. Pero la señora, ho- .rrorizada. dio entonces unos cuantos chilli- Idos de verdad. . . de verismo, como se dice ahora, y los perros se ajiartaron un ¡i. co. — ¡ Kche usted a esos perros. To;;iás!... Pero cuando Tomás corría tras de uno. los otros dos se a¡¡roxÍ!iiabaii. La gente ¡la- rábase ])ara contem¡)Iar la escena y la se- ñora, avergonzada del es¡)ectáciilo, decidió refugiarse y huir en el automóvil. Defen- dida ]ior el lacayo, ¡¡udo ¡lor fin librarse del asedio ¡¡crruno. Subió el lacavo al auto v dio la orden (le dirección al mecánico. Los ¡lerros com¡-)ren(lieron rpie se (pu-'a- ban ya sin realizar su cortesía en donde deseaban : ¡lero ¡¡ara que no se malograra todo, ¡lor tácito acuerdo levantaron sus tres ¡latitas res¡5ectivas sobre un neumático. . . Lo (|ue dice el refrán : del lobo un ¡¡elo. . . O sea. del automóvil un neumático. Kl lacayo, al contarlo en la cocina, ladraba de risa v de gozo. . . Manuel IJiiarcs Rii'cí. Mis pascuas "\ JO estaba sol(¡, soñando. Sie npre sueño. Y Mi vida es hecha de (¡uimeras. Un rayo de luna traz('¡ un ¡¡uente brillante, entre mi cuarto y el cielo, l'or ese ¡¡tiente de luz viniste tú a hacerme la visita de No- che Buena. Vo alfombré de flores el cuarto y se llenó de aromas ca¡¡itosos. Pulsé la lira y mis versos, des¡¡legando sus alas armo- niosas, ¡¡oblaron el es¡iacio de mtisicas di- vinas. Rl ángel de mi guarda .se alejó al verte. Dios le reprendió, porque asi descuida a sus elegidos. Y el ángel le repu.so : suaves ¡¡or mi frente el corazón enrojecido — Señor, si yo le he abandonado, otro ángel de amor le acom¡)aña. Cuando tus pies hollaron mis rosas, no su¡¡e distinguir los unos de las otras. Tan iguales eran. — Aquí estoy. — Te esperaba. — ¿ Dormías ? — Pen.saba en tí. — Poeta. . . — ¿Qué me traes? — Ilusiones. Y pasastes tus mano ardorosa. — .\mores. ^' nx' enseñastes de ¡¡asiones. — (^dorias. Y me ¡¡rometistes el laurel simbólico que convierte en héroes a los hombres. — Placeres. "S' me envolviste en tu juventud. — Deseos. ^ me ofrecistes tus labios lujuriosos. — ¡ La vida, mi ¡"¡oeta ! — ¡Oh! sí; dame la vida, esa vida (pie ¡¡rodigan tus manos, que ¡5al¡¡ita en tu co- razéüi, (¡ue hierve en tus venas, que es- ¡¡leiide en tu juventud y estalla en tus besos ! ¡ (^h ! sí, muda, reina y mujer, (¡ue es de- cirlo todo, por(¡ue en tí está la ¡¡oesía, la gloria y la vida ! h'.ntonces nuestras bocas se encontraron y Dios quitó el ¡¡líente de luz lunar, ¡¡ara (¡ue n(¡ volviera el ángel de mi guarda v til ¡lasaras conmigo la Xoche Buena. * * * L.\ muñeca me esperaba. Lo comprendí en la incontenida alegría (¡ue decoró su carita de rosa y azucena. ¡ yué iiermosa es mi muñeca cuando .sonríe! Pa- rece que en el cielo de sus ¡5u¡5Ílas brillaran todas las estrellas del ensueño y en la grana de su boi¡uita florecieran todos los clave- les del deseo. Xo sé qué ¡ponderar más : si la fulgencia misteriosa de sus ojos o la ¡)ur¡¡iirea eclosión de sus labios. Una y otra me cautivan. Ella lo sabe, pero finge des- conocerlo ¡¡ara obligarme a re¡¡etírselo. Y yo lo callo, como un secreto, ¡¡ara (|iie son- ría cada vez (¡ue la miro. — Estoy .sola. — Lo sé. — ¿ Cómo ? — Porque, al igual que al caer una piedra sobre las tranquilas aguas de un lago, he turbado la serenidad de tu alma con mi ¡¡resencia. — ¿Quién te lo ha dicho? — \',\ rubor de tus mejillas y la vibración (le tu cuerpo. — Estaba triste. — Lo he leído en tus miradas. — ¿Eres brujo? — Soy un enamorado. — Mechicero del corazón, ¡¡a.sa, que la iáni¡¡ara del amor no fué encendida en mi alcoba. Ven ; consuela a esta desdichada muñeca que llora su libertad y muere en la ¡¡risión de un hogar sin ilusiones. Dime : ¿qué hay en la cima de a([uella montaña azul, que ire obsesiona y me atrae? — ¿ No lo sabes ? — Mi señor, a quien le he ¡¡reguntado, lo ignora. — Xo te coni¡¡ren(le tu señor. — - Dices bien. . — .Mlí vive la Felicidad. Hacía ella voy y llegaré, porque tu recuerdo me acom¡iaña. — ¡Oh! llévame contigo. Hazme cono- cer la felicidad y me devuelves la vida. La tomé en mis brazos y en alas de un beso escalamos la montaña azul que la atraía. Pnustiiw M. Tcyscra. — SELECTA Hl'', aquí lina institución (|uc honra al pai.s y (le cuyos beneficios se ha tenido anii)lisinia prueba en algttnos años de finicionamiento. líl Circulo de Bellas Artes suri^ió coiuo una cristalización casi inesperada de entti- siasnios nobiüsinios y de ansias culturales, extrañas entonces en nuestro ambiente, aun hoy fuera de las inclinaciones generales. ])ero, cojí tesón y buena voluntad los (|ue lo iniciaron lo han mantenido, los que llegaron desiniés sumaron esfuerzos ])ara engrande- cerlo y hoy, teniendo cariz oficial, es nues- tra i)riuiera institución artística, ."^e instituyeron clases nocturnas, se llamó al seno de l;i flamante academia de pintura, de escultura y de dibujo, a todos los (|Ue descar.an dar a sus mentalidades sana orien- tación y asi pudo funcionar en sus comien- zos el Circulo. Carlos Maria Herrera, com])letó la obra u.o sólo con el inatacable ])restigio artístico de su nombre, sino también con su sereno y consciente amor al .\rte y luchó desinte- resadamente y con entusiasmo ])atriótico hasta hacer del Círculo una institución se- ria, sana y e iiínentc, l*ué dura y larga la lucha jiero por fin la victori;i merecida coronó tantos inteligen- les afanes. rincón délos recuerdos, donde se hallan dos bustos, uno de Carlos M.[Herrcra y otro de Juan Ferrari Kl C.obierno fijó su vista ])aternal en esta meritoria y ])atriótica labor, y decidió acor- dar al Círculo una subvención que le da base inconmovible. Hoy el Circulo es el centro luás alto de la educación artística con (|ue cuenta la Re- pública y son grandes v nniv valiosos los resultados (|Ue con él se han obtenido. .\ su frente se halla la mentalidad ro- busta y la firmeza oncrse a la vez. resultando la corona l)Ianca. (|ue era más alta, dentro (le la roja i)ero sobresaliendo. Ksta doble corona constituía el pos(|uet. y los elemen- tos (|iie la componían simbolizaban los atri- butos solares inherentes a la prerrogativa real. Ksta razón ex])lica que en los monu- u'entos figurados aiiarezcan algunas divi- niil.'ides. como Osiris. con tma de estas dos coronas o con la doble corona. i)ucs viene ;i ser en estas imágenes un signo de sobe- r;ini;i. Fuera de esto, los egijicios acostum- braban a ceñir las cabezas a los difuntos con coronas de paja, de las cuales se han recogido algunas en las tumbas: estas co- ron.-is fi'inebros eran una investidura del .itributo divino, llamado verdad de la ])a- labra. iiue conferia a los difuntos el ca])i- (ulo W'IH le liojila de oro o de ])Iata. Los romanos llamaban a estas coronas " inanratas " o " inargentatas ". Kn (irecia fui; nniv conún el uso de las coro- nas (le oro; en los inventarios de los obje- tos consagrados en el P.artenón de .\tenas se hace mención de nuichas. y de más de ciento en los del templo de Delfos. Xo sólo (le oro. sino de piedras preciosas, se ador- narf)n las coronas, imitándose en ellas el follaje. V las coronas llamadas "estófanos" estaban exornadas con relieves, perlas o pedrería. Corona de San Fduardo. I-a primitiva corona fué destruida en el Commonwcalth habiéndose hecho una nueva para la coronación de Carlos II. La Corona Imperial usada por la Reina Victoria. La piedra grande del centro es el famoso rubí llamado Blachprince. Se ]e hicieron algunas mo- dificaciones cuando la coronación de Eduardo VII, habiérdo.se sustituido el brillante Cultivan por un záfiro. -*■ La Corona de la Reina Alejandra, con el famosí- simo y valiosísimo brillante "Koh-i-Noor". .Xdeinás se decoraban la'i!bii.'U con figu- ras de bulto redondo, bji el .\ti(|ii;iriuin de .Munich se conserva una ])rc-ciosa corona de oro. h.allada en una tumba de la Italia meridional, (|ue tiene entre el follaje, en la parte ;dta. una figura en pie. Domiciano ¡iresidia los jue,gos c;q)itolin(is teniendo puesta una corona adornada con las figuras de jiiiiiler. Juno y .Minerva; detrás de ¿\ se ])onían el flamen dialis. y el .gran sacerdote de la familia de los b'la- vios con coronas (|ue ostentaban la imagen del KmiJerador. Las treinta v tres coro- nas de ]ierlas llevadas en el triunfo de l'om- I)eyo muestran hasta dónde ¡¡redominó en el mundo clásico el lujo asiático. Los ro- manos usaron muchas de cintas o vendas bordadas de iicdrería y at'in de hoj-is de oro estampadas, cuyos extremos flotaban sobre el cuello y los hombros v (|ne vino a ser un atributo im]K'rial a ¡xirtir de Cons- tantino. l>*n cuanto al uso de las coronas v su antigüedad, diremos (|ue la edad heroica de la Grecia no i)arece haber conocido la corona, con una simple rama se ofrendaba a los dioses, y muchas veces se ceñía la ca- beza, sujetándola con una cinta o venda ro;ro lo demuestran l;is iiinturas de los va- sos. Xo es posible fijar con exactitud la ('•poca en i|ue comenzaron los griegos a llevar coronas en los sacrificios v otras ccren'onias del culto, pero esta costmnbre era muy antigua y en los monumentos del siglo sexto como en vasos pintados de es- tilo asiático, se ven ya coronas de r:'])re- sentaciones de sacrificios. Las coronas con inie se adornaban en un ])rincii)io las esta- tuas de los dioses, debieron ser de hojas v frutos naturales. (|ue variaban según el ca- rácter de la ceremonia y el de la divinidad. Kn todas las fiestas de los dioses, tanto los adoradores co;no los sacerdotes v sa- cerdotisas, se ])resental)an coronados. Los ma.gistrados de algunas repúblicas grie.gas llevaban coronas. Las coronas de los sacerdotes parece (|ue estaban adornadas con in\á,genes de los dio- ses ; las victimas de los sacrificios se con- ducian al altar coronadas de flores, v lo mismo los va.sos y cestas. TambicMi se co- ronaba el edificio en (|iie tenían efecto las ceremonias. Tor igual modo fué costumbre ])oner coronas a las naves cuando tomaban parte en alguna cerenioni;i religiosa, como, por ejemi)lo. la galera salaminiana (|ue anualmente llevaba a Délos la ])rocesión en recuerdo de Teseo y el barco (|ue llevó a Roma el ídolo de Cibeles obtenido del rey -\tt;da. l'or la relación (|ue e.xistiii entre el culto de los dioses y el misterio (|Ue rodeaba los nniertos, se hizo mucho uso de las co- ronas en los funerales. Kn Grecia, coino en b'gipto. se coronaba a los difuntos, costum- bre (|ue. según Clemente de .Mejandría, te- nía ori,gen fabuloso, Luciano dice, jior otra ])arte, (|ue se coron.aba a los difuntos para amortiguar el mal olor, pero la corona fú- nebre era a la vez un di.stintivo honroso y un símbolo religioso, ¡mes (|ue estaba con- siderada como atributo divino y a los muer- tos se les divinizaba, .Xdeinás, la costumbre de depositar coronas en las tumbas viene de la antigüedad, pues cuando .\u.gusto visitó el mausoleo de .\lejandro deiiositó allí una corona de oro. K,n las exe(|uias del rey la- tino Xuma figuraron coronas, y la ley de las Doce Tablas autorizó las coronas fune- rarias. Kn las pompas fúnebres de Sila se — SELECTA — llevaron dos mil coronas de oro. Las coronas funerarias eran generalmente de mirto, y también se enijileó la rosa, el jacinto. l:i violeta, etc. Las coronas que se depositaban en las tmnbas no eran sólo ofrendas a los n-anes de! muerto, sino ta'iibién las (|ne éste babia recibido en vida como reconi])en- sas. Rn los ban(|netcs fúnebres s:- corona- ban las jiiezas de la vajilla, y lo mismo se ba- cia en los l)aiii|iietes con qne se solemniza- ban faustos aconteci- uMentos. La corona del b:'be- (lor tuvo niucbi i n])or- lancia en la antií^ücdad. y se ceiTla a cada con- vidado cuando se iba a bacer el segundo s^'r- vicio de la comida ; sin duda ])or esto la coro- na estuvo mirada en cierta época co:iio un signo de inteui])erancia. l'na misma ¡¡ersona so- lía reunir basta tres de estas coronas ; una ro- derula al cuello a fin de (|ue el perftime de las flores fuera más ])er- ceptible. y las otras dos en la cabeza, lista cos- tumbre fué común a griegos, etruscos y ro- manos. La costtimbre de ceñirse coronas en los banquetes se gene- ralizó, y decían los an- tiguos (|ue la corona puesta en la cabeza ])re- servaba de la embria- guez. i)or la acción re- frescante o astringente de sus perfumes, bji otras ceremonias priva- das o i)úblicas se ein- ])learon las coronas co- iro simbolo de regoci- jo : una de olivo jiuesta sobre la ¡nierta (le una casa, indicaba que allí babia nacido un bijo varón. En las jjínturas [le los vasos se ve a los amantes ofreciendo co- ronas a sus jirometidas. como símbolo de hinie- iieo. La personificación de éste llevaba una co- rona en la cabeza y otra en la iiiano. y en las bodas no sólo ceñían co- rona las cabezas de los des])Osados, sino las de todos los asistentes a la ceremonia. La que en Ko'.va llevaba la es])osa era de flores y hierbas cogidas ])or ella jiiisma. La corona nu])cial fué, tanto en (irecia como en Roma, un símbolo religioso. «— — — — — — »— Los romanos no se ponían coronas fuera de los dias en que la religión los autorizaba, esiiecialmente en las fiestas de divinidades que presidian la fe- ctindidad. Como signo de regocijo se ci- ñeron coronas los antiguos en varias cir- cunstancias, siempre que la celebración tu- viera carácter religioso. Los es])artanos se ciñeron coronas cuando vencieron a los ate- nienses en Egos Potamos. Por último, todo mensajero de buenas nuevas, con ocasión de los sacrificios ofrecidos a los dioses, ceñían una corona. Las coronas como recom])ensas se concedieron desde remota antigüedad, en un ])eriodo cuyo coinienzo se fija en el año 582 antes de J. C, a los vencedores de los grandes juegos de Olimpia, y en los concur- sos de Delfos. de Xe nea y de Lstmo. .\ntes de la fecha .sólo se roducción ofrece- mos en esta jjágina. |)crteneció a la distin- Candelabro antiguo de plata cincelada propiedad del señor Alberto Heber Uriarte. guida señora doña Sofía Usher de Sollos.so y fué un obsequio que le hiciera el gobierno imperial en un viaje que realizó dicha dama en compañía de su esposo cd almirante So- llosso. Hoy esa verdadera joya, de cuyo valor es obvio hacer mención, se halla en poder de la señora Blanca L'sher de Heber Uriarte. Completa la parte gráfica de esta ])ágina un candelabro de plata maciza, que perte- neció a la matrona Clara Errastpiin de Jack- son y es hoy ])ropieda(l del señor Alberto Heber Uriarte. Es una magnífica pieza de é])oca. donde no se sabe (|ué admirar más. si la finura del cincelado o la elegancia majestuosa del con- junto. Ante ima de estas maravillas de .Museo vuelve uno la imaginación al ])asado y contempla aquellas regias estancias de antaño en las (|ue esos candelabros daban majestad a una consola o a una mesa. A la luz de esos candelabros las siluetas de los gentiles pasaron e imiiusieron su ¡gallardía. \ Las vestimentas brillantes \- los ros- tros plenos de gracia, la desenvoltura ele- gante de los movimientos, el oro y la plata que exornaban los trajes femeninos, todo fulgía a la luz de las bugías y diríase que eran los objetos que (¡restaban luz a las luces, al contrario de lo que suele pa- sar hoy, en que las luces eléctricas pres- tan brillo a muchas cosas. Las mesas de antaño tenían en los can- delabros, un complemento de majestuosi- dad que por cierto no tienen en la actua- lidad. Y tan es así. tan es asi comi)rendido, que hov vuelve la moda de los candela- Ijros, y en los mesas bien alhajadas son ellos los que presiden, dando, indudable- mente, un caché especial al ambiente. El "ritorniamo all antico" se cumple una vez más y por cierto en beneficio casi sicm])rc del buen gusto. !. — SELECTA — María Mercedes Ponce de León Delia Hita — SELECTA — ^•'- '-¿^-r-^,- \ '^ T^^>: 1, ^^i» ' -J- :: -■'C/' > z 1 i ^^P^ -V' 'J 'V i t ^'^ ^ ^' .4 ,-^»* « t 1^ í • . ""■■■■%. 1 ■■■■"" V 1) Es realmente asombroso lo que obscuros, pero no por eso menos geniales artífices, reali- zan en las joyas, en cuya pequenez punen un candan (le buen gusto, de profundo buen gusto, de originalidad extraordinaria. Kn la limitación de un engarce, en los psUi- l)ones de una cadena, en la combinación de un pcndantif. los artífices del oro, de la plata, del platino y de las piedras preciosas, acumulan una extraordinaria fuerza de creación. Se dijera que el frió metal cobra, a veces, palpitaciones de vida y que una maravillosa flor de pedrería, tiene per- fume, tiene color y puede marchitarse. El don de la delicadeza mueve las manos de estos artistas desconocidos que continuamente lanzan al mercado del mundo sus jiequeñas gran- des obras. JOYAS Xada más oportunas (¡ue estas reflexiones al contemplar las maj^níficas joyas, que. formando un juego de un valor muy alto, posee la distin- guida señora Julia Duplessis de Bouvet, cuya gentileza nos permite dar en esta página una not-i de sumo interés. Componen el juego, un collar de oro admira- blemente cincelado, con co'gante de malaquita, orlado de diamantes. Se impone en seguida a nuestra admiración un gran prendedor de plata, que adquiere la forma de una gran flor, una flor de ensueño oriental, donde una mano prin- cipesca ha dejado caer hermosos brillantes, que diríase son gotas de un fantástico rocío. Los pendientes de una belleza indiscutible com- pletan este juego de emperatriz. Ante estas maravillas el cronista se acuerda in- voluntariamente de la famosa '*aria de las jo- yas " ' de " Fausto ' " y piensa que debieron ser como éstas, las que Mefistófeles puso en mano> de Margarita, para enloquecerla, para rendirla, para despertar sus más íntimas vanidades de mujer. Tienen las joyas, cuya reproducción fotográ- fica disminuye enormemente su esplendor, una irresistible atracción, por su delicadeza de cin- celado, por lo artístico del engarce y por el va- lor grande que entrañan. — SELECTA — A la linda raena íBorríquito manso de la Virgen María ! M^nno borriquito que llevó a Jesiis Con su santa madre, que al Egipto huta Una noche negra sin jstros ni luzí i Lindo borriquito de luciente lomo ! Hasta el niño mío te venera ya Y di'-e, mirando tu imagen en cromo: — ¿Es el de la Virgen que hacia Egipto va ? i Dulce borriquito, todo mansedumbre ! i Nunca a tus pupilas asomó el vislumbre! Más fugaz y leve del orgullo atroz ! Y eso qu2 una noche sin luna ni estrellas. Por largos caminos dejaste tus huellas. Llevando la carga sagrada de un dios. JEANETTE DE IBAR. Y te amo más cuando te enmusteces al Ileg-ar el Otoño, porque noto que entonces, mucho a mí te pareces. Amo tus bancos, amo tus sendas, amo tus flores. María Gorízía Salavcrry Al triste son de los minuetes cantan ms deseos secretos y estoy llorando de oír el temblor de erta. i:ia.na Toz de otro tiempo. l>nz lejana.. que está llorando FERNAND GREGH. jardín de ensueño Te amo jardín, amo el aroma de tu iuzmin, la leve sombra de tos aromos, que tienen jovialidad de gnomos: amo tus verdes bancos, que son el deseo cuotidiano de uno que otro anciano silencioso y de cabellos canos. Te amo jardín: amo tu larga senda enarenada, por donde tantas veces paseé con mi amada : amo a la buena hada Flora, porque adorna tu césped y aroma tu fronda. Te amo jardín, ■ porque por tí pasaron tantos que amaron!...; porque tu acallas los besuqt/tfos; porque fiel guardas los discreteos y galanteos de los marqueses, a las marquesas, porque tu ofreces reconditeces, para beber dulces promesas de las boquitas de labios rojos, rojos, inuy rojos, (de un rojo fresa), de las marquesas. Te amo jardín, porque en tus toscos bancos, y en tus pálidas sendas tantas veces, tantas veces ! . . divagué yo mí esplín En fin, te amo jirdín; te amo, porque yo, también soy un jardín, un algo enmustecído, y ya muy desflorado por este cruel Otoño de mi vida, que todo ha desgajado . . ! ¡Te amo jardín . . ! Pt^lo Suero. Montevideo — año XVT. SELECTA — SIEMPRE he experimentado un halago inmenso al ocuparme de manifestaciones artísticas o de artistas que tengan vinculaciones con el país, y mejor aún si son uru- ííuayos. V el halago reside en dos funda- mentos : en que tenemos en el te- rreno del arte muchas cosas de que estar satisfechos y en que es obra patriótica enaltecer a lo que en el país se presenta con méritos ver- daderos. En arte no hay chauvinismo. Todos los pueblos que tienen per- fectamente desarrollando el senti- miento del propio valer, practican un verdadero culto al arte y a los artistas nacionales. Recordemos a Francia, centro de la intelectualidad universal. No só'.o el pueblo francés, por un bien en- tendido acuerdo tácito para enalte- cer a lo nativo antes que a lo ex- traño, disimula defectos y encuen- tra admirable lo que en rigor debie- ra ser tan sólo excelente, sino que lo extranjero que se radica o pro- duce en Francia, merece de la masa, especial dedicación, para que de esta suerte, con el tiempo, se acos- tumbre el mundo a considerar fran- cés al artista o al hombre de cien- cia que no siendo francés tiene su residencia en Francia. Sin necesidad de cruzar el Atlán- tico, tenemos muy cerca nuestro un ejemplo semejante: ¡a Argentina. — Arraigado en el pais hermano, el exacto y lógico sentimiento de la nacionalidad, sabe el pueblo cuál es su deber ante lo que .sea una mani- festación de la intelectualidad ar- gentina. Enaltece a sus artistas y cuando se trata de rendir homenaje al arte extranjero, acepta inteligentemente lo bueno que de allende las fronte- ras venga; pero exigiendo que, junto a eso bueno que de fuera llega, se coloque lo propio, que es bueno tam- bién y merece en consecuencia pri- mer puesto. Citaré en apoyo de esto lo que ocurre en las temporadas oficiales del Teatro Colón. La Municipalidad obliga a las empresas a estrenar du- rante la "saisson" varias óperas de autores argentinos. Pues bien: ¿qué hacemos nosotros en un sentido semejante? Casi nada. Xo sólo guardamos para las mani- festaciones de arte propio una gran indiferencia, sino que, llevados de un absurdo afán de extranjerismo, tenemos gestos de desprecio, que a! ser injustos, no prueban en último caso, otra cosa que ignorancia. No se completa la fisonomía de un pueblo hasta no poder ostentar un firme rasgo intelectual. Y si nosotros no tenemos aún persona- idad en ese sentido, es porque no hemos querido tenerla. Más aún : nuestros artistas y nues- tros literatos han triunfado más fá- cilmente en el extranjero que en la tierra nativa. ¿ Qué reproche más duro y más justo puede hacérsele a nuestro patriotismo, que el enros- trarle 5>u falta de cariño a los artis- tas que tienen su hogar dentro del solar de la patria? No se practica el culto del patrio- tismo, glorificando solamente al pa- sado ; también se rinde pleitesía a ese culto enalteciendo al presente, que es tan grande o más que el pasado, puesto que si ayer se luchó para obtener una conformación po- lítica independiente, hoy se lucha para llegar a la conformación inte- lectual. No es la Revolución en sí lo que ha dado a Francia su preemi- nencia ; es la actividad intelectual que pudo tener libre expansión des- pués de abolidas las trabas feudales. .