3 85 :b 8 6 al ADHESIONES ■ I li \'IM DI LOS BK1-I¡M¡I¡IL1S I Dlí LA PROVINCIA 1889 LA PLATA 543 — tipografía «BUENOS AIRES», calle 8 isntuis i<> y 47. 18 8 9 m ?■* Ufe m i * * UNIVERSITY OF ILLINOIS LIBRARY ; + # a* OAK ST. HDSF t Class Book Volume 2>«5 "í>8 Los opositores al proyecto de la enagenacion de los Ferro-carriles Provinciales han repetido con insistencia que la opinión pública los acom- paña, y hasta han tratado de probarlo buscando adhesiones á su causa. Unos cuantos ensayos desgraciados que hicieron, en ese sentido, les probó que no tenian en realidad partidarios. — Su empeño fué contraproducente. Alas escasísimas y débiles protestas que consiguieron poner de su parte siguió una manifestación espontánea, bien representada y numerosa, que tuvo eco en- tusiasta en casi todos los partidos en la Provin- cia, enviando al P. E. y á las Cámaras el estímu- lo de su adhesión sincera ai benéfico proyecto. Hemos querido que esas adhesiones no desa- parezcan para que pueda tenerse siempre á la vista, que la opinión en la Provincia está de par- te de su gobernante al llevar á la práctica una de sus hermosas promesas. i 54340 MEXSAJE DEL PODEK EJECITIVO La Plata, Enero 5 de 1889. Ala H . Ley is la tura. Tengo el honor de someter á la consideración de V. H. el adjunto proyecto de ley, para la enagena- cion de los Ferro-carriles de la Provincia, cuyo en- vío os anuncié en el mensaje de apertura de las Cá- maras, en el pasado período legislativo. Pienso que se altera por completo toda noción de buen gobierno, cuando se pretende atribuir al Es- tado el rol indispensable de empresario do trans- portes, que solo puede justificarse por excepción allí donde no se hace sentir la acción particular. Solo en este último caso la iniciativa es un deber, es más, es un sacrificio impuesto al Estado, en ob- sequio álos intereses de la comunidad. Pero estos deberes desaparecen cuando el capi- talista toma sobre sí la responsabilidad de explo- tar una empresa, que por derecho corresponde eminentemente al esfuerzo particular, en el mismo orden que le corresponde la explotación de todos los ramos del arte ó de la industria. Estas opiniones no son nuevas para mí, como lo sabéis, pues que mi programa y mi propósito es constituir en lo posible y dentro de la órbita cons- titucional, el máximum de libertad y el mínimum de gobierno, separando todo resorte que sea inú- til é indiscutiblemente impropio en el mecanismo del Estado. Me parecía inoficioso deciros lo que está esta- blecido en nuestra carta fundamental y que consti- tuye el engranage de nuestro sistema de gobierno; pero me es necesario hacer esta digresión, para demostrar hasta que punto es conveniente que el Estado intervenga como administrador de reparti- ciones agenas á su propia naturaleza. Los Poderes Legislativo. Ejecutivo y Judicial son las altas autoridades que en la Provincia for- man el sistema federal vigente en la República y el ejercicio de sus funciones está circunscripto á los preceptos y alas reglas atribuidas á cada Poder por la Constitución que nos rige. Toda otra inter- vención que no forme parte esencial del Gobierno, es perjudicial para la buena marcha administrativa y á veces suele ser una remora para el progreso. El P. L. encargado de dictar las leyes, necesita de todos los recursos que económica y lícitamente pueda obtener para autorizar los gastos que de- mandan obras tan indispensables que hasta parece absurdo no las tenga ya la Provincia en el grado de adelanto que se encuentra. Y bien; los cuaren- ta millones de pesos oro que importa por lo menos el valor real de los Ferro-carriles de la Provincia. y que vendrán del oxtrangero á aumentar nuestra riqueza pública, se traduciría bien luego por leyes de Y. H.. en canales de desagüe y de irrigación, en caminos generales y municipales, en puentes que dieran comunicación á distritos aislados de la Pro- vincia, en obras de salubridad, en pavimentos para los pueblos y tantas obras públicas que reclaman especial y directa atención por parte del Estado y que no pueden tener su iniciativa en la acción par- ticular. El P. E. por su parte, colegislador con el Par- lamento y Administrador de los intereses genera- les, por la naturaleza de sus funciones, podria atender al servicio bastante deficiente de las poli- cías de campaña y dotar todos los municipios de los recursos que les son tan indispensables para su progreso, sin desatender el cumplimiento de las leyes dictadas por V. H. que hoy se cubren con re- cursos extraordinarios que pronto han de ago- tarse. En cuanto al Poder Judicial, su acción es bien clara: administrar justicia dando á cada uno lo que es suyo y defendiendo la acción social, de acuerdo á la Constitución y las leyes vigentes. Estas son las verdaderas funciones generales del Gobierno que tiene la representación del Estado, y con cuyo ejercicio, en toda su pureza se garante la mayor libertad y se ejerce la mayor presión posi- ble en el Gobierno. A cambio de esto, y si analizamos lo que ha sido entre nosotros la administración de los Ferro-car- riles del Estado, rueda impuesta á nuestro meca- nismo institucional en circunstancias especiales, hemos de convenir en que ha sido remora de mu- chos progresos, que ha apagado grandes iniciativas de adelanto y que sin entrar á investigar la verdad •estricta, ha constituido la queja constante de los productores de la zona Oeste y de la opinión pú- blica. Bastaba que la inicitiva particular pretendiera extender una línea que pudiera quitarle en la com- petencia un kilómetro de peso de transporte, para que la Dirección General de los Ferro-carriles hi- ciera la mas tenaz resistencia y venciera muchas veces, en perjuicio evidente de los bien entendidos intereses del país: es decir, el Estado empresario contra el progreso del estado social. — 8 — Por mi parte he quebrado esa tendencia y puedo decir que he encontrado en V. H. la mas feliz acoji- da, cuyos resultados han de ser provechosos en lo sucesivo. En cuanto su parte financiera, muy lejos estoy de deciros que los Ferro-carriles del Estado, cons- tituyen una fuente de recursos. La administración pública por mas escrupulosa que sea, no puede parangonarse con las administraciones particulares que no están sujetas á todas las trabas y restric- ciones que por su naturaleza Jes imponen las le- yes y reglamentos y de lo que no es posible separar- se sin caer en peligros de resultados tal vez mas funestos. De aquí que, sirviendo á la zona mas rica y pro- ductiva de la Provincia, los balances de los Ferro- carriles del Estado, oírecen una utilidad que tal vez no exceda del 50 % de las que aseguran la ex- plotación de las demás líneas de la Provincia que pertenecen á empresas particulares. Y no se atribuya esto á la diferencia de las tarifas de las de los demás ierro-carriles, pues que la di- ferencia de rendimientos no está en proporción á la diferencia de las tarifas, teniendo en cuenta la zona explotada por todas las empresas y el término medio en el transporte. He querido encontrar alguna razón que justifica- ra satisfactoriamente la teoría de que el Estado debe mantenerse como hasta hoy empresario de sus Ferro-carriles. El único argumento digno de tomarse en cuenta y al que se le atribuye una im- portancia decisiva, es el de que bajo la administra- ción del Estado, el Ferro-carril mantiene bajas sus tarifas para el flete de transporte de nuestra pro- ducción, haciendo eficaz de esa manera el desarro- llo de nuestras industrias. Este argumento no me hace fuerza ni modifica — 9 — mis opiniones al respecto, y es una de mis convic- ciones profundas que el Estado no solo tiene el de- recho sino el deber de intervenir dentro de los límites déla equidad y de la justicia para la reduc- ción de las tarifas cuando la producción y el país los reclaman, sean cuales fueran los capitales de compañías que tengan en explotación las líneas férreas acordadas por la Provincia. Y si esto no fuera evidente yo pregunto: ¿Cual seria el rol á que quedara reducido la jurisdicción y el imperio del Estado, si sus poderes públicos no pudieran tomar una participación directa para la fijación de tarifas en los ferro-carriles particula- res? Esto que está en la ley, está también en las con- cesiones, porque son de esas facultades irrenun- ciables, desde que el Estado no puede despojarse de atribuciones que le son propias, que forman parte de su soberanía y cuyo ejercicio tiene por ob- jeto salvaguardar los intereses de todos los habi- tantes de la Provincia. Las vías férreas, consideradas en la categoría de los grandes caminos públicos como que forman parte de la red de comunicación dentro del Esta- do, están sujetas ala acción é intervención directa del Poder Público que es el encargado de dirimir estas colisiones que á menudo se producen entre los intereses de la comunidad y los intereses de una empresa. Y si el Gobierno puede ordenar á una empresa que levante una vía que perjudica una comunicación ó un municipio, si interviene en la marcha de los trenes, determinando su velocidad y su paradas, si le pone términos para la publica- ción desús horarios, si ejerce sin disputa las mil facultades que le atribuyen reglamentos que pue- de modificar á su solo criterio; con cuanta mayor razón tiene el deber do intervenir en la fijación — 10- de las tarifas que son un factor indispensable para que nuestras industrias lleguen á los mercados de consumo ó de venta. Sin esa intervención, las compañías particulares de ferro-carriles, asumirían las proporciones de una potencia en conflicto con las autoridades del país. Tal raciocinio ajustado á las p re rogativas y de- rechos del Estado, hace desaparecer el único ar- gumento que pudiera oponerse á la sanción de esta ley. El caso, por otra parte, está perfectamente pre- visto en el proyecto que os someto. Por el art. 2 o inciso I o se establece explícitamente la intervención del Estado en las tarifas, y el art. 3 o prevé la for- ma en que han do cobrarse los fletes por transporte de cereales, que son los que actualmente rijen en los Ferro-carriles de la Provincia. Creo que ha llegado el caso de que se establez- ca por una ley especial la uniformidad de tarifas para tocios los ferro-carriles cuyas concesiones ha- yan sido acordadas por la Provincia, uniformidad que ya existe establecida por el Congreso, en cuan- to á los ferro-carriles de carácter nacional, pues no es justo que un productor goce de una tarifa mas baja por igual extensión de transportes, en competencia ventajosa con otro productor que de- ba servirse de una línea distinta. Es por demás evidente también, que el favor acordado á los productores de la zona que recor- ren las líneas del Estado, se traduce en una injus- ticia notoria desde que perjudica á los productores de las demás zonas que no pueden competir en pre- cios con los que tienen que pagar menor flete. Los beneficios pues que el Estado debiera acor- dar á todos, se convierten en una excepción, y toda excepción injustificable es odiosa. — 11 — Esto será materia de otro proyecto que os some- teré en oportunidad. O el Estado debe ser dueño de todas las lincas férreas de la Provincia para que los beneficios al- cancen á todos los productores, ó deben entregarse á explotación particular, estableciendo la unifor- midad en las tarifas de todos los ferro-carriles. Que el Estado no debe adquirir todas las líneas, es evidente. Fuera de las consideraciones apunta- das, es de notarse especialmente que el esfuerzo de capitales que existe en el país y los que diaria- mente ingresan del extrangero para obras nuevas, es infinitamente superior á la renta del Estado que por otra parte tiene destinos especiales. La multitud de sociedades anónimas fundadas hasta la fecha con capitales suscritos por muchos millones de pesos, nos demuestra que la acción particular puede llevar su iniciativa allí donde ol poder ó el crédito del Estado no alcanza. Pero se agrega también como argumento, que los Gobiernos de algunos países europeos tratan de adquirir las líneas dentro de sus territorios. Esto todo solo es aplicable por la situación de fuer- za, que se mantiene en el continente como elemen- to de defensa ó de conquista, para movilizar rápi- damente el servicio militar. En nuestro caso el ejemplo no es aplicable. A cambio de esto, en los Estados Unidos de Nor- te América, cuyo territorio está cruzado por la ter- cera parte de las líneas férreas que existen en el mundo, todos los ferro-carriles pertenecen á em- presas particulares, con la circunstancia especialí- sima de que las tarifas por transportes son las mas bajas conocidas hasta la fecha, como sucede nota- blemente en el ferro- carril á Pensil vania que con utilidades de 80.000,000 de pesos como las que tu- vo el año de 1884, solo cobra medio penique por 19 tonelada y por milla de transporte en línea cu- yo costo inicial es á veces excesivo por la calidad de sus terraplenes, obras de arte y material de tracción. El ejemplo ele los Estados Unidos de Norte-Amé- rica, es perfectamente aplicable á nuestra situa- ción. Con su organismo de gobierno análogo al nuestro, sus leyes son liberales en materia de ex- plotación de líneas férreas por empresas particula- res; con una producción agrícola excepcional en el mundo y que abarca una superficie cultivada de mas de 400,000 millas cuadradas, compensa el re- ducido flete, con la enorme producción que trans- portan, y esta tendencia debo ser la muestra de que nuestras primeras industrias son de carácter aná- logo alas de aquella gran República. Hay por último un argumento que no puedo de- finirlo, pero que puedo clasificarlo como de la preo- cupación. Pienso que Y. H. no ha de participar de estos argumentos que hieren la sensibilidad pe- ro no el raciocinio. Libro sin embargo en absoluto á vuestro criterio el juicio de este proyecto, que para mí, de trascen- dental importancia y forma una de las bases in- quebrantables de mi programa de Gobierno. Dios guarde á V. H. M. PAZ. Manuel B. Gonxet. DISCURSO DEL MINISTRO DE OBRAS PUBLICAS Dr. Manuel B. Gonnet. Señor Presidente: Señores Senadores: Es por voz primera que asisto á las sesiones de vuestro período legislativo en este año. He debatido con los señores representantes, en años anteriores, altas cuestiones de interés público, habiéndose mantenido siempre el debate á la altu- ra que la dignidad de este cuerpo lo exigia y puedo declarar con la mas íntima satisfacción que la Pro- vincia de Buenos Aires, de la que ejercéis los po- deres delegados, debe estar con vuestras decisio- nes, porque ellas revelan estudio, competencia, ilustración y patriotismo. El Gobernador somete ahora á vuestro elevado criterio uno de los puntos esenciales de su progra- ma de principios, de ese programa que mereció y encarnó la voluntad y los deseos de la mayoría de la Provincia en los sufragios del 5 de Diciembre de 1887. La cuestión que vamos á debatir, es una cuestión de importancia, de trascendencia política y social. No se me oculta, señor Presidente, la idea fun- damental que encierra el proyecto que estamos discutiendo. Afecta principios y doctrinas que en el orden de las instituciones han pasado ya á la categoría ele axiomas elementales y de conclusión — 14 — indiscutibles. Cimentadas esas doctrinas en los Estados Unidos, han tomado carta de ciudadanía entre nosotros por diversas decisiones del con- greso argentino, á la par de las muy grandes y las muy nobles instituciones y principios políticos y sociales de la gran República del Norte. Es, sobre todo, bajo el punto de vista doctrinario que quisiera ser comprendido por este ilustrado cuerpo, si me cupiera la dicha de que mis argu- mentos, despojados de los brillos oratorios que por desgracia no destellan en mi mente, pudiera, por lo menos, ser intérprete de los grandes pen- sadores que han alcanzado para el mundo el ideal de la organización social, es decir, la libertad irradiando á todas las esferas y haciendo del go- bierno el mas mínimo resorte del mecanismo so- cial, sin influencias indebidas, separado de toda concurrencia y dejando al capital y á la inicia- tiva particular lo que les corresponde en la explo- tación de las artes, de las industrias y del co- mercio. Y digo sobre todo bajo el punto de vista doctri- nario, porque el señor Senador Benitez, que es el único que. hasta ahora ha combatido el proyecto del P. E.. no ha tratado la cuestión bajo esta faz, usando de un ardid parlamentario que no ha de haber pasado desapercibido para los señores Se- nadores que han estudiado este punto. El nos decia desde su alto asiento, ex-cáteclra, el P. E. pide la enagenacion de los Ferro-carriles fundado en la mala administración de esa empresa. Y sobre este tópico con frases de un efecto mara- villoso, con imprecaciones, con imploraciones, que han de haber subido, estoy seguro, hasta las puertas del cielo, lo hemos oido en dos sesiones consecutivas después de las cuales podemos decir, como los emigrados franceses en vísperas de — 15 — Ja restauración: «Nada hemos olvidado; nada hemos aprendido». Esta circunstancia me obliga á distraer mas de lo que pensaba la atención do la Cámara, pues preñero creer que el P. E. no se ha explicado su- ficientemente en el mensaje, antes que decir que el señor Senador no lo ha comprendido. Señor Presidente: toda sociedad , todo pueblo, toda nación, constituye una comunidad de intere- ses ejercidos mas ó menos libremente al amparo de un poder, de una entidad, de un mecanismo, llámese como se quiera, que desempeña las fun- ciones de gobierno. Este organismo social es mas perfecto siempre que, destinadas perfectamente las atribuciones del pueblo y del gobierno, aquél no intervenga en los poderes delegados ni éste no ejerza las funciones que á éste por su naturaleza correspondan el ciudadano ó al capital privado. Si una sociedad pudiera armonizar tácitamente y sin discrepancias sus ideas., sus intereses, sus tendencias, no necesitaríamos gobierno. Si cada uno comprendiera cual es el límite desús derechos y hasta donde alcanza el cumplimiento de su deber, sería inútil la acción de los tribunales; las leyes naturales sustituirían á las civiles y habríamos llegado al ideal, al desiderátum de la perfección humana. Pero como esto es imposible, nuestro espíritu debe inclinarse á acercarse en lo posible á ello, así como, en lo moral, el hombre debe ten- der siempre á la perfección, aún en la seguridad de nunca alcanzarla. Tal es la teoría spenceriana, que hace pesar so- bre el pueblo el mínimum de gobierno, acordán- dole el máximum de libertad: libertad política, social, industrial y comercial. De aquí pues, señor Presidente, que toda inter- — 16 — vención del Gobierno en los resortes que no le son indispensables para el ejercicio de los poderes de- legados,, es un atentado contra la perfección de las instituciones, contraía libertad individual. Convertir el estado político en una entidad in- dustrial, en concurrencia con el capital privado, es un absurdo que no resiste la más débil crítica. Mantener como hasta ahora el Gobierno atado al régimen del mundo industrial, concurrencia, es ponerlo en pugna con los individuos, con el capital privado, haciendo odiosa hasta la misma institución del gobierno. Esta teoría, señor Presidente, la sostuvo tam- bién uno de los escritores mas distinguidos y modernos. León Say, que luchó en Francia palmo á palmo contra la intervención del Gobierno en la explotación de los ferro-carriles. La explotación de los ierro-carriles por el Estado dijo, en un célebre artículo publicado en 1881 á propósito de la expropiación ele las líneas en Or- leans, es un absurdo, es una falta grave y mas que una falta es un crimen, porque climateria política las faltas se convierten en crímenes, es un aten- tado contra la fortuna pública. — Tales son las pa- labras de este sabio estadista. En efecto, poner valores industriales, pues ta- les son los empréstitos que tienen un fin especula- tivo, hechos por el ferro-carril, al lado de los va- lores que forman el crédito de la nación, es dis- traer, es desnaturalizar, es poner una rueda inútil en el mecanismo del presupuesto. Muy contrariamente á lo que nos decia el señor Senador Benitez, he de apoyar mi tesis en la opi- nión de distinguidísimos autores modernos que han tratado esta materia. A él no le convenia buscar este apoyo, porque la numerosa mayoría de los escritores que han tra- — 17 — a do la cuestión relativa á la explotación do los ferro-carriles por el Estado, condena ese princi- pio temerario. Pero en una cuestión de esta naturaleza aún cuando pueda herir alguna susceptibilidad, pre- fiero antes que presentarme solo en la arena del debate, como lo ha hecho el Senador Benitez, com- partir la responsabilidad de la gloria de esc hecho con Herbort Spencer, con los Say, con Duverger. con el ilustre Haclley, con el eminente y distin- guidísimo economista Lerov-Beaulieu, y con mil escritores que podría citar en este momento, que el señor Senador ha de tener en su biblioteca y que también ha de haber consultado. Estoy seguro de ello. Yo no he de decir como el señor Senador, que nada tienen que hacer en este asunto las opiniones de las eminencias del siglo. Sr. Presidente: el pensamiento no tiene mas patria que el cerebro de los sabios y de los ilus- tres, sea cualquiera el clima ó el sol bajo el cual hayan nacido. Para no fatigar demasiado la atención de la Cámara con la lectura de las opiniones de los dis- tinguidos economistas que tengo á la mano en el «Journal des Economistes». voy áleer simplemente la conclusión á que arribó Leroy-Beaullieu apro- pósito de esta cuestión, y do un estudio compara- tivo de los ferro-carriles en los Estados Unidos y Europa. Traduzco del francés, y tal como lo dice Leroy- Beaullieu: «En cuanto á los proyectos de explotación de ferro-carriles por el Estado, son tales niñerías, que los que piensan de esta manera dan la prueba mas completa de su incapacidad financiera y ad- ministrativa. 