*. Por todo lo que ligeramente he expuesto, nunca experimento más honda satisfacción que cuando es- cribo ocupándome de artistas nues- tros o de extranjeros radicados en el pais. Tengo para esta reseña dos notas muy simpáticas. I.a constituye una Arte y Artistas La talentosa concertista y profesora, Sra. María V. de Müller WSM'^ la distinguida personalidad de la se- ñora María V. de Müller, notable concertista que brilla en nuestro ambiente por sus condiciones de cantante y profesora. La otra nota se refiere a la primera Compañía Dramática Uruguaya que con buen éxito actuó en el teatro i8 de Julio. Ya ven ustedes: son dos manifes- taciones de arte nuestro, de arte na- cional, y yo deseo que no por ello deje e! lector de concederles su aten- ción en mérito a lo que antes he dicho referente a este asunto. La señora María V. de Müller es una delicadísima intérprete de los autores modernos. Su voz suave, cá- lida, de una potencialidad que le permite vencer todas las dificultades que los músicos modernos buscan para el cantante, obedece a una es- cuela correctísima. No solamente es una cantante dis- tinguida en la verdadera acepción de la palabra, sino que de su mo- dalidad surgen las frases con un encanto subyugante. Oyéndola en unas romanzas de Dupard todas sus dotes artísticas se imponen a la admiración del que puede gustar de las delicadezas de expresión, de la dulzura de los acentos apasionados, embellecidos siempre al surgir mag- nificados por una voz que no sola- mente llega a todos los extremos del registro sino que tiene una fuer- za impositiva y una seguridad ejem- plar. Es una verdadera concertista. Su ilustración, su cultura, su amor in- variable al arte (pie cultiva dan a sus interpretaciones un sello es- pecialisimo de alta intelectualidad. Aun cuando es española de naci- miento, la señora María V. de Mü- ller es uruguaya por adaptación, por similitud de gustos con nuestros gustos y con nuestras inclinaciones y preferencias. Inició sus estudios de canto v llegó al fin de ellos, bajo la direc- ción de la notable profesora Matil- de Marchessi. Desde sus comienzos se propuso dedicarse al ]>rofeSürado y nunca pensó ingresar en la escena lírica. Por cierto que el arte lírico teatral tlebe lamentar esta resolu- ción. En su carrera triunfal y siempre afirmativa, esta concertista cantó con Battistini, con Tedeschi, con el gran cantante polaco Kastner, etc. El ilustre Massenet le llamaba fra- ternalmente "mi calandria''; y en verdad que la frase del maestro concentra el más exacto y delicado juicio sobre las condiciones artís- ticas de esta cantante. Siguiendo sus inclinaciones inva- riables y firmes la señora de Mü- ller se dedica a la enseñanza. Y si como concertista es notable, no lo es menos como profesora. Tuve oportunidad de oír a dos de sus dis- cípulas, la señorita Socorrito Mora- les y la señora Antonia MetaKo de Maza y en verdad que no sólo en- contré dos voces soberbias sino que la afirmación de una escuela co- rrectísima que ha de desarrollar bri- llantemente ias condiciones natura- les que sin duda alguna tienen am- bas educandas. La señora María V. de Müller. incorporada a nuestro ambiente ar- tístico, será una fuerza indiscuti- ble de cultura y de elevada orienta- ción musical. La Compañía Dramática Urugua- ya, que ha actuado en el teatro i8 de Julio, ha evidenciado plenamente lo que fué el propósito fundamen- tal en la realización de esta tempe- r.-ida de ensayo, vale decir : que te- nemos un conjunto de artisas lo suficientemente correctos e inteli- gentes como para llevar a la prác- tica lo que tantas veces se ha re- clamado; el funcionamiento de una compañía estable, formada con ele- mentos propios y dedicada a dar a conocer las obras de nuestros auto- rrc, en primer lugar y luego la de los autores extranjeros, que sean ex- ponentes de modalidades artísticas más o menos elevadas. En la compañía uruguaya hay ele- mentos sobresalientes : Rosita Arrie- ta, Gloria F'errandiz, Carlos Brus- sa, Domingo Sapelli y Santiago Arrieta; y luego hay elementos bue- nos, que forman un conjunto ho- ■ mogéneo y capaz de interpretar las obras con toda corrección. He notado en estos artistas, cuya labor merece el mayor elogio, una condición que reputo primordial y que poco se encuentra en los ele- mentos que actúan en los escenarios rioplatenses : sentido común y ver- dadero amor a la carrera. Agre- gúese a esto la posesión de condi- ciones indiscutibles para la labor interpretativa y no es absurdo es- perar mucho y bueno de estos ac- tores y actrices que están empeñados en una obra tan patriótica y tan simpática. El público ha respondido a la tem- porada de prueba y eso alienta, prue- ba que el anhelo de los autores tie- ne eco en la colectividad y que el año próximo será el año feliz de la inauguración de una temporada de arte teatral con elementos pura- mente nacionales. Don Melilóii. — SELECTA OPIO GAUCHO ADENTRO el frío era intensísimo. Afuera rebramaba el pampero. A sn recio em]nije los árboles más corpu- lentos se doblaban como juncos. Sólo o onibú permanecía enhiesto y desafiador. Los animales temblando 3' con las cabezas ga- chas, daban el anca a las furiosas arreme- tidas del viento. Rechinaban las maderaj del rancho viejo. Hul)o n:onientos en que [larecía (|ue éste iba a ser arrancado de cuajo, líl cam])o era una desolación. Los dos ])obres viejos habían quedado contrariados, silenciosos, abstraídos, tri.-;- tes. abatidos. Ni el uno ni la otra se atrevían a levantar los ojos del suelo, líl. maquinal- niente. daba vueltas y más vueltas a la carta (|ue acallaba de leer. No sabia qué pensar ni qué decir. Los ojos, sin enbargo. empe- zaban a llenársele de lágrimas, lilla no su- fría menos. Ahogaba los sollozos que le subían a la garganta. A cada momento lle- vaba el ])añuelo a los ojos. Lloraba en s'- lenciü. No (|uería aumentar la pena de su viejo cümi)añero. — ^' de ái ¿qué hacemos, Liberata? -- musitó _el viejo sin levantar la vista. — Lo que vos dis])ongás, Felipe — con- testó ella sin hacer el menor movimiento. Se ])rodujo un nuevo silencio. Doña Liberata se sonó ruidosamente l:is narices y dijo, haciendo |iucheros : — Jué tnia injusticia, un crimen su juida. .\üs jugó sucio. No resi^etó nuestras ca- nas, la indina. — Lra la niiro.sa. Nos e.siiejábamos en ella. Tuvo tuito lo (|ue (|uiso. Pa'ella lo me- jor que vían sus ojos. Las golosinas. Los nniebles. Los vestidos. Las ¡irendas. ¡ In- grata ! Nos engañaba como a chi(|uilines. — Sí : nos engañaba. Tenes razón. Felipe ; pero ansina son los hijos. Y parece bruje- ría... .\(|nellos ([ue más queremos son los ])iores y los ])rimeritos que nos dan la pa- lada . . . — i Los hijos ! — intcrruni])ió don Felipe, ("lüeno. Será lav de la vida. ¡Qné le vamos a'cer ! Cuando el hijo viene al nnmdo . . . ¡ Oh, qué bonito ! — gritan tuitos. ¡ Cuánto barullo en la casa ! — Tuitos contentos. Y nosotros, — cayéndosenos la baba de puro gozo. — decimos : La es¡)eranza'e la vejez. La calandria qu'endnlzará con .sus cantos nuestra vida. Pero dispués qu'el hijo es grande, se retoba y jiega'los padres siem- pre, siempre. . . Y en tuitas jiartes lo mes- mo. Los hijos quieren ser más que los pa- dres. Y los tienen en menos. Y los desjjre- sean sin recordar, canejo, tuito lo c|ue pu' ellos hemos hecho y sufrido. — Es ansina. mesmito, viejo : pero, como vos lu has dicho ¿qué vamos a'cer? Al fin son carne'e nuestra carne, y güeso'e nues- nuestros güesos ... Y es al cuete : no lo po- dencos negar, aun que nos pique... —Si. ])ues : y aura como le dijuntearon a 5u hombre, ricién se acuerda la cachafaza :)ue tiene ])adre y madre. Y (|uiere volver íl nido. ¡Pucha, digo! Me tiene tan indinao que ni en l'aura'e la muerte la perdono. Lo juro ])u'tsta. . . Y don Felijie levantó la mano derecha V cruzando el pulgar sobre el índice los be.só. La vieja, asustada, volvió rápidamente ia cabeza, diciendo : — No prenuncies más e.sas ])ala])ras. Fe- lipe, ])or Dios bendito. Pen.sá en que la dis- gracia tamién n-erece respeto. Pu'el nieto sit|uiera. Casimira nu era tan mala. Si no hubiera sido ])u'ese vandalio (|ue le tras- tornó el celebro. . . Y ¡mal haiga sea l'aura en (|ue .se atravesó en su camino!. . . ¡ Mala cría! ¡ Casta'e baralidos ! — Mala cabeza tamién ella. .Al ñudo jne- ron los consejos y riflexiones. No hizo caso a naides. Y salió nomás con la suya. Y nos dejó plantaos. Y di.sonró a tuita la familia L"na vergüenza, canejo. Juan — el peón de la estancia. — sacán- dole humildemente el sombrero — entró medio receloso a la habitación donde esta- ban los viejos, y. casi por entre las i)icrnas de a(|uél. salió, cual buscapiés, im gurí cambado y gordinflón (¡ne empezó a gritar: — ¡ .\güelito. agüelito ! Don Felijie. algo desconfiado, pregmiió al peón. — ¿Es tu hijo? — No, patrón. — ¿Y'e quién, pues? — lí Casimira, patrón. — ¡ Hijo'e mi alma ! — exclamó la anciana V. .saltando con increíble agilidad del asiento, tomó en sus brazos al botija, estrechándolo contra su ¡lecho. Y desijués. entre risas y gimoteos, doña Liberata empezó a besar ganosa, efusiva- mente al indiecillo. — (lüeno ¡basta ! — dijo don Felipe. — ¿O te crees (jue vos sola sos agüela ? Vos siem- pre la mesilla : extremosa i)a todo. Vaya. pues. Déjame ver la cara'el renacuajo. Y ta gordazo el chino. . . ¿eh? Y volviéndose, interrogó a Juan: — ¿Quién, lo trujo? \'.\ ])eón. dando vueltas al sombrero, con- testó tímidamente : — Casimira. Ta en la cocina muerta'e frió. Da lástima verla. ])atrón. \"ino a pie de! pueblo. Los ojos de don Felipe llamearon. Sn rostro (|ueíló jiálido. exangüe. Del fondo de su alma brotó una im])recación que es- ¡)iró en los labios temblorosos. Hizo des- ])ués un gran esfuerzo ])ara serenarse y di- rigiéndo.se a Juan, le dijo suave, pausada- mente : — Y de ái ¿por <|ué no dentra? Desde nomás que pa los hijos, los jiadres no tie- nen cerrada nunca la puerta'e sn casa. , Solano A. Ricstra. — SELECTA — 1j^íS2SH5H52S25H5HS2S2SHSH5HS2SB5HSH52SHSZSH5H5E5H5HSH5HS25HSc1HH5H5H5ZSZSHS2SBSH5HS?SZSHS25H5H525ESHS2S25'£SSSES?SHS^ S K Di &. c^H5HSaSHSH5H5aSE52SHSaSH5aSíSHSH5aSHSíSH5E5ESHSS525BSH5E5HSH5ESa5E5HS2SH5H5ú5Z5HSHS2SHSHSE5HSHSESE5a5SSSSZSH5E52S2SES5SEStSHS5S25E5S Bouache de Santana Por Castilla y por León Hueuo munóo halló Colón Nuestros departamentos de PRIMAVERA 4 sederías y Tejidos TIENDA MCLESA Amy Sí Henderson Calles: Juan G. Gómez, Í3J4 Bartolomé Mitre, Í3J7 han iniciado la nueva estación, con un selecto surtido de Novedades de última creación jt jt j* Tejidos de última moda Ycrscy Garbardine, Tricotine, Croisé Fayetine, Etamine, Voilé empire, Voilé imprimé, Voilc unic en fil, Fantasie, Grand ct petit carrau, etc. Sedas de gran novedad Satín imprimé, Satín Victoíre, Charmeuse, Serge Flamandc, Surahline Crepé satín, Crepé Georgette, Crepé Marinette, VoíIe Doris, Chantung uníe, Chantung nattine, etc. La iniciación de uaá nueva estación se traduce en nuestra casa, en una ver- dadera fiesta de la moda, elegancia y distinción. Así pueden titularse nuestras colec- ciones de novedades, que al par de significar la última expresión de la mo- da, representa el exponente más eleva- do del buen gusto. (^ 378 Facultativos Nacionales lo recomiendan Mlllllllllllllllllllllllllllllllllllllliilllll^^^^^^^^^^^ Como el mejor alimento tónico y reconstituyente para personas débiles, para fortificar a los niños, para las madres que crían. Es indispensable para alimentar a los enfermos y a los convalecientes. ES LA BEBIDA-ALIMENTO IDEAL, AGRADABLE Y MUY NUTRITIVA Se vende en todas partes cervecería montevideana ^1^ ^ WÉM Doña íTlaría Puig óe Cibiis Doma de virtudes eiemplares, que, habiendo brillado en los salones de lo rancla nobleza española, tuuo en sus descendientes ~ Incorporados a nuestro medio más culta y distinguido — respetuosos continuadores de sus tpa- dlciones de hidalguía y de todos los prestigios de su casa. En la alta sociedad española, doña (Tlaria Puig de Clbils ocupó puestos de preeminencia y has^a estas regiones de Rmérica se extendió la influencia de su espíritu selecto y lo enseñanza de sus bondades sin limite. Digno representante de una gensr.ación brillante, su recuerdo es blasón preciado para quienes pueden hoy ostentar sus apellidos, conser. uanóo lo limpidez de un Ilnale secular. :£Í^% I5, ' f^ w ,^ ,^lll il *^•^. Como el mejor alimento tónico y reconstituyente para personas débiles, para tortiticar a los niños, para las madres que crian. Hs indispensable paia alin.ientai- a los enfermos y a los convalecientes. ES LA BEBIDA-ALIMENTO IDEAL, AGRADABLE Y MUY NUTRITIVA SOCIFDAD ANÓNIMA cervecería montevideana Se vende en todas partes I» &f^,á I, . 2. iS^áf-^, m ^5-iU >s3i>U¡í .^£1' ffl'jj- « t£ ■^^^ -S^'i» Dono (Daría Puig óc Tibí D MAPLE DE LONDRES Sucursales: Montevideo, Parfs, Buenos Aires Surtido selecto de muebles antiguos, modernos, ingleses y franceses Ha recibido un gran stock de adornos chinos, persas e ingleses SAN JOSÉ 882, MONTEVIDEO ANO I - NOM. 7 MONTEVIDEO, NOVIEMBRE DE I9J7 DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN No es prurito de reclame. Es simplemenie una constata- ción de progresos, que nos satisfacen ampliamente, porque en ellos no sólo está nuestra colaboración, sino que la ayu- da generosa de nuestra sociedad y la eficiente cooperación del comercio, que tiene para esta revista tan decididas sim- patías. — He aht, en esas tres fotografías ía casa de "Selecta". En la primera aparece el despacho del Director señor Juan Carlos Garzón; en la intermediaria la administración, con los empleados Ricardo Corrége, Raúl Beraldo y Lrcopoldo Otero; en la tercera fotografía aparece la Redacción, y trabajando en ella los señores Enrique Crosa y Carloi M. Santana. Esa es la casa de "Selecta". — Allí se concentran todos nuestros esfuerzos y líU procuramos responder alfavor de todos, pre- sentando una revista que enaltezca al intelecto y a las artes gráficas de la República. — Nuestra obra está cimentada, y al dejar constancia de ello nos complacemos en decir publi- camente a todos los que nos han favorecido t ¡ Muchas gracias! SELECTA — Flor Pe Nieve Llamó . . . Los candores corrieron a abrirle. {Quien eres? la dije. — Soy alg:uien que pasa con miedo en la noche. Llamé en esta casa porque bien pudiera dar flor en tu vida ; que un alto en la ruta, a veces, enlaza a la indiferente con la prometida ... - — Ve que sólo guardo para tu acogida vino de recuerdos, lirismo y hogaza . . . — No importa, yo tengo alma de torcaza que en los espinosos ramajes anida! — - Entonces, viajera, sé la bienvenida . . . Entra . . . Mi ternura deshará tu escarcha, en mi hogar entibia tu frente aterida. Y porque mañana al romper la marcha una flor de nieve vaya en tu memoria y algo de mi sueño tu sueño se lleve, esta noche quiero contarte una historia de niños y brujas x la de Blanca Nieve . . . II Y a pesar de todo fué una historia breve aunque la acotamos con extrañas citas que su autor, sin duda no ha dejado escritas, de besos robados que hallaron lugar para en cada frase dejarse robar ... Mas tarde, pensando le conquistaría la llevó a Golconda y a Ceilán mí prosa cuando abrí los cofres de la fantasía ... Prometí adornarla con piedras preciosas su caperucita . . . Pero la viajera no era impresionable, ni era codiciosa ! Despreció la magia de mí pedrería y al saber que el lobo no la asaltaría, pues los lobos duermen cuando sale el sol, ya no tuvo miedo ni melancolía y se fué cantando como van de día todas las muñecas que pinta Perrault. Se fué . . . Los candores corrieron tras ella. Ahora se —la dije — quién pudiste ser... fuiste una muñeca demasiado suave, demasiado blanca, demasiado bella y por ser tan bella te debí perder . . . Pespunteó el camino su zapato breve. Después otros hielos borraron su huella ; y desde aquel día cada atardecer, pienso unos instantes en el alma aquella que en mi pobre huerto creyó florecer . . . Y ahora cuando llaman ... — Perdona viajera ! j dice la ternura - habrás de seguir ... Y aunque sopla el viento, y aunque se que llueve, y aunque tu aterido rostro me conmueve, perdona viajera, habrás de partir ... ' ; Me quemo las manos una flor de nieve y a pesar de todo ... no te puedo abrir ! | Yamandú Ifodrigae/., i — SÜLECTA — . . ■ ■t.i.i.J t g g^etes^a — : _. , - (^sS^^S^SSES^s T LEGA a la ancíanícíad aureolada con ^-^ todos los respetos a que le dan amplio derecho los timbres de su apellido, sus vir- tudes ejemplares, y la bondad infinita de su carácter. Matrona dignamente represen- tativa de las épocas de la independencia, su hogfar es un refugfio de nobilísimas tradiciones. — SELECTA Una dlstingaida escritora francesa, que e» además "nna femine de monde" muy califj- 1*1 da. nos tnvía, con gentileza que nos hon- ra, un estudio grarológico de los señore» Pellegrini. Roca y Garzón. La escritora en cuestión — a quien mucho agradecemos su precioso envío, invoca snte nuestro Director un parentesco con D. Eu- genio Garzón, para llegar hasta esta casa, qne, como buena casa )>atricia está abierta de par en par a ia ilustre hn< sped. Nunca fuimos mejor honrados. Nuestros lectores leerán el estudio y de- jando de lado los detalles no exactts que contiene, adivinará In ijue de acertado en- cierra casi todo el conjunto, acierto realmente admirable, si se tiene en cuenta que la dama en cuestión no conoce a los personajes que examina. L'ne intelligence remar(|uable, de l'ordre ilans le.s idees, de la darte, une niéthode par- faite, un travail minutieux consciencicux PELLEGRINI ju.-^q'a ia redicrche dii niien.x. une dédnc- tion réflédiie. Sen.s dii comniandement inalgré une vo- lonté intennittente faite de doute. D'une honté raisoiinée. Tres juste mais sévére dans ses jugeiiients. lín .soinnie. un ccrveau qui puise sa résistance dans un grand or- gueil du moi. Ou sent (ju'il est nc et qu'il a vécu — en subissant l'henrenre influence, — dans un milieu cultivé, (jiand^' facilité d'elocu- tion. C'est un hom:re du gout, qui appre- oié les dioses d'.^rt, mais en cela comme en tont sans se soncier de la Modc. marque une grande indé])endance. basée sur des idees a'luí, toujours intéressants et curieuses. Egoiste? Non. 11 est d'une générosite qui part d'un coeur inquiet, ombrageux,. tour- nienté. susceptible, jaloux, renfermé, soii- vent irritable, quelquefois grincheux. Un état nerveux qui marque une dépression, de une profonde tristesse. Physiqíiement il doit étie grand, maigre. tcint jaune. Uuelle polie harmonie l'écriture de cei honinie dont les deux états moral et phy- sique se complétent si parfaiteinent. Indolent, souffrant. voire méme malade, il a une douceur, une bonté bienveillante i|ui vient tout droit du coeur, avec un be- soin intense d'affection, de tendresse : c'est un sensitif. Toutes les qualités du rayonnant : servia- ble dévoné juq'a l'oubli de soi - méme. dé- sintéressé, d'une admiration prompte, sin- cere, enthousia.st» lliic' des sensations. tirí la svmj)athie avec une iiuance de res- pect, de vénération qui .-¡e dégagent de toute sa ])er.sonne. et heureu.x ceux qui .sont ad- mis dans sa Pensée intime: les étres d'elec- tion ne se plaisent qu'entre cux. Oui. c'est bien la plus ])arfaite harmonio qui se ijuissi' concevoir, le cerveau et le coeur collaborant intimément á la synthcsé d'un esprit supérieur. \'oilá une écriture essentiellement inte- llectuelle, toute pleine de qualités apparte- nant á un rayonnant. II est armé pour la lutte : Sans orgueil banal, démesuré, il a conscience de sa su- périorité — d'ailleurs inconte.stable — et cela lui donne l'assurance qui lui aide dans l'accomplissement de sa tache. Car il vil avec un Ideal dont il vent la réalisation. Et il la veut cette réalisation avec une vo- lonté tres nette. tres prononcée, parfois auto- ritaire. II arrive que. dans la di.scussion il devient agressif — non par méchanceté — n-'ais emporté par l'idée qu'il défend. Deux choses lui font toujours — méme au plus fort de la polémique — garder la mcsiirr i.° il est adroit 2." il a de la race. II ne s'abaisse jamáis ; ses sentiments out tou- jours une -source puré. Et puis quel beau courage. quel désintéressement, quelle ab- négation ! 11 a une juste fierté de son altruisme. Sans dedaigner les avantages dn confort et les douceurs de la vie matériélle (2). Le luxe ne l'étourne, ni ne l'eblouit : encoré un signe de race. Quelle bflle intelligence claire precise, scduisantc, artistique. C'est un joli esprit curieux, cultivé, doné d'une imagination coloree, enthousiaste exaltée. Grand chevaucheur de chiméres ! Parfois un peu d'amertume. de défiance traverse son réve et le raméne a la réalité de la vie. Mais la bourrasque passe vite : son cerveau f ollement acti f se remet en campagne : le rayonant reprend courageusement sa tache. GARZÓN (2) — 11 ne donne a ees choses d'ordre pecondaire qu'iine place secondaire. ' SELECTA — ^TU inapreciable y sincera modestia, con- ^^ dición tanto más preciosa cuanto es de rara, no ha sido obstáculo para que por su distinción, por su cultura, por su bondad sin limites, la señora Carmen Martínez de 'Wi- Iliman ocupe las más altas posiciones so- ciales. — Todas las noblezas que guarda su espíritu, joyero envidiable, las pone esta da- ma al servicio de múltiples obras de caridad, y son infinitos los que bendicen su nombre. Pasa por los salones gentilísima y admirada, que si bellas son sus dotes morales, es tan exquisitamente bella su elegancia y su belleza. SELECTA NO sf extrañe el "melange". Ojeando un álbum valioso hemos sacado al azar unas cuantas fotografías, cuya sola vista nos ha sugerido una serie de evocaciones, de re:uerdos y d^ sentimien- tos. Cinco ¡jtrsonalidades. cinco nombres que han quedado en los anales históricos ; unos con aureolas de res]>eto y admiración, los otros con un estigma de tragedia. Las vidas humanas tienen — se diria — una trayectoria inmutable, como la de los astros. Es el destino, fuerza (|ue no ha llegado a establecer ningún fisico ; poten- cia que escapa a la percejxrión humildisima de los matemáticos : voluntad (¡ue puede más que la voluntad de todo lo creado. \'anas son las voces de la soberbia cuan- or inmensa jjeluca. oscilaba sobre el cesto. Maquinalmente tendida mano y aiireté el resorte. Brilló un relám])ago azulado, res- baló silbalido la cuchilla, y la cabeza cayó tronchada. ** Cuando desperté a la mañana siguiente era muy tarde, y el sol entraba a raudales por las ventanas abiertas de par en ]iar. A mi lado estaba la bandeja con el desayuno v los periódicos. Renimcié el café frío, por la larga espera, y cogiendo los diarios me puse a leer las últimas noticias de la guerra. Cansado, soñoliento aún, con esa sensación de inquietud que dejan las pesadillas, obse- sionado por las horas vividas en el miste- rioso mundo del pasado, no encontraba fuer- zas para concentrar ini atención en las peri- pecias de la campaña, y mis ojos comenza- ron a vagar distraídamente por el impreso, leyendo retazos de sucesos, cuando de pron- to me detuve, interesado vivamente, ante un rótulo : " Tragedia misteriosa". Leí : " Lna vulgar tragedia, uno de esos dramas que tienen, sin embargo, todo el es- panto de una narración de Poe, ha tenido lu- gar anoche en el antiguo palacio del famoso Cardenal de Rohan. Sabido es que por acuerdo del Municipio el soberbio edificio se ha convertido en Mu- seo de la Revolución. Encargado de su cus- todia y vigilancia hallábase un portero, per- sona honradísima, funcionario modelo. Con él habitaba su anciana madre, señora de más de ochenta años, que padecía ataques de enajenación mental. El carácter leve de és- tos hacia que la dejasen en completa li- bertad. Y llegamos al drama : habiendo tenido que ausentarse el portero ])or cuarenta y ocho horas, quedó sola la anciana. La prí ■ mera noche nada de anormal se dio. y tan sólo los empleados que hacen la liinjjíeza en- contraron un ligero desorden en el vestua- rio antiguo que guarda el Museo ; pero hoy, al entrar, hallaron todas las puertas abier- tas de par en par. y al llegar alarmados al salón de la guillotina, un cuadro espantoso se ofreció a sus ojos. Tendida sobre el te- rrible aparato, vestida de fantásticas ga las, ajadas y jiolvorientas. yacía la anciana i ¡ decapitada ! ! L'n hilo de sangre "... No ])ude leer más. De un salto me puse en pie. Los cabellos erizados, los ojos fuera de las órbitas, miré a todas ])artes buscando la solución del horrendo enigma. Súbita- mente me tambaleé, y tuve que cogerme a un mueble para no caer. ¡ i Sobre uno de los puños de mi camisa, tirada en una silla, brillaba como un rubí maldito una gota de sangre ! ! Burdeos. Agosto 1914. ' v . "-■ • ' " SELECTA - .^' )OOOJOouooCn'OUOOOOOO(JO \ CasuUa del Papa Pió V (Siglo XV) En Santa María Maggiotc, Roma HE anuí lina página intere- sante. En ella se reprodu- cen cuatro casullas histó- ricas, notables )>or su riqueza )• por los prelados que las lleva- ron. En los siglos siguientes a la.; persecuciones de los cristianos empezó a adornarse la casulla con oro, ])Iata y jícdreria : con las imágenes de Jesús, de la \'irgen y de los Santos ; con flores y animales simbólicos. Los documentos de los siglos XI y XI 1 nos ofrecen las ca- sullas guarnecidas con fajas bor- dadas por el cuello y por el bajo. La casulla de Santo Tomás de Hecket es de seda color mora- do ; está decorada por delante con bordados de oro hechos a mano, rqjresentando dos serafi- nes sobre la i>arte del pecho y rolcos hasta la altura de las cla- viculas. En el tesoro de la iglesia de San Fermin. en Francia, se con- serva una casulla que se supone perteneció a San Dominico, pero que es de fecha más reciente, siglo XII. Es de seda de color purpúreo, está adornada, con ro- leos de color |>úrpura y ¡lavos reales, pelícanos de oro, etc. Ivas casullas de los siglos X 1 II y XIV .son de telas más finas. <|Ue se ])leg;d)an mejor y de im modo más delicado. -Antes de ser ornamento sa- grado, la casulla fué vestidura profana. Luego fué común a lo.í laicos, a los eclesiá.sticos y aún a las mujeres. En los frescos de las catacinn- bas la visten un sinnitmcro de figuras orantes. Según Juan el Diácono, eran entonces un ves- tido vulgar. Después la casulla, como vestidura destinada a los celebrantes, se hizo más amplia y elegante de hechura y de ma- teria más rica. Durante algunos siglos su uso fué común a todas las órdenes CASULLAS HISTÓRICAS V, y ."OOCooooooO" Casulla ofrecida por San £st¿fano de Hungría (997-1038) y su esposa Gisela. Usada como manto en la ceremonia de la coronación húngara. Parte posterior de una casulla de damasco rojo bordada en relieve (Siglo XVI) Del Museo Victoria y Alberto, Londres Casulla del Papa Calixto III (Siglo XV) Se encuentra en Valencia eclesiásticas, hasta (|Ue Roma prescribió (jue el acólito, cuando fuese ordenado, recibiera la ca- sulla y el orarium. La casulla no fué incluida en- tre las vestiduras sagradas ha.s- ta después que lo fuera la es- tola, el alba, el colobium. o tú- nica ])reciosa, y la dalmática. En el lenguaje uústico de la Iglesia, la casulla representa el yugo de Jesucristo, por medio de la figura de la cruz que lleva Ijordada. Muchos concilios han prohi- bido que se empleen para hacer casullas, telas que hayan servido para usos profanos; sin embar- go se ha tolerado que así so haga cuando se trata de iglesias pobres. líl color de la casulla varía se- gún la índole de las fiestas para que debe em])Iearse, y se en- tiende ])or color de la casulla, el del fondo, no el de la cruz ([ue la adorna. La casulla en España ofrece cada uno de sus paños divididos verticalmente en tres espacios ])or u'edio de dos galones que desde el cuello bajan hrísta el borde. líl asunto más común i — SELECTA — ■ —SELECTA— j-.; ,; rajgü^LaasaoaaaDoaooaDoaDaoooaDOoaoaaoaDOaaaaoDaaoQoaaaaooDooaaoooQaaDaaooaQoaoaaaooooaaaaooooaoooaoaooooDaoooooaooooODoaaaoaaaoaoaoDooao^X'^^ Shn EN EL PARQUE HOTEL - BAILE EN HONOR DEL ALMIRANTE CAPERTON ^^\^aoooaaaaaaooocaaaoaaooaDaoaaaaaoaoaDoaoaoDoooaQDOoaaooaDaDcaaooaaoQaoDooDaooaDODaocaoaoDoaDaaaoDaaDaDDOaaaQooaaaaaaaoaaooooaooaaao^7odrán atesorarse, con el tiempo, los mejores y los más raros ejemplares de la obra cer- vantina, así como de la literaria an- terior a Cervantes y la de toda la décimaséptima centuria hasta el pre- sente. En la casa número 16 se instalará una prensa y modesta imprenta, que sin pretensiones de reproducir todas Jas obras de Cervantes, .se limite a una acción lo más intensa y fre- cuente posible de divulgación y pro- paganda. Y contando con el celo y entusiasmo de los maestros contem- poráneos de las Letras patrias, aquí se pueden iniciar campañas dirigidas a países y provincias donde deba mantenerse y depurarse el habla cas- tellana, corrigiendo la algarabía y los dialectos emancipadores del sa- grado vinculo con que están unidos a la madre Patria. La única pequeña alteración que lie permitido en aposentos de la planta baja, ha sido para habilitar una sala de regulares proporciones, donde puedan congregarse más de un centenar de devotos visitantes. En este grande aposento, diariamente podrá y deberá darse lectura de un trozo cervantino ya sea por el profesor de la Universidad destinado a esta in.stitución, o por aquellas per- sonas que i)or su alta representación o amor a nuestras letras deseen con- tribuir a este piadoso rito. En cuanto a la Casa de Cervantes, ni galas, ni mármoles, ni primores ornamentales deben perturbar la emoción que ha de sentirse en aque- lla austera y pobre vivienda. En la alcoba donde debió reposar, sufrir y cavilar, sólo caben las fechas v nombre del cautiverio y desventuras de Argel, una gloriosa reliquia de l.epar.to y un libro ante el cual la Humanidad acuda con su admira- ción y su homenaje. A ser posible, como contraste con tanta pobreza, tal vez pudieran col- garse en aquellas paredes los retra- tos de Lope, de Góngora y de otros conternporáneos, que nos han legado los más gloriosos maestros de nues- tra pintura en el siglo XVII. Estas intensas y excepcionales obras de arte deberán ser los únicos adornos que con gran sobriedad acompañen la memoria de Cervantes y de su obra. En cuanto a su propio retrato, sobre todos Jos que se encuentren y puedan encontrarse, creemos más elocuente y representativo un autó- grafo que difunda el espíritu de su alto pensamiento y la huella de su mano... Cuando comenzaron las obras, me" otorgó el -ayuntamiento de Vallado- lid los más amplios ofrecimientos para su complemento y desarrollo. por lo que se refiere a las inmedia- ciones de dichas casas, pues éstas corrían el peligro de quedar escon- didas y sepultadas entre las moder- nas edificaciones de una nueva vía. En crítico momento accedieron uná- nimemente y con gran entusiasmo los nobles Regidores Castellanos a la proposición de su Presidente, y mi ruego de que en las próximas parcelas no se edificara fué gene- rosamente atendido, lo que me per- mitió construir un muro de mam- postería y la escalinata que directa- mente, y con toda dignidad y hol- gura, conduce a la Casa de Cervan- tes desde luia de las más concu- rridas y urbanizadas vías de Va- lladolid. En estas parcelas, a más de una balaustrada, terrado o com- pás, desrle donde se contempla la institución Cervantina, florecerá un jardín de carácter absolutamente es- pañol con sus bojes y sus mirtos: como cerramento, una columnata con sus pilastras y leones y castillos, y como único monumento escultórico, una fuente de líneas clásicas y. a ser posible, de la época, fuente simbólica en donde el agua brote y caiga y vuelva a brotar de inagotable ma- nantial, como inagotables y eternas son las puras y vivificadoras co- rrientes que el habla Castellana lleva a todas las regiones que deben su cultura a España. Marqués de ta l'rga lncUi:i. SELECTA — J ESTAS jojas, cuya reproducción en tamaño natural ofrecemos hoy, fueron usadas por las ascendientes de la distinguida seño- ra doña Paula Suárez de Langdon Urtubey. N'o hay más que ver las reproducciones para darse cuenta de la magnificencia de estas joyas, las que forman un soberbio juego, com- puesto por dos pares de carabanas, un prendedor y un anillo. Están formadas por diamantes de tallado antiguo, incrustados en cha- pas de plata. Fueron joyas de gran El "Lied" <%> a<^Mi Lied en alemán quiere decir, tex- tualmente, canción. Pero al unlver- salizarse el vocablo germánico su significación ha adquirido otro va- lor. Con esta palabra Hed se designa un género especial de música para canto. Cuando en Francia e Italia la pro- ducción de música vocal de cámara apenas nada significaba, y aun la música en general, se encontraba en arabos países en un período semideca- dente, florecían en Alemania gran- des músicos. Schubert y Schumann escribían entonces sus copiosas se- ries de admirables Heder. Más tarde, al divulgarse estas canciones y ele- varse el nivel de la música similar en otros países, por ejemplo, en gran parte, de aquéllas, se impuso la denominación alemana. Asi, se adoptó la palabra lied. Se han escrito Heder para una o más voces, solas o acompañadas ins- trumentalmente. Muchas composicio- nes corales son simplemente Heder. Modernamente se han escrito Heder para una sola voz, pero con acom- pañamiento orquestal. También se, han transcrito para orquesta acom- pañamientos pianísticos de Heder. F.sto es muy peligroso. La reducida sonoridad que supone un acompaña- miento pianístico ideado para la in- terpretación en un local de no gran- des proporciones, música de cámara. al ser llevada a la gran orquesta puede perder en íntimo matiz y en sutilidad lo que aparentemente gane en color. Además, el primordial efec- to vocal, en desequilibrio con la so- noridad acompañante, cambia de sen- tido. Y además el canto interpreta- tivo no será idéntico al producirse en una pequeña sala que en un gran teatro. O por lo menos se modifica- ría, desgraciadamente, la intensidad expresiva. Y la fidelidad al pensa- miento original menguaría. Por extensión, diversas piezas ins- trumentales han sido calificadas de Heder. Ejemplo: Lieder ohne worte, romanzas sin palabras, de Mendels- sohn. . ♦ t ^l- < \ias Pero el Hed es, preferentemente, la interpretación o el comentario mu- sical de una poesía, que una voz sola cantará acompañada casi siem- pre por el piano. Convendrá esta mú- sica para audiciones íntimas, y asi ocupa un selecto lugar en el género de música de cámara. Antes de Schubert y Schumann, creadores del moderno Hed, escribie- ron música de esta especie los gran- des clásicos alemanes Bach, Mozart. Beethoven. Pero su obra más im- portante y definitiva es otra. Los gloriosos compositores sete- centistas de Italia produjeron bellí- sima música vocal de cámara. En- tonces aparecieron la mayor parte de las denominaciones : Aria, Cavatina, Romanza, Canzone, etc. Luego es- tas palabras adquirieron significado.^ particulares. Llegó el período de Schubert y Schumann. La música vo- cal, de cámara, de ambos composi- tores aparecía con una nueva forma, y, sobre todo, con un sin igual ex- presivismo. Su producción de Heder es importantísima por cantidad y calidad. Escogieron para sus inven- ciones musicales textos selectísimos. Goethe. Schiller, Uhland. Heine. etc.. son casi siempre los poetas preferi- dos. Y la poesía no es modificada, alterada. La música comenta justa- mente el texto poético y lo eleva a una categoría expresiva. El acompa- ñamiento pianístico completa el co- mentario con un extraordinario in- terés musical. De esta colaboración han nacido obras maravillosas, tales como La bella inoHnera o el Viaje de invier- no, de Schubert, o el Amor de ¡'oc- la y la Vida amorosa de una mujer, de Schumann. y tantas obras más en serie de canciones como las anterio- res o únicas. Al divulgarse la obra de Schubert y principalmente, más tarde, la ds Schumann, se inició la nueva y ac- tual tendencia en la música vocal de cámara : el Hed. En Italia triunfaba la rontaii::a de salón. Bizet y Gounod escribían en Francia obras de más valor en un estilo que luego cultivó Massenet. El ejemplo de Schumann fué fe- cundo. En Alemania han sido y son ilus- tres compositores de Heder Wágner. Humperdinck, Weintgarner, Strauss, Reger, Brahms. moda en las épocas del Virreynato y de la Revolución, joyas que real- zaron la elegancia de los trajes usa- dos en aquellos días por nuestras damas, y que tenian una majestad indiscutible. Las joyas en cuestión tienen un sello de realeza y demuestran muy buen gusto dentro de su sencillez. Actualmente se hallan en poder de la señora Suárez de Langdon. for- mando parte de una notable colec- ción de objetos preciosos. ^=^^ Particularmente hay que mencio- nar al desdichado Hugo Wolff. que acentuó aún más la forma expresiva del Hed, orientándolo en un sentido paralelo al drama lírico wagneriano. Es decir : cultivando la declamación lírica y amplificando y concediendo absoluta y esencial importancia a la parte instrumental acompañante. En Francia se significan moder- namente como compositores de He- der Henry Duparc, prematuramenti- inutilizado para la actividad musi- cal por causa de una terrible enfer- medad mental; Chausson, D'Indy, cuya producción en el género, aun- que escasa, ofrece obras de tan ex- traordinario valor como el román- tico e intenso Lied maritime; Debus- sy, que ha innovado en el Hed con el estilo general de su música, cul- tivando un raro impresionismo y un maravilloso preciosismo. Pero el compositor francé.í que ha adquirido una extraordinaria personalidad escribiendo Heder es Fauré. Su obra es bellísima lo mis- mo en la invención melódica que en la escritura armónica. Ha escrito muchos Heder. Recor- demos sus comentarios a La bonne chanson verleniana y a las Fctes ga- lantes. El encanto sutil y de ensue- ño de la poesía ha sido profunda- mente sentido por Fauré. Rimsky- Korsakoff, Mussorgskyy otros músicos rusos han producido lieder muy bellos y originales ; a ve- ces de extraordinaria novedad y ca- rácter por emplear giros melódicos y ritmos típicos del arte popular moscovita. El noruego Grieg ha compuesto muchos y hermosos Heder. La producción nmsical española es difícil de conocer. Por motivos que ahora no hemos de exponer, se mantiene muchas veces inédita e ig- norada. Conocemos, sin embargo, por haberse publicado, una serie iti(S el rematador, y casi en seguida bajó el n;artillo. dándose im golpe en la palma de la mano. Llamaron a Pedro. (|ue atravesó por en- tre la multitud que presenciaba el remate, y cuando estuvo delante de un jovencito c|UO escribía en una libreta, dijo su nom- bre y abonó la primera mensualidad d' cinco |)esos. El pequeño solar era suyo desde aquel mon-ento. Pedro se marchó en seguida. Estaba un l>'o y no re- cetó nada más que reposo. Y pasaron veinte dias. Pedro tosía mucho y mancha- ba los pañuelos de sangre ; cuando escupía la saliva era roja. L'na mañana el sol ])enetró en la ludii- tación ])or la puerta entreabierta. Era u" rayito amarillo y templado. (|ue hicía bai- lar los átomos de polvo con rápidos mo- virientos. Pedro se sentía algo mejor y se incorporó en la cama. Su mujer estabí sentada a su lado, más pálida y más flaca, con el pelo rpjo recogido -:on desaliño. Claudia había ido a la fábrica. El silencio era comjíleto. De pronto un i)ajarillo se ])osó en el alero del tejado, sobre la ¡nierta. y cantó alegremente. Pedro levantó los ojos. Su mujer (|ue lo observaba dijo : — ■ Están haciendo un nido. Pedro quedó pensativo un instante. Toda su vida de trabajos pasó ante sus ojos, toda su vida de obrero, tronchada tan despiadadamente cuando se ])re])araba a ser un poco feliz. Contemplaba aipiella ca- sita (|ue era suya y (|ue había adquirido a costa de grandes fatio;as de heroicas ))ri- va';íores, y una tristeza infinita, una tris- teza de muerte, le empujaba un sollozo a la garganta. Después, siguiendo el curso de sus ideas, murmuró levemente : — .\ los ])ájaros no les cuesta casi nada una casa !. . . Y pocos ironientos UT el elementu juvenil que se entregó con entusiasmo a las dulzuras de Ter])sícore. El éxito de este festival como el de todos los (jue es- ta institución ba realizado y realiza, pru.'bau acabada- mente los prestigios (|ue la Liga tien: bien conquistado en nuestra sociedad y la im- posición (|Ue en el esuiritu público ha conquistado su vastísima obra de |)rofilaxis y de socorro. Las colectas anuales han obtenido siempre muy buen resultado y debieran en es- tos últimos años liab.'rlos te- nido mejor, si la situacio económica del ])aís fuera más desahogada. De todos modos, la labor de la Liga prosigue triunfal - mente y son algunos cientos los que forman en la legión de los reconocidos al socorro y al desvelo de esta insti u tión que honra a miestro jiaís. iK>T el cientifismo dv su acción. ])or la vastedad de la acción misna y ])i)r los be- llos resultado."- (jue de esa la- bor se obtienen. Por el éxito del festival (|ue da motivo a esta nota y por toda la gestión profi- cua que llevan realiz.-'da. fe- licitamos a la distiugnida C(j- misión de Damas, cuyos sa- i?eados jirestigios son base inconmovible ])ara el bu^n resultado de los esfuerzos (|ue se llevan a cabo y a los cua'es aportan las uobilisi- mas señoras todo el tesón di- que es bien niereTcdora la causa de los sufrientes y de los humildes. Creemos que es un deber que iin]¡one la constatación de hechos. es])ecializar esta nuestra felicitación a la dig- nísima ])residenta de !a Liga. ^eñora Bernardina Muñoz de De María, quien por segun- da vez ocupa ese elevado cargo rodeada de todos los ])restigios y desde el cual ha podido aplicar en Ijeneficio (le la Liga las dotes precio- sas de su inteligencia, de su distincii'ni v de su bondad. - SELKC T A — I 1 ■■ A ::¿:::::::;:i:¿:i::=:=:=;=.=JSa:¿:^:lsa:.:.j:c-:-^-;-i;::::::::;:S\ I ■iLJÍíM ^...á^s] íl rií^^^Smá #é^ ^^^|ap:.:*^^ -e-s^^™ i Jm íi \'#^"''^Í1 I ^ # n#. 'ir i ^ i ^ ^É -;#'' fl \ WAA fi .■-a«-M*.liíiM ^) 7 Jm 1 ■ 1 Qfll 1 ''«^' Pr EL LEÓN CIEGO ( La edición cine acaba de ponerse a la venta, hecha por suscripción popular, de las obras escénicas de nuestro nialojírado dramaturgo, da oportunidad al siguiente juicio, aparecido el 17 de Agosto de 1911, dos dias después de estrenada aquella pieza, publicado en !a cróni:a teatral de uno de los diarios de Montevideo, bajo jiseudó- ninio. por nuestro colaborador, el doctor losé Pedro Segundo.) Ignoro que nadie hasta hoy. al menos de entre nuestros autores dramáticos, se haya aventurado a tratar el escabroso tema des- arrollado por Ernesto Herrera en la obra estrenada estas noches por la compañía del "Cibüs" ; puesto que si él rebosa de no sé qué suerte de bizarra grandeza, las difi- cultades de su ex]iosic!Ón. para nuestro pú- blico azotado jx)r las mismas pasiones de! drama, podría suscitar al autor, a poco que recargase las tintas de un bando, la animadversión de la sala. Con ser tan ])al- pitantes. desgarradores y trágicos los mil y im e))isodios de la guerra civil en nues- tro medio, sólo aquel serio obstáculo, en cierto sentido insuperable, ha ¡jodido ser el motivo por el cual no ha llegado a la escena el más fugaz reflejo de nuestras contiendas civiles, dejando de lado injus- tificadamente toda ima modalidad tan pe- culiarísima e inconfundible de nuestra so- ciabilidad que pudo tenérsela por única en un nioniento dado. El primer eloeio que debe tributarse al autor es la decisión va- lerosa ron que afronta en sii pieza tema tan arriesgado y la habilidad meticulosa con que, sin parcialidad por uno u otro bando, sigue su drama hasta donde ha debido llegar, sin mortificación para nadie, y so- bre todo sin abdicar de la rigurosa vera- cidad que es su mérito. Porque es necesario decir que de aque- llos tres actos tan interesantes y animados, es una impresión de verdad sobre'-ogedora la que surge irresistiblemente y de inme- diato. Con una parquedad de recursos que aparece a ocasiones como demasiado extre- mada. i)ero que se halla perfectamente concorde con la rusticidad del medio y de los tipos, ííerrera ha evocado eficazmente el ambiente campesino y pintoresco en su primitiva rudeza y azotado por el venda- bal revolucionario. Una gran sombra de fatalidad irremisible pasa, oscureciéndolos, sobre todos los destinos del cuadro ; y aun- que se diga en la obra que aquella raza l)redestinada se va, se la ve rea])arecer en los hijos que sueñan de instinto con aven- turas guerreras en el projiio momento en que la catá.strofe cierra, desgarrándonos, las alternativas del drama. Junto a tantos incidentes casi todos sin variación, pero (|ue no resultan monótonos, la pasión esta- lla y pulula con un tal fervor inocente que no es posible contener nuestras lágrimas. Porque efectivamente, "El león ciego" hace llorar y pensar: y es ésta quizá (a lo menos, en un cierto sentido) la más alta ponderación que ]nieda hacerse a una obra dramática. Tan npreciablcs episodios han consti- tuido en conjunto un éxito justificadisinio de la pieza de Ernesto Herrera ; pero ya que ha llegado tan airosamente hasta ahí, yo hubiera deseado verlo alcanzar hasta lo último. Jí-xiste cuanto pueda desearse de recomendable en la obra : argumento, no- vedad, interés ; ])ero si yo no vacilo en de- cir que "El león ciego" es un drama exce- lente, no diré que sea un gran drama." Es una lástima comprobar que el autor haya troi>ezado por honestidad artística, con el tipo destinado a exaltar los momentos dramáticos de su obra, puesto que si el l)rotagonista resulta verdaderamente hu- mano por la ceguera y el reinidio. ha per- dido también cuanto tenía de culminante y dominadora grandeza jjor ese apoca- miento fatal .Comprendo que Ouniersindo. especialmente en el último acto, sea para el autor el personaje imprescindible puesto que es por su boca i|ue habla : ])ero bien |)udo sustituirlo ])or otro, como por ejem- ¡)lo, la vieja, que no es necesario c|ue muera. De esta conformidad y sin perjuicio para las reflexiones que el autor ilebe hacer al remate de su obra, pudo aquél vivir en su ley (lo que sería hermosamente dramá- tico), en vez de ajjarecérsenos tan desme- drado y caduco, que ya no es más (|ue un "estorbo" en la casa. Aquella resurrección de sus instintos guerreros, al ver pasar a lo lejos una división gubeniista, tiene un extraordinario interés y magnitud, espe- cialmente cuando reclama del niño (lue le traiga el "os:uro" con que quiere reunirse a sus fieles. Si para la economía del drama tal como lo ha planteado el autor, es cierto que el coronel debe quedar en la casa, ¡ cuánta mayor grandeza trágica, ¡¡ero irre- sistible por lo verdadera y tremenda, no hubiera alcanzado el autor haciéndole sa- lir a la lucha, olvidado en un minuto de exaltación, de achaques, resentimientos y diatribas ! El final hubiera cambiado en detalle, pero no en lo esencial ; y el autor habría sacado ([uizá más ])artido abatiendo el desastre sobre las mujeres inculpadas. Fuera de esto y acaso sin pretenderlo el autor, la obra resulta un convincente ale- gato en pro de la sinceridad campesina. Es una justicia que era necesario tributar al paisano que hace nuestra grandeza y se desangra por el cintillo. El no tiene la culpa de haber nacido indomable, aventu- rero y belicoso, máxime cuando no repara en morir y padece sin queja la maldición del destino. Este aspecto del ])roblema está planteado por el autor con ima verdad sim- pática y simple : y ])uede servirnos de ejem- plo para probar que el arte sincero no ne- cesita denigrar a hombre alguno, .