2 — 18 — «Hemos viajado en ferro-carriles en gran parte de la Europa, en Estados Unidos y en el Canadá y hemos podido constatar que es precisamente en los países donde el gobierno se ha ocupado menos de ferro-carriles, donde se ha podido establecer mas ó menos libremente, sin subvención y sin un mínimum de reglamentación, clónele so han multiplicado mas rápidamente donde se viaja de la manera mas confortable y donde reina una ta- rifa mas baja». Refiriéndose á los ferro-carriles franceses con relación de los americanos dice: «Su material es incómodo, transporta general- mente los viaieros de tercera clase en wagones que los americanos no quieren para sus bestias, En cuanto á los departamentos reservados, desti- nados á los privilegiados, quedan generalmente vacíos,, mientras que la generalidad de los viajeros so colocan en los demás compartimentos. «Hemos visto funcionar en los Estados Unidos la concurrencia en materia de ferro-carriles y á pesar de todo lo malo que hemos oido decir en Francia no nos han dado la prueba de la inca- pacidad financiera y administrativa de los ame- ricanos». Y bien, señor Presidente, esta teoría aceptada por todos los estadistas modernos, ha sido seguida también en todas las naciones civilizadas del mun- do, y voy á demostrarlo. Los Estados Unidos, con mas de ciento sesenr;i mil millas de ferro-carril, es decir, una suma total que excede á todos los ferro-carriles de Europa, con los cuales podría ponérsele una cintura al mundo de ocho líneas paralelas, no tienen un solo kilómetro que pertenezca al Estado, y llega á tan- to el respeto que se tiene por la libertad industrial, que los dos partidos que se disputan el predominio — 19 — de la opinión, el partido republicano y el demo- crático, han llegado á ponerse de acuerdo respec- to á esta cuestión. Como se vé, allí, es una cues- tión de doctrina, es un principio respetado por todos los partidos y por el espíritu eminentemente liberal de la nación. El partido republicano, en los veinticinco años transcurridos hasta la presidencia de Cleveland, jamás consintió que se extendiera en el territorio americano una línea férrea del Estado, y Cleve- land mismo declaró ante el Congreso, en 1888, que aunque tenia un superávit de ciento cuarenta mi- llones en el presupuesto, no se atrevía á empren- der obras como ferro-carriles y canales que fueran á hacer competencia ó concurrencia á intereses privados. En una fecha mas reciente, Harrison, represen- tante del partido republicano que acaba de subir al poder, ha declarado que ese superávit alcanza hoy á trescientos millones y hacen sin embargo la misma manifestación: — que no se atreve á em- prender la construcción de obras de ferro-carriles ó de canales, que puedan de alguna manera hacer competencia al capital privado. La Inglaterra, la ilustre Inglaterra, separada del continente, conservando su poder marítimo, no necesita de los forro-carriles como elementos de guerra, y ha rechazado, por una inmensa mayo- ría, una proposición presentada á la Cámara de los comunes, tendente á expropiar las líneas férreas pertenecientes á particulares. Pero lo mas noble de esta decisión, es que esta campaña gloriosa se la disputan conservadores y liberales, los ivítigs y los torys, Gladstone y Salis- bury, es decir, la vida y el pensamiento de la nación inglesa. Hay entre nosotros también un dato que ofre- 20 — cer, dato que hace apenas media hora me acaba de comunicar un Diputado al Congreso de la Na- ción y que voy á invocar, bajo la fé de su res- ponsabilidad. — el Diputado Pórtela; — el Senado de la Nación acaba de adoptar por unanimidad de votos, sin discrepancia, el informe presentado por el Dr. Zavalia referente á la cláusula que establece que á los 99 años pasará un ferro-carril á ser pro- piedad del Estado, conforme en el cual este orador decía: esa cláusula debe rechazarse porqne ya es indiscutible en el mundo civilizado que el Estado no debe ser empresario de ferro-carriles. Francia y España han seguido la misma teoría y solo en algunos estados europeos se acaparan las líneas férreas, sometiéndolas á la ley mar- cial, porqne las necesitan como elementos de gue- rra para el transporte de sus divisiones en un mo- mento dado. Es lo que sucede en Alemania, puesta bajo el pié de guerra. Los empleados de los ferro- carriles alemanes son jefes y oficiales del ejército que gozan del sueldo y de la categoría de tales jefes y oficiales. ¿Pero acaso nuestras instituciones son como las instituciones alemanas? ¿Acaso nuestra institución requiere este aparato belicoso? Según las teorías alemanas, justo fuera, señor, que armáramos un ejército permanente y que dis- trajéramos todos nuestros recursos en el presu- puesto de guerra. Pero lo que en Alemania es aplicable por una situación ele actualidad política, anormal^ entre nosotros es simplemente absurdo, como es absur- do en los Estados Unidos, en donde con una pobla- ción de mas de sesenta millones de habitantes no hay un solo kilómetro de vía férrea perteneciente — 21 — al Estado, — y el ejército permanente apenas al- canza á 25,000 hombres. Lo que en Alemania puede considerarse como política del canciller de hierro, que pretendo ence- rrar el Estado en esa fórmula estrecha del predo- minio ele sus emperadores en la Europa, entre nosotros es Ja libertad dentro de la democracia mas pura, abriéndoles horizontes á todos los que quieran contribuir de cualquier manera al desar- rollo y engrandecimiento de la Provincia y de la Nación. Está, pues, el Senado, en presencia de dos doc- trinas completamente opuestas, la una doctrina de absorción, la otra doctrina de libertad, una que ha hecho gran camino en el mundo, otra que se ha reducido allí, á los límites de la Alemania. La teoría alemana con sus tendencias absolutis- tas, pretende arrojará los pies de la corona todo lo que importa la vida y el alma de la Nación, fuerza, riqueza, poderío, industrias, todo, abso- lutamente todo está encarnado en la casa reinante, sin que se cite, sin que se mencione ni se tome en cuenta la libertad para nada. Todo está militarizado; un soldado para cada ciudadano, una fortaleza para cada pueblo; las in- dustrias oficializadas, un plan de estrategia y as- tucia diplomática para el gabinete y otro plan do campaña para el dominio del continente. La conquista es el fin — y los medios los medios allí se maquinan en el cerebro del canciller de hierro, que domina la Nación alemana bajo la presión de sus dedos en el botón eléctrico del Mi- nisterio del Estado. Y en cuanto á la otra teoría, ha echado raíces profundas, ha desparramado los bienes á manos llenas: los Estados Unidos la consagraron, por- o o que ellos fueron también los que consagraron la libertad moderna. Allí el pueblo es tocio: la riqueza es patrimonio á que pueden aspirar todos; la libertad es de todos y la gloria se comparte con igualdad. En la República americana no se vé al gober- nante, se vé al ciudadano: máximum de libertad, mínimum de gobierno. La fuerza es para defender las instituciones, para defender el equilibrio y la autonomía de América, de acuerdo á la teoría de Monroe. y la gloria americana es gloria universal porque se refiere á las creencias, á las artes, á las industrias v á la literatura. En política se llama Washington, se llama Je- fferson, Lincoln, etc., en la ciencia se llama Fran- klin ó Edison, y en la literatura Egard Poe^ Longfellow, Parker, Cooper y Emerson, El trabajo libre, el capital libre, las industrias y el comercio libres, esto es lo que mantiene las ins- tituciones y el poderío americano. He aquí el secreto de lo que es la democracia triunfante, que con tanto caudal de datos nos ha explicado el eminente escritor inglés Carnegie. ¡A cuantas consideraciones no se presta esta teoría absorbente que se pretende establecer en la Provincia de Buenos Aires, para que el poder pú- blico sea el administrador de todas las actividades dejando á un lado Ja concurrencia del capital pri- vado! Y hoy es el Gobernador de la Provincia el que viene á deciros: «tengo en mis manos una rueda inútil en el mecanismo de la administración pú- blica. Este elemento de acción, puesto al servicio de propósitos bastardos, ha hecho peligrar muchas veces las libertades individuales. Es el gobernante honrado el que viene á decla- rar: «renuncio á esta suma de atribuciones y de — 23 — poderes que se me dá y que en muchas ocasiones lia servido para sofocar las libres manifestaciones de la opinión pública.» Eso lo conocéis vosotros, lo conoce el Goberna- dor de la Provincia, lo conoce todo el pueblo de Buenos Aires; no hay necesidad de repetirlo. Los opositores al proyecto del P. E. apoyaron su opinión primeramente en la doctrina y en el ejemplo de las demás naciones civilizadas. Se les demostró que la teoría y el ejemplo abo- naban en favor de la enagenacion. Francia, Inglaterra, Estados Unidos y España, han hecho jurisprudencia sobre la materia. Parapetados después dentro de la teoría absurda de la Alemania, no consideran que eso responde á planes militares, y que lo que es aplicable en Alemania, es perfectamente exótico en todos los países libres de América. Estrechando mas todavía la demostración, pre- tenden rechazar la doctrina y el ejemplo de las demás naciones y sostienen que la Provincia de Buenos Aires no es Estado! Esa herejía constitucional y jurídica está con- signada ahí, en una circular presentada á la Cá- mara y leida en la sesión pasada, por los que sos- tienen el tanto por ciento de la diferencia de ta- rifas en contra de una cuestión que es de doctrina, -de administración, de principios y de libertad. Decir que la Provincia de Buenos Aires no es Estado, es ignorar los rudimentos del derecho. Recorra, el que eso ha escrito, las páginas del Código Civil, y encontrará en muchísimas ocasio- nes la denominación que dé tanto á la Nación como ú las Provincias. ¿Qué es lo que tratamos de cnagenar? Son los ferro-carriles del Estado. — Y ¿á qué — 24 — Estado se refiere, sino á la Provincia de Buenos Aires? No necesito argumentar mas sobre este punto. Pero Jos que pretenden que doctrinariamente el Estado debe explotar los ferro-carriles, deben em- pezar por presentar un proyecto estableciendo que todas las líneas pertenezcan al Estado. Deberían decir que la línea del Sud, la de la En- senada, la del Norte y todas las que cruzan el ter- ritorio pertenecieran también al Estado, y fueran administradas por él. ¿Qué criterio habría en este Senado, en la Cá- mara de Diputados, en la Legislatura y el P. E. que han acordado, durante este año y el pasado, mas de seis mil kilómetros de línea férrea á empresas- particulares; es decir, mas de tres veces la exten- sión de las líneas que actualmente existen en ex- plotación incluyendo las líneas férreas del Estado?. Y siguiendo este orden de consideraciones, porque debemos llevar hasta el extremo las con- secuencias del argumento: ¿porqué no se establece también que las municipalidades expropien los- tramways, pues que son elementos de transporte y están en las mismas condiciones con relación á las municipalidades que los ferro-carriles con re- lación al Estado de Buenos Aires? y siguien- do siempre en ese mismo orden de ideas llega- ríamos hasta este absurdo: que el Estado está en mejores condiciones de poder ofrecer á todos los ciudadanos de la Provincia, por iguales partes^ la ropa, el alimento, etc., es decir la com- petencia en todas las industrias, en todos los ra- mos del comercio. Yo siento tener que decirlo, señor Presidente,, pero no puedo eximirme de ello; los directorios ele los Ferro-carriles han sido una remora completa para el desarrollo y para el progreso del país. Bastaba que una linca fuera pedida en concur- rencia con el capital de la empresa, de la que ellos llamaban Ferro-carril del Estado, para que se opu- sieran tenazmente, llevando su oposición á tal extremo, que el Gabinete tenia que rechazarla en muchos casos y hasta la Cámara también, por no hacer competencias, deteniéndose con ésto los progresos y el desarrollo de una zona enorme de la Provincia. Felizmente reaccionará con la política liberal del señor Gobernador de la Provincia apoyado por el Senado y Cámara de Diputados que ha de dar fecundos resultados para la Provincia. Nada seria si una ejemplar administración en los Ferro-carriles del Estado pudiera cubrir to- dos los inconvenientes que presenta la explotación oficial. Pero, es bien sabido que entre nosotros como en Inglaterra, como en todas partes del mundo, la administración industrial del Estado, es admi- nistración mala, es administración pésima, y para concretarme á lo que son los ferro-carriles, me basta deciros que desde hace treinta años no se ha levantado un plano siquiera entre nosotros que determine cuales son las propiedades del Ferro- carril, que el señor Director Arias, uno de los mas distinguidos colaboradores en la administración de la Provincia, se ha empeñado sobre manera para obtener y terminar esta obra tan necesitada y que en dos años, no ha podido terminarla, por- que no hay datos y porque no hay un rastro de- jado por las administraciones anteriores. Me bastaría deciros que no se conoce todavía cual es el capital móvil del Ferro-carril; me bas- taría deciros que hay un número de empleados inútiles é inconvenientes y que esta falta no pro- cede del Director, ni del directorio, sino de todos — 26 — nosotros, pues todos debemos asumir esa respon- sabilidad; olla viene desde el directorio, desde el P. E. y hasta desde las mismas Cámaras que han aumentado los sueldos en muchos casos. Me bastaría decir al Senado que actualmente el Ferro-carril tiene un excedente enorme de ma- terial que está vendiéndolo y esto es debido á los directorios anteriores que lo han acumulado sin tener en cuenta cuales eran las necesidades del Ferro-carril . Me bastaria decir al Senado que apesar de todo esto excedente de material que tiene el Ferro-carril, recibo quejas á cada momento en el Ministerio, respecto al retardo no solo en la entrega de wago- nes sino en la entrega de mercaderías, y muy apesar de lo que decia el señor Senador Benitez de que el pueblo paga y se calla: apesar de estos in- convenientes yo debo recordar al señor Senador Benitez que si bien él paga, no se calla nunca, por- que él es el que mas se me ha quejado en materia de mala administración de Ferro-carriles. Me bastaria deciros que esta línea debe produ- cir mas de un 30 por ciento sobre su capital medio explotado, en relación al producido que dá el Ferro-carril del Sud, y en relación á los transpor- tes que tiene que hacer en la proporción de tres á uno, y solo produce el 3 í / 2 por ciento apesar de lo que decia el señor Benitez que producía el 7 y pico por ciento. Y para esto me fundo en que el señor Senador Benitez ha tomado como base el balance de los Ferro-carriles del Estado; no tomando en cuenta que ese balance viene equivocado desde treinta años atrás. Esos 27 millones se han de convertir dentro de poco en mas de 60 millones, porque el capital del Ferro-carril excede de esa suma. — 27 — Tengo entre mis datos que antes del año 82 los Ferro-carriles de la Provincia tonian un capital real de 11 millones, y desde entonces bástala fecha, se han hecho tres empréstitos que ascienden á 25 millones oro, lo que hace un total de 36 millones: sopor último, que el capital real del Ferro-carril pasa de 43 millones seiscientos mil pesos, sin con- tar los dos millones que vale el terreno donde está establecida la estación de La Plata y que está calculado en el balance en mil pesos, sin contar el costo de los terrenos de Tolosay sin contar con mas de tres millones de nacionales, valor de las tierras que está ocupando el Ferro-carril de pro- piedad de particulares y que tarde ó temprano tendrá que pagar; es decir, mas de 50 millones de nacionales. Me bastaría deciros que para que el Ferro-carril cese de llamarse la montaña rusa, como lo ha calificado la opinión pública, en su trayecto desde Buenos Aires á Merlo, será preciso expropiar una faja de tierra al lado déla línea en quintas valiosí- simas, pues que en las líneas actuales no es posible mejorarla, desde que los trenes la recorren cada cuarto de hora y el levantamiento de un solo riel importaría un entorpecimiento. Haciéndose esta obra que es necesaria, los in- tereses que produciría el Ferro-carril alcanzarían á 1 % escaso. Podría deciros tal vez, si me animara á decir- lo. .. . pero no me animo é ello porque creo no debo decirlo en el H. Senado en sesión pública. Lo he manifestado todo en el seno de las Comi- siones de Hacienda y Legislación y estoy dispuesto á manifestarlo aquí si el Senado entra en sesión secreta; pero creo que la prudencia y el patriotis- mo me aconsejan callar todo lo que se refiere á la parte financiera de los Ferro-carriles del Estado. — 28 — El señor Senador Benitez. miembro informante de la minoría de las Comisiones, empezaba su discurso con una referencia histórica do los Ferro- carriles de la Provincia. Acepto sus datos pues son rigurosamente exac- tos, pero para deducir conclusiones completa- mente distintas de aquellas á que arribaba el señor Senador Benitez. El, nos decia, invocando la autorizada opinión del Dr. Basavilbaso, hace quince años, que lo que convenia no era la enagenacion de los Ferro- carriles, sino una buena administración. Aquel directorio á que aludia de distinguidí- simas personas representantes del saber, como representantes del comercio, representantes de la alta banca, no han de ser ni mas honorables, ni mas patriotas que muchos de los directorios que les han sucedido, y sin embargo, ni entonces, ni después, ni en la época presente, hemos llegado á esa fórmula que con tanto entusiasmo, que con tanta decisión proclamaba de tan buena fe el ilustrado Dr. Basavilbaso. Y no hemos llegado ni llegaremos mientras sub- sista el pecado original, es decir, el Ferro-carril en manos de los poderes públicos. Pero me equivoco, hemos adelantado desde quince años á esta parte. El mismo señor Senador Benitez se encargaba de revelarnos un secreto que de hoy en mas pasara á la historia de los Ferro-carriles de la Provincia. Un señor don Pió Amurre, simal no recuerdo, se ha tomado la molestia de hacer competencia al Ferro-carril coi: sus carretas, desde el Pergamino á San Nicolás, y lona conseguido con ventaja, se- gún el señor Senador Benitez. Xo necesitaba yo mas argumento: ni el defensor mas obstinado del proyecto del P. E. podia ofrecer — 29 — un dato tan abrumador, que hiere de muerte á los opositores y que demuestra toda la mala adminis- tración del Ferro-carril del Oeste. Mientras en Francia, en Inglaterra, en Estados Unidos, en España, en todas partes del mundo civilizado se busca con ahinco la manera de viajar con mayor rapidez, con mayor seguridad y con mayor comodidad, en globo, si fuera posible con- seguir la dirección, aquí un señor Pió Aguirre se halla en camino de introducir las tortugas para hacer competencia a nuestras ricas máquinas Compound manejadas por las inespertas manos del Estado. ¡Qué cuadro de bellas perspectivas para la Pro- vincia, de esperanzas que no estaban en mis datos ni en mis libros! Esas carretas á que se refiere el señor Senador, bien pueden pasar á los escaparates del museo platensc, tan rico en ejemplares de la época ter- ciaria. Pero yo le daré otros datos, y es que hace mas de once años, en 1877, otro señor, don Agustin Martinez. le hacia competencia áese señor Aguirre: ese señor hacia competencia al Ferro-carril del Oeste, desde Buenos Aires á Mercedes. Sr. Benitez — Si me permite. — No es don Pió Aguirre quien hace competencia al Ferro-carril, don Pió Aguirre. utiliza esa competencia que le hacen los cargadores en razón de estar momentá- neamente mal administrado el Ferro-carril. Sr. Ministro — Xo momentáneamente, no señor, porque acabo de decirle que hace once años, en 1877, habia otro señor que hacia lo mismo. Sr. Benitez — Don Pió Aguirre no es empresario de transportes, con carretas; él solamente las utiliza. Sr. Ministro — Perfectamente, cambio la forma — 30 — de la frase; cambio el nombre del empresario y es lo mismo. Terminado el informe que reasume toda su ar- gumentación, el Senador Benitez procede á una especie de disección anatómica del mensaje del P. E. Tendió el cadáver en el anfiteatro. Abrió su car- tera y hundió el escalpelo sin fijarse que el cadá- ver tenia aún vida suficiente para levantarse — y demostrar al habilísimo operador que habia errado el camino. Tócame á mi el turno de empuñar el escalpelo aunque no con tanta habilidad como el señor Se- nador, — y si hago incisiones algo profundas es solo para demostrar que la enfermedad es crónica — y que al enfermo le esperan resultados funestos. Nos decia el señor Senador que el Gobierno era propietario ó ejercía actos de propietario; funda- do en las disposiciones del código civil y que to- das las leyes de la Nación y de la Provincia le am- paraban en ese derecho. Si efectivamente es cierto que el Gobierno hace actos de propietario al explotar los Ferro-carri- les Provinciales, no es menos cierto que ese de- recho afecta los intereses generales y que está en pugna con los principios institucionales del Go- bierno. ¿Qué es el derecho? El derecho positivo, bien lo sabe el señor Benitez, es el que se deriva de la ley. Pero es indiscutible que si la ley consagra la dictadura, la monarquía,— el dictador, el monarca, ejercerían el derecho, sin que de eso se diga que ese derecho está justificado ante los sanos prin- cipios que rigen la doctrina. Lo que debatimos aquí no es un hecho; ya sa- bemos que el Ferro-carril pertenece al Estado. — 31 — Con eso el señor Senador no nos ha dicho una novedad. Lo que debemos averiguar es si ese derecho es justo, si el Estado tiene derecho de intervenir en el campo de acción que corresponde á los particu- lares, si está en las conveniencias sociales que el Gobierno, apesar de todas las necesidades que vienen atrás: se mantenga ejerciendo la industria de empresario de transportes de toda la zona Oeste de la Provincia. Creo señor, haberlo demostrado con las opinio- nes de todos los autores que he citado, con el ejem- plo de todas las naciones del mundo que la han seguido. Éstas opiniones arraigadas en el P. E. que han dado motivo, de paso, á una crítica acerba de parte del señor Senador, las ha manifestado solo como demostración de mayor estudio, porque pudiendo haber presentado este proyecto á la consideración de la Legislatura el año pasado, ha preferido postergarlo á fin de que se haga la dis- cusión amplia en toda su extensión. De estas opiniones se deduce que hay rodajes inútiles en la administración; y el señor Senador hacreido ver en estos rodajes inútiles, empleados, jefes de repartición y hasta reparticiones obstruc- cionistas. No es ese el pensamiento del P. E. Pise mas alto el señor Senador. Pise en el campo de la doctrina y verá que lo malo, que lo inútil, que lo inconveniente es el Ferro-carril en manos del Estado; el Ferro-carril que no avanza, que vá en contra de la doctrina y de los principios de libertad; porque es atentatorio á los derechos del ciudadano. Sí señor Presidente, atentatorio, porque