\parte alguna repetición (a la exposición de las ideas) y el lenguaje, alguna vez un poco suelto, la obra se escucha con marcado in- terés y el estilo es siempre apropiado y veraz como corresponde a los personajes del drama. No conozco ninguna otra obra teatral de Ernesto Herrera : pero esta es suficiente para informarnos favorablemente sobre sus aptitudes dramáticas. Tiene intención, evoca verazmente los ti])Os. parece como que adivina inconscientemente la escena ; a todo esto, le sobra una juventud bien tem- prana. Si no descuida esos excencionale> medios, es casi sesruro que la madurez na- tu.ral de sus dotes ha de darnos, nara el tiempo propicio, el autor que "El león cieeo" nos ha dejado entrever brusca- mente. José Pedro Segundo. — SELECTA — i^os o¡o@ úe Lady Rebeca — ¡ liah ! Creyentes o escépticos, tem- blando ante cualquiera de los rumores ([ue pueblan la noche o caminando con fanfa- rroneria de matasiete en las tinieblas, nin- sjuno de nosotros escapa una vez en su vida lie la visita del misterio... — Hombre, eso de que ninguno... — ol)jetó Carlos Quiñones. — Ninguno — aseguró con ])rof undo con- vencimiento Jesús Valsera. Estaban en una sala del Club, im salon- cito muy frivolo, sin carácter, decorado a la moda del siglo XVJll, con esa banali- dad amable (|ue acaba por convertirse en uniformidad. Por esa misteriosa atracción que ejerce sobre nosotros lo sobrenatural, sobre todo a altas horas de la noche, la conversación había ido a parar a esos ra- ros acontecimientos en (|ue el misterio pa- rece asomarse un momento a la prosa ano- dina de nuestra vida, y Jesús Valsera contaba .s"» casn. — No sé si ustedes, menos enamorados de Cosmópolis (|ue yo, habrán conocido a Lady Rebeca Wintergay. — Tengo una idea confu.sa — insinuó Carlos. — Creo (|ue pasó una " season " en Biarritz, pero yo nunca la encontré la be- lleza ad.nirable que decían. A mí me pare- ció siempre una muñeca bien vestida, pin- tada, enjoyada ; pero siempre eso. una cosa artificio.sa. falsa, es la palabra exacta; una muñeca. Con aires do confidencial misterio ase- guró Jesiis : — Es cierto ; tenia algo de muñeca, algo de la Eva futura de Barbey d'.^urevilly y, sin embargo, sus ojos. . — Si. me iiareció (jue tenia una mirada interesante. . . — asintió Carlos. — No, no — interrumpió Valsera con más vehemencia de la precisa ; — una mi- rada, no, unos ojos. — Y jirosiguió expli- cando su idea. La mirada es una cosa y los ojos otra. Hay ])ersonas c|ue nos atraen, des- ])iertan súbitamente en nosotros una gran simpatía, nos conquistan y hasta llegan a do- minarnos por su mirada, y si vamos a es- tudiar, sus ojos son vulgares, insignifican- tes y, alguna vez, hasta feos. En cambio hay ojos admirables, pero fríos, inexpresi- vos, muertos como los ojos de las estatuas. I^os ojos de Lady Rebeca — prosiguió el narrador — eran de éstos. Dos esmeraldas o dos záfiros (eran cambiantes como las aguas del mar) de cabala ; dos geminas por- tentosas incrustadas en un trozo de ja.spe de un extraño blanco azulado ; dos peridotas robadas en el sumergido palacio de la hija del Rey de Is. Porque la única comparación que aquellas divinas pupilas sugerían era la de las piedras preciosas. Como ellas, te- nían brillo y, sin embargo, estaban muer- tas ; detrás de ellas no lucia esa misteriosa luz de inteligencia que es amor, odio, am- bición, entusiasmo o tristeza, no había nada, nada más que el vacío. A las últimas palabras sucedió una pausa silenciosa. Los otros dos. interesados por la historia, le escuchaban sin interrumpirle ya ; él continuó: — Nada más fácil en la vida frivola de Biarritz que acercarse a ella. Su lujo, su chic, aquella perpetua ostentación de joyas fabulosas y de trenes atrabiliarios me atra- jeron primero ; sus ¡lupilas me clavaron des- ])ués. ¡ Y me enamoré perdidamente de ella ! l^ady Wintergay, como todas las damas de la loca caravana emigrada al través del mundo, era una gran flirteadora. Persona acostumbrada a tales homenajes acogiólos con amabilidad ; mundana esperta seguía el devaneo sin falsos .sobresaltos de pudor, pero también sin peligro.sos desfallecimien- tos. Y aquí e.stábairos. de la novela, cuando una noche . . . — ¿Una noche?. . . — Una noche de luna, una de esas ma- ravillosas noches de Biarritz. en que mar y cielo son como un prodigioso jjalacio de ojía- los en la lechosa claridad del satélite, hablá- bamos Lady Rebeca y yo acodados al ba- randal de Villa Sans Soucci. Había habido una fiesta de trajes, y Rabeca. vestida de Schezereda. toda envuelta en tules y gasas recamadas de j)lata y ])erlas, cuello 3' brazos cubiertos de perlas enormes, de portentoso oriente, estaba bellísima. La magia de la noche, la hermosura de la dama, el can- .sancio morboso del fin de fiesta, y tal vez ¿por qué no? el champagne envolviendo mi espíritu en auras de melancolía, pusieron acentos de tristeza en mi voz, bañaron mis palabras de contenida pasión y vertieron en ellas, como un ungüento maravilloso, la amargura de los grandes dolores sin es- ])eranza. Lady Wintergay parecía escu- charme con un anhelo hasta entonces des- conocido jiara mi, vencida mal de su grado por una súbita ráfaga de pasión. Las ma- nos destiozaban involuntariainente una flor ; el pecho palpitaba y en las pupilas muertas, en las misteriosas gemas de embrujamiento, brillaba una mirada húmeda y apasionada. Súbitamente habló. Su voz era suave y mu- sical, llena de inflexiones, de amor y de tristeza; ¡Jesús, por misericordia, por ca- ridad, por compasión, no me hable usted así! ¡-'\h!, ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Si supiera el horror, el misterioso espanto de mi trage- dia ! Estoy condenada a ser así siempre, a ser una estatua de mármol, algo admirable, bellísimo, divino, pero que sólo puede con- templarse en la desolada glaciedad de las salas de un museo ! Mis ojos para que vivan es preciso que sean siempre eso, dos pie- dras preciosas que nunca, oye usted, nunca, pueden reflejar lo que siente el espíritu. El día — continuó trágica y fatal — en que mis ojos se alumbren con la llama divina de la pasión, ese día la llama misma los consumirá. Calló Jesús para encender un cigarro, sin que sus amigos, cautivos en el interés de la peregrina historia, osaran interrumpirle, v al fin reanudó : — .\sunlos de gnuí interés |>ara mi. ale- járonme a! día siguiente de la ]>laya fran- cesa y perdí de vista a la interesante cria- tura (jue por un momento estuvo a punto de turbar mi serenidad es))iritua!. Pa.só tiempo: de tarde en tarde tenia vagas no- ticias de su vivir andariego y. por fin. un día supe (|uc Lady Rcl)eca \N'intergay. abro- c|uelada en una gran ])asió:i. se había deci- dido a desafiar la terrible fatalidad (|ue se- gún ella ])esaba como un conjuro sobre su existencia. — i Bah ! — rió Carlos, irónico. — ¡ Que tú no le gustabas. . . y se acabó! Cuando sus interlocutores e.s))eraban una explo.sión de amor projíio. oyéronle decir con voz timbrada de tristeza : — ¡Ojalá! .\si por lo menos no hubie.se dejado una huella iml)orrable en mi re- cuerdo. — Des])ués continuó ; — Fui pa- sando el tiempo, reanudé mis correrías ])or líuropa y, im día. al entrar en el ::omedor de Montreux - Palace, me detuve yerto. ; Sentada a una mesa frente a mí, aconipa- ñada de un caballero de aire discreto, comía Lady Rebeca Wintergay ! En la suntuosi- dad fastuosa del diniíig - room. en la reber- veración de las luces, en la escenografía de las plantas tro])icales. entre las mujeres cu- biertas de sedas, de ))Iumas. de pieles y de encajes, destacábase como una leina de le- yenda, la inglesa. Toda vestida de Chan- tillyes blancos sobre los que temblaban los fulgores de los diamantes y las esmeraldas. ))ermanecia serena, estática como un icono. Estaba bella, infinitamente bella. ])ero con la belleza muerta que me inquietara en otros tiem])os. Sus pupilas maravillosas tenían aún menos vida que antaño y ])ermanecían in- móviles, fijas en un jnmto imaginario. Inú- til que me inclinase cortésmente. inútil que en todo el transcurso d; la comida no apar- tase mis miradas de ella. Lady Rebeca ])a- recía ausente, lejana. — Acabada la comida corrí al Burean del Hotel y i>edi los libros de viajeros. Allí es- taba Lady Rebeca Wintergay. Y tras su nombre otro no;nbre que puso en mi espí- ritu una inquietud irrazonada ; el doctor Nanetti. Hízose otra vez el silencio. Carlos y Montería escuchaban con esa inquietud con (|ue oímos las historias de aparecidos. Je- .sús parecía ])resa de gran excitación. Siguió la historia ; — Durante unos cuantos días viví pen- diente de aquella rara mujer. \'eíala en el comedor, en el concierto, en el auto, siem- ¡jre en compañía del misterioso doctor, siem- pre inmóvil, con los ojos fijos en un punto imaginario siempre. Inútil que buscase una ocasión de hablarla a solas, inútil que ace- chara la .salida del médico, jamás, jainás ])arecía dejarla. Al fin un día. . . Los cabellos de Jesús se erizaban, y he- lado sudor corríale por la frente. — .\1 fin, un día al atravesar una gale- ría, vi la puerta de su cuarto abierta de par en par. Miré dentro y... ¡Lady Re- Ijeca ! Estaba sola y vuelta hacia el balcón, líarecia abismarse en la contemplación del lago. Resueltamente entré. ¡ Más me valiera haber huido ! .W sentir el ruido que hice. Ladv Wintergay lanzó im débil chillido \ volvióse hacia mí tendiendo las manos como hacen los ciegos que temen desplomarse en un abismo. — Retrocedí mudo de horror. ¡ En el ros- tro de belleza estatuaria, en el nácar rosado d€ la piel en que la boca era co-iio una flor de pasión, los ojos habían desaparecido, y dos negros agujeros ponían el horrendo sarcasmo de la muerte, la atroz ironía de las calaveras ! ¡ Sobre una mesilla, como dos gemas de alucinación, brillaban los ojos azules! ,í. //. f. StLtCI A — EL 5nob POR JOSÉ PE LASERNA fSnuh.' Y eso ¿ con qué se come ? Con lo que ustedes quieran y en su pro- pio jugo. El siioh no es un tipo de ayer por la ma- ñana. Niliil iKn'iim . . . -Aquí lo representa nuestro clásico y tra- dicional ¡Ícente. ¿ Dónde va N'icente ? Donde va la gente. Kn tiempo de Panurgo ya hahia snobs en figura de carneros. Vean los modernistas cómo no han in- ventado ni eso. El panurynismo de ayer ncS es más que el snobismo de hoy, y el snobismo de hoy no e.s más que la selección, el refinamiento del i'iccntismo histórico entre nosotros. Mn- tatis mntandi . . . El snob es el Vicente chic, pcliiit, be- carre, smart, sícell. C|ue de todas estas ma- neras y otras más lo .sabemos decir cuando nos ponemos a snobear, vicentcar y panur- yuear. La corbata de moda, la iglesia elegante, el santo de última novedad . . . Este es el ideal de los snobs de ambi sc.xi; todo lo C|ue es moda, todo lo que es elegante, todo lo ([ue es bien, como dicen ellos. Y lo mismo en lo humano que en lo di- vino. Há poco — por ejemplo — se llevaba r. ucho el niño milagroso que tenía en su tienda un encuadernador de la calle de la X. X. Cayó el niño. Shoking. Luego, le dcrnicr cri de la devoción ele- gante fué San Expedito. ¿Por qué cambian de santo igual que d? corbata ? lor eso. I'orque es. . . vcry sclect. Si fuese bien tirarse de cabeza i)or un Viaducto, quizá se tiraran, como se tira- ron al mar, uno tras otro, siguiendo el ejemplo del ¡¡rimero, sus antecesores los va .susodichos carneros. Las modas filosóficas, las m.odas litera- rias, las modas artísticas, tienen también sus correspondientes snobs. Especialmente el teatro es el caldo más apropiado para el cultivo y florecimiento de la especie. El snob teatral no ijasla nada de su jiro pió país, y se perece ]jor las novedades ex- tranjeras. Lo que fuera de aquí es indecente. a(|ui resulta hasta moral. Lo que aburrido en el París soñado, ale- gre e interesante del mar para acá. L'n cabotin de la foirc de pain d'epice se transforma con el viaje en un Máiquez o un Romea. Cualquier grote.sco. ])ornográfico y dis- paratado sainetón, encanto de dcbauchcs. rastaqourcs y dcmi - viercies, es el colmo de la suprema distinción y de la creme. Claro está que aquí y en todas parte.s hay muchos que distinguen de comedias, como de corbatas y de .santos, y saben poner ios santos y las corbatas y las comedias en sn punto. Hablo del snob - tipo, de esa calamidad simiesca, entusiasta inconsciente de lo nue- vo, jjor nuevo y no por bueno, que se crea un estimulo y es una remora, que se tiene por un Brummel y es un Isidro. Mi primo Tonito — ya murió el pobre - ■ era mío de éstos. Xo iba al teatro en todo el año — si se exceptúan los días de moda, soirécs fasliio- iiables V demás solemnidades, " a v?r quién había" ; — pero en cuanto se anunciaba una novedad extranjera, ya e.staba él allí de los primeritos. .\ntes le faltaría a Tonito el monocle — (|ue como no lo necesitaba, lo era de nece- sidad im])rescindible — que su abono a la comiiañía francesa, o portuguesa, o italian.t o lo c|ue fuera. Xaturalmente. no sabia italiano, ni fran- cés, ni ])ortugués — ni castellano, por su- l)uesto, — y se enteraba de lo que sucedí i en la escena con^'o el negro del sermón. Pero había imaginado, a pesar de ser tonto, una ingenio.sa martingala para hacer buen pa])el — segím decía el ])ro])io inter- fecto. Como estaba tan bien relacionado en ,',; litUite. se acomi)añaba al teatro de un agre gado a la Embajada del país de que ¡iroce- dían los cómicos, y se admiraba o se reía cuando se reía o se admiraba el otro. Va- naos, (|ue veía la comedia como los có- micos las hacen, con apuntador. L'na noche me jjresentó a su cicerone. — ¿lis usted -- le dije — el agregado do lurno que trae hoy mi primo? — Xo, .señor — u'e replicó afablemente el joven diplomático. — El agregado siem- l)re es él. Otra clase de snobs más nocivos y mo- lestos son los (|ue conocen las obras y en- tienden el idioma. Estos van siempre de- lante de los cómicos y del ])úblico, explican lo que va a ocurrir, traducen y comentan lo que ha ocurrido, madrugan y se ríen del chiste antes del chiste, y no dejan ver, ni oir, ni entender, ni vivir al de la butaca de al lado. ¡ Si al menos fuesen tan eruditos en lo nuestro !. . . Pero... Ya Iriarte lo dijo: [ Español (|ue tal vez recitaría (|UÍentos ver.sos de Boileau y el Tasso. es jíosible que ignore todavía en qué lengua los hizo Garcilaso. OilMiJM de SíaiitnnA. 'V- — SELECTA — m m Jo °000000°° o? ¡I iJaqina U o o o o g g de los 1 1 o o oo 'vi'» _oo 11 J| linos ^11 '%°°oooof;^^0000°^°°' María del Carmen, Juan Andrés y Enrique Carril Urta Era el 16 de Enero de 1317, en Mendoza. U de gloriosas tradiciones. Un calor sofocante invitaba a la tradicio- nal siesta, que daba a la capital el aspecto de ciudad dormida. El G'ncra] San Martín estaba terminando las últimas dísDosiciones de su gigantesca cruzada libertadora, casi fantástica, y las grandes fatigas de su vida de actividad im- ponderable, habían alterado seriamente su salud y padecía de un tenaz insomnio, según consta en la historia del procer, escrita por el General Mitre : « San Martin no dormía pensando en los inmensos y escarpados mon- tes que tenía que atravesar su ejército». El General, que había velado toda la no- che última finalizando hasta los más peque- ños detalles concernientes a su próxima cam- pana, estaba descansando con un sueño lige- ro que el máv leve ruido interrumpía. Remedios acar ciaba dulcemente la rizada cabellera de su hijita, quien de vez en cuan- do fa besaba en silencio, convencida de que debía respetar la consigna de velar el sueño de su padre, evitando cuanto pudiera moles- tarlo. De pronto se oyó el trote de un caballo que se detenía en la puerta de calle, siem- pre abierta, y luego un dialogo que fué tomando visos de altercado, entre el asisten- te que hacía la guardia con orden de no de- jar entar a nadie. Despertado el General, apareció en la puerta del dormitorio preguntando lo que ocurría. Ella fué a inquirir el incidente y regresó diciéndole con su dulce sonrisa; — Es una viejzcita que vino í caballo y trae un gran envoltorio que quiere entregarte personalmente. — Que entre, — dijo él, mientras tomaba en sus brazos a la nena. Un momento después, Remedios introdu- cía a una vieja, pobremente vestida, trayen- do con fatiga, sudorosa y sofocada el atado María Lilia Etchevest Zuviría cedes... Sí me dan permiso pa besarles las manos a los dos, me víé contentasa ! Ambos extendieron sus manos, y la pobre paisana, después de limpiarse la boca con el rebozo, las besó con unción, como algo sa- grado, y se retiró. La niñita, que había contemplado en silen- cio la escena, dijo: — Papasito, yo quiero que me bese a mí también la mano la viejecita, y darle dos na- ranjas para ella y su hija. — Anda, hijita, y realiza tu buen deseo. La nena presentó sus manitas a la paisana quien se las besó, ron lágrimas en los ojos, y esperó-.-. Volvió Ja niña y entregó sus naranjas, encargándole que no se comiese las dos, pues una era para Juanita Al salir la mujer, volviéndose hacia el Ge- neral le dijo, con voz profunda, profética : — Vea señor, esa frazada íe trairá suerte porque está todita llena de bendiciones de una vieja que rogará toditos los días a la Santísima Señora del Carmel, por su mercé y sus soldados. — Así lo espero, y hasta la vuelta— con- testó el jefe. Remedios, saliendo detrás de ella, la hizo aceptar y«rba y azúcar para que tomaran mate en su nombre. Y San Martip, ai envolverse los pies en la gruesa manta, pensando en su esposa y su hijita, recordaba, emocionado y agradecido, el amor y la abnegación de aquellos habitan- tes que no habían omitido sacrificio alguno para ayudarle en los preparativos de la mag- na campaña que su mente genial había con- cebido y que su férrea voluntad realizó en pro de ia libertad de las naciones hermanas. Catíta Góme2 que depositó a los píes del militar, al que sa- ludó con la clásica frase de : — Dios lo guarde a su mcrcé, señor Gene- ral, por muchos años. Es el caso, que dendc que se corrió la noticia d'esta gixerrA que parece una pesadilla, pero lindoza al mesmo tiempo, yo, con m'faija. qu'es muda la po- brecita, nos pusimos de tarea a tejer esta frazada pa que se engúelva los pieses su mercé en la pasada e la Cordillera, »nde hace tantísimo frió que al fínao mí viejo se le chamuscaron las puntas de los déos en una ocasión. Porque sí se le infrcan a su mercé los pieses, le puede dar la punA. que es ma- la enfermedá, u cualquier otro ira] pior (que Dios no permita); pero estando bien abrigao no hay ci:idao nenguno, y la patro- na puede estar sigura de que su mcrcé y los soldaos pasarán sobre las lomas de la mon- taña lo mesmo que las águilas- Gücno, ano- che nos himos amanecido yo y la Juanita cardando la frazada que ha salió gruesa y peluda que da calor de sólo mirarla, mas que no ha quedao muy bonito el píntao de la guarda, por el apurón con que la himos tejió, y como somos lerdazas y el telar está más viejo que yo, ^u mcrcé dispensará los defectos, mirando sólo la giiena inteocióo. . . San Martín y Remedios miraban alternati- vamente el donativo y la donante, verdade- ramente emocionados. — Mil gracias, cxc¿lcnte paisana; acepto su generoso regalo, y dé. en nuestro nomWe. las gracias a su hija; — y sacando de su bol- sillo dos monedas de plata, tal vez las úni- cas que poseía, se las alargó, diciéndole: — Acepte estas moneditas para que tomen mate en mi nombre. La vieja se negó a recibirlas, diciéndole: — Yo le aprecio la volunta a su mercé, pero me daría pena pensar que se ha mez- clao plata al regalito que le traiba y que ha sio hecho pensando todito el día en sus mcr- R. Puebla de Godov. Luis Alberto Muño* Casterés Carlos Pérez Gomar — SELECTA^ ^Y- EL que sufre el reglaje, goza el viaje. Hsto. que debiera ser una máxima en todo aeródromo, por la sencilla a la vez que poderosa razón de que a mi me conviene, la puso en práctica el Infante don .■\lfonso. y Dios se lo pague. Le había acompañado en dos pruebas de reglaje, y yo os ase- guro que el ejercicio de temple espiritual que se hace yendo con él a estos ensayos, es muy sano. Encabritamiento. picado, saca- corchos, todo continuadito y en su .^"-ado máximo. Hay que te- ner estómago de marino inglés. y aun asi hacen los ojos chíri- vitas y llega un momento en que parece que tragamos una nuez entera. Y en tanto él. cuando el aparato está casi perpendicular al suelo, y vemos el surquito fjue nos ha de recoger en su seguro, se vuelve sonriente, y señalando con el brazo extendido el ex- tremo del ala (|ue gira ?obre nuestras cabezas, dice: — \'ea. vea. ya no vibra más (pie a((uel tensor. Yo asiento con la cabeza y me (juedo con deseos de contestarle : — Señor, yo también vibro una miajita. Pero una vez pasadas estas pruebas, ya puede asegurarse que el aparato está como un diaman- te, que dicen los hebreos. Y a la mañana siguiente, pre- via cesión del puesto por el te- niente Olarte — ; colmado sea de bendiciones!. — nos vamos al éter, orgulloso él de su aparato y yo aún más por acompañar al augu.^to piloto. La tierra está tentadora, brdla la nieve en el Guadarrama, el motor ronca poderoso, ya no vi- bra ni el alambrito de la vispera : me señala la dirección de El Escorial : debo poner una cara de júbilo que le hace sonreír y enfila decidido la montaña. ;Qué dicha volar en un dia tranquilo, en un buen aeroplano y con un gran piloto! .\bajo van pasando : Retama- res: a la izquierda queda Villa- viciosa, que tantas veces he vi- sitado ; el monte de Boadilla, que salpica la tierra de puntos ver- des, tierras de labor. Hacia Ma- drid y en toda la cuenca del Man- zanares, una gasa blanca cubre la tierra. Viajamos a goo metros, flemasiaclo bajos: los puebleci- llos muestran sus sencillas pla- zas y producen sensación de églo- ga. Como en aero la conversación es algo difícil por el ruido del motor, hablamos i)oco y me de- dico al monólogo. Iba ensimismado, a la vez que gozaba de la visión del paisaje, sin preocuparme de otra cosa sino de que aquella nubecilla cir- cular que forma la hélice si- Una excti&rsión al Erscorial en Aeropl . el Infante con n Alfonso TEAM JOCKEY CLUB Ricardo Gómez — Beníamín Capurro — Carlos Rtviere — Carlos Zumarin Ricardo Zumarán Gualberto Rodríguez Larreta — Carlos Rodríguez Larreta Jorge Maschwitz — Arturo Alvarez Mouliá ~ Fernando de la Sierra — Jorge Barbat o ooaaoaaoaDaoooDQODaaaoaooaDDoaaai icáJÉ^áfeoí DDOoooaooaooaoooaooooDoooaaaoooa ° ¡ UN PARTIDO FAMOSO § o a a oaoooaaoaaaoaaooaaaooaacaooooaaoooocooooaaaaooaciooaDaaoaooocoQaaaaooaDaa o a o ° Fué un partido " formidable ". Algo que dejará recueriíos imperece- g g deros. g g Los dos teams se portaron heroicamente. g g Se luchó con bravura, con arrojo, sin miedos y sin tachas. Todos g ^ Caballeros Bayardos. g g Un grupo selectísimo de concurrentes, en el que predominó el elemento g g femenino, fué un entusiasta coreador de las proezas realizadas por los g g jugadores. g g No puede decirse que alguno de los jugadores estuvo flojo. g g i Para qué ? g g Todos estuvieron colosales y el entusiasmo del público estuvo a punto g g de desbordarse en diferentes ocasiones. g g Dio el Kik el Ministro de Instrucción Pública Doctor Don Rodolfo g g Mezzera. g g Y a los 18 minutos de iniciado el partido Barbat hizo el primer g g goaL g g Hubo incidencias de todo calibre y el triunfo correspondió, al. team g g del Jockey Club. g D Q O QooooaaoaoaooaaoooooaaaaaaaooaQQQ^^A^r^^iDaooaooaaoaaooaaoQOQOooaQoooaaoa o ■JlJWiil- a í o TEAM CÍRCULO D2 TENNIS g a o a Rodolfo Sarda— Enrique Real de Azua — Eduardo Castro — Joaquín Serratosa o O Mario Pascual — Alien Crocker — Sidncy Buck Enrique Lasala — Doroteo Williman g O Juan José Arteaga — Juan Carlos Da Silva a ° ';'■• 4 J' -4^yr *^^^ "^ ' »jt^PyWu^aHt ^■^■^^■f * Vm ■iMif.^^krv F ^^ 1 '^t^ wm^'ms ^^^^^Büv. p-^^ ^K W ' El público frente ai tinglado oyendo los cantos y presenciando los bailes que constituyeron el atrayente programa. *J1^H-W I .-1 i id ■ ■I ,11 !'i Ú] En el comedor del palacio, bebiendo una copa de champagne per los dueños de casa y el éxito de la fiesta. Señoras de Henderscn 'J¿ BacU. Lamme, Norton, señoritas Ah'are: Mouliá y Hunie, Ministros Baltasar Brun v' A. Mítchell Innes y señores H^nderson, Hughes y Garcón. I'' ri-' -i .1 íir-:,! .ir ;■,;! ii.i\r i '-:i !>ri- "* ':'.:iiiliv. ■|h- r'.!:i ha .Ir . ¡;ir.I;ir i-n ;1 IT- i-.-];a ii.- :,-•-;:•■ •' -'-ra ,-\, •k:i'1-.í -■ -.w'.r:.- r.i i:.' ! aTi- 1-11 ;.:■,. ir una i^i^a ai^anirnu- liriu- l_ll el |. AílCjUC lie IKK i'st^n .(.iM'ii nn iT-ailar -ana .ir-la r-iai.ri'ala. la '|ar rii laii rnrania.l'M- i-rmari.i ^r fra '!/a:"a .' I .a -rfha-a ,¡r iiriiiirr-.ai \ la (."i'ii-ii'a 'Ir llama- uiir lavi> a -ii ra'"L;.i la maiplrla -í^ "l 'a\L;anizariiin .Ir la Kriaii al airr Mhrr. ii ■'{' .& '^J ^.■^:, i? ■■ " ";- La .i"-:Í!;u;)' la -ra.ira ¡..fia llralia/ .Ir ^-^ I 1.;í."'.. r-. .11 !iii r ■ r !..- iiaa- oalaia.-..- i.ia- ~v>,; í- -I ~. |- ar -a ] iv. •;.■!-■:. I ' .:";^an;zar ■'lia i ;r~la . \. ■■■,., '!i .;;a' \ <-;\ \.r.la.I .¡ar i.. r.'a-ÍL;air ;.' 'laaaiMr. r! |.ar.|a,- r- ana \ nMa.Irra niaraviiía : n rriuaan v nii imMr .Ir-n . .ir liarrr rl l.i n -in Kn -a na-niía-.. ¡.an|::.- a^K■a■.^l m la i...->-a ir ai^. . rnranla.i..i- \ la- í;..rr- ni ai.an- linalaricaír-. a la Si.rir.la.i (.'ri-l.'.lial Col.'.ii. ..aür i. ara- 'i!m- ,-1 íi--:-\a: -r il,--arr. lil.". .laiuaa .|ar -r .liria iliaiila.la. iai] ivr^nalian ;, ¡;, Sorir.ia.l San \ irruir .ir l'anl. a 1"- .-.iii Mil .lrri-..,-lir .ir liarii Lia-l'.. I .a .lia-i!-a- ri anil.irnir .!.■ i.i.l..- i..- nía- .iiaira.l. .- ]..il,rr- .ir \ illa Mnñn/ \ a ia Crn/ Iviia ,-.,r;!;-. ■ .a ri aia- rr-niianlr Irinniu r.irnii.i t.. Ii>- -a- alaa.-- n.ii.iii-nii.i-. 1... |.i'..iiaua.lii |iipr r-a iiiaLiiiifira i'ir-la -r .|r-liiii'i. .iriiio-iran.li I .culi rl'n 1111 rrnaiii nr a. a .'. .11 aai- a. : aa a: l'.ritanií'a l.a Cnaii-ii 111 lir I l.ai.>r \ ia Ciian-iiiii i-'.ic- raii\a r-lalian cnaipiir-ia- |"a- nii iiurlm .i-- .ii-linyni.ii-iina- .i.ania-. .|a ■ ron -a- \»\-~ 1;l:i.>- -i;aialr- a-r^araiaat a la l\rraa--r ri nía- rr-.aianlr r\iln. Tu.ia- r-a- .iaaia- lir- nni I n -a lialirr iiunru-i, inariía- \ niiu i.ii- laiUr- liia-a- .1.- rari.la.i. |.ia-.. r-la Kn-- na-r ]riiir rii -II- iiK rrriaiiriiin- iiii \[aaia 'iría, i^al.ai'.ic ill. Jaira- ni Miinlr\aiirn -r lia \i-in una ailaniria lal .|r ciniriiia'nuaa, tii ana rr -i.iniria ].aniriilar. i )r-.ir la .lama nía- al- lamniir riil.,ra.la ni -..rir.ia.i. iia-!a la ma- im 1 iiiir. ÍMi ana -impaln'a alirmaram -i' iia.rralira. ti..i..- i!.,- | » .u nla.ii i- r.ann l.r- m. 1 lr-1..- I . r. lima' lia \ na .11 a la ..lira li lu-íira • r. iii mía L^riirr. i-:.iai| a.iaiiraiilr. i .a l\rnilr--r -r | irnli ill^.'i |i.ir Miriii- .iia- \ -¡rai|irr r.iii ¡Illa rniuairrnuaa .|ar -..lnr- jia-ii i'i- ralriili.- ma- n¡iii iii-ia-, l-'ai ia iiiaL;iii íii'.a rr-i.iniria - ■ iiaiiian iii-- ilain .lurr-.i- Ivi.i-rn-. mi liii;;"'a.ii i iirila a riilr .Irmrai.i \ .ln n-i.ia.i .j.' nilrrlnii niiria. 1-. ^ liir rralairiiir (airanlaiiiira la \i-la .i ■ a.|arii..- Ivi..-r.i-. .ii.ii.ir nnrlr.i- ,ir iirlia- \ .li-liiiL;iii'ia- -rñiiriri-, \a-lirn.i.i Irajr- ra riK'li la-lir. .-. \rii.iiaii r.iii una ui'.'naa aira Momento en que el Exmo. Sr. ¡Vimistro de Inglaterra abrió el acto con un breve discurso, que tuí cntu- >nilr \ ana r\.|m-ila ainalini.i.a. I, m- nlijr- siastamente .aplaudido. Podean al Sr. Mitchell Inncf, nuestro Canciller y miembros del Comité de Honor, I"- 'la IH'I ' ^ lail'a-ia i|ai- -r lialii.ail laaai SI^LÍICI A Uno de los kioscos de venta Señoras: Platero de W'ilson, Mané de Hughes, Pcreira de Pietracaprina, Boffil de Lasala. Back de Coopcr. ;i) y señoritas : Margarita Benzano, Celina Costa, Éstlier Alvarec Mouliá, Marieta Morquio. 5 'lOial'i i'i 1:1 1- ■ oiiii i! I. ~:!]icri:iil.i la- ^lniia- -;i .■l.iiln al n\-¡a:ii'i 'K- la~ .li-l!!i;^aMa- -■ ■i-!\ L;i'a;iMi-. i\ia¡i.->.aa:. . 'i'- i -a -■¡, V; i-ara--. Ii:.la- la- 1IKÍ- la-a.-ña- r-|. aMU/a-. ñ'ira- ¡¡-.u- Oip!i-;ÍKiiaii la l.'.iaii-!. . a 1 Ir^aiil ■•■'. rr-aaa-l.. m],i.ii:1i. \ .¡-v. -:■ r-':v.-L;" l-'.l |-'.\.-aai. -rñ.ir Miiii-lia, ^K- Inulalrrra. /alura. la- i-a-:-ra>-:.iar- i ■ li.airí;.-. ii.-a aa' ■- ii. .ni Mr. Marlull Inac-. al iiiiciar-r la íi.-i.. I, a- laa-a-, i;,:ii!:i-'a'a-. laiaaii -i- I"' a'a^la-, f:r :ra> iai] ..riai;;,- \ ai;, lia'a .liri-Í!'. Ji—K- r] r-i-aiavi.i lain-lianli . ;ai aau- \c c>>]:ir.-- claia.^, lliaaii'b ■ 1. ■- i:,r 1- -a^.r. 111, 1¡,, ,|r la íroa^la. ana- rl.Hau-nU-- i.alalira- in- >a.a la, .■!; uraiuaa > ,-■' <:\rUv:\ .pr la- /,..-..; r, ,- aiii i:^ .- a la - f, ■,■■;■• i. a ,a^-- -.;! ■ a la ruih-urnau ;a. I'ur rl .li-ciir-i. ^U- a|Ha-- liaar laa -.■.ru-l..ra-. r'i-a- \ , iM.-anii,-- a-'r l.i- ~,íí.,v,- la II,- , 1, a _,.,-,, ,r Mlawir.i ,l,-ia-i, ^ l.l..-. a !■ i'a i lia-MM- a In- iKlir.a- I!.- lii'-í.i' laa-'naaa,::. •■ ¡r -a a. ilr':-: '■. 1 \ ,.- .■a;aia:-\. irr--r. la ail'.uaua'a 'I-a luiMiai iPaia lili.-. Iiira. I .a- I ra-a- ilr: -i-iVir .Miai^irii. (1,- ja-! . ^ I'],.-, ai;i-,aiKaa>lM- a 'n- lUlrr.a- >l..i;i.i a la lalpi.r raali/a.la ]i"r la- C'oii;-;.. pr. i¡ii.:aa..ii,', 1:, liurra-aali-iaia t:r-ia. un ,,,-. ,1,. Uaa^a-. \ •\r aijiiiiiaua.'.a ]n,r la lia- m :..- ia-|.;- -n.aai ■- .la , ■-!.!- ullitn..- li. aa ].ai-.¡aa -.ara la r.-aa/a.'a .a .1 ' '" li.va .!.■ la !"ii-:a. fa. aa .a raailii.la- .a.a ;.íran- ;."-. ¡..aaiiaiu-aa la.ii .-a rl aaialila aail.ánia a:a'-l:-a- f,-1a--!aa¡. .a.- a a- -laa, -,, .!.•- a'.laa-.i- i...r la laiaiauaaauaa. Iia-la ira) laiii-.a.l.a ia iii.v'laa \ ■ n,a ¡..- .la .in- ii.a la 1- a ai- la-a . .| Kn'rl nKinaaih, .|iu- al .li|.l.aiiatua. lnala- I Jnraii!.. !..- .ha- ii.Ia la- liarain-a- \ .ai.li'l..ra- a. 'iiira/ai'i.ti -a I.irra. I.:i \aaila a..|.|aiiai'. ].r. .| .. .raa.ai-- ian-ila.la-. aan..iia iv . íiir r-i. .ir r.Mi'añar. ]iar- -a llr\ar..a a la -alia-la ..¡lirl..- .Ir '^y.íw \al.>r \ niaalia- .h- !! I .a'iaiuaa arii-li.aa I'. .a..- na .111. MI. .- .l.-piir- .Ir ini.aa.l.a- \ anan.l.í la- .1..- mil par-mía- a-;-;anir- a 1.1 l\.taiir--r -r rn i iaa;al 1.1 11 al plaa. i" .U- i.a pnaraia laa.a rii rl li. lai..-.. |.ai"i|aia rl .a. ar.|..r ilr la layia niaii-i.'in .1- la -.i'inra Mrn.lrr-..n -r alna.'. ].ara .lar rnira.la a nn rr.lnri.l.i nnaaa-.i .|r iiualail.i-. 1..- rnalr- i'nrr.iii m lunniiaiu- . .li-r.|iiia.i..- a. ai 1111:1 aii].a .|r v-lian:| ¡ai^iua l-'.-lal)an |.r.--'aiiir- ,11 r-r in-laiiU- rl -la'iMr .\lini-ir.. .Ir ln;_;lalrrra. rl -ii'ii.r .\lnii-ir., .ir Krlaai. .nr- i-'.\lariarr-. 1.1- -rñ.ir- .Ir i l( ii.lrr-..a > aluaaa- .i.aaia- \ .'alíala m-. ^ iiiirnlra- rn rl -al.m a.i.iir.li.r -r ir- laalaiía ralani-.ana ni a a la .Inrña .Ir la r-- |.lrn.ii.la rr-álmaia |".r la -..lua-Iiia lu--la nryaiii/a.i.a \ oi'rrai.la a iiaa-lra -. .ai.-.la.l. n .1 ¡jai"'|iir la a. .lU'arrriuaa laali/alia la n:a- El publico frente al tinglado oyendo los cantos y presenciando los baile .a"i,-a.iii,> ..lirrt .!.■ . -ala. la. I .a Hit ril 111 \ . ai. I. ■ .aiii que constituyeron el atravente croerama. -a :^ra' N u L. r C3 LL id -o tí (O O r- ü ~ _2 d o G ¡Tí T^^.'y''--^,'ii^i^>'?fj:-~. , '-'' ' " — SELECTA — Señoras : PrUto de Martínez, Marquesa Maestri Molinarí, Madame Ketcls, Señora Estrada de Estrada, Señora Lcrena de Yéreguy, Señora Pringles de Abente Hacdo. Señoritas de Vidrella y Azevedo. Señores ; Marcial Martínez de Ferrari, Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Baltasar Brum, Plenipotenciario de la Argentina íeñor Caries de Estrada, Plenipotenciario del Brasil Señar Cyro de Az!/¡Ío. Pl;nt33tcn:iario d; Sioiñi Señor Siívio Fernández Vallin y Alonso, Plenipotenciario de Inglaterra Señor Alfredo Mitchell Inés, Plenipo enciario d- Italia Marques Maestri Molinari, Encargado de Negocios de Cuba Señor José María Solano, Hncargado de Negocios de Bélgica Señor Lnnque Ketcls, ETCargado de Negocios del Paraguay Señcr Luís Abente Haedo, Ministro dzl Interior Dr. Pablo Varzi, Ministro de Hacienda Don Federico Vidielta, Ministro de Instrucción Pública Dr. Rodolfo Mczzera, Introductor de Diplomáticos D. Fermín Carlnsde Yíreguy, Secretario de la Presidencia de la República D. Arturo Brizuela, Doctores Juan Antonio Buero, Enrique Buero. Edmundo del Cas¡tlIo, Matías Alonso Criado y Señor Pablo Minelli (hijo). NUESTRA sociedad testimonió su afecto in- tenso y su galantería exquisita al ofrecer a! señor Marcial Martínez, ex Ministro de Chile en nuestro país y a su distinguida esposa, doña Carmela Prieto, una serie de suntuosos ho- menajes, aprovechando su hreve pataje de despe- dida por nnestra cap.'tal. La gentilísima señora Celia Alvarez de Amé- zaga presidió la Comisión dé Damas que tuvo a su cargo la organización del te danzante que se ofreció a los esposos Martínez - Prieto en los salones del Club Uruguay. Fué la fiesta deliciosa, una brillante exteriori- zación de las hondas simpatías que conquistaron los homenaieados en nuestra sociedad, en los años que el caballero don Marcial Martínez re- ])resentó en el Uruguay a la gloriosa República de Chile. Al reunirse todo nuestro gran mundo en los salones del Club Uruguay, donde la fiesta alcanzó un brillo singular, no hizo otra cosa que retribuir, en forma galana, todas las atenciones, delicadezas y afectos que los esposos Ferrari - Prieto tuvieron para con la sociedad montevideana en su larga estadía entre nosotros. De esta suerte, no pudo extrañar a nadie, que a tnn ilustres huespedes, se les ofrecieron en plei- tesía, comidas, tes, saraos, etc.. y como corona- miento admirable a esas atenciones delicadísimas, la reunión en el Club Uruguay, cuyo éxito fué de tal magnitud que ha de ser recordado en mu- cho tiempo con verdadera admiración. Kl tlía de la recepción, a las 5 y 30 los homena- jeados hacían su entrada en el srran salón del Club. La señora Alvarez de .A.mézaga, en compa- ñía de su e-^po-so. el doctor Juan José de ,\mé- zaga, aguardaba a los esposos Martínez - Prieto, en el hall de nuestra aristocrática institución, para rendirles afectuosa acogida. Rodeados por un selecto número de sus íntimos los obsequiados hicieron su entrada al Club. enafe a los esposos .^ Iniciada asi la recepción, las horas transcurrie- ron velozmente en aquel ambiente de refinada elegancia y de verdadera distinción. Una orquesta ejecutó las piezas de baile más en boga y los entusiastas por la danza aprovecha- ron la atrayente circunstancia entregánílose a los amables y elegantes giros, con veríladera jiasió i. A las 7 se pasó al gran salón - comedor, donde un soberbio lunch fué servido. Allí pudimos admi- rar en toda su brillantez soberana a la concurren- cia que dio a esa reunión tan alta importancia social. Desfilan atrayendo las miradas todas, sub\u- gandü con la esbeltez de sus siluetas i:n|)ecabíes, extasiando con la riqueza y buen gusto de sus toilettes las señoras y señoritas que dan extra- ordinario relieve mundano a la recepción. \" asi veo pasar ante mi, y obligándome a ren- dir en admiración todos mis sentimientos : a la señora Margarita Uriarte de Herrera, sencilla, aristocrática, con la serenidad majestuosa de una soberana; a la señora Celia .Alvarez de .■\meraira, que ofreció el admirable contraste de su toilette Legra, ue su sombrero negio, uc su ecnarpe üei mismo color, con la blancura de su rostro, mar- Banquete ofrecido por el Excmo, Señor Ministro de Relaciones Exteriores a los esposos Hartiner- Prieto fil maravilloso, donde se reúnen todas las deli- cadezas de la línea ; a la señora María Merce- des Cíbils de Castellanos, reina entre tantas rei- nas de belleza y de elegancia, dominadora como una sultana, en cuyos i'asgados ojos negros re- posan todas las expresiones tempestuosas del afecto. Encerraba el ébano de sus cabellos un sombrero de plumas blancas y conservamos en la retina el encanto de su imagen sorprendida mien- tras que con admirable elegancia saludaba a unas personas de su relación y sonreía mostrando dos hilos de perlas tras de sus labios ; a la señora K'isa Rodríguez Larreta de Estrázulas de una elegancia modernísima, parisina, selecta ; a la se- ñora Rosina Pérez Butler de Blanco Acevedo, que envuelta en un traje color rosa, era la en- carnación de un símbolo de poeta ; a la señora Margarita Brunel de Barreiro. cu\'a suprema ele- gancia destacaba aun más la distinción impecable de su silueta : a la «eñora María Angélica Pla- tero de W'ilson, de gallarda arrogancia, domina- dora, espléndida con su toilette correctísima, adornado su corsage con varios hilos de perlas, altamente chic. V haciendo nn esfuerzo y poniendo a prueba el poder de mi impresionabilidad, recuerelo aún a las .señoritas: Plácida N'illegas Suárez, Margarita Idiarte Borda Platero, María Magdalena V'illegas Márquez, Margarita Cat Alvarez. Amelia Már- LU.'z Vatza, Mece es Aroeena Folie, Martha I).le- .•^ias Castellanos, Ernestina Muñoz Oribe, María Elena Wilson, Margarita Saavedra, Marieta Morquio, María Luisa Díaz Eournier, Isabel ü" Brien, Esther Altamirano Villarnovo. Corina Seré Rücker, Sara Torres Cabrera, Orfilia Solari, Es- peranza Basáñez, Paulina .\lgorta Cantuso, Ame- lia Burme;-tcr, Julieta Spangemberg, Virginia Mi- -helerena, Elvira Zorrilla de San Martín, Silvia X'ictorica, Laura Wilson Castellanos, María Te- resa Piaggio Garzón, Zulema Giuffra, Blanca Gorlero, Mercedes Castells Carafí, Silvia Ace- vedo Braga, Erna Figari Castro, .\delina Pérez Montero y María -angélica Montero Buítamante. ¿Habéis alguna vez imaginado un jardín maravi- lloso, jardín de hadas, de ensueño, jardín versi- llesco. jardín donde las flores tuvieran rostros de belleza divinal, de tersura alabastrina, de to- nalidades semejantes a los arreboles más deli- cados y más tenues en un tramonto excepcional ? ¿Habéis imaginado, repito, un jardín de leyenda oriental, que no soñara Semiramís, ni Príncipe moro, ni Kedive suntuoso, ni Raiah fantástico? Pues un jardín así, parecióme ese grupo de ni- ñas distinguidísimas, cuyos nombres mi memoria ha guardado como un tesoro. La coloración ad- mirable de los rostros de unas, el perfume es- piritual de otras, la elegancia impecable de todas, la gracia encantadora de éstas, la coquetería, el donaire de aquéllas, las hacía, ;oh!. sí, flores de maravillosa belleza, que adornaron iíis salo- nes del Club Uruguay como pocas veces lo he visto, y fueí'on la más estupenda guirnalda que pudo idearse para el homenaje a los ilustres huéspedes : el diplomático chileno y su esposa, cuyo recuerdo ha de perdura; en nuestra socie- dad con toda la intensidad de la cortesía, cultura y bondad que originaron tan señalada ofrenda. .. ■ Cyraiw. .c:^ s. r. 7. -^ r Sin.l-CI A — ?^K.,-.i. : :■:,.■ , ,i,- M.!r:.i.-. M..I JM^^ M ic -I M ■^. Ni i : m^,- K,-.!-. Sonn, , E ■r.,j., j^ R-m ;j,. S,-Í..i:.l I .r.:^., Jo Y , , o .v i v . Son. : l P.n.o!,- io Al on-, II oj. . Son ..-> 1, Jo V,l;o:].i V Aoovoi ■ So.i-:o-. : Mir.; .: M i-i. .: .u Ho:, -.n. M: ,- ■■ , lo koL, : i no Kmoi..... ir ü.i'r.. ..:■ Lm.m,. l^iorui-.io.ioi-i, ,o ,:o ;.. ' A t .> ,,i ■■... > , i,-.- i" i,;. , \ F ■ Pío- ir"to>-.OT,f:<. Jol Er,i>-.! Sofi .- Cv> ■ -io -\ : ■. ■ i ., --" --i • ■ n i i ■ -i ■ r£ - ..i . Son -r ^I ^ ■ > Ko ti n-io " \' ni n \ A .m- n Pioin;- .to.i nii-iM io lni:;.i'ori.i Nvunf Al-io.ín M-( hoü 'no Pion.l-.. on nrn. i inic M.n^io- M n --•i , M .|nn,. n En .-o.iÍm ,1o N.^n ,n^ do C.in íom.r l.<0 M..1..1 ,Sn:.i".i. l., i,,.ji,, Jo Noí.nm- Jo fco ."-.n-i l-,n. ^,, K.-.~. El. ir.nil- J.- N.,". ..- >.! F,i-..o-(,v S,n-, Ln. Al.l.o HuJi. Mnt..ro J-i ln!Cr,.-r Dr. I'..!-:.. V.iv.:.. M.n.-.m J. Hi onj, U.,n Ko Join . n V ■. J . o ! 'n Min,,'... .¡o In m , n.„ i',,!: 1>,.. KnJ.nl., Mo,- :o ... I..t.nl;, n.r Jo Ii,;-:nin..., n. \>. Hornnn il inl . ■ Jo Yo, o.n.y. So.TOI.irio. Jo l.i IV0-. 'onon. j. ;.i i-'o-,,! !, , 1> A.nn-., Emnolj. Do -..,0 I.n.n Ann n .. i;,,,,. . Knn^,,. 1 Hl-n-..tJ.. lo! C.,,.,;,.. M.iln..- A:..n..i .c:,n.J.. y bon., P.,!;.. M no! i..,. M' ^-li^N ■..;.!:. Mn,:-,n, ., Mn:;.i:-.. irMj;;íiL:?;e Hilase a Iwa • ÜA l,'..:;nn'.i I' e&?po&Of^ Maríliniics "Frieítí ) ..Irnrii. :i ':i. '.I );i i. rir\ \' \l |--t! \il-.:r \1:,-Il I :.., .-ii, l..r-. I 1 '. !-■• \ . . , IV'llln- ■'- 1 !. . II • ;i - > ■ .'Mi' 1 ,1., i ■.! rr,-,.:.n,.. '. .1 '.i- : ^ ...: 1 I l¡;i. I.a -n.n.r;! \'..,m. / .1. \'n../.i;o. n n' l:.i" .¡n -::;ir-lr.i .r.-.-t ..-■.ir. l i; ! n , r. .■ M'.i ~ 1' n !a \ ■' . a.i- ^ a M aa t ■■;■ ;- i',"'' 1 '■! . ' ■■■..-. :.. ';.■;'''=. . \i : 1 ! ' a. \ . 1 \ ■ . . ■ ,, \1 •;■■'. r¡i /.! \ 1 nn'r''- a-I ." ' '- - I ■ \ . ' ■■■'■. ■.;. ,a - \- . , ,, i .■ . 'va ■ 1 ':.4 i (¡ri la. . 1 :-;;,• 1, 11 - l.L i 1 !,:-•-, ^iín-; 1- i '.i .-., . i •::i a i.a, lo. • ■ . La- . M ! -la,. ■ ..■ 1 i-M i.' :■ \':.r , ! :■ i.n . . 1 ■. Ia:a a"-.r"|la'. • .' '- ■■ -.a \'-' ,,- . . ■ í.i' •■ . ■ .,. 1 !■ ',.■ la \a..i' . ; I-" . \ ' 0. \ ■• \l, '.1 a 1- .a — 5»tLtCIA EL TIMÓN Pensador solitario el timón es instinto Y es meditación sobre el gran laberinto De los solemnes mares. Es el mago-piloto Que da luz a las sombras y razón a lo ignoto. Es el genio latente; es la suprema ley, Dócil como un pastor y altivo como un Rey ! Su ciencia ilimitada abarca los destinos De todas las edades y de todos los sinos, Al enigma descifra y descubre el arcano Del misterio infinito que guarda el océano. Tiene alma y voluntad; debe de ser intensa Y ruda su mirada cuando en la noche piensa. Cuando a solas medita en hondas soledades Contra el embate recio de sordas tempestades. Gozoso de trazar en su obscuro aislamiento El cauce que destruye la voluntad del viento. ¿Dónde escondes tu clave geroglifico mudo? I Quién ha templado el nervio de tu valiente escudo ? ¿El hombre? ¡No ! Mentira. El hombre te ha forjado Rudamente en el molde, pero tú has hallado En el crisol la idea y tus fibras vibrantes Engarzan de los astros sus prismas de diamantes Y tus luces que irradian del ocaso al oriente Sobre el caos lanzaron, este reto: ¡Detente! por Luz que se interna a solas y las noches sorprende En su meditación; luz que se enciende Con más intensidad sobre la mar inmensa Como diciendo al brazo que le gobierna: Piensa! Arado palpitante que en las grandes mareas Vas dejando en el surco un semillar de ideas. Noble alma de acero, farola del Destino Que con tu lumbre de oro te labras el camino De la posteridad. íQué fuera del valor Si tú no le prestabas al gran Conquistador El tesón admirable de tu porfiada ciencia? ^ Qué fuera de la audacia y de la inteligencia Si tu ayuda negabas al genio alucinado De Colón que veía este mundo ignorado ? I Qué fuera de la raza, de su saber profundo Si de tu ley se apartan, Padre del Nuevo Mundo? Nada de nada. Señor! Tú eres de nuestras patrias el grande Redentor. Tú eres el texto sacro que todo lo compendia. El corazón vigía, la clara luz que incendia Todos los horizontes con su extraño arrebol. Tú eres el pensamiento, tú eres el crisol Que funde los espacios, trenes nervio de sol ! — SELECTA — loooooociooooi lOOQOOOOOOOaOOUQOOOOOOOOOOOOOCOOQOOOOOOOOOOSOOOOOOOi oocoooooo ooooooooi looooooooooooooooooooooooooooi )oooí)ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooccooooooooooooooocooooooooooooooOOO ^o'OooooO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOCOOOOOOOOC" " Ooo oooooQOOOoooooooi ooooooooooooo g'°°®"'\ o o o o o o o o o o © loooooooooo /'^omo una admirable encarnación de todas las per- fecciones de la raza, surge ante nuestros ojos, esta dama tan distinguida, tan culta, tan gentil y tan virtuosa. De una belleza esplendente. Doña María Mercedes Cibils de Castellanos es compa- rable a un astro que irradia en nuestros salones: orgullo de una sociabilidad que tiene su definitiva imposición ante el propio y el ajeno concepto: y alirmación de un espíritu elevado y exquisito. — SELECTA — o o o o o o o o o o o o e "-^ ecos DEL ULTimO rñmPEOHRTO DE TEHHI5 , ^^^ _ Qamaa y caballeros que tomaron parte en el Campeonato de Tennis, reallzai^o en el Circulo de Pocitos. Señoras: Platero de Real de Flzúa, Fuentes de Sardo, Garabelll de Platero, Coop^r de Buct;. — SenDritas: Diga Setieres Hoffman, Blanca Butler. Concepción ñmézago, Blanca Broue, Raquel Dupont y niuarez, Florentina Bútier. Señores: Sarda, Croctier, Platero Fyn, Rodé, Figari, Legrand y De Firmas ^OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOI iCOOOOOOOOOOOOOOODOOOOOOOOÓOOOOOOQOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOi ERA bajo las frondas de Araiijuez, en los bordes del Tajo y a la luz de la luna. Ver- bena de la Corte española distraída de los negocios públicos y acogida al recuerdo de otras cortes famosas por el amor y la galantería. Mii- sicas enervantes ponían en el espíritu un amar- gor de melancolía en pugna con el holgorio de las discretas damas, regocijadas por el ambiente picaro que las envolvía, con el rumor creciente de la intriga amorosa y la esperanza del escándalo. Decíase que la Reina... El gemido de los violines aún no era bastante para empañar la comezón criticona de los caba- lleros, más puestos al platicar que al bizarro juego de las armas. Hablábase sin rebozo de un caballero militar que merecía singulares afectos de una mujer in- signe por su cuna y alabada por su hermosura como por su discurso ameno. En los labios de los parlachines no hallaban sino finezas y loas los dos amantes, sin reparar en que el incienso, que era para el militar riquísimo perfume de Oriente, irritaba los lagrimales de un marido, que andaba por medio, tan coronado por su pueblo como por las liviandades de su egregia esposa. En el corro de la Duquesa de los Arrayanes (que con algún mote andaluz hemos de conocer a aquella dama andalucísima), jactábanse los con- tertulios de la amistad con que les honraba el afortunado amante, y no daban reposo a la len- gua ideando proyectos que le fueran gratos para merecer su confianza y su cariño en el próximo día de la exaltación. Y cuando las profecías eran más halagüeñas para la suerte del presunto ti- rano de España (porque tiranía y privanza son viMrablos gemelos), tomó la palabra el abate emi- grado del país de los Luises por santo horror a perecer a manos plebeyas, y, pidiendo la venía l)ara impugnar la premisa que hasta entonces es- cuchó, dijo de esta manera; — Extráñame, señoras y señores míos, que, en- juiciando sobre el porvenir de tan grande señor, os mostréis unánimes. No me parecería ligereza si en la frente de algunos de los reunidos no di- bujara el tiempo la huella de su curso. Pero no hemos de engañarnos con la ilusión de la juven- tud, y mirémonos en un deleitoso espejo que corre entre la arboleda en demanda del ancho mar. El abate, que gozaba fama de discreto, no se libró de las iras mentales de la Duquesa y sus contertulios, mal avenidos con la leyenda de la Hutnanidad. que se hace vieja antes que la vo- luntad lo pida. Tampoco en ¡os oídos de los ca- balleros petulantes cayó bien el consejo de mon- señor, y optaron por el disimulo, invitándole a seguir el discurso tan enojosamente comenzado. V advirtiéndolo el abate en el fruncido gesto -.. !..