atenta contra Ja igualdad de los derechos de los ciuda- — 32 — dano-. desde el momento que acuerda beneficios en las tarifas que no pueden compartir por igual todos los habitantes de la Provincia. Y en esta balanza de la distribución de los be- neficios hace 30 años que el Estado hace pesar su poder y su influencia sobre la zona Oeste; — y hoy que el P. E. levanta la bandera simpática de la igualdad, que es la razón, la justicia de todas las democracias, se pretende impresionar a la Cámara so pretexto de un mal entendido patriotismo, de una preocupación inconcebible! Hace mucho tiempo que ha debido dictar la Le- gislatura la ley de uniformidad de tarifas para todos los ferro-carriles; y ese proyecto que está en la carpeta del Senado, si felizmente se convier- te en ley, ha de terminar de una vez con todos los privilegios odiosos, con todos esos beneficios, en favor de algunos, en oposición con la democracia que proclama la igualdad. ¿Qué derecho tienen los productores del Oeste sobre los del Sud para que el Estado les ofrezca disminución de fletes y les ponga en mejores con- diciones para competir en los mercados de con- sumo? ¿Y con qué derecho se acuerdan esos privi- legios? No se ha invocado razón alguna para esa ex- cepción. El señor Senador Benitez hablaba también de la lev ele centros aerícolas. Si el P. E. tiene alguna pasión, esa pasión es por el progreso, por el en- grandecimiento, por el desarrollo de la Provincia de Buenos Aires. De esa pasión ha nacido la ley de centros agrí- colas, esa ley tan combatida al principio y que <3stá dando y dará resultados tan fecundos, por- — 33 — que ha de contribuir á equilibrar en lo posible la importación con la exportación. Y bien, el P. E. ha obtenido de todas las líneas férreas de empresas particulares que se han acogido á los beneficios de esa ley, la disminución en los transportes de los productos que pertenecen á sus centros. El señor Senador Bcnitcz nos decia que esos be- neficios habian sido acordados exclusivamente por los Ferro-carriles del Estado, y yo le digo que los Ferro-carriles del Estado han quedado atrás en relación á los particulares, como voy á demos- trarlo. Casualmente ha caído en mis manos un aviso que voy á leer, que demuestra hasta donde puede ir la iniciativa privada en favor de los intereses generales. «F. C. del Sud — Aviso: En vista de la concesión acordada á los agricultores á quienes alcanzan los beneficios de la ley de centros agrícolas, la em- presa resuelve hacer la misma rebaja del 25 extensiva ó los cultivos agrícolas producidos en la zona servida por este Ferro-carril, por agricultores que no estén comprendidos en aquella ley». Es decir, que mientras el Estado acuerda la rebaja de 25 por ciento para los centros agrícolas, las empresas particulares lo acuerdan para los centros agrícolas y para los que no son centros agrícolas también. ¿En qué queda entonces el argumento del señor Senador Benitez? El señor Senador nos daba un consejo también, reprochando la actitud del P. E. que habia decla- rado en el mensaje que el Estado era mal admi- nistrador. Le agradezco, por mi parte el consejo; pero debo declarar que seguramente no lo he de aprovechar, porque tengo por costumbre, como 3 — 34 — la tiene el P. E., decir honradamente la verdad* y siempre la verdad en todas las ocasiones y cir- cunstancias de la vida, sean cuales fueren los in- tereses que resulten heridos. ¡Cómo he de decir que el Estado es buen admi- nistrador! Todos los señores Senadores conocen la obra de uno de los mas distinguidos escritores inglese?, Herbért Spencer: La Ciencia Social, que ha sido escrita expresamente para demostrar todos los inconvenientes que la administración pública trae consigo y todas las ventajas que tiene la adminis- tración cuando está entregada al interés privado. Dice Herbért Spencer refiriéndose á los que pretenden que deben comprarse los ferro-carriles: «El Estado debería comprar los ferro-carriles, dicen con toda seguridad las personas que leen todas las mañanas en su diario, que el caos reina en el almirantazgo y el desorden en nuestros arse- nales, que nuestro ejército está mal organizado, que nuestros diplomáticos cometen inconvenien- cias comprometiendo la paz, ó que paralizamos la acción de la justicia por deficiencias de formas, por gastos y por dilaciones». Yyopodria decir también: El Estado deberia comprar los ferro-carriles, dicen con toda segu- ridad las personas que ven todos los inconvenien- tes de los ferro-carriles, todos los inconvenientes que existen en nuestra marina y todos los incon- venientes que proclaman los diarios constantemen- te con relación á las proveedurías y á todos los negocios en que interviene el Gobierno. Este libro extensísimo, que me guardaré muy bien de leerlo á la Cámara, trae sin embargo datos que me es forzoso ponérselos á la vista. Refiriéndose á los males que ha traido siempre el almirantazgo inglés y la intervención del poder Jo público en la administración, después de citar los casos de pérdida de muchos vapores del almiran- tazgo, por causas que jamás hubieran dado lugar á la destrucción de un solo buque de la marina mercante dice: «Se ha visto esto cuando el descu- brimiento del estado de corrosión de las placas de Glatton ha venido aprobar que el almirantazgo no habia adoptado para sus blindados el proce- dimiento de que los armadores se servian desde hace mucho tiempo con éxito. «Se ha visto, después de la pérdida de los ma- rinos del «Ariadna», que ha venido á enseñar, por una parte, que una fragata de veintiséis cañones poseia menos canoas de salvataje que las que el reglamento impone á las naves de cuatrocientas toneladas, destinadas á recibir pasajeros, y por otra parte, que al poner esas naves á la mar no tenian á bordo ni aparatos Kynaston ni el aparato Clifford, bien superiores y tantas veces puestos á prueba por la marina mercante. «Se ha visto también por la no adopción del re- gulador Silverg para las máquinas de buques á vapor. Hacia mucho tiempo que los buques que no pertenecían al Estado estaban provistos de eso regulador que previene los inconvenientes de las máquinas. La marina real acaba de emplearlo cuando ha visto que sus máquinas estaban des- truidas. Esta incapacidad relativa de la adminis- tración se hace mucho mas notable cuando se re- monta muchos años atrás». Herbért Spencer lo demuestra en muchos casos, y para no citarle á la Cámara mas que dos, voy á decirle cuales son: «En 1593 se descubrió que el jugo de limón era conveniente para curar el escorbuto, es decir, esa enfermedad que tanto abunda entre los marinos. En ese año el señor Hawkins y varios otros cura- — 36 — ron á las tripulaciones con el jugo de limón, y en todos los años subsiguientes el comodoro Lancas- ter y otras personas que aquí se citan, escribieron sobre este importante descubrimiento. El almi- rantazgo inglés jamás se habia preocupado de su- ministrar el jugo de limón para combatir esta en- fermedad. «En 1780 hubo dos mil cuatrocientos casos de escorbuto en la flota de la Mancha; en 1795 la epidemia fué tan violenta que comprometió la se- guridad de la misma escuadra. Recien entonces el Gobierno inglés aplicó el jugo de limón al es- corbuto en la escuadra, es decir, dos siglos des- pués, porque habiéndose inventado en 1593 recien se aplicó en 1795. Esto mismo sucede con mil otros descubrimien- tos, como en el caso de la hipecacuana, descu- bierta en 1648, que recién hace dos ó tres años el Gobierno inglés ha mandado hacer cultivo de ella en la India. Podría citar todos estos casos, porque este es un libro completo, que trata de la mala adminis- tración del Gobierno. Y no solo sucede esto en Inglaterra, sino en todas las partes del mundo sin excepción. Decir que el poder público es buen administra- dor es contrariar todos los hechos, todos los an- tecedentes históricos, toda la verdad v todos los ejemplos que vemos continuamente en todos los países del mundo. Esto puede servir para una mo- raleja, para un cuento de niños; pero lo que es á la razón severa del legislador no es posible traer este argumento sin demostrarlo plenamente con hechos y antecedentes. Uno délos puntos, creo, en que mas se ha dete- nido el señor Senador Benitez, era el relativo á la Ley Orgánica de los Ferro-carriles del Estado. El 37 nos decia que esa ley es mala, que es inconve- niente. Es muy fácil decirlo. Lo que es difícil y lo que no ha hecho el señor Senador es probarlo. ¿Dónde está su demostración? Yo podría decirle lo que un geómetra célebre que asistia á la re- presentación de Phedra, esa obra del ingenio de Hacine. Mientras todos los concurrentes se lamentaban y lloraban en los pasages patéticos, él preguntaba: — Pero esto ¿qué demuestra? Esto no demues- tra ninguna ecuación; esto no demuestra ni si- quiera que el cuadrado de la hipotenusa es igual á la suma del cuadrado de los catetos! Y bien, yo podría decir después del discurso del señor Senador: — Muy poético! pero ¿qué es lo que ha demos- trado? Para demostrar la consistencia del argumento á que me referia hace un momento, me basta decir que el señor Senador era miembro de esta Cámara cuando se discutió la Ley Orgánica de los Ferro- carriles. ¿Por qué no sostuvo entonces estas ideas? ¿Por qué ñolas hizo triunfar en esta Cámara? Yo lo creo muy capaz al señor Senador Benitez de hacer algo muy bueno, porque lo creo capaz de muchas cosas buenas. Pero loque debo decir, lo que no debo ocultar es que es mucho mas difícil crear que criticar, y que para bien de la Provincia yo le cedería mi puesto pudiendo así hacer prác- ticas sus ideas y yo tomaría el puesto de censor, posición mucho mas cómoda y en la que se con- quista, parece, aplausos y simpatías de un eco unánime. He leído, señor Presidente, y he releído todo el discurso del señor Senador, pronunciado en la — 38 — última sesión, y debo declarar con toda franqueza, que apesar de toda la buena voluntad que he pues- to para comprenderlo, he encontrado un vacío absoluto, algo de metafísico, mucho caudal de lectura que no hacia al caso; mucha retórica, sí mucha retórica: el ombú solitario, el triste gau- cho con la guitarra al hombro, atravesando el de- sierto, y hasta el centauro aparece allí. Apesar de esto no debo dejar pasar desaperci- bidas las frases que he deseado y deseo expli- carme todavía porque no las comprendo. Decía el señor Senador como epílogo de su dis- curso: «No se puede pasar por todo y entraren todas partes con el talismán de la época con el «ábrete sésamo» de nuestros dias; no se llega á todo al amparo único de las ideas que llevan como divisa los mercaderes, iniciativas particulares eficaces — habilidades de sindicatos — previsión de accionistas, etc. La Cámara de los pares de Buenos Aires no es una bolsa de comercio, no es una reunión de traficantes apurados á hacer oro de todo» «El recinto de la Legislatura de Buenos Aires, tiene á su puerta «el ángel de la guarda de la patria» dispuesto á sacrificar por la patria toda idea tendente á sacrificar, por dinero, haciéndola materia de negocio, esa cosa sagrada que se llama los Ferro-carriles de Buenos Aires. . . .etc.» Muy bien, señor Presidente; estas dos frases parecen á primera vista que encarnan un cargo directo al P. E. que ha presentado estas ideas á la consideración de la Cámara; están en contradic- ción con declaraciones hechas anteriormente por el señor Senador relativas á la intachable honra- dez, patriotismo reconocido del señor Gobernador de la Provincia. — 39 — No necesitaba el Gobernador este bautismo con que lo haunjido el señor Senador. Pero si esto importara un cargo, yo me encar- garía de que no quedara en pié; porque represen- tante del P. E. no puedo consentir al señor Senador ni á nadie que pretenda so pretexto de producir efecto en el auditorio, deprimir la alta autoridad del P. E. Entonces he dicho, señor Presidente: ¿Qué sig- nifica esta frase: mercaderes apurados, Cámaro de pares convertida en bolsa de comercio, etc? Y entonces veo que es una frase sin sentido que no tiene aplicación alguna en este caso. Se ha discutido en la Cámara de Diputados y vendrá pronto al Senado el asunto relativo á la conversión de la deuda, y entonces lo veremos al señor Senador Benitez en la oposición cerrando su discurso con estas palabras: «No se puede pasar por todo y entrar en todas partes con el talismán de la época, con el «ábrete sésamo» de nuestros dias, no se llega á todo al amparo único de las ideas que llevan como divisa los mercaderes: iniciativas particulares eficaces, habilidades de sindicatos, previsión de accionistas y compensaciones de dividendos, etc. La Cámara de los pares de Buenos Aires, no es una bolsa de comercio, no es una reunión de traficantes apu- rados, etc.,» porque tanta explicación tiene esto ahora como después. Vendrán después las leyes en que se pedirá auto- rización para vender la tierra pública, las tierras del puerto, para vender la escuela de Santa Ca- talina, la escuela de Artes y Oficios, para levan- tar los edificios suntuosos que se han de edificar en esta Capital; vendrá todo eso y las opiniones del señor Senador que declarará apesar de haber vo- tado en oportunidad, porque debieran venderse los — 40 — terrenos del Ferro-carril, que se vendieron al señor Bcngoleapor nueve mil pesos y que después según él mismo se revendieron en ciento cincuenta mil — porque el señor Senador parece que cree que el Estado no ha debido vender tierras desde Garay hasta la fecha, vendrá el señor Senador en medio de su oposición y nos dirá: «no se puede pasar por todo y entraren todas partes con el talismán de la época, con él «ábrete sésamo» de nuestros dias, no se llega atóelo al amparo único de la idea qne llevan como divisa los mercaderes; iniciativas par- ticulares eficaces, habilidades de sindicatos, pre- sión de accionistas, compensación de dividendos? etcétera. Yo bien sé, señor Presidente, que tengo que lu- char con una preocupación que ha invadido el espíritu de muchos, pero que vá cambiándose ante la demostración incontestable; sin embargo, la preocupación, es un arma terrible y muy difícil de vencer. Y si en lugar de lanzarse enlas suaves corrientes déla que hoy se dice que es la opinión pública, posición sumamente cómoda para el que no tiene la responsabilidad directa y personal de la admi- nistración, tiene el P. E. el coraje de detenerse v avanzar en contra de la corriente, para demostrar lo que él cree que es el bien de la Provincia, la verdad de las instituciones, no hace con esto ni ejercitará otra virtud que la entereza, el patriotis- mo en sus convicciones y la honradez de su proce- dimiento, siempre reconocida. No quisiera, señor Presidente, extenderme mas; pero antes de terminar séame permitido analizar lo que es la opinión pública tan mentada por todo el mundo y hasta por el mismo señor Senador Benitez, que nos decia que el pueblo hablaba por su boca, sin recordar que hay un artículo en la — 41 — Constitución que dice, que quien tómala represen- tación é invoca el derecho del pueblo, comete deli- to de sedición. Aquí no hay mas representante del pueblo que el Senado y la Cámara de Diputados. ¿Pero que es la opinión pública? La opinión pública ¿es la opinión de mucha ente? Y bien, la opinión pública está con el P. E., poi- que á recibido muchísimas manifestaciones de ad- hesión al pensamiento. ¿Es la opinión pública la Cámara de Senadores como debo suponerlo? Pues bien, señor, la Cámara dará su fallo den- tro de un momento. ¿Es la opinión pública los comicios del 5 de Di- ciembre de 1887? — Entonces el pueblo está con el Poder Ejecutivo. ¿Es la opinión pública la prensa? Aquí está Ja prensa señor Presidente, y no quiero combatir los argumentos del señor Senador sino con argumen- tos del mismo señor Senador. El señor Senador nos ha leido La Nación y yo también tengo que leerle la opinión de la prensa, empezando por La Nación misma. Permítame la Cámara que distraiga tanto su atención, pero necesito antes de terminar, agregar algunas consideraciones que no habia manifestado expresamente y que me las dá este diario, y que me han deservir de mucho para fundar el proyecto del P. E. «••••• » Largas consideraciones siguen á este respecto que podria leer ala Honorable Cámara; pero hay unos puntos que son muy esenciales y que me he olvidado en el discurso, y que deseo que cons- ten porque son oposiciones mias también. — 42 — (El Sr. Gonnet leyó algunos párrafos de La Nación del 26 de Enero de 1887 en que se mani- fiesta favorable á la venta de los Ferro-carriles). «Anunciase como cosa segura que el Goberna- dor electo de Buenos Aires Sr. Paz, se propone enagenar los Ferro-carriles de la Provincia, obe- deciendo á ideas y principios fundamentales res- pecto al papel del Estado en el desenvolvimiento económico de las sociedades. «El nuevo Gobernador tiene un propósito plau- sible, y si las condiciones en que después se ve- rifique la enagenacion son convenientes, habrá realizado una buena obra. «La Provincia en el estado actual de desenvol- vimiento á que ha llegado, no necesita de Ferro- carriles, construidos y explotados por su cuenta, sino de los hechos y administrados por empresas particulares con sus propios capitales. «La experiencia ha venido á demostrar de una manera indiscutible la verdad y á la vez la bon- dad de los principios que condenan el sistema que tiene por objeto la construcción y explotación de los Ferro-carriles por el Estado. «Así, el Gobierno de la Nación ha procedido bien al vender el Andino, y el nuevo Gobernador pien- sa del mismo modo al proponerse enagenar los de la Provincia. «La Bélgica tiene 2,500 kilómetros de ferro-car- ril del Estado; Alemania 17.000; Austria Hungría 2,300 — En Inglaterra y Estados Unidos no hav un metro de vara férrea que pertenezca al Estado. «Es que la administración de los Ferro-carriles del Estado, permite menos facilidades al público, menos seguridad, menos comodidad que la ex- plotación privada. — 43 — Hay por esto una razón verdaderamente fun- damental. «El interés individual clá eficaz y poderoso im- pulso á las empresas privadas y falta á las del Estado. «La industria particular busca naturalmente todas las combinaciones que puedan facilitar los transportes y aumentar el tráfico mientras que el agente del Estado no tiene ningún interés en el desarrollo del tráfico. «La experiencia, además, ha demostrado que la administración es rutinera y que no siempre le muestra buena voluntad al público, cualidad esencial tratándose de un servicio tan variado y tan complejo. «Las empresas del Estado no tienen interés en multiplicar sus relaciones con el público ni en resolver las dificultades que se presentan. «Háse hecho con este motivo una observación llena de justicia y de verdad, «diciéndose que las direcciones del Estado se esforzaban por li- mitar la explotación para sustraerse así á los trabajos que ella demandaba. Por otra parte, las empresas del Estado ofrecen al público menos seguridad que las otras. «Esto no sucede con los Ferro-carriles del Esta- do, pues los reclamos que se hacen son mal atendi- dos ó no escuchados, como estamos cansados de presenciar todos los dias. «Háse dicho ya que la explotación hecha por el Estado era mas costosa que la particular, y así es en efecto. «Se contesta esto diciendo que no es necesario exijirde los ferro-carriles rentas, sino servicios, y que constituyendo éstos sus funciones primor- diales, su explotación corresponderá al Estado y — 44 — no á las empresas privadas, por mas cara que fuera aquella. «La consideración que se pretende hacer valer carece de fuerza. No es cuestión de renta cierta- mente; pero la renta no riñe con el servicio. Los ferro-carriles particulares prestan tan buenos ó mejores servicios que los del Estado, y producen muy buena renta. Los Ferro-carriles del Estado sirven mal y no dan el interés común del capital invertido, como lo demuestran los Ferro-carriles déla Provincia de Buenos Aires. «La administración es indolente, descuidada, desinteresada, ignorante de las grandes cuestio- nes técnicas, estrecha de vistas y de ideas, lo que no sucede cuando ella es hecha por empresas particulares. «¿Qué ha sucedido en Bélgica, una de las nacio- nes que han adoptado la construcción de Ferro- carriles por el Estado? «Según todos los Ministros que se han sucedido en el poder, la explotación de esos Ferro-carriles ha sido una causa permanente de ¡embarazos fi- nancieros! y el mismo Rey en uno de sus discursos ha dicho que la intervención del Estado la volvía onerosa y gravitaba con exceso sobre las finanzas públicas» «En cuanto á Italia, bastará reproducir las pa- labras de uno de sus Ministros, consignadas en un documento oficial, referente á la explotación de los Ferro-carriles por el Estado, para establecer que ella es bajo todo concepto inconveniente. Afir- mase que «las dificultades comerciales, indus- triales, técnicas, financieras y políticas que ella entraña, hánse demostrado claramente en los po- cos años transcurridos.» — 45 — «Bajo otro punto de vista, esa explotación hace descender el nivel moral de los individuos é inaugura el régimen de los monopolios por el Estado, tanto mas peligrosos y funestos cuanto que se esconden tras el pretexto del bien público para extender su dominio y convertirse en instru- mento de opresión y de explotación vergonzosa. «La administración del Ferro-carril Andino era deficiente, hoy que pertenece á una empresa par- ticular, mejora sensiblemente. «La de los Ferro-carriles de la Provincia lo es mas todavia; de modo que su venta cortada los escándalos denunciados, los negocios ilícitos, el mal servicio y hasta el incendio do estaciones valiosas.» Espero^ señor Presidente, que el señor Senador Benitez me conteste estos argumentos, que tam- bién los hago valer en mi discurso. Pero la prensa no es La Nación, solamente La Prensa misma ha publicado una serie de artículos. La Prensa que tiene entereza, que tiene carácter, que defiende la doctrina bajo una forma sólida, bajo una argumentación indiscutible, ha publi- cado una serie de artículos que escuso leer á la Cámara porque supongo que ella ya los habrá leido. Ahora si es la opinión pública la opinión del partido dominante en la Provincia, ahí está El Censor que representa la opinión del partido y que ha demostrado que la explotación de los Ferro-car- riles por el Estado es una iniquidad. Los demás diarios, los demás periódicos de la Capital Federal independientes y de algún valer, no han manifestado opinión hasta este momento, esperando el debate de la Cámara para opinar en uno ú otro sentido. — 46 — ¿Es .la opinión pública la mayoría de los diarios de esta Capital? Pues la mayoría de los diarios de esta Capital sostiene que el Estado no debe ser empresario ele ierro -carriles. ¿Es la opinión pública los diarios de la campaña de Buenos Aires? Ahí está El Oeste, que representa los intereses de esa zona de la Provincia, que sostiene con energía que el Estado no debe ser empresario; y si es en la zona Sud está La Patria de Dolores, que representa también los intereses de esa parte de la Provincia. ¿Qué es la opinión pública, entonces? He analizado lo que es la opinión pública y creo haber demostrado que ella está con el P. E. y no con los que gritan en contra de Ja enagenacion de los Ferro- carriles. Pero voy á terminar, señor Presidente, porque estoy algo fatigado. El señor Senador Benitez, nos decia en dos oca- siones de su discurso, que la doctrina, la historia y hasta las consideraciones de orden político es- taban con él, en contra de la enagenacion de los Ferro-carrilles. Permítame que le diga que sin haber citado opinión ninguna, ejemplo ninguno de la historia y habiendo citado yo la opinión de los distingui- dos escritores que me acompañan en este debate., y el ejemplo de todas las naciones civilizadas del mundo, permítame que le diga, y no lo tome á mal: el señor Senador ha calumniado á la historia, ha falseado la verdad de la doctrina, y bástalas con- sideraciones del orden político no le han detenido en este errado camino. Permítame también que le felicite á mi vez porque apesar de todo esto ha encontrado su sen- — 47 — da cubierta de flores y el tiempo le ha sido insu- ficiente para contestar las felicitaciones que ha recibido de los suyos y de los desconocidos. Después de esto podria decir al señor Senador como Pirro, después de la batalla de Asculum: «con otra victoria como esta, está perdido el señor Senador.» Toca ahora al Honorable Senado con su razón justiciera, con su criterio sereno, decidir sobre este punto tan esencial, sobre este punto que, como he dicho al principio, forma la base inquebranta- ble del Gobernador de la Provincia, cuya repre- sentación tengo en este momento. He dicho. DISCURSO DEL MIMSTRO DE OBRAS PUBLICAS Dr. Manuel B. Gonnet. He aquí, señor Presidente, al fin, al debate de la Cámara de Diputados una cuestión que ha tenido preocupada la atención pública durante mas de un año y que viene á vuestra decisión, precedi- da por el dictamen del Honorable Senado en cuyo cuerpo este asunto ha tenido origen por iniciativa del P. E. Es esta una de esas cuestiones que tie- ne la rara fortuna de impresionar al pueblo y al -Gobierno, á sabios y a ignorantes, á estudiosos y á indiferentes; es uno de esos asuntos que hacen épo- ca en los anales parlamentarios de un país, que traen el sello do un principio ó de una doctrina, que en este caso es felizmente para nosotros la in- signia del partido y del gobierno elegido por la vo- luntad soberana déla mayoría de la Provincia. Por mi parte, vengo con el espíritu tranquilo, con la convicción en el alma, no á librar una batalla niá luchar contra enemigos, sino á deliberar con voso- tros y con vuestro alto criterio para resolver una cuestión de política trascendental del gobierno, co- locándola mucho mas arriba de todas las preocu- paciones sociales del momento. Quisiera no hacer un discurso; estoy algo moles- to, y quisiera mantenerme en la situación en que nos ha colocado este debate después de la sanción del Senado y del informe luminoso délos señores miembros délas Comisiones de Hacienda y Legisla- -clon de esta Cámara, que han demostrado hasta la 4 — 50 — evidencia la verdad del principio en que reposa la, no intervención del Gobierno en la administración de los Ferro-carriles; pero no puedo menos de recti- ficarlos errores establecidos por el miembro infor- mante de la Comisión en minoría y dejar sentados hechos y antecedentes de nuestra historia que abo- nan la doctrina liberal que sostiene el P. E. y la rec- titud de sus procedimientos en la inicitiva que ha tomado el Gobierno que represento en este mo- mento. Señor Presidente: después de la sangrienta ura- nia de Rosas, despejada la confederación de la pre- potencia de los primeros caudillos que durante ocho años asolaron á la República Argentina, el pueblo reasumió su soberanía y dictó la Constitu- ción Nacional que hoy nos rige. Un artículo que no está escrito en ninguna Cons- titución del mundo, que no forma parte de Código alguno de leyes institucionales, pero que represen- ta para nosotros veinte años de sufrimientos, de an- gustias y de ignominias, que forma parte de nuestra historia política, prescribió que serian considerados como traidores ala patria los que formulasen, con- sintiesen ú otorgasen al P. E. Nacional ó Goberna- dor de Provincia, la suma del Poder Público. Veinte años de esclavitud y ele sangre, es el tri- buto que pagó la República Argentina aprendiendo todo lo que cuesta á los pueblos acordar la suma del poder á los elementos del gobierno, que mal empleados pueden de alguna manera presionar so- bre la voluntad ó sobre la libertad de los ciudada- nos. Este fué el principio de nuestras institucio- nes en esta materia. Trece años mas tarde tocóle á Ja Provincia de- Buenos Aires reformar su Constitución, y en la or- ganización de sus Poderes Públicos, la convención limitólas facultades del Poder Ejecutivo y de las; Cámaras, estableciendo sino un gobierno puramen- te parlamentario, por lo menos clara y netamente representativo, dándole intervención á la represen- tación directa del pueblo en la Cámara y en la co- muna á muchos de los actos que la Constitución anterior atribuía al P. E. Este proceso de nuestra historia política é insti- tucional, ha seguido hasta la fecha, y ha tenido ramificaciones en las leyes adoptadas, por esta H. Legislatura, especialmente, de cinco años á esta parte. Tal vez parezca extraño que yo lo diga y lo sos- tenga en este recinto siendo como soy representan- te del P. E.; pero la verdad incontrovertible es que la tendencia de las instituciones es limitar las fa- cultades de los poderes constituidos para no le- vantar entidades de un carácter incontrarrestable. A esta política he dicho que responden todos vuestros actos y todas vuestras decisiones, y no seria este el momento de renegarla. Responde á esta política la Ley Orgánica de las Municipalidades que quitándoles atribuciones á los poderes constituidos, al P. E. y las Cámaras, se las entregó sin restricción alguna al pueblo, por la elección directa de sus comunas. A esta política y á esta doctrina respondieron vuestras leyes de ena- genacion de la tierra pública en reemplazo de las de arrendamiento y enfitéusis para entregar así la tie- rra al dominio absoluto de los particulares, sin de- pendencia alguna de los Poderes Públicos. Respon- dió á esta política vuestra decisión y la del P. E., de entregar á una ompresa particular la construc- ción y explotación de un mercado de frutos en el Riachuelo, en una de cuyas márgenes se levanta uno de los edificios mas colosales del mundo, que no habría podido levantar durante muchos años el Estado, retardando así el desarrollo del progreso — 52 — de la Provincia. A esta política y á esta doctrina respondió también vuestra decisión de enagenar la línea de la Magdalena que formaba parte de la red general de los Ferro-carriles que el P. E. os propo- ne vender. A esta política y á esta doctrina han res- pondido también las leyes sucesivas, entregando á los particulares el derecho de explotar una red de ferro-carriles que será de más de ocho mil kilóme- tros en la Provincia de Buenos Aires. Y bien: si esta doctrina fué buena para la ena- geñacion del ramal á la Magdalena, para la enage- nacion de la tierra pública y para dictar la Ley Orgánica de las Municipalidades, yo no veo la razón que pueda haber para cambiarla hoy, ¿ ó es que una teoría es buena según el capital que repre- senta ? En materia de política trancendental de gobierno, no hay mas que una sola verdad. ¿Cuál es esa verdad? Vamos á buscarla. Si se exceptúa á Healy y á algún profesor de eco- nomía política de la facultad de París, que no ha pasado las fronteras ó los límites de lo que llama- mos Ja opinión personal, los opositores á este pro- yecto no han presentado la autoridad de una sola eminencia que apoye la teoría de la intervención del Estado en la administración de los Ferro-car- riles. Se ha usado de otras armas; se ha alterado, se ha mistificado la opinión de distinguidos escritores, tergiversando el espíritu y la interpretación de sus escritos y doctrinas. Hadley el eminente Hadley, que ha hecho estu- dios completos respecto de la administración de Ferro-carriles por el Estado, ha sido calumniado haciéndolo aparecer ante esa opinión que no se dá el trabajo de leer, ni de rectificar, como uno de los 53 apóstoles de la teoría de la intervención del Esta- do, en la administración de los Ferro-carriles. Felizmente no se ha insistido. Pero después y hoy es Spencer el autor de la doctrina mas liberal, el que ha consagrado toda su vida al estudio de la ciencia del gobierno, para lle- gar á una máxima ó aforismo que será imperecede- ra. Spencer, á quien se le llama pesimista cuando conviene ó se le traducen sus capítulos truncos, desprovistos de toda unidad y correlación, no tien- de sino á señalar los malos servicios públicos en todas las administraciones, para aconsejar un fre- no que encarrile, un remedio que contenga el de- sarrollo del mal. El mismo señor Diputado Cibils, que le ha hecho oposición á este proyecto en la Cámara, nos con- taba la opinión, la alta opinión del señor Presiden- te de la República. Si efectivamente, el señor Presidente de la Re- pública manifestó en su mensaje del año 1887 que la solución de este ploblema era difícil, el señor Diputado Cibils, no puede alegar ignorancia, ni es- cusa alguna, porque la cuestión ha sido resuelta por el Parlamento Argentino y por el Poder Ejecu- tivo Nacional, en muchas decisiones, no solo respecto á las obras de salubridad, sino tam- bién á Ferro-carriles, y si no bastara eso, me permitiría leer á la Cámara una manifestación del señor Presidente de la República respecto á esa cuestión; y voy á leerla porque no se ha excusado su publicación por el mismo señor Presidente de la República. Apropósito de la discusión del Senado me es- cribió la siguiente carta: «He leido con sumo placer su discurso pronun- ciado en el Senado apropósito del proyecto de — 54 — ley de enagenacion de los Ferro-carriles. Me apre- suro a enviarle mi congratulación sincera porque encuentro los argumentos completamente funda- mentales, lo que al mismo tiempo me agrada muy de veras, porque como usted sabe,, coinciden nues- tras ideas respecto al principio que encarna la ley. Lo saluda su affmo. — Miguel Juárez Celman». Estas son las armas que se han usado para com- batir este proyecto . Con razón,, repetía el cardenal de Richelieu la célebre frase: que me den tres líneas escritas por cualquiera persona y tendré pruebas suficientes para hacerla colgar; y en cierta ocasión en que el cardenal repetía esta frase, uno de sus secretarios escribió en un trozo de papel: uno y dos son tres, pidiendo al cardenal que buscara los medios de condenarlo por esta verdad. El cardenal puso debajo: Blasfemia que niega la Santísima Trinidad: uno y dos, no son sino uno. Después de esto la santa inquisición pudo mandar colgar al secretario que se atrevió á decir, que: uno y dos eran tres. Y bien, señor Presidente: las palabras de Hadley y los capítulos de Spencer, que son palabras y son capítulos que difunden la verdad y la ciencia, han de servir, no solo ahora, sino siempre, para que los verdaderos pesimista, los teorizadores de preocu- paciones del momento, alteren y tergiversen lo que ha sido materia de profundos estudios, por- que llegar á conclusiones verdaderas, claras y francas., es decir, á sostener la insuficiencia de los Poderes Públicos, como elemento principal, ó como fautor del progreso social. Pero es que no es sola- mente Hadley y Spencer; los dos Say, Duverger, Leroi-Beaulieu y otros los que aspiran en esta gloria ala ciencia del gobierno. Con ellos estáBuckle, ese genio que parecía encerrar en su cerebro todo el oo ^caudal de la estadística y enciclopedia mas pura. Buckle, el autor del monumento más grandioso, sobre la historia, columna truncada que escribió la historia de la civilización de Inglaterra, dejando un rastro luminoso cuya foco se apagó en edad tem- prana, de una existencia dedicada ala consagración mas grande sobre la historia. Si Buckle no dijo con las mismas palabras que Spencer que la tendencia social debia acércanos al máximum de libertad y mínimum de gobierno, dijo con el mismo espíritu y con el mismo criterio al finalizar el capítulo 5 o de su grande obra, que una de las principales con- diciones para la felicidad de un pueblo, es que el gobierno tenga el menor poder posible, que lo use con moderación, y que no téngala presunción de erigirse en juez de todos los intereses, tomándolo que corresponde á la jurisdicción privada, loque corresponde á la autoridad del pueblo; de donde emana tocia su esencia, todo su poder. Con esa filosofía propia de un espíritu habituado al estudio de la ciencia, á las investigaciones de la estadística al análisis de la historia, para llegar á conclusiones fundamentales, Buckle cree que las únicas funciones verdaderamente claras, que está llamado á desempeñar el Estado del Gobierno, son las de mantener la paz y la integridad del terri- torio, de garantir el órdon público de dar á cada uno lo que es suyo en límite de su derecho, de proteger á los débiles contra la opresión de los fuertes, de dictar ciertas medidas ele salubridad, y todo lo que es administración puramente mecá- nica del Estado. ¿Por qué razón? Porque está demostrado por la experiencia de muchísimos siglos, que las medidas que toma el Gobierno no son nunca la causa sino el resultado del progreso social: porque está demostrando que — 56 — siempre ha sido de fuera del Gobierno de donde se han denunciado los abusos, de donde so han indi- cado los remedios; y como dice Buckle, apesar de esto, los Gobiernos han apoyado los abusos y dese- chado los remedios, y solo cuando la marea sube ó la impulsión es vigorosa, solamente entonces, el gobierno ha debido ceder. Estas son las verdades que proclama Buckle para concluir como último resultado, que lo único que puede dar el gobierno, es la posibilidad del pro- greso, que en cuanto á éste, depende de otras cau- sas, de elementos completamente distintos. Y si esto es así, si así lo proclaman todas las eminencias que han tratado las cuestiones de go- bierno, si asilo han establecido las naciones mas adelantadas del mundo; si la tendencia es univer- sal, si esto ha entrado en el dominio de nuestra ciencia ¿por qué mantener el error, por qué exijir que la Provincia de Buenos Aires, que ha estable- cido ya sus principios y sus doctrinas en otras le- yes, se mantenga administradora y explotadora de una industria que eminentemente corresponde al capital privado? Y véase señor Presidente, como no es un pesi- mista el que habla, porque habla en nombre del gobierno, y los gobiernos no son pesimistas; habla en nombre de un gobierno que antepone la verdad y la sana doctrina á cualquier consideración por mas que esa verdad y esa doctrina sean para qui- tarse atribuciones y facultades, para entregar al capital privado, lo que la noción de la libertad le- enseña que corresponde al individuo y no al Es- tado. Es que hay una noción muy falsa respecto á la libertad, porque se confunde al individuo con el Estado, la libertad con el Poder; hay muchas per- sonas que creen que basta que exista libertad poli— tica en un país para que esc país sea libre: y este es un error profundo, que se ha vulgarizado, muy apesar do que Humbolt en su obra sobre los lími- tes á la acción del Estado, y Kant mismo en su crí- tica á la razón rural, hayan sentado en el prefacio de la época contemporánea, las bases en que repo- sa la organización social. Y aún en la duda sobre atribución de facultades, la legislación debe siempre resolverse en el sentido que mas favorezca al pueblo y no al gobierno, á la concurrrencia y no al monopolio, ala libertad y no á la restricción; porque este gran deseo de los hom- bres de vivir en sociedad, es en el concepto de te- ner la mas amplia libertad de acción y desenvolvi- miento, dejando al Estado aquello que le es indis- pensable para llenar sus fines. Se ha repetido en varias ocasiones y en diversas formas apropósito de esta cuestión, en la prensa, en los conillos, en las antesalas del Parlamento, en el Senado, en el recinto de la Cámara de Diputa- dos, en la última sesión y en la presente, una frase que deprime el sentimiento de la nacionalidad ar- gentina: como yo, habéis oido repetir al miembro informante de la Comisión en minoría: que es de temerse que esta empresa pase á poder de los accionistas ingleses, que el capital inglés, absorbe- rá nuestras industrias, que el capital inglés, ejerci- tará una influencia poderosa en nuestras eleccio- nes, que el capital inglés, es una amenaza social y política, que Catilina está alas puertas de Roma, ¡cuando el sentimiento argentino nos grita del fon- do del corazón, que no hay tal Catilina, que no hay tales peligros, que no hay tales amenazas que se guardarán muy bien de ejercitar! Por mi parte, protesto contra esas debilidades del sentimiento nacional, protesto contra esos es- píritus enervados que parecen pertenecer auna civi- — 58 — lizacion que se derrumba y no á la naciente y vigo- rosa civilización americana; protesto contra esos espíritus sin firmeza, sin enerjía, desprovistos de esa virtud patriótica que hace del hombre una potencia dentro de las fronteras de su patria, cua- lesquiera que sean los peligros que la amenacen. Temer del capital inglés, temer del capital ex- trangero, tanto vale como tener temor de la inmi- gración europea y aconsejar, en conciencia, que se ponga un dique á los trescientos mil hombres que anualmente llegan a nuestras playas. Señor Presidente: si la suerte del pueblo argen- tino pudiera vacilar, haciendo, depender su exis- tencia ó su poderío de tales nimiedades ó de tales desconfianzas, por mas terrible que fuese el dolor, yo renegaria, renegaria mas que do la República, de la debilidad de sus hijos, indignos de pertenecer á un pueblo libre y soberano, porque no es libre y soberano, aquel que no tiene la concepción de su grandeza y de su fuerza. Pero no, señor Presidente: felizmente no es asi. Se calumnia al pueblo de Buenos Aires que tiene la fé profunda de su fuerza y de su derecho cuando se nos hace aparecer hasta el punto de manifestar desconfianzas de nuestras propias fuerzas, alimen- tando recelos indignos dentro de nuestras propias fronteras; vacilaciones infantiles que no cuadran ni con el espíritu ni con el carácter de nuestra ra- za, ni con los antecedentes de nuestra gloriosa his- toria! ¡Temer del capital inglés! No, señor Presi- dente, la tragedia ha tenido ya su solución en dos actos y no ha de renovarse ni la conquista ni el bloqueo ele Buenos Aires! Esa es ya una cuestión pasada. El señor Dipu- tado Cibils, en todo su discurso, hasta cierto punto alarmante, no ha cambiado, sin embargo, la situa- ción de este debate. — 59 — El señor Diputado nos decia: «El P. E. no se lia dado cuenta del proyecto que ha presentado, en- tendiendo de ocasión la teoría spenceriana y res- pondiendo á impulsos infantiles». Mutatis, mu- tandi, estos son sus términos. Francamente, señor Presidente, después de esto y á pesar de que reconozco en el señor Diputado Cibils, una de las cabezas mas graneles de la Cáma- ra, mi espíritu ha tenido que vacilar entre lo su- blime ó lo ridículo, de esta frase despreciativa: «que elP. E. no ha estudiado la cuestión que se pre- senta.» Pero, no se me ha escapado el gesto que hacia el señor Diputado y que ponia ante mi vista todo el cuadro de la fábula del zorro, que despreciaba las uvas que no podia alcanzar. Para el señor Dipu- tado Cibils, están aún muy verdes las uvas de esta cuestión, y se lo voy á demostrar dándole armas, bagajes y municiones para que se defienda! Ni el señor Diputado Cibils ni ninguno de los que hasta ahora se han opuesto al proyecto presentado por el P. E., han tratado la cuestión en los térmi- nos en que ha sido colocada por los estadistas eu- ropeos que se han ocupado de esta materia, defen- diendo la teoría que sostienen; abandonando asilas únicas armas, los únicos argumentos que pueden oponer una restricción á la lógica y al raciocinio. Ellos han debido argumentar con el doctor Artu- ro Arnold, con el doctor Farr, diciendo que el Es- tado ejerce una de sus funciones primordiales al acordar los mejores elementos de transportes en las vías férreas; ellos han debido argumentar con la teoría de Engel y Perrot, en Alemania, de Galt en Inglaterra, de Brand en los Estados Unidos que proponen el establecimiento de una tarifa única sea cualquiera la distancia á recorrer por los ferro- carriles, haciendo pesar sóbrelos presupuestos del — 60 — Estado las diferencias ó déficits que este ensayo pudiera ocasionar, ya no es posible hacerlo sobre el capital de las empresas particulares. Ellos han debido argumentar haciendo un aná- lisis comparativo entre la administración de cor- reos y la administración de los ferro-carriles, di- ciendo que si el Estado es apto administrar los correos, por la misma razón debe serlo para admi- nistrar los ferro-carriles desde que en ambos casos se trata de transporte. Estos son los verdaderos argumentos que se han hecho, tratada esta cuestión por los hombres de gobierno europeo. Nosotros no vamos á inventar nada; todo esto que yo digo, como lo dicho por el señor Diputado Cibils, todas son cuestiones muy tratadas y debati- das. Pues bien, estos argumentos, que hieren sensi- blemente el raciocinio, han sido contestados con éxito á su primera aparición. Efectivamente: con todos los elementos que se tienen á la mano para juzgar respecto á la bondad- de la teoría de la intervención del Estado en la ad- ministración de los ferro-carriles, se vé que en aquellos países en donde rije la doctrina de la in- tervención del Estado se viaja siempre mas caro y con menos comodidad que en los países donde do- mina la teoría contraria. Los Estados Unidos y la Alemania nos presentan un ejemplo. En los Estados Unidos es donde se viaja con mayor rapidez, con mayor comodidad y con mayor baratura, muy apesar de que el señor