■ :■!,, I. >- ■ . V !, :■ -ir;- .- ■ I. r.lll a': i V,l-Ir »■ i'l ;i:ni ■> < ir I)i.,^r~ 'TILJ.IIll.l. ■ ~ ;rn"' '.. \., ;n ir i \ . >!ir !.;■ [ 'ir i-:il r.iinli ■- -i n 'r<-. !■ '".]U... í-..ni- .-!.t , -;.'i-i'! .;-.i-.i .[;; .i;. .,•,■>■■.. V ' 'uu^ir 'ir ;ii; r;i, ;it.. ■•■. 1, .|1U I,. I-M _,.,,]■,.■., ... , --;i .../, .1 ¡n-r- .;i.i'i .■!,■ ;i 1 ,ifi, .'!;:- i|,:i . .1 '.I ■>■•■.■ \ . '.i i;i:-:ii.i -ib rir i|;' 1 l;",!! :i!i' .•■. ,1 i ■. Mh ; !■ ■■ V ■■! -:: - !ini v. ■- .i:n ■|;i,- '( ,1, . ■:irMl"!.if. . ■ I «-'iZ-Ui :■] r r'' !,i- íi. •v.i- liM '■..;. -■■;■• ,, .-.1 /.iii.i" Vi ur-m.i -.i'ic:---' \ ,i ..- •[■■j- .. i ■; -. ■ i. -.i'iiil.i'i'r .r!\ 1 n;MiM ;il... ;-i>- :; ;■< ^ii'.ivi -. j-'iri|M' .nri if.ir'l.r, ,i':ium,i :-:n' N • :\\t I l:r;. . «1,1 11-.. i',i uit-l. . lü.i ir 1 I..- .¡■n.-ri — SI:IJ:CI A &OOa03003000000(JOOCOOOOOOOOOOOOCC3000000000000COOOOOOOOOaCOOOOOOOOOCCOC0000000030000000003000000000000COOOoc;o30oc3Doooooocioooooooooocooooooocooooooooocccoeoooooo¿oooaoocoooooc3qoo30oooooooooooooooooooooooo3DO0S0^o:>0 33O30COOO&COSC3OO30< ooococoooooooo300030CC3ofiocoaocoooQC36oocoooocccccooocooooocococoooooojO'D&3oc;^oooco3Q00303C-30030 ÍS o ~c e Q o o o o o « o o - o o e o o o e o c o o e SI ss st nora lanó óe Soria 1 ooooooooco aparecen como dos soles unos ojos rasgados, áe mirada fulgurante, díríase que asi deben ser las uentonas enrejadas del Paraíso. El alma femenina se materializa en el abanico: frágil, amable, seductora, llena de colares y de perfumes como una pri- mauera florida, sutil, acariciadora. Unas manos rudas no pueden manejar un abani- co sin quebrarlo; un alma de mujer se quiebra igualmente al choque de una aspereza, de un desenga o. . . mujer y abanica, complemento del mayor encanto que nos ha puesto la Suprema Bondad al alcance de nuestros sentidos. . , Los ejemplares que ofrecemos en estas páginas son incuestionablemenle sober- bios, ñ la gentileza de sus propietarias, debemos la belleza insuperable de esta nota. Forman esos abanicos, de una gran riqueza, en las colecciones más notables quz existen en el país. ''fíaffv\o=>' '-C^A — SELECTA — HE aquí una fotografía que rememora un suceso trascendental en la histo- ria política de nuestro país. Suceso de carácter sombrío y que aun hoy, a través del tiempo, reviste caracteres tales de anor- malidad, que casi parece imposible haya ocurrido. Quince ilustres ciudadanos fueron depor- tados a la Habana en la bodega destarta- lada inmunda y estrecha de una barca que por n-ilagro ])udo llegar a su destino. Fué un viaje terrible por las condiciones en que los deportados lo realizaron. Triste viaje en el que se jugaron la vida algunos uru- guayos de indiscutibles virtudes ciudadanas y de altos méritos intelectuales. En la fotografía, que damos en esta pá- gina, para salvarla d ela destructora acción del tiempo, aparecen algunos de los exila- dos. Sentados : doctor Juan José de Herrera, doctor José Pedro Ramírez, don Juan Ra- món Gómez, don Agustín de Vedia y Osval- do Rodríguez. De pie : doctor Julio Herre- ra y Obes, don Cándido Robido, don Octa- vio Ramírez, doctor .Aureliano R. Larreta y don Carlos Gurméndez. Cuatro largos meses duró el tremendo via- je, y después de mil peripecias, los depor- tados pudieron sentirse libres y en salvo en el puerto norteamericano de Charleston. De un impeesionan- te relato del viaje, he- cho por el ilustre don Agustín de Vedia, re- lato casi tesconocido. tomamos los párrafos (|ue van a continuación y que reflejan de una manera elocuente las impresiones que en su ánimo causó la inmen- sidad del océano. " El cielo y el mar, esas dos inmensidades que se han desarrolla- do a nuestros ojos, lím- pidos, y serenos, u oscuros y tempestuo- sos, han desjíertado en nuestra alma grandes e indescriptibles emo- ^ de la t9 Otras veces, alzábanse en occidente mon- tañas elevadas, de cuya cima se despren- dían cascadas de fuego, semejantes a islas volcánicas en erujíción. En la hora del cre- púsculo vespertino, esmaltaban casi siemjire el horizonte celajes vaporosos en que, como en la paleta dCl artista divino, aparecían di- luidos todos los colores que la fantasía del ])oeta pudiera idear en sus delirios ; cuadro.-í. es verdad, que una ráfaga desvanecía, para no reproducir jamás en la misma forma ; como si fueran sólo una imagen fugitiva del ideal de lo bello y de lo sublime en el arte, expresión celestial de una belleza y de íma armonía que en vano ])ersiguiera la humanidad en sus dominios ! ¡ Y las noches tro])icales ! ¿ Qué expresión podría definir esa majestad apacible, esa silenciosa inmensidad, esa claridad oscura del firmamento, tachonado de millones de ^^¿^aoooaooaoooooooaoooaDoaaocaaooaoaaDDacaaoDDaooooooaDaaDooooooa3aaDoaoooaoo30^\^^ cíones. .'apenas había- nlos concebido idea de esos espectáculos maravillosos, por los cantos entusiastas de algún bardo inspirado, o de algún sublime contemplador de las bellezas y de las ar- monías de la naturaleza. El cielo de los trópicos nos ha sonreído con los más vivos y animados paisajes. Como si quisiera consolar a los que buscábamos con avidez en la línea del horizonte la som- bra de la tierra lejana, vestíase de sus más ricos colores, y desplegaba a nuestras mi- radas estáticas toda la portentosa magni- ficencia a que se prestan las combinaciones múltiples, infinitas y fantásticas de la luz, en los celajes del firmamento. ¡ Qué cuadros ; qué horizontes ! No acer- tara a rei)roducirlos, aún empapado en los más delicados colores, el pincel de los egre- gios artistas que dejaron con sus obras en la tierra, recuerdos inmortales. .M caer el día, las nubes aijiñadas en el ocaso, iluminadas por la reverberación del sol, nos ofrecían a veces las perspectivas de una isla encantada. Dibujábanse en el horizonte suaves colinas oscuras, se])aradas por valles de un tinte violáceo ; ríos de plata seri)cnteaban en el fondo del valle y un Ijuente de oro se destacaba sus])endido so- bre los abismos : todo aparecía envuelto en una atn:ósfera de lapislázuli y de púri)ura. I^í^^^oa^QooooooaDOODaaoaoooaoooDoaDDaDDaaaaoaaooaaaoGocaooonagooooooaooaaoaQoooDO^^^^ Algunos de los deportados en la barca " Puig ' brillantes astros y surcado de meteoros, calma celestial de que se impregna el alma, muda y absorta en la contemplación de la naturaleza, sumergida en los deliquios de un sueño poético y brillante? La pálida reina de las noches, desde su trono aéreo, despedía su luz mortecina que. con sus reflejos, delineaba en el mar una senda plateada. Nubes blancas, semejantes a copos de espuma, esmaltaban el firmamento o cu- brían la faz de la luna, como un diáfano tul. Las estrellas rutilaban en la atmósfera azulada, como Iáni])aras sus])endidas en la inmensidad del esjjacio. Y el ambiente lle- gaba hasta nosotros húmedo e impregnado de perfumes salinos... Muy distintos, ])ero no menos .soberbios espectáculos solían poblar el espacio. Den- .sas sombras, en vez de rosados celajes ; ru- dos huracanes en vez de apacibles brisas o de ¡profunda calma. Hemos visto, a menudo, avanzar y i)recipitarse. como una legión sa- tánica, esas negras hijas de la tempestad que lleva el rayo en sus entrañas: terrible elemento de desolación, a veces, para el hombre, como de vida y de fecundidad en la naturaleza lujuriante de los trópicos. Uno de los más frecuentes y admirables fenón^enos que sorprenden al viajero en las proximidades del Ecuador, es la for- mación de las trombas. Ese fenómeno, ex- plicado por atracciones singulares de la atmósfera, suele aparecer en días serenos en el horizonte, como una misteriosa co- lumna que se elevara del mar pata soste- ner la bóveda celeste. Esas trombas llegan a ofrecer serios peligros a los navegantes, que sólo consiguen evitar muchas veces desgarránebe callarse todo lo sublime, ' todo lo excelso. Hasta los nombres que a las cosas damos, empañan el espejo del Ser, en que se mira \ el c4rquetipo, trémulo de luz, de santidad y de pureza... i Callemos, callemos ! En el callar hay posibilidades sin límite, hay portentos celestes, hay estrellas, más estrellas que en todo el' firmamento. El c/llma y IMos se besan, se confunden y son una sola alma, en el inmenso mar de Éxtasis, manso, inalterable... i Callemos, callemos ! cAMADO SNiERVO. ÍL) — SELECTA — E-1 primer baile Magnífico estuvo el baile, como que todo con- tribuyó a su mayor realce, cuanto de ingenio, gra- cia y elegancia había por aquellos tiempos en esta ciudad. Unas con su belleza; con sus atractivos de espíritu, belleza de mejor quilate, las menos, y recargadas las más de alhajas, polvos y lunares, encontrábase en los salones del Alcázar de los virreyes, la noche del 25 de Diciembre de 1777, aquel ' ' todo el mundo ' "■ que no falta en cortes ni aldeas. Militares y comerciantes, pocos nobles, mucho alcalde, estancieros y advenedizos muy estirados, del estado llano, que con nombres y trajes de no- bles, en demasiada llaneza se expresaban... ; Pero qué más, si hasta las monjas estuvieron de baile en aquel que coronaba las fiestas de la inauguración del virreinato ! Es decir, concurrieron a él, si no con la ligereza de sus pies, con la habilidad de sus manos ; como que las mejores pastas, dulces y confituras, no duros confites y canelones de Córdoba, eran, si no fina, especial factura de capuchinas. Las catalinas con sus flores, los dominicos con sus pavos y demás fruta de corral, los francisca- nos con toda clase de hortalizas ; hasta San An- tonio tuvo allí su representante en los congéneres de su marrano y lechoncitos adobados, que, ser- vidos a media noche, produjeron magníficas in- digestiones. También la de estos frailes, como la iglesia más cercana, había prestado sus viejas alfombras y flamantes candelabros de plata que, con la he- rencia de los jesuítas, les llegaran de misiones. Desde antes de prenderse todas sus luces en el salón espléndidamente adornado, notábase en el rincón de las zetas el dialecto en crescendo de vascos, y agudas voces como las que hoy se han retirado al otro lado de Barracas. Hablaban en voz alta y en montón : Zavalas, Zapatas, Zavaletas> Zeballos, Zúñigas, Zarrateas, Zaráchagas, Zorri- llas, Zuloagas, Zarragas, Zubizarretas, Zuvirías ; en el mismo salón donde luego danzaban, pasea- ban y chismografiaban en voz baja entre las pri- meras doncellas del virreinato, las de Anzoátegui, Uriburu, Arteaga, Echenagucía, Echegaray, Eli- zalde, Sagastizabal, Ibaceta, Gorriti, Szcurra, Gar- mendia, Iriarte, Mujica, Olavarría, Ortiz, Ota- mendi, Beracochea. . . Vascos como langostas llovieron de Barracas y otros puntos a saludar al único rey que nos ha visitado un siglo más tarde, cuando llegó por estos barrios don Carlos, el pretendiente. Este fuerte erizado de cañones para defender la ma- jestad de uno de sus abuelos, lo encontraron con- vertido en salón presidencial, abierto a todos los bienvenidos. No menos antecesores de los hon- rados vascos que alzaron entre nosotros su tienda de trabajo, acudieron a la recepción del virrey vascongado, menos por lo de primer vice que por lo de vencedor de portugueses. No teniendo costumbre de seguir las crónicas que por hogaño se estilan, haciendo danzar todas las letras del alfabeto, sólo recordaremos de paso que en la primera contradanza de honor, frente al virrey, acompañando a la alcaldesa, se- ñora de Zarratea, y al almirante, marqués de Casa Tilly, con la señora del Correo (Basavil- vaso), hacía vis a vis el alcalde de vara larga y la señora de Riglos, y el esposo de ésta a la Ma- riquita Rospillosi, célebre por su ingenio, digna sobrina del primer abogado de campanillas que vino al país, sabio maestro de todos los doctores del virreinato. Después de tres horas de baile, en la última cuadrilla la hacían ojitos tiernos, entre otros jóvenes oficiales adornados por el fresco laurel de la victoria, Diego de Alvear a la Balbastro; Arce a la Zarratea; frente a Olaguer, que figu- raba con la bella Azcuénaga; Saavedra acompa- ñando a la Escalada en danzas y contradanzas, hasta que bien pronto se enredó la danza en pasos y medios pasos, como que en todos los pasos bue- nos y malos acompañaron por toda su vida estas patriotas abuelas del virreinato a tan ilustres mi- litares, cuyos descendientes después de un siglo siguen esparciendo la semilla de la elegancia en nuestra culta sociedad y nobles ejemplos de hon- radez tradicional. Si algún cronista clarovidente hubiera asistido al primer baile del virreinato, no habría dejado de recordar, en el salón de honor, el rincón de los virreyes ; pues en un momento dado rodearon al general Zeballos, si no todos, hasta la mitad al menos de los que bajo solio tan efímero le suce- dieron : Vertiz, Olaguer, Sobremonte, etc., etc. II En la sala siguiente a la del estrado, otro grupo, que bien pudo clasificarse de primer grupo ar- tístico del país, admiraba una antigua tela de Nuestra Señora de Lujan, firmada por algún Mi- guel Ángel (de exportación), autógrafo seme- jante al que, con anteojo de larga vista expresa- mente construido para divisar la hora de la In- tendencia, se lee borrajeado en el gran cuadro de la sacristía en San Francisco, de gran eleva- ción, si no por su mérito, por la bóveda en que se halla suspendido. Extático la contemplaba el célebre escultor gua- raní, misionero José, que más tarde exhibió esa obra admirable de inculto ingenio y de paciencia, en la imagen del Señor de la misma, a la entrada de la Merced ; y el cuzqueño Rivera, que poco después nos había de legar el primer grabado hecho en el país, representando a Nuestra Señora del Lujan, observaba la primera medalla acu- ñada en Buenos Aires, en 1746 (jura de Fernando VII), en el ángulo opuesto. No obstante la gravedad y circunspección de las parejas en el baile, lo ceremonioso de los sa- ludos y pausado de las figuras, del silencio entre- cortado por medidos diálogos en voz baja, adi- vinados más que oídos, entre tímidos percuii- daiites no dejaba de saltar alguna chispa de espi- ritualidad que iba a romper la monotonía de esa fila de mudas sentadas en camoncillos entarima- dos, a lo largo de las paredes. No se hablaba de modas, que poca novedad se introducía en la de los tiempos coloniales ; ni de política, que no había ; ni de periódicos, que no llegaban. Se murmuraba menos, cortándose pocas sayas, que escasas eran las sastras ; pero hasta en los bailes se conversaba de santos, que no sólo en iglesias, sino en calles y salones se veneraban. Medio siglo más tarde, en casas antiguas conti- nuaba la costumbre de rezar el rosario antes de empezar el baile, ante la imagen de bulto, que era el adorno más preciado del salón ; aunque las cuentas entre sus dedos bailaban menos que los ojos ansiosos de las devotas, pispando al través de la ventana si el preferido llegaba entre los que paseaban con paciencia en el patio. III Atraído sin duda por el recuerdo de la tierra lejana, cerca del San Bruno de naranjo sin es- pinas hallábase el artista del país de los mis- mos, indio Miguel, maestro de orquesta sin se- gundo, discípulo de los jesuítas. Tanto vibró su violin. que hasta en la inau- guración de San Fernando (1805) todavía guiaba en el Canal la banda de jóvenes guaraníes que alegraban la fiesta con su agreste música. En un ángulo del salón principal, al pie del estrado, dirigía éste la orquesta que, a uno y otro lado del clavicordio, formaban arpas, vio- las, flautas y guitarras. En el descanso había ido a tomar su matecito paraguayo, al tiempo que el joven Rivera se lo alcanzaba al teniente Vedia, y en momentos que éste, futuro abuelo del malogrado poeta Adolfo Mitre y Vedia, explicaba al padre del poeta Ri- vera Indarte como venía de voltear la última bandera portuguesa que flameó sobre los muros de la Colonia del Sacramento. Tan aprovechada lección dio por resultado que, años después, a po- cos pasos de la sala del primer baile, desde el bastión sud de este mismo fuerte, con certero cañonazo volteara el padre del Tirteo argentino (poeta Rivera Indarte) la bandera inglesa, tan breves horas enarbolada en la torre de las balas. Cada ramillete parecía un monumento, y cada mesa un altar, en la cargazón de adornos, de luces y de flores, que no en balde mandaran las monjas sus mulatas de mejor gusto en lo de com- poner altares. El benjuí, las pastillas de las catalinas, los zahumadores y flores de seda y gusanillo, or- lando los marcos de espejos venecianos, y aun el murmullo y cuchicheo de chinas y mulatillas (ca- bezas más o menos desgreñadas agrupándose en- tre las gruesas rejas de las ventanas), envolvían todo aquello en cierto ambiente de sacristía. IV Frente a la puerta de entrada colgaba un cua- dro de Santa Cecilia, y a los lados dos consolas de pie de cabra sostenían largos espejos vene- cianos. Una araña central, de plata maciza, es- parcía la luz de jeis velas de cera hacia los es- trados que a una y otra cabecera alzaban su grada. A la derecha el de las señoras, y a la izquierda para los caballeros. De peluquines empolvados y con largas coletas éstos, lucían zapato de he- billa de plata sobre media de seda blanca, esti- rada y adherida al calzón corto, deslumbrante charretera, corto y largo chupetín bordado, como el casacón. De cortos y encarpados vestidos de brocato y tisú de seda ellas, en sus ceremoniosos saludos y pausados movimientos parecían tiesas imágenes de palo, con amplios guardainfantes que las ahue- caba tanto como su vanidad ; anchas mangas, cinturas de avispa, altísimos peinados blancos, daban, no la mano, sino apenas los dedos, como quiere el empresario Querubini en la parodia de la Africana, para contradanza tan solemne y muda como pasos de los conventuales de San Bruno. La medida conversación en voz baja adolecía de parsimonia y monotonía, pues nadie se hu- biera atrevido durante ia danza a dirigir la pa- labra a su compañera, exponiéndola a perder el compás o equivocar una figura, cosa más grave que mayúsculo lapsus linguae entre vascos y an- daluzas. Grupos de hombres a un lado departiendo a media voz y murmurando menos que en la ac- tualidad, y señoras sentadas en el opuesto. Ape- nas se aproximaban a éstas, cuando el maestro de ceremonias o bastonero oficial nombraba pa- rejas. Por su lujo y elegancia, por su belleza y esprit, tuvieron en aquel primer baile del virreinato digna representación, entre otras antiguas fa- milias, las de Gainza, Agüero, Olavarría, López, Perdriel, Maciel, Balcarce, Uriarte, González, Rocamora, Aguirre, Ibáñez, Marín, Lezica, Aca- sus, Igarzábal, Rodríguez, Pereyra, Lucena, Lata- Rota, Arroyo, Irigoyen, Urien, Larrea, Sagurola, Leiva, Salas, Gómez, Gauna, Fernández, etc. V Alguna de nuestras amables críticas, que suele meter sus naricitas o pasar sus ojos por estas tradiciones antes de publicarse, asegura que no fué este el primer baile, pues leyó en Corcolor- cobo que poco antes concurrió a un baile donde contara ochenta carruajes. Tenemos para nuestra capota que sea este uno de sus ochocientos pecados contra el octavo. Insistimos en creer que el primer baile en el Alcázar de los virreyes no pudo tener lugar an- tes de la invención de los mismos. Y así acabó la fiesta sin accidente notable, más que el coronamiento de Zeballos por la más hermosa hija de la tierra, doña Mariquita Ros- pillosi, que puso sobre las sienes del vencedor de los portugueses corona de laurel y rosas. I.a verdadera inauguración del virreinato ya le había anticipado Zeballos arrojando a cañona- zos a estos intrusos de la otra banda. P. Obligado. — SBLlfC TA — Sonoras: Róela Piria óe IsqIq, R3^1i^a QeH'lsola d? Piria, Cora Dzll'IsDla dz Piria, 0:tauia Piria de Cabíro, Carmen B. de Uiana, Rmaüa F. de Piria Senoritns: Seba Isola, Rnita de León ÍTlarexianD y Rngélica Bonasso SrñoreB: Francisco Piria, Dr. Rlbérico Isola. Lorenzo Piria y Piccirilio Isola I ' i-'.ln iiKnii~ -miuiu-ii. -i- n-.ilizii ili;i- — ^ l.a-.-hi.i-- I-i i.i.ila lie la ■ii-'iii^'.nil.i ~i'- i'iMviía Ma;^ilaiiiia Un/i l'ivia. cnn el ralia- IliTn Kinai'ji Ki.iaMi i'.nr'-ra. I .a nia:i-i(V.i .Irl linriür Aü.rriiii l-.ila in la i'iür rniL;na\ r,-¡j!ai:;'ri.'ia. \.ii- ^alniu--. (•-¡■li-ii'liila'iTiin- a''iaja!:i'~ ilaliaii a.l 'va\'\- lailo la iM.á- ari-.;.KTalir;',;i;riUi- aiiialiu' iK' .^ Boóa Isola-Suerra I m Rinal.li. a i|nii-ii ilalia r\ \iy::/.-.,:,),ia-. I'.-: a:;.!,-l va.,.,, viu-aiiKul.a'. ,,,„..„ ;„„alMl--inia -niiav. ''"■''• '■' '''"■■' '-"-'" ~'' ^''iiiii!'^ '■ ^■" ^--l:-.- I,:, ,„,i,-,„ ,1,. ,1,,- v,,ln;uailr- c-lal.a cu- '"''■'■ '■" ""-"■• '^^■■-'""- ^■'■" '■' o.:ilun. la ,„:„a,la. 1.:, fcli.-ala.l abría ante 1..- iin,-,..- ¡.rriiiaiirn.-ia ->■ iiaaa i^rali-i i^a. > a-i la- ,.,|„,„,. ,,„;, av>ni.la aT(.l.-¡ina r inUTini- pnra- |.rr-i:i¡a- i¡iu- ¡iarte-:|.an.ii ,ic la li,--la „.,],],.. ,.,, ^iiva- inai-r:u- la- ll-r;- nia- "'''l"'''l i'-'i-'-'-r-.i .Irlilar-e .l;i!-aiiie la- in- ,„.,-íii;i.a.ia- \ .!<■ o.In,-ac:..:i nía- ikT.-iiii,-. iiaiv- !i.,ra- M!U- -r ai.n.. r,-!:ar..ii m anieai- haeiaii la niia Imlavia nía- ciu-aiua.j.ira. ■""■' "■'•'■"'■'- irá- íacil. n,a- airaveiilr. I.a novia apaiavi... ,n .-I iiinii¡,-n!o en .|iu- \ ,,„.j j,, v.-iiiinl ' \ ¡ril. tiu-rl.-. ¡iiicli-eiiir il.a a .a-kairar-r la mi:. ai. nia-iii : K'a:r;-iii .■ v <-ni],n-ibUM' .ra. -r niiia . .Ira invriiln-l ll.-n '"^^'^■'V ;■" -■''■'■- ^' '"''■^- l-l'--'-""'. ••"'■•1- ",1,. l„,iHlai!, ,\.