Diputado Cibils, llamándonos la atención con un dato respecto á los ferro-carriles en los Estados Unidos, nos decia que el ferro-carril de Pcnsilva- niaeraun desastre. No sé de dónde habrá sacado esos datos. — 01 — Para contestar, lee el párrafo de Carnegie, cuya obra Sarmiento, indicaba como el aguinaldo de 1888. Dice Carnegie: «De estos el mas importante de los ferro-carriles es el de Pensilvahia. Todas estas lí- neas hacen un total de 5,491 .... Sr. Cibils — ¿Me permite una interrupción? Su. Ministro de Obras Públicas— Sí, señor. Sr. Cibils — He citado el ferro-carril do Pensil- vania. no para decir si estaba bien ó mal adminis- trado, sino para manifestar que eran tantos los abu- sos que se cometían, que el año 1876 los parmers del oeste se levantaron y destruyeron los rieles é incendiaron las estaciones. Sr. Ministro de Obras Publicas — Son datos de ahora quince años y en este período se ha progre- sado más que en dos siglos. De manera que la cuestión no es aplicable para nada; tráigame datos y teorías nuevas el señor Di- putado. En cuanto á la Alemania, señor Presidente, está demostrado con las cifras estadísticas mas conclu- yentes, que desde que los ferro-carriles han pasa- do á poder del Estado se viaja mas caro, los gastos son mayores en la explotación y no se viaja con la comodidad que en los demás ferro-carriles del continente europeo. Rafalovich trae todos estos datos de una manera concluyente en un artículo publicado en El Econo- mista francés de Julio último, haciendo un análi- sis comparativo entre cinco años de la administra- ción ele los ferro-carriles por el Estado y cinco años de la administración de los mismos ferro-carriles alemanes por empresas particulares. Otro délos argumentos, como decia, que debie- ran haber opuesto los que sostienen la teoría oficial de la intervención del Estado en la administración — 62 — de los ferro-carriles, es el establecimiento de una tarifa única, dividiendo cada país en dos ó tres secciones, ó como lo propone Pierrot, el estableci- miento de una tarifa única, sea cual fuere la dis- tancia á recorrer por el ferro-carril. La adopción de una medida como ésta que trae- ría el desequilibrio completo del presupuesto de un Estado, haciendo retardar enormemente los pro- gresos efectivos del país, ha sido ensayada hace tres ó cuatro meses en las líneas de Austria, espe- cialmente en la línea ele Hungría: y desde lue^o so ha visto que el ierro-carril denominado del Sud, perteneciente auna empresa particular, se ha pues- to en condiciones mas equitativas y á precios mas bajos que los ferro-carriles del Estado. ¿Será bueno el resultado de esta competencia? Desde luego, para mí, declaro que no; porque ejerciendo el Estado una superintendencia indis- cutible sobre los ferro-carriles, en este caso se con- vierte el Estado en juez y parte, llamado á com- petir y llamado á decidir. ¿Seria buena la expropiación, y por consiguiente el monopolio? Esta cuestión no puede ser cuestión para noso- tros, porque el monopolio es odioso, y mucho mas odioso todavia cuando lo ejerce el Estado. Por último, los que sostienen la teoría oficialis- ta de intervención del Estado en la administración de los Ferro-carriles pretenden encontrar cierta analogía entre esta administración y la adminis- tración de correos. Si no contrarias estas dos administraciones son muy diversas en su esencia, en su naturaleza y en los servicios que prestan. El servicio postal que ha sido materia de un con- greso internacional, para establecer reglas para el libre tránsito de la correspondencia en los países — 03 - que han firmado el convenio, es un servicio sui ge- neris, especial, que no puede compararse con la administración ele los ferro-carriles; porque los ferro-carriles no necesitan mas garantía ni mas legislación que la que rige en los territorios por donde ellos recorren: su acción debe limitarse á mejorar el servicio público y á ponerlo en condi- ciones de cualquiera otra industria. Los correos no necesitan capital fijo, capital móvil, ni de explotación; su mecanismo asombro- so se rige por un presupuesto anual de empleados, fuera del valor de la casa central y de las sucursa- les, que generalmente son alquiladas. Los ingresos en los correos se compensan con los egreso?, y en ninguna parte se ha considera- do como fuente de recursos sino para seguridad de la libre correspondencia entre los diversos paí- ses del mundo. La administración de los ferro-carriles forma un mecanismo muy complejo. Desde la adquisición de la tierra, construcción de las vías, obras de ar- te, puentes hasta la adquisición del tren rodante, construcción de estaciones, depósitos, almacenes fiscales, talleres, capital de explotación, todo for- ma un mecanismo tan complicado, que á veces, según los resultados de la producción del año, su- ben ó bajan los presupuestos, haciendo gravitar sobre el Estado todas las diferencias que pudie- ran ocasionarse con este motivo; es decir, que la Cámara estaría en presencia de un barómetro, sin saber lo que marcaba, si la calma ó la tem- pestad. En cambio la administración de correos tiene que valerse de elementos muy distintos, ó casi siem- pre de elementos pertenecientes á empresas par- ticulares para el transporte de su correspondencia, de los buques-paquetes, de los ferro-carriles de — 64 — propiedad particular, de las menságerias ó carros, mediante un contrato anual. La intervención del Estado en los correos es sim- plemente una garantia que dá el Estado por medio de un impuesto que se llama franqueo; y se ha lle- gado hasta penar á las personas que conducen car- tas que deben ser llevadas por el correo. Apropósito de esto. Aciam Smith ha llegado á de- cir que la única administración comercial que el Estado ha podido llevar con éxito, ha sido los cor- reos, fuera de ésta ninguna. Jewns en un importantísimo trabajo que modes- tamente ha denominado «Ensayo sobre los ferro- carriles y el Estado», empieza por decir que una corta experiencia vale por muchos argumentos; y que una serie de hechos vale mas que cualquiera teoría. Y no se diga que Jewns no ha estudiado la cuestión ó que es parcial en este asunto, porque en 1867 y 68 fué él el que propuso y sostuvo ante la Comisión de la Camarade los Comunes la necesidad de la expropiación de las líneas telegráficas, pero por razones completamente inaplicables á los fer- ro-carriles como él mismo lo declara sosteniendo para ese caso la doctrina contraria. Si alguna analogía puede haber, dice el mismo Jewns, es solo con el almirantazgo que forma par- te del mínimum del gobierno de que hablaba Spen- cer: que tiene buques, que tiene una gran flota,, cuvo mecanismo es casi idéntico al de los ferro- carriles y cuya explotación es casi símil. Tuve ocasión de citar, apropósito del almiran- tazgo, ante la Cámara de Senadores, una serie ele casos que trae Spencer en su obra la «Ciencia so- cial», demostrando que el gobierno no es solo re- tardatario, sino que es mal administrador de los intereses públicos: podría hacer otra cita de Jewns en su estudio sobre los ferro-carriles, pero debo li- — 65 — untarme á dos casos citados por una Comisión nombrada para averiguar las denuncias hechas por Sir Mellor sobre los abusos cometidos en el al- mirantazgo. Declinando revelar toda la verdad sobre los indignos manejos que se cometian cnlos almacenes fiscales por los encargados de las ventas de efectos en la administración pública, citaba varios hechos, v entre ellos éste: diez ó doce bultos de botones metálicos que no habían pasado de ma- nos de los empaquetadores habían sido vendidos en los almacenes fiscales como metal viejo y á un vil precio y en cuanto á la venta de buques usados ó inútiles resultaba que el gobierno habia pagado por los efectos encontrados dentro del mismo bu- que una suma mayor que laque habia recibido por la venta. El caso del Medway es un caso original. El go- bierno lo vendió por dos mil libras y dentro de los ocho dias siguientes, el mismo gobierno inglés pa- gó cuatro mil libras por efectos encontrados den- tro del mismo buque. Quiere decir que el gobier- no entregó al feliz comprador el casco del buque y -dos mil y pico de libras mas. Pero no son estos solamente los inconvenientes que proceden por la administración pública del Es- tado . Hay otros que proceden naturalmente por el abandono y negligencia de los empleados públicos: las pérdidas por incendios, por retardo en la entre- ga de los productos y de las mercaderias. O el gobierno debe abonar estas sumas siguiendo el lento y moroso sistema burocrático, después de lo cual paga diez veces mas, ó el gobierno debe de- clinar la responsabilidad de estas cosas como ha sucedido para los correos y telégrafos. La adopción de una medida como ésta seria al- tamente perjudicial é injusta, porque ni a los pro- ductores ni al comercio se les puede someter á las 5 - 66 — eventualidades de pérdidas ocasionadas por los empleados públicos, por su abandono y por sn ne- gligencia, mientras en otras empresas se procede de una manera muy distinta, proveyendo al arre- glo inmediato de esas cuentas. Excuso entrar al análisis de todos los inconve- nientes que tiene la administración de los ferro- carriles respecto á su contabilidad, que con tanta lucidez como claridad de exposición nos ha mani- festado el señor miembro informante de la Comi- sión de Hacienda de esta Cámara. Basta decir que no se conoce todavía cual es el verdadero capital del Ferro-carril, que no se co- noce ni siquiera su movimiento diario, y que de- biendo por la ley entregar al directorio cada 15 clias el movimiento y balance de los Ferro-carriles jamás se ha hecho hasta la fecha. Y si tomamos cuales son los progresos efectivos que nos ha traido el Ferro-carril de la Provincia, estoy muy lejos de deciros que ellos responden á las verdaderas exigencias, á las necesidades cre- cientes del país. Mientras el Estado ha construido en la Provincia de Buenos Aires, durante 32 años, 900 kilómetros de línea férrea, la acción particular ha hecho mas de tres mil dentro de la misma Provincia, y está en condiciones de hacer más de diez mil nuevos, por concesiones acordadas por la misma Legislatura. Y esto que sucede entre nosotros no es una pe- culiaridad nuestra, esto sucede en todas partes del mundo; y está demostrado por la experiencia de los Estados Unidos, que tienen casi la mitad de los ferro-carriles del mundo, que sus rieles en una ex- tensión de mas de doscientos mil kilómetros han sido puestos por la acción y por el capital pura- mente particular y privado, sin intervención del Estado. — 67 — El señor miembro de la Comisión de Hacienda, en su luminoso informe nos puso de manifiesto la historia de los ferro-carriles en Francia y en Ita- lia, haciéndonos estudios comparativos respecto de esta cuestión . El señor Diputado Cibils, ha citado hace un mo- mento ala Bélgica como un ejemplo del desarrollo del progreso de las vías férreas, en virtud de rejir en ese país la doctrina do la intervención del Es- tado en la administración do los ferro-carriles. Voy á tomar dos países del continente europeo: para una análisis comparativa la Inglaterra, en donde domina la doctrina liberal, es decir, donde casi todas las empresas de ferro-carriles pertene- cen á particulares, y la Bélgica, cuya tendencia es acaparar todos los ferro- carriles para el Estado. La Bélgica con 451 habitantes por cada milla cuadrada de territorio, de un territorio pequeño y densísim amenté poblado, el mas poblado de toda la Europa, tiene una milla lineal de ferro-carril por cada seis millas cuadradas de territorio; mientras que la Inglaterra, contando el país de Gales, con 389 habitantes por cada milla cuadrada de territo- rio, tiene una milla de ierro-carril por cada cinco millas cuadradas de territorio: lo que demuestra que aún en el continente europeo la Inglaterra tiene mayor número de ferro-carriles y están mejor ser- vidos, que en la Bélgica, que es, se puede decir, el centro de las operaciones, en donde se construyen los wagones, máquinas, rieles y todo lo que se pro- porciona en el mundo para el desarrollo y la ex- tensión de las líneas férreas. Y si de esos pasamos á lo que son nuestras tari- fas en los ferros-carriles veremos que son irriso- rias. Hace poco tiempo funciona con regularidad una oficina de estadística, que junto con la contaduría, — OS- OS la que dá el verdadero cálculo para establecer la base que debe regir sobre tarifas en los ferro- carriles y sin embargo de esto, desde hace mucho tiempo los Ferro-carriles de la Provincia están perdiendo con el transporte de cereales, no alcan- zando á cubrir los gastos de explotación con lo que se cobra por el transporte de esos productos, mientras que en otros transportes el Ferro-carril de la Provincia cobra un 250 % mas de lo que de- biera efectivamente cobrar. Esto no sucede en ningún país del mundo, esto no sucede no digo en los ferro-carriles adminis- trados por particulares ó por los gobiernos, no sucede en ningún país del mundo. Aquí mismo el Ferro-carril del Sud ha establecido sus tarifas de una manera mas regular, al extremo de que actualmente los Ferro-carriles de la Provin- cia han tenido que seguir el ejemplo del Ferro-car- ril del Sud para no exponerse auna ruina. Que las tarifas en Bélgica sean mas baratas que en otros puntos de Europa, no está demostrado, apesar de haberlo dicho el señor Diputado Cibils. Es verdad que las tarifas de Inglaterra son ma- yores que las tarifas de Bélgica; pero bien sabe el señor Diputado Cibils que en Inglaterra no se cobra nada por el transporte de los equipajes, mientras que esto es común en Bélgica. De manera que si se hacen cálculos exactos, la baja tarifa estará á fa- vor de Inglaterra. En cambio en Inglaterra los pasajeros de 3 a viajan en trenes de primera clase, que recorren 50 millas por hora, por medio peni- que por milla. Nuestros empleados públicos bien sabe la Hono- rable Cámara lo que son: un conjunto de elementos heterogéneos; algo bueno y mucho malo: lo bueno escasamente pago; lo malo excesivamente remu- nerado. — 69 — No pudiendo el Gobierno impedir que ejerzan libremente sus derechos de ciudadano, que les acuerda la Constitución, no tiene los medios de saber cuando el ejercicio de esa libertad se con- vierte en presión sobre la libertad del subalterno. Creyendo adquirir un título á la consideración del partido que se levanta, generalmente ponen al servicio de ese partido los elementos que deben servirlos intereses generales. Cada tres años se renueva este hecho, de acuerdo con nuestras instituciones y cada tres años los empleados es- tán expuestos á salir y renovarse otra vez el per- sonal. Cuando el Gobernador de la Provincia y su Ministro de Obras Públicas recibieron las mani- festaciones de adhesión de una gran parte de sus conciudadanos, creí ver en esas manifestaciones expresados los sentimientos de la opinión pública de la Provincia. Era un plebiscito voluntario del pueblo, que hacia un acto de adhesión á la política y á la doctrina seguida por el Gobierno de Buenos Aires; pero, para mi, la verdadera opinión pública está aquí en la H. Cámara de Diputados y en el H. Senado, porque el pueblo no delibera ni gobierna en la plaza pública como en la antigua Atenas, sino por medio de sus representantes. Las Cámaras están en el deber de estudiar y re- solver las cuestiones de Estado, de ciencia y de cifras con arreglo á su ciencia y conciencia por- que esas cuestiones están atribuidas al Gobierno para su solución. Siento haber molestado demasiado á la H. Cá- mara y quizá moleste á otros señores Diputados que quieran hacer uso de la palabra, y les pido perdón pero estoy al lado de un cañón, defendien- do una bandera que no puedo ni debo abandonar. LUJAN Al señor Gobernador de la Provincia de Bue- nos Aires. Sus amigos políticos de Lujan, fieles defensores de su programa de Gobierno amplio y honrado, le saludan y felicitan corclialmente por el triunfo que ha obtenido en el Honorable Senado su pro- yecto sobre enagenacion de los Ferro-carriles del Estado. Julio Jordán, Agustín Cano, Presentación Acuña, Casia- no Ramos, Estanislao Rodríguez, Fermín Brizuela, Carlos J. Doliera, Edelmiro Palacios, Luis Viaggio, Manuel Migoya, Gualberto Ramírez, Domingo G. Pé- rez, José M. Peralta, Ángel Lambin, Agustín Alva- rez, Jpsé M. Ojuez, Antonio Corro, Ramón González, Bernardo C. González, Eulogio Peñalva, V. Brizuela, Santiago Bárrales, Rodrigo Carreras, Juan Rey, Brí- gido Rodríguez, Rosario Casas, Francisco basas, José M. Pizarro, Florestano Scavazzini, Anacleto Cufré, Juan Silva, Severo Pizaso, Mariano Palacios, Gregorio Peralta, Lucio Rodríguez, Pedro González, Jacinto Montiel, León Montiel, José Colman, Juan Biscay, Juan J. Pacheco, Juan P. Romero, Horacio Romero, Juan P. Browne, Pablo Méndez, Eduardo Rovvne, Felipe Ibarra, Fulgencio Torres, Silverio Ajeda, Enrique Ulrich, Fermín Torres, Liberato Do- mínguez, Froilan González, Ramón Rojas, Enrique Corgo, Meliton Maison, Antonio Cano, Miguel Cano, Tránsito Cano, José C. Ramírez, Francisco Serra, Francisco Aguilar, Anastasio González, Benjamín Navarro, Pedro José Arce, Simón Caraballo, Benito Corro, Rómulo G. Jordán, (siguen 124 firmas). Carlos Doliera. — 72 — Al Exmo. señor Gobernador de la Provincia, don Máximo Paz. Exmo. señor: Los que suscriben, habiéndose apercibido de que algunos vecinos del Oeste piden á V. E. no se lie- ve á efecto la venta del Ferro-carril del Oeste, y creyendo que obran desconociendo los verdaderos intereses de esta parte de la Provincia, ó mal ins- pirados, ante Y. E. con el debido respeto, decimos: Que V. E. debe perseverar eficazmente en su pa- triótico proyecto, no tanto por ser una de las bue- nas promesas de su programa de Gobierno, cuanto por ser él benéfico, en todo sentido, para la Pro- vincia, y especialmente para los que estamos sir- viéndonos de esa empresa. Es una de las luchas políticas en las que se vé hasta dónde es pernicioso que los gobiernos man- tengan ese medio de opresión, usado por todos los que han mandado en la Provincia. A más, nos vemos sin la esperanza de los rápi- dos adelantos que á esa línea traería la acción par- ticular, mucho mas poderosa y activa que la de los gobiernos. Insistimos, Exmo. señor, en pediros que sea una realidad la enagenacion de esa empresa, y tendréis un título mas á nuestro reconocimiento, y habréis dado una nueva y clara prueba de vuestro civismo austero. Saludan á V. E. respetuosamente. Presentación Acuña, Juan A. Malcon, Benito Mom, Car- los M. Casal, Antonio Carro, José Maril, Domingo de Pérez, José Rien, Carlos F. Liáis, Juan Rey, Gual- berto Ramírez, P. Barróse, Juan J. Torres, Emilio Miranda, Agustín Villanova, Juan Torres (hijo), 73 A. Borda, Fernando Iturriaga, Eulogio F. Miranda, Claudio Quevedo, Francisco Descolgó (hijo), Pablo Za- rane, Galo Caballero, José Maisterra, José Colli, Án- gel Lambió, Gaspar Franchi, Guillermo Retolaza, Alejandro Gandolino, Pablo Battola, Félix Biancardi, Juan Rebari, José de Peralta, Domingo Garay, José Rodríguez, José M a Barragan, E. Bianchi, Lucio Ro- dríguez, Juan Luhette (hijo), Anselmo Peralta, Anto- nio Luchettí, Luis P. Pagano, Juan Aescako, Mar- ciano J. Rui/, Benito Capdeville, Esteban de la Cruz, Francisco de la Cruz, Ramón de la Cruz, Saturnino de la Cruz, Bernabé de la Cruz, Lucio Ludueña, Bernabé R. Cruz, Esteban Salaberry, Carlos Rai- mundo, Antonio Raimundo, Pablo Sisia, Arnadan Barrosa, Cruz Diaz, Luis Diaz, Nemesio Diaz, Joaqnin Quinteros, Juan T. Quinteros, Telmo Quinteros, Iri- neo Barragan, Juvencio Barragan, Arcadio Navarro, Ceferino Barragan, Canuto Navarro, Pedro Ortellado, Dionisio Ruiz, Pedro Ortello, Ricardo Smith, Pedro Aveldaño, Domingo Ureta, Felipe Namire, Juan Ru- reta, Alfredo Ramírez, José Funes, Celestino Migues, Amadeo Aguilera, Tristan Aguilera, Estanislao Ro- dríguez, Ambrosio Ramos, Elíseo Ramos, Mariano Gómez, Bernardo Zahina, Tomás Mignaneo, Eusebio A. Rodríguez, Francisco Franco, Francisco Izudal Cumberbatili, Andrés Terreno, Luis Tamarazzo, Ca- yetano Filpo, Marcelo Rodríguez, Solano Rodríguez, Gregorio Rodríguez, Juan Moncholo, Francisco Ro- dríguez, Ramón Galban, Juan Carfere, Natalio de Pablo, Juan Cío, Pedro H. Quevedo, Fortunato Ro- mero, Marcelino Rodríguez, Jhon Bradley, Valentín Simson, Julio Dughuetti, Agustín Dughuetti, Vicente Navarro, Pedro Vignau, Escaria! López, Antonio Ro- ssi, Cándido Zuñe, L. Etalti, Pedro Barcelona, Eme- terio Villanueva, Casimiro Azpeitia, Sebastian Genin, Francisco Iribarren, Felipe Magadane, José Maria Azpeitia, Félix Irribarren, Ramón Diaz, Cayetano Sastre, Ambrosio Pin, Arturo Armori, Orlando Costa- bile, Juan Zunchi, José Ferrari, Juan del Porto, Ángel Orlando, Eleuterio Mena, Florentino Jordán, Juan Peroné, Esteban Várela, Guillermo Ayerra, Desiderio Sánchez, Ramón Urriza, Lorenzo Peroné, Manuel Cuneo, Pascual Rodríguez, Luis Marillot, Eulogio Iriarte, Francisco Echevarría, Luís Freuz, Pedro Erróse, Alejo J. Cañé, Severo Durtel. Juan Salido Ri- so, losé Maconi, Canuto Goñi J. P. Echaudi, José Casáis, Pedro Aguerrero, Bernardo Etchebest, Apoli- nario Galas, Bautista Arana, Honorio Maulbe, Juan Ansola, Goseone Guppe, Luis Colombo, Emilio del Porto, Pedro Massa, Manuel Correa, Enrique T. Rey, Juan Bertolotti, Antonio Ferrari, Luis Bari, Emilio Sofla, Florentino Duarte, Hilario A. Palay, Jacinto Montiel, Santiago Rossi, León Duhagon, J. J. Medica, Sixto Rojas, Candelario Rojas, Pesy O'Brien, Agustin López (hijo), José Lizarralde, Gregorio Correa, Alfre- do Ramírez, José M. Pereyra, Gregorio Romero, Am- parito Romero, Tomás Leal, Domingo Olmos, Santo Paghucci, Paulino Leal, Nicanor Olivera, Manuel Franco, Pedro Ojetaze, Pablo Belajes, Bailón Corro, Hilario Palacios, Paulino Brucas, Carlos Miranda, Meliton Maison, Rufino Correa, Tránsito Corro, Ale- jandro Cano, Juan Frias, Tomás Franco, J. M. Man- silla, M. Goldari, Gerardo Rodriguez, Sebastian Ra- mirez. Mauricio Correa. M. Ledesma, Pedro Gonzá- lez, Mariano Palacios, Timoteo Farias, José Farias, Patricio Mons, Ramón Torasa, Andrés Pérez, Pedro Videla, Juan J. López, Juan Albano, Andrés Iriarte, Pedro Omainty, (hijo), Francisco Caldarazzo, Ángel Zolecio, Antonio Lanata, Marcelino G. Fidanza, José Cerezo Yillamil, Belisario Correa, F. Francisco Aca- dalez, Brígido Rodriguez, Félix Collina, Victoriano Peralta, Honorio Tula, Apolinario López, Manuel Fe- rreyra, Santiago Ferreyra, Ramón Ferreyra, Pedro A. Corro, Pedro C. Corro, Apolinario Suarez, Grego- rio Suarez, Felipe Suarez, Julián Cano, José Abelo, Horacio Romero, por Ángel Aguirre Malcabre, Satur- nino Ponce, Santiago González. PIDÁIS Al señor Gobernador de la Provincia, don Máximo Paz. Los que suscriben, apercibidos de la opinión unánime de este vecindario, preparan un meeting á favor del proyecto que hoy debaten las Cámaras de nuestra Provincia. Está en el espíritu de todos, salvo varias excepciones, de que los gobiernos no 1-1 f ¡o pueden ser empresarios. Jamás podrá un gobier- no que tiene que gobernar todo un movimiento ad- ministrativo como el de la Provincia de Buenos Ai- res, dedicar el tiempo necesario para administrar con la atención debida á una empresa como la del Ferro-carril de la Provincia. Los deberes de un gobierno son abrir las fuentes de riqueza; á la vez, son la vista de las empresas particulares. Pero de ninguna manera explotar- las, por que su explotación es peligrosa cuando ha llegado el desarrollo de las empresas con el mis- mo objeto. Persuadidos ele ésto y confiado en el tino espe- cial de su Gobierno, solo enviamos una palabra de aliento para la terminación de esa obra, com- pletando así su período de Gobierno. Saludamos á Y. E. con nuestra mayor considera- ción. Julio E. Pinero, Pedro Martínez Meló, Antonio Toso, Tomás Marques, José A. Decoud, Juan B. Pisiago, Diego Cruz, Felipe Sánchez, Cayetano López y Ramón Vallejos. Ernesto Gamboa. MOE^ON Los que suscriben, vecinos y propietarios del partido de Morón, felicitan á V. E. y á su ilustra- do Ministro Dr. Gonnet, por el triunfo que en el Senado ha obtenido el proyecto de enagenacion de los Ferro-carriles. Cúmplese así el 'programa de V. E. y el Gobierno queda reducido á su verdade- ro rol, no trabado en el juego regular de sus fun- ciones, por empresas de transporte, agenas com- — 76 — pletamente á la índole de su constitución y reñidas con los mas elementales principios de la ciencia política. Narciso Agüero, Ricardo Luenco, B. Wehrmant, Luis M. Perazo, Lorenzo A. Espinosa, Miguel Camino, Vi- cente Viancci, Guillermo Gaebeler, Carlos Pardo, Luis Marenco, Gabriel Reboredo, Miguel Naon, Ni- colás Minutti, Rodolfo Naon, Avelino Diaz, C. Baños, Ángel M. Medina, Pedro Idaverry, Juan M. Muñiz, Alejandro Copelli, Z. Escola, Lorenzo A. Diaz, San- tiago Davobe, Dionisio Schoo, Manuel Moneta, Ma- riano Sena, F. Gutiérrez, (siguen cien firmas). Tristan Suarez. CHAMADLO En representación del pueblo de Ramallo, felicito efusivamente al señor Gobernador por uno de los actos de mas acierto y trascendencia de su gran- dioso Gobierno tal es el proyecto de enagenacion de Ferro-carriles Provinciales. El pueblo ramallen- se se adhiere entusiasmado á esta benéñea inicia- tiva. José M. Quiroga. A S. E. el señor Gobernador de la Provincia, D, Máximo Paz. Los que suscriben, vecinos de este pueblo, pene- trados de la transcendental importancia del pro- yecto de enagenar los Ferro-carriles do la Provin- cia presentado á las Honorables Cámaras por el P. E., se hacen un honor en adherir el mencionado proyecto por creerlo de suma importancia para los intereses generales de esta Provincia. Saludan al señor Gobernador respetuosamente. José M. Quiroga, Antonio M. Quirog'a, C. P. Quiroga, Pe- dro Recluso, Martin Gómez, Bernardo Ramos, José Balseiro Garcia, Nicandro Silva, Casiano Diaz, José Montil, Toribio Gómez, C. A. Baítar, Juan Ramírez, Justo Diaz, Heráclio Rodríguez, JuanG. Rocha, Fruc- tuoso Gigena, Raimundo Ramírez, M. Laurentino Benavides, Ángel Figueroa, Pascual Heredia, Vicen- te Ferreyra, Abelardo Montero, Eli sardo Montero, Tomás Montero (hijo), Antonio M. Quiroga, Exequiel Ogallar, B. Vadallanes, E. Conde, L. López, Juan Goita, Florentino Pacheco, Torcuato Fernandez, Cornelio Acosta, Justo Acosta, Juan Acosta, Carlos Patrón, Federico Altamirano, Dabig Escudero, Luis F. Óva- los, Mauricio Altamiranda, Serapio Rodríguez, An- tonio Heredia, Ramón F. Heredia, Isidro Bazzan, Ebangelisto Maídona, Francisco Tabares, Domiciano Idalzo, Florentino Rosales, Basilio Casanova, José Maria Tisera, Juan Nievas, Manuel Tisera, Francisco Tisera, Irineo Gómez, Blas Ibarra, José M. Ferreyra, Andrés López, Cristóbal Ferreyra, Delfln Robledo, Tomás Carelios, Bernabé Ferraiaz, Luciano Maldona- do, Lorenzo Montero, Eugenio Pereyra, Irineo Ortiz, Bernardino Rojas, Antolin Tabares, Rafael Tabares, Domingo Baiz, Nicanor Baiz, Ramón Rodríguez, Tomás Rivas, Pedro Arguello, Juan Villega, Florencio Mar- tínez, Zenon Orrego, Venancio Leiba, Abelino Ochoa, Marcos Ochoa, Vicente Gorocito, Pablo González, Ci- ríaco Rosales, Justo Rosales, Juan Rois, Juan E. Tito, Domingo Machado, Nicolás Dias, Leandro Ro- mero, Bruno Rojas, Begnino Rojas, Doromeo Perey- ra, Toribio Pereyra, Donato E. Cabeza, Guillermo Ibarra, David Rodríguez, Anacleto Gómez, Juan Anti- vero, Fructuoso Mansilla, Casimiro Hidalgo, Julián E. Gómez, Mauricio, Elena, Dionisio Mansilla, Pedro Veras, Saturnino González, Antonio M. Quiroga, Emelio Tisero, Bisents M. Gaimes, Francisco Ramí- rez, Juan Suarez, Victoriano Ramírez, Cirilo E. Gó- mez, Adrián M. Lequisano, Pascual Fernandez, Juan Gómez, Silvano Torres, Cosme A. Costo, Gregorio — 78 — Avala, Bruno Aramia, Cirilo Silva. G. Gómez, Ignacio Leguisamo, Pedro Brobo, Silvio Leguisamo, Ramón Legnisamo, Nicolás Leguisamo, Moisés B. Leguisamo, Nemecio P. Leguisamo, Gregorio Silva, Policarpo Gómez, Policarpo Parras, Pedro Ruiz, José B. Ar- ballo, Martin Arballo, Gregorio Arballo Martin Par- ras, Gumersindo Parras, Juan L, Berason, Pablo Ho- me, José Benitez, José Pedraza, Domingo Pedraza, Félix Martinez, Santiago Gil, Esteban Gil, Andrés F. Iladida, Ernesto Dodero, Carlos Raineri, á ruego de Miguel Calibre, Fausto Martinez. Eusebio Cabrera, José González, Armamo Orest*?, Rafael Davila, Miguel Fuccaro, Pedro Frias, Cayetano Rueda, José Iglesias, Ángel Baressa, J. Ballerini, José Richet, Juan Silva, Pedro Rompoldi, Emilio A. Ozallar, Serafín Pelizzon, Justo Ogallas, Mateo Rial, C. P. Inghausti, C. Ala- bios, Benjamín J. Mora, Manuel Abal, José Succhi, Ambrosio Beci, Justino P. Penitro, Rudecindo Mon- tolla, Pablo Horno, Valentía Camota, E. Solis, Benito Vuelo, Mauricio Cejas, Juan López, M. García, Lau- rentino, Benavides, Carlos Garaen. Vicente Gattavora, Modesto Fon seca, Pedro García, Benito Velo, Roque Velo, José Parras, Antonio Ruiz, Francisco A. Cascos. Pablo Gil. MOE^ENO Los vecinos de Moreno que suscriben, cumplen el deber de manifestar á V. E. su adhesión al pro- yecto de enagenacion de los Ferro-carriles de la Provincia que acaba de sancionarse por el Honora- ble Senado, por estar convencidos de que su reali- zación es de grande utilidad y conveniencia para la Provincia. Saluda á Y. E. atentamente. Juan Casco, Juan Otoni, Ignacio Maldonado, Pedro Bor- denave, Hipólito Casco, Joaquín Tuchi, Juan Lanatta, Máximo Lanatta, Félix Perrero, José B. Lerbin, Lo- renzo Maldonado, Carlos Locateno, Silvano B. Casco, Gregorio Verdun, Francisco Baez, Teófilo Verdiun, — 79 - Valerio Teridun, Lucio Gailan, Ángel Vargas, Aniceto Vargas, Pedro Vargas, Domingo Villegas, Juan R. Gó- mez, Pedro Rosella. Mariano S. Machado. CAÑUELA^ Beneficiados por un ramal de los Ferro-carriles do la Provincia, reconocemos sin embargo, que los intereses generales reclaman su enagenacion y fe- licitamos á V. E. por el triunfo de su proyecto en el Honorable Senado, el que esperamos verlo pron- to convertido en ley. Saludan al señor Gobernador. José de Olaso, Felipe Basavilbaso, F. Michellir, C. Troy- teiro, L. Fernandez, Luis Barreda, Pedro Echenique, Tomás Garcia, Patricio Basavilbaso, Teodoro Garchi, Alejandro Ispona, Vicente J. Davel, Daniel Barreda, José Costa, Félix Sabino, Alfredo Acuña, Manuel Fardon, Mariano Gazcon, Valeriano A. Barred, Tomás Morris, Adolfo Rodríguez, Constantino López, Ernes- to Handin, Carlos Villalba, Juan Fourcadas, J. Al- iñada. BAE^ADEI^O Los que firman, felicitan al señor Gobernador por la sanción en el Senado del proyecto de venta del Ferro-carril del Oeste, esperando que la Cámara de Diputados lo aprobará también, realizándose así los nobles propósitos de Y. E. en beneficio de la Provincia. J. Visca (hijo), J. M. Villamayor, Ignacio Vieira, T. C. Muñoz, J. Claraint, Lorenzo Echesañeta, E. Stellafa- ñe, José M. Silles, E. Stellcare, Emilio Rasmop, José A. Menendez, José E. Diaz, Félix Muñoz, Benito R. — 80 — Paez, Ángel Resdelli, Emilio Genaono, Julio Genoud, Luis Cantina, Pedro Salas, Bruno Lecour, Alejandro Lecour, Pedro Visca, Luis Visca, Juan B. Tosco yC a ., Honorio Morisa, Pablo Morilce, Juan Olivares, José Lucherts, Hilario Visca, Domingo Hermidia, Casiano Betoloza, Leoncio Troncoso, Juan Osa, Juan Ledes- ma, Estanislao Ledesma, Liborio Ledesma, Francisco Correa, Bruno Sosa. Julián O. Roarke. ZÁI^ATE Los que suscriben, vecinos y propietarios de este partido, tienen el honor de saludar á V. E. y felici- tarlo por el triunfo que ha obtenido en el Honorable Senado, su proyecto de enajenación de los Ferro- carriles de la Provincia. Julio Valora, Manuel J. de la Torre, Juan B. Matteri, Cándido Martino, Alberto Legama, Rafael Zabala, Vicente Cepeda, Carlos de la Torre, Luis P. Wixter, Eduardo Nadell, José de Arnelli, Julián Sollado, Ru- perto Sollado, Manuel de la Torre (hijo), Andrés Collado, Martin Lomato, Bonifacio Pintos, Miguel C. Martinezi, Rudecindo Lujan, Fabián Pérez, Francisco Ortiz, Manuel Fernando Bereiro, Juan A. Fernandez, Manuel Vila, Florentino Gailan, Luis Dulhecto, Luis Pamucio, Augustin Gastaldi, Vicente Insúa, Fran- cisco León, Luis Dardanelli, Marcos Lencio. Bernardo Dubois. MEE^CEDE^ Al señor Gobernador de la Provincia,, D. Máximo Paz. Lo felicito á nombre de sus amigos, por el triun- fo de su proyecto en el Senado. R. Arauz. — 81 — 25 DE MAYO Al señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, D. Máximo Pá* Exmo. señor: Los que suscriben, posesionados de que os inspi- ráis en los verdaderos intereses de la Provincia, al llevar ala práctica vuestra hermosa promesa de vender el Ferro-carril del Oeste, os envian su sin- cero voto de adhesión. Nos es grato también aplaudir en un gobernante, el valor cívico necesario para contrariar intereses particulares en obsequio á los intereses generales que son los que estáis encargado de vigilar y en- grandecer. Saludan ú V. E. Robustiano Pesen, Mariano Casci, Estanislao Wrig'ht, Ramón González, Ladislao Córdova, Ponciano Lauto, Ensebio Córdova, Manuel Toso, Paz Córdova, Ernes- to Moétrel, Irineo Córdoba, Irineo Barraza, Manuel Lozano, Mariano Barraza, Serviliano Martinez, Lo- renzo Figuri, Dionisio Velazquez, Pastor Pérez, Ma- nuel Figuri, Manuel Fernandez, Eduardo Anthony, Tomás Taylor, Luis Balbi, Jaime Richards, Facundo Lubo, Luis Grosnor, Manuel Bozza, Justo Gorocito, Ángel Maidana, M. Mansilla, Pedro Escurra, Andrés Escurra, Gaetano Pozzi, Luciano Bozza, Ramón Rol- dan, Heráclio Acosta, Deselero Acosta, Daniel Vera, Prudencio Gallo, Santiago López, Venero López, Feli- pe López, José Giles, Tomás Correa, Cruz Cupé, Celedonio Martinez, Inocencio Vivas, Eusebio Hurisa, Máximo Alvarao, José Viera, Ramón Balón, Martin Casco, Hilario Caldaroli, Gregorio Riglos, Martin Bus- tamante, Alfonso Casco, Fausto Gorocito, Hipólito Catullo, Crispin Rodríguez, Martin Cernadas, Geró- nimo Zurites, José Giralden, Amando Rodríguez, Carlos Riglos, Cayetano Catullo, Juan Herrera, Ba- — 82 — sualdo Elisio, Juan Gorocito, Martin Velfero, Antonio Jabars, Juan Carra, Estanislao Vayni, Pedro Domín- guez, Segundo Morales, Jorge Peñalligo, Isidoro Carava jal, Manuel Fregóte, Pedro Arias, Eus?bio Ledesma, Andrés Ledesma, Pedro Ledesma, José Manuel Causido, Sandalio Vivas, Felipe Rodriguez, Nieves Aranda, Saturnino Bustamante, Marcos Bus- tamante, Alberto López, Saturnino Márquez, Ma- nuel Pereyra, Serviliano Martínez, Hipólito Villasante, Desiderio Velasquez, Desiderio Colman, Domingo Cufie, Patricio Hammantron, Enrique Almiron, Na- tividad Barraza, Rejino Arias, Anastasio Campusano, Agustín Campusano, Isabel Diaz, Desiderio Correa, Miguel Peralta, Juan Peralta, E. Vivas, J. Vivas, Simón Oera, Balvino Parra, Pascual Gallardo, Teodo- ro Gallardo, Teodoro Parra, Carmen Vázquez, Santos Almeyra (padre), Santos Almeyra (hijo), Basilio Ula- viaga, Faustino Tolosa, Rosa Villegas (hijo), Rosa Gorocito, Inocencio Pinero, Serapio Almeyra, Mateo Almeyra, Marcos Rodriguez, Venancio Rodriguez, Juan Rodriguez, Eleuterio Villegas, Francisco Sejas, Abad Sejas, Juan de la Cruz Navarro, Isidoro Navar- ro, Venancio Campo, Manuel Suarez, Ignacio Coro- nel, Alfredo Mandilla, Fructuoso Villa Real, Juan Villa Real, Ramón Burgos, José Domingo Suasnabal, Apolinario Acosta, Teodoro Martínez, Silvio Ponce de L Q on, Esteban González, Santiago Penal va, Felipe Rodriguez, Loreto Ortiz, Cevero Vivas, Ángel Nieto, Gregorio Ramírez, Desiderio Caro, Martiniano Gonzá- lez, Teófilo González, Pablo González, Matias Gonzá- lez, Florencio Vidal, Gerónimo Parodi, Peregrino Surito, Juan Surito, Benaro T. Burgos, Timoteo Gramajo, Juan Vidal, Mauro Baraza, Irineo López, Narciso Almeyra, Faustino Burgos, José Vela, Vale- rio Vela, Jorge Vela, Juan Vela (hijo), Hilario Vela. — 83 — LOBO^Í Al Superior Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Exmo. señor: Ea momentos que se discute en las Honorables Cámaras Legislativas de la Provincia el proyecto enviado por el P. E. solicitando autorización para la venta de los Ferro-carriles, y cuando los legis- ladores y la prensa diaria han llegado á afirmar que la opinión pública es contraria á la sanción de dicho proyecto, como que ello se opusiera á la doc- trina que el Estado no debe ser empresario, hemos creido los abajo firmados que el vecindario de Lo- bos que representamos en todas sus manifestacio- nes, debiera protestar solemnemente contra tal afirmación. Es contales propósitos, y además con el de ase- gurar á V. E. que estamos de perfecto acuerdo y es nuestra voluntad decidida que sea cumplido en to- das sus partes el programa de gobierno levantado por el partido pacista y cuya ejecución correspon- de á los Poderes Públicos de la Provincia, que te- nemos el honor de dirijirnos á V. E. felicitándolo por la firmeza en sus elevados propósitos y por la realización del Gobierno mas honrado y progresis- ta que haya tenido la Provincia de Buenos Aires. Exmo. señor. Manuel A. Caminos, E. C. Mármol, Martiniano N. Lo- yanias, Nicanor D. Berro, Eduardo Burbride, Martin Micheo, José Pinero, Felipe F. Duran, Juan F. de Cierra, Juan T. Aguerre, Manuel A. Caminos (hijo), Lorenzo A. Várela, Francisco A. Diaz, Luis Santa- — 84 — marina, Paulino Alvarez, Gerónimo Palacio, Martin Eliosegui, Jaime Herrera, Amaro L. Cepeda, Egisto Ratti, José Panezi, Félix M. Dolan, Eleuterio Zalvide, José Guerra, Leandro Erralchu, Carlos Blanco, Juan Torres, Tomás Ziorito, Luis Castafuda, Restituto Creyro, Fernando Seijoo, Enrique Broncardo, A. Cas- callares, Cosme D. Torres, Victoriano C. García,. Fernando Aguirre, Alberto Galdos Oliver, Antonio Aubedo, Saturnino Lacoste, Casimiro del Mármol, Laurentino X. Rosas, Ignacio Rodríguez, Juan B. Torres, José G. Berro, Emilio Zauni, José Pinos, Car- los G. Sinquist, Florencio Ferarazzo, Federico Ela- puinos, Manuel Berro, Juan Goenaga, ier. B.Salvadores, Leon- cio Ramos, Antonio Ferron, Fernando Mendoza. Los que suscriben, vecinos de esta localidad, in- terpretando fielmente el benéfico pensamiento del P. E. respecto á la enagenacion del Ferro-carril de la Provincia, no pueden menos que adherirse de- cididamente al proyecto y felicitarlo efusivamente por el primer triunfo obtenido en el Honorable Se- nado, haciendo votos porque la Honorable Cámara de Diputados, inspirándose en los mismos senti- mientos patrióticos que el Honorable Senado, des- pache favorablemente el progresista proyecto. Saludan afectuosamente á Y. E. Pascual Griego, E. F. Toscano, Francisco X. Viñas. H. Ocampo, L. M. Bambill, A. Ferron, Servando Mendo- za, B. Pereyra, B. Sanes, Juan Castañares. Sendocio — 101 — Ocampos, Alfonso de Lellis, Froilan Gómez (hijo), A, Lascano, J. L. Viñas, Vicente Etchevarria, A. Silva, Félix Eboli, M. Joscario, H. Ocampos (hijo), Juan Bosch, Tomás Medina, M. D. Várela, Jorge Masan, Elias Paz, José P. Solis, Benigno Sanes, A. Q. Tosca- no, Enrique Orcine, Pedro Dudino, Pedro S. Medina, José A. Almada, a. Silva, P. Leal, Francisco Bahía, José Dupau, Juan E. Dupuy, V. Díaz, Alvino Dupuy, P. Lesondo, Victorio Almada, F. Gómez, Florentino Secaiga, M. González, Toribio L. Lascano, E. Rodrí- guez, Máximo Herrera, V. Rodríguez, J. L. Salomón, M. Diaz, Pastor Diola, A. Ferrari, F. Gómez, Fran- cisco Cratelletti, J. Lara, Pedro Montenegro, J. Ca- selli, Faustino Ledesma, M. Díaz (hijo), S. Ruiz, Francisco Otero, E. Ferrari, Ceferino Bellejo, M. Alvarez, Pedro, Alvarez, E. Pardiño, L. Pardo, J. Alvarez, Ramón Pardo, A. García, A. Uran, A. Par- do, Juan J. Gómez, F. Funes, M. Ferreira, P. Anaya, P. Funes. Gabino Alvarez, N. Rosales, Francisco Gó- mez, P. Diaz, J. Prepatto del Bono, Gerónimo Casti- lla, V. Coronel, A Pasos, J. Martínez, A. Ponce, P. Ponce, C. Brones, H. Negretet, E. Pérez S, Cabrera, Víctor Barraza, D. Pelliza, J. Martínez, Júnior López, V. Boraso, Manuel Zapata. N. Sastre, R. Martinez, H. González, V. Peralta, Victorio Rodríguez, M. Gon- zález, R. Bronton, H. González, Teófilo Mistrel, Fran- cisco. Saveiño, Julio Hance, M. A. Ponce, V. Gonzá- lez, Elias Pérez, J. Lara, Juan Peralta, Gabriel Peral- ta, J. Rodríguez, P. P. Gaitan, J. González, Manuel López, Ramón Várela, R. Villalba, Sandálio López, Domingo Molina, J. Villabreta, M. Caro, Victoriano Peralta, N. Garay, R. Herrera, R. Gaitan, Crecencio López, H. Peralta, Julio Castro, A. López, Santiago Rincón, J. Tello, F. Osacre, José Orellano, G. Cardo- so, Darío Isla, Evaristo Algañaras,F. Farias, S. Cor- vera, G. Ledesma. J. Fillol, G. López, S. Lara, M. López (hijo), Luis Cáceres, B. López, R. Cepeda, Avagno López, D. Palacios, J. Cepeda, F. Borges, E. Diaz, Gregorio Aírala, S. Puyol, C. López, Cipriano Ferreira, S. López Sujo, A. Serantes, M. Zapata, M. Farias, Justo Bores, Pedro Castro, R. Alanis, Gabino Ponce, J. López, C. Bosch, L. Alanis,, M. Alanis, H. Gómez, F. Blanco, H. López, Santiago Casas, M. Munde, M. Moneado, Juan Sánchez, Eduardo Montes de Oca, Julio Padin, C. Sánchez, A. Avalo, Luis Rol- dan, Juan Rosas, Cornelio Granero, Severo Genova, — 102 — J. Ponce, Pablo Allendez, C. Gondra, F. Uran, C. Ca- brera, H. Uran, G. Roldan, J. Rios, Zoilo Gómez, L. Monteros, J. H. Arce, J. Alvarez, Cipriano Algaliaras, A. Aliñada, Jacinto Alvarez, A. Sejas, F. Genova, M. Pérez del Rio, E. Solano, P. Amarillo, V. Solano, C. Solano, J. Cáceres, B. Diaz, R. Silva, MarianoGiles, José Deyes, José Román, Justo Villarreal, J. Mármol, N. Uester, P. Cáceres, J. Ferreira, Telésforo Acuña, J. Montes, A. Genova, F. Alanis, N. Avila, C. Pardo, L. Silva, Leopardo Lencina, B. Zapata, E. Chacón, Cirilo Sierra. E. F. Lascano. TAPALQUÉ Al señor Gobernador de la Provincia, D. Máximo Paz . Adhiéromo á la felicitación que los amigos de ésta, hacen á S. E. por el proyecto de venta de los Ferro-carriles de la Provincia. Deseando que á esta hora sea sancionado, salu- da al señor Gobernador con toda consideración. Adolfo F. Gómez. Al señor Gobernador de la Provincia, ciudadano don Máximo Paz. Los vecinos que Suscriben, inspirados en el pro- greso y engrandecimiento de la Provincia, tene- mos el honor de felicitar á V. E. por el proyecto presentado ala Honorable Cámara Legislativa por la venta del Ferro-carril del Oeste, cuya íelíz reali- zación manifestó en su programa de Gobierno y que ios habitantes esperábamos con ansia ver rea- lizado, pues, creemos que con el producido de la — 103 — venta llenará necesidades mas sentidas tanto en el Oeste como en el resto de la Provincia, ya sea ca- nalizaciones ó en la viabilidad pública que tanto se necesita, con tal motivo, nos es grato saludar al se- ñor Gobernador atentamente. Juan R. Claro, Juan Valdez, Rómulo López, Félix Gofii, Leopoldo López, Ignacio Casco, Miguel Requena, JuanMedoni, Juan A. Costa, Pedro A. Rayneli, To- más Cabrera, Narciso Cabrera, Bartolo Porthe, Au- gusto Blanco. Jorge Gianola, Casiano Barveche, Silvio Gianola, José R. Lescano, Rufino Moyano, JoséBru- mare, Federico Pérez, N. Bustos. José Meló, Canta- licio Prado, Silvestre Camayo (hijo), Ventura Vene- gas, Pedro Ayrala, Máximo Frias, José Velloso, Ri- cardo Pavón, Pantaleon Capeda, Ramón Santillan, Cespin García, Gerónimo Malvendres, Julián Ozan, Felipe Gómez, Manuel Eierro, Albino Aguirre, Marcos Gómez, Felipe Urbina, Prudencio Vázquez, Ramón Castaño, Silvestre Urbano, Toribio Malvendres, Jesús Chaves, Timoteo Acosta, José Paz, Juan González, VictorMedrano, Juan Montes de Oca, Jacinto Coro- nel, Gabriel Enrique, Nicolás Machado, Gregorio Machado, Bonifacio Leguizamon, Silverio Frias, Es- teban Diaz. Casiano Pérez, Rufino Acuña, Pedro Sat- to, Florentino Satto, Juan Astorga, JoséLencina, Sil- verio Gallardo, Martin Gallardo, Nemesio Torres, Juan Larraburro, Severo Frías, Estanislao Castello, Juan Acuña, Francisco Acuña, José Cabral, Marcos Acuña, Cándido Urbano, Serápio Urbano, Mauricio Quiroga, José M. Santillan, Ciríaco Olivera, Eusebio Bustamante, Casiano Paz, Celedonio Pezoa, Marceli- no Aguilar, Basilio Aguilera, Braulio Guerrero, An- drés J. García, Domingo Cepeda, Gregorio Coronel, Desiderio Baldovino, Domingo Vivas, Sebastian Vi- vas, Antonio Vivas, Eleuterio Leguizamon, Bernabé Machuca, Mamerto Amaña, Esteban Wolls, Tomás Wolls, Miguel Aguerrido, José Lescano, Ramón Ra- mírez, Juan Ramírez, Juan Gómez, Juan G. Gómez, Florentino Seira, Carmen García, Santiago García, Tomás Vivans, Santiago Bevar, Francisco Delias, Samuel Bevans, Víctor Correa, David Macnini, Felipe Sayago, José Merera', Blas Font, Ernesto Funes, An- tonio Capdevila, Ricardo Strichio, Pedro Paso, Juan Esteves, Ramón Ogazon, Marcos Baldovino. — 104 — £an pedido Al seño)' Gobernador de la P rociada, D. Máximo Paz. Los vecinos que suscriben, felicitan al señor Go- bernador, por el triunfo obtenido en la Cámara de Senadores en el proyecto de venta del Ferro-carril del Oeste, hecho que viene á resolver uno délos importantes problemas del Gobierno de V. E. E. Velez Sarsfied, Máximo Millan, Gavino Palacios, Juan Semitta, E. Costa., Jaime Vázquez, Rafael Fernandez, C. A, Egui, Bmito Mamberto, Tomás Canaveri, Gre- gorio Ruiz Moreno, Luis Carval Hoza, Manuel Fer- nandez, José Ai man i, Valentín Uris, Manuel Malzer- ca, Modesto Soler, Antonio Soler, Jacinto E. Hernán- dez, Santiago Mamberto. Manuel Metton, Juan Váz- quez, Juan Revosio, Pascual Costa, Juan J. Giménez, Arturo Recano, Carlos Saleta. Pablo Saleta, Modesto Carvalhoza.