- virin.l. ,1,- cnliiira \ ,U- cl-,- \ciiu-. la liiiiiilail ,\r -11 raraiicr r-lalia ],]{■■ iianu'iiu- n-lK-jaila i-ii -ii niira'la \- i-ii !a -im- ri-a 'Ir ÍL-üri.la.l ,\\\r ].lr,i;alia -ii- laliin-. i'ji rl icniíiln. il.'j lirazci .Kl ]iailrii!c>, -cñnr l''raiu-i-rn I 'iría. a\aii//i lia-!a rl -aia r:ini ■. -■lanilla |>iir la inailriiia. -/ñnra Mana •'.. ,!.■ ¡^ ^f:o '' o^ ; callemos; / Cuánto, cuAntt-> sf HaMa >in /()ri Jii son! ¡Qué dtxU'n.ir rt'rpfíuo de tctóríCAS niiljs ! c é?y]'í t-^ mcior, ror T't'nt'.irA. el Sütrncio ? Que el Espíritu sel'.e níiestr^ boc.i ci'n .Kí/s siete sellos. y florer-an en pA'/- nuestros entaniAs . ,. / CAÜenios. CAhemos ! ¡Oh! Li estéril Kilumba... ; Y ser l.i Vuía t.in honJA corno es / / Ser el misterio tAn insonOAble I .'Triste Afán de ruido, q'te rnAr:cillA /r> Eterno íjue palritA en ru>sotr,,s .'... / CAÍlenios. CAllenu's ! Los Ann- \ 'le l'i- rxcr|iticii-. r\i-lr |il,-na \ Imniíin-a ni (■! iiiiiinlii. -iin;irii(lp lie la iiiiinn ,],■ iln- aiilirlii- jii\Tiiil<--. i\o i|.>- i-ariñu- aiii|)liip-. liara 1m- ciialf- una \iilmila.l -ii]icrior Ir- |in|para mi nii-mn caiua'. iali:p-ank' ,\r \-.ai- liira . . . C'a-i iiii'cinialilr- \ valin-i-iain- rn -n nía- >uria fiuaaai In- n\^alii- piiir c'l c-ariñíi fa- n ilaar \ la liuinla r-i¡nrn'ii''n anii-in-a rii- \ ii I a !i'- noviii-. I'ji \aria- \itriiia- -c ainipnlniíalian : in- \a- (li- yran \alipr v iK- -i;lpc'raiia lnllrza. i'lu-i|iii--. liinlip- liaiirariip-. i.li¡;-iii- .U' arl ■ iprcciip-u-. ^■ liu-yip |pnr iipil.p- lii- -alipiia- la- ll'prr- -(■ liallaliaii en lal i-anliilacl i|ni' iraii-lipnnalian la oa-a m nii ailmiraliK- ¡ar- ilin. janlin ilr ciu-antip, Xip-iitrii- iiniaiii- a In- \nii)- ,1c \riuiira iiirniiila'lii- en limnriiajr al iiik'\ip liipyar 1111 --Irip- \ip!ip- a niplianuaiK' -iiua-n.-. ,^ .poOoc,, __^ '7)che c^íUrsc toio lo sublime. toiJo lo excelso. Hasía los nombres que a I as cosas ü\irnos. empAñAn el e¿>peío del Ser. en qtie se mira el cArquetipo. trémulo de lu7.. de sAntidad y de pure7-A... i Callemos. CAÜemos ! En el CAÜAr fiAy posibtlidAdes sin limite, hAy portentos celestes, hAy estrelUs. más estrellAs que en todo el firniAmento. El cAlm.i V T>ios se besAn. se confunden V son unA soIa aUua. en el incienso niAr de ExtAsis. njAnso. inAlterAble... i CAÍlenws. CAÜemos! cAMADO ^EFVO. Los nauios desput'r^ df la ceremonia ?) — SELECTA— ^.....;...:.;... -, •■ ;■ .:----,■:-: ^: '■:.. \ ■.:■■: s % MÉDICOS URUGUAYOS EN FRANCIA Organizada por el Touring Club de France, los médicos Uruguayos qu: se hallaban en París, realizaron una visita a las estaciones termales de los Pirineos. La fotografía los da en Biarrítz, y allí se hallan los señores ( 1 ) Dr. Juan Carlas Blanco, Ministro del Uru- p Iñ guay, ( 2 ) Profesor Sellier, de la Facultad de Burdeos, ( 3 ) Dr. Mezzera, ( 4 ) Dr. Armengaud, ( 5 ) Dr. Borras, ( 6 ) Dr. Piaggio Garzón, k G (7) Dr. Bosch, (8) Dr. Girmsndia, (9) Dr. Rodríguez, ( ÍO ) Sr. Vaeza Ocampo, (ÍI) Sr. Villagran, (12) Sr. M. Pascual, ( J3) Dr. [j K Barbot, ( 14 ) Mr. Sarat, Maire de B '■! raaia -i- .|;u .la nía .aa, !..-,■. Via. ni la iiiíiaila -.,1 '.la.l :.|,.aa. '■«■ - I'.'-'"''! -r a.li\aiaii. rii'.r.- !i na Ma. \a.^a~ 'ran'li; ¡aaaia-. ali. :na~. .1.- aa ni ..- L;i'ai 1. - .|:ii I i.ai.'a .1 'M-an -. .1 .l.-Ml .!.■ an .'a- na- i ■ -i-I.- .ai .1. -[..¡ar-.a \.. hal.la. S..:.. -. i ..■ -. inri.' \ !.■ 1 :. n.lr ]a- n:an..~. .■.aiaa.l. ia aaS.va aira-. alii.-n.i~ ¡..- ..j..-. a! .aa!. ..la iiai.,- a ; . -]iaala. . n : n .|i-a.p .Ic-aii; 'la. 1.1 \ i.irna'li/". al ~"\ |..iniiiii,' .|na. .a. a . lili .-araa'ia.i Liran... -, |.aia]a ¡..i... a ]>Mr. nalila .la iin all. . ln .ia/..ni.- .h- nnlia. i \ I \ : I. , :;i •- i ■; \ ri.i. i \ ..:.!!.■ ;■ i-a. 1. .. . \ :■■ la.'la- aa |. . ~ i : r . ■ lilana.i \ la . -. .a.ni -m l.r. .; - \ -in ! a.va- .■ . ' ::/■'.'. a. .a v i. n;... \..ailil. :': . - Manaa-. 1 na i.aia;..i~ila' ^ ' ' ;i; Va 1. .- ; ;a .ii.a.- ara liiiUa- \ - -• !, .,1'r .....ia 11. .- var'a. \I-la' li- lla al... .l.ianl. ' laiiiañ.. .la la \ I. I, -, I \ia.r 11!. 'la l-'.i alar. i ..i.. la iii/ A.- la- aia.a. -a .1; 1' an aaiiiii... .|ir Un.. 1...1.. al lala i-an. n-aaani a li.i-l:; r. . i | .. i"!. .. .n - ■'l".l \..l'.- -.il-lar'... .¡a,' nan.la ni.aia- . .la .a.l-.r.- niUA..-. .-..ni., -i íiirra . .■■•■I-..'.] 1 n..-.|;K- ,il;.. an i.l..r alaaa ,i!i-a.-.a .la I., lai.la .¡a- i|iii-ar.a -. '. ' r. -.■.' ^ a a. \.., a,,] , ,•' nini.l... nn.-'rai-.- .ai li.ia -ii li. r II ..-lira, .li-ii ar.il.ir la nal iir,ila/a .|:ia l.i .-.i a li.iia i.,,r.i ar, ar Mir.a naliiraava nía- .1: .a aa- \ , rran. ,..;.. \ 1> n;... a.. \',¡\ ,, > ■ . a- -a n 1.-. ,,■ . n.a n.l. . . . T.. la\ .;i.i n.. .-l.in ],,-.i.l,.- ,;i nii ;a. |':i'.l< .. ^. a. ..a, a ]....-... a] la'.ain. 1. .-. ^ i"' ■ '"'-M''' l'ar a.- ,ili. .ra \a .,!;., \ r/ .■ i niara \ i'l .-.a r.-lir.a l.i .1 ■ .a .1. .r .a ,i !^. ■:■ '. ■ a'i. I I.- !■'•:' 1 'ija. .. 1,1. a -,■ \ .1 .il ...-.1 ... -a ■j.ir.in.lM rini ■i-ainaa: ;.. .r Illa \ !"■ 1 al ..a, .ni i ¡..ir. a ni. ni ¡r.a. 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I'.- >,'. .aa . -i \ -rha \ .-r.|.-i .r. .. .-n .pi - la 1 ■ 1, .-.; - \ -.- .-a . n... ,. .-r.li- .|:i. n. . !i.-i i^iial.i 1.1 u;ii.i,l,!ii.i. .11.. .|ii, rl -..1 .-.. i-|.li.'.i. na - .!,■' ¡r.i- -.Lia- .1;^ a-'..r -,- alir-,..-(n. .-a j.ar.i ,.n. - i. r..'.i,i, lia-ai an n.ii'i.-hi:- iiiaU a, r .-.i !•,- V a i 1- .1,- r,aa.i ir- \ nal .,-.-. .-i íiiir la 1. .-,. |i ■ i-.il ii-.-.|.-/.-i. I '-i ■■■'"'■ '-1 r. -a r.a la ■ 1.-1 ai\ a ra. ., . . I . , i.i r. I,- \ a .ai \ .-lal. .. \ .-. , n. . mía iir; -. "lia n.-..^r,. il .in. . 1 i,-r r \ :, n- -..l,r.- ,-- ■v i i'.i : ". Ia laii.i. I. .1,1 i^iii! ,| I,- a-I ■,-la\ -' 1^ , ,,|-, I ],, .; ■'■'■ I -1 ■■■'ir ■ -a iia.^.i. ira-, a . ..a 1 ri... \ , .r.a. Irla. .-Livi-l iiiii..., ■i:ilra -. -..lira .1 p-.-li.. i/.|iii.-r 1.. .1 \ 111. 1, \ ■X I N \ -;i 1 .1. na ..i ;.ia ii.u .t., i : ; ■ .n- . . i, i.'-ai. I.i- .-il.^l.rilla- la ,'.-/.,';; I\',:iih'i:i Jiiiir:i, — SELECTA — ENGALANAMOS hoy una página de nuestra revista con el retrato y al- gunas reproducciones del pintor ar- gentino Antonio Alice. Artista vigoroso, de gran renombre, el que ha alcanzado a pesar de su juventud, ocupando hoy un puesto en- vidiable en el escenario artistico americano. Nacido en Buenos Aires, de una familia himiilde, debe su fama y sii encumbrada posición a su talento y a su perseverancia. Al decir de una revista, representa para el arte argentino uno de los esfuerzos más dig- nos de admiración. Los dibujos que este artista hiciera, allá en su niñez y en el taller donde trabajaba, llamaron poderosamente la atención del se- ñor Carrigo, quien lo recomendó al pintor Bonifante, que entonces tenia un estudio en Buenos Aires. Este pintor fué para Alice no !Ólo el maestro sino el amigo. Bonifante — declaró Alice cierta vez a un periodista — no " hizo la América " porque no quiso. Era demasiado artista para ello. Hoy se encuen- tra en Italia admirado y reconocido en todo su valer. :\l maestro Bonifante debe Alice el éxito de sus primeros esfuerzos. Alentado y pre- parado por él logró ingresar directamente f-n el curso superior de la Escuela de Bellas Artes y ganó, por concurso, la beca otorgada por el Gobierno para estudiar en Italia. -Admitido en el curso de perfecciona- uMcnto de la Academia de Turin, obtiene tres medallas de oro y exporte obras suyas con notorio éxito en las exposiciones de Monaco y París. Los cuadros exiniestos son retratos, y es en ese trabajo donde demues- tra más sobresalientes condiciones. DesjHiés de una brillante estadía en los grandes centros artísticos de Europa, el pin- tor Alice vuelve a Buenos Aires, trayendo en su maleta las halagadoras constatacio- nes de sus triunfos, un caudal de trabajo nniy importante y muy bueno y el cuadro ti- tulado " La muerte de Quemes " que, ex- ])uesto en el gran torneo mundial del Cen- tenario realizado en la vecina República, obtiene medalla de oro. ALIC£ Ef pintor arfrentino Antonio Alice, en su cttudío, acompañado por el escritor y periodista Juan José Soiza Reilly. "Confesión*', cuadro premiado en el Salón de Parts con Medalla de Plata t en el * Salón de Filadelfia con el Gran Premio. Retrato de la señora Lola Torres Cabrera de Bottero. Un año más tarde, en 191 1, el Jurado del Primer Salón Nacional de Arte realizado en Buenos -Aires le concede el premio de tres n'il pesos, y lleno de entusiasmos nuevos y de nuevos bríos vuelve al Viejo Mundo y en Paris, en el gran Salón, obtiene Medalla de Plata por su cuadro titulado " Confe- sión ", hermosísima tela, que poco después, en la Exposición continental de Filadelfia, obtiene el Gran Premio. En una carta interesante que el pintor -Alice ha enviado a nuestro comijatriota, el señor Orestes Barof fio, a cuya gentileza de- bemos esta nota de arte, se contienen al- gunas apreciaciones del referido artista res- pecto de lo cine debe ser un pintor y cómo entiende él la pintura. No resistimos al deseo de copiar algunos párrafos de esa epístola. " Todo me interesa en la vida y pienso que un pintor debe pintar todo lo que su vi- sión cree digno de pasar al lienzo. Sincero se debe ser siempre. Para ser original jamás hay que preoaiparse de serlo. Difícil es ^ hoy mantenerse en el camino del equilibrio, ])ues las " manías " de " tendencias " y de- " snobismo " se han posesionado de muchos temperan'entos jóvenes, lo que les hace ma- lograr toda la parte buena que tienen para producir obras que resistan al análisis, — Mucho se hab',a de "moderno", ¿Y qué quiere decir esto? ¿-Acaso el verdadero arte debe ser antiguo o moderno? Creo que no. ¡ Debe ser eterno ! Por eso el artista, que es expresión individual y no colectiva, debe estar siempre librado a su inspiración y sometido a su constante sinceridad. Ser hu- milde para ser grande, " -Alice ha merecido de la critica argentina muy altas pruebas de estimación. La Nación con motivo de ser expuestas en un salón de la capital porteña algunas de las obras del distinguido artista, se expresó en estos tér- minos : " -Alice es un artista serio, honrado y sereno. No le agradan y no busca los efec- tos teatrales o fríamente audaces que ena- moran a cierta clase de piiblicos, o lo dejan boquiabierto. Su paleta, ni se mercantiliza, ni se entrega a la novelería. El pintor ca- mina por el mundo en busca de la belleza, sincera, pero despreocupadamente, y cuando la ha hallado allí planta su caballete y trata de reproducirla con honestidad y verdad. — Toda la exposición de -Alice es una magní- fica prueba de estas dotes morales, de ])ro- bidad artística, sin las cuales no es posible ser un pintor completo, del mismo modo que, sin ellas, en el curso común de la vida, no se puede ser un hombre estimable. Alice no es un " arrívista " que busca el éxito, ya sea entre los tontos o entre los " snobs ", y, como no lo busca, halla jjor de pronto e! aprecio de los entendidos. " Tal es, a grandes rasgos la personalidad de este pintor argentino, verdadera gloria del arte pictórico en el vecino país, ; Retrato de una dama italiana, uno de los trabajos más celebrados de Alice, SELECTA — PE LA AQQNiA San Francisco de Quito, fundada en Agosto de 1543 sobre las ruinas de la antigua capital de los Scyris, posee hoy una población de 70000 ha- bitantes y se halla situada entre la falda oriental del Pichincha o monte que hierve. El Pichincha descubre a las investigadoras mi- radas del viajero dos grandes cráteres, que sin duda son resultado de sus varias erupciones. Pre- senta tres picachos o respiraderos notables, co- nocidos con los nombres del Rucu - Pichincha o Pichincha Viejo, el Guarjua - Pichincha o Pichin- cha Niño, y el Cundor - Guachana o Nido de Cón- dores. Después del Sangay, el volcán más activo del mundo y que se encuentra en la misma patria de los Scyris, a inmediaciones de Riobamba, es indutiable que el Kiicii -Pichincha es el volcán más terrible de la América. La historia nos ha trans- mitido sólo la noticia de sus erupciones en 1534, I53y. 1577. 1588, 1660 y 1662. Casi dos siglos ha- bían transcurrido sin que sus torrentes de lava y rudos estremecimientos esparcieron el luto y la desolación, y no faltaron geólogos que creyesen que era ya un volcán sin vida. Pero el 22 de Marzo de 1859 vino a desmentir a los sacerdotes de la ciencia. La pintoresca Quito quedó enton- ces casi destruida. Sin embargo, como el cráter principal del Pichincha se encuentra al Occi- dente, su lava es lanzada en dirección de los de- siertos de Esmeraldas, circunstancia salvadora para la ciudad que sólo ha sido victima de los sacudimientos del gigante que le sirve de atalaya. De desear sería, no obstante, para el mayor re- poso de sus moradores, que se examinase hasta qué punto es fundada la opinión del barón de Humboldt, quien afirma que el espacio de seis mil trescientas millas cuadradas alrededor de Quito encierra las materias inflamables de un .solo volcán. Para los hijos de la América republicana, el Pichincha simboliza una de las más bellas pá- ginas de la gran epopeya de la revolución. A las faldas del volcán tuvo lugar el 24 de Mayo de 1822 la sangrienta batalla que afianzó para siem- pre la independencia de Colombia. i Bendita seas, patria de valientes, y que el genio del porvenir te reserve horas más felices que las que forman tu presente ! A orillas del pintoresco Guayas me has brindado hospitalario asilo en los días de la proscripción y del infor- tunio. Cumple a la gratitud del peregrino no ol- vidar nunca la fuente que apagó su sed, la pal- mera que le brindó frescor y .sombra y el dulce oasis donde vio abrirse un horizonte a su es- peranza. Por eso vuelvo a tomar mi pluma de cronista .para sacar del polvo del olvido una de tus más bellas tradiciones, el rccucnlo de uno de tus hombres más ilustres, la historia del que con las inspiradas revelaciones de su pincel alcanzó los laureles del genio, como Olmedo con su homé- rico canto la inmortal corona del poeta. II Ya lo he dicho. Voy a hablaros de un pintor : de Miguel de Santiago. El arte de la pintura, que en los tiempos co- loniales ilustraron Antonio Salas, Gorivar, Mo- rales y Rodríguez, está encarnado en los mag- níficos cuadros de nuestro protagonista, a quien debe considerarse como el verdadero maestro de la escuela quiteña. Como las creaciones de Rem- brandt y de la escuela flamenca se distinguen por la especialidad de las sombras, por cierto miste- rioso claro - obscuro y por la feliz disposición de los grupos, así la escuela quiteña se hace notar por la viveza del colorido y la naturalidad. No bus- quéis en ella los refinamientos del arte, no pre- tendáis encontrar gran corrección en las líneas de sus Madonnas; pero si amáis lo poético como el cielo azul de nuestros valles, lo melancólica- mente vago como el yaraví que nuestros indios cantan acompañados de las sentimentales armo- nías de la quena, contemplad en nuestros días las obras de Rafael Salas, Cadenas o Carrillo. El templo de la Merced en Lima ostenta hoy con orgullo un cuadro de Anselmo Yáñez. No se halla en sus detalles el estilo quiteño en toda su extensión; pero el conjunto revela bien que el ar- tista fué arrastrado en mucho por el sentimiento nacional. La Oración en el Huerto figuraría dig- namente al lado de un cuadro del Veronés. El pueblo quiteño tiene el sentimiento del arte. Un hecho bastará a probarlo. El convento de San Agustín adorna sus claustros con catorce cua- dros de Miguel de Santiago, entre los que sobre- sale uno de grandes dimensiones, titulado Lm genealogía del santo Obispo de Nipona. Una ma- ñana en 1857 fué robado un pedazo del cuadro que contenia un hermoso grupo. La ciudad se puso en alarma y el pueblo todo se constituyó en pesquisador. El cuadro fué restaurado. El la- drón había sido un extranjero comerciante en pinturas. Pero ya que, por incidencia, hemos hablado de los catorce cuadros de Santiago que se conservan én San Agustín, cuadros que se distinguen por la propiedad del colorido y la majestad de la con- cepción, esencialmente el del Bautismo, daremos a conocer al lector la causa que los produjo y que, como la mayor parte de los datos biográficos que apuntamos sobre este gran artista, la hemos adquirido de un notable artículo que escribió el poeta ecuatoriano don Juan León Mera. Un oidor español encomendó a Santiago que le hiciera su retrato. Concluido ya, partió el ar- tista para un pueblo llamado Guápulo, dejando el retrato al sol para que se secara, y encomendando el cuidado de él a su esposa. La infeliz no supo impedir que el retrato se ensuciase, y llamó al famoso pintor Gorivar, discípulo y sobrino de Migue!, para que reparase el daño. De regreso Santiago, descubrió en la articulación de un dedo que otro pincel había pasado sobre el suyo. Con- tesáronle la verdad. Nuestro artista era de un geniazo más atufado que el mar cuando le duele la barriga y le entran retortijones. Encolerizóse con lo que creía una profanación, dio de cintarazos a Gorivar y re- banó una oreja a su pobre consorte. Acudió el oidor y lo reconvino por su violencia. Santiago, sin respeto a las campanillas del personaje, arre- metióle también a estocadas. El oidor huyó y entabló acusación contra aquel furioso. Este tomó asilo en la celda de un fraile; y durante los ca- torce meses que duró su escondite pintó los ca- torce cuadros que eml>ellecen los claustros agus- tinos. Entre ellos merece especial mención, por el diestro manejo de las tintas, el titulado Mila- gro del peso de ¡as ceras. Se afirma que una de las figuras que en él se hallan es el retrato del mismo Miguel de Santiago. III Cuando Miguel de Santiago volvió a aspirar el aire libre de la ciudad natal, su espíritu era ya presa del ascetismo de su siglo. Una idea abra- saba su cerebro. Trasladar al lienzo la suprema agonía de Cristo. Muchas veces se puso a la obra; pero descon- tento de la ejecución, arrojaba la paleta y rom- pía el lienzo. Mas no por esto desmayaba en su idea. La fiebre de la inspiración lo devoraba; y sin embargo, su pincel era rebelde para obedecer a tan poderosa inteligencia y a tan decidida volun- tad. Pero el genio encuentra el medio de salir triunfador. Entre los discípulos que frecuentaban el taller, hallábase un joven de bellísima figura. Miguel creyó ver en él el modelo que necesitaba para llevar a cumplida realización su pensamiento. Hízolo desnudar, y colocólo en una cruz de ma- dera. La actitud nada tenía de agradable ni de cómoda. Sin embargo, en el rostro del joven se dibujaba una ligera sonrisa. Pero el artista no buscaba la expresión de la complacencia o del indiferentismo, sino la de la angustia y el dolor. — ¿Sufres? — preguntaba con frecuencia a su discípulo. — No, maestro — contestaba el joven, sonriendo tranquilamente. De repente Miguel de Santiago, con los ojo.s fuera de sus órbitas, erizado el cabello y lan- zando una horrible imprecación, atravesó con una lanza el costado del mancebo. Este arrojó un gemido y empezaron a refle- jarse en su rostro las convulsiones de la agoitía. Y Miguel de Santiago, en el delirio de la ins- piración, con la locura fanática del arte, copiaba la mortal congoja; y su pincel, rápido como el pensamiento, volaba por el terso lienzo. El moribundo se agitaba, clamaba y retorcía en la cruz ; y Santiago, al copiar cada una de sus convulsiones, exclamaba con creciente entusiasmo : — ¡Bien! ; Bien, maestro Miguel! ¡Bien, muy bien, maestro Miguel ! Por fin el gran artista desata a la víctima; vela ensangrentada y exánime ; pásase la mano por la frente como para evocar sus recuerdos, y como quien despierta de un sueño fatigoso, mide toda al enormidad de su crimen y, espantado de sí mismo, arroja la paleta y los pinceles y huye precipitadamente del taller. ¡ Ei arte lo había arrastrado al crimen ! Pero su Cristo de la Agonía estaba terminado. IV Este fué el último cuadro de Miguel de San- tiago. Su sobresaliente mérito sirvió de defensa al artista, quien después de largo juicio obtuvo sentencia absolutoria. El cuadro fué llevado a España. ¿Existe aiin. o se habrá perdido por la notable incuria penin- sular? Lo ignoramos. Miguel de Santiago, atacado desde el día de su crimen artístico de frecuentes alucinaciones ce- rebrales, falleció en Noviembre de 167.3, y su sepulcro está al pie del altar de San Miguel en la capilla del Sagrario. R. Palma. — SELECTA — SELECTA — Miniatura de la nieta de ios Mariscales de Viana Doña Concepción de Estrada y Viana — su primer esposo fué su tio carnal Don Franciscojavíer de Viana Capitán de Fragata de ía Rcaí Armada y Gobernador de Córdoba ÍR. A.) luego casó con Don Agustín Urtubey Parias f Constituyente). HE aquí una nota de verdadero mérito histórico. La constituyen algunos ob- jetos — verdaderas reliquias — que pertenecieron a los ilustres señores de Via- na, Mariscal de Campo y noble de antiquí- simo abolengo. En las más remotas lejanías del pasado se pierde, por asi decirlo, la ascendencia ds esta rama nobiliaria española, que tantos varones de fama ha dado y tantas damas virtuosas puede ostentar. Consta la casa del apellido Viana de to- das las partes que constituye asegurada no- bleza, asistiéndole antigüedad tan venera- ble con relevantes méritos, cine su origen se aparta de la más exacta diligencia de los genealogistas y de prolija investigación de los historiadores. Sondando el piélago de su antigüedad entre las confusas ondas de repetidos siglos V entre los linajes del reino de Galicia, don- de también es antiquísima y tiene su casa solariega en la villa de su propio nombre, Viana. entre los ríos de Duero y Miño como lo afirma el obispo don Servando que lo fué de Orense, sondando, repetimos, en los siglos se sabe que, imperando la monar- quía goda, existió don Rodrigo, ascendiente de la familia Viana. El obispo, antes nom- brado, fué confesor suyo y en el resumen historial genealógico que escribió de Es- paña, folio 24, expresa que el mayor lauro y realce de esa familia y casa de Viana tanto del mencionado reino como en el de Navarra (cuyo origen es inmemorial), fué el haber padecido por Cristo, San Justino de Viana tan insigne mártir como refiere Ensebio Ni- céforo y San Jerónimo entre sus varones ilustres llevándose este preclaro héroe la antigüedad de su florecimiento, triunfo y victoria del enemigo de la religión, por la constante y firme confesión de fe, hasta en- y °'=toooorf'° io§(D§§ °'booorf'° o O o O "Traje" de la esposa de Don José Joaquín de Viana y Saenz de Villaverde — Doña María Francisca de AUaibar y Calo, de brocato ama- rillo bordado en seda en realce de flores de colo- res, cubierto el corsaje con legitimo encaje de Flandes. tregar en el martirio la vida. En aquellos días tenía la suprema silla Aniceto Pontífice Máximo ; y la del Romano Imperio Marco Aurelio, por los años de 168. Esta es la ponderación que más eleva la autoridad de ¡a casa de Viana. pues por el tiemjjo excede a innumerables ilustres y comjjíte con las de más grande estatura y por el mérito hace ventaja a todas las honras, graduaciones y Doña Concepción de Urtubey y Estrada de I-angdo — Biznieta de los Maríscales de Viana. Sus padres fueron: Doña Concepción de Estrada y Viana y Don Agustín de Urtubey y Parias. — Sus abuelos! Doña Teresa de Viana y Alz'íbar y DonThomas de Estra- da -- Bisabuelos; Doña María Francisca de Alzaibar y Calo y Don José Joaquínde Viana y Saenz de Villaverde dignidades temporales, cuando va de lo ca- duco a lo inmutable de la bienaventuranza. -Mgunos genealogistas descubren a todas luces la decorada nobleza de esta casa, pues el Marqués Montebelo y el Conde don Pe- dro en su nobiliario original le dan por ¡jrimer progenitor de la ca.sa de Viana a Pedro Yañez de Viana. cuyos hijos Bosco Pérez de Viana y doña Alaria Pérez de Viana entroncaron con las casas más ilus- tres de Galicia y Castilla en aquellos tiem- l)os. fundando con sus ilustres ramas todos los reinos y provincias ibéricas y príncii^al- mente en Toledo. Madrid. .Andalucía y ha.sta en los reinos de las Indias, co'.ro expresa un escrito de la época. Hasta nuestros días llegan los descen- dientes de tan noble casa y en el seno de nuestra sociedad, rodeados de la máxima consideración y res])eto de todos, existen los herederos de tan seculares glorias ca- ballerescas. En poder de estos distinguidísimos des- cendientes de los Viana. se hallan los ob- jetos preciosos que nos sirven para ilus- trar esta hermosa jiágina. El escudo de armas y el distintivo de la Orden de Calatrava está en poder del señor Francisco de Viana. El obleario lo posee doña Concei)ción Ur- tubey de Zufriateguy. Y las hebillas, la miniatura de doña Con- cepción de Estrada y el traje de la Maris- cala de Viana, en poder de la biznieta de la Tiiisma ilustre dama, señorita Celia Langdon Urtubey. La misma consideración y afecto que ro- deara siemjjre a los ilustres ascendientes en la casa de los Viana, rodea hoy a los dis- tinguidos descendientes, cuya figuración en nuestra sociedad concentra innumerables simpatías y homenajes. "Escudo" de Don Jos¿ Toaquín de Viana y Saenz de Villaverde - Caballero del Hábito de Calatrava, Mariscal de Campo y Gober- nador de Montevideo. "Venera" de oro con la Cruz de Calatrava de esmalte granate. "Hebillas" del Mariscal, de oro cinceladas y acero. -^-^,, "Caja" de marfil con el escudo de los Viana en la cual el "Mariscal" tenía las obleas para cerrar sus cartas. — SELFX TA nibum Social Sla. OI5.1 MonU-s de 0.:a Cuñarro -^ m Sti. Maroaritj Rui: Salinas Sta. Sofia Gómez Monscrrat SIÍLHCI A de los Visiim; ■'\)Cyyr f^- Mini.ilur.i d^- l.i ntcui de Ins M.in...i!c> d«: V..ina noñ.i Concopcion de Esir.id.! y V.Jn.i — s„ primor cspnso liio MI lio ciriijl Don Fr.inii-..-oJavicr de Vi.in.i <:.ipil.in de Fr.iKal.i de l.i Re.il Arrnad.i y Gobernador de Córdoba R. A. liie^o ,-aso ron Don A,;u^tin UrUibcy Farc.es Con^liluyentc r, I'' .•hiin 1111,1 unta 'Ir \cril;Mlrrii iiutí •¿^■' Doña Con.epc.on Je I¡riv.b;v v E.M.iJ,. i, L,i.-..- i Bi.-nieía de los Manéale» de Viana. .V.- r.iJ;~ f:,;-.: Doña <:niwep.-i..i. de E-it..Ja v Viana v Don A ,-..~iin de tlrlol-ey y Fari.i- .s > .,; ,. .-: Doña T--reea de Viana y Alz..iljr y Donlhom.i- de El.,, da H;v., •■-.,. -.■ Doña Mar,,, Fran,,e a -i. Ai:a,la. v Cal., V Don I,..e |.,aqiiinde V,an., v Sien; de V.luneil. ,1il;iiÍ'1.1'1i-- !r:ri.wri!.-. .■;i:iiiil.i \:i A'- ]■ > ca .hu-ii a ',., iniii:i¡:ili!i' '\ ■ !.i h-rii:i \ ,11: :ir.i!i/i \l-.^:ii:..- -.iir.-i'ii^i^I.i- ,lr-i-;ilir.ii :i Iii,l:i- ]'i,-r~ l.'i iliTi ir.iila ii'iliK-/:i 'Ir ^1.1 i';i~a. ¡i:'i - ■1 \l.ir,|;u- M,.ii!<-li ■!.. \ v] C',.ii:|,' .] „, I',- ■ Irii rii ~;i iiipliüi.iri'i i.riJLiiii.il I-' 'l-in i"'!' ;ir:;iHT ¡iritm-tmnr 't.- ".a r.a-.i Ar \ 1.1:1a a l'r.lni N'.lñr/ 'li' \ l.all.l. i'MMi- ll'jii- l;..-ai WvtV- ilr \ iaii.i V iliiiVi Mana \\r ■/ ,|i- \ i.ini riui'ii'ic.iriiii ■11:1 I.i- iM-.i- iii.a- li'i- :ia ■■ .Ir I .aüria i l,'a~l:l!a • 11 a.|;:i':"- iir 11 ]■..-. íaii.i.aii.l . 011 ■ 1- ilii-tr- r.aaia- i...!..- '..- rniin- v iir..\ iiK-ia- ilirru-.a- \ ]in:i,a].il iiiriiu- .-ii T'.lr.i.i. M.i.lri.l. \ii.l lí'.u-i.i \ lia-Ia ,11 ¡11- niii..~ .K- la- Imlia-. i'. . r" iniíIt-.í ni r~,TÍl.p .Ir ]a r]i. K'A. I la-la lia. -ir..- ,|i.i- llr-au '.■- .I.'- -r:! l-rir..- .1. 1:111 ll..l''.r r.-|-a \ .11 -i -rlb. .i. , -iiriril...l. ;■.. Ir.a.!..- .I.- l:i iiiaNÍiia I I lii-liirii-i.. I..1 riin-tilii>rii a'.uiiii"- i.li irlii- \rn|.a(lri-a- rrlii|nia- '|iir |.rrn'iirrirniii ,'i In- iiii-irr- -rfii.r.'- .Ir \ i 1- ii.a. .\l:iri-ral ilr Caiiipn \ iii.li'.r .1.- a:il;i|iii- -iiii.i ali' ilriií^n. l-',ii l;i- iii.-i- rnii.ila- Irj.iiua- .Irl ¡.i-.-rln -r |iirnlr. imi" .'i-i ilroirlo. la a-rrn.U-nri.a .I.' r-l.a r.aii'a iiuliili.iri.a r-ii.añ.il.a. i|ii'' lanln- \.ari.iir- ilr fama li.a .l.a.l.i \- laiil,a- .la la- \ irlnn-.a- lUlnl ■ ii-lriil,ii-. (, i.ii-la I.a r.a-.i .|rl .aiirili.'.. Viaii.a .1 ■ t'i- li.i- la- |i.arlr- c|iir ciiii-nln\r a-r^iira.la 11. ■- li!r/a, a-i-liriiiliilr aiuiuunla.l lan vriirra- lilr culi rrl.\-,ainr- llUTÍln-. iinr -11 nriu.ai -r a|.,ana .Ir la in.á- rxarla ililií^riiri.a 'Ir In- L;rnr.aln;^¡-la- \ ilr ]>n,!ii.a iii\ r-lit; uai m 'Ir I..- lli-lnriailiivr-. Siiiiil.aililii rl iiirla^n .Ir -11 .1111 iL;ur'l.a;l riiiia- la- rnníii-.a- i.ii.ia- .1.- rr|iriiih.- -i.^l 1- \ rlllrr In- lill.ajr- ilrl rrllU. .I.' (ialicia. iliill- .jr laiiiliiril r- .aiil ii|iii-iiiia \ liriir -11 ra-a -..l:irir,;;.a ni 1.a rill.a .Ir -11 pn,],!,, m.nil.rr. "^R'^^^^iiJ" " ' ''■" I""'''"' '''' '"'"■' ' l:-"'iU-iali-i!ii \l.aii.a. riilrr I..- rio- .ir Diirní \ .\l iñ. . r. .ai. . .^^ST*»^' .an.iiriHr- .Ir 1..- \ l.ail.a. -. Ii.aa.aa ! ■- ..I I" .anriiia rl ..l.i-i.n .luii Srrv.aii.ln .|ilr 1.. ^Jl H ^ 1^.,,,^ I„a. ,■„,-.,- .y.w 11.,- -irx.ai ].iv.a iai- l'iH- ilr ( lia-ii-r. -nn.laii.l'i. rrii.aiiiu .-. ni <3 ' ' ;r.n-r-I.a lu-nii..-,a |..i-iiia 1.,- -i-;.,- -r -.al.r .|iir. iiiii ..a-aii'l. . la iii..ii,ar- ..t- . ,. ^ , a r. , , l-'l r-ra.l.. .1.- .iiaii.a^- k ri .I1-: 111: :\ . . .Ir l.i ,|,iia i^u.la. rsi-lin .l.in KiMln-... a-crnáiriiu J;^"^ ^«^ '■» "P°í^.,f ^on Josc Jo.qum de , Calnrava -l.i ni ;..,.ln- .|, 1 -,ñ..i , ,• -,- \ |-i 1- , ,,, ,, .,, Viana y Sacn: de Villavcrdc - Dona M«na ,. v.i... .n.. .U- 1.1 l.aiii.a.a \ ..ana. l-.l ni,;-,»,. .111,- ii.ni- f,^„,í,„ j, Alca.bar y Calo, de brocato ama- Iraiui-.a. .1.- \ i.aii.a. lira. i... Iiir rmitr-.r -ii\.i \ ni rl r.--iniini .¡Ho bordado en seda en realce de flores ae coló- l-'.l ..liir.ni.. 1.. ]".-r.' .| .ña C .n.a-] ..-. .n I r In-Iiirial L;riir,al.ii.;irii .|llr r-rnliai ilr 1'.- res, cubierto el corsaje con legitimo encaje de inlK\ .Ir /n íri.al.-^iu . l>.afi,a. ínii.i -'4. r\|ir,'-.a i|iir rl iiiavín" I.aiin. Flandes. y].,^ h.'liill.i-. la innnainr.a -I.' ■L.ii.a I.'. .11 1, rr.alrr iK- r-a f.aiiiilia \ ra-.a^lr \ian.a l.aiu.i rri.rii.n .Ir h'.-lr.a.l.a \ rl li-,a;.- .1. I.a .M.ari- .Irl iiiriK-iíjii.ailn rniiii ruiiiii rii rl .Ir X,a\-,arr,a irr^.ar ni r! ni.arlirin l,a vi-la. l''.n ai|n, -:!..- r.il.i .Ir X'i.au.a. ni ¡.n.lrr .|r ¡a lii/ni -l.i .Ir la I riiy.i nrii;ril r- imnniiori.al 1. Iiir rl liali.-v .li;i- Inn.a !,a -iijirní 1:1 -illa .Xiiirrln I 'i.iiiifl.-r iri-;n.a i'n-ar,a -inii]iia' ,1 L- ir.i-iia-- a-rni.l- iilr- ,11 iiii-lrr- llr\án.|n-r r.-l,' ]irrrl,an> lirn.r la i' :.Mr-n' r'.n-iilrr.arl.n \ rr-i.ri.. .I- 1...I..-. rs'-i.ai i. I- lirrr.liTii- .1' lan -r.-n'.arr- i;l..ri.a- r.a- iliyiir.ja.l ilr -11 ílirrriniirnl.i, triiniln \ \innia.a .Irl riirnii,L;ii 'Ir la i'.1íl;Íii!1. li''r la rnii-lanlr \ rirnir ruilfr-iiiil ilr I.-, lia-l.a rii- 1 r,a-,a .|r N'iaiía. ]iiir- ]ii.i- rl lirni|in rxrr.lr !a r.a-.a .Ir 1"- \ lain. ii.ilr.i li ■■, a 1..- -Ii- 1 iiiir.rnn-.alilr- ilii-irr- \ n .111] .ilr mn la- .Ir liii::^ii:.|. .- .1 '-r. n-iinilr-. .-.iva lÍL;nran..n .-n ii,á- ^raii.lr r-taliira \ ].i>r rl iiuTÍln li.ar ■ mir-lr.a -...ar.li.l r..nrni'ra inniiini ranl - ■lU.ai.a ,a Imla- ia- liniuaa-. ,L;r,nliiari.ii!r- \ -aii|.,ilia- \ li.r.nni.ai.- •'Venera' de oro con la Cruc de Calatrava de esmalte granate. "Hebillas" de-1 Mariscal, de oro cinceladas y acero "Escudo" de Don José Toaqum de Viana y Saen: de Villaverde - Caballero del Habito de Calatrava, Mariscal de Campo y Gober- nador de Montevideo. "Caja" de marfil con el escudo de los Viana en la cual el "Mariscal" tema las obleas para cerrar sus cartas — SELECTA — La Maravillosa 1 lio © © Chorrera de panto grueso de Venecia. Trabajo hecho en parte en relieve. Mediados del siglo XVII. ocooo LOS primeros patrones o modelos para punto de aguja datan de mediados del siglo XVI. Estos trabajos se de- nominaban " punto a magua cuadra ", en Italia, y en Francia, lacis. Los lacis se ha- cían en hilo blanco, no solamente en Italia y Francia sino también en España. En épo- cas remotas estos trabajos se ejecutaban también en las islas de Grecia. La proximi- dad de la República veneciana con estas is- las como sus relaciones comerciales con las mismas dan la explicación al origen del en- caje de Venecia ; donde, además de llamár- sele " reticella " se denominaba " jnmto ta- gliato ". " Punto in aria " fué la primer variedad de trabajos de punto de Venecia y encaje italiano a mediados del siglo XVI ; con cuya aparición coincidió también la de los " merletti a piombini " que fué la primer puntilla hecha en Italia en esta forma. Desde entonces la demanda de encajes y puntillas fué tal en Europa que en muchas partes mujeres aldeanas y pescadoras, en sus chozas dedicaban horas enteras al te- jido de estas maravillas. Y asi vinieron al mercado los suntuosos " Points de France " de Alengon, las " dentelles au fuseau " de las bajas tierras de Flandes y los célebres encajes de Inglaterra magistralmente tra- bajados en Youghol y Kemnare en el Sur de Irlanda. Francia e Inglaterra llegaron a la misma altura de Venecia y Flandes en la fabri- cación de encaje. Enrique III de Francia que reinó allá por los años de 1579 a 1589, encomendó a un célebre veneciano llamado Federico Vin- ciolo, la confección de todas las puntillas y encajes para su corte ; dejándose ver pronto en los trabajos franceses la influen- cia del hábil hilandero Vinciolo ; y fué bajo el reinado de Luis XIV que prosperó esta industria en el suelo francés. En Alemania, un hijo de Nuremberg, B. Ultmann fué quien enseñó a los cam- pesinos de las montañas de Harz a trenzar el hilo en 1561. Encajes similares se hicieron luego en al- deas de Andalucía y en convenios de Es- ])aña. El " point d'Espagne ", sin embargo, parece ser un nombre comercial dado por manufacturas francesas a una clase de pun- tilla con hilos de oro o plata muy aprecia- dos por los españoles en el siglo XVII. Los moros y los sarracenos hicieron des- pués ciertos trabajos llamados puntillas ma- cramé. Rusia, Ja])ón, Ceylán y otros países tam- bién tuvieron puntillas, y en el Paraguay manos pacientísimas trabajan el codiciado Ñanduty. En Bélgica el Point de gaze ; " Duchesse" y los mentadisimos encajes de Bruselas, místicamente trabajados en silencio llaman la atención de los entendidos al par que el " Point ap])liqué '. Y en Irlanda se han he- cho célebres por esta industria Linrick y Carrick, Macross, Kinsale, Neuvy y Cross- maglin. . Brida de toca o escofieta 1 "point de Venise a ríseau' Época Luis XV. Cuello de festón, posiblemente del siglo XVII. Ooooo' I ^fii> p^ Brida de toca o escofieta en finísimo "point d' Alenf on" Albores del siglo XVIII Parte de una colcha de hilo hecha de cuadrados de "lacis" divididos por deshilados. Los cuadros representan los doce meses del año con escenas tomadas de "La Celestina" Siglo XVI (Museo Victoria 7 Alberto • Londres). UN SITIO ADMIRABLE DE RECREO PUNTO DE REUNIÓN PARA FAMILIAS En la calle Yatay entre Reducto y Marcelino Sosa, con los tranvías de la Estación Reducto en la puerta, a una cuadra -de la calle Agraciada donde circulan ¡os tranvías de la Transatlántica y a media cuadra de la calle Marcelino Sosa donde pasan todos los números de la Estación Goes, la Cervecería Uruguaya tiene establecido un antiguo y acreditado recreo, que si antes de aho- ra fué el punto de reunión de los que gustan sa- borear un buen chop, hoy con las reformas fun- damentales que en ese local se han introducido, se ha transformado en sitio obligado de esparci- miento de las familias. Allí se dispone de espléndidos salones donde se pueda saborear un soberbio lunch y de una más soberbia cerveza. Diariamente son muchas las familias que allí concurren, en busca de un sitio agradable y de una bebida sana, de calidad superior. Los domin- gos de tarde y de noche aquello es una verdadera romería. Y en verdad que son deliciosas las horas que en ese recreo pueden pasarse. Como decimos es un sitio de recreo donde acuden incontables familias, en la seguridad de que allí pueden hallar no solamente un ambiente apropiado para señoras y señoritas sino que también ligeras meriendas y deliciosa cerveza. Es el sitio único en Montevideo que de esa ín- dole se ha establecido. De modo que no debe extrañar a nadie la enorme concurrencia que diariamente allí se reunía. Los que aún no hayan visitado este amplísimo y confortable recreo, deben hacerlo. Nos agra- decerán luego nuestra recomendación. S[£LI£CTA — Chorrera de punto grueso I i •> | )riiM'ri i^ lialruiir- n iihiil ln. ]i;ir,i h'.iii-ii |;ic III .Ir l''i;iiu'ia ijiir rrlim alia |icii- de Venccia. | ^ |í;inin iK- a,i:iiia •lalaii ilr iiir.lia.li i^ |,i^ año- .Ir I57.| a I5S'.). riU' mianilu a ini Cuello de festón, Trabajo hecho en parte 'K'l -i;^ai X\ I. l'.-ln- iraliajü-. -r .Iv- lalrliic Mii.'oiaiin llamailn l'cdvicn \ lii- pcsiblenicnle i.n relieve. i .oiniíialian "■iiiiiUii a niaylia laiailva". m i-inln. la n m Irccii'ni .Ir Imla- la- )Hinlilla- j^j 5J„io XVII Mediados del siglo XVII. llalla. > m l'raiK-ia. lavi-, l.o- Kua- -.■ ha- \ «■lu'an- |.ara -;i lorlr; ili-¡aii.|M-,- vrr viaii rii liilo lilaiu-n. iiu -clanirní,- i-ii llalla ] in ailn r!i ln- iraUap.. i raiu-c-r- la iiil"liu-ii- _^^ \ l-'raiu-ia mil. lainliu-ii ni l-'.-paña. l-'.ii r|"i- ,.¡;, ,1,.] ],;,],.;] l,,lan,|rr' . \iiu-¡.il( . ; \ liir liaj.. I /<7^l ^'^i- i-i-iiHUa- r>l(.~ iraliajM- -,■ rjrcnlaliaii ,.¡ niiia.lo ,!.■ I.iii-. Xl\' (|iu- i,ni-|i.TM c-la laa'liK-ii -.ii la- isla- ili- I '.rrcia. La |irii\inii- aidn-iria m rl -ii.-ln rraiu'r-. '!.. 1 'Ir la Ki'iuiliiii-a \riu\aana i'' .n i-la- i-- l-'.n NK-niaiiia. iiii liijn '\r Xiir.iiilirr;^. la- rom.. -;i- lakk'ii.iic- la.aniaaal.'- ciiii :a- 11. I 'liaiaiiii l'iu- .|iiirii ai-rñ.'. a 1..- i-aiii- iri-nia- .laii la ,x] .licira .ii al ..rilara ilcl iii- |„-.,:!ii,, ,1,. I,,., niiniiaña- .Ir I larz a na-azar i-ajr .Ir \ rmaaa ; .l.ui.k-. a.l.'aia- .Ir llamar- el liil.irii i;()l. -lie " rriiía-üa " -r .Irii. . iiiiiali a "i.aiil.. la- l''.iu-aji- -iniilar.'- -c liiri ma Iii,L;iir!i al- ■^^■-O .,:. , ■■ I ,. I : \..u.i ■ ... !.■ oooo^'- ili.". ilia- .1.- \nilaln,:;, \ m ■ "\iim.- .!<■ i-',-- l'aiil.i iu aria" liu- la |.i"iiiui' vavK'.la.l |.aña. I'.l "[...mi .ri'.-| .aL;ii'.' ". -m railiari;!', ■ I ■ iraliaj..- .Ir ¡.imii. Ar \ lai.a-ia \ .iK'air paiaaT -rr mi iii.mlii",- r. .ai.aa'ial .la.ln |.i.r ,^,^_^ -laliaihi a iiir.lia.l..- .l.-l -i-L. \\l; r..a ii-aua íai'l ara- íraii.a-a- a mía .'la •■.• .1 ■ ¡.mi- ■' i';'\a aiiaruami r. .iii.'i.lii . laa'l.a-ii la .I.- I..- '■'.'. i .ini li;i... ilr ..la. n i.lala v;ai\ a.racai- f^- \ '■ .;■'--' ■ I'-'', "iiua'lriii a ].iiimliaii" i|iic liir la ].riiiKa" .1..- |.iir Iu- r-iiañi .I.-- ni rl -i.i;! . X\ II. '\ -^ ,y ^ ,' \.t'^ |.mitill.a lua'li.a .ai It.ali.i ni c-I.a l'i.rm.a. I...- iir.i-..- \ ]..- -,arr,av- la.- liiía.a'nii .h--- y. .,^,■'-5 -"^ . Ví>l.' I K-.li- nm.iuT- la .Kni.amla .Ir .iirair- \ |.iu-- riña..- lr,al.a¡..- ll.am.a.l..- i.imlilla- m.a- "^ ^y -^^J^ ■•ly. l.aniai.a- lar l.al ni l'.ma.]ia .|nr ,ai iiiiirli.a- ri f • j.arlr- iiaiiria- ai.lraiia- \ |.i-rai|..ra-. "'"' '"■' '¿^ '''" ''■'■'''■' '''"'■'"•'- ''"■ l''l-"i''' ■■ \ 1.1- rrlrl.r.- V 1,„ ni.ail.a.ii-ma,- rar.ai.-- .1.- I Ini-rl.a-. ¿■^i^^^''^ W' -:' . ,1:-'T '■^tl^Wi.- ■•■"■■i.i'~ '!>■ lii,L;Iatria-.a m.^i-l r.aliii aiu- Ira- mi-iir.am.ar..' Ir.ali.aia.l..- ni -iKairi.. ll.aaiaii ''Y W --'■♦"-■ ' ■' 'éÍ^'''Í'Üí-^'''>'Í,^ L.aia.l..- ni ^■..a.^ll..I v K.nm.ar.- ,ii rl .^nr ■.., .-,|,.„ri,.n .1.- 1..- ,aii ii.li.l...- ,al ],ar ,|!u- rl •í>SSf'2^'"" .i.-'-';^/*:^Tlg-!r\\,' '''■ ''■"""'•'- •• r..iiit .a|,|.li.|iir-. ^■ ,11 Irían. la -r lian 1,.-- ''jg!" "^'ájí" ¿ _ j-, Vi^>;--y.xi'' l-r.anria r 1 11^:1,11, aa-.a lIrL;ari.ii a la mi- na .'li.. r.Irlaa- ....r <-la ia.hi-lri.a l.iiirirk \ , 'í? ''.'"^í^ '".;{; \. ■ I ^■y'-'-'^^'. alliir.a .Ir \ nirria \ l-'laii.l.-- . ?.-5y ''.:^, Brida de toca o escofieta en "point de Vcnisc a rcscau" Época Luis XV. Brida de toca o escofieta en íinísinin "point d* Alcnfon" Albores del siglo XVIII Parte de una colcha de hilo hecha de cuadrados de "lacis" divididos por deshilados. Los cuadros representan los doce meses del año con escenas tomadas de "La Celestina" Siglo XVI (Musco Victoria y Alberto - Londres . I^i w UN SITIO ADMIRABLE DE RECREO PUNTO DE REUNIÓN PARA FAMILIAS En la calle Yatay entre Reducto y Marcelino Sosa, con los tranvías de la Estación Reducto en la puerta, a una cuadra de la calle Agraciada donde circulan los tranvías de la Transatlántica y a media cuadra de la calle Marcelino Sosa donde pasan todos los números de la Estación Goes. la Cervecería Uruguaya tiene establecido un antiguo y acreditado recreo, que si antes de aho- ra fué el punto de reunión de los que gustan sa- borear un buen chop, hoy con las reformas fun- damentales que en ese local se han introducido, se ha transformado en sitio obligado de esparci- miento de las familias. Allí se dispone de espléndidos salones donde se pueda saborear un soberbio lunch y de una más soberbia cerveza. Diariamente son muchas las familias que allí concurren, en busca de un sitio agradable y de una bebida sana, de calidad superior. Los domin- gos de tarde y de noche aquello es una verdadera romería. Y en verdad que son deliciosas las horas que en ese recreo pueden pasarse. Como decimos es un sitio de recreo donde acuden incontables familias, en la seguridad de que allí pueden hallar no solamente un ambiente apropiado para señoras y señoritas sino que también ligeras meriendas y deliciosa cerveza. Es el sitio único en Montevideo que de esa ín- dole se ha establecido. De modo que no debe extrañar a nadie la enorme concurrencia que diariamente allí se reúne. Los que aún no hayan visitado este amplísimo y confortable recreo, deben hacerlo. Nos agra- decerán luego nuestra recomendación. # M ■52S5525E52SES2SHS2SHSaSESHSHSaS5SESH5SSH52S2S2SHSHSHSaSH52SE525a525S52SHS2SHSHSHSHSa5E55SSSHS5SHSSSHSH555ESE5HSaS5SHSHSHSH^ Víctor El instrumento ideal para bailes La Víctor es el instrumento que propcrciona los mejores medios para aprender fácilmente los nuevos bailes, los cuales reproduce con asom- brosa nitidez y extraordinaria naturalidad. La Victor ofrece la inapreciable ventaja de estar en todo tiempo y en toda ocasión a la disposición de los que deseen bailar, permitiendo pro- longar el baile tanto como se quiera. Los Discos Victor de Baile son verdaderos modelos en su clase, habiéndose hecho acreedores a los mayores elogios de los más exigentes en esta materia. Este instrumento no pone reparos en repetir cualquier baile. Tampoco molesta a los que bailan, y tiene la gran ventaja de ocupar muy poco lugar. Elimina, por otra parte, las molestias y los gastos en que es necesario incurrir cuando se contrata una orquesta. La Victor y la Victrcla ponen a la disposición de todos, además de un gran número de piezas de baile de todas clases, un selecto y variado repertorio de música popular y clásica, y con- tribuyen poderosamente a la ale- gría y bienestar de los aficiona- dos al arte coreográfico. Cualquier comerciante en artí- culos Víctor se complacerá en hacerle oír los bailes más en boga, así como en enseñarle los diferentes modelos de la Victor y la Victrola. I Escribanos solicitando los últimos catáloffoa Victor en español, los cuales sumioistramoa Sratis y franco de porte. Victor Talklng Machine Co* Camden, N. J., E. U. de A. Fxija sienipre la famosa marca de fábrica de la k Victor, "La Voz del Amo," la cual aparece esiam- \ pada en todos los instrumentos Victor, Victrola y Discos \'ictor. \ Niníúa instrumento \'ictcr o Victrcla es legitimo í.n cbta marca. I.A \OZ DFX AMO Víctor 1 Caja de roble ^ niorfelos a diferentes pr? Dellazoppa ^ Morixe Agente de la Compañía VÍCTOR y de los j Pianos Howard de New York y i Pianos Collardy CoUard de Londres . ^ ' ■ ' ' '\ Plaza Independencia, 733 - Sarandí, 6I4 Montevideo Talleres ñ. Barreiro y Ramos - monteuiáeo. pO^O OOOOOOOOOOOOOODOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOClOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOÚOOOOOCOOOOOQOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOi ooooooooooooooooeooooooooooooooooo, o OOOoQQQQQQgQQQQQQQgQgQQQQQQQQQQOQoaggQQgQQQQQgogtjQQQQQQQOQQooQooooooooooODooooooooooooooooooooooaoooooooooooooooooooooooooooaooooooooooooooooooooooi o OooooO oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooaoooooooooooDOOoooooooooooooooooooooooooaoooooooooooooocooooDooooooooooooi loooooooooooooooooooooooooooooooooo ^^^ ^ loooooooooooooooooooooooooooooooooa OooooO o' o O o o2.00°°°0ooo. lOOooooooocooooaoúoocQoo lOoocooooosooocooooooooúooooocoooooooo-Dooooo O^^^OC ^e looojoooooooooooocoooooooooooooooooooosoocoo qoq Q ooooooooocüoi loococooocoooooj Doña (Daría Ramírez óc Oribe Fué una úe las matronas más distinguidas dz una época social, que se impone aún, a traués del tiem- po por ser expresión acabada de una alta cultura y porque se funden en ella, todas las gentilezas munda- nas, con todas las energías indomables que dieron a la patria tantos tiéroes. Compañeras de aquellos hombres de acero, las damas de entonces tienen relieves admira- bles de carácter. Tal Doña (Daria Ramírez de Oribe, cuyos dones de bondad y de inteligencia lo colocaron en puesto preeminente dentro de la selecta sociedad de en- tonces. Quardodora seuera de todos los prestigios de .-fc»»v— li**«S« tttn ..nn flmif*n rinKlomofito rortroC9nfntílin ^n €;" --^T^. '^»- M Doña nnarm Ram'wvz óe Oribr Puí' u 11(1 dv !ci': n nitro neis nui^i ói-.tinqij irtcis óí- uiui t'pcird '-Dt mi, t}[jf Hi* i ni pon t' oun, u tniut'S tífi lii'fii ■ po por ,íT fxprt-'.iíín orcibcióti úi' uno tilta cutturn y porqut' 'M" \unCicu ffi flln, tt}óns los qt'nlilfzo', muiión- nciíi. ron I "'ún^i !a'i rnfrqm'j inóotJinblt'*! quf óirron a Iti pntrin laíitori Iiítop'.. rotnpnncros ór aqus'llo^ hnnihrt's óv. cicero. Inii ónrnaíi ór pntonrcs lirní'n rplirut'^i aóniira- bk'i di' cnrnrtcr. Tol Oonn moría Rcimirrz tír OrÜT. cuyo') ílnnt'e: dv bonrtad y t5e intfliqrncin \a rolorarnn fti pLJi"r:to pr^rniinrntt' tlt-ntro de \a '^.flcrta '-.ofirclcú dr eiv- ::i AMY & IlENDERSON TIENDA INGLESA JUAN CARLOS GÓMEZ, 1314-24 5@ BARTOLOMÉ MITRE, 1317 ® pINALIZANDO LA ESTACIÓN DE VERANO, iniciamos en todos nuestros departamentos, una rebaja extraordinaria sobre nuestras mercaderías, imponiéndose sus precios, por su conveniencia en la excelente calidad de artículos que ofrecemos en esta ocasión. 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