— Siguen las firmas. Saluda á V. E. .4. Salida. ODAYAE^IA El vecindario de Olavarria, felicita calurosamen- te áV. E. por el importante proyecto de enagenacion délos Ferro-carriles del Estado, porque él significa convertir en ley la protección directa á la riqueza» general y el beneficio inmediato al productor en particular, conspirando todo á la prosperidad de nuestra campaña. Lo creemos así, porque los Ferro- carriles en ma- nos de empresas particulares servirán satisfacto- — 105 — ñámentelos grandes intereses que se desenvuelven abriendo al espíritu decompetencia vastos horizon- tes y asegurando á la industria una vida próspera y feliz. De esta manera el Estado cumplirá una de sus mas tutelares funciones, que es promover el bienestar, y contribuirá áque se generalicen todos aquellos beneficios, que distribuyen imperfecta- mente en la Provincia. Por todo ello felicitamos ardientemente á V. E. y saludárnosle con nuestra adhesión y alta estima. Florencio Monteagudo, sargento mayor, Augusto Gri- gera, Policarpo Grigara, Feliciano González, propie- tario, Emilio Santü, Aureliano Lavié. Esteban Aguir- re, DainiloA. Giovanelli, Diógenes Grigera, Ramón A. Rendon, Desiderio Rendon, Augusto Almada, Abraham Quintana, Pedro Romero, J. M. Salomón, Juan S. Lucero, Jacinto Ferreyra, G. Nésou, Félix Caro, Andrés Robbdo, Felip3 C. Sanguineti, Juan González, Rómulo Santillan, Pedro J. Rojas, Fernan- do Bisoño, J. Tesso, Marcelino Bramón, Franco Ratto, Wenceslao Sosa, Franciso Paganz, Guillermo Garro, Luis Fií'fari, Sebastian Pairo, Desiderio E. Rendon, Francisco Lix Klett, Juan Herbotramer, Adán Bafner, propietario, Luis Muller, propietario, Jorge Paimer agricultor, M. Duarte, Crispin Muñoz. Juan Magnani, Jacobo Meyer, Policarpo Grigera (hijo), En- rique López, Félix M. Lavié, J. F. Canata, Rufino E. Laurel. Faustino Camallo. Dionisio Bargas, Agustin Almondaraz, Juan Corro, Ignacio Fartella, Juan Tor- res, Ricardo Sánchez, N. Echeguren, Cesáreo Sollago, Mauricio Benatiaga, Justo L. Salomón, José Cafuti, Serafín Ciancio, Esteban Boyer, Julio S. Barrios, Jo- sé Cortés, Manuel Cuitarte, José Guazzone, Joa- quín Ripoli, Domingo Paladino, Avelino Diaz, Manuel Alsamendi, Abelardo Sosa, Justo Cufré, Juan Tolosa, Mariano Romero, C3salio Banegas, Justo Roca, Ho- norio Cufré. Pedro Medina, Olegario Valenzuela, Pedro Bosquin, Manuel Heredia, Isidoro Rodríguez, Pedro Correa, Pedro Lescano, José Morales, Máxi- mo Morales, Mateo Bohen, Pedro Tondobal, Custo- dio Romero, Rafael Zurita, Alfonso López, Jacinto León. José Aguirre, Juan Fuentes, Fortunato Fuer- tes, Irineo Pachano, Próspero Celiz, Felipe Zapata, — 106 — Ricardo Acosta, Pedro Ferreyra, Máximo Mansilla, Leopoldo Blanco, Antonio Garcia, B.Fernandez, J. Mendoza, T. González, A. Nievas, N. Barrera, Lean- dro Mármol, Bernardo Iglesias, Martin Luetez, Juan Lisco, Andrés Lozarte, Augusto Defran, Ricardo Cas- table, José Beza, Alberto Martinez, Matías González, José M. Sierr, Rufino Moreno, Aurelio Correa, Do- mingo Garra, Segundo Albarracin, Narciso Luna, Exequiel Tello, Vicente Cejas, Ventura Lavayen, San- tos González, Eufrasio Cattes, Miguel Izarriaga, JoséTorrico, José Gil, Miguel Recia, Zoilo Pérez, lri- neo Fredes, Bautista Acosta, Marcelino González, An- tonio Genova, Bibiano Villegas, Eduardo Coalin, Au- gusto Paso, F. Maica, José Aguirre, Pedro Jurico, E. Palacio, Marcos Bartolomé, Agapito Toledo, Beni- to Molina, Victoriano Marcevoduo, Miguel Gaitan, Leandro Acosta, Julián Losa, Ruperto Silva, Tomás Guerrero, Martin González, Pedro Corregia, Justo Ramos, Ramón Soler, Urbano González, Miguel Mon- teros, Wenceslao Luna, Florentino Avendaño, Rosa Godoy, Hilario Diaz, Ramón Leiva, Cipriano Moreno, Genaro Parra, Carmen Gallo, Justo Gómez, Anasta- cioObejero, Juan Salazar, Juan Zeballos, Julián Lu- ques, Dionisio Acosta, Eustaquio Arana, Daniel Men- doza, Abdon Molina, Mariano Lasarte, Santiago Mo- lina, Ubaldo Acosta, Laureano Mansilla, Santiago Santillan, Meliton Molina, Vicente Medina, Vicente Alvarez, Juan Avendaño, Vicente Osse, Manuel Me- dina, Lázaro Cabrera, Justo Alanis, Emilio Lobledo, Manuel Andrade, Pedro Nievas, Justo Vázquez, Jorge Coda, Nicanor Arce, Pedro Farias, Gregorio Medina, Timoteo Cejas, Sabino Diaz, Marcos Cueva, Ignacio Parra, Pedro Acosta, Dionisio Moreno, Ángel Gonzá- lez, Domingo Urbina, Timoteo Molina, Higinio Gon- zález, Rufino Laurel, Emeterio Laurel, Martin Gutiér- rez, Juan Cabello, Juan Cabrera, Jacinto Rodriguez, Juan Prado, Bonifacio Prado, Vicente Sosa, Servando Canelo, Juan Solares, Nicanor Ramos, Tristan Cabre- ra, Pedro Chagá, Modestino Pereyra, Pedro Vera, Pe- dro Cardoso, Victorio Gutiérrez, Fulgencio Belén, Pedro Salias, Juan Bros, Dionisio Porcel, Eugenio Aguirre, Felipe Pereyra, Máximo Mantero, Pablo Gó- mez, Jacinto Roldan, Pedro Pallero, Pedro Pérez, Pedro Peralta, Aniceto Diaz, Ignacio Robledo, Trio- tilde Robledo, Benito Zapata, Ventura Latorre, An- drés Sierras, Silvestre Macedo, Marcelino Montero, — 107 — Serviliano González, Pedro Coronel. Justo Troncoso, Julián Echeverría, Miguel Cabrera, Raimundo Rodrí- guez, Juan Salazar, Rufino Videla, Dionisio Noriega* Félix Córdoba, Sergio Benitez, José Cardoso, Matías Mariescurrena, Pilar García, Francisco López, Pru- dencio Salazar, Vicente Ibañez, Alejandro Zarate, Manuel Peralta, Juan Cada, Gerónimo Susperregui, Martin Loray, Remigio Albarrecin, Víctor Fite, Ma- nuel López, Lorenzo Casco, Miguel García, Juan Ro- sende, Fructuoso Rosende, Manuel Nieto, Luis Peral- ta, Carmen Andrade, José Grigera, Manuel Grigera, Manuel Gómez Martinez, Elias Grigera, José Teodoro Grigera, Marcos Cuevas, Martin Reynoso, Juan Ca- brera, Épifanio García, Marcos Cano, Pedro J. Fer- reyra. Juan B. de los Santos, Pablo de los Santos, Tomás Grigera, Clemente Grigera, Natividad López, Dionisio Recabarren. El vecindario de Hinojos, partido de Olavarria, felicita calurosamente á V. E. por el importante proyecto de enagenacion de los Ferro-carriles del Estado, porque él significa convertido en ley, la protección directa á la riqueza general y el bene- ficio inmediato al productor, al particular, cons- pirando todo ala prosperidad de nuestra campaña. Lo creemos así, porque los Ferro-carriles en manos de empresas, servirán satisfactoriamente los grandes intereses que se desenvuelven abrien- do al espíritu de competencia vastos horizontes y asegurando á la industria, una vida próspera y fe- liz. De esta manera el Estado cumplirá una de sus mas tutelares funciones, que es promover el bienestar y contribuir á que se generalicen todos aquellos beneficios que hoy se distribuyen imper- fectamente en la Provincia — por todo ello, felicita- mos ardientemente á Y. E.. y saludárnosle con nuestra adhesión v alta estima. A. Grigera, Víctor Fitlie, Jacobo Meyer, Luis Berret, Ja- cobo Giménez, Otto Keller, Roberto Lienar. Jorge Ferresch, Adrián Ramírez, José Giaslad, Germán — 108 — Randen, Pablo Sempton, Juan Fernandez, Adrián Fingueley, José Fingueley, Andrés Gisler, Juan Mar- tel, Roquel Jofanet, Pablo Muñiz, Manuel Managi, Antonio Rodríguez, José Magard, Rraulus Magadain, Pedro Benitez, Juan Magadain, Jorge Kelle, Domingo Bombeutt, Pedro Woltn, Augusto Sí'reber, Romano Guiliani, Leopoldo Guiliani, Miguel Rodríguez, B. Anizan, V. Alvarez, Matias Rom. Pedro Torufli, Ma- nuel Breatin, Aurelio Gastón, Vicente Diaz, Joaquín Costa, Pascasio Sánchez, Pedro Alvarez, J. Durana, Ch. Floriston, PedroZonello, José Torpa, JuanCham- pagui, G. L,3iva, L. Boristti, G. Eruquet y Ca., Ole- gario Giménez, Giovani Flora, Matias Fronla, C. Maschio, Juan Balbi, Teófilo Fischer, Faustino T. Ledesma, Francisco Grasego, G. B Tiial, Pascual Martini, Domingo Lecteri, Pasceal Cabello, Alejan- dro Blang, Armedio Maggi, Manuel Malfati, Miguel Moy. José E. Grigera. BAHÍA blanca Exmo. señor: Los infrascriptos, vecinos del pueblo y partido de Bahia Blanca, tenemos el alto honor y así mis- mo el placer de felicitar á S. E. por el brillante éxito que ante el H. Senado de la Provincia obtuvo el acordado y oportuno proyecto que se relaciona con la cnagenacion de los Ferro-carriles Provin- ciales presentado por el Poder Ejecutivo y de igual manera hacemos los mas sinceros votos por- que dicho proyecto adquiera la sanción definitiva en la H. Cámara de Diputados, por ser este asunto de suma trascendencia é importancia, é influir be- néfica y ventajosamente en favor del progreso y adelanto de nuestra industria agrícola, ganaderia y comercio y en fin de todas las fuentes de donde — 109 — dimanan la prosperidad y riquezas públicas déla noble y culta Provincia de Buenos Aires, de la cual este partido toma parte integrante. Con tal motivo saludamos al Exmo. señor Gobernador reiterándolo las mayores muestras de nuestra res- petuosa consideración y aprecio. Patricio Z. Fernandez, Ángel M. Casullo, J. Ferro, Tomás Abbate, Luis J. Viale, Miguel Xovario, P. Forque, J. D. Lucero, O. P. Etchebarne, M. Moya, J. Ramón Cabra l, E. J. Villanueva, Floro Modin, Rojas y O. y París, J. M. Rojas, D. Daugado, José Ignacio Gi- ménez, Antonio Toscano, Nemesio Horeni, E. Amala y C\, Vicente Fontana, J. Manuel Camelo, Agustín Lagleyle, Santiago Demoren, O. R. Casal, J. Bousquet, Manuel Aristorán y C a ., Tomás Folezi, Diego D. Me- yer, M. Damarque, Elíseo Casanova. —Siguen mas firmas. M. Zambonini Sus numerosos amigos de ésta, felicitan por nues- tro intermedio á V. E. por la sanción de la Cáma- ra de Senadores del proyecto de ley presentado por V. E. respecto á la enagenacion de los Ferro-car- riles de la Provincia, haciendo fervientes votos por que recaiga igual sanción en la de Diputados. Saludan á Y. E. F. Lucero, Ramón Zabala, Tomás Abbate, Miguel M. Ca- sullo, Erasmo Bustos, A. O. Rodríguez, Francisco Díaz, Daniel Boussio, Juan Eltsabe, Luis M. Fasca, Adolfo Dafo, Carlos M. Godoy, Fernando C. Borden, Simón P. Etchelarre, Elicao Casanova, Saturnino Casanova, Eliceo C. Zabala, Emilio Albato, Florenti- no E. Villalba, Martin Villalba, Agustín Mascarcllo, — 110 — MAGDALENA Al S. E. el seiior Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, D. Máximo Paz. Los vecinos y hacendados que suscriben, llevados del buen deseo de fortalecer vuestra resolución de la venta del Ferro-carril del Oeste, uno de los puntos de vuestro programa administrativo, que todos entonces, aceptamos é inspirados además en la sana política y honrada administración que practicáis, os enviamos nuestro mas decidido apoyo para que dicha venta se lleve á efecto. Simón L. Llanos, Juan de Acevedo Ramos, Nicolás Gó- mez Gallegos, Roberto Parris, Carlos Parris, Carme- lo Belon, Eusebio Sedaño, Martin Bolino, Joaquín J. Arana, Ignacio Lara, Attilio Verzura, Juan B. Gon- dra, José Aguirre Ignacio Altube, Victoriano Ordaviz, Diego Fernandez, Rosendo Montana, Martin M. Bo- neo, Juan Duben, José M. Blanco, Francisco Oporto, Isaías R. Cufré. Juan Ferro, José Pérez, Carlos Ford, Zenon Bolino, Vicente I. Aldecoa, José Várela Stuard, Ramón Navarro, Edisto Speroti. Carmelo Equiguren, Juan Bordatto, Esteban Eliche, Juan Onaco, Domingo Ray, Manuel Pérez, Ramón Morgana, José M. Pérez, José Maria Lizarraga, Victoriano Díaz, Manuel San- tos, León Juaregui, Ángel Vidal, José R. Landa, Pe- dro Zabaleta, Joaquín Zabaleta, Carmelo J- Cañedo, Isabel Coria, Juan Canales, Fábio Colombié, Natalio Urruchua. Emilio Colunga, Arcot J. Enrich, Facundo Romero, Francisco Nedol, Emeterio Buñirigo, Ma- riano Galdós, Martin Aguirre, Belisario Ll; 1 nos, Juan Rodriguez. Gerónimo Corbalan, Ciriaco Boron, José Lescano, Martiniano Rodriguez, Pedro Sosa, Francisco Herrera, Eduardo Rodriguez, Constancio Velasco, Constancio Romero, Pedro Carriqueborda, Gerardo Carriqueborda, Rafael García— y siguen mas de tres- cientas firmas, que por su mucha extensión se su- primen en esta telegrama. M. M. Boneo. 111 CA^TEErlrl Saludamos áV. E. atentamente manifestándole nuestra adhesión á sus propósitos en la realización de su programa de Gobierno. Le enviamos por correo una petición suscrita por numerosos veci- nos contribuyentes de este partido. Pedro Oyhamburu, Víctor Taillade, Esteban Epul, J. R. Tailiade, J. Granea, Juan P. Elizalt, Esteban Bel- sunce, Juan D. Ramos. Pedro Oyhamburu. Los que suscriben, tienen el honor de felicitarlo por su iniciativa de vender los Ferro-carriles do la Provincia, idea que reputamos ele primer orden para el desarrollo de la Provincia esperando que el señor Gobernador perseguirá con ahinco el cum- plimiento déoste programa económico, destinado á salvarnos de grandes inconvenientes y empujar- nos por el camino de las riquezas. Saludan al señor Gobernador. Víctor Tallade, Pedro Oyhamburu, Esteban Chul, J. B. Caillad, Santiago Coeyrahourg, Francisco Labal, Án- gel Mueiri, Tomás Cleland, Varani Sailo, Domingo Franco, C. Formecaze, A. Jiffer, Pedro Boldrite, Ber- nardo Canyharen, Esteban Almada, Fermín Suarez, José Marín, Juan Espond, Juan Robledo, Andrés Pi- ca rdy, Fermín López, Abdon Pérez, Mauricio Domín- guez, Manuel Lorenzo, Juan D. Ramos, Tomás Bar- roso, Pedro Elissalt, José Conde, Eustaquio Matelu- na, Pedro Corbalan, Ramón Beco, Juan Chul, Jaco— bo Lifarena, Juan Elissalt, Juan Fourcade, Benito García, F. Bondenave, Patricio Kilmurry, Gervasio Fretes, Isidoro Fretes, Francisco Mox, Saturnino Al- varez, Pedro Eligoypen, Ángel Martínez, Daniel Ne- ger, José Rodríguez, Lisandro C. Moisa, Gaspar Z. Reisig, Florentino Almada, Félix L. Sánchez, Manuel — 112 — P. y Pérez, Manuel Bubig, Miguel Bartolomé, José Cazamayou, Francisco García, Marcos Reguera, Juan Cazamayou, Pedro Cazamayou. Santiago Kilmurry, Juan Esponda (hijo;, B?nigno Brulenaga, Guillermo Rickard, Patricio Rickard, Rimon Oyhamburu, Ma- nuel Casco, Domingo Undue, Juan F. Casco, José Su- billa ga, Francisco Casco. Se adhieren á esta manifestación y me autorizan á dar sus nombres los vecinos: Primitivo Pérez, Cecilio Bustos, Pedro Oyhenart, L. Cries- basch, Donato Pisando, Juan Etcheverry, G. López, G. Rodrigusz, M. Echarle, F. Quijo, Eugenio Unánue, M. Laplaza, J. Faguaja, F. Biayart, F. Iturraspe, J. M.Cechebes, Martin Abadie, B. Urrutia, A. (renta, J. P. Etchartelíg, R. Romero. Juan Bedaras, J. Rios, G. Rivarola, B. Barredo, G. Esponraburu, M. Toba- res, J. Cipdevila. C. González, F. Rocha, Pablo Tien- ta, P. Oyhamburu . BLANDEEN A S. E. el señor Gobernador de la Provincia, D. Máximo Paz. Los vecinos, hacendados y comerciantes que suscriben, á V. E. manifiestan que se adhieren al proyecto de enagenacion de los Ferro-carriles, parte integrante del programa de Gobierno de V. E., y hacen votos porque la venta se efectúe. Reciba V. E. nuestras mas elocuentes felicita- ciones. Raymundo Bordo. Silverio Izeta, Luis L. Campos, Bau- tista Mirasso, Severo Berazategui, Liborio Paz. Mi- guel Mahon, Pedro Fillot, Fidel Valdez, Juan M. Gianino, Domingo Castillo, Ángel Campos, Bautista Bordenave. Carlos Kironer, Ángel Carria, Silvestre Arroy, Juveniato Pérez, Benjamín Farisgton, Gre- gorio Merliuo Fourcaud. Pedro Guzman, José L. )-l — 113 — Guzman, Ubaldo Berazategui, Luis García, Justo Or- tiz, Casimiro Cabrera, Juan Caraccio, Vicente Altin, Alejandro Villa, Adolfo Fourcauf, Roberto H. Wilde, Pedro H. Thorp, Modesto Thorp, Carlos Paz, Mi- guel Alfonsin, Luis Borda, José J. Paez,— siguen dos- cientas sesenta y dos firmas que se emiten por no hacer este despacho mas extenso.— El Presidente, Mariano N. Rodríguez. AYAGUCHO Exmo. Sr. Gobernador de la Provincia, D. Máxi- mo Paz. Tenemos el honor de dirigirnos á V. E. con el propósito de expresaros nuestra sincera adhesión al digno y patriótico proyecto del P. E. sobre ena- genacion de la red Ferro-carrilera del Estado. Inútil es manifestar á Y. E. que tanto los habi- tantes de este pueblo como los del resto de la Pro- vincia, acompañan á su digno Gobernador en la progresista campaña iniciada y anhelamos la breve sanción del enunciado proyecto, en razón de que encarna la voluntad de Ja mayoria y el bien general de la Provincia en toda su extensa zona. Saludamos felicitando á Y. E. C. Smith, Pedro Ferreyra, Francisco de Paz, Antonio Sens, Federico Breede, Eduardo Hermann, José Mi- guez, Genaro Lacica, Antonio Maestegui, Antonio Lombardi, Damián Rodríguez, José L. Delbo, Vicente Godoy, Juan H. Lahitte, Andrés S. Somigliana, Juan Goáa, Alfonso Regó, Camilo Miranda, Carlos Coréu- cy, Ricardo Toulkes, Agustín Lando, Estanislao M. Alday, Francisco Buero, Benito de la Torre, Ale- jandro Pasini, Eduardo Alejandro Famia, Remigio Roca, Pascual Lombardi, Blas Falabella, Mancini Güerino, Marco Maggio, Nicolás Falabella, Nicola Barros, Nicolás Cervetto, Francisco Italiano, José — 114 — Domínguez, Domingo F. Faillaco, M. Yilardaga, Luis Selmi, Luis Cerana, Ricardo Greppi, Ceferino ligar- te, Enrique P. Blanch, Eugenio Elizondo, Ceferino Ara mburu, Juan P. Smith, José M. lturralde, Juan P. Silvano Galán, Martin Dutragon, M. Dutragon, Marcos Pérez, José R. Suarez, Raimundo Ramos, Luis Hillairet, José A. Virini, Crispulo Martínez, Se- bastian Tesitor, Migliore Giusepp, Truggi Carlos, Fortunato Gallo, J. P. Duarte, Emilio Falcon, Casi- miro Pérez, Francisco Pompeni, S. Moure y Ca., .losé Rial, Juan Aguirre, Joaquín Armant, B. Tejedor, Ventura Castro, Manuel Nuñez, Manuel Repetto, Fé- lix Orbeci, Luis Gataldi. Juan Bruggi, Bernardo Perrone, Eduardo Lavequi, Domingo Marino, Pablo Balgum, José A. Balgum. Manuel Rodríguez, Ricardo Dapozzo, Juan Joaquín Blane. Juan Delega, Lisandro J. González, Santana Moneada, Francisco Miri, G. González, Domingo Ciraes, Exequiel Casanova. Pedro Acosta, José M. Lucero (hijo), Benito Pérez Millan, Benedito Vázquez, Alejo Mereu, Cesario Guerra, Agus- tín Vázquez, Carmelo Mistorni, Villanueva y Quere- jito, Bernardo Laurencena, Carlos B. Smitt, Enri- que Amor, Lucio Molina, José Señorans, Mariano González, Juan B. Garbiso, Horacio R. Tejerina. Al señor Gobernador de ¡a Provincia, señor Má- ximo Paz. Los que suscriben, propietarios, comerciantes y hacendados de tres Arroyos, convencidos de las grandes ventajas que reportará á esta importante zona de Ja Provincia, la enagenacion de los Ferro- carriles, y en nombre de la opinión unánime de este partido, manifestamos nuestra adhesión al proyecto del P. E. felicitándolo al mismo tiempo por la sanción que él ha merecido, de la Honorable Cámara de Senadores. José Inena, M. Barcala, Teófilo C. Gomila, Manuel Váz- quez, Pablo Cantagalli, Garlos G. Villademoro, Lean- — 115 — uro Peralta, David Frias, E. Jennerich, José Camilo Morse. M. Eslava, Manuel Loptegui, Miguel Izaguir- re, Pedro Bordenave, S. Riguero, I. Martínez, Noéde Lucia, Filipo Cervone, S. Mileon, Juan B. Lespada, José Romeo, Tomás Vega, Juan Maidagar, Enrique Daberio, José Filhos, Luis Celuziniz, Evaristo Barrei- ro, Vicente González, José Rivera, Antonio Barrero, Norberto Barda, JoséPereyra, José M. González, M. Brañas, Hipólito Rupez, Francisco Palacios, Mariano Sánchez, Juan Puche, Aurelio Fernandez, Luigi Caz- zolino, Enrique Alvarez, David Scott, Felipe Maquen- za, Evaristo Diaz, Vicente Jáuregui, Juan Luengas, José Litré, Ramón Astarbe, Julio Allied, Juan Bores, Marcelo Galar, M. Demetrio Cejas, Próspero Puchu- ler, Santiago Etulain, Juan P. Prat, M. Mansilla, Fe- derico Jensen, Alfredo Hanoy, Pedro Sánchez, Ra- món N. Victoriano, Juan Deambrosi, Juan E. Dere- mús, Amaranto F. Luna, Juan Cantalupi, Román Can- talupi, Francisco M. Santiago, L. Muro, Batiftati Nujeoni, José Madero, Enramo Rusconi, Antonio Rosende, Cayetano Rodríguez, Ángel Castelli, Andrés Castelli, Santiago Visconti, Francisco C. Bernal, Gio- vanni Lamperti, Manuel Elustan, Vicente Giacobini, Vicente Chidichimo, Rafael Baena, Hipólito Fernan- dez, Juan Dassi, Evaristo Salice, Luis Gandulla, Án- gel Lotando, Félix Meynardo, Manuel Blanco, Fran- cisco Ortiz, Juan Rullen, Emiliano N. Sotelo, Miguel Fígaro, Luis Chidichinson, Nicolás Caroselli, Carlos Rodino, José M. Pachieu, Antonio Rivolta, Ángel Tor- re, José Donel, Lutito Roco, Sandalio Bengoechea, Vicente Rotges, Irineo Pennine, Silvano Sosa, Jorge Caselli, Jutio Maestri, Esteban Gianelli, José Morales (hijo), Juan Araujo, S. Alíonso, Luis A. Moroni, Ca- yetano Gutte, J. Poussats, Victor Ferreyra, Benjamín Spata, Ciochini Luigi, Ventura Zabayut, José Mora- les, Vicente Bocero, Luis Arme, V. Santamaría, Leo- nardo Rotundo, Juan Bautista de Felice, Balbino Araoz, José Gatto, S. Francisco Spata, Mario Bruny, Hilario Duran, Luis L. Baena, Aparicio Riey, Martin Solari, Leonardo Rotundo, José González* Esteban Castellano, José Deambrosi, Ladislao Sorondo,L. Pc- reyra, José Vitali, Juan Larrea, P. Rubio. — 116 — TANDIL Exmo. señor: los que suscriben, posesionados de* que os inspiráis en los verdaderos intereses de la Provincia al proyectar la venta del Ferro-carril del Oeste, os hacemos llegar por ello nuestro aplauso, pidiéndoos también vuestro eficaz empeño en la realización de esa venta, la que vendrá á borrar una larga injusticia y á destinar una suma podero- sa á verdaderas y urgentes necesidades. Os felicitamos también por vuestro valor cívico al proceder sin consideración á las conveniencias individuales que han sido en definitivas las que han impedido siempre la realización de ese acto patriótico. Saludan á V. E. con alta consideración. F. Almiron, Jacinto Saldivar, José Gabriel Ahumada. Francisco Cosentino, Juan Gardez, Teófilo Foirier, Juan Lassalle, Manuel Vázquez, Luis Dague, Mari B. Dhers, Caricio Bosatto, Joaquín Rodríguez, Donato Dufau, J. Castos Altesos. Julián Dufau, por Zibecchi y Speroni. Federico Detmero, Juan B. Echevarría, Francisco Gouviches, Ramón Vázquez, E. Benitez, R. Aleonada, Juan M. Dizente, Samuel Peyrel, Luis Bonia, Juan Puchuluz. P. Mantouvat, José G. Peyrot. Luis Conté, José Cuevas. José M. Fernandez, Lucia- no Birabent, Juan U. Dhers, Mariano C. Dhers, Juan Dhers (hijo), José M a . Sampaul, Vázquez Bive, José Hoffmann, Manuel Ruibal, Juan B. de la Canal, Fran- cisco Juldain, Palelo Vera, Liborio Martínez, Victo- riano Olivera, Benito Machado, Fermín Leanes, J. del C. Valenzuela, Daniel C. de la Canal, J. Francia, Mateo Fraise, Damián Fernandez, Arturo Sosa, Juan Aranda, Francisco Suarez Diez, Benito Díaz (hijo;, Máximo Algañaráz, Nicolás Algañaráz, Gavino Rosa— les. — 117 — Los que suscriben, posesionados de que os ins- piráis en los verdaderos intereses de la Provincia al proyectarla venta del Ferro-carril del Oeste, os hacemos llegar por ello nuestros aplausos pidién- doos también vuestro eficaz empeño en la realiza- ción de esa venta, la que vendrá á borrar una injusticia y á destinar una suma poderosa, á ver- daderas y urgentes necesidades. Os felicitamos también por vuestro valor cívico, al proceder sin consideración á las conveniencias individuales que han sido en definitiva las que han impedido siem- pre la realización de esc acto patriótico. Saludan á V. E. con alta consideración. Francisco Almiron, J. Saldivar, J. G. Almada, F. Cosen- tino, P. Maurat, J. M. Keyrot, L. Comet, José Car- vas, J. M. Fernandez, Luciano Biraben, Juan M. Dhers, Julio Dhers, Mariano Dhers, Juan Dhers (hijo), Zabechi y Speroni, Federico Detmers, Juan B. Eche- varría, Francisco Goiacochea, R. Vázquez, Brac Ro- mán Aleonada, J. M. Dizesti, Samuel Peyrel, Luis Bonia, Juan Puchelu, José M. Sampaul, Francisco Sampaul, José Hosffman, Manuel Ruibal, Juan Hosfí'man, Juan B. de la Canal, Francisco Juldian, Pablo Vera, Liborio Martínez, Victoriano Olivera, Benito Machado, Fermín Leanes. José Del, C. Valen- zuela, Daniel C. de la Canal, Dr. José Fuschini, Ma- teo Fraise, A. Zampichioti, D. Hernández y C\, Ar- turo Sosa. Guillermo Aranda. MAIPU Tenemos el honor de dirijirnos á V. E. con el pro- pósito de expresaros nuestra leal y sincera adhe- sión al liberal y progresista proyecto relativo á la -> — 147 — dro Hauríe. Cuan Haurie. Antonio Curenne. Andrés Aubeges. J. Page. A. Aranchaga. Carlos Quincoeet. M. Yanguas. Ángel de Paz. Pedro Muchare. Fran- cisco Monta. C. Ecozetti. D. Pérez. F. Melgarejo. Benito Melglioni. Francisco Pérez. E. López. Luis La- borde, Severo Aguiar. B. Bousquel. Antonio Gui- dot. Manuel Chauz. Benito Sánchez. Salvador Grigo. J. Y. Fernandez. Manuel Saens. Juan Mezía. Manuel Quincorez. Julio Lacantte. M. Mazas. E. Dufey. S. Guerra. A. Paulan. Isaac de Miguel. Manuel N. Yan- guas, Enrique de Igual, Pastor Beuguet. Lino de Loy. Agustín Pinero. E. Hernández. R. Rivas. Se- rapio Ortiz. SayoutE. Neyes. Ceferino de Granda. Fernando Dubecg. A. Verriol. C. Chapullié. C. Bar- rió. Antonio Lafuente. Florencio Roso. Antonio Sánchez. Francisco Molledo. José del Dago. E. Bu- chione. F. Real. A. Pourcade. P. L. Rendon. Pe- dro Goicochea. Jaime Pascues. A. Obievir. Luis de Filippe. Miguel Aznarez. Martin Armando Bousige. Ángel Petipalde. A. Belloni. V. del Valle. Louis Alba- die. Pedro Miramontes. Juan Harlucey. Pedro Gan- droni. Mariano Lacarrera. Salvador Méndez. José M. Suerra. Juan J. Trabuco. Manuel Alda. Emilio Lanieu Let. Manuel Seiro. Juan Laíargue. Leopoldo Lafaye- tte. José Barreré. Pedro Lanique. Luis Lafetti. An- drés Logegasey. Francisco Parteñay. Eugenio Bouche. Pablo Dumas. Nicolás Brissac. Pablo Ducarde. Luis Mareau. Emilio Danemarbu. Pablo Eitrobul. Juan Bautista Leusti. José Labrarraguau. Pedro Fernan- dez. Cándido Luero. Manuel Méndez. Serafín Alonso. Antonio Intriago. José Garcia. Felipe Lody. Antonio Mira. Pedro Hernández. Ambrosio Hernández. Beni- to Cobas. A. Parenthou. Manuel Garcia. F. Ventura. Armando Lacasague. Juan Manescau. Juan Delfino. Juan B. Pelluano. Nicohás Viacava. Rafael Cecchi. Antonio Olivera. Vicente Olivera. Pedro Olivera. Pe- dro Barbier. Juan Altos. Miguel Rizi. Saturnino Ló- pez. Eduardo Caminos. Julio L. Perissé. F. Castillo. Santos López. Emilio Manteuser. Ignacio González. Manuel F. Aragunde. Alejandro Caamano. Pedro Consoli. Remigio Prado. Ramón Jones. Rafael Lom- bardo. Francisco Rocca. José Pascual. Juan Jones. Francisco Patino. Floy Correa. Juan Botto (hijo). Lindor Jones. Pedro González. Domingo Avala. Gre- gorio Bustos. Carmen Chavez. Carmen Datro. Ramón Quintana. Andrés Frosimo. José D'Atri. Cornelio Vol- — 148 — quinta. Francisco Bosoya. Antonio Chilia. Pedro Lo- reto. Esteban Palma. Rafael Raynoso. Francisco Talabella. José Tabordo. Patricio Pereda. Pedro Vio- la. Gregorio ¡barra. Juan Vita. Tito Folco. Manuel Cordoro. Pedro Rernoli. Ángel Mardocci. Alfredo Folco. F. Manuel Moyano. Juan Gómez. JoséM. Gi- ménez. Lorenzo Fernandez. Julián Ledesma. Miguel Guisualdo. Antonio Ladaga. Samuel Santueio. Gena- ro Feolo. Juan Lemos. Genaro Falabello. Domingo Se- raitrongeio. Rafael Bontempo. Vicente Costanzu. Manuel Martínez. Antonio Grimaldi. José O. Melan- dro. Domingo Alarcon. Juan B. Candis. Eusebio N. Ga- ribaldi. Miguel Petroni. Juan Bustamante. José Bar- rionuevo. Pedro Tavorda. Arturo Camaño. Miguel Aseurra. Mauricio Ballesteros. Aurelio Cabra!. Car- men Picón. Rosario Pizarro. Francisco I. Proprato. Andrés Saria. Santos P. López. José Maria López. Remigio Prado. Telesforo Guma. Alejandro Taborda. Benito And rada. Pablo And rada. Ramón Britos. L. Maldona. Antonio Britos. F. V. Diaz. S. Albarra- cin. Joaquín Araña. Agustín Ferreyra. A. Py. A. J. Armentanó. Carlos Medina. Juan Eloisa. Juan Ledesma. Lucio Correa. Felipe Vázquez. Heráclio Santillan. Pedro Gutiérrez. Leopoldo Limes. Maria- no Gupita. Francisco Posse. Rufino R. Landivar. Servando Rios. Epetilde Murat. P. Juan. P. Edu- ligue. Carlos Saborido. Ramón Cisnero. R. Guas- tarmo. Mariano Arau. Salvador Mauris. Alonso Blanco. Ideforo Fernandez. Jacinto Meabe. P. Ana. S. A. Albsur. L. Alba. Juan José Silva. Juan Vila. Alvino Cerantes. Felipe Vázquez. Irineo Bailo. Juan Kloisa. Antonio Albarracin. A. Silva. Carlos Sen' 1 . Juan Gastaldi. N. García. A. Morales. Higinio Ro- dolfo Alisa. Prudencio Chaves. J. M. Daílier. Do- mingo Dallier. Juan Bares. M. Argaiul. George Russel. L. López. Luis Scholet. Victorio Maroadi Manfredo. Juan B. Piass. Basilio Latierro. Juan Cámara. Francisco Berdugo. José Pérez. Ángel A. Sán- chez. José Bonet. Pedro Gorostiaga. Antonio Silva. Luis Pérez. Juan Parma. Juan Domingo. Juan Ma- rini. Tomás Marini Moyarez. Esteban Borzone. Do- lazza Francisco. Ignacio Rodriguez. Alberto Ronza. Facundo J. Ortiz. José Rodriguez. Ramón Indart. Severo Spronieri. F. Estrada. Ramón Ayazo. Amato Raffael. Frelmano Carocelli. S. Stimona. Nicasio Chavez. Gregorio Romero. Cándido Canisello. Cris- — 149 — tóbal Esperanza. Pedro Labandon. José Montaldo. Ramón Rodríguez. José Bernal. José Salgucino. Cé- sar Bosco. Antonio Fupo. Varni Giovanni. Dalla Longa Angelo. Laureano Bess. Sirbani Giuseppe. Isidro Zundde. Enriqne Rodacho. A. Q. Paz. Luis Castañino. Avelino Dutherlandi. Roberto Cano. Francisco Vicente Ferro. G. Busia. Luis Gonnala. Manuel Sevane. Jean Gertsch. Bonfanti Costante. Juan Otkoby. Luis Anglade. J. P. Fervin. A. Fer- nandez. D. Fernandez. A. V. Canevaro. Ignacio Goyena. Pedro Andueza. José Moran. Pedro Rolas. Teófilo Vidal. Lorenzo Uniba. Boule Louiz. Ramón Quintana. Francisco Marino. Santiago Mateo. Eva- risto Islas. Antonio Conti. Seferino Menendez. R. González. Roldan Beses. Joaquín Alica. Ceferin Do- mínguez. K. Moray. Anastacio González. Luis Rodríguez. Félix Guzman. Fortunato Peña. José Lucero. José N. Pérez. Gregorio Colman. Manuel Basualdo. José Bullón. Narciso Reinoso. Fermín Telechea. Belisario Bonifacio. José González. Juan Camino. Alberto Muñoz. Jacinto Várela. Toribio Jaureguiberry. Manuel T. Lucio. M. C. Gómez. Manuel Torres. Ángel Ningiando. Alberto L. Galán. J. F. Franco. Daniel Casanande. Juan Francisco Coutiño. Vicente Golori. Isaac Diaz. Benito Olmedo. Modesto Bengolea. Silverio Castillo. Daniel Balla- dares. Vicente Gómez. Cecilio Jaime. Juan Buero. Máximo Ortiz. José Gallo. José B. Flores. Faustino Chena. Félix Claverié. Mateo Gustavo, José Stéfano. Benito Afraiz. Juan Haves. Aureliano Gororito. Iri- neo Vivas. Pedro Pérez. Eustaquio Posadas. Feli- pe Vivarot. Felipe Carímando. Roque Ramos. Pas- casio Aquino. Esteban Bargas. Donato Torres. Lo- renzo Silvian. Pedro Nieto. Justo Luna. Cruz Duran. Ángel Montes. M. Torres. José González. Martin Faure. Rafael Lastra. J. B. Seivz. Leopoldo Corti. Esteban Márquez. F. Lúeas. Castelli Enrique. Alessio Vingati. Dorigo Efisto. Juan Gómez. Vittorio Malvarito. Antonio González. Arturo Espinoso. Molinari Cario. E. M. Magnot. Saverio Abregú. José Secundo. Cario Raguin. Pedro Cervino. Francisco Ray. Manuel Mattalobos. Juan Loy. Félix Codina. José M. Cátala. Andrea Bengoa. Juan Garcia. César Marcon. Antonio Silva. José Anfossi. Francisco Mo- raiso. Pedro Gario. Faustino Chabri. Enrique Rojas. Felipe Robbiani. Napoleón Poiro. José Ornati. Ja- — 150 — cinto Navarro. Juan Fernandez. Vicente Vignati. Rafael Negri. Cario Lupil. Rufino Seguí. Rosendo Gutiérrez. Pedro Rosales. Servando Rada. Juan Barbiar. Feliciano Dehesa. Francisco Gearceti. Luis Lafon. José J. Guaristi. José Pugui. Pablo Quinte- ro. Miguel Saenz. Domingo Fiacacio. Manuel Maffei. Vicente Grassino. José Bianchi. Sacaría Giovin. Concardi Paolo. Miguel Barranchini. Agustin E. Grigore. Luis S. Fernandez. Antonio Manduca. Ben- jamín Siles. José Almada. Emilio Seres. Aquiles Brota. Indalecio Insua. R. Ferreyra. Jacinto Itur- raspe. Fernando Parraberé. Julián Ortega. Manuel Lecona. Carlos Granéela. Juan Mollares. Robustia- no Met Gerez. Benedicto Platino. Aquile Anglinetti. Domingo Falcon. Ángel Sapdito. Ignacio Navarro. Pedro Bissieres. José Plá y Bojorge. José Faggio- ni. Vicente Idigorás. Walderedo Huidobro. Esteban Zuazo. Lorenzo Faggipni. Gerardo España. Ricardo S. Pérez. Arturo España. Juan Garmendia. Rafael M. Raggo. L. Lando Pascael. Diego Pettruchi. Andrés Mendia. Alberto Rojas. Antonio Burguet. Pedro Rojas. Hermógenes Gil. Manuel Robles. Espeluque Fule. M. Luna. Rudecindo Tello. J. Lezara. Damián Arce. Hemeregildo Artola. Julián Paveza. Ernesto M. Figueroa. Eduardo Lozano. Agustin Ortega. Antonio García. A. Gutiérrez. Pas- tor Lescano. José Vingas. Bernabé Olivo. Pedro Villegas. Eduardo Baez. Irineo Basualdo. Claudio Minchemberg. Pedro J. Herrera. Gerardo Ortiz. Julián Bosquellas. Ernesto Fernandez. Manuel Buendia. Blas González. José M. Tarto. Manuel Quiroga. Raimundo Candal. Santiago Zubeldia. Apolinario Diaz. Julián Aireta. Félix Rodríguez. Rosa Car- rizo. Eloy Tixeira. Solano Lorea. Fausto M. Gon- zález. Ramón Cabello. Rafael Morales. Gerónimo Montes de Oca, Gregorio Maldonado. Ernesto Ro- dríguez. Vicente Storino. José Fabre Palacios. Juan Solana. Pedro Cañé. Francisco Guerrero. Manuel Cerdeyro. Bernardo Sala. Ángel Pérez. Anselmo Prado. José Duarte. José Romairone. Mar- tin Deambrosio. José Donaielli. José Braco, Rosario Figueroa. Mercedes Molina. Romualdo Sanabria. F. Acevedo. Juan José Moreira. Diego Cunningham. José Vendré. Miguel Cantero. D. Alvarez. F. Cas- tellano. Segundo Martínez. Juan Costagnino. Tristan Guzman. Belisario Ibañez. Antonio Gati. Nicolás — 151 — Gabriel. Pedro Sánchez. Pedro J. Gallino. Juan Antonio García y Villar. Juan Soto. Luis Petit. An- drés Mendia. J. Vicente Lescural. Maisomare Jean. Espeluque Fernard. Gleyse Lours. Magnan Joseph. Justino H. E. Lequend. C. Ramonet. Luis Martí- nez. Charles Laurent. Gerónimo Marino. Juan Chin. Emilio Anglad. Santiago Crestia. Federico Labarrére. José Conture. Juan Marques. Camilo Fumrt. Juan Bautista Boya. Pedro Poulicarde. Dupont Lourrent. Luis Lalanne. Juan Lozano. Re- guinaldo Besges. Juan Granejean. Juan Tabares. José García. Mateo Senéz. Segundo López. Nemesio Pilar. Zenon Gómez. José Nuñez. Lázaro Villegas. Teléíbro Cabrera. Teléíbro Monteros. Agustín Ro- dríguez. Agustín Niojas. Pablo Gosenches. Pascual Gascochea. Manuel Goprale. José Obeja. Pedro Monmus. Andrés Bangelista. Nasario Ordoño. José Fustans. Salustiano Fuentes. Carlos Maldonado. Antonio Merman. Esteban Beiga. Francisco Sosa. F. Beiga. Ramón Díaz. Ernesto Lavaldella. Romato Castro. José Labades. Juan Tildes. Luis Colbon. To- más López. Pedro García. Antonio González. Fran- cisco Rodríguez. Antonio Pérez. T. Pérez. I. Gegu- xoc. B. Lozano. H. B. Berza. Justo López. Manuel Juárez. Ponciano Navarro. Prudencio López. Son- íbris Delgado. Casimiro Sosa. Luis Grande. J. M. Dellier. Otilio House. Lorenzo Gutiérrez. Pedro V. Saliche. Nicanor Valenzuela. Mariano Diaz. Mariano Escola. Pedro Grani. Honorio González. José López. Manuel Viilord. Manuel Otero. Manuel López. Guillermo Sosa. Cipriano Zepeda. Teófilo Alcántara. Justo Batiz. Marciliano Garcia . D. Pintos. Manuel González. Pedro Dondi. José Pérez. Ignacio Pito. Teodoro Giménez. Antonio Medina. Carlos Villanueva. Luis Domínguez. Domingo Pedriel. Claudio Crespo. Julián Ortiz. Natalio Borga. Francisco Grandes. Ma- riano Bervide. Miguel Carcaño. Juan Gorostiaga. Manuel Campos. Desiderio Sapana. Sisto Medina. Pedro López. Ildefonso Medina. Cornelio Chaves. Juan Dondez. Francisco Lujan. Carlos Doliera. Carmen Miranda. Miguel Mateo. Ignacio González. Fablo Sucas. Nicasio Chaves. Nicanor Castro. Do- mingo Ángulo. Manuel Aguirre. Cipriano Silva. Manuel Cepeda. Dionicio Aguilar. Luis Marguena. Pedro Dufllan. Adolfo López. Mateo Miranda. Apolinario Alcántara. Enrique Lamarque. Justo — 152 — Faure. Carlos Manceno. Ignacio Artola. Benigno' Montes. Lorenzo Mendia. Fortunato Mazza. Pedro Ra- mos. Andrés Camponovo. Miguel Etcheverrigaray. Justino Ramayo. Pascual Puerzo. Fermín Goye- na. Pedro Barreyro. Antonio Aznar. Adriano Ar- tola. Manuel Lenzina. José Miranda. Antonio Pé- rez. José Barrientos. Domingo Racio. Benito Lem. Juan Pérez. Pablo Reisug. Augusto Salgado. Va- lentín Lore. C. R. Martínez. T. Acevedo. José L). A'arloto. Fernando E. Cruz. Antonio Pasco. Ra- món Cano. Martin Monasterio. Martin Frias. Juan F. Ponce de León. Juan Cambone. Abdon Aguir- re. Joaquín Trollana. Benito Ledo. Enrique Villa. Fermin Avendaño. Juan Pons y Oliocia. Dionisio Cabrera. Adolfo Srochio. Francisco Friacchia. Pon- ciano Inchaurraga. Denegri Pió. Domingo Debenede- tto. Domingo Mazzolo. T. Martinez. D. Bracamonte. Emilio Pérez. Juan Enriquez. Rodolfo López. Octavio Villa. Nicolás Villa. Domingo López. Martin Nella. Jacinto Pérez. Manuel Rodríguez. Maximino Rodrí- guez. José Rotta. Bariterio Cuorna. Tomás Caumo. José Busto. José Cuorna. J. Lazcosa. J. Basani. José Itarrani. Luis Muñía. José Mauricio. Antonio Larioza. Antonio Paiz. Luis Muglia. Jacinto Taborda. Beli- sario Bolda. Manuel Mujica. Tomás Rodríguez. Pe- dro Noletti. Daniel Sagarra. Campolican Molida. Cayetano Bellogrado. Santiago Menarrodi. Enrique Lamarque. Pedro Bay. Mariano Aguirre y Gómez.. Domingo Lousta. Fernando Gary. Prudencio Ramí- rez. Alfredo Olmos. Mariano Ortega. Justo Suarez. Manuel Rodríguez. José Petta. Mariano Ruiz. Mario García. Irineo Zabala. J. Huidobro. Provin Díaz. J. Navarro. Juan Funes. Amadeo Rivas. Carlos Leone. Alejandro Anguisola. Juan López. Juan Telecheira. Epiíanio Garmendia. Antonio Irusqui. Francisco Canorola. Bernardino Pichinini. Juan Baustista Mo- recha. Jacobo Monoti. Pedro Arellano. José R. Mar- tinez. Juan María Ferrand. Hilario Artega. José San Sebastian. Domingo Luraschi. Pedro Laguens. Luis Calagonio. Luis Martinez. Francisco García. Luciano Torre. Antonio Marini. Carlos León. Juan Fragoza. Nicolá Deluga. Pedro Puyol. Ramón González. Pedro Rechecopar. Torcuato Tarragos. Francisco Tarragos. Víctor Tiyot. Juan Censer. Isidoro Rivas. Domingo A. Arroyo. Estanislao S. Cuchipere. Agoanegio. Mateo Bonaza. Ramón Raquiny. Juan A. Luis. Jacobo^ — 153 — S. Raqueli. D. San tillan. W. Rosquellon. Julio Panta. J. Ralipe. José Fuellar. Emilio Giarloló. Juan Rocata- Uata. Pedro Sáfate. Héctor A. Castelletti. Pedro Sá- fate. Juan Diaz. Víctor Rivas. Wenti Ristorni. Pedro Casares. Rojelio López. Mariano Spoti. Manuel R. Fernandez. Ricardo Lafuente. Emilio Camhaceres. Jorge Salve. Pascual Riflo. Jupilano Chizola, San- tos Alvarez. Manuel Ramos. Eustaquio Romero. Ma- riano Rodríguez. Pedro J. Casares. A. J. Riso. Pedro Lafuente. Carmelo Rósale. Marcelino Borda. Juan M. Sánchez. Manuel I. Mateos. Serápio Villalva. M. Sa- bala. Cipriano Mandeloy. Vizenzo Marini. Honorios Roineau. Pedro Rios. Juan Pía. Federico Aragón. C. Chacón. M. Irrazabal. Elias Silveyra. E. Filipino. R. Fenta. P. Ramírez. M. Planchet. Francisco Spi- ni. Esteban Gorrego. Manuel Illezca. Claudio Col- man. Toribio Morales. Antonio Maestro Estévan. Gregorio Malina. Leandro Hierra. Nazario Oroloña. Claudio Faria. Pedro Batalla. Fernando Holquin. Francisco Parodi. Manuel Solarez. Juan Couper. Zo- lio Marani. Andrés Pablo. José Aguirre. Antonio García. José Aruti. Roberto Renes. Pedro Perrona. Ángel Establa. Antonio Peino. Felipe Arias. Seclio Averza. Juan Ángel Ruiz. Isidoro Rodríguez. Pau- lino Ramírez. Adrián Delzis. Juan Galerano. Au- gusto Gómez. Fermat Ángulo. Gabriel Correas. Pedro Medina. Rafael González. Carlos Rodo. Pablo Re- bertson. Manuel Suarez. S. Lupi. Vicente García Buena. Pedro Fontana. Fermín Rodríguez. Antonio Videla. Vicente Pinola. Luis Podestá. F. Manuel Felli. Pedro Aguirre. Juan Bautista. Antonio Cei- pede. Juan A. Reyes. Antonio Reyes. N. Durapont. Eugenio Michy. Leopoldo Asacé. María Juan Sabina. Liborio Iturralde. Constante Agaffin. S. Resimone. H. Morati. M. Loza. Zenon Albizur. Isidro Pérez. Carlos Lee. Antonio García. Pedro M. Ogando. Ni- comedes García. Antonio F. Seiles. Paulino Ayala. Justiano Martínez. Pastor Diaz. Ángel Lisa. L. Gutiérrez. Justo Lima. José Lozano. Manuel Ra- mírez. Ángel Manfredi. José R. Isla. L. Castañidon. Rafael Giménez. Ángel Videla. Pedro Correa. Fran- cisco Garmendia. Martin José Zulizea. Martin Gar- mendia. Pedro Movía Sulivia. P. Juan Rabue. Juan Bautista Sulivia. Emilio Soto. A. Barebi. Merejildo Munagarren. Alesio Sbariggi. Pugale Gérome. J. Llobera. Gil Sarmiento. Meluquc Bernardo. Biron — 154 — Juan. José A. Trugillo. Luis Lecurat. Julián P. Aguirre. Pedro Vilaplang. N. Bongoa. J. Magno. E. Seligmano. Manuel Blake. Tomás Irigoyen. José Bonet. Luis B. Cabrera. Julio Riguad. Justo Rosas. José Bastan. Antonio Peralta. Pedro Rojas. Julián Suarez. Bartolomé Pita. Pedro Salinas. José Gonzá- lez. Ángel Ludroico. Bernaba Terrasa. Manuel Mar- tínez. Daniel Chico. Anglad Bernarde. Haurot Fir- min. Augusto Sambillan. Pedro Goyenecha. Belisario Sapata. José Ramirez. W. Ture. Reno Belino. Pedro Milodias. Juan Ortiz. Bidejain Pedro. Barneche Pier- ro. Inzua Manuel. Hangerone Gaíllas. A. Seteres, J. B. Amardeil. A. Dubaut. Mariano Mas. Teófilo Vidal. Boulé Louis. Francisco Nías. Pedro Gres han. Juan Alanvig. Scimitt. Josel'fa Abart. Bernard Rau- cau. Donsalat Joseps. Prére Fraileáis. Courel José. José Rossetti. Serisé Enrique. Plañe Seraphin. Agus- tin Boya. Pordiquard Louis. Miguel Vignau. Darri- grand Juan. Tumat Camille. Luis Mirassan. Prat Juan. Santiago Montferrand. León Dul'oureh. Justo López. León Mateo. Luis Cucullas. Enrique Gurtte. trique Pedro. Cayetano Bellorano. A. Sesbia. L. Basso. Jorge Garcia. P. Lamor. Bernardo Cabro, José Mendiondo. Ángel Buenol. Julián Garcia. Luis Ma- ría C' 31 José Otamendi. Miguel Cañeti. Ulises Pa- nadefin. C. Ceunsoeri. José Maroni. Luis Meza. Luis Viera. A. L. Luna. Serafin Anazagaisti. Juan Viera. J. de Albarez. Juan de P. Manague. M. Taveust. Francisco Martínez. Juan Simonet. Leopoldo Serrón. Juan Fernandez Loncelo. J. Lloverás. Máximo E. Gó- mez. Vicente Mauricio. L. Doydico. Martin Estalilen- do. S. B. Salaberra. Héctor R. Bezza. J. M. Ferrand. Joaquín J. González. L. Ferron. Francisco Giménez. Jorge Oscino. Victorio Giugero. Luis B. Paz. Eduar- do Dauren. Blas Rizzi. Francisco Meula. Claro Gó- mez. X. Amaya. Venancio Pereyra. Venisio Luras. Emilio Torre. Leandro Videla. M. Reyes. Eusebio Martínez. Raimundo Rodríguez. Pedro Salinas. Eu- genio Nura. Juan Ponz y Oivera. Manuel Represa. a. Fernandez. G. Curelío. M. Sotuy. C. Figuerra. Vicente Gómez. J. Benasategui. Miguel Urrutia. Do- roteo Martínez. C. Blanco. Rodolfo Aberqueta. J. Pe- sedes. José Verrez. Pedro Berné. Nicanor Roca. Agustín Fernandez. P. Agenor Satuyo. Marcial Ro- dríguez. Pedro Etharren. Julio Sánchez. Lucio Ca- nelo. Ricardo Velez. Elzor Amoretti. S. Xuñez. Juan — 155 — M. Sempé. Pedro González. Antonio Santistevan. Alejandro Farragus. Pedro Arríala. Fernando Luna. Egecipo Moras. J. Ameetory. Fernando Espaiza. Jo- sé Basto. Carlos Bravo. Ricardo Landivar. T. A. Vi- vot. Ángel Bueno. José Peluffo. Alberto Lilla. Sofía Puentes. Atilio Lomas. Antonio Borras. A. Siíveyra. Ferdinando Astoul. N. Verderasa. Josué Silva. Luis B. Mayante. Enrique M. Vázquez. Vicente Alvarez. Luis Garcia. Nicanor Lapuente. J. Rosas. P. Ferro. N. Lozano. Pedro D. Locatelli. Manuel Retamar. Al- berto Sueldo. Jaime Tiíar. Franklin Lacoa. Agustín Nasarre. Mauricio Fura. Felipe Godoy. Abrahan Cuevas. Juan S. Saldivar. P. Barrenechea. Rufino Freré. José P. Güemes. Soilo Olmos. Nicanor Ra- mos. Luis Pasalucua. A. Barrenechea. Emilio Torres. Pedro Salinas. Leandro Videla. Raimundo Rodrí- guez. Lorenzo Cisnero. M. Reyes. Venancio Pérez. Luis Mamberti. Gregorio Barros. Agustín V. Cane- varo. José Rosiello. Francisco Amadeo. Pedro T. Rocq, Juan B. Ferreyra. Ernesto Etchegaray. M. T. Fauret. E. Banon. Juan E. Roca. Adolfo Fernandez Rojas. Jappola. Miguel C. Payso. C. Bhrind. Antonio G. Bittealabuje. Roque Carbajal. José T. Gayoso. Pe- dro Etchebarne. Alberto Glotina. Ramón Elgomayo. Elias Silva. Cayetano Berarch. Rufino Alegri. JuanP. Boado. Luiso Moisio. Tomás Billo. F. Panelo. Vicente Ranoppi. B. Ranoppi. Gabino M. Arrieta. M. Fernan- dez. B. Larroque. Miguel G. Galeguiana. José Etgor- riaga. Arturo Anguisolo. Pedro Mezo. Tobia Palese. Angelito Rodríguez. Eduardo Martínez. Manuel Bavi. Manuel Alvarez. Canuto Eunadez. Becino An- drade. Julián Alonso Acegui. Blas Berutti. Isabel Contreras. F. Ezué. Remigio Rivas. Cosme Monsallo. R. J. Boroumberde. S. Oghambury. Carlos Medina. Rosario Acevedo. Juan Sabandos. A. Miguel Correa. Cándido Sirizola. Francisco Bohlmann. Juan Labor- de. Esteban Pinero. César Sena. Simón Corvera. Gre- gorio T. Posada. Emilio Villaerno. J. C. Amadeo. Fausto Sosa. Arceno Sena. A. Sena. Francisco Ca- zonet. Enrique Williams. Francisco Rojo. Pedro Lanamago. M. Maldonado Saile. M. Olmos. J. M. Romano. J. J. Granula. E. Mujica Farias. H. Merk- wit. M. Mujica Farias. E. S. Mujica. Adolfo Alemán. Aquiles d'Atri. Adolfo Llanos. H. Pérez Gómez. Ra- món Fonseca. Alberto J. Huergo. Francisco Chivif. Mariano Garcia. F. Gómez. Félix F. Badie. Jorge Len. — 156 — Juan A. Loran. Antonio B. Vaes. A. Minetti. Pedro Boyazano. E. Badie. J. Loray. Juan Rabara. J. Mo- zos. Victorio Salar. José Rincón. Feliciano Chidon. Gabriel Revoro. Juan J. Barbero. Gavino N. Anieta. Rufino Rico. Sabino Zabala. Ernesto Benno. Felipe Ruá. Lauriano Ribarola. Juan Benitez. Augusto Fousol. Manuel Trambrelen. Juan Lanej anden. Ri- cardo Mesa. Pedro Marcagages. Adolfo Rodríguez. José Maria Pinto. Juan Cambrelen. Adolfo Torres. cacio Gómez. José Fernandez. Luciano Sánchez. Cipriano Terrer. m * ' 1 1 1 °*h 1 5* -4» *r yN *= ME *> -io Ifi * 4 i * m -<- p «fe lf ' _"*flt ■ -*• Hl T" PK ^fc im 1 ^ í*fc- ^ 4P 4^ jp £ 4- *T* • +- -4- w + 7 > ^^' "F ^' n*4 * *- i ■^ H^- -^ -*jk * *á* # f ¡gl *••- * I áL 4 ÉP t * j # ir é 4 it* 1F sü 4 * + HK * 4 4 *L UNIVERSÍTY OF ILLINOIS-URBANA 3 0112 067587755